Hola! respondiendo a ala pregunta de Lala-Lulu:Son aproximadamente 26 capítulos.


Capítulo XIV

"Sorpresas"


Amu POV

—No puedes obligarme a hacerlo Rima, ten piedad de mí—supliqué mientras caminábamos al gimnasio, a donde me arrastró después de dejarme sin argumentos válidos.

—No conozco esa palabra Amu—abrió las puertas y las dos chicas que se encontraban ahí miraron en nuestra dirección. Sus ojos se abrieron como platos

— ¿Ella es la otra lady?—Preguntó una muchacha de cabello castaño claro tomado en una cola de caballo.

—Sip, Amu será Cristina ¿a qué se parecen? —Me miraron de arriba abajo y movieron sus cabezas—Ash, ya a la mierda. Yo inventé esto y si no les gusta se pueden ir. No por nada era la mejor coreógrafa de la escuadra de Saya y ganábamos—se observaron entre si y sonrieron.

—Lo sé, sus nuevas coreografías apestan—comentó la otra chica de cabello rizado

—Gracias Karen—Rima sonrió

—Y creo que si tienes razón, Amu si se parece, físicamente hablando—me volvieron a inspeccionar y le fruncí el ceño a Rima

—Lo mismo digo Ayris. Ella es perfecta, el único problema es que no sabe bailar y le da vergüenza, así que tenemos mucho trabajo por delante—comentó la rubia

—Solo es cosa de ensayar. Ven, Amu—me llamó la que respondía al nombre de Karen. Tragué grueso y anduve vacilante en su dirección.

—Que sepan que no conseguirán nada, por más que traten. Soy más tiesa que una tabla y no miento—advertí mirando mal a la rubia que se acercaba a la radio— ¿Tenemos permiso de estar aquí? —Pregunté vacilante

—Por supuesto, los organizadores del concurso de talentos nos dieron esta hora libre todos los días para ensayar—me guiñó un ojo antes de oprimir un botón y que la música comenzará a inundar la estancia. Abrí los ojos como platos

— ¡No voy a bailar esto! —Exclamé al reconocer la canción

—Oh, si, lo harás—Rima me tomó la mano y me jaló con brusquedad. Me quitó los anteojos y bizqueé

—Mis lentes… —gemí—no quiero hacerlo, de verdad no me obligues a hacerlo—rogué, pero hizo oídos sordos

—Es solo sensualidad… oye la música y tu cuerpo te irá dando la pauta—cerró los ojos escuchando con atención y su cadera comenzó a moverse, sobresaliendo y ocultándose, luego el resto de su cuerpo incluidas las manos cobraron vida propia, moviéndose con gracia sensual. Las otras chicas copiaban esos movimientos, uno tras otro sin notarse ni un solo momento de vacilación y de repente, abrieron los ojos y golpearon el piso al mismo tiempo, provocándome un sobresalto.

— ¿Ves? Es simple, ¡inténtalo! —Animaron a coro y yo comencé a sudar en frío. ¡Qué vergüenza!

—Amu, nadie nace sabiendo… trata de hacerlo y disfruta— ¿Cómo iba a disfrutar bailar de esa manera tan sexual?

Y de pronto, vino a mi mente la vez que Ikuto me dijo que yo no sabía bailar. Endurecí la mandíbula. ¿Qué no sé? Ya verás Tsukiyomi, sonreí antes de tímidamente acercarme a ellas y cerrar los ojos. Primero solo se encontraba en mi mente la idea de que me veía patética parada en medio del gimnasio y luego… dejando de pensar, sentí como la música me incitaba a marcar el compas con la pierna… más tarde mi brazo quiso hacerlo y mi cadera. Elevé las manos y jugué con ellas en mi cabello y cuello. Descendí por mi estómago y mis caderas seguían meneándose sin que les diera la orden. Me había entregado a la música, sin más.

Y de repente, la melodía paró y todo el encanto que había experimentado se acabó dejándome sumamente avergonzada.

Abrí mis ojos y descubrí a las tres chicas mirándome con la boca abierta

— ¿Qué no sabías bailar? —Rima arqueó una ceja y yo me ruboricé

—Menuda mentirosa—masculló Ayris y Karen rió

—Yo solo… solo… hice lo que Rima me dijo—comenté balanceándome sobre mis pies de forma nerviosa.

—Y vaya que te sirvió ¡Tienes a esa Lady Marmelade en tu interior! —Exclamó

— ¿Me estás llamando prostituta? —Interrogué con cierto humor

—Es la palabra más ruda que te escuchado decir en estos días—fue toda su respuesta y no pude evitar soltar una risita un tanto avergonzada.

—Bueno, ya… ¡Empecemos a ensayar! Debemos hacerlo perfecto para que ganemos. A todas nos vendría muy bien el dinero ¿a que si? —Preguntó retóricamente la rubia. — Ya todas alguna vez han visto el video de la canción y saben más o menos de qué va. —Me callé que no, puesto que sabía de que trataba más o menos y eso sería suficiente ¿no?— Haremos algunos cambios, como el inicio. Pensaba en que podríamos mover una de las piernas en el sentido contrario a nuestras manos que marcarían el compas… de este modo—se colocó frente a nosotras y elevó una de sus piernas como si estuviera bailando Cancán y sus dedos se tronaron igualando el sonido de la canción. El paso se veía muy genial y al mismo tiempo complejo.

—Si, está excelente—dijeron las chicas y yo solo podía pensar en cómo me logró meter en esto.

-o-


—Estuvo muy bien, lo hicieron maravilloso y estoy segura que a Utau le va a gustar— comentó Rima después de haber terminado los ensayos.

La coreografía era sumamente seductora y explícita… agradecía infinitamente el hecho de usar antifaz… me moriría de la vergüenza al pensar en que todos sabrían mi identidad.

Luego que la rubia intercambiara unas cuantas palabras más con las chicas, salimos de ahí.

—Deja de mirarme así Amu—me reprendió después de abandonar el gimnasio

— ¿Y cómo esperas que te vea? Casi podría decir que te odio—repliqué con acritud

—Por favor, ¿No crees que exageras? —Inquirió con ojos entrecerrados

—Para nada, yo no sé bailar y no quiero hacer el ridículo. Mi coordinación es nula y todos esos pasos… son demasiado para mí—agregué negando con la cabeza—Además usaste un argumento sumamente bajo para obligarme—se encogió de hombros

—Lo sé… pero a veces hay que ser ruin para conseguir lo que quieres. —Continuamos caminado hacia el estacionamiento—y no bailas tan mal, solo te falta personalidad y dejar de ser tan tímida. Tus caderas buscan el movimiento y se lo impides. Tienes facilidad para dejarte llevar por la música—rodé los ojos

—Gran consejo que me das—dije irónicamente—y quédate contenta, que bailaré y trataré de aprender lo que más pueda, aunque no te hagas demasiadas ilusiones—advertí llegando a mi camioneta—me quieres reventar, trabajo todos los días ¿y encima me quieres hacer bailar? —Negué con la cabeza—Eres una mala persona—concluí lanzando mi bolso.

—Deja ya de llorar, agradece que te saltarás clases—ella por su parte dejó sus cosas en el suyo.

—No me gusta hacerlo—se encogió de hombros

—Mal por ti. —Entonces se volvió a mí—Amu… yo solo quiero ayudarte. Eres bonita y no te lo quieres creer y por eso mismo te limitas. Tienes una linda figura y personalidad, pero te retienes… retienes esa sensualidad que corre por las venas de toda mujer y esto ayudará, lo sé. —me guiñó un ojo—así que no lo veas como un castigo, considéralo un trabajo de autoestima. —Y dicho esto se metió dentro de su Aston— nos veremos el lunes, descansa y cuida los platos de Tsukasa—soltó una risita

—Oh, vale—fue todo lo que respondí por causa de los análisis que hacía de las palabras de Rima quien arrancó y rápidamente se largó, dejando tras de si una estela de polvo.

Confusa, manejé a la cafetería.

Trabajé en silencio, un poco ausente mientras pensaba en lo dicho por la rubia respecto a lo de Ikuto y el baile, aunque la diferencia radicaba en que con lo referente al primero… la decisión corría por mi cuenta, no así con lo del concurso de talentos que lo haría quisiera o no y lo mejor, sería acostumbrarme y ponerle empeño, quien sabe… quizá hasta aprendiera a bailar y lo disfrutaría.

John estuvo un rato conmigo y luego se marchó porque debía alistar sus cosas para el viaje, por lo que me quedó todo el tiempo disponible para pensar en una forma de darle un regalo a mi ex amigo… sé que era ridículo siquiera pensarlo… pero no podía evitarlo y sabía que estaría intranquila hasta obsequiarle algo. El problema era qué y cómo. No podía simplemente plantármele enfrente y abrazarlo y desearle un feliz cumpleaños, era estúpido aunque eso no quitaba el hecho de que me quedara con el buen recuerdo de haberlo hecho antes. En fin, lo mejor sería entregárselo de algún modo anónimo… quizá dejándolo en su casillero o en su mochila. No me pareció tan alocado y por el contrario, me agradó bastante la idea.

Pero entonces gemí, no sabía qué regalarle.

Le dejé un plato a una mujer y luego miré al cielo, rogando por imaginación y personalidad y también, por un poco de cordura. Con todas estas cosas me volvería loca.

Al elevar la vista, reparé en los atrapa sueños y me los quedé mirando con interés. ¡Claro! ¡Ese era un buen regalo y él ni siquiera sospecharía que yo se lo di! Golpeé mi puño en la palma de la otra mano y sonreí. Lo tenía, eso le regalaría a Ikuto y mi conciencia se sosegaría.

Por ello, mucho más animada, continué con mi labor y luego me fui a mi hogar. Me dormí enseguida por lo que no hay mucho que contar.

-o-


Me levanté el día domingo y me puse un amplio suéter, tomando mi cabello en un tomate un tanto suelto que dejaba mechones libres en el frente y después de tomar desayuno, me calcé los patines y salí fuera. Hacía frío pero no tanto como otros días e hizo menos al comenzar a mover mis piernas y deslizarme sin problemas por la calle vacía. Era temprano y no había ni una sola persona en pie, ni siquiera Tsumugu y al contrario de lo que creí, no me sentí sola y disfruté enormemente de la quietud y silencio.

Era agradable patinar, Rima tenía razón y por ello comenzaba a pensar que no se equivocaba con lo del baile. Me volteé, yendo de espaldas observando los árboles alejarse.

Tal vez solo me faltaba personalidad y más práctica y jamás lo sabría si no lo intentaba, sonreí con mi resolución de intentar bailar. No podía ser tan malo después de todo.

De esa manera, llegué al pueblo y busqué con la mirada tiendas en donde podrían vender atrapa sueños y pasé por varias antes de decidirme por una.

Y opté por esa porque lo que había en la vitrina me llamó la atención. El atrapa pesadillas que se mostraba ahí me recordó de inmediato al Ikuto de mi niñez y supe que ese era el apropiado.

—Disculpa, pero no puedes entrar con esos—una chica que masticaba chicle como la vaca el pasto, me indicó con gesto antipático los patines. Alcé una ceja. Yo iba a comprar ese atrapa sueños fuera como fuera y una rubia oxigenada no lo evitaría.

—De acuerdo—me senté en el piso y me los quité. Los sostuve en mi mano y le sonreí cínicamente. No dijo más y se irguió.

—Vale, ¿Qué quieres? —Preguntó

—Ese atrapa sueños—señalé el de la vitrina

—No puedo darte ese—se encogió de hombros y resoplé

— ¿Y por qué no? —Inquirí con una de mis manos en la cadera

—Porque ese es el único ejemplar y no lo buscaré en la vitrina—explicó haciendo un globo con su chicle rosa. Me indigné

— ¿Hay otra persona que pueda atenderme? Se ve que tú no quieres—controlé mi genio

—No, y nadie querrá atenderte porque…—y justo cuando me iba a insultar, seguramente. Apareció un muchacho de unos diecinueve años, de cuerpo atlético y mirada penetrante.

— ¿Qué pasa Sofía? —Preguntó con voz suave

—Pasa que la señorita aquí no me quiere vender ese atrapa sueños—volví a señalarlo en la vitrina.

— ¿Por qué? —Me miró brevemente y después a la chica que parecía quererse hundir en la tierra

—Porque no lo…—el chico me observó y sonrió

—Ve atrás, luego hablaré contigo. —Le dijo a la muchacha que rápidamente obedeció—Discúlpala… es un poco indisciplinada y descortés—asentí con la cabeza y él continuó mirándome de forma extraña— Me llamo Lonnie, ¿en qué te puedo ayudar? —Preguntó amablemente

—Solo quiero ese atrapa sueños—dije otra vez

—Enseguida—se movió con garbo hacia la vitrina para sacarlo. Las plumas que pendían eran de un color azulado y otras verdes, y al centro había unas pequeñas de color blanco. El tejido que se supone atrapa los malos sueños era delicado y sobre él, había una pequeña figura de madera en forma de león. —Aquí tienes, linda—alcé aturdida la mirada hacia el muchacho que me sonreía

—Eh… ¿cuánto es? —Sentí de inmediato el conocido calor en mi rostro y tuve que concentrarme mucho para seguir la marcha de mis ideas. Me dijo el valor y atolondrada saqué el dinero para cancelarle. —Muchas gracias—superé que me hubiese llamado así. Quizá solo se burlaba y tú te ruborizas, estúpida.

—De nada bonita—fruncí el ceño

—No me llames así—repliqué, mientras esperaba el recibo

— ¿Por qué no? Lo eres—no me dejaba de sonreír de un modo un tanto repulsivo.

—Porque…—no te rebajes, no lo hagas—porque tengo novio—mentí y aún así su sonrisa no desaparecía. Arqueé una ceja

— ¿Y te deja salir solita? Si yo fuera él no te soltaría nunca—se relamió el labio mirándome de arriba abajo, eso era más de lo que podía y quería soportar. Comenzaba a ser gUtauro

—No te he dado la confianza para que me digas esas cosas y no quiero que lo hagas. Deberías dejar de ser tan atrevido. —Tomé el recibo y salí en puros calcetines.

Luego de cerrar la puerta de vidrio, resoplé y me coloqué de nueva cuenta los patines y me puse en marcha a casa, olvidando al estúpido de la tienda.

-o-


Cuando llegué, no supe si Tsumugu se había levantado ya, pero tomé mi mochila y las llaves, para dirigirme a la cafetería. Le dejé una nota y me fui.

Llevé conmigo el regalo de mi ex amigo, para dejarlo guardado en la guantera del coche y así no olvidar ponerlo mañana en sus cosas, esperaba atreverme a hacerlo, suspiré encendiendo el motor.

Al cabo de unos diez minutos, prendí la radio y coloqué una emisora local. En eso iba cuando sonó mi celular.

—Hola Amu—me saludó Rima

—Hola ¿cómo estás? —

—Bien ¿y tú? —

—De camino al trabajo—respondí

—Oh, vale, no te quito mucho tiempo, solo quería informarte que mañana no ensayaremos porque las chicas irán a la fiesta de Ikuto y quién sabe en qué condiciones acabarán… son muy fiesteras, ya sabes— ¿él haría una fiesta? Maldito, a puesto que ni siquiera pensó en invitarme. Si supieran sus nuevos amigos lo patético que era antes de ser popular, solo yo lo saludaba.

—Si, claro… pero… ¿Tú no puedes ensayar conmigo? —Aparté a Ikuto de mi mente

—Por supuesto que puedo, solo creí que te haría feliz no tener que practicarlo—oí la sorpresa en su voz

—Es que quiero aprender a hacerlo. Quiero hacerlo bien—agregué sonriendo

—Vaya, esas son excelente noticias… ¿Te caíste de la cama y te hiciste algo extraño en la cabeza? —Interrogó y se largó a risas

—Ay, que gracioso—repliqué

—Lo es, pero ya… me dejo de reír de ti para que te vayas a trabajar. Nos vemos mañana—y colgó.

Decidí hacer caso omiso con lo que a Ikuto concernía, aunque no fui capaz de contener una pequeña llamita de enojo y de evitar unas cómicas escenas en donde extraños desordenaban su tan adorada música. Por ello, llegué de buen humor a la cafetería medio llena y pasé derechito a informar que me quedaría hoy.

Lulú estaba con sus hijos y me enteré por qué no veía nunca a Rachel y Rebecca, se encontraban fuera del país haciendo no sé que cosa de un asunto familiar. Eso fue lo que me confió Amatis cuando me obligó a sentarme y comer algo, porque según ella estaba demasiado flaca y no comía lo suficiente. Me limité a asentir y con una sonrisa comí lo que me dio.

—Muchas gracias, estaba realmente delicioso—agradecí al finalizar.

—Oh, muchas gracias niña—me sonrió maternalmente—haber si así ganas un poco de peso, harta falta que te hace—reprochó

—Yo como siempre, de veras—me excusé y me miró con sospecha antes de asentir no muy convencida.

—Está bien, diré que te creo—y de pronto suspiró—Hoy se van mis sobrinos… Harry se fue de la reservación hace tanto tiempo. Casi no lo veo—comentó con la mirada triste

—Pero su padre les enseña las tradiciones y la vida Nativa—le conté y me miró con expresión sorprendida

— ¿En serio? —

—Sí… John me contó y me dijo también que le gusta saberlo, y que le gusta estar aquí—asentí y noté como sonreía

—Eso es muy lindo. John siempre ha sido el más dulce de sus hermanos, desde pequeño—confió

—Puedo creerle eso—admití.

—Por lo menos Larry ha venido una vez al año todo este tiempo y hemos podido enseñarle cosas a sus hijos—continuó —Pero bueno, basta ya—se puso de pie—tenemos que volver al trabajo—asentí copiando su gesto y llevando los platos al lavaplatos—Vete allá, este es mi sector—con una risita me alejé de ella y sus gestos para que me fuera.

Me coloqué el delantal y continué tomando órdenes y llevándolas hasta Amatis, con la diferencia que el día de hoy estaba más positiva y eso se demostró en la gente, puesto que parecía menos reservada que antes y algunos me devolvían la sonrisa. Para mí eso era importante.

Y mientras meditaba en esto, apareció John junto a mí

—Hola Amu—me saludó alegremente

— ¿Qué tal? ¿Ya arreglaste tus cosas? —Pregunté animadamente recogiendo una mesa. Me ayudó tomando unos platos. Ya había discutido con él respecto a esto y no tenía caso, lo hacía de igual modo.

—Si, está todo listo para irnos dentro de un rato—miró por la ventana—es una lástima, no quería que llegara la tarde—suspiró

— ¿Y por qué no? —Contemplé la vista del sol ocultándose en el horizonte, reflejando sus últimos rayos sobre el mar calmo.

—Porque me gusta estar aquí—se encogió de hombros—jamás me había detenido a pensar que en realidad yo no pertenezco a ningún otro lugar más que a este… lo siento en el aire y en todo si soy sincero, no me quiero ir—me miró y sonrió. — ¿Crees que soy muy raro? —Le copié el gesto

—Totalmente, por eso nos llevamos bien—le guiñé un ojo y rió quedamente

—Bueno, eso es mejor que ser normal—se quedó en silencio unos minutos— ¿Podrías venir conmigo dentro de una hora? —Preguntó tímidamente

— ¿A dónde? —Interrogué

—Aquí cerquita, en el lago… solo quiero darte algo, ¿Puedes? —Inquirió nuevamente

—Bueno… yo creo que si, mi turno se termina a las diez y media, así que sí—asentí y me sonrió.

—Vale, muchas gracias. Vendré por ti—aseguró y luego se fue. Quedé medio confundida pero negué con la cabeza. Ya no había problema en estar con él, ya se había dado cuenta que no era una buena idea querer estar conmigo de otro modo.

Así que sumida en el trabajo me la pasé hasta que llegó la mentada hora y comencé a retirar los platos y manteles de las mesas. Hoy cerraban temprano porque Tsukasa quería despedirse de sus sobrinos y estarían en familia. Y entonces, cuando me acerqué a una de las mesas… reparé que sobre el platillo de las propinas… ¡Había propina! La tomé como si no lo creyera y fue imposible contenerme de saltar. ¡Al fin me habían aceptado de cierta forma! Era escasa pero era el más valioso dinero que había tenido jamás, porque representaba mucho más que un simple valor monetario.

La guardé en mi bolsillo con una sonrisa y me prometí no gastarla, sería el recuerdo de la primera propina que recibí en la reservación.

Y en eso estaba cuando John me tomó de un brazo

—Oh, espera… tengo que terminar esto primero—traté de volver a mi labor pero me lo impidió negando con la cabeza

—Ya lo prometiste, ahora ven conmigo. Además, ya terminó tu turno hace dos minutos. Vamos —me jaló y dejé de resistirme sonriendo. Me encontraba tan contenta que no me importaba.

Me dejé guiar hasta el lago y se detuvo en donde la escasa luz de la luna llegaba, dándole un aspecto místico al agua grisácea y los troncos muertos en su orilla.

—Este sitio es realmente hermoso—contemplé el rededor con los ojos muy abiertos.

—Si, es uno de mis favoritos… claro, sin contar el bosque—me sonrió algo perturbado. Entonces cuando volví mi rostro al suyo, noté que me miraba con intensidad y sus mejillas estaban algo sonrojadas.

— ¿Qué te pasa? ¿Tienes fiebre? —Intenté tocar su frente y su mano interceptó la mía sosteniéndola con firmeza. Sonrió avergonzado—Eh… ¿John? —Lo miré confundida

—Te quería dar esto—me enseñó un delicado brazalete con una detallada figura de madera en forma de lobo—Y no te preocupes que no me he gastado nada más que el tiempo—rió quedamente y noté un singular brillo en sus ojos

—No puedo aceptártelo John… no me parece correcto—negué con la cabeza, soltando mi mano. Su rostro decayó, pero rápidamente sonrió

—Vamos, no puedes despreciar el regalo de un nativo—comentó atrapando mi muñeca y enganchando rápidamente el brazalete. —Además te queda lindo, es un recuerdo de este niñito que te molestó mientras trabajabas—rió jocosamente y le seguí

—No me molestaste para nada— me soltó la mano y miré el lobito que colgaba de ella. Era simplemente precioso—Vale, lo aceptaré solo porque me encanta—reí, pero no me acompañó y lo miré extrañada— ¿Qué te sucede? —Consulté con voz suave tocando su hombro

—Es que… te quiero decir algo, pero no quiero que te enojes conmigo—retorció sus dedos nerviosamente

—Ah, vamos, ya te perdoné por engañarme una vez, no puede ser tan malo—alenté

—Es que se trata de otra mentira que te dije—me miró brevemente y alejé mi mano, frunciendo el ceño

— ¿De qué hablas? —Suspiró e inhaló cuadrando los hombros.

— ¿Recuerdas cuando te dije que… que ya me había dado cuenta de que no me gustabas y eso? —Asentí lentamente—Bueno, te estaba mintiendo… la verdad es que si me gustas Amu. Me agrada tu forma de pensar y ver las cosas, tu humor… tu cara y tú en general, eres una persona increíble por dentro y por fuera—me mordí el labio inferior sin saber qué decirle. Jamás me habían dicho cosas de esa clase y no sabía como reaccionar. ¡Rima te necesito! Ella de seguro me hubiera ayudado a saber qué hacer.

Él me miraba expectante y forcé mi cerebro

—Este… John—fijé mi vista en él—eres un chico espectacular, muy dulce y simpático, me la he pasado muy bien contigo pero…—

—Pero no me quieres de ese modo—concluyó él desviando la mirada. Toqué su hombro para llamar su atención

—Encontrarás a la chica que corresponderá tus sentimientos porque es lo que los muchachos buenos como tú merecen, y ella hará que te des cuenta de lo equivocado que estabas con respecto a lo que sientes o crees sentir por mí. —Le sonreí tiernamente—lo que si te puedo asegurar es que en mí siempre podrás encontrar a una amiga y lo que tú necesites. —Y justo cuando acabé de decirle eso, se abalanzó hacia mí y me dio un apretadísimo abrazo.

—Gracias Amu—asentí

—De…nada, ¿Podrías dejarme respirar? —Pregunté con voz estrangulada y me soltó de inmediato

—Oh, lo siento—se rascó la nuca—aún no controlo mi fuerza, perdóname—rió apenado

—No te preocupes—le desordené el cabello y miré hacia atrás donde la luz de una casa salía por la ventana. —Creo que deberías volver, Tsukasa y Amatis querían despedirse de ustedes—le indiqué

—Si, es cierto, pero tenía que decírtelo—se encogió de hombros—Quisiera poder quedarme aquí para siempre—suspiró

—Entiendo por qué. —Contemplé el rededor— Ven, vamos—le apuré para que anduviera en dirección de su casa.

Y cuando estuvimos en la puerta, me cayó encima el veinte de que se iría, quiero decir… ya no conversaría con él durante mi trabajo ni me contaría cosas de los Nativos, tampoco alegraría mis tardes ni me obligaría a ir a una fiesta. Me parecía imposible el cariño que le tomé durante esta semana, pero ahí estaba… formándome un nudo en la garganta

—Bueno… creo que es el momento de decir adiós—comenté metiendo mis manos en los bolsillos del jeans. Negó con la cabeza

—Claro que no, solo es un hasta pronto. Nos veremos de nuevo Amu—sonrió ampliamente y me abrazó otra vez, mucho más delicado y con sentimientos implicados por parte de los dos. Casi lo podía asimilar como un amigo-hermano. John era un chico encantador y muy, muy dulce y de cierta forma… me recordaba a Ikuto. Apreté mis ojos y mi cara en su hombro, negándome a llorar y agradeciéndole en silencio por haber traído esos buenos recuerdos a mí nuevamente. —Fue un placer conocerte—sinceró una vez que nos separamos

—Para mí también—asentí mordiéndome el labio. Por Dios, que llorona, me reprendí.

—Estate atenta que cuando menos te lo esperes hago que quiebres otro par de platos—reímos ligeramente—Bueno, entraré—asentí

—Pásatelo bien—luego que alzó su pulgar en afirmación, abrió y desapareció en la luz del interior.

Suspiré y después de negar con la cabeza, anduve hasta mi camioneta. El cielo se comenzaba a poblar de nubes y el camino se llenó de neblina, tenía un presentimiento en la boca del estómago y no sabía si era bueno o malo, por lo que por mera precaución, apreté más el paso.

De camino, mi mente divagó hacia lo que estaría haciendo Ikuto en su fiesta. Probablemente bebiendo y besándose con Saya… él, al que le cargaba la música extremadamente fuerte o la gran aglomeración de gente en su casa.

Recordé, que en su cumpleaños siempre íbamos a comer un helado a Alacante y lo pedía con chocolate y fresa, luego volvíamos a su casa y preparábamos algo… hot cakes, pastelitos o simplemente Rima, para sentarnos a ver televisión o a jugar. Fueron buenos momentos, pero ya se terminaron, me recordé con amargura y negando con la cabeza para borrar de mi mente su sonrisa.

Llegué por fin a mi camioneta y cuando me iba a subir, oí que alguien golpeaba algo. Con el ceño fruncido me dirigí a donde provenían los sonidos y determiné que eran en la cafetería.

Amatis y Tsukasa no estaban, Lulú ni Sam, ni menos las hijas de Amatis… ¿Quién estaba ahí entonces?

Con paso vacilante me encaminé hacia allá y tensé los puños, tratando de controlar mis latidos y el miedo.

Al aproximarme más, entre la neblina y la oscuridad, logré distinguir un coche y una sombra de una persona golpeando la puerta principal.

Solté todo el aliento contenido. Con que era eso, me dije.

Con una sonrisa y negando, me acerqué por completo al sujeto que llamaba.

—Disculpe señor… pero la cafetería cerró antes por…—y no fui capaz de continuar cuando reconocí al "señor" en cuestión. Esto no era justo ¿por qué? ¿Por qué a mí?


Fin del capitulo espero que les este entusiasmando las historia tanto como a mi XD

¡no olviden dejarme comentarios!

besos!