Nota: Las canciones escuchadas durante el transcurso de la historia son y van en el siguiente orden:

We found love (cover) - Postmodern Jukebox

Fast Car - Tracy Chapman

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Capítulo 14


Auto veloz


El sonido grave y bajo del cello dio el inicio a la melodía adaptada, y cuando la voz de la cantante le siguió soltando al aire la primera estrofa, Ino ya había identificado esa canción. Para el instante en que el piano y los demás instrumentos se unieron, su reacción automática hizo que buscara a Sakura con la mirada.

Así es como me siento

No lo puedo negar

Pero tengo que dejarlo ir.

La encontró inmóvil mirando a la nada. Sus ojos jades perdidos entre un blanco rojizo de lágrimas pasadas. Semblante decaído bajo el peso de las emociones que seguramente la embargaban. Aquella pared que levantaba cuando se sentía agobiada por alguna situación, se estaba desmoronando, Ino lo percibía agrietado. Y no podía hacer nada, así lo había decidido su amiga en el momento que rechazó un intento de consuelo, de apoyo, de amistad. Sakura había preferido el beneficio engañoso del alcohol, la copa que su mano sostenía era una prueba de ello. Si era la tercera, la cuarta o quinta copa; la rubia no lo sabía, pero el brillo de esos ojos verdes alertaban que era suficiente. Debía detenerla.

Brilla una luz por una puerta abierta

Vida y amor, dividiré.

Márchate porque cada vez

Te necesito más.

Siento el latido de mi corazón

En mi mente.

La fiesta había llegado al punto donde la influencia del alcohol animaba a sus invitados. Los estándares de apariencias de la alta sociedad los limitaba, pero muchos habían comenzado a demostrar sus habilidades corporales en la pista de baile. El Jazz era la banda sonora de la noche y, especialmente, del nuevo capítulo en la historia de Sakura.

Casi una hora había transcurrido desde que Sakura regresara del exterior, camuflando su estado emocional de curiosidades desconocidas, y que solo sus amigos podían detectar. No había dirigido palabra alguna, y permanecía en un modo total de silencio. Los comentarios burlones de Suigetsu, las preguntas preocupadas de Naruto, y las sugerencias de Ino; a todo respondía con asentimientos. Nada más. Si querían descubrir lo que sucedió afuera, debían esperar hasta que ella lo decidiera, puesto que Sasuke Uchiha no se separaba de su nueva prometida ni de su padre, desde que regresara minutos después. Y el trío estaba seguro que tal imagen solo agravaba la situación para la Haruno.

Encontramos el amor

En un lugar sin esperanzas.

Y esa canción, esa estúpida canción no ayudaba en nada. Porque Ino la conocía y, a su pesar, se la sabía. Aquella había sido uno de los himnos de su amiga, y ahora regresaba para torturarla lentamente, así como el ritmo de su melodía.

—Suigetsu… —Llamó Ino en un susurro certero que atrajo la atención del albino—. Sácala a bailar. —Aquello sonó más como una orden que como sugerencia. Suigetsu frunció el ceño dudoso—. ¿Qué?

—Me rechazará.

—Cualquiera. —dijo Naruto intencional recibiendo una mirada fulminante del otro chico.

—No es momento para eso. —Reprendió Ino rodando los ojos—. Suigetsu, solo espera el instante adecuado, cuando Sasuke y Karin bailen.

—¿Y eso no es peor? Ella quiere estar lejos de ellos.

—Lo siento, Naruto, pero soy mujer y sé lo que digo. —habló la Yamanaka intentando sonar lo más amable posible, a pesar de lo fácil que podría malinterpretarse sus palabras. El rubio solo entrecerró los ojos, era claro que aún no entendía—. Como sea. Naruto y yo saldremos a bailar, esperas un minuto y luego sacas a Sakura ¿Entendido?

Ambos chicos asintieron inseguros.

Por suerte, la canción finalizó. Después de unos minutos, continuaron con otra, y sucedió lo esperado. La pareja de prometidos formó parte de la pista de baile, y sin prisas, Naruto ofreció su mano a Ino, y esta la aceptó antes de alentar a Suigetsu para que lo imitara.

Ino no apartó su mirada vigilante de su amiga. Vio su rostro cuasi inexpresivo dirigirse a Suigetsu, el rictus pensativo que parecía considerar la propuesta, sus ojos posarse sobre Sasuke y Karin, y el asentimiento que precedía a su primer baile de la noche. No fue hasta que Sakura y su pareja se ubicaron cerca de ellos moviéndose al compás de la música, que Ino era consciente de un hecho.

Ella y Naruto estaban bailando. Compartían otra primera y nueva experiencia. La preocupación y tristeza que sentía por Sakura se esfumaron de inmediato, y se vio sobrecogida por una emoción de comodidad. Sus brazos posados con gracia sobre los hombros del rubio, las manos de él hacían contacto con su cintura. Un tacto delicado les unía. Pensar en ello, vivirlo, dibujó una sonrisa en su rostro.

—Tenías razón. ¿Cómo sabías que aceptaría al ver a Sasuke bailar? —preguntó Naruto en voz baja muy cerca de su oído, después que con un movimiento grácil la aproximó hacia él. Sus mejillas podría tocarse en menos de centímetros, al igual que el mentón de Ino rozaba la tela de su hombro.

Naruto era más alto, pero sus tacones ayudaban a compensar un poco la estatura faltante.

—El orgullo nos hace demostrar que estamos mejor de lo que se aparenta. Sakura aceptó el baile como un mensaje para decirle a Sasuke, que no está tan afectada como esperaría, que es capaz de divertirse con o sin él. —habló Ino sosegada. El movimiento acompasado por el que se dejaba guiar, tenía un efecto de cuna. La adormecía en tiempo y espacio, como deseando mantener por siempre esa posición, rodeada por sus brazos, inhalando el aroma de su colonia, sintiendo su calor.

—¿Y funciona?

Quería escuchar por siempre su voz, sentir su aliento llegar débil hasta su oreja, semejante a una caricia.

—Lo sabremos después. Por ahora, mi intención es que se distraiga. Ha bebido mucho. —Ino podría jurar que hablaba entre sueños, o que aquella celebración era un sueño como tal; parecía irreal.

—Eres una buena amiga, Ino. —dijo Naruto sonriendo, o, al menos, eso imaginaba la rubia. Ya había descansado un poco su mentón sobre ese hombro que sería la perfecta almohada. Sí, estaba soñando.

—Hago el intento.

Ino abandonó la vigilancia sobre su amiga o el Uchiha. Olvidó a las demás personas a su alrededor. Durante lo que restaba de la canción, ella se centró en atesorar ese baile y cada una de las sensaciones que lo conformaban. Lo guardó en su memoria deseando que, en un futuro, pudiesen vivir más experiencias, más primeras veces. Así lo anhelaba.

—No es un inútil después de todo. —El comentario de Naruto la sacó de su letargo, para darse cuenta de que en algún instante había cerrado los ojos, completamente profunda en el disfrute.

—¿Qué? —musitó Ino en un intento por comprender.

—Sakura sonrió. —dicho esto, el rubio los hizo girar de manera que Ino pudiese contemplar a su amiga. La curvatura de sus labios no era pronunciada, pero era un avance, una señal de que su estado anímico mejoraba. Por otra parte, Ino echó un vistazo rápido hacia la pareja de la noche, y notó el rictus de seriedad forzada con el que Sasuke trataba de ocultar su enojo. No era necesario denotar su fallo, el fruncimiento de su ceño hablaba por sí solo. Así se podría decir que hacían una bonita unión, porque la dureza en las facciones de Karin no se quedaba atrás.

Ino entrecerró los ojos al observar con más detalle a la pelirroja.

—Naruto ¿Por qué Suigetsu y tú no se llevan bien? Parece que se conocieran desde hace mucho.

Sintió el cuerpo del chico tensarse.

—Lo conocí por primera vez en la fiesta de Kiba cuando lo vi contigo. —Ino agradeció que Naruto no pudiera ver el calor de sus mejillas sonrojadas. Era inevitable cada vez que el recuerdo de esa escena junto al albino pasaba por su mente—. Tiempo después, mi prima me lo presentó en medio de uno de las video llamadas que hacemos. No me agradó el modo en que me hablaba, en las dos ocasiones que cruzamos palabras fue… cortante. Por eso le pedí a Karin que ya no lo dejara mostrarse en las llamadas.

—¿Y no sabes el motivo de su trato contigo?

—A decir verdad, no sé y tampoco me interesa. Aprendí que no hay que insistir con personas así.

Esas palabras fueron un baldado de agua helada que empapó y estremeció a Ino. Supo de inmediato la implicación de aquella frase, y una ola de culpabilidad la hizo sentirse incómoda, tanto que intensificó el agarre de su mano en el hombro de Naruto.

—Ino… yo… no quise decir… —balbuceó el rubio. Al parecer, el estado de Ino había sido obvio, o, tal vez, Naruto reflexionó lo dicho.

—Comprendo… —musitó aún sobrecogida sin saber qué decir. Una disculpa, una excusa se quedaba corta, teniendo en cuenta que ella había sido la responsable de tal aprendizaje. Después de todo, su trato había sido peor que el de Suigetsu, y aquello puso a prueba la tolerancia y paciencia de Naruto.

No pudo evitar preguntarse cómo es que estaba bailando con él, de qué forma se había creado tanta confianza entre ellos, y más importante, por qué Naruto estaba tan dispuesto a olvidar esa época conflictiva, a esa Ino hiriente y egoísta.

¿Cuándo iniciaron desde cero?

—Sé que este no es el momento adecuado, pero un día me gustaría que habláramos de eso. —dijo Naruto de repente. La rubia se separó lo suficiente para poder encararlo, y halló en su rostro la seriedad de su petición; no aceptaría una negativa, e Ino era consciente de que se lo debía. Naruto merecía una explicación de su comportamiento, y ella estaba más que dispuesta a dársela.

—De acuerdo. —concedió solemne junto a un asentimiento de cabeza.

Afortunadamente, ante el silencio incomodo que los envolvió, la pista comenzó a vaciarse, y el par de rubios decidió volver a su lugar, donde divisaron a Sakura y Suigetsu conversando.

—¿Está coqueteando con ella? —preguntó Naruto con ojos entrecerrados.

—Pues… creo que sí. —contestó Ino consternada—. Y… Sakura….

—También. —finalizó el rubio con desagrado—. El idiota se está aprovechando. —masculló tomando impulso para acelerar el paso hacia ellos, pero una mano agarrada a su antebrazo lo detuvo.

—No es eso. —sentenció la Yamanaka con expresión suspicaz. Naruto la miró interrogante—. Sakura descubrió mi plan y lo está siguiendo por su cuenta.

—¿Ah?

—Naruto, ella intenta provocarle celos a Sasuke. Es obvio que él ha estado vigilándola, sabe cuánto ha bebido Sakura y no sería raro que ella coqueteara.

—Pero Suigetsu es amigo de Sasuke. —espetó renuente a aceptar aquella explicación.

—Sospecho que él es de esa clase de amigos que no se miden. Además, Sakura no es su novia formal, mucho menos ahora que se anunció el compromiso. ¿Entiendes? Ya inició el conteo regresivo para que ella sea completamente soltera. Sasuke lo sabe, y nuestra amiga saca provecho de eso. —finalizó Ino con una sonrisa radiante, la sola idea hacía que se transportara a su adolescencia, a las fiestas, a los planes de conquista junto a sus amigas. Se estaba divirtiendo.

—Las mujeres dan miedo…. —comentó Naruto con un gesto atemorizado al que Ino respondió con una risa suave—. Entonces ¿Qué hacemos?

—Seguirles la corriente. Sasuke creerá que la apoyamos.

Naruto suspiró.

—Te das cuenta que soy su mejor amigo, ¿Cierto?

—Sasuke no te matará. —dijo como si fuese una obviedad.

—Eso espero… —susurró Naruto al echar un vistazo rápido hacia el Uchiha quien le lanzaba una mirada amenazante—. Estoy muerto.

Donde sea que Sasuke Uchiha se encontrara, esos ojos negros se posaban sobre el cuarteto. Podría estar en medio de una conversación, su padre hablándole, Karin reclamando su atención —aunque con muy pobre esfuerzo—; él no dejaba de observarles. E Ino lo disfrutaba, estaba totalmente entretenida, al igual que Sakura quien en una que otra ocasión, tuvo que disimular una sonrisa para reforzar el supuesto plan de conquista. El único que parecía incómodo era Naruto, puesto que Suigetsu estaba entregado en alma y cuerpo a la treta. Ino sospechaba que lo hacía con doble intención, pero no quería sacar conclusiones apresuradas.

Llegaron a un nivel de diversión máximo, cuando los cuatros estallaron en risas —Naruto se había rendido, seguramente bajo el efecto del alcohol—, y llamaron la atención del resto de invitados. Recibieron miradas reprobatorias ante tal conducta descortés.

—Belleza y tipo raro a las nueve. —Avisó Suigetsu.

Fueron siete palabras con una intención completamente distinta. Una broma que fluía en ese juego de crítica y juicio inofensivo, cuyo objetivo era mantener las sonrisas en los rostros del grupo. Pero todo se desvaneció cuando tres pares de ojos se toparon con los susodichos.

Otra pareja que se robaba el espectáculo.

Otro tsunami de emociones que se avecinaba, imponente y repentino.

Hinata Hyuga y Shino Aburame, enlazados de manos como recordatorio de su compromiso. Su presencia era un jalón a la realidad, del tipo de verdad que despertaba las inseguridades en Ino.

Y en el instante en que la pareja les devolvió la mirada, los ánimos del grupo se esfumaron, a la par que por el aire volaba el rumor de los comentarios a través del salón.

Ino sintió mucho, pero el deseo apremiante de huir superaba todo lo demás. La noche había sido perfecta, el momento había sido perfecto. Sin embargo, de nuevo, estaba ella, la Hinata de Naruto, aquel que Ino anhelaba convertir suyo.

Quiso moverse, retirarse de su lado para darle espacio, del mismo modo que lo hizo en la fiesta de Kiba, en aquel vacío pasillo. Y eso habría logrado si una mano no se hubiese aferrado a su muñeca.

—No… solo… quédate. —dijo Naruto sin apartar su vista de los recién llegados que se acercaban. Su voz sonó a súplica e Ino no era capaz de negarse así quisiera. Cuando su mente había adquirido la capacidad necesaria para procesar lo sucedido, específicamente, el efecto que debía provocar el contacto de esa mano sobre su piel; la pareja esperada ya los abordaba.

—Naruto-ku… —La suave voz de Hinata fue la primera en oírse, aunque se interrumpiera abruptamente—. Naruto. Ino. Sakura. ¿Cómo están? —preguntó de la manera educada que siempre la caracterizaba. Era una princesa en una época y cultura diferentes, pero la responsabilidad y el futuro que caían sobre sus hombros, la hacía merecedora de esa etiqueta. La mayor de dos hermanas, heredera de la corporación Byakugan: Hinata Hyuga. Su belleza, educación y fama solo hacían parte de la guinda del pastel, puesto que la implicación de su posición llevaba un trasfondo significativo que se resumía en poder. Los Hyuga a la par de los Uchiha eran los más poderosos y ricos del país.

Tales pensamientos invadieron la mente de Ino, y la hicieron sentir pequeña, insignificante y débil, a pesar de ser más alta frente a Hinata.

—Estamos bien, Hinata ¿Ustedes cómo están? —Sakura fue la primera en romper el silencio incómodo que les envolvía, aunque los murmullos a su alrededor pareciesen ensordecedores.

—Bien, Sakura, pero avergonzados por la tardanza. Tuvimos que asistir a otro evento al otro lado de la ciudad. —respondió Shino con voz grave. Fue en ese instante que Ino salió de su ensimismamiento y fue más consciente de lo que sucedía. Bastaba con echar un rápido vistazo para ser espectador del intercambio de miradas entre Hinata y Naruto. Silenciosos y absortos el uno al otro, como si pudieran leerse la mente dentro de una burbuja única para ellos dos, la cual no incluía a nadie, mucho menos a Ino.

De repente, se sintió fuera de lugar, sobrante, y el agarre en su muñeca empezaba a quemar. La mano de Naruto ardía. Por primera vez en su reciente amistad, descubría algo desagradable relacionado a él.

—¡Ah! Son los de la fiesta, ¿no? Disculpa, belleza, no tuvimos la oportunidad de conocernos. —habló Suigetsu de la nada, dirigiéndose a una Hinata desconcertada. El trance había sido roto—. Soy Suigetsu, encantado. —se presentó galante con la mano extendida.

—M-mucho gusto, Suigetsu-san. —balbuceó Hinata nerviosa. La impulsividad del albino la tomó fuera de lugar, pero atinó a estrechar su mano—. Él es m… —calló. Desvió la mirada con inquietud durante milisegundos. La presión en la muñeca de Ino aumentó ligeramente—. Shino Aburame. —añadió restaurando su compostura.

La corrección no había pasado desapercibida, era obvio lo que estuvo a punto de decir; mi prometido.

El aludido asintió con el semblante reservado que lo caracterizaba. Shino solo hablaba cuando la situación lo requería.

—Yo… —Inició Hinata antes de aclararse la garganta—. Nos encontramos con Kiba en el estacionamiento. Me pidió que le avisara si... —Pareció dudar por un instante, como si le costara continuar.

—Si alguno de los idiotas está aquí, que lo llamen. Supongo que se refiere a ti —Shino miró a Naruto— y a Sasuke. —dijo con total simpleza, al parecer la implicación no le avergonzaba como a su prometida.

—¿Y él por qué no entra? —preguntó Sakura enarcando una ceja.

—Solo dijo eso. —contestó Shino. Nadie esperó mayor explicación de su parte.

Sakura asintió mientras sacaba el celular de su bolso, se excusó con la mirada y se retiró. Por su parte, Ino había comenzado a ser más atenta de su alrededor, desde que finalizara el trance en el cual Naruto y Hinata se vieron sumidos. Sin embargo, desde el rabillo del ojo podía percibir que el rubio no había retirado sus ojos de la Hyuga. Permanecía completamente estático.

A su otro lado, podía sentir la incomodidad de Suigetsu. Y frente a ella, la intranquilidad de Hinata. Y no pudo evitar preguntarse si en cada evento donde se encontrara con Naruto, Ino tendría que vivir esta clase de situaciones. En su fuero, rogó que no fuera así. Si algo había aprendido en la fiesta de Kiba, es que ella no acababa bien; la última resaca lo demostraba.

Aunque ya se acostumbraba a la inoportuna ausencia de Sakura.

—Ino. —El llamado de Shino la sacó de sus pensamientos, por fortuna—. ¿Los arreglos son tuyos?

—Ah, sí. —respondió sorprendida. Todos sus amigos sabían que tenía una floristería, pero Ino no esperaba que llegaran a la conclusión o sospecharan que la decoración fuese de su autoría.

—Son hermosos, Ino. —halagó Hinata con ojos sinceros y cordiales.

—Gracias, Hinata. —correspondió la rubia con una pequeña sonrisa.

—¿Tienes alguna tarjeta? —Intervino el Aburame de nuevo. Ino empezaba a extrañarse por su disposición a hablar en tan poco tiempo.

—No, pero puedo enviarte la información por correo. ¿Conservas el mismo? —Shino asintió—. Bien. Cuando tenga la oportunidad, te lo envío. —finalizó respetando la seriedad del asunto. Pero en su mente tenía curiosidad por el interés impropio del chico, en su negocio.

—Kiba nos espera en el estacionamiento. —Anunció Sakura en su regreso—. No pregunten para qué, es irrelevante. Por mi parte, ya quiero irme de aquí. —sentenció mirando únicamente a Ino.

Ambas amigas hablaron sin palabras, solo bastó aquella complicidad silenciosa para comprender el mensaje de la otra. E Ino no se negaría, para ella, la fiesta había terminado. Se había arruinado para ambas.

—¿Vienen? —preguntó la Haruno más por cortesía. Estaba segura que Ino había aceptado.

—Me apunto. —dijo Suigetsu con determinación.

—¿Y ustedes? —cuestionó mirando a los prometidos.

—Gracias, Sakura, pero acabamos de llegar. Preferimos quedarnos un poco más. —habló Hinata con suma amabilidad.

—Vale. Entonces, diviértanse. —A Ino no se le escapo el leve toque de sarcasmo en la voz de su amiga—. Me dio gusto verlos.

—Espero que podamos platicar en otra ocasión.

—Igualmente, Suigetsu-san. —dijo Hinata sonrojada. El albino había dirigido sus palabras solamente a ella, y no se esforzaba por disimular la poca importancia que le daba al ya conocido compromiso de la Hyuga.

—Cuídense. —fue lo único que Ino pudo decir. Se sentía apremiada a retirarse pronto.

No obstante, cuando dio los primeros pasos hacia la ansiada salida, sintió un peso fuera de lo literal. Ignoraba el momento en que olvidó el agarre en su muñeca, aun así esta no fue soltada a pesar de sus intenciones. Se había alejado menos de un metro, y sus brazos estaban extendidos y unidos a mitad de aquel espacio. Ino frunció el ceño confundida y con cierta ansiedad. No quería seguir observando el estado en que Naruto se encontraba, pero este la obligaba inconscientemente a quedarse.

Vio a Hinata centrarse en la unión de sus extremidades. La rubia posó su otra mano en la del rubio, y aquello lo despertó de inmediato, a la par que ambos brazos cayeron pesados, como inertes.

—Naruto ¿Te quedas? —preguntó Ino, con la sensación conflictiva entre el deseo de su aceptación y el propio de marcharse.

El rubio negó con la cabeza, más por inercia, aunque Ino lo imaginó como alguien en coma que no puede moverse pero es conocedor de su entorno.

—Pasen buena noche, chicos. —dijo Naruto asintiendo educadamente. No esperó respuesta alguna y se encaminó junto a Ino, hacia donde Sakura y el albino iniciaban su salida.

La Yamanaka dio un último vistazo para hallar a Hinata con expresión contraída, mirando la espalda de Naruto.

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Eran escarchas. Escarchas que cubrían el cielo oscuro y la primera imagen con la que sus ojos se toparon al pisar el exterior. Se sintió cobijada por una calma que añoraba minutos antes. La frescura de la noche hizo su parte para relajarla, y otorgar una amnesia fugaz. Fueron unos segundos y olvidó lo ocurrido dentro del salón, solo hasta que la figura de Kiba aparecía a pocos metros de distancia, apoyada de espalda y brazos cruzados a un costado de su auto negro y lujoso, igual que su traje impecable.

—Si es para ver a mis chicas favoritas, no me molesta esperar. —Kiba les dio la bienvenida con su marca especial. Un abrazo asfixiante para cada una. Un abrazo sonoro y doloroso para Naruto. Y un fuerte apretón de mano para Suigetsu. De una u otra forma él debía demostrar su hombría.

—¿Por qué no entraste? —masculló Sakura irritada mientras intentaba acomodarse el vestido a causa del abrazo enérgico.

—Soy alérgico al aburrimiento, y cualquier fiesta realizada para despedir a un anciano, es aburrida. Pero mi mamá me obligó. —Nadie replicó ante esto último, aunque Suigetsu prefirió reservarse comentarios. Era conocido el fuerte temperamento de las mujeres de esa familia, especialmente Tsume Inuzuka, la madre de Kiba; la única capaz de controlar la rebeldía del chico con solo una mirada.

—Y ella no sabe que te quedaste en el estacionamiento. —Afirmó Sakura con malicia en su sonrisa.

—No, y espero que permanezca en secreto. —espetó Kiba entrecerrando los ojos.

Sakura ensanchó la sonrisa y Kiba se tensó.

—¿Para qué querías vernos? —Ino decidió intervenir antes de que su amiga se atreviera a chantajear al chico.

—Quiero ir de juerga y no puedo ir solo. Mi mamá siempre se entera, pero si voy con ustedes, creerá que nos encontramos en esta fiesta. —contestó metiendo sus manos a los bolsillos y dibujando una sonrisa traviesa.

—Kiba, no creo…

—De acuerdo. —la afirmación repentina de Sakura interrumpió a Ino en desconcierto, y temió lo peor. Porque si su instinto no la engañaba, estaría obligada, en honor a la amistad y lealtad; a acompañar a su amiga a donde fuera.

—Sakura….

—La noche es joven y quiero embriagarme. —sentenció Sakura interrumpiendo a la rubia.

Un escalofrío recorrió la espalda de Ino. Eran malas noticias.

—Sakura-chan tiene razón. Voy a donde ustedes vayan. —habló Suigetsu entusiasmado, ignorante de la mirada amenazante por parte de la Haruno. Detestaba ese chan, mucho más de alguien a quien apenas conocía.

Ino resopló rendida.

—¿Tengo otra opción? —murmuró segura de que no la escucharían.

—La tienes. —espetó Naruto rompiendo el silencio que había mantenido durante el recorrido hasta el estacionamiento. La rubia lo miró confusa—. Puedo llevarte a tu casa si quieres.

—Creo…. Creo que será divertido. —dijo Ino poco convencida.

—Sí, Naruto, pero puedes ir con Ino. Suigetsu y yo iremos en el auto de este. —sugirió Sakura apuntando con su dedo pulgar a un Kiba notablemente ofendido por su mención despectiva.

Ino dirigió un vistazo rápido a su amiga, y pudo corroborar sus sospechas, descubrir la pretensión de su sugerencia. Y, como raras veces sucedía, no le desagradó en lo absoluto la doble intención de Sakura.

—¡A juerga! —Rugió el Inuzuka extasiado.

La exclamación dio la señal para que cada uno tomara sus posiciones. Los autos fueron encendidos y desde el puesto de copiloto, Ino vio a su guía rebelde ser el primero en iniciar aquella improvisada y descabellada aventura.

Sin embargo, al darse cuenta de que no se movían, giró su vista para cuestionar a Naruto, y curiosa observó lo que parecía una búsqueda exhaustiva en el estéreo. El rubio presionaba con rapidez un botón y en la pequeña pantalla podía verse el pasar de números y nombres de canciones.

El acorde de una guitarra inundó el interior.

Tienes un auto veloz

Yo quiero un tiquete a cualquier lugar.

Quizás hagamos un trato.

Quizás podamos ir juntos a algún sitio.

Cualquier lugar es bueno.

Empezaríamos desde cero pues no tengo qué perder.

—Siempre escucho esta canción al conducir. —Explicó Naruto con cierto aire melancólico.

—Creo que ya la conocía. —habló Ino dejándose embriagar por la suave melodía.

—Es muy famosa. Aunque pueda que la escucharas gracias a Sakura. —comentó de forma divertida. Ino rio complacida. Había empezado a preocuparse por el estado distraído del chico.

—Lo dudo, de lo contrario la habría reconocida al primer segundo.

La risa suave que salió de los labios de Naruto, podía equipararse o superar la calidez de la música. Ese mismo sonido era música para sus oídos.

Tienes un auto veloz.

¿Es suficientemente rápido para sacarnos de aquí?

Debes tomar una decisión.

Marcharnos esta noche o vivir y morir de esta forma.

El auto tomó una marcha más rápida al traspasar la salida del estacionamiento. El complejo de la Universidad Senju se alejaba a sus espaldas, entre la oscuridad que se acrecentaba junto a la distancia. Las luces dispersas del terreno se difuminaban al igual que las estrellas, hasta que estas fueron las únicas protagonistas en el horizonte de aquella carretera.

Permanecían en un silencio relativo, como si temieran disturbar la voz calma de la cantante. Ino veía a través de la ventana, las formas que venían, pasaban y se quedaban. Luchaba contra la urgencia de iniciar una plática, pero suponía que Naruto prefería lo contrario. No obstante, el momento, esa privacidad única junto al rubio, bastaba sin importar que otra chica ocupara sus pensamientos.

Recuerdo que íbamos en tu auto,

Tan rápido que me sentía ebria.

Las luces de la ciudad brillaban ante nosotros,

Y tu brazo se sentía bien sobre mi hombro.

No importaba nada, Ino recordaría esta noche con todos sus buenos y malos sucesos. Por ver a Naruto, bailar con él, ganar un nuevo amigo —o eso creía de Suigetsu—, y si tuviese que elegir un himno para este recuerdo, sería sin duda alguna la canción que escuchaba ahora.

Y tenía una sensación de pertenencia.

Tenía el presentimiento de que podría ser alguien.


¡Hola! Aquí de nuevo con un capítulo con encuentros interesantes. ¿Qué tal la llegada de Hinata? Con este termina esta fiesta y nos acercamos más al final (Faltan, si mis calculos son correctos, entr capítulos). Ahora, me tardaré para la siguiente actualización, puesto tengo ciertos enredos con lo que acontecerá luego de aquí, a parte mi motivación se ve disminuída porque sé que hay muchos lectores que no se hacen notar con comentarios. Vamos, son solo unos segundos, no mata dejar un review, y me gustaría saber sus opiniones.

Sin más que decir, gracias por leer y comentar.

Chao, chao.