Reencuentro. (O los sentimientos nunca se olvidan)
Scorpius llevaba un libro entre las manos.
La verdad, la familia de Albus lo había acogido bastante bien. Cuando llegó a la casa de los Potter, James no le prestó mucha atención, y Lily simplemente lo miraba y enrojecía. Pero la Señora Potter había sido amable y le había dado galletitas, y Harry trataba cada dos minutos entablar conversación.
Cuando llegaron a la Madriguera, nadie se mostró reticente o amargado con su visita. Eso sí, se tomaban la navidad muy a pecho. Todo estaba decorado y adornado, y había mucha comida en toda la mesa. La vieja pero fuerte abuela de Albus no paro de ofrecerle comida. Pero lo que más llamo la atención de Scorpius es que Hugo no estaba con Lily como siempre que los cruzaba en Hogwarts. Y a Rose tampoco se la encontraba por ninguna parte.
Por eso se sentó en el sillón, con un libro en la mano dispuesto a leerlo para aplacar los nervios de su llegada. Ya que no sepa que ponerse para ir a la Madriguera era demasiado patético. Se estaba arreglando para Rose Weasley, y el había jurado que no le importaba. Suspiró. Al menos se había puesto unos jeans y una camisa, no estaba demasiado arreglado.
Cuando Dominique se le tiró al lado, Scorpius dio un respingo. Le llevaba dos años, iba a séptimo curso y tenía una extraña forma de hacer sentir a Scorpius que no le parecia lo suficientemente importante como para si quiera odiarlo. Le sonrió un poco, y esto lo extraño más.
—Hola. —Dominique lo miro a los ojos, y Scorpius pudo ver que tras todo ese look de desordenada, era muy bonita. — ¿Me quieres decir por qué no llega Rose?
Scorpius tardó una fracción de segundo en responder.
— ¿Y por qué tendría que saberlo yo? —Dominique se encogió de hombros, pero parecia más tranquila.
—Pensé que había pasado algo contigo antes de venir de Hogwarts… y que ahora estaba rogando en su casa para poder quedarse y no verte el rostro.
—Ella no sabe que estoy aquí. —Aunque las palabras de Dominique lo habían herido, no podía demostrarlo sin sentirse tonto. Dominique frunció el ceño.
—Pues eso solo la va a poner peor. Creo que no le va a gustar nada saber que el chico por el que ha llorado tanto tiempo va a estar comiendo en la misma mesa que ella.
Y así fue como se levantó sin decir nada más, y Scorpius se quedó tildado unos minutos. Rose… ¿Llorado? ¿Por él? Se le encogió el corazón, apretando el libro con más fuerza.
Tal vez a Rose si le importaba.
…
— ¿Por qué siempre tenemos que llegar tarde? —Preguntó Rose, cayendo en su asiento del coche. Ron manejaba rápido, pero Hermione cada dos por tres le decía que pare la velocidad.
Rose tenia catorce años ya cumplidos, y si había crecido. Ya no tenía el cuerpo de niña que había tenido antes, ni tampoco era tan ingenua. Tenía más amigos, amigas, había tenido variedad de novios y chicos con los que podría haber hecho una linda relación. Pero ella había entendido algo: Solo era una niña.
Pero cuando había caído en esto ya era demasiado tarde, y había perdido una de las cosas que más importaban: La amistad. La amistad, y sobre todas las cosas, la verdadera. Porque Scorpius, era un amigo de verdad.
Recordaba un día como esos de lluvia, en la Sala Común charlando con Albus sobre cosas sin importancia. De alguna manera había salido Scorpius al tema de conversación, pero Albus simplemente se había mantenido distante.
—No lo sé, Rosie. —Había dicho, en un tono serio y sin sentimiento. — ¿Sabes? Hay un dicho que dice que los mejores amigos de las mujeres, deberían ser en realidad sus novios. Por que las cuidan, aman, guardan sus secretos, son confiables y darían cualquier cosa por ellas. Yo creo en ese dicho.
En ese momento, Rose no lo había entendido. Simplemente había sonreído, y había seguido mirando el fuego pensando en Dylan y en un montón de cosas inmaduras que ahora simplemente le parecían insensibles.
Pero un año después, cuando Scorpius ya ni le hablaba y hasta la ignoraba, Rose entendió. Lo comprendió y lo supo, lo supo mejor que nadie. Scorpius había estado enamorado de ella desde que la había conocido. Y ella simplemente había jugado con sus sentimientos, y había actuado de forma egoísta sin si quiera pensar en la posibilidad…
Pero nunca había podido volver a hablar con Scorpius, arreglar las cosas, poder volver el tiempo atrás, porque no se podía borrar el daño. Porque tenía miedo. Porque no podía creer como había perdido al único chico que la había querido en verdad en toda su vida, pero había estado tan ciega que no podía haberlo visto.
Cerró los ojos, tratando de desviar ese pensamiento de su mente. Ya no era la niña tonta que había sido, pero siempre iba a recaer en su conciencia lo que había pasado.
—Ya llegamos. —Anunció Ron, y Rose se sintió libre de esos pensamientos.
Hasta que vio a Scorpius Malfoy en la sala, estrujando un libro entre sus manos con sus hermosos ojos sin poder quitar la vista de los de ella.
…
Cuando Rose había llamado ese día en el andén a Albus, simplemente había quedado embobada con Scorpius.
Nunca le había parecido lindo. Mucho menos atractivo como chico. Pero ahora, aunque no era sexy ni nada parecido, había cambiado. La cara de niño cachetón se había ido y ahora era simplemente… lindo. Sí, Scorpius era lindo.
Pero ahora, cuando lo vio sentado en el sillón de la casa de su abuela, con esos jeans y esa camisa medio desabrochada, el pelo alborotado y las mejillas sonrosadas… simplemente le encantó.
Dominique, cuando se acercó a saludarlos a todos con una sonrisa, le susurró al oído.
—Deja de mirarlo, que si te pones más roja creo que explotas. —Eso no consiguió que se le apague el color de las mejillas, pero se lo agradeció interiormente. Scorpius volvía a leer su libro, pero Rose podía ver que en realidad no leía.
Albus, que lo presentaba una y otra vez con toda la familia, ni se acercó a presentárselo a Hugo, ni Hermione, ni Ron. Rose se lo agradecía muy en el fondo, y aunque era amiga de su primo no le parecia buena idea hablar con él con la presencia de Scorpius ahí. Pero… ¿Por qué esta Scorpius en la casa de su abuela?
Era obvio que lo había traído Albus. Rose no lo había interpretado como traición cuando Albus eligió a Scorpius por arriba de ella, porque siempre tenía un tiempo para pasar a su lado, pero no podía decir que no se había ofendido en lo más mínimo tampoco. Aunque de alguna forma, lo entendía. Como también entendía su error.
Pero cuando el mismo Scorpius Malfoy se acercó y se presentó a s padre y su madre, casi le agarra algo. Por suerte ella no estaba cerca, pero… no podía entender por qué lo había hecho. No tenía la necesidad, pero como siempre era tan cortes y educado. Sonrió, pero no supo por qué.
…
Cuando Scorpius la vio, simplemente se quedo mudo.
Sus rulos pelirrojos, incorrectos e incorregibles, estaban tan hermosos como los recordaba. Estaba sonrosada, con los labios entre abiertos y sus ojos increíblemente expresivos. Hermosa como siempre. Hermosa como era.
Pero Dominique había ido a saludarlos, y todo rastro de la magia del primer momento de fue con la llegada de su prima. Scorpius volvió a su libro, pero sentía la mirada de Rose en su nuca. Cuando Rose se fue con sus primas y Hugo a la cocina, Scorpius no creyó lindo no saludar a Ron ni Hermione. Se les acercó y se presentó, pero estaba seguro que lo conocían de memoria. Y aunque Ron estaba algo reacio, cuando se fue lo despidió con una sonrisa.
La comida, aunque estuvo riquísima, para él fue mortalmente incomoda.
No sabía si era porque Albus comía como un cerdo a su lado y le daba vergüenza ajena, o porque estaba sentado al lado de Rose y apenas podía moverse sin rozarla. Podía sentir su perfume, su pelo, su bonito vestido… de a ratos sonreía, y sabia porque.
Todo el odio acumulado, toda la ira que tanto había guardado… se estaba yendo con los cálidos y dulces recuerdos de Rose y él, de Rose y Al, de miles de travesuras, de miles de risas. De miles de secretos. Y casi sintió que todo era como antes.
Casi.
