Hola, la verdad es que hoy no tengo mucho que decir. Solo quería dedicar el capítulo.

Se lo dedico a la maravillosa personita Yami Toshiki por su mp sobre esta historia que me hizo reír y también me emocionó. Muchas gracias por tu interés y por demostrar que te gusta este locura mía. Este capítulo es para ti. Te contesté al mp pero no se si lo viste.

Ni Harry Potter ni Sebastian me pertenecen, solo los uso para sacar a relucir mi mente perturbada y mis deseos de finales alternos para los libros que amo, que pocas veces acaban como me gustaría.

CAPÍTULO 14: La Torre de Astronomía

Cuando Severus abrió los ojos la luz entraba por la ventana de la enfermería. Parpadeó un par de veces,tratando de acostumbrar sus ojos, antes de mirar a Remus. Estaba leyendo un libro en silencio, sentado en el mismo sillón de la noche anterior. El cabello castaño caía sobre sus ojos y lo apartaba con un soplido de vez en cuando. Amaba ese gesto suyo. Su rostro estaba en calma y eso le hizo sonreír, si le hubiera visto con ese rictus de dolor como el que vislumbró antes de que le secuestrasen no sabría como se habría sentido. Pero estaba más tranquilo de lo que le había visto en meses... Supuso que debía haber hablado con el mocoso Potter, pues no estaba así de tranquilo y relajado desde que tuvo que ocultarle al muchacho su relación.

-¿Una novela romántica Remus? -murmuró con una sonrisa débil. Sabía cuan sensible podía ponerse con esa clase de libros y solía meterse con él por ello para hacerle poner pucheros.

En el momento que la voz del pocionista llenó la enfermería el libro cayó al suelo, sobresaltando al mismo. Los brazos de Remus le rodearon, entre sollozos. Sonriendo tras el susto estrechó al lobo contra su pecho, besando su cabello castaño. No le importó el dolor de aquella acción, solo quería tenerle todo lo cerca que pudiera y dejarlo ir jamás. Acarició su espalda en círculos, intentando calmarlo. No le gustaba verlo llorar.

-Shh... estoy bien, estoy bien Rems... tranquilo.

-E-estaba p... preocupado... yo... Creía que te había perdido para siempre...

-Shh... tranquilo, deja de llorar. Estoy aquí, estoy a salvo.

Tomó su rostro, alzándolo para besarle suavemente, mirando esos ojos dorados de los que un día se había descubierto enamorado. Había pensado que no volvería a verlos... que no volvería a besar aquellos labios ni a oler su delicioso aroma a bosque y chocolate... Suspiró lentamente antes de besarle la nariz. Remus se había convertido en su puerto seguro, al que podía ir siempre que necesitase calma. Desde el momento en que se dio cuenta de lo que sentía por él le había amado con sus gestos, demostrándole sin palabras que lo amaba. Pero el pensar que podría haber muerto sin decirlo claramente lo había atormentado durante todos los segundos de su tortura.

-Te amo. -fue claro y directo, como era él mismo. Pero estaba cargado de todos los sentimientos que Remus le hacía sentir.

Al escucharlo los ojos dorados se llenaron de lágrimas. Severus no era un hombre de palabras románticas... Y aunque le había demostrado una y mil veces que lo amaba las palabras nunca habían abandonado sus labios. Lo había aceptado en el momento en el que devolvió sus besos y se perdió en sus caricias. Le conocía y sabía que no era un hombre de hablar de sentimientos. Así que sabía sin lugar a dudas de que si decía aquello era porque lo sentía con toda el alma.

-Te amo Severus.

HP&SM

Un suspiro leve dejo los labios de Harry. Su mirada perdida hacia los terrenos de Hogwarts. Pronto se cubrirían de nieve, haciéndolo aun más hermoso. Hedwig se perdería de la vista, camuflada en la blancura invernal, el bosque prohibido se volvería extrañamente silencioso al hibernar muchas de sus criaturas y los alumnos pasarían horas frente al fuego. Le gustaba mucho el inverno.

Había subido hasta la torre de astronomía para pensar. Tanto Sebastian como él estaban ansiosos por algo de sangre. Sangre enemiga... Ambos estaban hartos de la tranquilidad y el golpe dado por Voldemort a la escuela les había hecho hervir la sangre. A él por su deseo de venganza, a su demonio por el simple deseo de sangre.

A veces, en las noches, cuando no podía dormir, pensaba en Sirius. Se preguntaba en lo que él pensaría de toco aquello. ¿Se sentía decepcionado por sus decisiones? ¿Quizás le odiaría por haberse vuelto tan oscuro? No lo sabía, pero en el fondo tampoco le importaba. Sirius ya no estaba y aquella era la razón principal de todo aquello. Pero además, también, en lo más profundo, culpaba a su propio padrino. Si se hubiera quedado en la casa como le habían dicho... Si no hubiera enfrentado a Bellatrix de aquella forma arriesgada y estúpida. Aunque lo amara y lo echara terriblemente de menos no podía evitar no culparlo por haberle dejado solo.

Sintió la presencia de su sirviente a su espalda y se giró, borrando aquellos pensamientos de su mente. Le recorrió el cuerpo con la mirada, lentamente. Se relamió, consiguiendo una sonrisa divertida de parte del demonio. Debía admitir que era un hombre -o al menos parecía un hombre- muy atractivo. Había algo en él... una especie de magnetismo que te atraía como una polilla a una bombilla. Y como toda polilla estúpida sabía que acabaría ardiendo, pero ya era demasiado tarde para volver atrás. Como Ícaro, vería sus alas falsas arder y descendería en una caída interminable hacia su muerte.

-¿Amo?-susurró con su voz baja y sensual, sacándolo de nuevo de sus funestos pensamientos.

-Esta noche Sebastian... quiero que traigas hasta esta torre a Colagusano... -se acercó hasta quedar justo delante de él, apenas a unos centímetros. Había pensado en aquella rata durante la última noche. Peter era probablemente al que más ganas tenía de matar. Quería hacerle sufrir. Quería que gritara en agonía antes de morir-. Esta noche... la sangre cubrirá nuestras manos.

-¿Las suyas también, my lord?-una de sus manos enguantadas recorrió la mejilla del contratista.

-Ese hijo de puta sentirá mis manos arrancándole el corazón... Jamás podría perdonarle la vida. Voldemort mató a mis padres, pero estaban en una guerra en bandos contrarios y era luchar o morir. Aunque le odie a muerte puedo entender eso. Pero esa sucia sabandija era su amigo y los traicionó. Los vendió al enemigo como la rata que es... Y me aseguraré de que muera como una.

Sebastian sonrió ante el aura oscura de su señor. Gruñó con deseo y le empujó suavemente hasta la pared, acorralándole con su cuerpo, devorando sus labios. Sabía que se extralimitaba y que si el menor quisiera podría apartarle y castigarle por su atrevimiento, pero no podía controlar el deseo por aquel niño tan oscuro y que al mismo tiempo guardaba una chispa de luz en su interior.

Harry también gruñó, agarrando los cabellos negros y suaves para atraerle hacia él. Sus cuerpos se pegaron, rozándose, frotándose uno contra el otro. Los jadeos del menor conseguían provocar al demonio como pocas cosas lo habían logrado en todos sus años por el mundo. Con un rugido casi de animal dejó sus labios y se apoderó de su cuello, mordiendo y lamiendo. Harry gimió, moviendo sus caderas contra las contrarían mientras sonidos eróticos y prohibidos salían de sus labios. Los pantalones del menor cayeron al suelo junto con la ropa interior y jadeando susurró al oído del demonio.

-De rodillas.

La voz jadeante pero autoritaria puso al demonio a mil. Se arrodillo al instante, cumpliendo lar ordenes de su pequeño Lord de las Sombras y con su lengua recorrió lentamente aquel miembro caliente y húmedo. Con los dientes mordisqueó el glande, tirando un poco antes de meterlo completo en su boca, succionando lentamente. El gemido de Harry recorrió la torre de astronomía, se sentía a punto de explotar. La boca de Sebastian era caliente y húmeda, su lengua malditamente pecaminosa. Movió las caderas contra su boca, soltando un último grito y agarrándose a los negros y suaves cabellos al venirse. Sebastian tragó lentamente, disfrutando hasta la última gota del néctar de la lujuria.

Jadeando Harry tiró al demonio al suelo, sentándose en su vientre y besándolo con ganas. Con sus manos ansiosas desabrochó el pantalón y recorrió la extensión de su miembro. Hizo lo que le gustaba a él, tratando de ser lo más hábil posible. Los jadeos y gruñidos de Sebastian le ayudaban a descubrir como le gustaba más y que cosas le llevaban al límite. Cuando le sintió estremecerse bajo su cuerpo aumentó la velocidad y disfrutó de ver como terminaba, jadeando como cualquier humano.

Escucho la carcajada suave del mayor antes de que le cogiera la mano y la limpiase con la lengua.

-Mmm, semen y sangre... mi combinación favorita-gruñó con satisfacción.

La carcajada del chico lleno la torre, junto con la sonrisa del demonio.

HP&SM

La noche era terriblemente oscura y entre las paredes de la Fortaleza las sombras parecían tener vida propia. Peter estaba acurrucado en el suelo de la sala, junto a la chimenea, tratando de mantener el calor. Su señor se había encerrado en sus habitaciones y los demás mortífagos ya se habían marchado. Era el único momento de paz que tenía. Medio adormilado por el calor de las llamas no fue consciente de la presencia a su espalda. Y cuando una mano le agarro por la nuca gimió, creyendo que era su amo, que iba a cruciarlo por su mal humor... pero cuando sintió el mareo propio de la Aparición supo que algo andaba verdaderamente mal. Con un grito descubrió horrorizado que estaba en la torre de astronomía de Hogwarts... y frente a él, el rostro del que fue uno de sus mejores amigos con los ojos de brillantes esmeraldas de la bella Lily Evans.

-Hola Peter -la sonrisa de Harry Potter le hizo estremecer de miedo ante el parecido con la que solía poner su amo cuando se preparaba para una sesión de tortura-, no sabes cuando nos alegramos de que estés con nosotros...

Temblando volvió la cara, encontrándose con unos ojos tan rojos como la sangre y una sonrisa sádica. Y el primer grito de la noche golpeo las barreras de silencio alrededor de aquella habitación.