Bill Weasley esperaba paciente los resultados aquella tarde.
Sabía que si todo estaría bien lo dejarían pasar navidad y año nuevo con su familia.
Todo había empezado hace un par de semanas cuando los médicos le comunicaron su evolución a él y a su esposa. Ambos estaban felices pero no querían esperanzarse mucho, ya que en el pasado, les habían dicho que el mayor de los hermanos Weasley había presentado mejoras para luego comunicarles que había vuelto a decaer.
Hasta ahora las pruebas venían positivas por lo cual si los resultados finales eran lo que se esperaba, al fin se podría ir a su casa.
Miró a su alrededor y esperó contemplar aquella habitación por última vez. Dirigió su mirada a las flores enviadas por diferentes amigos, familiares o compañeros de trabajo, algunas estaban más frescas que otras.
Su atención se vio interrumpida con unos firmes golpes en la puerta.
-¡Adelante! –exclamó esperando que sea lo que sea, sean buenas noticias. En menos de un segundo la hermosa figura de su esposa se dejó ver en el portal.
El corazón de Bill se aceleró tal y como siempre lo hacía cada vez que la veía. Fleur era hermosa pero también era inteligente y graciosa, amaba que siempre intente sacar lo mejor de todo.
A lo largo de los años había madurado y se había convertido en una mujer, madre, compañera y esposa ejemplar.
La primera vez que Bill la vio sintió la inmediata atracción por su encanto de Veela, luego, en los años de Gringotts aprendió más sobre ella y se terminó por enamorar. Fleur era más que su atractivo, era hermosa en todos los sentidos.
Luego de 25 años de casados se conocían perfectamente, sabían cuando el otro estaba feliz, triste o preocupado –como era habitual en los últimos meses-.
Bill casi no tenía memoria de tener algo para él solo, con la pequeña diferencia de dos años que tenía con Charlie siempre había tenido que compartir y luego aún más a medida que nacían el resto de sus hermanos. Quizás por eso los dos mayores decidieron irse lejos y encontrar algo que pudieran reclamar como suyo, aunque solo sea el trabajo. No se podía quejar de sus conquistas y sus aventuras amorosas pero con Fleur fue todo diferente, siempre había sentido que le faltaba algo y una vez que comenzó su relación con ella se llenó ese vacío.
Su relación con la mitad veela era una de las cosas más valiosas para él. Sí, amaba a su familia y siempre estuvo infinitamente agradecido con ellos por darles todo lo que podían a pesar de su situación económica, pero la familia que había armado era algo totalmente diferente a todo lo que había conocido y mucho más placentero.
-¿Ya hay noticias? –preguntó aquella dulce pero firme voz que tanto le gustaba oír, alejándolo de sus pensamientos.
-Aún no –respondió observándola mientras se sentaba a su lado y tomaba delicadamente su mano.
La rubia apretó su mano con dulzura y miró hacía la habitación, esperando un milagro.

-No, ¡el tío Bill ha vuelto! – exclamó el pelirrojo apunto hacía la ventana. Todos se dieron vuelta y miraron allí sorprendidos.
Bill había vuelto, caminaba al lado de su esposa, ambos tenían una enorme sonrisa de felicidad, incapaces de contenerse. Los adolescentes tardaron dos segundos en salir de su sorpresa y se dispusieron a salir cuando la voz de Lily los detuvo.
-¡Esperen! –Exclamó la menor de los Potter – deberíamos esperar un rato, dejarles espacio con sus hijos y eso… -dijo con un tono más bajo. El grupo asintió y espero a que entraran. Lily sonrió, quizás si habría paz después de todo.

Victorie escuchó unos golpes en la puerta y se dirigió hacia allí, supuso que era su madre ya que era la única persona que faltaba. Los tres Weasley Delacour se habían entristecido al saber que era la primer navidad sin su padre pero Vicky había hecho todo lo posible para alegrar el día, así lo sentía como su deber de hermana mayor, tenía que poner a sus pequeños primero. Solo se permitió un par de lágrimas con Ted, su compañero.
La mujer abrió la puerta y su cara detonó una evidente sorpresa y luego preocupación.
-¿Papá? ¿Qué haces aquí? ¡Podrías empeorar! – gritó preocupada.
Bill la abrazo y la hundió en su cuerpo.
-Me alegro que te haga feliz verme –bromeó.
Victorie miró a su madre y ella le asintió, dándole a entender que todo estaba bien y que Bill al fin volvía a casa. La joven abrazó a su padre delicadamente, aún tenía miedo de lastimarlo.
El trio se dirigió al interior de la casa donde más caras de sorpresa y felicidad se transformaban a medida que aparecía Bill. Una vez que el hombre saludó a toda la familia se acercó a su esposa y subió a buscar a Dominique. Sabía por medio de Fleur que la menor de sus hijos se encontraba triste en su habitación.

No había caído hasta ese momento que su padre no estaría en las fiestas.
Quizás en el fondo sabía que no se recuperaría rápido, pero hasta unos días antes albergaba toda esperanza de que así fuera. Estaba al tanto que lo mejor no era encerrarse en su cuarto, si no estar ahí para sus hermanos y su madre pero en ese momento no podía ser más que egoísta.
Suspiró pesadamente y contempló el paisaje que enmarcaba la ventana: la nevada había cubierto todo de un blanco puro, los árboles plantados allí daban la impresión de las tarjetas navideñas muggles que había visto en varias ocasiones en Francia. Todo seguía igual, nada se movía, igual que en su vida. Dominique comenzó a sentir como el nudo en la garganta se iba formando a medida que contemplaba más y más aquel paisaje.
Cuando las primeras lágrimas estaban a punto de caer escuchó unos golpes en la puerta. Se las secó rápidamente y dio el permiso para entrar. Supuso que era su madre, Vicky o Louis, respiró hondo y al darse vuelta se encontró con el tan familiar rostro de su padre.
La joven contuvo la respiración y sonrió como no lo hacía en mucho tiempo. Al final el paisaje comenzaba a cambiar.

Aquella víspera de navidad en la casa de los Weasley no podía haber resultado mejor. Era la primera vez que desde la muerte de Fred se veía a la familia salir adelante.
Desde la vuelta de Bill hacia la "tregua" de Hogwarts todo el ambiente había mejorado.
La familia reía y se relajaba después de un largo tiempo de recibir malas noticias y falsas ilusiones. Dominique sentía que al fin volvía a casa.
Luego de comer todos se fueron a dormir deseándose buenas noches.
Lily subió rápidamente a su cuarto, tomó algunas prendas que la ayuden contra el frío y se dirigió a su lugar de siempre.
Abrió la ventana y el frío la envolvió por completo, provocando un escalofrío como resultado.
Bajó unos centímetros por el tejado, se acomodó y encendió su primer cigarrillo.
Sabía que había hecho lo correcto pero aun así sentía que algo no estaba bien.
Es más, ahora que lo pensaba la charla había quedado en la nada justo en el momento que Bill había aparecido.
Se mordió el labio inferior, Rose se había salido con la suya de nuevo.
Bufó molesta y prendió otro cigarrillo.
-Supongo que es el segundo, ¿no? ¿No es muy pronto? –dijo una voz femenina detrás de ella.
La joven sonrió y se encogió de hombros al mismo tiempo que su prima se sentaba a su lado.
-Me alegro que el Tío Bill este mejor –contestó Lily sincera- y no, no es pronto. Menos luego de tantas emociones esta noche –terminó y dio otra calada.
La rubia se frotó los brazos para entrar más en calor.
-¿Quieres uno? –preguntó la pelirroja levantando el paquete – te hará entrar en calor.
-No, gracias. No fumo –respondió Dominique con una sonrisa – y tú tampoco deberías.
-Hay muchas cosas que no deberíamos hacer y sin embargo las hacemos. La autodestrucción es inevitable –Lily dio otra calada y sonrió con sorna.
-Okey… deberías ver a un psicólogo, escuché que San Mungo tiene unos muy buenos –dijo su prima riendo.
-Es la verdad, todos tenemos un hábito que poco a poco nos consume, el mío es fumar y seguir las ordenes de Rose, ¿Cuál es el tuyo? – preguntó con curiosidad.
Dominique se quedó pensando y observando la nieve.
-Supongo que no decir muchas veces lo que pienso –contestó incomoda.
-Lo sufro también – coincidió – pero supongo que lo tuyo es peor
-¿Por qué crees eso? – Interrogó
-De todo lo malo es lo primero que dices, eso es lo peor o todavía te mientes con que es eso y no es algo mucho más oscuro – Dio otra calada.
La rubia se quedó pensativa. Quizás era cierto, quizás ella tenía un lado mucho más oscuro del cual todavía no sabía.

A la mañana siguiente, Rose se despertó de mal humor. No era que no le guste la navidad, es más, la adoraba pero el hecho de que Dominque esté tan feliz, la charla con Lily y su castigo la hacían bastante miserable.
Quería ver a su tía Fleur y a su tío Bill con excelente salud, nunca se había llevado mal con Vicky ni con Louis pero el problema era esa creída de Dominique y sus insoportables amigas.
"Al menos ahora que pase navidad volveré a casa" pensó sonriendo.
Miró el reloj y comprobó que se levantó más temprano de lo que le gustaría. Se dirigió al baño, tomó una larga y relajante ducha. Salió, se puso su bata, esperó a que se secara su cabello y se emprendió camino hacía su guardaropas. Rose siempre había sido una fashionista. Adoraba todo lo referido a la ropa tanto muggle como mágica. Siempre se había vestido impecable de acuerdo a la ocasión y a la última moda. Tomó una falda azul Francia y una camiseta a rayas. La adornó con un delgado cinturón y optó por unas cómodas zapatillas estilo ballet de color negro. Tomó un abrigo negro largo para protegerse más tarde del frío y una bufanda suave de color crema.
Recogió su abundante cabellera pelirroja en una coleta alta y rizó las puntas.
Se aplicó maquillaje poco llamativo, perfume y salió de su habitación.
Bajó las escaleras y encontró a su padre preparando el desayuno.
-¿Qué tal Rosey? –Preguntó Ron Weasley mientras besaba su frente – feliz navidad pequeña.
-Buenos días papi –respondió sonriendo – feliz navidad.
El humor de Rose comenzó a mejorar cuando vio el desayuno y los regalos.
Se acomodó en la mesa y esperó al resto de su familia.

Luego del magnífico desayuno la familia comenzó a abrir los regalos, sweaters con iniciales, artículos de broma, escobas, ropa, accesorios, libros, equipos de quiddicth y demás se amontonaba junto a los paquetes o papeles de regalo en el suelo.
Dominique sonreía al lado de sus padres y hermanos mientras abría los regalos de sus amigas.
Las extrañaba mucho pero aún la carcomía el hecho de que no estuviesen ahí antes del inicio del año en Hogwarts. Intentó borrar aquellos pensamientos comenzando una charla con Louis.

Antes de la hora del almuerzo Bill les sugirió un paseo por los terrenos, intentando tener un poco de privacidad. El resto del grupo pareció estar de acuerdo y después de abrigarse adecuadamente salieron al exterior.
-Te extrañe- confesó Dominique mientras abrazaba a su padre
-Y yo ti y al resto –respondió el pelirrojo -
-¿Qué tal si esta noche volvemos a casa y tomamos tu chocolate caliente especial en la chimenea? –preguntó Fleur caminando al lado de su esposo.
-Sería una buena idea – contestó el hombre.
-Sí, lo necesito – dijo Louis apoyando la idea.
-Y podemos podernos al día – agregó Vicky.
Dominique no pudo evitar sonreír, volvía a sentir el nudo en la garganta pero esta vez era de felicidad.