Capítulo 14

Nuevo capítulo! Esta vez es de Emma y Thurinor ;) Espero les guste y ahora a leer y esperar un nuevo capítulo!

Perdón si en algún capitulo dimos algún dato sobre GoT, no fue con intención y ya pasaron bastantes años desde que eso pasó, pero nos disculpamos por el spoiler.

Gracias por los reviews. Por los favoritos y los seguidores!

Mi usuario de es: MaryKiddFangirl y tengo otro fanfic sobre Thranduil que está completo, si tienen tiempo, intenten leerlo

Saludos y buena suerte en lo que sea que estén haciendo.

Cuando pasé por la puerta quedé todavía más maravillada.

Parecía ser que el gran y espléndido jardín estaba en la cima del reino.

En el suelo había unos seis escalones que separaban el suelo de piedra del piso de césped.

Antes de hacer o decir algo, me saqué los zapatos de tela que tenía puestos y bajé esos escalones hasta que mis piernas tocaron el césped.

Se sentía tan bien al tacto. Había pequeñas flores blancas que parecían flotar sobre la hierba. Todo el jardín estaba limitado por paredes que parecían muy antiguas.

Había estatuas dentro o pegadas a las paredes.

También se veían arbustos, pinos y otros árboles.

Pero estaba segura que estas especies solo existían en la tierra media.

En el medio había un estanque y cuando me acerqué vi mi reflejo en el agua. No solo me vi a mi si no que me alegré al ver que allí hubiera peces de todos los colores y tamaños.

En las paredes había bancos y arbustos intercalados. Los bancos eran blanco mármol, del mismo material que las paredes.

El jardín era tan largo como lo eran diez calles largas en una ciudad. Se veían diferentes tipos de jardines, uno atrás del otro.

El que seguía al jardín de la entrada tenía un laberinto de arbustos bajos.

Eran arbustos de flor, no tenían ni una hoja verde. Combinaban los colores rojo, rosa y blanco.

No podía emitir palabra. Yo seguía adentrándome en los jardines y el elfo ya se había ido.

Mas pasmada me quedé cuando el segundo jardín terminaba y comenzaba el tercero. En el centro del mismo había una gran fuente y a su alrededor cuatro columnas de mármol.

Había una estatua en el medio de la fuente. Era diferente a las demás. No era un humano, ni un elfo. Era una mujer y tenía un aire angelical que me dejó sin aliento.

Unas plantas que parecían enredaderas acuáticas llegaban por sus piernas intercalándose y llegaban a las palmas de sus manos abiertas hacia el cielo. Cuando la enredadera terminaba había una pequeña flor, perecida a las margaritas, pero color violeta.

A mi alrededor había arboles de tamaño mediano, con muchos colores.

Empecé a girar en mi lugar para ver lo que había a mi alrededor, siempre me gustaba hacer eso.

De mis ojos empezaron a salir lágrimas de asombro y cariño por este lugar de ensueño.

Seguí caminado y llegué a un jardín en el cual, sus suelos eran todos de piedra color gris y blanco, con dibujos circulares.

Volvían a haber arbustos, pero delante mío tenía estanques de agua color verde y celeste. Y en los contornos había pequeñas plantas con flores de colores dorado y naranja.

Caminé por la orilla de uno de los estanques, mientras miraba hacia el cielo.

Este lugar era un milagro.

Sentí pasos que se aproximaban y apresuradamente me quité las lágrimas de las mejillas con el dorso de la mano.

Me giré hacia el lugar de donde provenían los pasos. Una cabellera plateada y larga bajaba a lo lejos, por los escalones de la entrada.

Era Thurinor.

Al principio no parecía haberme registrado. Pero luego me vio y se encaminó hacia mí.

Su cara estaba seria, a no ser por un fantasma de sonrisa en sus labios.

Yo comencé a deshacer mi camino y nos encontramos en la gran fuente.

Ninguno de los dos dijo nada y nos quedamos quietos mientras nos mirábamos mutuamente, luego de unos momentos, los dos miramos hacia la estatua de la fuente.

''La luz de los arboles

Llegaron a su fin

La ultima fruta dorada

La ultima flor de plata

El corazón de Kementari

Y también su poder

Tomo su armadura

Su espada y escudo.

Y allí lucho.

Después todos se han ido.

Todo parecía perdido.

Pero kementari se ha levantado

A costa de nuestro enemigo''

Recitó el elfo con voz de ensueño y sus ojos celestes hielo, mirando a la estatua.

-Yavanna.- aseguré yo.

Me había dado cuenta quien era la estatua de la fuente, gracias al poema del elfo.

El asintió con una sonrisa. Comenzó a acercarse a mí a pasos enormes, pues tenía piernas muy largas.

Pero se detuvo cuando vio mis ojos rojos por las lágrimas que había derramado al él recitar el poema a Yavanna.

Me miró preocupado.

-¿Sucedió algo? ¿No te gusta el jardín? ¿Te sientes mal? Si quieres llamo a Elwen.- habló a toda velocidad el elfo.

En su cara había miedo y duda.

-No, estoy bien.

-¿Entonces por qué las lágrimas?

Me daba vergüenza contestarle y para ello miré hacia los pinos que se veían en el próximo jardín.

-Es que este es el lugar más hermoso que vi en mi vida.

Estiré los brazos mientras giraba para demostrar mi motivo.

El elfo al verme girar una y otra vez, sonrió tanto que se le marcaron los pómulos rosados.

Cuando me detuve estaba un poco mareada, pero me reí al ver que el elfo me miraba con una ceja levantada.

-¿Vienes mucho aquí?

Se acercó más a mí, tanto que tenía que levantar mi cabeza para poder verlo a los ojos.

Y también sentía su perfume.

Era una combinación fresca y masculina.

Pino y césped recién cortado.

-Sí, vengo siempre que puedo.- me respondió con voz amable mientras miraba abajo hacia mí, con una tímida sonrisa.

-Entonces estás de acuerdo de que este lugar es maravilloso. Si yo fuera la dueña de este lugar nunca me iría de este jardín.

Mientras yo decía todo aquello me miró a los ojos y abrió la boca, sorprendido.

-Estoy de acuerdo- soltó en un respiro- al rey le gustaría hacer eso exactamente.

Dejó mis ojos y miró hacia los arboles atrás nuestro.

-Vengo siempre que el rey lo permite. Y me deja tiempo libre.

Yo seguía caminando ahora por la orilla del estanque.

-Tu rey es extraño, ¿porque no atender sus asuntos sentado en uno de esos bancos de piedra que hay en este jardín?

El elfo asintió con una mirada llena de humor.

-Es verdad. Pero es un buen rey, ¿sabes?

Negué lentamente con la cabeza mientras me acercaba a un banco que había a un costado, rodeado por arbustos color verde inglés.

-No sé qué pensar, me han dicho que el rey es bueno, pero no amable, justo- tome una flor que estaba en el suelo- pero no muy sociable. Como puede alguien gobernar si sus gobernados le tienen miedo.

El elfo seguía donde yo lo había dejado, pero ahora parecía mirar su propio reflejo en el agua del estanque.

-¿Miedo? Un rey gobierna a base de respeto.- me corrigió con vos dura.

Se dio la vuelta y camino hacia mí. Me miró de costado mientras sonreía. Su voz cambio cuando siguió hablando.

-Has hablado con muchas personas sobre el rey- ahora parecía entretenido.

Me sentí incomoda. Evité su mirada.

-Emmm… bueno ya sabes quería saber en el reino de quien me estaba metiendo.

Una mirada cuestionadora surcó sus rasgos.

-¿Realmente metiendo?

Mis ojos se abrieron de par en par, los de él brillaban con anticipación. No le podía decir la verdad.

''Bueno tu rey en mi planeta es un bastardo con pelo hermoso'' No, decir eso no era recomendable.

-Bueno ya sabes, se habla del rey elfo por toda la tierra media.- decidí aclarar yo. El asintió brevemente.

-Pues déjame decirte que el rey es un buen rey. Justo, amable, y preocupado siempre por el bienestar de su pueblo.

-¿Eso lo dices tú o el rey te ha puesto esas palabras en tu boca?

-Lo digo yo.- declaró con la voz dura otra vez.

-¿y qué es lo más importante para él?

Me miró a los ojos con asombro y curiosidad.

-Pues lo más importante para él es su pueblo.

-¿Los elfos silvanos?

-Sí, su raza.

Yo me reí tanto que sentí el olor del jardín en mi garganta.

-Creo que escuché que él era un elfo Sindar, y que también le interesan ciertos… objetos brillantes.

Sus ojos se abrieron de par en par con mis acusaciones. Seguí sonriendo.

-¿Cómo sabes tú eso?

Sus ojos color celeste brillaban con curiosidad fogosa. Había un fuego enorme en ellos.

Se acercó a mí y me tomo las manos, mientras se sentaba a mi lado.

-Solo lo sé, lo leí en algún lado tal vez.

Su agarre sobre mis manos cada vez era más fuerte.

-¿Qué más sabes sobre el rey?

Me comenzó a dar miedo.

-No muchas cosas, que es frío, que no le gustan los enanos, que le gustan las cosas que brillan.

Ya mis manos estaban apretadas entre las tuyas. El parecía no darse cuenta de esto.

-¡Ay! - Exclamé soltándome de su fuerte agarre.

El me dejó sacarlas, pues no se había dado cuenta del daño que me estaba haciendo.

-Lo siento si te hice daño.

-No pasa nada- lo miré con extrañeza.

Luego me levanté del asiento. Quería seguir caminando por el jardín y también quería alejarme del elfo que me hacía tener mariposas en el estómago cuando lo tenía cerca.

El próximo jardín comenzaba con un gran arco de piedra que parecía tener miles de años. Lo toqué con mis manos y estaba muy frío.

Me adentré y parecía que había entrado en la selva. Pero todo aguantado por unas finas columnas de hierro. Enredaderas iban y venían libremente con la intención de tomar algún rayo de sol que escapaba de la sombra de los altos árboles.

Me di cuenta de que una de ellas estaba alejada y en las sombras, no llegando a la luz, como sus otras hermanas.

Me acerqué y tomé una de las debilitadas ramitas. La sentí muy triste y sin esperanza, eso no me gustó. Todos deberíamos siempre tener esperanzas.

Mientras hay vida, hay esperanza.

Cuando estaba entre mis dedos le hablé.

-El sol siempre estará para ti, hermosa criatura- murmuré yo en lo que creía que era mi idioma.

De repente, de mis dedos salió una luz amarilla y sentí tanto calor que solté la ramita en un abrir y cerrar de ojos.

Se ve que grité por que el elfo que antes había estado muy tranquilo, luego salió corriendo preocupado hacia mí y me tomó las manos, puso mis palmas hacia el cielo.

-Podría haber jurado que vi fuego en tus manos.- murmuró distraído mientras me miraba las manos una y otra vez. Buscaba algo en cada centímetro de mi piel, con mirada asustada.

-Estoy bien- aseguré yo.

-¿Estas segura?- preguntó con voz tan suave como un algodón de azúcar.

Sus manos dejaron las mías y me tomó la cara luego con ellas.

Sus manos estaban tan suaves y cálidas que cerré los ojos por unos segundos y me sentí tan bien.

-Mírame, Emma.

Abrí lentamente los ojos y miré a las profundidades de los de él.

Eran tan hermosos, parecían tan tranquilos. Brillaban como miles de estrellas.

-Eres tan hermosa- mi boca se abrió con asombro cuando de sus labios escapaban esas palabras. Parecían una caricia.

De mi espalda viajó un espasmo.

Nuestros cuerpos se fueron acercando cada vez más y más. Todo nuestro alrededor fue desapareciendo o haciéndose uno solo.