(NdA): Holaaa! Después de un par de semanas os traigo un nuevo capítulo que me ha traido muchos dolores de cabeza, todo hay que decirlo! Sobretodo cierta escenita del final... ;-P ¡no os la perdais! Leedlo y espero que os guste! Nos vemos abajo n.n

Capítulo XIV- Disculpas

A la mañana siguiente Lily se despertó algo desorientada al ver, en lugar de los doseles de su cama, el techo de madera y la elegante lámpara de hierro del centro de la habitación. Pero enseguida recordó los sucesos de la noche anterior y el motivo por el que durmieran las tres en el suelo del dormitorio. "Ese Potter es un idiota" pensó. "Ya puede ir olvidándose de que le dirija la palabra durante unos cuantos años, por no decir… nunca!". Dirigió una mirada a Dagmar para asegurarse de que había pasado bien la noche. Con sorpresa descubrió que su amiga no se encontraba en la cama ni tampoco en la habitación.

Lily miró hacia la puerta cerrada del baño, preguntándose si podría estar dentro. Se dirigió hacia allí y llamó suavemente con los nudillos. No recibió respuesta y volvió a llamar.

-Dagmar? –musitó.

Al sólo recibir silencio, otra vez, abrió la puerta. Pero nada. El baño estaba desierto.

Preocupada salió de la habitación y se asomo a la sala común para echar un vistazo. Pero allí solo había unos pocos alumnos madrugadores.

-Habéis visto a Dagmar Klein? –preguntó- Esa chica rubita, blanca…

-Esa que está tan buena? –preguntó un niño que no tendría más de trece años. Lily le echó una mirada asesina- No, la verdad es que no la he visto hoy.

Una chica que Lily solo conocía de vista se levantó del pupitre donde terminaba sus deberes y dijo:

-Yo sí que la he visto. Hace un rato que salió por el retrato. No sé donde habrá ido. –se encogió de hombros.

Lily murmuró un rápido "gracias" y volvió a entrar en el dormitorio. Se agachó para despertar a Lucía.

-Luci… venga, despierta –la sacudió levemente por los hombros.

-Qué?? -musitó abriendo los ojos pesadamente- Ya es hora?

-Sí, vamos –Lily le tiró de un brazo para levantarla-. Tenemos que ir a buscar a Dagmar. Cuando me he despertado no estaba y una niña me ha dicho que salió hace un rato de la torre.

Lucía echó una mirada a su alrededor como esperando encontrar a Dagmar escondida debajo de la cama.

-Humm… -gruñó al admitir que Dagmar no estaba en la habitación-. Pues venga, vamos a buscarla.

Se vistieron rápidamente y salieron de la torre Gryffindor. Acordaron que primero buscarían en el gran comedor, por si acaso estaba desayunando.

-Seguramente no podía dormir y se marchó para no despertarnos –iba diciendo Lucía cuando vieron aparecer la figura de su amiga caminando hacia ellas.

-Hola! –les saludó alegremente la rubia. Lucía y Lily la miraron extrañadas; ninguna de las dos esperaba encontrarla tan contenta- Qué? Qué pasa?

-Dónde estabas esta mañana? –preguntó Lily- Estábamos preocupadas por ti!

Ay, vaya. Lo siento Sólo es que me levanté temprano y tenía hambre y bajé a desayunar. Nada más –recitó como si se lo hubiera aprendido de memoria.

-Ya… -gruñó Lily sin acabar de creérselo.

-Os he traído tostadas y pastelitos de crema -las dos chicas se fijaron en la bolsa de papel que llevaba Dagmar -.Por si queréis desayunar fuera. Os apetece?

-Fuera? –Lily hizo una mueca de disgusto.

-Con el frío que hace? –Lucía fingió un escalofrío- Y por qué no desayunamos en la sala común? Allí estaremos más calentitas…

-Mmm… no sé, a mí me apetece ir fuera. Bueno, tomad la comida e id a desayunar. Nos vemos luego!

Dagmar les dio la bolsa y se dispuso a irse para los jardines. Peri antes de que pudiera dar dos pasos Lucía la cogió del brazo.

-Ey, ey, ey, espera ahí. Por qué esas ganas de salir afuera?

-Me apetece tomar un poco el aire, eso es todo –suspiró.

-Y seguro que no es para evitar a ciertas personas? –inquirió Lily.

-Dagmar, tarde o temprano los vas a tener que ver. No les puedes evitar eternamente –dijo Lucía.

"Genial" pensó Dagmar "Dos contra una".

-No quiero verlos, vale? – apresuró el paso y salió al exterior helado dejando a las otras dos atrás.

-Será posible... -musitó Lily echando a correr junto a Lucía.

-Bueno, venga -dijo Lucía cuando llegaron junto a Dagmar-, demos un paseo y así hablamos, vale?

-No hay nada de qué hablar. ¿Tanto os cuesta entender que no me apetece verlos?

-Es lo más normal del mundo... -murmuró Lily- Pero, ¿no ves que no podrás evitarles ni dos horas seguidas? Estamos en la misma casa, las mismas clases... ¿Recuerdas?

Dagmar no contestó.

-Ignórales. Como hemos hecho siempre.

-Supongo que se puede intentar -gruñó Dag-, cuando sea irremediablemente necesario. Pero mientras tanto, no quiero verles ni en pintura.

-Pues venga, demos un paseo bajo el frío, helado y húmedo aire del Octubre escocés -suspiró Lucía-. Como echo de menos la playa, jo. Eeehh!! -gritó al recordar algo de repente- Estamos casi en Noviembre!

-Sí, y qué? -preguntó Lily extrañada.

-31 de Octubre! Halloween! Sólo faltan tres días para Halloween!!

-Oh, no! Y el baile de Halloween! Me olvidé por completo! AAAHH! -Lily pegó un grito de repente.

-Qué? Qué pasa?

-Yo soy la que organiza el baile! -la expresión de Lily era de puro terror- Y ni siquiera he empezado con los preparativos. Por qué nadie me avisó antes? Por qué?! Y ahora qué hago?!

-Bueno, bueno, tranquilidad, vale? -dijo Lucía-. Ya nos las apañaremos de alguna forma.

Lily gimió:

-No sé como...

Lucía observaba volar las moscas pasivamente. De fondo oía la monótona voz del profesor Binns pero no le prestaba ninguna atención. A su lado Lily escribía como loca un montón de listas en un papel mientras murmuraba en voz baja. Luci decidió que sería mejor ignorarla como al profesor si no quería volverse loca. Al otro lado de Lily, Dagmar fingía estar atenta a la explicación aunque Lucía sabía muy bien que sus pensamientos andaban por otros lares.

En ese momento un avioncito de papel aterrizó en la mesa de Dagmar. Ésta lo abrió y lo leyó. Sin inmutarse sacó la varita y le lanzó un rayo que dejó al avión completamente calcinado. Un minuto después aparecía otro avión en la mesa; esta vez no se molestó ni en abrirlo y lo quemó directamente.

Lucía miró en la dirección de la que venía el avión. Ah, como no, de los merodeadores. De Potter, para ser exactos, que en ese momento exhibía un gesto entre frustrado y afligido mientras escribía algo en un papel. Dobló el papel ágilmente hasta formar un avión idéntico a los anteriores que envió volando a la mesa de la rubia –no hace falta decir que hizo ella con el avión.

James no se rindió y en un momento se originó una especie de batalla aérea que finalizó cuando Remus le soltó una colleja a su amigo.

-No ves que así no vas a conseguir nada? Espera a pedirle perdón en persona, hombre!

-Ay! –se quejó James con gesto dolido- Encima que lo intento…

Al acabar la clase James se acercó rápidamente a Dagmar, antes de que a ésta le diera tiempo a escabullirse, y le pidió perdón de nuevo. Pero la chica hizo oídos sordos y en cuanto pudo se fue. Escenas como esa se repitieron miles de veces ese día. En las clases, en los pasillos, el patio e incluso en la cena. Hasta que Dagmar terminó hartándose y acabó por tirarle una fuente de puré de patata a la cabeza a la vez que le gritaba: "¡¿Quieres dejarme en paz de una vez?!". Con lo cual se ganó una mirada incrédula de todos los que ocupaban el comedor y el castigo de ordenar los libros de la biblioteca durante toda una semana.

Lucía respiró profundamente captando en el aire aroma a jazmín, rosas y madreselva. Abrió los ojos para contemplar el jardín, su pequeño rincón –como a ella le gustaba llamarlo-, el lugar al que acudía siempre que necesitaba pensar, estaba triste o intranquila, como esa noche. Su jardín tenía algo que conseguía calmarla, hacer que los problemas desaparecieran. O al menos que menguaran, pensó.

Se sentó en la hierba que ya empezaba a llenarse de escarcha. Hacía frío. El aire helado movía las hojas de los árboles y le erizaba la piel. De repente oyó unas pisadas atrás suyo y se levantó asustada.

-Lo siento – murmuró una voz que reconocería en cualquier lugar-. No pretendía asustarte.

-No pasa nada. Qué haces aquí, Lupin?

-Llámame Remus, por favor –su voz sonó sinceramente dolida.

-Sabes? Me estás liando. Primero Lupin, después Remus, Lupin otra vez y ahora Remus de nuevo –en cambio en la voz de Lucía se adivinaba una sombra de rencor-. Aclárate de una vez porque así yo no puedo.

-Lo sé –Remus se acercó hasta que Lucía pudo ver la expresión dolida y casi desesperada de su rostro-. Sé que es culpa mía. Todo. Pero… tú no lo entiendes, Lucía. No puedes entenderlo.

-Pues explícamelo –Lucía acortó más la distancia entre los dos y le miró a los ojos, suplicante-. Quiero entenderlo. Explícamelo.

Remus suspiró y le acarició la mejilla suavemente mientras esbozaba una sonrisa. Lucía no se esperaba la caricia. Era tan extraño, cuando siempre se mostraba tan frío y tan evasivo, sentir el roce de su palma… Extraño, pero agradable. Aún cuando él apartó la mano ella siguió sintiendo la huella de sus dedos en su piel, caliente y febril. Se obligó a atender a lo que estaba diciendo ahora.

-Algún día, te prometo, te lo explicaré. Pero ahora no. Ahora no puedo.

Lucía asintió comprensiva y dijo:

-Entonces esperaré; esperaré hasta que te sientas preparado y cuando llegué el momento quiero que sepas que voy a estar ahí. De acuerdo? –Lucía esbozó una sonrisa, intentando infundirle ánimos. Remus le correspondió con otra igual, procurando que no dejara translucir su pena ni su miedo.

-Bueno, dime, que es lo que venías a hacer aquí?

-Pues en realidad estaba buscándote… Lily me dijo que seguramente te encontraría aquí –Remus echó a andar por el pequeño jardín.

-¿Ah, sí? ¿Y para que me buscabas? –se acercó a Remus que ahora contemplaba atentamente una flor.

-Para disculparme –clavó su mirada dorada en la de ella-. La otra noche, ayer, me porté fatal contigo. No te lo merecías.

-Bueno, yo tampoco me porté muy bien que digamos –bajó la cabeza avergonzada-. Lo siento.

-Pues sí que estamos bien –Remus rió por primera vez en todo el día-. Lo dejamos en disculpa mutua, entonces?

-Perfecto!

Remus dudó un momento, como si se estuviera debatiendo entre hacer algo o no. Lucía se dio cuenta y preguntó:

-¿Querías decirme algo más?

-Emm… sí –Remus volvió a mirarla fijamente a los ojos- Yo… me preguntaba si a ti te gustaría ir al baile conmigo.

Lucía no podía creer lo que oía. ¡Mira que había costado que se lo dijera! Sonrió tiernamente:

-Sí que me gustaría. Mucho!

La sonrisa que él le dirigió, pensó, podría eclipsar las estrellas. Era una sonrisa sincera, de las que tan pocas veces mostraba. Una sonrisa alegre que borró por completo la tristeza de su rostro. Y una sonrisa contagiosa que pegó enseguida su felicidad a Lucía.

Lucía no pudo resistirse más; no quería resistirse. Le besó. Junto sus labios con los de él y probó su sabor, dulce y amargo al mismo tiempo. Notó su lengua, luchando por abrirse paso en su boca. Ella la acogió cálidamente, temblando ante su contacto.

El fuego lo inundaba por completo. Remus desconocía que se pudiera sentir algo así. Como era posible que no saltasen chispas a su alrededor? Se sentía arder. El gusto de ella inundaba todo su ser y atontaba sus sentidos. Sentía su boca ávida sobre la suya, sus manos habían alcanzado su cuello y amenazaban con romper su control. Se separó lentamente. Si no lo hacía ahora no lo haría nunca. De estar un segundo más con ella, estaba seguro, no podría controlarse.

-Vaya. ¿Has sentido eso? –Lucía respiró agitadamente, con los ojos brillantes- ¿Lo has sentido? Yo nunca… nunca había sentido algo parecido.

-Ni yo –dijo él antes de desaparecer.

Era un error, pensó Remus. No debería haber sido así. No estaba bien. Lo único que hacía era arriesgar la vida de Lucía. Debería apartarse de ella. Decirle que no le quería aunque le amase más que a sí mismo. O al menos debería decirle la verdad, que supiera a que se enfrentaba. Pero era demasiado egoísta para lo primero y demasiado cobarde para lo segundo. No podría soportar ver el rechazo, el asco y el miedo en sus ojos. No en los suyos.

(NdA): ¿Qué? ¿Os ha gustado? Espero vuestras opiniones! Es la primera escena beso que escribo y... ¡me gustaría saber que os ha parecido!

A parte de pediros que comentéis y comentéis -ya sabeis que AMO vuestros reviews!- tambien quiero agradecer a la gente que me escribió en el capítulo anterior: Jor, que de vez en cuando me da algunos consejitos muy buenos; Saiyury, que no deja capítulo sin comentar; y Ana, que se acaba de incorporar al fic y ¡espero que sea por mucho tiempo!

Nada más, amores! Un beso a todas y nos vemos en el próximo cap! Y ya sabeis: reviews!! :)