Aunque se me había olvidado hacerlo constar, seguro que todos sabéis que ni la historia de la serie CSI New York ni los personajes que en ella intervienen me pertenecen, y que sólo hago un ejercicio narrativo basado en ellos (ése sí es de mi cosecha). Ni yo ni nadie más sale beneficiado económicamente por esta actividad, que realizo por mera diversión.


No puedo decirte adiós

Capítulo 14

Los intentos de seguir el mensaje de Stella hasta su origen resultaron de nuevo infructuosos. Su nombre estaba bloqueado en los buscadores, como todos sus datos personales. Todos los rastros de sus mensajes se perdían en un servidor en Washington totalmente inaccesible, con claves de seguridad al más alto nivel.

Mac se resignó a esperar que ella quisiera decirle dónde estaba o simplemente esperar su regreso. Stella le había respondido de nuevo, diciéndole que iba a imprimir las palabras que él le había escrito, por si alguna vez se enfadaba tanto con ella que tuviera que recordárselas.

Todo lo tuyo me interesa y me importará siempre, y nada de lo que tengas que decirme va a superar la última frase de tu mensaje. Tampoco va a pasar nada que vaya a cambiar eso. S'agapó, agapi mou (Te quiero, amor mío)

Mac volvió a reiterarle que nada que pudiera pasar le iba a hacer enfadar, ni siquiera esperar hasta que se sintiera preparada.

Los mensajes de Mac habían tenido un efecto balsámico sobre Stella. Se sentía pletórica. Tenía un hombre esperándola que la amaba e iba a tener un hijo suyo. ¿Qué más se podía pedir? Claro, el optimismo fruto en gran parte de las hormonas del embarazo alternaba con algún periodo de llanto y tristeza pensando en cómo iba a organizar, tras el regreso de Europa, para su siguiente aventura en Nueva Orleans... eso iba a ser ahora mucho más difícil. Y con un bebé. ¿Qué pensaría Mac si su hijo tenía que crecer alejado de él? ¿El "nada va a cambiar… s'agapó agapi mou" se mantendrá entonces?

Había conseguido una cita en la consulta de "la mejor ginecóloga de Atenas, y de toda Grecia", según palabras textuales de Betty Connors. A ella la había asistido en su primer embarazo tres años atrás, y ahora en el segundo. Su hijo mayor había nacido en Atenas y ahora su hija también lo haría. Su confianza en la doctora era total. Además, le explicó a Stella, habla perfectamente inglés, lo que era una ventaja. Aunque para Stella eso no era una prioridad, Betty le contó que en su primer embarazo ella estaba recién llegada al país y no hablaba ni una palabra de griego, con lo que encontrar una médica excelente con la que se pudo entender también había sido muy importante para ella. Betty recomendó a Stella ante la enfermera que daba las citas y el martes a primera hora de la mañana Stella había acudido a la consulta.

La Dra. Irene Samaras era una mujer enérgica, sólida. Su sola presencia y su voz grave, aunque afable, inspiraban confianza. En esa primera consulta casi riñó a Stella. No podía creer que no se hubiera dado cuenta de su embarazo hasta entonces. Le preguntó la fecha de su último periodo. Stella casi enrojeció al confesar que no recordaba exactamente. Pero hizo reír a la doctora al añadir que, en cambio, sabía exactamente la fecha en que su hijo había sido concebido. "Buen dato", bromeó la médico. Había empezado a anotar todo en su historial. Como Stella le había explicado que a final de año tendría que volver a América, la Dra. Samaras redactó el expediente en inglés para después transferirlo a su médico en Nueva York cuando regresara. Stella iba preparada con todos sus datos médicos y propio historial, si bien de sus antecedentes familiares, por las circunstancias que explicó a la doctora, no sabía mucho. Le tomaron muestra de sangre y como ya había sido advertida, tuvo que ir al baño y hacer pis en un bote de análisis. La midió y la pesó, le tomó la presión sanguínea y cuando terminó con el historial de Stella fue el turno del padre. Stella ya lo esperaba, así que la noche anterior había accedido a la ficha médica de Mac (privilegios de su nuevo rango, que le permitía acceder a cualquier archivo oficial y a todos los del personal de la policía) y se lo llevaba bien aprendido. Lo primero, el grupo sanguíneo. Eso ya lo sabía Stella sin haberlo mirado, Mac era 0-, mientras que ella era A-. La doctora sonrió cuando se lo dijo.

- "Un problema menos, si él fuera RH+ tendríamos que tenerlo en cuenta".

Mac había pasado sin consecuencias las enfermedades infantiles comunes, que le habrían inmunizado convenientemente. Su salud era excelente y en su último control médico, cuatro meses atrás, sus niveles de presión sanguínea y demás indicadores en los análisis estaban perfectos. La doctora anotó también su estatura y peso.

- "Bien, Mrs. Bonasera, ahora que tenemos todos los datos, vamos a hacer la primera exploración y una ecografía. A esta altura nuestro pequeño ser ya ha pasado de embrión a feto, y verá que está perfectamente definido, aunque apenas mida nueve o diez centímetros, si el desarrollo es normal para casi quince semanas"

Stella se tuvo que quitar la ropa y poner la bata que la enfermera le ofrecía mientras la doctora calibraba el ecógrafo. Después, cuando Stella estuvo lista, se colocó los guantes y procedió a realizar el reconocimiento. Minuciosamente, la doctora realizó el examen abdominal, vaginal y externo, determinando las dimensiones del útero, las del hueso pélvico, para terminar con los pechos. Su suavidad hizo que Stella se relajase finalmente, pues al inicio estaba un poco tensa. La doctora la tranquilizó, nada estaba fuera de lo normal. Finalmente, aplicó el gel sobre el abdomen de Stella y pasó a realizar la ecografía, deslizando la sonda en busca de una buena imagen. Lo primero que sobresaltó a Stella fue el sonido. Miró a la doctora.

- "Sí, estás escuchando su latido. Alto y fuerte, perfecto"

Stella sintió que las lágrimas acudían a sus ojos. Hubiera deseado que Mac estuviera allí con ella y pudieran compartir este momento. Como si le estuviera adivinando el pensamiento, la doctora le dijo

- "Lo estamos grabando, y te daré un CD con la copia, imagen y sonido. Así el padre podrá también disfrutarlo, si quiere… Mira, ya tenemos una buena foto"

Stella miró a la pantalla, y se quedó boquiabierta. Un pequeño, encogidito y cabezón, había aparecido en la imagen, perfectamente clara. ¡Si ya se distinguían las facciones de su cara! Betty le había dicho que los aparatos de que disponía la Dra. Samaras eran de última generación, pero aquello era increíble. La doctora maniobró por la pantalla, marcando y midiendo, asintiendo para sí.

- "Como me imaginaba, va a ser grande. Los dos, padre y madre, sois más altos que la media, de modo que eso es lo normal. Ya tiene casi trece centímetros. Y bien… ¿cómo le vamos a llamar? Es para el propio historial del feto, del bebé. ¿Baby Bonasera?"

- "Baby Taylor, su apellido va a ser Taylor"

La médico escribió Baby Taylor, la fecha y las semanas de vida y maniobró para enviar las imágenes a la impresora, a la vez que archivaba la copia de toda la secuencia de imágenes para más tarde grabarlo en un disco, junto con las ecografías posteriores.

La impresora terminó y la doctora le dio a Stella la copia. No podía dejar de mirarlo, era tan diminuto… pensar que estaba creciendo dentro de ella, este pequeño ser que Mac y ella habían creado…

- "En cuanto al sexo, ¿querrás saberlo? Es aún un poco pronto, pero me aventuraría a decirlo, la posición era buena…"

- "No, no quiero saberlo. No sin que esté su padre, quiero que al menos eso lo podamos descubrir juntos"

La doctora sonrió, y anotó: No revelar sexo. Estaba prácticamente segura de que era una niña. La enfermera limpió los restos de gel y la ayudó a levantarse para vestirse, terminada la consulta. Cuando estuvo lista, la doctora le indicó las últimas recomendaciones en cuanto a dieta, le hizo una receta para un suplemento de vitaminas y ácido fólico e indicó a la enfermera que le diera cita para el mes siguiente si los resultados de los análisis eran normales. La doctora había pedido también la prueba del Triple Screening, que determinaría si todos los niveles hormonales y sanguíneos eran normales o si algún indicador anómalo haría aconsejable efectuar una amniocentesis. Stella estaba en el límite de edad para el que se aconseja esta prueba que alerta de anomalías graves en el feto, pero la doctora era optimista tras lo que había visto, y confiaba en que no fuera necesario. La enfermera le pidió su dirección, teléfono y e-mail, así como otro de emergencia en el caso de que otra persona tuviera que decidir por ella si algo sucedía que se lo imposibilitara. Ése sería Mac, claro, decidió Stella, y facilitó su e-mail. No se podía negar que eran minuciosas y tenían previstas todas las posibles contingencias.

Emocionada y con la imagen de su bebé en el bolso, Stella Bonasera salió de la consulta como si flotara en una nube. De camino, compró los medicamentos recetados y llegó a su despacho en la embajada dispuesta a trabajar sin estresarse. No es que fuera fácil, dados los compromisos que se acercaban y para los que todo debería funcionar como una máquina compuesta de perfectos engranajes. A finales de noviembre, y faltaba poco más de dos meses y medio, la visita de dos días del presidente de los USA sería la prueba de fuego para el plan de seguridad que Stella había diseñado. Toda la propuesta tendría un primer ensayo durante el mes siguiente, en el que el Vicepresidente haría una visita breve, de regreso de Moscú, siendo poco más que una escala de cortesía con el país que ostenta la Presidencia de turno de la Unión Europea. Esa primera vez, apenas se deberían solventar los obstáculos que supusieran para la seguridad el traslado de la comitiva oficial desde el aeropuerto al Palacio Presidencial, la vuelta hacia la embajada donde se le ofrecería una cena, y de nuevo el breve viaje al aeropuerto. El estudio de los fallos que pudieran producirse en esa primera aplicación del plan, les serviría para adoptar el definitivo, con los posibles defectos subsanados, de modo que en la visita presidencial todo fluyera sin dificultades.

A finales de semana, de la consulta de la Dra. Samaras le llegó un correo electrónico con los resultados de sus pruebas. Todo estaba normal, Stella Bonasera y Baby Taylor parecía que iban a protagonizar un embarazo de libro. Stella tenía que dominarse para no decirle a Mac lo que pasaba. Algunos días decidía que se lo iba a contar ya mismo… después volvía a su pensamiento inicial de esperar a verle cara a cara.

Mientras tanto, su tripa engordaba casi de un día para otro. La visita del siguiente mes generó un nuevo par de fotos de Baby Taylor, con su cara redonda mirando en la dirección de la sonda, de modo que ofrecía un plano frontal. Stella juraría que tenía las mejillas redondas como las de su padre. No tenía ni la más leve molestia, y el embarazo no suponía ningún obstáculo para su trabajo. En la embajada, nadie se había atrevido a preguntar quién era el padre y dónde estaba, aunque había conjeturas y apuestas para todas las posibilidades. En casa, María estaba más preocupada por que todo fuera bien que la propia Stella. Le hacía comidas ricas en proteínas, vitaminas y minerales, evitaba los hidratos de carbono, estaba pendiente de que no olvidara las vitaminas y el ácido fólico, no le permitía levantar más peso que el de la cuchara… Cuando se enfadaba porque Stella había cogido algo pesado, o se había subido en algo para bajar un libro de la estantería, o había corrido y resbalado, o no había comido todo… entonces sólo le hablaba al bebé, a la barriga. Pero los enfados le duraban poco. Stella le había enseñado ya todas las fotos de Mac, las que tenía en un pequeño álbum que había llevado consigo, y las que Lindsay le seguía mandando, hechas cada sábado cuando recogía a Lucy para su tarde padrino-ahijada. A María cada vez le gustaba más, lo que no se explicaba es por qué no estaba allí, con ella. Cuando Stella le confesó que es que no le había dicho que estaba embarazada, María se escandalizó. Pobre hombre, y ella culpándole. ¡Sin saber nada! Esta vez estuvo dos días hablándole sólo al bebé. "Dile a tu madre que…" solía empezar cada frase que debía dirigir a Stella.

A primeros de noviembre, la tripa de embarazada de Stella era más que evidente. Y la casualidad, en forma de sucesos encadenados, llevó a Mac a descubrir lo que Stella aún no le había contado. Todo ello en el mismo día.