Robotech y sus personajes son una propiedad de Harmony Gold USA Inc., Mass Effect y sus personajes son propiedad de Bioware. No se obtiene beneficio económico alguno de esta historia.


Hello boys... I'm back...

Un capitulo más. Nos acercamos a la recta final y poco a poco las cosas se complican mas, aunque se vuelven mas interesantes.

No hay menciones honorificas ni nuevos seguidores. De alguna forma debería preocuparme...

De cualquier forma, mientras haya lectores viendo esta historia, me comprometo a terminarla.

¡Adelante con el espectáculo!


Capitulo Diez:
Vacíos que vinculan parte 1

SSV Normandía,
viajando hacia el planeta Illos.
Ocho horas y cincuenta minutos después del Atentado...

– ¡Vector de aproximación delta cincuenta y cinco!, ¡aceleración de cuatro mil doscientos kilómetros por hora!, ¡sistemas listos para transición a corredor de cero-masa!, ¡calculando y transmitiendo solución de conversión!...

La nave espacial se aproximó a toda velocidad a la gigantesca estructura que flotaba en el espacio. Enseguida, el núcleo de elemento cero que giraba en el centro del alargado relé lanzó un rayo de energía azul pálido que envolvió la silueta del velero. En tres segundos, el milagro de la aceleración se realizó y el transporte fue catapultado hacia su destino, a velocidades relativistas. Mas que deslizarse por el espacio, la figura alargada del navío cortaba la negrura entorno a ella, cual saeta de un cazador que vuela segura y certera hacia su blanco.

– ¡Aceleración completada con éxito!. Acabamos de pasar el relé Gamma cincuenta y seis y estamos entrando en los Sistemas Terminus por el sector cero tres nueve be. Telemetría informa que seguimos pasando desapercibidos. Reactivando sistemas de sigilo. Tiempo estimado de llegada al relé de Mu: Cuatro horas y cincuenta y dos minutos. Todos los sistemas están en verde. Integridad del vehículo acoplado: No comprometida... – la voz de Joker cortó el denso silencio de la cabina:

– ...Lo dije antes y lo vuelvo a decir: ¡Somos la primera fragata "canguro" de la Alianza! – comento Jeff Moreau, el piloto al que, por su comportamiento bromista, merecidamente todos le llamaban "Joker".

A su lado, el Comandante Shepard no respondió.

Joker, como la mayoría de la tripulación, se había habituado a ver al aún joven oficial de mayor rango, ir de aquí para allá, escuchando atentamente todo lo que sus subordinados tenían que decirle, e inspirando a su vez una lealtad fanática en ellos. Por lo tanto, el lapso de desatención en el que el hombre había recaído le resultó por demás extraño:

– ¿Estas bien, Comandante?

Shepard volvió en si, con gesto adusto. Enfocó su vista y reconoció al piloto que lo miraba como si de pronto le hubiera crecido un brazo en la cara. Trataba en vano de distraer su mente de la preocupación. La información que la FER le había proporcionado demostraba que Saren les llevaba considerable ventaja. Y eso lo ponía a pensar en cientos de posibilidades, todas ellas malas. Liara había ayudado a interpretar la información obtenida del Cifrador, la Reina Rachni y la Toriana. -"Finalmente resulto que la Asari si fue útil", es lo que había mascullado Ash-, y habían dado con la localización del relé que los llevaría a Ilos. Pero si la inteligencia obtenida era correcta, llegar a ese mundo perdido les requería pasar por territorios hostiles de Terminus, de preferencia sin ser detectados.

"Sencillo".

– No del todo, Joker. Desearía que pudiéramos transportarnos sin dilación a Ilos. Pero esa clase de milagros solo está en poder de la Fuerza Expedicionaria...

El lisiado piloto sabía a lo que se refería. El maravilloso modo de viaje hiperluminico de la FER habría sido ideal para la misión que ahora estaban afrontando. Pero la falta de veleros pequeños con esas capacidades los había restringido al ya conocido viaje a través de relés de masa. En compensación, el alto mando de la Fuerza les había proporcionado vehículos de ataque, con excelente poder de fuego. Estaban, uno en la bodega de carga, y el otro acoplado al casco. No le gustaba tener nada pegado a la estilizada silueta de lo que consideraba "la niña de sus ojos". El desempeño de la Normandía -sobre todo en condiciones de vuelo intra-atmosférico- podía verse afectada debido a eso, pero era la mejor solución que habían encontrado en el poco tiempo que habían tenido para prepararse.

"La potencia de fuego de estas maquinas bien lo vale", había mencionado la rubia Coronel Sterling, mientras subían el tanque aerodeslizador al hangar. El aparato se veía raro, descansando en el lugar donde debía haber estado el "Mako". Pero si lo que decían los científicos y asesores de la FER era cierto, las fuerzas Geth no tendrían ni idea de que los golpeo...

– ¡No te preocupes Comandante!. ¡Estaremos allí antes de que te des cuenta!...

Shepard solo sonrió:

– Confío en ti, Joker...

El Héroe de Elysium no dijo nada más y se alejo de la cabina, ante la mirada consternada del timonel de la nave. Caminó por el alargado pasillo central reculando junto a varios operadores, enfrascados en la lectura y manipulación de los sistemas de la nave. Su mente repitió sin piedad las escenas de los últimos días, que habían precipitado esa situación:

Primero, la vista del "SDF-3", apenas acababan de salir del relé de masa. Joker casi había dado un salto, y hasta el resto de la tripulación había dejado de lado sus rutinas habituales, para ver por las ventanas la impresionante nave. Había comparado mentalmente ese momento, con la primera vez que había visto la "Ascensión del Destino", meses atrás. A pesar de ser más pequeña que la nave asari, el velero robotech era cuando menos, tan mortífero como su contraparte, con menos de la mitad del tamaño. Y los reportes de la Batalla de la Ciudadela no dejaban lugar a dudas acerca de eso.

Después vino a su mente el aplazamiento de su cita para el reporte de su investigación. Algo que no esperaba del Concilio, y que casi hace que su corazón diera un vuelco. Ya había tenido muestras de que el triunvirato en el poder no había tomado el asunto de Saren Arterius con la seriedad debida.

Y el interludio tenso y a la vez jocoso, de la ceremonia de recepción formal de la Fuerza Expedicionaria donde, de todas las cosas que podían haber pasado, terminó jugando Poker Skyliano con los comandantes de la Flota de la Ciudadela, le confirmó que la galaxia se había puesto de cabeza en las dos semanas que había estado fuera...

Volvió en si al pasar junto al centro de comando, donde el Primer Oficial Pressly, lo detuvo:

– Comandante... ¿podemos hablar un minuto?.

– Seguro, Pressly. ¿Que sucede?

– El escuadrón de la FER ya esta instalado y en este momento está en la cubierta de desembarco, preparando sus pertrechos para estar listos cuando se les requiera – mencionó el ex-navegante de la fragata, con un dejo de molestia que no le pasó desapercibido al otro.

– ¿Que pasa, Pressly?, ¿algo que quiera comentar? – Shepard sabía que el oficial recelaba de permitir la entrada de personal ajeno a la Alianza, a la que consideraba una de las naves más secretas de todas las Flotas. Dio pábulo a su inmencionada queja, esperando ver hasta donde iba a llegar el asunto.

– Si me lo permite, Comandante... esta no es una operación conjunta oficial de la Alianza. ¿No cree que nos estamos arriesgando al tener abordo a todos esos soldados de nuestros "aliados"?... – ahí enfatizó una imaginarias comillas con los dedos.

– Definitivamente Pressly, entiendo su posición. ¿Le han dado algún motivo de queja?

– Ninguna hasta el momento. De hecho son mas disciplinados que muchos de los ocupantes de esta nave. Pero a riesgo de sonar desconfiado, ¿podemos fiarnos de ellos?

– En circunstancias distintas, Charles, sería tan receloso como usted... – el Héroe de Elysium se recargó en el costado de la estructura proyectora del mapa galáctico – ... pero las cosas están yendo más rápido de lo que yo quisiera. He tenido bastantes problemas tratando de hacerle ver al Consejo la gravedad de la situación que Saren plantea, y de pronto encontramos que los Segadores son menos un mito de lo que se supondría. Y por si fuera poco, al poner un pie en la Ciudadela encuentro a esta civilización nueva, cuya tecnología supera todo lo que hemos visto, y que tiene realmente agitados a los dignatarios de la Tierra y de otros mundos...

La situación se está saliendo de control, y agradezco que podemos hacer causa común con estos extraños. Por que me queda claro que si la tendencia continua de esa forma, y a eso agregamos a estos "Haydonitas" que han entrado en escena, podemos estar urgidos de toda la ayuda posible.

– Después de lo que he visto, no me queda la menor duda que la Fuerza Expedicionaria puede desequilibrar la balanza en cualquier acción militar. Y estos Haydonitas, si se puede creer en lo que dicen, tienen armas igual de mortíferas. ¿Que más no nos están diciendo nuestros aliados?

– Probablemente muchas cosas... – dijo el N7 echando a caminar y haciendo que Pressly lo siguiera – ..¿Pero tu les contarías todo a tus aliados, Pressly?. El Capitán Anderson ha dicho que lo único que quieren es regresar a su hogar, debido a que están en medio de una guerra. Y los poderes galácticos están tratando de usar eso a su favor para obtener tecnología y recursos. Algo que a mi en lo más personal me desagrada, ya no hablemos de lo que piensan de ello el Almirante Hunter y la Embajadora Hayes. Por otro lado, si sus planes hubieran sido de conquista o destrucción hubiéramos podido hacer muy poco para detenerlos...

– Son aliados de conveniencia, al menos por el momento – mencionó el viejo oficial con actitud expectante.

– Así es. Pero recuerde una cosa Pressly. Hace algunos meses estaba terriblemente receloso de tener alienigenas a bordo. Ahora juega partidas de Cinco-Skyliano con Garrus y Chakwas, cuando hay oportunidad. Ya no mira a Tali con desconfianza, se ríe menos de las inocentadas de Liara, y hasta mira a Wrex con algo mas que disgusto contenido...

Pressly se detuvo por un momento. Si no hubiera sido por la iluminación que provenía del mapa galáctico, Shepard habría jurado que su navegante se había sonrojado y había maldecido por lo bajo. El viejo solo acertó a soltar una tos forzada:

– Todo esto es desconcertante, Comandante, pero confío en que su buen juicio nos lleve a puerto seguro. Ya robamos la Normandía, dejamos nuestra misión asignada y estamos permitiendo que las personas que debíamos vigilar trabajen con nosotros. Lo mínimo que nos espera a nuestro regreso es una Corte Marcial... – el oficial se dio la vuelta y parecía dar la conversación por terminada, pero de pronto volteo:

– Mientras mas lo pienso, más me invade la sensación de que esto es... emocionante.

Shepard enarcó una ceja. Del último que hubiera esperado semejante comentario era de su Primer Oficial. ¿En que momento aquel recio hombre se había convertido en una quinceañera excitada?...

– Continúe sus labores, Pressly – ordenó el operativo, con una sonrisa.

– Si, Comandante.

Dejo al navegante atrás, mientras bajaba las escaleras, rumbo a sus aposentos. Las visiones de pesadilla de la baliza proteana volvieron a él, pero logro desterrarlas de sí por un tiempo. Entre ellas y Saren, estaban minando lentamente su mente.

Golpeo la baranda de la escalera, traicionando uno de esos momentos de molestia. Podía recordar con certeza cada una de las palabras que el Consejo le había dicho hacía mas o menos cinco días, cuando finalmente pudo reportar sus hallazgos en persona:

– ¡Comandante Shepard!. ¡Que bueno ver que su misión en Virmire fue exitosa! – la consejera Tevos lo recibió. Estaba frente al pleno del Consejo, con Udina y Anderson detrás de él. La sensación de deja-vu que lo invadió le trajo malos recuerdos. La ultima reunión en esas condiciones no había salido bien...

– Saren es suficiente formidable ya, sin la ayuda de un ejercito Krogan – el consejero turiano Sparatus agregó. El soldado podía ver una sonrisa indulgente en su rostro.

– Los Krogan habrían ayudado al Soberano, un Segador... – respondió, dispuesto a hacer valer la opinión que había manejado desde que el Consejo lo había comisionado para aquella odisea.

– Si... vimos eso en su reporte. El Soberano: Una maquina sensible, una verdadera inteligencia artificial. Esa noticia es alarmante... aunque, dado el curso de los acontecimientos actuales, no es tan sorpresiva como antes – el consejero Valern, de los salarianos respondió.

– ¿Disculpe? – el rostro del soldado de la Alianza reflejaba desconcierto.

– El Consejero Valern se refiere a la llegada de la Fuerza Expedicionaria Robotech... – intervino el Embajador Udina – ...ellos tienen muchas maravillas tecnológicas y, entre otras cosas -y aunque en lo personal me parezca inaceptable- inteligencias artificiales avanzadas.

Todos en la embajada se habían cuidado de decirle eso. Quizá por descuido, quizá por manejo estratégico de la información. En cualquier caso, información de esa clase debía ser de su conocimiento y no causarle sobresaltos como el que se había llevado.

– Volviendo al tema: El Soberano es un Segador. Saren lo admitió – el Héroe de Elysium insistió, sintiendo que estaba en desventaja.

– ¡Saren está jugando con usted, Shepard!. Aún tiene contactos en la Ciudadela, los cuales probablemente han visto sus reportes. Los que hablan de sus visiones... y de los Segadores – intervino Sparatus de nuevo, volteando de reojo a ver al consejero salariano.

– Es muy posible que Saren esté utilizando información falsa para descontrolarlo. Nuestra propia inteligencia no ha aportado hasta el momento pruebas que corroboren su reclamo – el salariano clarificó antes de que Anderson y Udina pudieran agregar algo.

– Por muy disparatado que esto suene, Consejeros, existe esa posibilidad... – Anderson alzó la voz – ...¡los últimos días se han encargado de hacernos ver eso de forma suficientemente explicita!... – señaló hacia el gigantesco ventanal detrás de ellos, desde donde se podía apreciar la gigantesca nave Robotech a la lejanía:

– ...¡De todas formas Saren es una amenaza muy seria, con o sin Segadores!, ¡no está demás confiar en el Comandante en este caso!.

– Traten de verlo desde nuestra posición, señores. Saren es una amenaza que podemos reconocer. Sin embargo, por todo lo que sabemos, los Segadores solo existen en la mente de Shepard – Tevos explicó, con ese tono ominoso que el comando N7 sabía que era un mal presagio.

– Nuestras decisiones afectan a trillones de personas. Y no podemos actuar basados solo en sospechas o acusaciones sin fundamento. ¡Ni siquiera las de un Espectro! – Valern agregó. Anderson volteo a ver a Udina, y podía jurar que su mentor le comentaba al embajador por lo bajo.

"¡¿Como pueden ser tan malditamente ciegos?!". Sintió su ira crecer.

– Sin embargo Comandante... – Sparatus intervino – ...su investigación sobre el renegado ha revelado el verdadero alcance de sus operaciones. Debido a eso, hemos decido que se deben tomar cartas en el asunto...

"¡Victoria!". El soldado humano se relajó, sintiendo que lo peor de la tormenta estaba pasando.

– ...Por lo tanto, vamos a re-comisionar la cacería de Saren a los mejores Espectros del Consejo. Ambos especialistas en lidiar con bandas criminales de alta peligrosidad y renegados...

Ese comentario fue como un gancho a su hígado. ¡No podían hacer eso!. ¡Tanto tiempo detrás de Saren y ahora lo relegaban!. ¡No podían!. Volteo a ver a Anderson, quien tenía gesto de sorpresa y parecía querer lanzarse a estrangular a Donnel Udina.

– ¡Pero eso es una tontería!, ¡Saren puede tomar una ventaja crucial en el tiempo que nos toma organizar a dos Espectros más!. ¡Y si se dirige a Illos a buscar el "Conducto"...!

– Entendemos su preocupación, Comandante – la Asari cortó su reclamo de tajo – ...por lo que nos hemos adelantado a esa situación. Ambos están ya trabajando en la búsqueda del Turiano. Y usted los contactará con la información pertinente a esta investigación, tan pronto este acomodado en su nueva asignación...

– ¿Cual nueva asignación? – el Espectro batalló de pronto para mantener la calma.

– Por acuerdo común con sus superiores, hemos decidido que se convertirá en Oficial de Enlace del Consejo y la Alianza con la Fuerza Expedicionaria Robotech. Su nuevo puesto estará en el acorazado SDF-3. No revocaremos sus privilegios de Espectro, debido a que confiamos en que ellos lo ayuden a tomar las decisiones pertinentes, para llevar a cabo su misión de la manera más productiva... – sentenció el consejero salariano y agregó:

– ...El embajador Udina le informará mas a detalle de esta disposición.

– ¡Están cometiendo un grave error!. ¡Saren y el Soberano no van a detenerse por nadie! – Shepard estalló, acercándose hacia los atriles donde estaban los consejeros. Los hubiera encarado directamente, de no ser porque el capitán lo sujetó y le hizo un gesto con la cabeza:

– ¡Están cometiendo un error!, ¡un grave error!...

Retomó su conciencia y se descubrió a si mismo parado frente a la puerta de su habitación. Metros atrás, el solado que siempre montaba guardia en ese pasillo, hacía hasta lo imposible para pasar desapercibido, aunque estaba plenamente consciente de que su superior venía enfrascado en internas disquisiciones, cuyo contenido trataba de ignorar a toda costa.

Entró a sus aposentos y asegurando la puerta, se dirigió a su terminal. Había en ella varios reportes, incluyendo uno que le llamó la atención: Wrex Urdnot había retado a la Coronel Sterling a que tratara de derribarlo. Ella había declinado cortésmente, diciendo que no se vería muy bien ante sus compañeros si ella lo tirara al suelo. El Krogan alardeaba que no había humano que hubiera podido tumbarlo hasta el momento, lo que aparentemente hizo que la chica humana se decidiera a aceptar. El resultado había sido un sorprendido Krogan, tumbado boca abajo y una exultante muchacha que le prometía la revancha para otra ocasión.

¡Ah, Wrex!...

Había otro reporte de Liara, hablándole de lo que sabía de Illos y de sus descubrimientos y lo que había entendido de las visiones de la baliza proteana. Su curiosidad y conocimiento no parecía tener límites, cuando de su profesión se trataba. Habría sido buena idea buscarla desde el principio. Era una lástima que las cosas se hubieran dado de otra forma...

Se adelanto hacia su cama y dijo al micrófono ambiental:

– ¡Joker!, voy a descansar un rato. Avísame cuando lleguemos al último relé antes de Illos...

– [Entendido, comandante]

Se tendió en la cama, repasando las últimas noticias que había recibido antes de decidir escapar de la Ciudadela. Llegó a pensar ingenuamente, que las cosas no podían ir más mal, pero solo empeoraron, cuando Udina mencionó que a la llegada de la Tercera Flota, en menos de un día, tendría que dejar el mando de la Normandía, para que esta fuera enviada a la 63ava Flotilla de Reconocimiento. Y hacía algunas horas solamente, había ocurrido el atentado y su apresurada partida...

Ya había dicho a Pressly, y Joker también había intuido, aunque se hubiera cuidado de decirlo abiertamente, que podían no regresar de la siguiente misión. Decidió que enfocarse en problemas que no podía resolver a corto plazo era fútil. Cerró los ojos y limpió su mente, concentrándose tanto como pudo en dormir. En la soledad de su posición, nadie podía ayudarlo.

Y sabía que no se haría ningún bien, dejando que la preocupación lo mantuviera despierto...


El área de entrenamiento estaba vacía, salvedad de una chica rubia y de cabello corto, que desquitaba su enojo y frustraciones con un saco de arena, aporreándolo sin la más mínima misericordia. Su cuerpo ya estaba sudoroso y empapado, pero eso no impedía a Dana Sterling enfocar su atención en el ya múltiples veces vapuleado instrumento, sacando todo su rencor en cada contacto.

Pressly había seleccionado el lugar para que los soldados de infantería de la Fuerza residieran entre misiones, a falta de mas cuartos y cámaras de descanso. Al momento sin embargo, estaba vacío. La Coronel había mandado a sus subordinados a poner sus pertrechos a punto, al hangar de la nave. Ella misma había aprovechado el tiempo de viaje para ajustar los sistemas del nuevo "SPARTAS VHT-2X", que iba a sustituir al "Mako", hasta dejarlos a su particular gusto.

Aún así, todavía faltaban unas horas según el estimado de viaje, para que arribaran a su destino. Tiempo que, decidió, era más que suficiente para poner en orden el avispero dentro de su cabeza.

"¿Acaso estás loca?, ¿porqué te ofreciste para eso?. ¡Cualquier otro podía haber ido en tu lugar!..."

Recto, bajo y gancho... lanzó la combinación al aparato, con la misma vehemencia que si fuera un enemigo real. Cada golpe y patada, una oportunidad de infligir una fracción del dolor que sentía.

"¡Nadie más puede manejar mi tanque, mama!, ¡además tu jamás habrías dejado que alguien más llevara a cabo tus misiones!..."

¿Por qué se había ofrecido para esto?. ¿Era para demostrarle algo a sus progenitores?. ¿Realmente quería hacerles creer que no necesitaba de su cariño?, ¿o tan desesperada estaba por hacerles daño?. La conciencia dentro de su cabeza -que generalmente tomaba la voz de su ex-compañero Bowie-, le decía que había echado todo a perder otra vez.

"¡Ese es el problema!, ¡esa no es tu misión!, ¡ni siquiera es tu guerra!. ¡¿Porque no lo entiendes?!..."

La discusión que había tenido con sus padres, antes que la Normandía partiera, había sido desastrosa. Había tenido "charlas" con ellos, -algunas bastante amargas- desde que había llegado a la flota. Pero debido a sus periodos de re-entrenamiento, sus posteriores asignaciones, y después a los preparativos para la partida de la Fuerza de Reclamación Robotech, las oportunidades de convivencia habían sido pocas y mas bien cortas. Meros ejercicios de protocolo entre la nueva recluta y los héroes de la Primera Guerra.

La última de ellas sin embargo, había sido por mucho la más cruda.

Recto, codazo, giro... lanzó una nueva serie de golpes. La rabia la enceguecía cada que recordaba el incidente:

"¡Lo creas o no, lo entiendo!. Pero no podemos dejar que el Comandante Shepard...

"¡Ah claro, Shepard!... ¡Shepard esto!, ¡Shepard lo otro!... ¡Estoy harta de oír de ese hombre!, ¡como si toda la fregada galaxia girara en torno a él!, ¡cuando vea de nuevo a Rick, vamos a hablar seriamente de esto!..."

Propinó una patada alta al costal, que resintió el impacto. Su sangre Zentraedi estaba hirviendo:

"¡Ni una palabra más!... Nadie va a reclamar nada a Rick ni a Lisa. ¡Ni un solo comentario!, ¿entendido?..."

Patada, giro, codazo... la voz de su padre rompiendo su acostumbrado silencio en cuestiones familiares y adquiriendo un tono glacial. No concebía algo remotamente más aterrador, por desusado:

"¡No me voy a quedar de brazos cruzados!", su madre arremetía con vehemencia. Ya sabía de donde le venía su mal talante.

"¡Eso es exactamente lo que harás!. Es necesario. ¡Además nuestra hija es una mujer adulta!, ¡y una soldado, por si no te habías dado cuenta!. ¡Tu sabes mejor que nadie lo que eso implica!..."

Golpe, golpe, finta, patada...

"¡El Comandante necesita toda la ayuda que pueda y...!"

Finta, finta, codazo, rodilla.

"¡Ya basta, Dana!. Tu madre tiene razón en algo: Si de mi dependiera, no te habría dejado ir. ¡No recuperamos una hija, para dejar que salga corriendo a la menor oportunidad!..."

Se recargó un momento sobre el saco de arena, para recuperar el aliento. Una sensación cálida la invadió al recordar.

"¡Maia quedó atrás, sin embargo, y eso no es justo tampoco!...". La calidez de pronto se convirtió en piedras en su estomago.

Golpe, golpe, patada, golpe, giro, codazo...

"¡Maia otra vez!... ¡siempre tiene que venir ella al cuento!... ¡me dejaron a mi suerte en la Tierra y ahora que su adorada Maia no está, no pueden dejar...!"

¡Paf!

Una sensación ardiente cruzando su rostro. Un sentimiento de rabia y furia, aunados al dolor que físicamente atacaba su faz:

"¡Jamás vuelvas a decir algo así!... ¡no tienes ni idea!, ¡¿me oyes?!, ¡ni idea!. ¡Tu y tu hermana son las hijas que siempre quise tener!..." el tono de su madre distorsionado, en una orden furiosa que escondía a partes iguales rabia y vergüenza.

Volvió a arremeter contra el saco, sin descanso ni compasión, hasta que sus molestos brazos protestaron con aguijonazos penetrantes. Descargó su ira en un último golpe y cayó de bruces, jadeando y batallando intensamente para contener unas lágrimas que ya no creía poder derramar:

"¡¿En serio?!. ¡¿Sí yo soy la hija que siempre quisieron tener, porqué no regresaron por mí?!..."

Permaneció así por segundos que le parecieron días. Así la encontró Ashley Williams cuando entró al cuarto, cervezas en mano:

– ¿Coronel Sterling?, ¿Dana?... – la voz de la morena estaba sinceramente intrigada. Caminó hasta ella, mientras la rubia se incorporaba lentamente rehaciendo la eterna mascara de confianza que era su rostro:

– ...¿Se encuentra bien? – preguntó la morena, no pudiendo evitar un poco de consternación.

– He tenido mejores días... – respondió la oficial de la FER, limpiándose el rostro con la toalla que había traído para esos efectos:

– ¿Sucede algo, Jefa Williams?

La morena frunció el ceño:

– Pensé... que quizás querrías charlar un rato, antes de la próxima misión...

Me gusta conocer un poco de las personas con las que voy a arriesgar el pellejo cuando bajo a tierra. Tu sabes... por si no regresamos... – la soldado se detuvo inmediatamente, consciente de pronto de como había sonado semejante declaración. Enseguida trató de rectificar:

– ...¡Claro, si no tiene problemas con eso, señora! – recuperando la rigidez del protocolo.

Dana sonrió a su vez:

– De hecho Jefa Williams... – la mestiza mencionó, usando solo la dosis exacta de sorna – ...no me molesta, aunque debo confesar que le llevo ventaja en eso. ¡Tiene unas calificaciones de tiro impresionantes!.

– Leyó mi expediente... ¿y que piensa?

– Excelente Jefa. Aunque hay un distintivo sesgo en cuanto a sus asignaciones fuera de la Tierra. Además... honestamente, no la hacía del tipo religioso.

– Eso no es un problema, señora – contesto la otra con agresividad contenida.

– Así lo creo. En lo particular no me molesta. Es un atavismo, para mi particular gusto. Pero si le funciona...

– Lo hace... De hecho, ¿acaba de llamarme bicho raro, de manera sutil, señora? – atacó la de la Alianza con mordacidad.

– ¡Con un demonio!, ¿siempre has de ser tan malditamente rígida? – la rubia perdió el control. Le desagradaba la compostura que la otra desplegaba.

– Sí, cuando estoy con mis superiores... – agregó la morena.

– ¡No me salgas con tonterías!. No parecías tener eso en cuenta hace algunas horas, cuando estábamos atrapados en ese edificio... ¡y para hacerlo oficial, sí!... ¡te estoy llamando bicho raro! – Dana la recriminó, con una mueca que decía sin embargo, que no lo estaba tomando demasiado en serio.

– ¡Touché!... – la Williams pinto en su rostro una ligera consternación.

– En cuanto a tu expediente... solo leí las partes que no están censuradas – agregó la rubia. Ash arqueo una ceja:

– ¿En serio mi expediente tiene partes censuradas?. ¡Y yo que pensé que la Alianza no me estaba dando las oportunidades que debía!... – mencionó Ashley con desencanto.

– Bueno, supongo que trabajar con un Espectro tiene sus "asegunes". Mira... esto no es una práctica de protocolo. Así que hagamos un trato: Seremos solo Dana y Ashley. Nada de Coronel y Jefa Artillera... y prometo no hacer valer mi rango.

– Me parece justo...

– Además: ¿Que te hace pensar que hay posibilidades de no regresar?. Mi bebe y yo -y me refiero a mi tanque por supuesto-, no vamos a dejar que esos Geth nos pongan una mano encima.

– Es malo subestimar a los Geth, Coronel. Mi pelotón lo hizo, un buen puñado de soldados, todos ellos. Y no vivió para contarlo – comentó la Jefa Artillera con seriedad. Los recuerdos de Edén Prime le volvieron dolorosamente a la memoria.

Dana vio el gesto en el rostro de la otra y agregó:

– No quise ofenderte, Ash. Y realmente lo siento por la gente a tu cargo. Pero me es difícil asustarme, después de haber visto a los Maestros Robotech y a los Invid en acción... – y era verdad. La superioridad tecnológica de los amos de Tirol era, a pesar de estar debilitados por la escasez de protocultura, algo para tomarse muy en serio. Y la manera en como los Invid barrieron a los supervivientes de la Cruz del Sur podía resumirse en un adjetivo:

Escalofriante.

Lanzó un profundo suspiro:

– Una cerveza me vendría bien...

– Menos mal que vine preparada. Aunque tendrán que bastar solo algunas. Son lo único que pude escamotear de la cocina – la de la Alianza retomó su confianza habitual y le ofreció una lata.

– Bueno, ¿que mas da?... – la Sterling tomó lo que le ofrecían y la abrió sin mayor ceremonia – ...¡de vuelta a mis días de la Academia!

Tomó un trago largo y su cara reflejó un gesto de disgusto:

– ¿Qué rayos es esto?, ¡¿sin alcohol?!, ¡y yo que pensaba que solo la Cruz del Sur hacía esas tonterías!...

– Tu sabes... ¡Nada como una buena cerveza para relajarse!. Pero como la Alianza no quiere personal pasado de copas en sus naves...

Ambas mantuvieron el silencio un momento, el derrotero que había tomado su conversación se había vuelto demasiado lúgubre para su gusto. Una vez que recuperaron el animo, se sentaron cerca de la puerta:

– Tu turno Ash, lanza tu mejor golpe... – la Sterling tomó otro trago de la bebida.

– ¿Lo que sea?

– Lo que sea...

– De acuerdo: Desde que subiste al nave, tienes cara de pocos amigos. Y al llegar aquí te encuentro masacrando el costal, en lugar de estar descansando. ¿Que sucede?...

– ¿Yo te dije que podías preguntar lo que fuera?... – masculló la de la FER, entre molesta y divertida. Permaneció muda unos segundos y después mencionó:

– Estaba sacando el coraje de un mal día.

– ¿Problemas con tus superiores?

– Mas bien problemas con mis padres.

– Ya... eres hija de los Comandantes Sterling. ¿Y que sucede?

– Es Maia, mi hermana menor.

– ¿Maia?, ¿quien es?. No recuerdo que a nadie de ese nombre en las presentaciones o en los expedientes.

– No vino con nosotros. Es la líder de vuelo del Escuadrón Skull, la unidad aérea mas renombrada de la Fuerza. Es mas joven que yo, y su escuadrón estaba asignado a la Tercera Misión de Reclamación Robotech, a la que debíamos unirnos para liberar la Tierra. Todo eso por supuesto antes de que ese jodido agujero negro nos botara de este lado de la realidad...

– No suenas muy feliz... ¿hay algún problema con ella?

La cara de Dana se contorsionó con una mueca que decía lo mucho que le desagradaba hablar de esa situación. Ash reconoció el gesto:

– Entiendo... ¿que hay con tu familia?.

– ¿Que hay con ellos?

– ¿Que piensan al respecto?. Si tuviera que hacer una conjetura diría que...

– No me importa lo que piensen... – suspiró profundamente.

De pronto una punzada de culpa le hizo entender que no estaba afrontando el problema de buena manera:

– ¡Maldición!, En realidad no se como me siento. La primera vez que la vi, fue en medio de un viaje alucinógeno. Había respirado el polen de la Flor de la Vida y pensé que solo había sido una mala pasada provocada por él. No sabía acerca de su existencia en ese entonces. ¿A que no imaginas mi sorpresa después, cuando escapamos de los Invid, llegamos a Tirol y mis padres me la presentaron?...

Maia era un poco mas grande de lo que la había visto entonces. Tendría trece años a lo sumo. Parecía... no... Era una niña feliz. Era yo antes de que mis padres me dejaran en la Tierra... – la chica tomó otro trago de su bebida para disimular un ligero quebranto en su voz. Ashley no dijo nada.

– Ese día conviví con ellos, sintiéndome como una completa extraña. Me parecía como si alguien tomara mi lugar, alguien que revivía los mejores años de mi vida, justo frente a mis ojos y los convertía en sus propios recuerdos. Me asaltó un dejo de celos. Es infantil, lo sé... pero en ese momento me parecía lo único que podía sentir sin explotar.

No me quedé a terminar nuestra reunión. Me retiré lo mas discretamente que pude y ese mismo día decidí embarcarme a las instalaciones de entrenamiento orbitales, que habíamos desarrollado con nuestros aliados en Karbarra. Desde entonces los he visto algunas veces, inclusive hemos llegado a charlar de vez en cuando en términos "amistosos". Pero este viaje ha sido el tiempo más largo que he estado con ellos en casi siete años...

Ashley meneó la cabeza, pero conservó una leve sonrisa en su rostro:

– No se si puedo culparte... cuando mis hermanas nacieron, tuve periodos de molestia y desazón. En mi defensa, tenía solo siete años cuando eso...

– Sí, se que suena mal... ¡Y mira que en mis días dije e hice cosas de lo más estúpidas!. Pero no podía evitarlo. A pesar de mi mal comportamiento, Maia siente curiosidad hacia mí. Soy su hermana mayor después de todo y mis padres, a pesar de que me negué a creerlo durante mucho tiempo, se acordaban de mí en su exilio en Tirol y le hablaban acerca de su hermana perdida. Ha tratado de hablar conmigo en algunas ocasiones. Y la he evitado en muchas de ellas. Supongo que en el fondo sigo siendo una niña inmadura... – terminó con un suspiro:

– ¿Y tu como te llevas con tu familia?...

– A veces quisiera sacarles las tripas... pero las adoro. No imagino la vida sin mis hermanas y mi madre... – mencionó la morena con entusiasmo – ...por ejemplo hace poco sentía ganas de meter a mi hermana Sarah al acelerador de masa de la nave y disparar la carga...

– Lo tuyo es el amor rudo Jefa, ¿y eso por qué?...

– Por que Sarah suele ser un poco metiche y dar su opinión aunque nadie se la pida. Y como todas nosotras, las Williams, cree que puede decirle a todo el mundo como arreglar sus problemas. Lo que rara vez suele terminar bien...

– Eso me resulta familiar...

– ...si me permite la opinión, Coronel...

– Nada de rangos, ¿recuerdas?.

– Lo siento, es la costumbre. Comprendo como te sientes con respecto a tu familia. Yo misma llegué a sentirme mal en algún momento, cuando mis hermanas llegaron a mi vida. Pero creo que deberías intentar conocerla mejor.

– Eso es fácil de decir, Ashley. Pero he cruzado cuatro o cinco palabras con ella a lo largo de todo este tiempo. Y aún así... no puedo evitar sentirme fuera de lugar. Y luego está Mamá...

– ¿Que sucede?.

– No me siento a gusto cuando hablo con ella. No como antes...

– No podrías. Has pasado casi veinte años lejos. Te has formado un carácter y una vida. Pasé por lo mismo con mi propia madre, cuando decidí unirme a la Alianza. Mi padre estaba loco de contento, pero ese día tuve la peor discusión de toda mi vida...

– ¿Y como terminó?

– El día de mi partida para enlistarme en el servicio, no me dijo nada. Pero a la semana me llamó a la base, para ver si estaba bien. Cuando regresé a casa después de seis meses de entrenamiento básico, me pidió que la ayudara en la cocina. Preparamos mi comida favorita para la cena. Después de eso tuvimos una charla larga, hasta entrada la noche. Nunca se disculpó expresamente por nuestro altercado, pero me dio a entender que sabía que estaba tomando las riendas de mi vida. Y ahora somos tan amigas como antes... – la de la Alianza se encogió de hombros – …supongo que es un poco cosa de resignación.

Dana se agitó en su pedazo de suelo, incomoda:

– No se si yo pudiera hacer eso. ¡Quisiera!, pero de pronto las palabras no salen de mi boca...

– "¡Rompe!, ¡rompe!, ¡rompe!,
¡en tus frías piedras grises, oh mar!,
me gustaría que mi lengua pudiera pronunciar,
los pensamientos que surgen en mí..."

La Sterling miró por más de un segundo a su acompañante, sin pronunciar palabra. No podía imaginar exactamente que clase de juego nuevo su amiga estaba jugando. En cuanto recuperó el habla mencionó:

– ¿Qué fue eso?

– Lord Tennyson. A veces creo que la poesía nos ayuda a expresar más fácilmente lo que queremos decir. ¡Pero no vayas por ahí diciendo que lo oíste de mí!...

– Vaya... ¡y yo que pensé que eras toda rudeza!... – comento la rubia con sorna, mientras le daba un golpe en el hombro.

– Déjame en paz... – agregó la Williams en tono juguetón – ...ya hablando en serio... lo mejor que puedes hacer, es hacer las paces con tu hermana. Pero más que ello, con tu propia memoria – recuperó la compostura.

– ¿Alguna sugerencia útil?

– Ninguna. Jamás me había enfrentado a semejante problema. Lo único útil que se me ocurre es que vayas paso a paso. Y en cuanto a tu madre... dale un poco de tiempo. Se le pasará...

– Sinceramente eso espero, Ash. Mi madre tiene tendencia a no olvidar fácilmente los altercados... Por cierto, ¿donde están Garrus y Talí?, pensé que no me los iba a quitar de encima jamás. Cuando empecé a calibrar los sistemas de mi tanque, me acribillaron con preguntas. Juraría que me habían confundido con el Dr. Lang... – mencionó ella y dio un largo a su bebida.

– Típico, pero no puedo culparlos. Los videos de la "Batalla de la Ciudadela" son tan impresionantes...

– La "Escaramuza de la Ciudadela" querrás decir. De haber continuado, quizá no estaríamos teniendo esta charla. Pero hay algo de cierto en lo que dices. Jack Baker es un excelente piloto y mi padre lo avala. Karen Penn también tiene mucha experiencia y su desempeño como controladora del SDF-3 es excelente. Y por supuesto Tío Rick y Tía Lisa entran sin dudarlo en la categoría de leyendas. Sin ellos, no estoy segura de que hubiéramos salido bien parados...

– Eso es difícil de creer. ¡Patearon el trasero de la Flota de la Ciudadela con una sola nave!. ¡Muchas personas en la Tierra estarán celebrando la lección de humildad que le dieron a esos alienigenas!...

– ¡Eres xenofóbica, Ashley!

– ¡¿Qué?!, ¡no por supuesto!... Garrus, Tali, Wrex, y aún Liara... – la chica se detuvo un momento, pensativa – ...supongo que he llegado a apreciarlos por lo que son, sin importar si son extraterrestres. De cierta forma se han vuelto los hermanos que nunca tuve.

– Una aseveración muy interesante, Ash, sobre todo por lo que implica. Sin duda pensé que tendríamos problemas por eso...

La Williams no pareció entender el comentario por un segundo. Cuando comprendió a cabalidad, el color le subió por el rostro:

– ¡Espera un momento!, ¿tu eres...?

– Mi madre, Miriya Sterling, es una Meltrandi -una Zentraedi femenina-. Y mi padre es humano. Aún cuando humanos y Zentraedi son similares en un noventa y nueve por ciento a nivel genético, ese uno por ciento de distinción, de hecho, me vuelve necesariamente mestiza... – acotó Sterling sin perder la calma, pero sin dejar de lado el ligero enojo que la actitud de la otra le había provocado.

– Yo no quería...

– Quizá querías, quizá no... – la rubia tomó otro trago de su bebida – ...el caso es que pareces tener una rencilla personal contra los alienigenas.

– ¡No!, si... – balbuceo la morena y se detuvo un segundo. Inspiro profundamente y, habiendo recuperado el control de si misma, menciono:

– Creo que entenderás mejor si te cuento toda la historia...

El recuento de la Guerra del Primer Contacto salió a relucir. Ash no pudo evitar cierto resquemor al mencionar como su abuelo manchó su reputación, al rendir la guarnición de Shanxi a los Turianos, a pesar de salvar con eso a cientos de soldados. La Coronel la escuchaba atentamente, haciendo preguntas donde lo creía pertinente. Cuando la morena terminó el relato, la rubia la miraba con aire de seriedad:

– Ya veo. En la Cruz del Sur había idiotas así. Bowie seguro estaría de acuerdo conmigo... – ante la mirada de crucigrama de su compañera, la Sterling agregó:

– Bowie es un ex-compañero de mi antigua unidad. Su padrino era un oficial de alto rango que, ante la aparente superioridad tecnológica de los Maestros Robotech, abogaba por establecer contacto pacífico con ellos. Por supuesto el Supremo General Leonard y los otros "halcones" al mando desvirtuaron su labor y subestimaron al enemigo. Algo que casi nos mata a todos – tomó otro trago de la cerveza y dijo:

– Si me dieran un crédito por cada imbécil de esos en la milicia, probablemente sería millonaria...

– ¡Eso no cambia la situación!. Eso aún me obliga a probar que soy mejor que los demás... por Shanxi – Ashley se levantó de la puerta y se acercó al saco de entrenamiento.

Dana suspiró. Reconocía una actitud testaruda cuando la veía. Como que lo llevaba en la propia sangre:

– Sabes... cuando estaba en la Tierra, yo también tenía que lidiar con la presión de ser la hija de los héroes más famosos de la guerra anterior. Todo el mundo estaba sobre mi, creyendo que por ser una Sterling los mandos me iban a favorecer. Aún hay gente en la Fuerza Expedicionaria que piensa que llegué a mi rango actual por ser hija de dos comandantes famosos. Lo cual es una reverenda tontería. Por ejemplo tu amigo el lagarto gigante...

– Wrex...

– El mismo. Es raro, pero desde la primera vez que me vio no dejó de lanzarme miradas extrañas. Y hace un rato, cuando se me acercó, barriéndome de arriba a abajo, mencionó que era demasiado joven para mi rango...

– Aún de parte de Wrex, eso es bastante abrupto. ¡Espera!... a lo mejor le gustas. Tengo entendido que a veces sucede... – mencionó la soldado de la Alianza con mordacidad.

– ¡Ojalá no!. No sería la primera vez que sucede. Conocía a un Perytoniano que… ¡vaya!, ¡casi caigo en tu trampa!. Sin ofender a tu amigo, pero mis gustos no incluyen la piel escamosa. El Comandante Shepard por otro lado...

– ¡¿Podríamos dejar a Locke fuera de esto, Coronel?!, ¡odiaría cometer una falta al protocolo enseñándole a mi oficial superior a no meter las narices donde no le llaman!...

– ¿Locke, eh?, no me imaginaba que te gustara tanto, Ash... además no tienes la habilidad para hacer eso que dices, "Jefa Artillera"...

Ambas mujeres se vieron en silencio por un minuto. Dana se levanto y ambas se acercaron hasta el tatami de prácticas:

– De acuerdo. La que gane puede "flirtear" con él... – menciono la rubia y enseguida lanzó un jab que la morena esquivo sin dificultad.

– En mi caso es mas bien como "continuar" flirteando con él, pero estoy de acuerdo... – la de la Alianza lanzó un recto que Dana evadió moviendo la cabeza a un lado.

Un segundo después ya estaban trabadas en una serie de lances, fintas y golpes que hablaban de sus respectivos niveles de habilidad. De los golpes de box, la cosa cambio en pocos minutos. Una patada alta, una barrida, golpes de giro y agarres. Ninguna de ambas estaba dispuesta a cejar. Había mañas que los entrenamientos y combates les habían enseñado. Y ambas se estaban tomando la apuesta, con una seriedad pocas veces vista. En ese improvisado duelo estaban poniendo de si mismas toda la concentración de la que eran capaces.

Tan ocupadas estaban ambas en no ceder terreno, que no vieron la figura en armadura que se acercaba hasta la puerta de entrada. Dana esquivó una patada de giro de su oponente y percibió al tipo parado en el cuarto. Sonrió con malicia:

– ¡Comandante Shepard! – y se cuadró y saludó inmediatamente.

Ash se vio sorprendida por el repentino cambio de actitud de su oponente. Desconfió de lo que veía, pero no pudo evitar voltear una fracción de segundo para verificar que no estuviera cometiendo una infracción al protocolo. Solo un momento. Tiempo más que suficiente para darse cuenta de que en la puerta estaba parado...

Garrus.

Sintió su brazo torcerse y su cuerpo precipitarse hacia el suelo, su centro de gravedad propulsado fuertemente hacia abajo por una llave de su oponente. Aterrizó con estrépito en el suelo y un golpe en el pecho le impidió levantarse del acolchado de la sala.

–¡Gané!... – la rubia lanzó una carcajada – ...¡no puedo creer que hayas caído con semejante treta! – mencionó extendiendo la mano a la morena para levantarse. Ash apretó los dientes y tomó la ayuda que le ofrecían.

– ¡Eso no es justo!, ¡exijo una revancha!.

– Y te la concederé, querida, pero en otra ocasión. Además no me interesa "cobrar el premio" – la Sterling se acercó a sus cosas y dio un último trago a su bebida:

– ...por ahora lo que quiero es tomar una ducha y descansar.

– No estoy seguro de que fue todo eso, Coronel... – mencionó el Turiano, chasqueando un segundo sus mandíbulas externas – ...pero supongo que tendré que disuadir a Wrex de venir a buscarla para un segundo asalto...

– Te lo agradecería mucho, querido Garrus. Pero dile que antes de volver a casa, tendrá su oportunidad. ¡Es una promesa! – la Sterling puso su mejor sonrisa. El Turiano levantó los hombros en un gesto de indiferencia y se marcho inmediatamente. Enseguida Ashley preguntó:

– ¿Que quieres decir con eso de que no vas a "cobrar el premio"?

Dana solo sonrió:

– Alguna vez me enamoré tontamente de un alienigena, que además tenía una particular obsesión con la venganza. No fue una buena experiencia...

Años después descubro que él tiene un gemelo. Es raro ver a la misma persona, sentir esa calidez que el otro te dejó como recuerdo, y que esa persona no te corresponda como sucedía antes, porque para él nada ha ocurrido. Es algo capaz de meterse en tu cabeza y hacerte dudar de tus sentimientos. No quiero intentar enamorarme de alguien más, hasta que haya puesto en orden el desaguisado aquí adentro... – dio unos golpecitos a su cabeza. Cerró los ojos y dejo que el recuerdo de la sonrisa confiada y el beso furtivo que Zor Prime le había robado la llenara, flotara en su mente y desapareciera, en la explosión que destruyó la nave principal de los Maestros Robotech.

Todo eso parecía haber sido en una vida anterior...

– ¡Además a ti te gusta el Comandante!. ¡Se te nota a leguas!. Protocolo o no, creo que debes intentarlo... – agregó, dándose la vuelta y enfilando hacia la puerta.

– Quisiera... pero va en contra de las reglas. Además...

– ¿Además?... – Dana se acercó a la mo


rena, que estaba recuperándose del golpe:

– Estamos en una misión muy peligrosa y si en nuestra siguiente salida, alguno de nosotros no regresara...

La Sterling entornó los ojos por un segundo y después agregó:

– Un punto muy valido, estoy segura. Pero creo haber leído que Tennysson escribía: "Mejor es, haber amado y perdido, que jamás haber amado".

Hay otro hombre que decía así...

"...Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor."

Ashley la miró confundida. Mientras la rubia se retiraba hacia las escaleras, la de la Alianza preguntó:

– ¿Quien era ese hombre?

– Un español... Gustavo Adolfo Bécquer. Deberías leerlo algún día...

Ashley se quedó pensativa unos minutos. Mientras recogía los restos de las latas, se le pinto una sonrisa en el alma. Y así, sorprendida y radiante, sintiéndose como una quinceañera primeriza, tiro todo a la basura y encaminó sus pasos hacia el cuarto de Shepard...


Siguiente: Los Haydonitas hacen su aparición...

Y si alguno de ustedes quiere dejar comentarios, serán bienvenidos.

Hasta la vez siguiente...