Capítulo doce.

Bella bajó de las escaleras y estuvo a punto tropezar con la última pila de libros que le quedaba por ordenar. Dos manos la retuvieron justo antes de caer. Se enderezó y se dio la vuelta.

-Hola...

Emmet le devolvió una sonrisa insegura.

-¿Cómo has estado?

Bella soltó un suspiro.

-Supongo que bien ¿qué hay de ti?

Lo vio encogerse de hombros y recargar su cuerpo en una estantería. Por un segundo temió por la estabilidad del mueble.

-Ven, ya está cerrado. Nadie va a molestarnos.

Emmet la siguió por el pasillo hacia el grupo de sillones.

-¿No está tu amiga?

-No, está en una cita. Estoy cubriéndola.

Bella había tomado a tiempo casi completo el trabajo en la librería de la anciana. Hacía sus participaciones los jueves en la noche cuando el grupo de literatura se juntaba para debatir las obras y recomendarse otros autores. Aquello había consumido su tiempo de la misma forma en la que estudiar para la escuela. Su asistencia seguía siendo perfecta, pero se sentía un atómata. Aparecía en cada clase, participaba cuando era necesario y obtenía buenas notas. Como siempre. La diferencia estaba en que evitaba el salón común a la hora del almuerzo y se veía solitaria la mayoría del tiempo. Había comenzado un grupo de trabajo cooperativo con Cayo y daba clases de apoyo de la materia los martes en la tarde. ¿Quién hubiera creído que su profesor tuviera sentido del humor y se hubiera convertido en su mejor amigo? Además de Alice, con quién pasaba la mayoría del tiempo.

Habían sido casi tres meses de luchar el día a día. Había evitado a Edward hasta el cansancio. Incluso dejaba libre la clase de deportes, cubierta por una excusa perfecta. Era una materia en extra horario y ya que tenía que trabajar, aquello le impedía asistir. La consejera de la escuela se había mostrado comprensiva frente a su situación.

Hacía tan solo un par de semanas Emmet había aparecido en búsqueda de libros y desde entonces, no había podido evitarlo.

-Sabes que quiero saber qué demonios ocurre, Bella.

Se djeó caer en el mullido sofá frente a él y asinitó. Al menos Emmet no había cargado con su odio contra ella.

-Es difícil de entender, Emmet.

-Intenta explicarlo.

Cerró los ojos un segundo y luego enfrentó su mirada.

-Mi padre desapareció y nos dejó una deuda, embargaron nuestra casa, nuestras pertenencias. Mi madre recurrió a un amigo para saldar la cuenta o alguien terminarían tras las rejas. En ese momento mi vida se fue al demonio.

-¿Qué quieres decir?

Emmet dejó la mochila en el suelo. Hacía un par de semanas que se excusaba para ir a la biblioteca pública a estudiar, pero además de desear saber qué había ocurrido entre ella y su hermano. Quería averiguar la verdad. Era observador. Bella estaba lejos de ser la que él había conocido en la playa.

-El amigo de mi madre es el padre de Mike.

-Tú... novio.

Ella frunció el ceño ante esa palabra.

-Si.

Suspiró de nuevo y se cubrió el rostro con las manos.

-Emmet... odio la situación. Iba a terminar con Mike cuando volviera del verano ¿crees que he olvidado a tú hermano? Como si eso fuera posible. Ni siquiera soy capaz de tolerar tu presencia porque me recuerdas a él, pero aún así... no pude hacerlo. La culpa me carcomía. Eso hacía a mi madre feliz.

Emmet se estiró para tomar su mano con fuerza.

-Te entiendo.

Ellale devolvió el apretón.

-Gracias.

-Es una gran responsabilidad para tí, pero no puedes hacerte ese daño.

-Tengo que hacerlo.

Bella lo acompañó afuera y Emmet la envolvió en sus brazos, susurrando palabras de aliento. Sus ojos se llenaron de lágrimas. No había paso del tiempo que pudiera curar las heridas que había en su corazón. Sus recuerdos seguían tan frescos que dolían cada día con mayor fuerza. Cuando veía a Edward, no podía evitar sentir añoranza y el estómago se le retorcía.

-Te veré luego.

Ella asintió y le sonrió mientras volvía dentro.

Edward presionó sus puños en el volante. Sabía que su hermano era de los estudiosos, pero eso jamás lo había llevado a usarlo como excusa para salir de la casa con tanta frecuencia. Como el mayor tenía la obligación de saber en qué andaba. Hasta que había descubierto que Bella trabajaba en el lugar. Desconocía el por qué pero ella no lucía como las que realmente necesitara un empleo. Y estaba seguro de que nadie sabía eso acerca de ella.

Pero Emmet y Bella juntos, tenía que ser una jodida broma del mal gusto.

Aparcó frente a la casa que su padre había comprado para quedarse en la ciudad. Era sencilla y simple. Con un parque en frente que se llenaba de niños en las tardes o gente paseando con sus perros. Pero todo eso importaba muy poco cuando su único hermano estaba viendo en secreto a su ex novia.

-¡Emmet!

Su hermano apareció de la cocina. No le dio tiempo a prepararse, asestó su puño contra su mandíbula y perdió el equilibrio hacia atrás, cayendo de espaldas al suelo. Oyó a alguien gritar su nombre, pero demasiado lejano como para tenerlo en cuenta. Cayó por encima de su cuerpo y volvió a asestar otro puño contra Emmet. Su oponente gruñó y empujó con ambas manos su pecho. Eso lo envió lejos de su cuerpo.

-¿Qué demonios ocurre contigo?

-¿Conmigo?

Rió amargamente mientras se ponían de pie. Lo empujó por los hombros y se detuvo justo frente a él. Sabía que Emmet ya estaba despierto y no permitiría que lo volviera a atacar con sus puños.

-¡Tú deberías hacerte esa pregunta!

-¿De qué demonios hablas?

Emmet limpió la sangre de su labio partido.

-¿Cuánto tiempo llevan viéndose?

Detuvo su mano y la bajó lejos de su boca.

-¿Me seguiste?

Edward rugió y estuvo lejos de golpearlo. Emmet apartó su brazo y lo empujó lejos.

-¿Así que lo admites? ¿Tú y ella?

-Estás loco.

Emmet se mordió la lengua. Había prometido su silencio a Bella. Estaba malditamete seguro de que si su hermano supiera la verdad, las cosas serían de una forma diferente pero no tenía derecho a liberar un secreto que le había costado semanas de persuasión obtenerlo. Ella tendría que ser la que se lo dijera o en su defecto, que siguiera callándolo.

-Felicitaciones, Emmet. Te la quedas.

-¿Qué demonios es esto?

Carlisle se detuvo en medio de sus dos hijos. Tanta testosterona podía olerse en el ambiente. Emmet se mantuvo firme sin decir nada, Edward lo miró fríamente.

-No esperaba ser traicionado. Menos por ti.

Edward se dio la vuelta y cerró la puerta de su habitación con fuerza. La rabieta no serviría de nada. Tenía ganas de reventar sus puños contra algo firme. El rostro de Emmet había sido su objetivo pero lo había dejado demasiado pronto. El dolor de la falta de códigos de su hermano se clavaba en su espalda como una daga. Traición. Tampoco esperaba que Bella corriera a los brazos de su hermano.

Gruñó y golpeó la almohada. Ya no podía manejar la situación. Estaba volcando su frustración en el juego y siendo demasiado bueno, pero tener que ver al cara de Mike y su regocijante vida le llenaba el cuerpo de furia. Se apaciguaba cuando recordaba algo que él siempre tendría y él nunca llegaría a estar ni cerca.

Esme golpeó su puerta y no dejó de insistir hasta que abrió.

-¿Puedo pasar?

-Esme, no quiero ser grosero. Necesito calmarme.

La mujer hizo caso omiso de su petición y cerró tras ella. Suspiró y se alejó de ella hasta la ventana. Si la ignoraba se iría pronto.

-¿Sabes que cualquier mujer no vale lo suficiente como para abrir una brecha entre los de la misma sangre?

-Ella no es "una mujer cualquiera".

Esme rió despacio. La había defendido demasiado rápido cuando se suponía que acaba de convencerse a sí mismo de que la sacaría de su sistema así fuera la cosa más dolorosa que había hecho en mucho tiempo.

-A menos de que... realmente lo valga.

Tragó pesado y cerró los ojos. Su rostro vino a él con tanta velocidad que se obligó a abrir los ojos rápidamente.

-Esme...

-Edward, no voy a permitir que destruyas todo lo que tienes y por lo que has luchado para llegar hasta aquí. ¿Pero sabes que sí veo algo por lo que no has luchado lo suficiente?

Se giró despacio hasta enfrentarla.

-Por esa chica. No importa las dificultades por las que hemos pasado, jamás te había visto estar en contra de tu hermano.

Edward apartó su mirada. Esme se acercó hasta él.

-No has oído ni una sola palabra de lo que Emmet tiene para decirte, piensa en eso. Pero si realmente te importa esa chica, ésto no será una traba para ti. No te atrevas a bajar los brazos ahora, Edward. No dejaré que sigas dañándote de esa forma.

Esme respiró despacio para calmarse.

-Ninguno de mis hijos lo hace.

Edward le devolvió la mirada.

-Así que comienza a usar la cabeza y deja de ser un cabezota. Ve por lo que quieres.

Lo dejó a solas con su mente trabajando. Admiraba a esa mujer como jamás lo había admitido. Realmente la sentía tan cercana como lo había sido su madre y tantos años de hostilidad hacia Esme se le volvieron en contra como un golpe bajo. Ella lo consideraba su hijo a pesar de todo.

Tomó asiento en una silla de su habitación y maldijo.

Considerando las palabras de Esme. Había tomado una decisión.

Tenía que recuperar a Bella, costara lo que costara.

.

-¿A dónde vas luego de clase con tanta prisa? Las chicas y yo iremos de compras al centro luego de la práctica.

Bella sintió un atisbo de envidia. Aunque se alegraba de haberse bajado del podio. Ya no pasaba tiempo con las animadoras y entrenaba solo cuando le era posible. Sus posibilidades de eso eran nulas.

-Tengo cosas que hacer.

Jessica rodó los ojos.

-Cuando dejes de ser "una chica ocupada" puedes llamarme. Me molesta esa actitud, Isabella.

Bella enarcó una ceja.

-¿Que te molesta a ti?

-Claro que sí, has dejado de usar los bellos vestidos de invierno que solías usar el año pasado. Las tres nos veíamos de adorables. Ahora parece que ya ni te importa lo que opinemos al respecto.

Gracias al cielo eso había cambiado.

-Bueno, tal vez sea porque realmente tengo algo útil para pensar y no solo desperdiciar mi tiempo en el vestuario. Además, no tenemos que vernos como siamesas, Jessica. Eso es enfermo.

Tomó su bolso y se dispuso a marcharse a casa. Mike se acercó a ellos con una gran sonrisa.

-Hola Isabella.

Bella le sonrió de regreso mientras sentía su brazo pasar por su cintura. Alejando de ella el impulso de enviarlo lejos de su cuerpo.

-Hola de nuevo, Jessica.

Jessica lo fulminó con la mirada.

-¿De nuevo?

Mike se mantuvo callado y sonrió incómodo.

-Olvídalo, cariño. ¿Vendrás a cenar esta noche?

Bella parpadeó. Levemente confundida. Jessica se disculpó y se alejó como un rayo hacia Lauren.

-¿Qué? ¿Por qué?

Fingió acomodarse la ropa y logró separlo de ella. Él se encogió de hombros.

-Mis padres harán una cena, han invitado a tu madre.

Entonces era un sí de ante mano, su madre jamás le permitiría saltarse una cena, que ella catalogaría como de suma importancia. Se mantuvo neutral, manteniendo su fastidio dentro de ella. Los viernes en la noche parecían costumbre para la familia Newton hacer una reunión. Las personas más importantes iban y las Swan tenían que estar ahí. Pero más allá de toda esa fachada, ella creía entre ver la crueldad a la que eran expuestas.

-No sé si pueda ir, Mike...

Mike bufó.

-Tienes que ir. Mis padres esperan verte allí.

Entonces no tenía mucho que decidir.

-¿Por qué no te quedas a la práctica y te recogeré luego? Iremos juntos y podrás prepararte para la cena en mi casa.

Asintió. Le sonrió suavemente y se dejó acompañar hasta el salón de gimnasia.

Mike no detuvo su parloteo acerca de las personas que irían esa noche a su casa. Ya había repasado mentalmente a las personas que él había mencionado, además de sus respectivos padres, habría parientes de ambos y sería algo así como formal.

-No te preocupes cariño, mi madre ha dicho algo de conseguirte algo especial para esta noche.

Aceptó con frialdad que tomara su mano. Mike sonreía abiertamente.

-¿Por qué tanta emoción? ¿Hay algo que no me estás diciendo?

Soltó su mano para colocar ambas manos en su rostro y sonreírle de una forma en la que había olvidado que podía hacerlo. Esa misma forma que había ido arrastrándola con el paso del tiempo, más cerca de su lado. Ese Mike que la había obnubilado, la había hecho sentir hermosa y preciosa frente a todos. Esa cosa que picaba dentro de su cuerpo y la hacía sonreír cuando pensaba en él.

Pero llevado al presente, se había extinto. Nada se movió en su interior y estaba lejos de sentir plena aceptación al contacto mútuo.

-No tienes nada de qué preocuparte.

-Bueno, con eso haces que sí me preocupe.

Mike rió y la besó. No había permitido que la besara muy seguido, él era brusco y algo agresivo. Pero esa vez la besó con suavidad y luego le sonrió.

-Te veré al final de la práctica.

Frunció al ceño luego de procesar sus palabras.

-¿Entrena el equipo también?

-Claro, estamos armando las jugadas para el juego final y las animadoras cambiaron el horario para hacerlo junto a nosotros.

Recordó el momento en el que había optado por dejar de asistir a los entrenamientos de las animadoras y que justamente, acaba de fallar. No le gustaba ver al partido entrenar. Porque eso significaba cruzarse con Edward.

-Creo que es mejor que nos veamos directamente en tu casa...

Mike negó rotundamente.

-No dejaré que vayas en autobus, Isabella. Nos iremos juntos.

-¡Mike!

Se giró hacia el equipo que sonreía ante ellos. Solo una dura mirada se clavó muy dentro de su corazón. Apartó la vista y se alejó de Mike.

-De acuerdo, te veré luego.

Antes de que pudiera responderle se alejó de ellos hacia el vestidor femenino. Mike y ella eran una prehistórica pareja. Juntos durante demasiado tiempo, más del que podía recordar. Antes eso la llenaba de dicha e ilusión. Pero ahora se sentía tan vacía que oprimía su estómago.

Bella se cambió por el equipo deportivo y se dirigió hacia Jessica en medio de la cancha.

-No esperaba verte hoy.

-Bueno, cambio de planes.

Lauren festejó con aplausos patéticos y una gran sonrisa.

-¡Esa es la Isabella que conocemos!

Ella suspiró y forzó una sonrisa.

-¿Nos ponemos a trabajar?

Recordaba la rutina de la última clase que había asistido y no había cambios, solo perfeccionamiento. Isabella era de las que utilizaban para las piruetas de aire, por lo que Quil y Embry ya se encontraban calentando para practicar.

Bella trotó con las demás dos vueltas a la cancha y se quedó atrás con sus soportes humanos en los trucos. Mientras el resto ajustaba la coreografía.

-¿Estás lista, Bella? No haces esto desde hace bastante.

Ella crujió sus dedos y su cuello.

-Eso creo.

Sonrió. Ser un fly, era lo que más adoraba. Era de contextura pequeña, lo que fácilmente la había adiestrado para ser voladora o mantener en alto por los chicos del equipo.

-¿Qué vamos a practicar primero?

-Un cuatro.

Algo sencillo para comenzar. Embry era el que más masa corporal tenía, por lo que sería quien cargaría con su peso en totalidad cuando estuviera en el aire. Quil se enfrentó a él, dejando un espacio para ella en el medio. Juntaron sus manos y ella saltó, sosteniéndose de sus hombros.

La elevaron por encima de sus hombros. Embry colocó sus dos manos por debajo de ella y Quil se alejó a un metro de distancia.

-¿Lista?

Edward estaba sentado en la banca junto al grupo de descanso. Detuvo la botella de agua a medio camino de su boca. Congelando su cuerpo.

-¡Ahora!

Bella utilizó el envión de Embry para saltar como lo había hecho tantas veces antes. Contorsionó su cuerpo en el aire, girando dos veces rápidamente antes de caer en los brazos de Quil. Él fijó su caída y la enderezó en el suelo.

James palmeó el hombro de Edward y rió.

-Cierra tu boca, hermano. Que Mike no te vea babeando. Esa es nuestra fantástica Isabella. Y eso... no fue nada.

Bella rió y chocó sus manos. El corazón le latía por la adrenalina.

-Buen salto. ¿Quieres intentar otro?

-Definitivamente.

.

Estiró junto a las demás chicas y luego juntó sus cosas. Edward estaba en la otra punta del campo, mantenía su mirada fija en ella mientras bebía agua. Estaba sudado y la camiseta clara se pegaba a su cuerpo. Ella conocía ese cuerpo y sabía que más de una chica estaba deseosa por acercarse a él. Pero había sido clasificado como un "sexy inaccesible difícil de convencer". Estaba aliviada de aquello, aunque era un sentimiento estúpido.

-¿Lista para irnos?

Le sonrió brevemente a Mike y se volteó para ir a cambiarse.

La casa de los Newton era una casa quinta de varias hectáreas, totalmente decorada como si se tratara de época. Los jardines cuidados con majestuosidad como si fuera la casa real.

-Querida, Isabella.

Apenas sonrió hacia Ivannett Newton. La mujer era una copia fiel de su hijo, tan rubia y con los mismos ojos azules. Era de procedencia francesa y siempre hacía alarde de ello. Le besó la mejilla y la arrebató de los brazos de Mike.

-Déjame que me ocupe de ella. Tenemos un par de horas antes de la cena. ¿Quieres té, dulzura? Llegas a tiempo.

Bella asintió.

-¿Por qué no?