Muchas gracias por los últimos reviews que he recibido, me alegra que os hayan gustado los últimos capítulos. Intentaré publicar lo más rápido posible. Muchas gracias por leerme. Besos.
Disclaimer: Glee no me pertenece, de lo contrario esta canción habría sido una de las primeras en ser representadas. Hanson rules!
Capítulo 14:If Only
Cuando finalmente Mercedes llegó al salón de ensayos, el único sitio que quedaba libre estaba en la esquina izquierda, en la fila de abajo, al lado de Rachel Berry.
Al parecer, llegaba tarde a todas partes ese día. Pero que culpa tenía ella, si su profesor de biología se había empeñado en retrasarla, ¡los mismos minutos que ella se había retrasado en llegar a su clase!
La clase había empezado sin ella, por supuesto. Se sentó al lado de Rachel, mientras se disculpaba con el Señor Schue, y Rachel le sonrió, poniéndola al día de lo que él les había explicado hasta el momento.
Vio como Sam estaba sentado en la fila de arriba, justamente en la esquina opuesta. Siempre lejos de ella.
—Bueno Sam, ahora que sabemos que han castigado a Puck por faltar a clase, ya estamos todos, ¿qué era lo que nos querías cantar?
Sam se apresuró a bajar las escaleras, colocándose al lado del Señor Schue.
—¿Es otra canción de Justin Bieber? —Preguntó el profesor con cara de pánico.
—Las canciones de Justin Bieber no representan cómo me siento en este momento señor Schue —respondió, convencido.
—Oh, ¡que pena! ¡Estaba lista para un momento "Bieberlicioso"! —Saltó Santana, interrumpiéndolo.
Sam la miró de reojo.
—¿Entonces que nos vas a cantar? —Le insistió el profesor.
—"If Only" de los Hanson.
—¡Adoro esa canción! —Chilló Artie, dejándose llevar por la emoción.
Quinn, que se había sentado a su lado, le miraba sonriente.
—Esta canción —empezó a hablar Sam—, representa cóomo me siento ahora mismo y cómo me llevo sintiendo desde hace mucho tiempo. Esta dedicada a una persona muy especial para mí. A veces, no puedo expresar con palabras mis sentimientos, no soy bueno en eso. Y alguien me dijo una vez que cantar, era la mejor manera de expresarlos. Cantar, es la manera que tengo de decirle lo que significa para mi. Yo, la canto para ella.
Mercedes le miraba enamorada, sabiendo que él quería citar su nombre, pero respetaba su decisión de seguir manteniéndolo oculto. Sus ojos buscaron la mirada amistosa de Quinn, quién le sonreía, como le había sonreído la noche anterior. Le miró a él, notando como trataba de no mirarla.
La música empezó a sonar y con ella, Sam empezó a cantar.
Well every single time I see you I start to feel this way
It makes me wonder if I am ever gonna feel this way again.
There's a picture
tearin
in the back of my head
I see it over and over
I wanna hold you and love you
In my arms and then
I wanna need you
cuz I need to be with you till the end
Then I hear myself reply "You've got to hold it in" this time tonight
If only I had the guts to feel this way, if only you'd look at me and
want to stay, if only I could take you in my arms and say, I won't go cuz I
need you
Sit here waiting, wondering, hoping that I'll make this right
Cuz all I think about is your hands, your face and all these lonely nights
There's a feeling screaming in the back of my head
Saying it over and over
I wanna hold you and love you
In my arms and then
I wanna need you
cuz I need to be with you till the end
Then I hear myself reply "She'll never let you in" this time tonight
If only I had the guts to feel this way, if only you'd look at me and wanna
stay, if only I could take you in my arms and say, I won't go cuz I need you
I wanna hear you say it'll always be this way
And we'll be hand in hand for everynight and everyday
I wanna scream and shout cuz rules are never doubt
And all I care about is you and me and us and now
If only I had the guts to feel this way, if only you'd look at me and wanna
stay, if only I could take you in my arms and say, I won't go cuz I need you
Please don't go cause I need you now
Yeah. Cuz I need you
If only, yeah cuz I need you now
If only cuz I need you, I need you
If only , cuz I need you
If only cuz I need you
If only, yeah, if only...I need you now...yeah
Pero la miró, no fue capaz de dejar de hacerlo, porque en el fondo, no le importaba que lo descubriesen. Él quería que ella supiese lo que significaba para él, cantarle esa canción sin mirarla era imposible, menos aún si ese día llevaba esa camiseta negra y esos pantalones que le sentaban tan bien.
Terminó la canción con una sensación de bienestar que no le cabía en el pecho. Ahora, todos sabían que él estaba enamorado.
—¡Ya está bien! —Oyó gritar a Finn—. ¡Deja de mirarla!
—¿Qué? —Preguntó Sam extrañado, pero Finn ya se había levantado de su asiento, empujándolo con fuerza hacia atrás.
—Rachel es mía, ¿entiendes? Métetelo en la enorme cabeza que tienes.
—¡¿Qué dices?! —Sam alucinaba.
—¿Crees que no sabemos lo que haces? —Dijo Finn, señalándole con el dedo—. Ayer lo intentaste con Mercedes y hoy pretendes robarme a Rachel.
—¡Nadie quiere robarte a tu novia! ¡Estás paranoico!
—¡Mientes! ¡Vi cómo la mirabas mientras le cantabas! —Le acusó, señalando sus ojos—. ¡Eres un destrozaparejas!
—¡Mira quién fue hablar!
Finn, al oírle, arremetió contra Sam, empujándole de nuevo.
—¡Finn!
—¡Déjame Rachel! No dejaré que se acerque a ti —pero no había sido Rachel la que había hablado, sino Mercedes.
—¡Finn, para! —Gritó ella haciendo que él se diese cuenta que no era su novia la que hablaba.
Rachel se levantó poniéndose detrás de Finn.
—¿Por qué le defiendes Mercedes? ¡Te quiere separar de Steve! —Gritó Finn, desesperado.
—¡Él es Steve! ¡Por el amor de Dios! —Gritó Mercedes, harta—. ¡Yo estoy con Sam!
—¡No es cierto! ¡Harías cualquier cosa por defenderle! Hasta inventarte este cuento, ¡te has encaprichado de él! —dijo Finn, señalándole.
—Como me pasa con todos, ¿verdad? ¡Ellos me "hablan" y yo caigo como tonta! —dijo, recalcando su palabra con los dedos.
Sam le agarró la mano apretándosela fuertemente.
Y Santana estalló en risas. ¡Aquello era demasiado bueno!
—En tu cabeza no es posible que nosotros estemos juntos, ¿verdad? Dices que soy especial para ti, pero no lo bastante buena para nadie más.
—Mercedes... —Finn se acercaba a ella, intentando hacerla entrar en razón.
—¡Ni se te ocurra tocarla! —le advirtió Sam, poniéndose delante de ella.
—¡Cuidado Finn! Trouty Mouth está muy cabreado —habló Santana.
—Vuelve a llamarle así, y lo próximo que verás será mi puño en tu cara, Santana López —le aseguró Mercedes.
—Chicos —trató de llamar la atención el Señor Schue.
—¡Bravo! —Aplaudió Santana—. ¡Esto es estupendo! ¡Lucy! ¿Tú no vas a decir nada? —Se inclinó para preguntarle a Quinn.
—¡Cierra el pico Satán! —dijo una Quinn, enfurecida.
A su lado, un feliz Artie, sonreía al oír su comentario.
Sam y Mercedes volvieron a agarrarse de la mano, separándose de Finn sin dejar de mirarle.
—¡Lo sabía, lo sabía! —gritó Kurt, aplaudiendo.
Tina se recostó sobre el hombro de Mike, rompiendo a llorar.
—Soy tan feliz, Mike...
Quinn y Artie les miraban y se miraban ellos, sonriéndose el uno al otro, aliviados de que lo que ambos compartían ya no fuese un secreto.
—Yo también lo sabía —se sumó a la conversación Brittany.
—¿Cómo? ¿Tú lo sabías? ¿Y por qué no me lo dijiste? —Le reprochó Santana.
Brittany se encogió de hombros.
—Ayer, en la fiesta de Mike, se estaban enrollando en el baño.
—¿En el baño? ¿Enrollándose? —Preguntó Lauren—. Espera... ¿Qué quieres decir con enrollándose? —Consciente de que lo más probable era que Brittany no supiese siquiera de que estaba hablando.
—¿Enrollarse? —Se quedó pensando por un segundo—. Tener sexo —dijo tranquilamente.
Rachel abrió los ojos como platos.
—¡¿Lo habéis hecho en mi baño?! —Sus labios se contrajeron en una mueca de asco—. ¡Tendré que desinfectar a conciencia! ¡Ya nunca podré mirar ese baño de la misma forma! ¡No me puedo creer que lo hayáis hecho en mi baño!
Sam y Mercedes no sabían donde meterse, notaban como a cada minuto se hacían más y más pequeños.
—¡Todo eso es culpa del alcohol! —Gritó Finn—. ¡Alguien le echó alcohol al ponche!
Todos miraron a Santana cuestionándola.
—¿Por qué me miráis a mí, perdedores? ¡Yo no lo he hecho!
—¡Mientes! —Chilló Quinn—. Nadie tendría más razones que tú para hacerlo.
—¿Qué razones Lucy? —Preguntó la latina, burlona.
—No me llames así, ¡no te lo permito! —Gritó Quinn, casi levantándose de la silla. Sin embargo, Artie la agarró consiguiendo que no lo hiciese—. Tu principal razón fue reírte de nosotros ¡con tu estúpido jueguecito!
—Te recuerdo que no fui yo la única que lideraba ese estúpido juego, como tú lo llamas. Kurt también participó, de hecho, recuerdo perfectamente, que fue él quién te obligó a que besases a Artie. Sabemos que odiaste besarlo, Lucy, ¡no hace falta que nos lo reproches! ¡Tu reacción nos quedó demasiado clara!
—¡Vomité por el ponche Santana! ¡No porque tuviese que besar a Artie! —Dijo, ahora sí levantándose—. Y no te dejaré que cambies de tema, ¡fuiste tú la que puso el alcohol en el ponche!
—Yo no fui —dijo Santana, mientras Artie hacía que Quinn volviese a sentarse—. ¡Aquí la que tenía razones de peso para hacerlo era ella! —exclamó, señalando a Mercedes—. ¡Quería cazar a Sam! Ella fue quién puso el alcohol en el ponche. Trouty Mouth está demasiado vulnerable desde que es un sin techo. Aretha aprovechó para engatusarle y llevárselo a la cama, o al baño más bien, con ayuda del alcohol.
Sam ya había escuchado suficiente.
—¡¿Quieres dejar de decir tonterías? ¡Ella no me engatusó! ¡Yo la engatusé a ella! —Sam notó como todos le miraban extrañados—. Bueno, ¡Yo la enamoré! Nos enamoramos, no fue ayer, ni la semana pasada, ¡ni siquiera el mes pasado! ¡Mercedes y yo, llevamos juntos desde antes de los Nacionales! —Ya estaba, ya lo había soltado. Una sensación de alivio recorrió todo su cuerpo—. Solo os diré una cosa, ¡y escuchadla bien! No voy a separarme de ella, así que quién no lo soporte, que se aguante y mire para otro lado —dijo el rubio, enfadado, a la vez que sentía la mano de Mercedes apretando la suya con fuerza, aceptando todo lo que él había dicho.
Santana intentó decir algo pero el señor Schue no la dejó.
—Estoy muy decepcionado con vosotros. ¿Empujones? ¿Rumores? ¿Alcohol? ¿Irresponsabilidades? ¿Secretos? ¿Mentiras? —El profesor les miraba, incrédulo—. La señorita Pillsbury me dijo que debía dejaros sacar lo que teníais dentro cuando os daban estos arrebatos. Pero esto es demasiado para mí. No quiero volver a oír nada así en lo que queda de curso. ¡Nada! ¡¿Entendido? Iréis a hablar con ella, uno por uno. Le contaréis lo que ha pasado y como habéis llegado a esto. Tendréis una reunión por semana con ella. ¿Estamos? Esto no volverá a suceder. Sam, Mercedes, Finn, Rachel, regresad a vuestros sitios.
El señor Schue esperó a que los chicos lo hiciesen para seguir hablando.
—Queda cancelada la competición de duetos, mañana retomaremos nuestras clases normales.
—¿Por qué? —Protestó Kurt.
—¿Hace falta que responda a eso, Kurt?
—No es justo, señor Schue. Finn y yo íbamos a ganar la competición con el número musical...
Santana la interrumpió.
—Cállate Hobbit. Todos sabemos que aquí las que íbamos a ganar la competición, éramos Brittany y yo —dijo Santana, agarrando a su novia por el dedo meñique.
Quinn y Artie se miraron, encogiéndose de hombros, tratando de no darle importancia al hecho de que ya no fuesen a cantar juntos. Sin embargo, muy dentro de ellos, sentían que habían perdido la oportunidad de lograr salir adelante.
Un silencio incómodo reinó entre todos los miembros del club Glee. Durante los veinte minutos que quedaban de clase, trataron de no mirarse los unos a los otros, permaneciendo, en todo momento, pendientes de lo que el señor Schue les decía.
—Bien, esto ha sido todo, mañana más y mejor. No me decepcionéis más chicos, por favor —dijo, dándose la vuelta para recoger sus cosas.
Kurt esperó a que el profesor se hubiese ido para inclinarse hacia Finn.
—Sabes que eres mi hermano y que odio la violencia, pero darte una colleja sería muy poco castigo para ti, así que te voy a regalar mi silencio, Finn. Hasta que madures, olvídate de mí.
Blaine asintió ante el comentario de su novio y ambos se dispusieron a recoger sus cosas y salir de clase. Más tarde podrían hablar con Mercedes, ese no era el momento de hacerlo. Por ahora se tendría que contentar con darle un beso de cariño, antes de salir del salón de ensayos.
Mike chocó la mano de Sam antes de marcharse.
—¡Bien hecho, tío! ¡Ven aquí! —dijo, abrazándole.
—¡Ahora ya podré pediros citas dobles! —El chico le guiñó un ojo, feliz.
Y Sam le sonrió como respuesta.
Mike y Tina se agarraron de la mano y bajaron las escaleras, deteniéndose donde Mercedes se encontraba.
Tina la abrazó y Mercedes la apretó contra sí.
—Estoy feliz, Mercy. Ahora soy totalmente feliz.
—No llores Tina —le rogó ella.
—No lo haré, no lo haré —dijo, apretándola más fuertemente.
Pero la chica ya había empezado a llorar de nuevo.
Mike la separó, apoyándola en su pecho, y guiñándole un ojo a Mercedes.
—¿Le cuidarás bien? —Le preguntó.
Ella asintió con la cabeza.
—No creo que exista mejor persona para hacerlo, Mercedes —se sinceró el chico.
Ella le sonrió, feliz. Mike era especial, uno entre un millón.
Mercedes vio cómo la pareja se marchaba de clase, apoyados el uno en el otro.
Lauren también se había propuesto felicitarlos, o algo parecido a ello.
—¡Ahora sabes lo que es una mujer de verdad, Evans! —dijo ella, chocándole la mano.
Él le sonrió, devolviéndole el choque.
Santana la miró de arriba abajo.
—¿Qué quisiste decir con eso? —preguntó.
—¡Nada! —respondió Lauren, guiñándole un ojo a Sam, y bajando hacia Mercedes—. Como su representante, señorita Jones, le doy la enhorabuena por tener tan buen gusto —acto seguido, salió por la puerta.
Mercedes la vio marchar, divertida. Le encantaba Zizes.
Finn, mientras tanto, hablaba con Rachel al lado del piano.
—Mi hermano me ha dejado de hablar —se lamentó.
—Y yo dejaré de hacerlo también si no dejas de decir estupideces.
—¡Yo creí que él iba detrás de ti!
—Entiendo que te hayas puesto celoso, Finn, pero no entiendo porqué tuviste que decirle todas esas cosas a Mercedes. Fueron de muy mal gusto.
—Lo sé, Rachel y lo siento.
—A mí no me tienes que pedir perdón, es a ellos a quién debes pedírselo.
—Lo haré... Solo que ahora mismo, no creo que pueda.
—Finn, estoy empezando a pensar que sientes celos de él verdaderamente, y no es por mí.
—¡No es cierto!
—¡Sí lo es! Hasta que no te aclares no vuelvas a buscarme —le advirtió Rachel, apresurándose a recoger sus cosas.
Finn miró por última vez a Mercedes antes de correr fuera de clase, en busca de su novia.
Y Sam bajó por fin las escaleras, al mismo tiempo que Santana aprovechaba para pasar por su lado, empujándolr hacia delante, tratando de hacer que cayese.
—¡Trouty Mouth, mira por donde vas! —dijo ella, apresurándose a salir de clase, sin esperar a su novia.
—¿Qué le pasa? —Preguntó Quinn—. ¿Está loca?
—Está enfadada, eso es todo —le respondió Brittany.
—¿Y tiene algún motivo? —quiso saber Sam.
—Nadie la entiende y nadie la aprecia.
—¿Y eso es nuestra culpa Brittany? —Mercedes se unió a la conversación.
—No hacéis nada por remediarlo. Yo la quiero y no quiero que habléis mal de ella —dijo, marchándose y dejándoles solos.
Artie la vio marcharse, recordando aquellas últimas palabras.
"Yo la quiero".
Ella la quería y era recíproco, entonces, ¿por qué Santana se empeñaba en hacerles la vida imposible a los demás ahora que ya tenía a Brittany? ¿Por qué no los dejaba en paz? ¿Por qué no les dejaba seguir adelante con sus vidas? Sobretodo a él, que necesitaba tanto alejarse de ella, olvidarse de Brittany.
Giró su silla en dirección a donde Sam y Mercedes se encontraban, haciéndola rodar hacia ellos.
—¡Nos habéis engañado! ¡No me lo puedo creer! —dijo el chico tratando de disimular que nada sabía del asunto. Ellos no tenían porqué saber que Quinn se lo había contado todo.
—Lo siento Artie, supusimos que no os importaría y ... —Mercedes trató de disculparse.
—¡Que es broma! —Rió—. Por supuesto que no me importa. ¿Por qué me habría de importar? ¡No es como si me hubieseis obligado a cantar con Santana! —Rió, divertido.
—De todas formas, de nada sirvió, todos nos quedamos sin dueto. Pero gracias Artie por dejarnos cantar juntos, y gracias a ti también Quinn —les dijo Sam.
Quinn se dio la vuelta, apresurándose a recoger sus cosas.
—Sí, bueno, de nada. Tengo que irme —la oyeron decir, saliendo rápidamente por la puerta.
¡Le habían obligado a que cantase con ella!
En el fondo, ella sabía que había sido así, que no había salido de él, pero... ¡Oírlo de su boca! ¡La había comparado con Santana! Le dolía el pecho, quería salir de allí. Quería correr y correr hasta olvidarse de todo y de todos. Había confiado en él, había creido que de verdad quería cantar con ella pero en el fondo, todo el tiempo se había sentido obligado a hacerlo.
Quinn sintió como su corazón se partía en mil pedazos, comprendiendo que ya nada volvería a ser lo mismo.
En el salón del Club Glee, Artie chocaba su mano derecha con la de Sam.
—Cuídala bien, ¡te llevas una joya!
—Lo sé, no es la primera vez que me lo dices.
—Cierto —rió el chico, feliz—. Bueno, yo también me voy parejita... ¡Adiós!
—Adiós Artie —le respondieron ellos.
—Lo siento, Mercy —dijo Sam en cuánto ambos se quedaron solos—. Si no hubiese cantado la canción, nadie se habría enterado de lo nuestro —se lamentó.
—Entonces me alegro de que la hayas cantado, Sam —le respondió, dándole un beso en la mejilla.
—Pero tú querías esperar, no querías decírselo a nadie más y yo metí la pata, como hago siempre, y...
La chica le tapó la boca con su mano, impidiendo así que él siguiese hablando. Se puso de puntillas agarrándole del cuello, y sus labios se buscaron, bailando. Sus lenguas se encontraron, jugando la una con la otra. Él la pegó más contra él, ayudándola a aguantar el equilibrio.
—Te quiero —le dijo ella al separarse—. Gracias por defenderme.
Él le mostró su sonrisa. Esa sonrisa que hacía que perdiese por completo el sentido.
—¿Es mi trabajo, no? —Preguntó él—. Es lo que hacen los novios.
—"Es oficial" —dijo ella.
—¿Qué es oficial? —le preguntó él.
—¡Que estamos saliendo! —Chilló Mercedes.
—¡Ah no! No hasta que nos mostremos delante de toda la gente.
—Sí —dijo, casi asustada.
—¿Tienes miedo? —Le preguntó el chico, besándole la palma de la mano.
—Un poco... Bastante —ambos sonrieron.
—¿Me acompañas al entrenamiento? Me gustaría verte en las gradas mientras juego.
—No puedo, el señor Fall me ha puesto un trabajo como castigo por haber llegado tarde a su clase. Tengo que ir a la biblioteca a documentarme, pero te acompaño hasta allí y luego vuelvo.
—¡Hecho! ¿De qué es el trabajo?
—"La reproducción sexual humana" —respondió la chica, avergonzada.
Sam se murió de la risa.
—¿Justo ese? —Preguntó, divertido.
—Ese mismito.
—¡Bueno! Espero que lo pases bien documentándote entonces. Por cierto, ¿por qué llegaste tarde a biología?
Mercedes se quedó en blanco durante un segundo.
—¡Es que había una comida tan rica en el almuerzo, que no sabía por cuál decidirme!
¿Por qué no le había nombrado a Puck? ¿Por qué no le había dicho que había hablado con él?
Sam se rió, dándole un beso en la mejilla.
—¿Una decisión difícil, eh?
Su novia asintió con la cabeza.
—¿Vamos? — le propuso, buscando su mochila y agarrándole los libros.
—Puedo llevarlos yo.
—Esto es lo que hace un novio, Mercy —le discutió él.
Con los libros en un brazo y su mano derecha agarrando la de ella, salieron finalmente de clase.
Habían tardado tanto en salir del salón de ensayos, que los pasillos del McKinley estaban completamente vacíos.
Creyeron que la gente se les quedaría mirando viéndoles agarrados de la mano, pero no había nadie que les mirase.
Sam estaba feliz, nunca había creído poder pasear de la mano con su novia por los pasillos del instituto.
Mercedes sentía lo mismo, para ella era algo nuevo, algo demasiado bueno. Salieron al campo de juego, recibiendo en sus ojos la luz del sol. Una nueva vida comenzaba para ellos.
Los que allí estaban presentes, se giraron a verlos, cuchicheando entre sí.
Sam se dio prisa en despedirse de ella con un beso en su mejilla. Ella agarró sus libros y los dejó sobre las gradas, besándolo así en los labios. Mostrándole a todo el mundo, lo que sentían.
—Luego vendré a por ti, ¿vale? —le susurró sobre sus labios.
—Cuarenta y cinco minutos —dijo él, besándola de nuevo.
—Sí, me voy ya. Vete a cambiarte —le pidió ella.
—Voy —dijo él, dándole un último beso rápido en los labios—. ¡Cuarenta y cinco minutos! —Gritó el chico de camino a los vestuarios.
Mercedes le sonrió por última vez, antes de que entrase en ellos.
—Cuarenta y cinco minutos —susurró Mercedes—, toda una eternidad.
Se dirigió hacia la biblioteca, intentando centrar su mente en lo único importante en ese momento, el bendito trabajo del señor Brad Fall.
Los cuarenta y cinco minutos pasaban lentamente. El trabajo no era divertido, era aburridísimo.
Afortunadamente, media hora después de haberse sentado en la mesa de la biblioteca, había anotado toda la información que necesitaba. Aunque también se llevaría unos libros a casa para completar la tarea. Si no se hubiese detenido a hablar con Puck, no habría llegado tarde y el señor Fall no le habría puesto ningún trabajo como castigo.
Todavía le quedaban diez minutos más o menos, para pasar por su taquilla. Así que corrió por el pasillo, deteniéndose enfrente de la suya, sacando su mochila y metiendo en ella los libros de la biblioteca. Se la puso a la espalda e intentó no correr hacia los vestuarios, pero ya llegaba tarde, otra vez.
Sam todavía no había salido cuando ella llegó. Apoyó su mochila en el banco de enfrente de los vestuarios y se sentó a esperarle.
Azimio y Anthony salieron de allí, seguidos por Finn. Él la miró, sin decir nada y siguió su camino.
Sam se estaba retrasando, o quizás ya estuviese fuera esperándola, pero no creía haberle visto.
Todos los jugadores que habían tenido entrenamiento ya se habían marchado.
La puerta se abrió finalmente, revelando a un Sam Evans recién duchado, con el pelo mojado y la ropa limpia.
—¡Hola! —dijo Mercedes, abriendo los ojos como platos.
Él no le devolvió el saludo, dejó su mochila en el suelo y buscó sus labios, apresurado.
—¡Cuarenta y cinco minutos ha sido mucho tiempo! —le explicó, casi sin aliento.
—¡Por lo menos no tuviste que hacer un trabajo mientras tanto!
—¡Perdona! He tenido que hacer cincuenta flexiones y me han placado cuatro veces, a cada cuál peor. ¿Te recuerdo que todavía estoy convaleciente?
Ella se preocupó de verdad.
—¿Estás bien? ¿Todavía te duele? ¿Cómo lo soportaste?
—Estoy bien. Iba restando los minutos —dijo, encogiéndose de hombros.
—¿Nos vamos a casa? —Le preguntó ella.
Se disponían a recoger sus cosas cuando de pronto, Azimio y Anthony aparecieron delante de ellos con sendos vasos de granizado en sus manos.
No les dio tiempo a reaccionar, tan pronto como dijeron: —¡Probad el nuevo sabor de granizado, perdedores!—, se los echaron encima.
Sam volvió a recibirlo en su cara, escociéndole los ojos, mientras Mercedes por el contrario lo recibía en la camiseta que llevaba puesta.
—¡¿Por qué lo hacéis?! —les gritó— ¿Por qué? —Se giró hacia Anthony—. Entiendo porqué lo ha hecho Azimio, pero, ¿por qué tú?
—Nuestras mujeres no deben salir con blancos, Mercedes, métetelo en la cabeza.
—¡Joder! —Gritó Sam—. No veo nada, Mercy, esto me pica demasiado en los ojos.
—¿Qué pasa aquí? —dijo Puck saliendo de los vestuarios, viendo rápidamente de qué iba la escena—. ¿Por qué no os metéis esos vasos por el culo, Azimio? ¡Largaos de aquí!
Pero Azimio y Anthony tardaron en irse.
—Recuerda lo que te he dicho, Mercedes —le advirtió Anthony.
—¡Mercy, no veo nada! —Se quejó Sam.
—Ayúdame a llevarle dentro, Puck —le pidió la chica, desesperada—. Ven, Sam, agárrame la mano —le dijo su novia al oído.
Puck la ayudó a llevarle adentro.
—¡Joder! ¡Es de Kiwi! ¡Soy alérgico al Kiwi! —Se lamentó.
—Tranquilo, estamos aquí contigo, ¿vale? Ahora te ayudamos a sacártelo —le calmó Mercedes, sentándole en un banco y sacándole la camiseta, tirándola al suelo.
A Puck le extrañó lo desenvuelta que se veía Mercedes con él. Era como si... como si no tuviese vergüenza alguna.
—¡¿Qué haces Mercedes? —Gritó el chico, al ver cómo ella abría el botón de los pantalones del rubio y comenzaba a bajárselos.
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