Los personajes pertenecen a CLAMP. La historia es mía.


CAPÍTULO 14 - Tocando fondo


.

Shaoran`s POV

Luego del incidente pude recuperar la fuerza necesaria para manejarme casi sin dolor, pero es increíble que una semana de descanso y reposo en cama los músculos comiencen a perder rigidez, el cuerpo se vuelve pesado y la simple acción de agacharse en cuclillas requiere más esfuerzo del que debería.

Mi madre insistió en que descanse al menos una semana o dos antes de retomar el trabajo aquí en Hong Kong y que me quede en la mansión hasta que me recupere del todo; que olvide el tema del compromiso hasta nuevo aviso (por suerte) y que no me exija más de lo debido. No me negué porque lo bueno de este lugar es el espacio para poder practicar y recuperar la masa muscular perdida.

Wei fue mi entrenador desde siempre hasta que me mudé a Japón y tuve que entrenar por mi cuenta. Ahora Kuo, uno de mis guardaespaldas, lo suplantó.

Las artes marciales Chinas combinadas con el antiguo Kenjutsu oriundo de Japón eran demostradas en escena y el sudor recorría mi cuerpo entero luego de un precalentamiento que me tomó gran esfuerzo, pero un Li nunca debe demostrar debilidad. Kuo me extendió la bokken de madera con la que entrenaba esta especialidad y se posicionó frente a mí para comenzar y con un breve saludo de pie inició el combate.

Los movimientos de Kuo eran demasiado ágiles para mí, que hace mucho no practicaba, logrando que una sensación de temor me invadiera cuando el aire comenzaba a escasear, pero recupere el aliento en cuanto comencé a ganar ventaja, como si mi cuerpo recodara como moverse adecuadamente por más que mi mente crea haberlo olvidado.

— Es todo por hoy Señor. No debe esforzare demasiado.

¿Cómo hace este sujeto? Su respiración está serena mientras la mía lucha por que más aire ingrese a los pulmones. Debo aprovechar y entrenar más seguido.

— Entrenaremos a diario Kuo. - le dije antes de tomar una toalla y secar brevemente mi cuerpo antes de ducharme.

.

Camino a mi habitación me topé con alguien que salía de otro cuarto y que por el atropello no pude distinguir. Le extendí la mano a esta persona que casi cae al suelo debido al impacto y cuando pude reconocer de quien se trataba me tensé de inmediato.

Sensaciones varias corrieron por mis venas con este encuentro. Hacia tanto que no la veía y el hacerlo solo me recordó una cosa…

— Xiao Lang!

… que ella es insufrible.

— Xiao Laaaang! Que bueno que te encuentro! Estos días no pude asistir y estaba tan preocupada, pero Tía Ieran me prohibió venir a verte hasta que te recuperes del todo. Que alegría me da que estás en perfecto estado… y en "que buen" estado estás primo. - dijo ella desviando sus ojos de mi rostro por mi torso desnudo.

Ladee mi cabeza y me alejé de su escrutinio. Meiling… pequeño demonio de Tazmania. Mujer de largos cabellos negros y volcánica mirada. Prima, prometida, amiga, ex-prometida, compañera, insolente, gritona, exasperante, asfixiante, histérica e imán de mala suerte … lo que me recuerda…

— Tú y yo tenemos que hablar.

Mi forma de ser no había cambiado mucho para con ella en estos años, y si bien Meiling dedicara toda si vida a intentar seguirme como si de mi sombra se tratara, no era de mi agrado tener a una mujer pegada a mí 24 horas al día.

Bueno, no a esta mujer.

— Ayyy Shaoraaan ¡No seas tan arisco! ¿Hace cuánto que no nos vemos? ¡Meses! Y ya me estas tratando como la peste.

— Un mes y medio… me fui solo 45 días. Insististe en pasar casi tres semanas conviviendo conmigo en mi departamento porque no sabias si me volverías a ver, lo cual no me quedó otra que acceder muy a mi pesar de esa loca idea tuya de que no regresaría, luego me acompañaste al aeropuerto llorando a moco tendido como si me fuera a morir o algo por el estilo. Aun no me desintoxico de todo eso Meiling.

— Ya te fuiste a Japón una vez y con suerte te vi 3 semanas en vacaciones, hasta que convencí a mi madre de ir contigo pasaron dos años. ¡Tenía mis razones!- decía con su ceño fruncido y sus brazos en la cintura a modo de protesta. — ¡Y no seas tan malo conmigo Xiao Lang! Ya vendrás suplicando perdón.

Claro que … no.

— Me voy a duchar. Bajo en 20 minutos y hablaremos en el despacho de mi madre.

.

El agua era una especie de terapia. Era absurdo imaginar como las gotas arrastraban con ellas toda la frustración acumulada, convirtiéndose en las heroínas al final del día, llevándose por la cañería los malos pensamientos, los esfuerzos mal logrados, las palabras que no quise decir, todo, aunque sea por un instante.

Comencé a pensar en lo sucedido y la imagen de ella vino a mí.

Como si pudiera olvidarla…

Sacudí mi cabeza para que mi mente dejara de evocar momentos que no deseo recordar y que se clavan como espinas infectando mi ya maltrecho corazón. El solo hecho de imaginar lo confundida que debió estar cuando le dije esas palabras…

"Creaste la ilusión que ese cariño que siempre me tuviste era algo más fuerte, pero no lo es"

Fuerte. Así me tuve que sentir yo para poder decir eso.

"No quiero seguir Sakura, siento que te idealicé. Supongo que esta distancia es lo mejor."

Es probable que la haya idealizado desde que mis ojos encontraron que los suyos eran mucho más transparentes y sinceros, esos que emanaban dulzura, inspirándome a protegerla. La respuesta a ese pensamiento no era algo negativo según mi perspectiva y por más errores que ella pueda cometer no podría bajarla del pedestal del que nunca debería salir y del que muchos la intentaron derrocar. Por eso la alejé de mí.

Y para aceptar toda la verdad, no tengo ninguna definición de amor.

Salí del baño con los ánimos caídos y una sensación de vacío en mi estomago. Jamás volveré a ser el mismo. Jamás volveré a sentirme igual.

— Y ¿Qué tal Japón? ¿Viste a nuestros compañeros?

— Pero ¿qué? ¡MEILING! ¡Me estoy cambiando! ¡Sal de mi cuarto ahora mismo!

— Estoy aburrida Xiao… y te estas tardando mucho.

— Te voy a dar muchas razones por la cual ocupar tu mente en unos momentos, ahora ¡Déjame en paz!

¡Pedazo de mujer exasperante!

Pero tiene unas piernas de infarto ¿la viste? Yo que tu retomo esos días de compromiso por un tiempo.

Oh por Dios, no y mil veces NO!

Creo que la abstinencia me va a volver loco!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Tic Tac

— ¿Quieres dejar de dar vueltas, bajar ese adorno y prestarme un poco de atención? ¿No recuerdas los motivos principales para que yo esté en esta situación?.

Estaba sentado en el sillón de mi madre de brazos cruzados. Frente a mí, del otro lado del escritorio, una especie de mujer a la que nunca pude comprender. Allí, dando vueltas por todo el sector pasando sus dedos por los lomos de aquellos libros y tomando ese barquito de madera como si estudiara su forma y las pocas pelusas del estante fueran más interesantes que mi monólogo.

— Ay Shao.. ya estoy cansada de tanto "bla bla". Te escuché los primero 10 minutos, pero vamos más de media hora aquí. No se que más quieres que diga. Yo también siento mucho lo que pasó.

— Entonces lo hubieras pensado mejor antes de involucrarte con gente de ese tipo. ¿No te das cuenta que todos sufrimos las consecuencias de tus actos? Eres como la obeja negra de la familia! Siempre metiendo las narices en los hoyos equivocados, sintiéndote poderosa y rebelde sin escuchar a nadie. Terca como mula.

— Aaayysssshhh! ¿Sabes qué!? Estoy harta de escucharte decir y repetir todo lo que tuviste que pasar, lo que la Tía tuvo que pasar, la plata que perdieron, las consecuencias que sufrieron… ¿Y yo? ¿Alguien se puso a pensar en mí?¿No crees que también soy víctima de todo esto? - sus ojos estaban hechos furia revestida en un manto de agua salada - ESTABA ENAMORADA SHAORAN! ¿Puedes entender eso si quiera? - claro que podía - ¿Te pusiste a pensar por un segundo que me engañaron? Di todo por ese hombre, estuve dos años con él y antes que cualquier amenaza estaba mi corazón destrozado, hecho añicos al enterarme de sus aventuras, pulverizado y desperdigado por doquier y luego esto… atentan contras nuestra vida por ese infeliz al que decía amar y yo, no puedo sentirme peor. Todo me sale mal, todo lo hago mal, nadie me toma en serio. Ni tú. Ni Ieran. Ni Tian. Nadie.

Meiling se paró frente al ventanal del despacho de mi madre con la cabeza gacha mientras yo no podía sentirme más miserable.

Es que mi corazón, también se perdió.

— Meiling… solo estoy cabreado, sabes como me pongo… no quise decir eso.

— Si quisiste. Tú eres así de honesto. Siempre admiré tu temple, tu fortaleza. Por más que me rechaces ocuparás un lugar especial en mi corazón, en mi vida. - sus manos estrujaban la tela de las cortinas, como si sus dedos pudieran traspasarla en cualquier momento. - Cuando me enteré lo que te pasó yo … si algo te llegaba a suceder… - suspiró profundo, casi sollozando. - Quizás es hora de que la obeja negra, el estorbo, la manzana podrida, deje de manchar la reputación de la familia. Quizás debería irme lejos, cambiar de nombre. Ya no se si quiero ser una Li. No necesito que me hundan en la miseria, que ya bastante lo hago por mi propia cuenta.

— No digas eso. - dije acercándome a ella, poniendo mi mano en su cabeza, dejando que se recostara en mi hombro. - Soy un imbécil. A veces pierdo el tacto. Perdóname.

No es que sea un lobo hijo de perra, aunque tampoco soy un tierno conejito, pero escucharla a Meiling hablar de su relación con Tian me entumeció el cuerpo y me heló la sangre.

¿Quién soy yo para juzgarla? Como si pudiéramos elegir de quien enamorarnos.

Una cosa es segura… el amor nos vuelve idiotas. Ciegos e idiotas.

— Eres bueno cuando te lo propones Shao. Por eso te quiero tanto, porque lo que sea que hagas o digas lo haces con sinceridad.

Esos rubíes me miraban con una inmensa tristeza por momentos y se desviaban hacia las hojas que se mecían en los árboles desde la ventana. A pesar de lo insufrible que ella pueda llegar a ser, en el fondo, muy en el fondo y sin que ella se entere, la quiero.

— Me asusté. Cuando vi esa foto tuya con ese mensaje macabro entré en pánico. Por eso reacciono así Meiling, porque no quiero que te lastimen y no es que te echo la culpa de todo, solo que a veces necesito canalizar la ira en algo, en alguien, y bueno… tú siempre tiras alguna soga de la cual agarrarme.

Meiling deshizo nuestro seudo abrazo con su mirada incriminatoria.

Se venia el golpe, la cachetada, el bufido seguido de un portazo que escucharán hasta el continente Americano, algo tan característico suyo. Pero en lugar de eso, sus cachetes se inflaron y casi escupe saliva cuando comenzó a reír histéricamente. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos rasgados con pequeñas lágrimas emergiendo de ellos. Su brazo sujetaba su estómago y yo no pude evitar contagiarme de su risa. Esa sonora carcajada que sin pudor logra vociferar.

Ya sin entender que gracia le hizo aquello me uní a ella en el suelo, apoyando la cabeza en la pared y tratando de recuperar aire para hablar. No recuerdo la última vez que me reí tanto con Meiling.

— No cambias más Shaoran. Siempre seremos como perro y gato. Aunque en secreto nos acurruquemos, siempre tendremos esa electricidad y esa viveza para fastidiarnos la vida. Estoy contenta de que no perdamos nuestro toque.

— Cada día confirmo que estás más loca que una cabra mujer.

— Pero así me quieres. - dijo con su sonrisa victoriosa y sus ojos estudiando mi rostro con malicia.

— No creo que hayamos llegado hasta ese punto. - dije mirando al frente tratando de no reír sin lograrlo.

— ¡Tus muecas te delatan! ¡Si que eres mentiroso! - me empujó riendo. Retomando esa sonrisa que nunca debí quitarle.

Tengo que aprender a decir las cosas de otra forma.

Dejar de ser tan cabrón.

Tratarla mejor.

Disfrutar de su compañía.

— Oye Shao… cuéntame algo de tu visita a Japón. ¿Viste a Sakura?

Retracto lo dicho.

.

.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

"Shaoran yo te amo"

"Shaoran yo te amo"

"yo te amo"

"Shaoran"

"Shaoran" … "¿Por qué?"

Hace varias noches que ese momento me atormenta en mis sueños.

Me encuentro situado en un paisaje neutro que no reconozco. Hay árboles y arbustos a mí alrededor y un camino de piedra sin horizonte bastante difuso. A lo lejos escucho una voz, pero no de cualquier persona, es la voz de ella, de Sakura. La escucho repetidas veces como una tortuosa melodía que nunca termina, constante y hasta tediosa que acelera mi corazón. La llamo desesperadamente pero no logro verla y continúo escuchando su voz caminando en esa única dirección.

De pronto diviso una silueta que por su forma me indica ser de una persona y la voz se intensifica cada que me acerco más a ella. "Sakuraaa" "Sakura espera!". Comienzo a correr pero no puedo alcanzarla. Sigo corriendo hacia ella pero no logro distinguir su rostro, es como una bruma que me atormenta a la vez que sus palabras resuenan en mi cabeza.

Siempre acabo de la misma forma, despertando de golpe bañado en sudor, agitado de la desesperación y con una sensación de que algo se me estruja en mi interior. Un vació imposible de llenar.

"Te amo". La primera vez que escucho esas palabras salir de su boca justo en el momento que la rechacé de la manera más cruel, y como nunca antes sentí que mi corazón se quebraba en pedazos invisibles e imposibles de ubicar para reconstruirlo. Daría mi vida por borrar de mi memoria sus sollozos mientras me decía esas simples palabras cargadas de desesperación, y por ese motivo, renunciaré a mi felicidad por la suya.

No tuve mucho tiempo para asimilar la situación ni para planificar como afrontarla y plantearle que lo nuestro no podía ser posible sin revelarle la verdad de mis acciones, o parte de ellas. Aproveché el enojo por lo sucedido, de su encuentro con ese desgraciado, lo utilicé a mi favor para desquitarme y que no deseara verme nunca más. Solo así evitaría involucrarla en el delicado asunto que me traía de vuelva a Hong Kong sin sopesar la posibilidad que su locura la lleve a tomarse el primer avión a mi encuentro. Mi orgullo herido es un asunto menor a lo que ahora me debía afrontar.

— Ahhh… ¿cómo haré con todo esto?

— ¿Qué harás con qué Xiao Lang?

¿Qué? ¿Quién? ¿Meiling?

¿Meiling?

— ¡Meiliiiing! ¿Q-qué? ¿Qué estás haciendo en mi cuarto?

Mi prima, mi histriónica prima estaba a escasos centímetros de mí, muy cómoda arriba de la cama. Como siempre invadiendo mi espacio personal.

— Es que estabas gritando Shao… y sudando mucho, estaba apunto de despertarte. Me preocupas.

— No vengas con tonterías.

— No, no, a mi no me engañas. Estabas afligido, como si el corazón se te fuera a parar en cualquier momento.

— Bueno bueno, ya déjate de bobadas y aléjate de mí. Voy a tomar una ducha y esta vez no te quiero ver cuando salga.

Esta chica me va a matar de un susto y encima se me pone a platicar como si estuviera en el diván del analista. Este mes que pasó luego de la charla que tuvimos, se creyó con la posibilidad de tomas más atribuciones de las que debería.

Mala jugada.

Meiling se levantó de la cama y con una sonrisa triunfadora, de vaya uno a saber porque, se arrimó a la puerta.

— Apúrate ¿quieres?. Tía Ieran quiere que desayunemos todos juntos hoy.

— Si, si. Ya voy.

Me levanté a paso rápido para ducharme y bajar a la ceremoniosa reunión de cada año en la familia Li. Justo hoy, después de todo lo que pasó, no tengo ganas de compartir con ellos. Si las cosas hubiera sido diferente… si yo fuera una persona normal, con una simple y acotada vida… seguro estaría despertando esperando por …

— ¿Un mensaje?

No es raro que la gente se contacte conmigo en cualquier momento del día, hora y lugar ya que hace poco tiempo retomé mi puesto en la empresa, y al ser nuestra firma de carácter internacional, es muy usual dado por el cambio horario.

Pero ese mensaje…

No soy ni supersticioso ni creo en adivinos de ninguna índole, pero una extraña sensación, como una nube espesa y conocida me embargaba cada paso que daba hacia el artefacto que vibraba encendiendo su punto luminoso casi imperceptible por la luz que inundaba mi lúgubre habitación.

Predicción acertada.

La mente se me bloqueó y el aire se me fue retirado en un segundo.

"Feliz cumpleaños, lobito"

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Quedé en estado catatónico por al rededor de cinco minutos. El celular seguía mostrando aquellas palabras y mi mente se debatía cosas que no pude procesar.

No era la gran cosa, era un mensaje de buenos deseos en una fecha especial que nunca me importó demasiado. Lo que no dejaba de mirar es que luego de todo lo que dije y el tiempo que pasó, ese remitente siga apareciendo en algún momento de mi vida para ponerme patas para arriba o arrodillado a su merced esperando el veredicto del juicio final.

— Gracias. ¿Cómo estás?

No debía contestarle! ¿Por qué? ¿Por qué lo hice? Un simple "gracias" todo caso y nada más. ¡Nada más!

Malditos dedos que toman posesión de mí aprovechando mi estupefacción.

— Bien. ¿Y tú?

Y si le digo algo como "¿Mejor imposible?" Así no me mandará más mensajes y quedaré como el hijo de perra que quiero crea que soy para alejarla de mí.

— Bien también.

Oh que bien, veo que tienes mucha convicción.

Maldición.

— Hoy encontré esta foto, la que nos tomamos hace 11 años en el lago justo un 13 de Julio. Se nos veía muy bien.

Que inoportuno.

En breves segundos una imagen borrosa se descargó al instante.

Se veía de fondo que estaba en su habitación, esa de color rosa y amarillo pálido que algunas veces visité cuando estaba enferma o debíamos buscar sus libros para los deberes. Sus dedos sostenían un pedazo de papel amarillento con los tonos un poco lavados pero manteniendo su esencia intacta.

¿Cómo olvidar ese día? ¿Cómo olvidar algo, lo más mínimo, que haya vivido con ella?

Imposible.

Pero con esta nueva postura… ¿qué se supone que le diga? "Oh! sí, que bien, recuerdo que casi me confieso a ti ese día pero fui un cobarde". O "Qué lindos recuerdos. Me encantaría que volvamos a ese lago y no perder la oportunidad de besarte". Esperen, mejor aún.. "Encontrémonos en ese lugar, cambiemos de nombre, de barrio, de ciudad y huyamos juntos así vivamos bajo un puente".

No.

Tenía un plan. Debía respetarlo.

— No sé si recuerdo mucho de ese día. Gracias de todas formas. Me tengo que ir. Adiós.

Enviar.

.

Meiling`s POV

Reencontrarme con Shaoran luego del incidente fue trágico y a la vez constructivo. Puedo asegurar que aunque nuestra relación siempre se haya basado en monólogos de mi parte y evasivas de las suyas, nos queremos. Este tiempo que pasamos juntos, ya que él aun permanece en la mansión, me sirvió para darme cuenta de muchas cosas.

La primera es que su coraza cada día se resquebraja más y de a poco me deja participar en pequeños momentos de su vida con más naturalidad y sin tantos gruñidos de su parte. Y la otra, es que está sumido en una profunda tristeza, una que nunca lo vi pasar y que intenta minimizar ante la mirada del otro.

No hizo falta que me cuente su historia y al ver sus ojos amargados le permití el lujo de no atosigarlo con el tema.

Para eso tenia a Daidouji.

Inmediatamente luego de cruzas esas escasas palabras con Shaoran decidí que sería bueno contactar a la persona que más conoce a Sakura y quien seguro no omitirá comentarios.

Tomoyo me contó todo lo sucedido entre ellos y hasta me enteré de las decaídas que aquella con nombre de flor tuvo que pasar, llevándome un peso enorme en el pecho.

Son tan idiotas los dos.

Desde niños todos nos percatábamos de cuan claros eran los sentimientos que se profesaban y que disfrazaban de amistad, y ahora que el tiempo los hizo madurar lo suficiente como para afrontarlo de una vez por todas, ellos deciden tirarlo por la borda. Es más fácil entregarse al dolor que el dolor de luchar por ello y perder. Nunca se pusieron a pensar qué ganarían.

No le conté a Shaoran en que estado tuvo que encontrar Tomoyo a Sakura producto de la depresión, ni le pregunté porque había decidido dejarla de un día para el otro y sin siquiera hacerlo personalmente. Tenía el presentimiento que la situación que generé con el asunto de Tian y los mafiosos era en parte uno de los motivos de su distanciamiento y eso me hacia sentir tan culpable que no quería escuchar afirmar mis sospechas de su boca. No podría soportarlo.

Me di a la tarea de hacer los días de Shaoran lo más "confortables" posibles dentro de mis facultades y de lo que él lo permitiera. Sacándole una sonrisa cada que me sea posible y nunca más le volví a preguntar por ella. Pero de algo estoy segura, y es que si esos dos no pueden estar juntos, entonces la vida es una real bazofia.

Trabajaré para modificarlo. Se lo debo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

— Shaoo! ¿Qué vas a querer hacer por tu cumpleaños? ¿Quieres ir a tomar algo? ¿Ir a algún concierto? ¿A comer una porción de tarta a un café?

— Lo único que deseo es poder pasar esta página con la que llevo más de diez minutos tratando de leer y para eso necesito que me dejes en paz Meiling. No estoy de humor para festejos.

— ¡Pero el 13 no hicimos nada! Prometiste que el fin de semana iríamos a algún lugar para distendernos, pasar el rato.

Shaoran estaba leyendo un libro aburrido en la sala de estar sin querer prestarme ni un poco de atención. Como es lo usual. Solo que desde su cumpleaños que lo noto más decaído de lo normal y tengo la intuición de que una castaña de ojos verdes está relacionada con ello. ¿Lo habrá llamado? O quizás no lo hizo y por eso está tan deprimido. Tomoyo no me contó nada al respecto pero me dijo que también notó en ella un cambio, solo que ella cree que es uno positivo.

— Puedo cambiar de opinión.

Antes que pueda reclamarle por vigésima vez su negativa, el timbre sonó.

Wei caminó a paso elegante hasta la entrada y recibió con gusto a una persona de la cual no puedo opinar lo mismo.

Chen.

— ¡Ey Xiao! ¿Qué bueno que te encuentro vivo! ¿Qué haces leyendo un libro un sábado por la tarde-noche?

El susodicho atravesó el umbral que dividía el lobby con la sala principal, caminando con su sonrisa blanca y triunfante, destilando arrogancia el muy engreído y guapo Chen.

Digamos que tengo una historia que es mejor no recordar con el aludido.

— ¡Meiling! Años que no te veo por aquí. El rojo te queda de maravilla como suelo recordar.

Rodé mis ojos ante su comentario desubicado y me alejé de esa mirada lasciva que recorría mi vestido ceñido al cuerpo.

— Ya déjala tranquila. - dijo Shaoran por fin, obligando a su "amigo" a comportarse. - ¿Qué haces por aquí?

— ¿Esa es forma de recibir a tu compañero de ruta?. - dijo poniendo sus manos en los hombros de mi primo - Vine a sacarte de estas 4 o 40 paredes en las que estás refugiado. Hoy vamos a festejar.

— No gracias. No estoy de humor, en serio. ¿Por qué no otro día? Estoy cansado realmente.

Ese es mi Shao. Él solo saldrá conmigo si se lo propone.

— ¡Ah vamos! Nada que un par de tragos no puedan animarte. Vamos a Zone un rato y recordemos viejos tiempos. Solo un par de horas y si llegamos y te quieres ir, nos volvemos.

Oh no. Lo está dudando. Puedo verlo en sus ojos de miel.

— Creo que un rato no me vendría mal.

— ¡Ese es mi hombre! - festejaba el chino a su lado sacudiéndolo de la emoción - No te vas a arrepentir. Te espero en la puerta del bar a las 23 hs.

Chen se fue de la casa no sin antes guiñarme un ojo al salir. Por su puesto que mi cara denotaba de todo menos cariño ante esta persona y mis ojos rabiosos se dirigieron a Shaoran una vez que quedamos solos otra vez.

— ¡Dijiste que no querías salir! ¡Me dijiste que no a mí ¿Y sí a él? ¡Eres increíble Shaoran!

— Mei. Si no le decía que sí, tú y él me iban a volver loco.

— Pero… pero…

Piensa Mei, piensa.

— ¡Entonces voy con ustedes!

Shaoran me miraba amenazandome para que me retracte.

— Ni loco.

Ja! Como si pudiera detenerme.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Futtie me acompañó esa noche a vigilar a Shaoran y su detestable amigo. La segunda más pequeña de los Li estaba tan ansiosa por salir después de tanto tiempo que me arrastraba de un lado a otro según la canción que escuchaba sonar. Ella no es mucho mayor que Shaoran pero hacia meses que no salía debido a sus exigencias en la universidad, a la que luego de unos cuantos años sabáticos, decidió inscribirse.

El lugar estaba repleto, desbordando de cuerpos sudorosos perdiendo el control y por el momento mi plan de incógnito estaba resultando.

Podía observar a Shaoran sentado en un sillón del VIP bebiendo su whisky preferido mientras Chen coqueteaba con dos extranjeras demasiado vulgares para estar en uno de estos clubes tan famosos y prestigiosos como lo es "Zone". Mi primo estaba solo bebiendo y charlando con Chen de vez en cuando hasta que este se paró con las dos rubias que les hablé para ir a un lugar más privado. Le codeó a Shaoran en señal de que lo acompañe pero él no quizo seguirlo.

Este era mi momento. Tenía que aparecer y decirle que vayamos a otro lugar o por lo menos quedarme a su lado para que ninguna ninfa se acerque a él.

Pero Futtie tenía otros planes.

— ¡Vamos Mei! Vayamos a la barra de la otra pista. Conocí a un francés que nos invitará tragos gratis pero no quiero ir sola. ¡Acompáñame!.

— Pero yo no …

— ¡Vamos!

Y así fui arrastrada pasillo al fondo por una de las cinco hermanas Li que podría superarme en insistencia.

El francés era una monada y después de comprobar lo bien que congeniaba con Futtie, decidí dejarla sola para que al fin pueda comprobar porque los besos de lengua llevan en su nombre aquella nacionalidad.

Cuando regresé en busca de Shaoran no lo encontré sentado en el sofá, ni en el la barra, ni si quiera estaba en el VIP.

Me adentré en la pista y me subí al parlante para tener una mejor perspectiva ganando unos cuantos chiflidos y gritos para que me suba el vestido o le muestre mis pechos a estos depravados excedidos en alcohol y otras sustancias.

Es increíble como mi vista de halcón pudo divisar esa melena y esa camisa azul eléctrico que por suerte se le ocurrió vestir, facilitándome la tarea.

Allí estaba mi primo, apoyado de costado en la pared del recinto hablando con una pelirroja que no paraba de tocarse el cabello para pasar sus dedos por su escote. Él ni si quiera la rozaba, solo le hablaba de lado con las manos en los bolsillos y su mirada perdida.

Estaba borracho sin dudas.

En un momento y de imprevisto, la mujer aprovechó para depositar un beso en sus labios y ahí me transformé.

Caminé, o mejor dicho corrí, empujando a cada espécimen que se le ocurra cruzar en mi camino y me planté frente a esta atrevida que abrazaba a Shaoran y trataba de meter sus manos en donde no debía.

— ¡Oye tú! ¡Aléjate de él pedazo de prostituta barata!. - grité alejando sus manos de mi primo y poniéndome entre medio de ellos dos.

— ¿Y tú quién te crees que eres zorrita? Búscate otro que le guste la carne de segunda. Este bombón en mío.

¿Zorrita? ¿Carne de segunda?

Oh no… esta chiquita se equivocó de mujer.

— Ohh nonono… desearas no haber nacido. Voy a arrancarte esas bolsas de plástico que llevas por tetas… carne de segunda.. ¿cómo no?

Estrujé mis pechos para demostrarle lo que es una verdadera mujer y antes que pueda decir "sorry" la dejé tumbada en el suelo de un empujón que no se esperó. Terminando con unas cuantas copas encima de la gente que atropelló con su caída.

— ¿Qué estás loca? ¡Enferma! - gritaba la pelirroja mientras se paraba para enfrentarme.

— Si si si… ésta enferma te va a dejar sin ganas de coger por un tiempo infeliz.

Estaba a punto de abalanzarme como león hambriento cuando unos fuertes brazos me rodearon levantándome en el aire.

Genial. Ahora los de seguridad me están sacando del lugar.

Para mi sorpresa y luego de unos cuantos pataleos dirigidos para quien sea me estuviera cargando, pude ver que era Shaoran el responsable de evitar que deje calva a esa chiruza arrastrándome lejos de la zona del desastre y quien con todo el esfuerzo que requirió caminar conmigo a cuestas en su estado, se desplomó en el suelo del bar apoyando su cabeza hacia atrás.

— Shaoran… ¿estás bien?

— Quiero ir a casa.

Sin pensarlo dos veces, me quité los zapatos altos y como pude levanté a mi primo, pasé su brazo por mi hombro y nos fuimos de allí cuanto antes.

Si tan solo hubiera salido conmigo, y solo conmigo, esto no habría sucedido.

Tomé las llaves del auto que estaban en su bolsillo y como pude lo acomodé en el asiento del acompañante abrochando su cinturón.

Todo el camino se la pasó con ojos cerrados sin emitir un solo vocablo hasta que me detuve cerca de un mirador a unos kilómetros de la ciudad. No quería llevarlo a casa en este estado, o quizás si debería, para que tía Ieran vea que yo no soy la mala influencia en esta situación. Pero no era momento de pensar en mí, sino en él.

¡Mierda! Olvidé a Futtie.

Llamé como cuatro veces sin éxito hasta que por fin me atendió.

— Meeeeeei ¿Dónde te metiste? Dimitri me invitó a una pool party y te estaba buscando para ir

— ¿Dimi quién? ¿De qué fiesta me estás hablando Futtie?

— El francés! Ayy es taaan sofisticado Mei, y tiene un hermano para presentarte. ¿Por favor podemos ir? Di que siiiii, ¡Anda!

— Futtie. Estoy con tu hermano sentado en su auto al borde de un estado que rozaría el coma alcohólico. No puedo ir a ninguna fiesta.

— ¿Qué? ¿Qué le pasó a mi hermanito!? ¿Dónde están? ¡Quiero verlo!

— Estamos lejos del bar. Tuve que sacarlo. Estamos cerca del mirador de la ciudad ahora. ¿Podrás volver tú sola a casa?

— Si claro, no te preocupes, ya mismo me estoy yendo para cerciorarme que madre no sospeche nada. Llego a casa y te aviso que todo esté en condiciones. Lo entramos por la puerta de servicio y le preparamos algo para beber.

— No te preocupes, yo puedo llevarlo sola. Tú quédate con Domo, Dimi, Dama, como se llame. Disfruta tu noche.

— Mei… no puedo irme a festejar cuando mi hermanito la está pasando mal. No soy tonta. Desde que llegó que parece un estropajo. Esto solo debe haber sido un catalizador de su sufrimiento.

— Cuento contigo entonces.

Al parecer no soy al única que se percata del estado real de Shaoran.

— Tenía sus ojos.

Luego de colgar con Futtie, Shaoran balbuceó algo que luego pude descifrar. Se refería a la mujer con la que minutos atrás tuve ese percance. No pude verla entre tanta oscuridad y la ira cegando mi visión, pero estaba claro lo que quería expresar.

— Tenía sus ojos… pero no era ella. Nunca volveré a encontrar unas esmeraldas como las suyas.

Y por primera vez, desde la muerte de su padre, Shaoran, lloró.

Al principio pensé que estaba alucinando y no pude reaccionar de inmediato al ver el recorrido que hacían las lágrimas en sus mejillas, pero cuando tapó su rostro con su brazo para ahogar el llanto reaccioné desabrochando mi cinturón y el suyo en un segundo. Lo abracé para que hunda su rostro en mi pecho en un acto desesperado por consolarlo.

Él me sujetó con fuerza mientras la angustia que reprimió todo este tiempo, al fin, se liberó.

No dije nada ni esperé que él lo hiciera. No hacía falta que me hable si no quería hacerlo. Y yo, de la sorpresa, la emoción y la tristeza, lloré con él, junto a él, por él, por mí, por ellos.

— No quería dejarla. No quería. - dijo luego de calmarse un poco.

— No hables en pasado. Aún puedes recuperarla Shao. Sea lo que sea, lo resolverán.

— No. No puedo. La lastimé, la herí y además… es mejor así.

— ¿Por qué Shaoran? ¿Por qué piensas eso?

— Solo… es mejor así…

Pude lograr que me dijera esas breves palabras antes que sus labios se sellaran y quedara dormido en mi regazo.

.

Sakura`s POV

El otoño teñía la pequeña Tomoeda en un remolino de tonalidades entre naranja y ocre que las hojas de los árboles sacaban a relucir, dejando sus ramas desnudas ante la vista, permitiendo que los tenues rayos de sol pudieran rociar la grama despidiéndose de ella como anticipo al frío invierno.

Hoy es domingo por la mañana, y contrario a lo que todos esperaban, Sakura Kinomoto se encuentra despierta tomando un café junto al ventanal de un 9no piso, disfrutando de ver la gente pasar con bufandas ligeras por el frío que se empieza a hacer notar, observando las aves pasar a lo lejos buscando un refugio, empezando mi mañana sin pensar en nada más que el vivir el hoy, el presente. Un día a la vez.

Me llevo otro sorbo de esta bebida caliente que quema mi lengua. Siempre tuve la manía de ingerir los alimentos o bebidas a una temperatura demasiado elevada, provocando que solo pueda tomar pequeños bocados o ligeros sorbos como hago con este café cargado que me preparé. Podría esperar un poco para llevarlo a mi boca o soplar la superficie, pero no. Me gusta percibir ese instante de calidez reconfortante que me queme hasta las entrañas, que me haga sentir viva.

Miro a mi alrededor para notar que este pequeño espacio del que me apropié hace dos meses no es tan mío como parece pero de apoco se va asemejando a un lugar que podría denominar como"hogar".

Un día me encontré con una desconocida frente al espejo que me miraba con pena, compasión y algo de lástima, y si hay algo que detesto es que mi propio reflejo me devuelva esa mirada. Hice un acuerdo con mi conciencia para dejar de lamentarme y recompone mi imagen, mi carisma, reencontrarme, redescubrirme, avanzar.

Por eso me mudé.

Mi casa, la de mi padre, estaba cargada de recuerdos latentes que no me hacían bien. Me sentí mal por pensar en eso cuando casi todos los momentos que pasé allí desde mi niñez eran buenos y felices, pero la necesidad de volar, de crear otros recuerdos que pueda atesorar de ahora en más, fue más fuerte.

Consiente de mis errores me puse a pensar en las mil cosas que podría haber cambiado o modificado para no llegar a esta situación y hasta para remediar lo que tan pronto como inició se acabó.

El reloj, las paredes, la estación del año. Todo me indicaba que era tarde.

Los rincones de mi memoria evocan su recuerdo como algo lejano, y aunque hayan pasado meses para mí parecieron años. Tantos años como los que nos separaron luego del fin de la preparatoria. Como si nunca nos hubiéramos vuelto a ver desde entonces.

A veces me permitía fantasear que era otro hombre con el que viví esos momentos intensos, que eran otros ojos los que traspasaban mi alma y otros labios los que me llamaban. Pero era inútil. Su rostro aparecía frente al resto de los desconocidos que me gustaba inventar. Reconocí que no era buena idea rebobinar hacia esos días de mi vida, entonces si esas imágenes pasaban por mi mente trataba de despejarlas con cigarros y alcohol. No en exceso como antes, pero era eso o unas buenas pastillas para dormir.

Al tiempo los recuerdos eran menos recurrentes y mi hígado estaba menos intoxicado.

En el trabajo me iba muy bien. Me distrae pasar el tiempo haciendo lo que más me gusta y relacionarme con gente que comprende como yo las sutilezas y la importancia de los canales de color al diseñar. Luego de la jornada salimos a menudo con Kioshi, mi compañero, y Tomoyo a tomar algo a algun café y muy de vez en cuando a embriagarnos solo un poco en algún bar. Aunque actualmente Tomoyo nos deja solos para pasar tiempo con su prometido.

Sí. Tomoyo se casará en un año con su caballero de brillante armadura.

Tengo el recuerdo latente del día que le pidió matrimonio.

Tan cursi. Tan ellos.

Ella estaba sentada en su despacho dibujando en su pantalla digital los diseños para un encargo particular que debía entregar en menos de dos semanas. Esos días fueron un caos. Tomoyo estaba histérica como nunca antes la vi porque no podía entender como se olvidó de este traje que hacia meses le encargaron. Se pasaba días y noches encerrada en la oficina trabajando para cumplir.

En ese momento pasé a dejarle una nota que había sido entregada en anonimato, aunque yo ya sabía de que se trataba todo.

Con la mirada desorientada pasaba su vista del papel a mis ojos y luego a la ventana situada a unos metros de su escritorio. Pero no se movía.

Rodé los ojos y con un movimiento de cabeza le indiqué que se levante y vaya a hacer lo que esas simples palabras escritas con una pulcra caligrafía le indicaban.

"Asómate por la ventana"

No era muy complicado.

Y cuando lo hizo comenzó el show.

.

Unos copos de nieve artificial caían grácil desde el cielo acompañados por pétalos de rosas blancas que descendían para lograr que su amatista mirada descubra lo que en la calle se estaba desarrollando.

Un mensaje, claro, conciso y enternecedor se formaba con aquellas pequeñas porciones de flores y copos que yacían en el suelo.

"Tomoyo, ¿Te quieres casar conmigo?"

Mi prima se llevó una mano a la boca para cubrir su asombro, y antes que pueda derramar una sola lágrima de emoción, Eriol apareció detrás vistiendo un impecable traje blanco y con un ramo de flores tan o más grande que su brazo del mismo color. Parecía un ángel acompañado por esa música de piano que se comenzó a escuchar detrás.

Cuando estuvo frente a ella dejó las flores, se arrodilló a sus pies y con esa mirada profunda tomó sus delicadas manos para besarlas antes de decir:

"Nunca me cansaré de comprobar y repetir que La nieve es tan blanca y bella como tu tersa piel mi querida Tomoyo. ¿Me concederías el honor de casarte conmigo?"

Rememorando esos recuerdos pintados en la sala de música de aquel lugar que dio comienzo a su relación.

Se preguntarán ¿Por qué no esperar a que haya nieve de verdad para declarársele?

La verdad es que faltaba bastante para que llegue el invierno y a Eriol le pareció mas romántico imitar ese día, como si eso llevara más elaboración y esmero que solo esperar a que el cielo lo haga por él. Además de eso, quería sacarle una sonrisa luego de este pequeño percance con el pedido olvidado. Y bueno, lo logró.

Las palabras no podían salir de los labios de Tomoyo quien asentía con la cabeza frenéticamente mientras que su risa tan particular se fundía con las lágrimas de felicidad hasta que pudo decir el tan esperado "Sí, quiero"

Se besaron con pasión y se abrazaron por un tiempo indeterminado seguido de los aplausos y vitoreos de todos los allí presentes celebrando el acontecimiento.

No podían estar más felices.

Luego de concretar con el pedido que tanto le urgía entregar a Tomoyo, se pasaron un fin de semana en Okinawa disfrutando de la calidez de esa zona y donde otra vez, Eriol le pidió matrimonio bajo las estrellas del cielo testigo de sus promesas de amor y pasión desenfrenada.

No voy a negar que algo se removió dentro de mí al ver como luego de tantos años, de su largo noviazgo, su separación y su reencuentro, ello pudieron vencer las barreras impuestas. Esas barras invisibles que creamos en nuestra mente que no existen, son ficticias, irreales.

Después de ese día, y sin que Tomoyo se entere, pasé dos o tres noches durmiendo en la casa de Kioshi, quien me dio asilo luego de encontrarme bebiendo sola en un bar. No quería estar sola en casa con mis recuerdos y mis malas costumbres.

No necesité explicarle los motivos ni él quizo preguntar. No éramos grandes amigos pero sí buenos compañeros y tenía muy claro que Kioshi no buscaba precisamente una amistad para conmigo. Agradecí el gesto con sinceridad, pero yo no podía darle lo que buscaba. Estaba rota por dentro así como a veces lo estaba por fuera.

Kioshi es un buen chico. Amable, compañero, complaciente. Quizás demasiado perfecto para mi gusto ya que siempre apunto a esos hombres con algo de carácter y mirada que me haga temblar. Él en cambio, me transmitía un aura de paz, como si nunca fuera a hacer o decir algo que pueda llegar a molestarme. El doctor diría que esa es mi medicina, que necesito despojarme de ese estereotipo de macho alfa dominante y yo creo que lo que necesito es un conjunto de ambos. Unos brazos en los que me sienta protegida y que me sujeten con una fuerza sobrehumana al mismo tiempo. Los obtuve una vez y miren como terminé.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Los días iban incrementando las bufandas en mi ropero y las botas pasaron a ser mis mejores aliadas.

Llegué al trabajo muy temprano ese día porque la calefacción se averió en mi departamento y prefería estar dos horas en las cálidas oficinas antes que soportando el frío en mi cama con cuatro capas de frazadas encima. Dejé mi cartera y el grueso abrigo en mi lugar para ir en busca de ese café caliente que sea capaz de quemarme la garganta con tal de sentir el calor de nuevo en mi cuerpo.

No había pasado ni media hora desde que llegué y mi café listo para tomar se quedó a mitad de camino entre la cerámica y mi boca. Unos pasos, unas pisadas con tacones se escucharon resonar en el frío mármol. Tomoyo llegó temprano.

Me acerqué a la puerta de la cocina para darle la bienvenida pero una voz que no era de mujer me detuvo.

— Tuve que decirle Tomoyo, es mi amigo.

Era Eriol.

— Lo sé. Es solo que no pensé que diría que sí.

— Y ¿cómo no va a venir? Es la fiesta de nuestro compromiso. Tuyo y mío. ¿A ti te gustaría que Sakura no asista a una de las fechas más importantes de tu vida? Piénsalo un minuto amor.

— Lo sé Eriol, pero es tan pronto. Sakura aun no se recupera del todo. Trata de disimularlo pero la conozco, sé que sufre.

— ¿Y crees que Shaoran no?

Sabía que estaban hablando de él, sería una tonta si no me hubiera dado cuenta, pero la sola mención de su nombre después de todo este tiempo me provocó una punzada en el estómago. Desgarradora. Como una cicatriz que no cerró del todo y al estar sobre la descuidada piel tiende a tirar dejándote una sensación de ardor que no se va.

— No lo sé. No he hablado con él pero dejó muy en claro que no quiere saber nada más con ella. Sabes bien todo lo que pasó, las cosas que le dijo, el desinterés que de repente le hizo notar. Tú no viste a tu mejor amigo desmayado y casi ahogado por su propio vómito después de tomas unas cinco botellas de vodka. ¡Yo sí! Y fue lo más espantoso que pude haber presenciado en mi vida. Discúlpame si se me cruza por la cabeza la descabellada idea de no querer revivir ese día.

— Eso lo dices sin saber la voz del otro lado Tomoyo.

— Solo sé que es muy pronto para que ellos vuelvan a verse. Hablé con Meiling hace un mes, algo sé, de los motivos.

— Entonces comprendes que no fue fácil tomar esa decisión.

— Pero no era la forma Eriol. Todo habría sido diferente si le hubiera explicado mejor la situación.

— Pensó que estaba haciendo lo correcto.

Lo correcto. No entendí ni la mitad de las cosas que decían. Me quedé estática en mi lugar escuchando con la mirada perdida.

La sola idea de poder cruzarme con él en tan poco tiempo me horrorizó.

Quería salir de mi escondite y mirarlos a los ojos con una copa de vino en la mano, relajada y una sonrisa leve en mis labios para decirles "No se preocupen por mí, estoy en perfectas condiciones" pero no era así.

— ¿Podríamos considerar la idea de postergar el festejo para más adelante? - dijo Tomoyo, retomando mi atención a la conversación. - La boda será en un año y ya celebramos juntos que es lo importante. Tu familia está al tanto, la mía también. No veo el inconveniente. Quiero que estemos todos bien.

— Pero debemos anunciar el compromiso Tommy, ya sabes, algo más formal, oficial.

— Y lo podemos hacer después, luego de las fiestas. No falta mucho, solo un par de meses. Eso me dará tiempo a poder hablar con Sakura y que no sea algo tan repentino.

De pronto el silencio apareció entre nosotros. Mis pies hormigueaban en su lugar, mi boca se secó y mis ojos no pestañeaban.

— No puedo decirte que no. Además tienes razón, a mí también me gustaría que nuestros mejores amigos puedan hacer las pases, aunque sea que se miren sin rencor. Les vendrá bien, pero podemos esperar. Yo también quiero una linda velada y reír con ellos sin pensar si alguno esta llorando por dentro.

¿Llorar? Habla de mí. Genial. Ahora toda la culpa de este festejo postergado recae en mis hombros. Me desilusiona que deban cambiar sus planes por mi inmadurez emocional, pero no pude lograr que mi boca dijera lo que antes sopesé decir y dejarlos ser felices como lo merecen.

Egoista, lo sé.

Quería obligarme a volver a la realidad, a ser yo misma y escuchar estas conversaciones con naturalidad.

Había una sola persona capaz de hacerme sentir como un tesoro preciado y al mismo tiempo bajarme de un hondazo para que mi cara toque el suelo sin piedad.

— Hermano. Que bueno que viniste.

.