Capítulo XIII


Al final, decidió Pavlin luego de que Volk dejara de llorar y él pudiera al fin volver a su hemisferio, tenía cosas buenas el hecho de que no pudiera controlar a Viktor hasta el día siguiente. Si no tenía que controlarlo, podía perfectamente salir sin que esto significara algo malo.

Así que no lo dudó mucho.

Hace bastante que no visitaba el exterior. Hace años tanto él como Volk habían salido para hacerle compañía al niño solitario que había sido Viktor luego de la muerte de su madre. Un niño pequeño con una hermana de dos años y con un padre que carecía de las herramientas necesarias para consolar a sus hijos, y que, por lo mismo, había decidido mantenerse al margen, en una actitud vigilante y guardiana. Aunque aquello no había sido comprendido por el niño de siete años que había sido Viktor en su momento. Para él, su padre no lo había querido, y lo había abandonado en el peor momento posible.

Una parte de Pavlin rezaba porque Viktor nunca pasara por algo que le hiciera comprender hasta qué punto Aleksey había sufrido, sobre todo, porque Viktor era más parecido a su padre de lo que creía.

Cuando salió, Viktor sollozaba entre sueños, pequeñas lágrimas asomándose por sus ojos cerrados.

Aquello lo irritó aún más.

Aunque sabía que probablemente aquello era provocado también por estar Volk a cargo, no podía evitar sentirse molesto cuando veía que su humano era dañado. Haber estado cerca de él durante su infancia había hecho que tanto Volk y, sobre todo, Pavlin, le tomaran un cariño especial a Nikiforov.

Así que caminaba como si estuviera listo para enlistarse en la guerra; solo le faltaba el casco, y la cara pintada.

Firmemente, se dirigió a la habitación de Katsuki. Cuando entró al cuarto se dio cuenta que había una ruma de papeles sobre la mesa de noche. Se acercó a verlos, y se dio cuenta que eran posters de Viktor, algunos de edición limitada.

Sintió cómo las plumas de su cola se erguían sin que él pudiera hacer algo para evitarlo.

Suspiró.

Aquello a veces era de verdad molesto.

Dirigió una mirada de fastidio al hombre que estaba tendido sobre la cama, con sus ojos mirando soñadoramente a algún punto de la pared.

Pavlin chasqueó la lengua y entró en su conciencia. Esperaba que la idiotez de Katsuki no fuera contagiosa.

Entró al hemisferio izquierdo, el mismo que él controlaba. Usualmente el hemisferio izquierdo era más seguro que el derecho; era increíble la cantidad de cosas que se podían encontrar en el cerebro emotivo, algunas no muy agradables.

Cuando entró al lugar, lo hizo sacando pecho, listo para dar la pelea.

¡Muéstrate de una vez, animal del demonio!

Cuando el dichoso animal hizo acto de presencia, no pudo evitar soltar una carcajada ante lo que estaba viendo. ¿Se suponía que aquello debía ser un avestruz? Con esas plumas (o la ausencia de ellas) parecía cualquier otra cosa.

Así que tú eres el que me ha ocasionado tantos problemas. ―Era difícil de creer, la verdad.

.


¿Merece un review?