Aquí vengo con el siguiente capitulo. Parecía que había dejado esto olvidado pero es que me dio por los one-shot y son adictivos… Pero ya… he decidido seguir, no, nunca pensé en abandonarlo… solo que en época de exámenes y sin inspiración prefería esperar a cagarla.

Bueno, si encontráis alguna falta de ortografía y tal… echadle la culpa mis padres que con ellos es difícil repasar mucho el texto. Ah, y a Word por cambiarme algunas palabras que –según él- no existen. Ah, sí, y hacédmelo saber que las cambio…

Pues eso es todo… ah bueno. Y si queréis escuchar música de fondo os recomiendo Within Temptation. Cualquiera del disco de The Heart of Everything… pero especialmente Frozen y Howling.

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Oscuridad

Volvió a avanzar y entonces miró a su grupo. Le parecía extraño, pero notaba que faltaba alguien, alguien importante. Pero por más que lo intentó no supo quien era. Se había olvidado por completo de por qué estaba allí; lo único que quería hacer era seguir avanzando.

Siguió andando mirando hacia el frente pero sin ver nada. Sus pies rozaban las hojas amarillas y verdes que descansaban sobre el suelo y a veces cedían ante su peso. Se podía ver la luz del sol pero no éste, era como si hubiera desaparecido del cielo. Un cielo azul, con extensas nubes que no paraban de moverse. Se deslizaban sobre el liso cian engañando al paso del tiempo. Pero lo que Harry no sabía es que siempre eran las mismas nubes, el mismo cielo, el mismo aire. Que allí las cosas no eran como le habían enseñado. Y lo que tampoco fue capaz de comprender fue que esta vez estaba solo. Ya no habría más padres que le protegieran, Sirius se había ido y Dumbledore estaba muy lejos de allí. Al igual que Hermione.

-"¡Hermione!"- el nombre acuchilló sus pensamientos. Ya sabía quien era la persona que faltaba.

Giró sobre sus talones con la intención de volver atrás, para ir a buscarla. Sentía que ella debía estar con ellos; que sino estaban los tres juntos –Ron, Harry y Hermione- el final de su historia no podría ser feliz. Porque siempre lo había sido, porque siempre habían estado juntos.

Retrocedió, primero andando a pasos grandes, después con prisa y agitación en el cuerpo para terminar corriendo. Pero no avanzaba, no se movía. No volvió a ver el Jardín de los Ángeles ni el pasillo por donde había avanzado de la mano de Pansy.

-"¡Pansy!"- otro nombre acudió a su memoria.

Se paró en seco, sin saber qué hacer. Seguir adelante, seguir a Pansy como había prometido o volver, buscar a Hermione. ¿Qué valía más? ¿Su amistad o todo aquello que empezaba a sentir dentro de sí? ¿Su amistad o su amor?

La pregunta se quedó en el aire, sin vida y el viento intentó llevársela de la mano. Pero algo llegó antes: una ráfaga de magia antigua, la misma que habían notado en el Jardín le envolvió y le hizo caer al suelo. Tocó las hojas con la punta de sus dedos, y para no perder la noción de lo que sabía las cogió en la mano. Cuando la oscuridad cayó sobre él las estrujó y parte de ellas cayó al suelo. Intentó levantarse pero no pudo, y comenzó a sentir la congoja en su corazón.

Apretó los puños y memorizó aquellos recuerdos que le decían quien era. Porque nuestro pasado es aquel que nos dicen quién y qué somos. Y Harry Potter lo sabía, sabía que la magia más fuerte era aquella que provenía de los recuerdos, de la mente. Y también sabía que mientras éstos estuvieran con él, él no estaría solo.

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-Por aquí –les indicó el dueño del bar a Angelous y al joven que lo acompañaba. -¿Quieren algo de tomar?

-Dos cervezas de mantequilla- pidió Angelous Striet y esperó mientras el chico entraba en la sala y se acercaba a la mesa que había en el centro.

Después de conseguirlas Angelous cerró la puerta y se sentó. Durante unos momentos ninguno de los dos dijo nada. Solo se miraron en silencio dejando el tiempo correr y también bullir las preguntas. ¿Por dónde comenzar?

El anciano no paraba de darle vueltas a eso pero el joven se adelantó.

-Le escucharé sobre todo aquello que me tenga que decir.

-Es una historia muy complicada, y extremadamente peligrosa.- Angelous sólo se atrevió a decir eso después de respirar profundamente.

-Lo sé, nunca presumí de que fuera a ser algo fácil. Pero estoy preparado para ello.- afirmó el chico.

Angelous sonrió, escéptico.

-Nadie está preparado para ello, créeme. Cuando la oscuridad cae sobre ti…-negó con la cabeza y volvió a tomar un sorbo de su jarra.

-¿La oscuridad?- preguntó Neville confuso

-Sí, es una magia extraña, antigua y mortalmente peligrosa. Te acoge entre sus redes, te envuelve en su aliento y a veces puede robarte el tuyo.

-¿Te mata?- preguntó con avidez el chico.

-No, pero casi.- negó Angelous –Te roba todas las razones que tienes para vivir.

-Bueno, -Neville recordó quienes estaban allí, sobre todo a Harry- quien ha ido ya ha superado eso una vez. Lo podrá volver a hacer.

Pero Angelous negaba con la cabeza.

-Lo dudo mucho. Verás, el problema no está solo en las razones. La mayoría de la gente tenemos esos bajones a lo largo de la vida pero gran parte lo supera. Seguimos adelante porque suele haber alguien que está a tu lado, conservas unos recuerdos felices que te animan. Y lo que es más importante en el momento en que abrazamos la posibilidad de la muerte no encontramos una forma de dar ese paso.

Neville le miró asintiendo. Estaba completamente de acuerdo. Se acordaba de qué pasó cuando se enteró del estado de sus padres. Solo deseó morir, pero su abuela y su familia estuvieron ahí. Apoyándole. No tenía grandes recuerdos… pero su abuela le prometió que él podría crearlos. Que para ello solo tenía que vivir. Y vivió, y creció, y aprendió a mirar para adelante. Lo que no entendía era lo último.

-¿Una forma? ¿De qué? ¿De morir?- preguntó

-Sí, no sabemos con cual moriremos sin sufrir, cuál será la más rápida.

-¿Y allí sí que sabes cuál es?- no entendía a dónde quería llegar.

-No exactamente. Allí hay algo, algo que te dice qué des el paso. Te promete que va a estar contigo, que vas a saber continuar por ese camino, que no te va abandonar. Y te promete la entrada al paraíso. Sí –asintió ante la incredulidad de Neville- te permite vislumbrar por un instante lo que tendrás si avanzas a ese lugar. Te permite probar de los frutos de los árboles del Paraíso y cuando lo haces…

Un escalofrío recorrió la espalda de Angelous que se convulsionó y de pronto, unas lágrimas corrieron por su rostro sin que él hiciera nada por detenerlas.

-Ya no puedes marcharte.-concluyó Neville con una mirada pesarosa y triste.

-Sí, exacto- asintió con el surco de las lágrimas aún dibujado – sin embargo… te promete tanta felicidad…

-¿Y es cierto? ¿De verdad son felices los que prueban de su fruta? –preguntó Neville con miedo.

-No lo sé, yo no me atreví a probar de su fruta. –respondió con pesar

-Pero si sabe todo eso…

-Ella sí que probó la fruta. Y decidió quedarse. Abandonar todo lo que había vivido; no tenía valor para continuar pero yo no. Yo tenía una familia que me quería, no podía darles la espalda. Y no tuve valor para quedarme con ella. – Le aconteció un sollozo- Huí. Huí como un cobarde.

-No todos estamos preparados para abrazar a la muerte- le intentó consolar Neville

-Pero… era mi amiga. –se culpó de nuevo Angelous.

Neville miró al hombre que tenía ante él. Su pelo parecía tener más canas que cuando habían quedado en la estación de Hogsmeade; sus ojos, ahora ocultos bajo sus dedos, dejaban escapar cuantiosas lágrimas y todo su cuerpo temblaba. Atacado por los recuerdos el pobre Angelous Striet parecía incapaz de seguir con aquello. O con cualquier cosa que se propusiera. Pero Neville necesitaba esa información. Harry, Ron, Luna, Clara y Arthur estaban allí. Y aunque no le importase mucho también estaba con ellos Pansy Parkinson. Y sólo por ellos sabía que debía de continuar preguntando.

-Sr. Striet…- le llamó dubitativo

Angelous pareció tranquilizarse antes de levantar el rostro y mirarle a la cara:

-Lo siento.

-No pasa nada- le disculpó Neville.-Sr. Striet, me gustaría saber qué pasó. Mis amigos se han internado en un lugar extraño, un lugar que sólo usted conoce, y quiero ayudarlos. Porque llegará un momento en que tengan que volver. Como usted, y yo quiero que lo hagan. No quiero perderlos.

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Draco despegó sus labios antes de despertar del todo. Levantó sus párpados que caían pesadamente sobre sus pupilas y pestañeó un par de veces antes de despertarse del todo. Recorrió la textura de sus labios con la lengua en un intento de saborear de nuevo los besos de la noche anterior.

Aún recordaba todo como si lo hubiera vivido hacía unos segundos. Sólo habían pasado unas horas y sin embargo parecía que aún estaban juntos.

Deslizó la mano por las sábanas de la cama pero no encontró ningún obstáculo. Se levantó de golpe al notar que no había nadie: estaba solo.

Hermione se había ido y no sabía adónde. No la conocía suficiente para poder adivinarlo. Y sin embargo, la noche anterior... Había sido como un sueño. Una utopía rescatada de los hados del destino. Se había olvidado de quien era, cómo era… tanto ella como él. Nada de eso había importado. Porque en el arte del amor eso nunca importa.

Abandonaron una identidad, robaron otra que no les pertenecía. Jugaron con ser la otra persona, se deleitaron con el placer de creer que era cierto. Y en el momento en que ambos se fusionaron en uno solo, los dos tocaron, con la punta de los dedos, un sueño inalcanzable.

Un sueño alejado de los mortales, porque sólo aquel que deja su pasado atrás, que mira hacia delante, de la mano de otra persona, sabe que la vida es tan efímera como el soplo de la brisa sobre el mar. Sabe que la vida es un juego y el amor la primera y última regla. Y, sobretodo, sabe que la vida es una mentira donde lo único real es aquello que siente el corazón.

Porque amar no es una buena acción. No es tampoco una mala, es una fuerza superior a todo ello. Algo que el ser humano nunca ha comprendido, algo que solo le está permitido rozar con la punta de los dedos, y en sus intentos de alcanzarlo siempre cae. Ante la desesperación de no entender lo que es.

Y Draco Malfoy, rey de la casa Slytherin, hijo de uno de los más poderosos mortífagos, futura mano derecha de Voldemort sabía lo que era el amor. Pero nunca, nunca, lo diría. A no ser que encontrara a la persona adecuada, pero él era inteligente y sabía bien que ya la había encontrado. Ahora bien ¿encontraría el valor para decirlo?

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-El mundo no está dividido en personas malas o buenas. Solo en acciones buenas y malas.

-Y lo que nosotros vamos a hacer ¿qué es?

-No lo sé. Pero tengo la intención de averiguarlo. ¿Tú no?

-Sí, yo también. Pero con una condición

-¿Cuál?

-Que sigas conmigo

Dos muchachos se encontraban de pie en medio del pasillo de Hogwarts. Un chico de pelo oscuro, ojos grandes y piel clara. A su lado una chica de pelo rojo fuego y de ojos miel. La chica lo miraba fijamente tras su última frase como si no quisiera apartar sus ojos de él nunca. Nunca, hasta que le contestase. Él se inclinó hacia ella y dejando atrás su rostro se acercó hasta su oído. Movió los labios haciendo que ella se estremeciera: de miedo, de placer.

-Siempre, Ginevra, siempre estaré contigo. –y sin apartarse de ahí continuó- al igual que tú.

Y se separó para mirarle a la cara. Su rostro pecoso mostraba una emoción contenida. La furia desatada se trasformó en un beso. Otro más de una larga lista que terminó en un jadeo quejumbroso y en otra gota de sangre.

Ambos giraron la cabeza hacia el cuadro que tenían delante. Ginny cerró los ojos mas los volvió a abrir al ver que Blaise alzaba su mano para tocar el cuadro. Intentó detenerle pero su brazo no fue lo suficientemente rápido. Aún así, no le pasó nada.

Movió los dedos en círculo haciendo girar la rosa negra que había en el centro del cuadro. Ésta giró al compás que él marcaba. Ginny abrió los ojos sorprendida: era la misma rosa que había descubierto la noche pasada, la misma rosa negra que Blaise Zabini llevaba tatuada en el omóplato.

-¿Por qué…?-preguntó

-Porque todos hemos avanzado juntos, pero aquellos a quienes dejamos atrás vendrán separados.

-¿Quiénes? –preguntó todavía más sorprendida Ginny

-Draco Malfoy y Hermione Granger- respondió Blaise con sencillez.

Ginny no dijo nada pero no podía acabar de creerse lo que estaba diciendo ¿Draco y Herms? ¿Juntos? Se encogió de hombros, pues si alguien le hubiera dicho que ella, en un instante de su vida, habría estado con Blaise Zabini, y que Harry –aún le dolía el corazón al pensar en él- estaría con Pansy Parkinson se hubiera reído en su cara. Así que ¿por qué no iban a poder estar juntos Draco y Herms? Sonrió. Si eso fuera cierto… compadecía mucho a su amiga.

Volvió a mirar al chico que le acompañaba, y en el momento en que atravesaron el castillo para ir a parar a otro lugar. Al pasillo que daba al Jardín de los Ángeles Ginny sintió ganas de decir aquello que la llevaba atormentando desde hacía ya mucho tiempo.

-Blaise…-comenzó a su susurrar y el te amo se perdió en su garganta nada más llegar para ser sustituido por un grito. De sorpresa, horror, miedo y profunda tristeza.

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Lejos de todo una muchacha jugaba con la superficie del agua atreviéndose a penetrar con sus pies en el frío lago. Estaba tomando una decisión y las lágrimas no cesaban de recorrer su rostro. Su pelo, rizado y enmarañado, le tapaba la cara y el viento lo zarandeaba sin compasión. Pero dentro de ella algo le gritaba que debía continuar, que debía dejar todo atrás y avanzar. Aunque fuera lo desconocido, lo olvidado, lo oscuro. Y le dolía saber que antes habría de enfrentarse a algo mucho más poderoso que todo aquello. Antes debería enfrentarse a sí misma y a lo que sentía. Porque si había algo que Hermione Granger supiera era que no existe un enemigo peor que nosotros mismos.