Nuevos aires
«Aguanta, Regina, ya vamos…»
Emma y David se aventuraron silenciosamente hacia una de las puertas, que parecía que estaba entre abierta y sin vigilancia.
Emma, levantando la mano, paró la marcha, hizo algunos signos con su mano a David y este comprendió. Tenían la costumbre de utilizar ese código cuando estaba en Irak, en el ejército.
Pasaron por la puerta metálica oxidada, se deslizaron dentro del edificio y se separaron, cada uno hacia un lado.
Regina estaba sentada en una silla de despacho en una estancia fría y húmeda, las manos hacia atrás, atadas en el respaldar de la silla, y las piernas sujetas con celo cada una a una pata del asiento. Dos hombres estaban también presentes, seguramente encargados de vigilarla, y para pasar el tiempo, estaban echando una partida a las Damas.
Pero no eran los únicos que estaban en lo que Regina imaginó un almacén abandonado. Podía escuchar a otros hombres hablar a varios metros de ella. Pero no hablaban lo suficientemente alto para
comprender lo que decían.
A continuación, escuchó que alguien se acercaba a ellos, empujaba la puerta de entrada, que estaba medio abierta, y cuando ella vio su rostro, pensó que se encontraba en una pesadilla.
«Mi querida Regina…»
«Leopold…»
«¿Cómo estás?»
«¿Eres tú el que estás detrás de todo esto? ¿Eres tú quien desde el principio has hecho todo para hacerme vivir un infierno…?»
«Digamos que es una pequeña devolución de las cosas…»
«¿Qué cosas? ¿Qué te he hecho yo?»
«Me deshonraste y me humillaste…»
La morena alzó una ceja, signo de incomprensión, y su ex marido tomó una silla, la colocó a un metro de la morena y se sentó, el respaldar contra su pecho le servía de apoyo.
«Tuviste a tu hijo. Y todo el mundo supo que no era mío…Así que muchos me creyeron impotente…Y hoy tengo que vivir con ese fardo que TÚ me has echado encima…»
«¿Y todo esto por eso?»
«En parte…digamos que esa es mi razón. Ahora, no soy el único a quién molestas…Así que no soy el único que quiere vengarse»
«Pero, ¿qué he hecho? ¿Y qué me vais a hacer?»
«Oh, eso lo descubrirás bien pronto, mientras, creo saber que tu hijo está fuera por una semana, ¿no es verdad?»
«Si tocas…uno de solo de sus cabellos…te juro que…»
«Tututututu…no me amenaces, no estás en posición de hacerlo. ¿Tienes hambre? No, peor para ti, comeremos sin ti»
Se levantó, y salió junto con los dos hombres, después cerraron tras ellos la gran puerta de acero.
Regina estaba atrapada, y si no encontraba pronto una solución, sin duda iba a morir ahí…
¿Y cuánto tiempo llevaba ahí exactamente? ¿Una hora, dos horas? No lo sabía con seguridad. Todo lo que sabía era que tenía una cita con Emma y que esta no debía saber seguramente dónde se encontraba.
La fatiga la ganaba, la sed y el hambre también. Sus brazos le dolían de estar en la misma posición. Ya no sentía los pies a causa del frío que hacía allí dentro.
Entonces, escuchó un chirrido, la puerta se entre abrió lentamente para hacer el menor ruido posible, y cuando la morena se iba a preguntar quién sería, vio una cabellera rubia pasar por el marco de la puerta.
«Emma…» susurró, agotada pero feliz de verla
«Shuutt…» dijo ella poniéndose un dedo en los labios
Se acercó a la morena y esta pudo ver con qué ropa la rubia había ido a socorrerla. Sintió un pinchazo en el corazón al darse cuenta de que era vestida así como Emma pensaba ir a la cita. Se había puesto de punta en blanco para la ocasión y Regina sintió su corazón derretirse. Habría querido que esa cita hubiese tenido lugar.
«Voy a sacarla de aquí…» murmuró la rubia arrodillándose ante ella, con una sonrisa reconfortante en su rostro, y de alivio también. Emma la había encontrado a tiempo.
Emma deshizo los nudos que retenían las manos de Regina a su espalda, y comenzó a liberar sus piernas, pero suavemente para evitar hacerle daño, y también para no alertar a los guardias con el ruido del adhesivo.
Cuando estuvo libre, Emma la ayudó a ponerse de pie, y Regina la abrazó. Emma le devolvió el abrazo respirando plenamente su perfume.
«¿Cómo me ha encontrado?» preguntó en voz baja la morena separándose de la rubia
«Se lo explicaré todo más tarde, tenemos que salir de aquí…»
Emma recuperó el arma que había dejado en el suelo, al lado de la silla, y la agarró de la mano para sacarla de allí. Antes de salir, echó un vistazo, y después se giró hacia la morena.
«Mire bien dónde pone el pie, y haga el menor ruido posible, ¿de acuerdo?»
La morena asintió y Emma le sonrió. Durante un cuarto de segundo, se miraron de manera intensa, Regina estaba literalmente feliz de ver a la rubia y de constatar que siempre estaría ahí para salvarla, y Emma estaba feliz de haberla encontrado sana y salva.
Emma salió, seguida de Regina. La rubia le había soltado la mano para poder agarrar mejor su arma por si tenía que usarla, pero ambas sentían ya la falta de ese contacto entre ellas.
Dieron algunos pasos, y se dirigieron hacia un pasillo en el que una señal verde luminosa indicaba la salida de emergencia, tomando así el camino contrario que Emma había tomado para llegar a la morena.
«¿Puedo saber a dónde van, señoritas?» escucharon tras ellas
Emma se giró rápidamente y puso a Regina tras ella para protegerla, sirviéndose de su cuerpo como un escudo.
«¿Eso te importa?» dijo Emma de forma desafiante
«Sí, me importa, sobre todo si te llevas a la otra contigo…»
«¿A la otra? Espera, ¿es de ella de la que hablas así?» respondió Emma señalando a Regina con la mano. Él asintió y Emma se llenó de rabia «Escucha, mequetrefe, te prohíbo que hables de ella de esa manera, ¿entendido?»
«¿Y qué piensas hacer, eh?» el hombre se cruzó de brazos, mientras que otros tipos se pusieron a su lado y otros bloqueaban la salida, con patas de cabra y todo tipo de armas en sus manos «Una chica hermosa como tú no debe hablar de ese modo y aún menos así vestida, ¿sabes que tienes un buen polvo?» continuó él acercándose
Emma apuntó su arma contra su mejilla, y no dudaría un segundo en disparar.
«No te acerques» le amenazó con voz firme y autoritaria
«Oh, venga…estoy seguro de que también tienes ganas de divertirte…»
«¿Divertirme? Creo que no…a menos que te refieras a mí partiéndote la cara…eso sí puede ser divertido»
El hombre sonrió mezquinamente, echó una mirada a sus compañeros, se quitó la chaqueta y se acercó a la rubia, sus puños elevados a la altura de su rostro
«Me gustaría ver eso…»
Emma no apartó la vista de él, dio su arma a la morena que se asustó mientras la cogía, después avanzó hacia el hombre.
«Emma, cuidado…»
La rubia asintió y se acercó al hombre. Él intentó darle el primer golpe, pero Emma lo evitó y le asestó un gancho en las costillas que hizo que se doblara de dolor.
«Ahhhh…» los otros hombres quisieron adelantarse, pero él levantó la mano para impedírselo «¡No! Ella es mía…¡Voy a hacer que muerdas el polvo, zorra!»
Se acercó una vez más a toda velocidad hacia la rubia, pero ella lo esquivó de nuevo, le dio un codazo en la espalda, que lo hizo caer al suelo y retorcerse de dolor.
«Siguiente…» dijo ella a los hombres quienes fulminaban de cólera
Uno de ellos se adelantó, seguido de otro para rodearla. Emma estaba concentrada y no se dejó descorazonar, mientras Regina temía terriblemente por su vida. Uno avanzó, pero ella le asestó un derechazo que lo hizo retroceder, solo que no fue lo suficientemente rápida como para ver que el otro, que ahora se encontraba a sus espaldas, iba a asestarle un golpe con una llave inglesa en la espalda.
Y en el momento en que iba a asestarle el golpe, un derechazo venido de ningún lado le dejo K.O.
«¡Gracias, hermano!» dijo Emma al ver que se trataba de David que había llegado a socorrerlas.
«De nada, amiga…»
Ellos se colocaron espalda contra espalda, entre los hombres y Regina, para protegerla. Los hombres se miraron y avanzaron al mismo tiempo hacia los dos antiguos militares. Emma recibió un puñetazo en la mandíbula, pero contestó con una patada digna de los mejores judocas, mientras que David, que se estaba restableciendo lentamente de su hombro dislocado, recibió un golpe en el abdomen y en el hombro que le valió un pequeño grito de dolor.
Regina, impotente, no sabía qué hacer. Veía a la rubia y a su amigo siendo apaleados por sus secuestradores y no vio otra solución.
Un disparó se escuchó haciendo eco por todo el hangar. Emma, David, así como los hombres de confianza de su ex marido, pararon todo movimiento y miraron en dirección a la morena. Emma tenía los ojos desorbitados, imaginándose lo peor con respecto a la morena, pero se tranquilizó al ver que había sido ella la que había disparado hacia el techo.
«Soltadlos…o disparo»
Los hombres se echaron a reír y a sonreír mientras que la morena frunció el ceño.
«Hablo en serio…vuestro jefe me quiere viva, de lo contrario ya me hubiera matado. Así que o los soltáis y nos dejáis marchar, o disparo» apuntó el cañón de la pistola a su propio abdomen y el corazón de Emma se saltó un latido.
«Regina…no…» suspiró ella, desesperada
«Entonces…la elección es vuestra. Pero me pregunto lo que vuestro jefe pensará de todo esto cuando sepa que no habéis podido mantenerme con vida…»
Un hombre, el primero que se había atrevido a meterse con Emma, asintió y levantó las manos en signo de rendición antes de retroceder, imitado por sus compañeros.
«Muy bien…marchaos…pero os encontrará, y esta vez…no saldréis tan bien parados…»
Emma ayudó a David a levantarse, después cogió a Regina de la mano, recuperó su arma, y echaron a correr para escapar.
Una vez fuera del edificio, llegaron al coche de la rubia y se dirigieron al apartamento de David.
Al llegar, hicieron sus maletas en menos tiempo de decir esta boca es mía, después de que Emma se asegurara de que Regina no tenía nada.
«¿A dónde vamos?» dijo la rubia, inquieta
«Nos vamos»
«Sí, pero ¿a dónde?»
«¿Confía en mí?» preguntó la rubia mirando a la morena a los ojos
«Sin la menor vacilación» respondió ella categórica
«Muy bien. En ese caso, no me haga preguntas, se lo contaré de camino»
«De acuerdo»
«David, ¿has acabado?»
«¡Sí!» dijo él saliendo de su habitación con un bolsa de deporte «Toma, coge el Corvette»
Le tiró un manojo de llaves que ella recogió al vuelo, después salieron del apartamento. Cruzaron la calle, David abrió la gran puerta metálica de un garaje que parecía abandonado.
Allí se escondían dos coches y tres motos. Emma se dirigió hacia el deportivo negro, abrió la puerta y deslizó su mochila tras el asiento del copiloto.
«Envíame un mensaje cuando llegues, ¿ok?»
«Ok, tened cuidado»
«No te preocupes»
Ella abrazó al rubio, y después invitó a la morena a subir al coche antes de cerrar la puerta, dar la vuelta y tomar asiento tras el volante. Metió la llave, arrancó el motor, y salió del garaje para emprender camino.
«Tenemos que ir a buscar a mi hijo, Emma…»
«Lo sé…pero lo mejor para él es que aproveche la semana sin que sepa que usted está en peligro. Pero no se preocupe por él, David ha salido para Reno, protegerá a su hijo sin que él se dé cuenta, con toda discreción. En cuanto a nosotras, nos vamos lejos de aquí»
«¿Qué quiere decir?»
«Primero, vamos a pasar por su casa, recoja algo de ropa, y después abandonaremos San Francisco…¿Ya ha estado en Malibú?» dijo girándose hacia la morena con una ligera sonrisa en los labios.
Seis horas y media más tarde, después de una parada en casa de Regina, otra para comer en un pequeño restaurante de carretera y una última para repostar y una larga siesta de la morena, llegaron a una de las zonas residenciales de alto standing, pero discretas de Malibú.
Emma se detuvo en el sendero de una magnifica villa al borde de la playa y apagó el motor.
«¿Le gusta la vista?» preguntó Emma girándose hacia su pasajera
«Es magnífico…pero ¿qué hacemos aquí? ¿Es suya?»
«Es una larga historia, pero en resumen, sí, me pertenece, y por lo que nos respecta, nadie vendrá a buscarnos aquí. Estará segura. Vamos, venga, se la voy a enseñar»
Las dos mujeres salieron del vehículo. Emma cogió las maletas, pero Regina insistió para coger la suya pretextando que no era ligera y que la rubia debía estar cansada.
Cuando estuvieron delante de la puerta principal, Emma levantó un macetero que se encontraba cerca de los escalones de piedra y cogió una llave. Regina frunció el ceño y Emma se echó a reír.
«¿Qué? ¿Nunca ha visto hacer esto en las películas?»
«Sí…en las películas…»
«No se preocupe…no es un sitio por el que los ladrones ronden, saben que estas casas están equipadas con un sistema de alarma de última tecnología. Se arriesgarían mucho viniendo aquí»
Emma abrió la puerta, la empujó y retrocedió para dejar entrar primero a la morena. Después entró ella, desactivó el sistema de alarma y cerró la puerta.
«Está en su casa. Le voy a enseñar las habitaciones, elija la que prefiera»
Subieron al piso de arriba, y Regina pudo darse cuenta de lo inmenso que era el lugar. En total, cuatro habitaciones con sus cuartos de baño, una biblioteca y un despacho. Regina eligió una y Emma cogió la de al lado. Dejaron sus maletas al pie de la cama, y volvieron a bajar.
En la planta baja, había un gran salón, una sala de juegos donde reinaba en el centro un billar y en una esquina un mini bar; un gran comedor y al lado una inmensa cocina.
Tras la cocina, había una terraza a la que se llegaba atravesando una gran puerta acristalada, con una mesa y sus sillas de madera, cuatro tumbonas, una barbacoa, un jacuzzi y una piscina de cuatro metros de ancho por ocho de largo.
Y para acabar, a cien metros de ahí, el acceso al océano Pacífico.
«Es magnífico…» concluyó la morena mirando el océano desde la cocina.
«¿He de deducir que la casa le gusta?»
«Sí…¿a quién no le gustaría?»
«Es verdad…lo siento, pero por el momento no tengo nada que ofrecerle, mañana por la mañana iré a hacer la compra, en fin, en unas horas…» dijo ella mirando el reloj suspendido en una de las paredes de la estancia.
«Son las tres, tiene tiempo de descansar antes, y además lo necesita, ha estado conduciendo toda la noche»
«Sí, tiene razón…»
«Pero antes, voy a curarla»
«¿Curarme?»
La morena señaló su mandíbula y la rubia, inconscientemente, se llevó los dedos antes de retirarlos.
«Ay…ya no lo sentía…» dijo haciendo alusión al dolor que le había ocasionado
«¿Tiene un botiquín en esta casa?» preguntó con tono divertido
«Sí…arriba, en cada cuarto de baño, por precaución»
«Bien, vamos»
Subieron, una al lado de la otra y entraron en el primer cuarto de baño que se encontraron, Regina invitó a Emma a sentarse en el borde de la bañera antes de comenzar a desinfectar la herida y cubrirla con una gasa estéril.
«No le he agradecido por salvarme la vida hace un momento» dijo ella mientras aplicaba suavemente el desinfectante, sin alcohol, sobre la herida de la rubia «Gracias…» murmuró clavando su mirada chocolate en los ojos de Emma.
«De nada»
«¿Cómo supo dónde me encontraba?»
«Killian. Antes de morir, me confesó que formaba parte de un complot contra usted, y me dijo dónde podría encontrarla. Tuve suerte de que no se equivocara»
«Soy yo la que ha tenido suerte de que me haya encontrado»
«Digamos que las dos hemos tenido suerte…»
Regina cerró la herida, y dejó que sus dedos acariciaran la mejilla de la rubia antes de hacer amago de retroceder, pero Emma posó suavemente su mano sobre la de ella.
«Estaba muy elegante esta noche…lamento no haber tenido la oportunidad de ir a esa cita de su brazo…y además he visto el ramo de lirios en su coche, es magnífico»
Emma le sonrió y se puso de pie, su rostro a escasos centímetros del de la morena.
«Podemos todavía tenerla…me gustaría mucho llevarla a un restaurante de mi brazo…»
«He tenido tanto miedo cuando los vi a su alrededor…» dijo ella con voz temblorosa mientras Emma le sonreía.
«Pero estoy aquí, y usted también me ha salvado…¿cómo podría agradecérselo?»
Sus respiraciones se hicieron lentas y Emma se atrevió a un nuevo gesto tierno al colocar un mechón de la morena tras su oreja.
«Es usted tan hermosa…» murmuró la rubia contemplando a la morena, el reflejo de la luna sobre su rostro le daba aún más encanto.
Se pasó la lengua por la comisura de los labios, después se adelantó lentamente hacia los de la morena, le cogió tiernamente el rostro entre sus manos y posó delicadamente sus labios en un casto beso.
Regina se sentía ligera y su corazón latía desenfrenadamente. Cerró los ojos al sentir el contacto sobre sus labios y se dejó ir para disfrutarlo.
Al cabo de varios segundos, Emma retrocedió y le sonrió tiernamente.
«Creo que he querido hacerlo desde el momento en que mis ojos de posaron en usted…»
Regina sonrió y enrojeció, sus ojos no sabían hacia dónde mirar.
«Debería ir a descansar, nos veremos mañana por la mañana» murmuró la rubia antes de retroceder lentamente y apartar sus manos del rostro de la morena.
Le cogió una de sus manos, y depositó en ella un pequeño beso antes de incorporarse.
«Buenas noches, Regina»
«Buenas noches, Emma…»
Se separaron y cada una se dirigió a su habitación para hundirse bajo las sábanas de seda de sus camas. Se durmieron con la sonrisa en los labios pensando la una en la otra.
Al día siguiente por la mañana, Regina se despertó toda sonriente, miró a su alrededor y confirmó que lo que había pasado la noche anterior no había sido un sueño. Por supuesto, el hecho de ser secuestrada y estar en peligro no era lo que la hacía sonreír, sino que estaba feliz de constatar que su llegada ahí, a esa casa de ensueño, era real, así como también lo era su beso con la rubia.
Se puso una fina bata sobre su pijama y bajó a la cocina. Vio que la puerta de cristal estaba abierta de par en par, y escuchó música proveniente del exterior. Miró la hora y vio que eran las 10:30. Atravesó la estancia, y vio a la que ahora consideraba como su ángel de la guarda sentada en una de las sillas de madera, con una taza de café en la mano, leyendo el periódico.
«Buenos días…» dijo ella mientras salía y se sentaba frente a la rubia
«Buenos días» respondió la otra de manera alegre «¿Ha dormido bien?»
«Perfectamente, ¿y usted?»
«No me puedo quejar. ¿Tiene hambre? He hecho la compra hace una hora, hay de todo. Huevos, café, pan, cereales…en fin, dígame e iré a buscarlo»
«Hmmm, de momento bastará con un café, gracias»
«Bien, acomódese, voy a buscarlo»
La morena así lo hizo y se quedó observando el horizonte, hacía calor, pero era suave, era agradable.
«Aquí está» dijo Emma dejando la taza sobre la mesa «Cuidado, está caliente»
«Hace un tiempo estupendo…»
«Sí, es verdad, sienta muy bien»
«¿Cómo sabía que la casa no se había visto afectada por el tornado?»
«Oh, bueno, con respecto a eso tengo que contarle un pequeña historia…»
«Tiene toda mi atención» respondió ella con una sonrisa antes de soplar en la bebida caliente
«Soy huérfana, no conocí a mis padres. Me abandonaron cuando no era más que un bebé y toda mi infancia y adolescencia estuve de familia de acogida en familia de acogida. Cuando tenía 17 años, el padre de la familia de turno se puso violento, y con manos largas…así que un día, por miedo a que se metiera en mi habitación en plena noche, me escapé. Durante tres meses, estuve en la calle, robaba comida, entraba en las casas para robar ropa limpia y ducharme…Y un día, entré en esta. Y la dueña de la casa me encontró…ella estaba sola, no tenía familia y suficiente dinero para dejar bien situadas a varias generaciones. Cuando me vio, pensé que llamaría a la policía y sería arrestada, pero en lugar de eso, me propuso comer, le conté mi historia y…no sé lo que le pasó por la cabeza…esa mujer era un dulce, de golpe, decidió adoptarme. Hizo lo necesario en las agencias que se ocupaban de mí, incluso indemnizó a la familia que me tenía a su cargo para que me dejasen tranquila. Y nos cuidamos la una a la otra. Siempre le dije que el dinero no me interesaba, y como era una mujer de edad, quería ponerme en su testamento, pero le pedí que no lo hiciera. No quería heredar esa fortuna que no era mía, así que cuando murió varios meses más tarde, dejó todo su dinero a obras de caridad, pero insistió para que la casa fuera mía»
«Oh, ya veo…realmente era una buena mujer…»
«Sí…es la única a la que he considerado como a una madre. Solo que no me veía viviendo aquí, sola. Así que alquilo la villa durante todo el año y la mujer que vive al lado, que se ocupa del alquiler, tiene de hecho una agencia inmobiliaria…y es ella quien me tuvo al corriente del tornado. Cuando supe que aquí no había pasado nada, y que tenía una semana de vacaciones, pensaba venir a descansar un poco, pero…algo me lo impidió»
«¿Qué cosa?»
«Sí, ¿sabe…ese sentimiento que se tiene de que algo malo va a pasar? Pues es lo que sentí y…eso me condujo a seguir en contacto con usted…»
«¿Cómo se llamaba ella?»
«¿Quién? ¿Mi madre?»
«Sí…»
«Annabeth Swan. De ella cogí mi apellido»
Ringgggggggggg. El teléfono de Emma comenzó a vibrar y ella se excusó para contestar.
«Hola, Ruby, sí, está a mi lado, te la paso»
La rubia tendió el teléfono hacia la morena y esta lo cogió y se lo llevo a la oreja
«Buenos días, Miss Lucas»
«Buenos días, señora, ¿cómo se siente?»
«Bien, gracias a Miss Swan…por cierto, sobre ese tema, no podré ir al Ayuntamiento en los próximos días»
«Sí, Emma me lo ha dicho esta mañana y la llamaba para decirle que yo me ocupo de todo, no tiene por qué preocuparse»
«Confío en usted, Miss Lucas. Si tiene el menor problema, llámeme»
«Bien, señora, que tenga un buen día»
«Gracias, usted también»
Colgó y devolvió el teléfono a la rubia.
«He tenido noticias de David esta mañana, ha alquilado una habitación en un hotel que se encuentra en frente del hostal en el que su hijo pasara la semana»
«Ah, finalmente una buena noticia…»
«Sí, y además con lo que me ha dicho de su ex marido y la conversación que tuvo con él, he hecho algunas investigaciones sobre sus últimos desplazamientos y sobre las personas con quienes ha estado en contacto últimamente»
«¿Y qué ha descubierto?»
«Que ha estado en contacto regular con un tal Gold»
«¿Como su superior?»
«Sí, y Killian también me dijo que era el único nombre del que se pudo enterar. Pero he pensado que eso no quiere decir por fuerza que mi jefe esté detrás de todo esto, porque no debe ser el único que tenga ese apellido…me parecería muy evidente…pero de todas maneras, no puedo dejar de pensar en el hecho de que no encontré nada sobre Killian cuando investigué, y él me confesó que había estado en la cárcel…»
«¿Entonces piensa que su superior está metido en esto?»
«Sí, solo que no tengo pruebas, y no dejo de preguntarme por qué enviarme a protegerla cuando pudo enviar a Killian desde el principio…»
«Buena pregunta…es verdad que parece incoherente, pero no tenemos todas las piezas del puzle para comprenderlo…»
«No se preocupe, estoy en ello…»
La morena le sonrió, después pensó en el beso de la noche anterior y no pudo evitar sonrojarse.
«Necesito pensar…y ¡voy a bañarme!»
Y antes de que la morena pudiera abrir la boca, Emma se levantó, se quitó el top y los pantalones cortos, dejando a la vista un bikini rojo carmín ante la asombrada mirada de la morena, y se dirigió hacia la piscina. Se humedeció la nuca y después se hundió sin vacilar.
«Venga si quiere, ¡está muy buena!»
«Hmmm, yo…no tengo bañador…» balbuceó al ver cómo la tela del bikini de mojaba y dejaba transparentar el pecho de la rubia.
«¡Vaya a ver a mi armario, debo de tener otro!» dijo con una sonrisa tierna antes de hundirse una segunda vez.
La morena, roja como un tomate, desapareció en el interior de la casa, y volvió diez minutos más tarde. Cuando la vio, Emma tragó en seco, Regina tenía un cuerpo perfecto.
Salió de la piscina y fue a buscar dos toallas de playa, que dejó sobre una tumbona.
«¿No nos bañamos?» preguntó la morena, ligeramente desilusionada
«Sí, sí…¿prefiere la piscina o quiere ir al mar?»
«El agua del mar está fría a esta hora, ¿no?»
«Sí, es verdad, pero una vez que se está dentro…»
«Creo que prefiero el calor de la piscina»
«Como quiera»
La morena bajó los anchos escalones de la piscina y comenzó a hundirse en el agua que estaba a temperatura ambiente.
«Hay que avisar al inspector Graham…»
«David se ha encargado, ya está en sobre aviso. Va a buscar pruebas contra su ex marido para detenerlo a él y a sus esbirros. Pero como fuimos nosotros quienes la liberamos, no hay señales de secuestro…va a ser difícil hacerlos caer, pero lo conseguiremos»
Emma nadó hasta la morena, y clavo su mirada en la de ella.
«Haré que todas las personas que le desean mal paguen. Tiene mi palabra»
No apartaban los ojos una de la otra y Emma dudaba si besarla de nuevo. Tenía miedo de que la morena se imaginara que la había traído hasta ahí con ese propósito. Aunque el pensamiento de hacerle el amor, ahí, ahora no le disgustaba, tenía miedo de ir demasiado rápido.
Y mientras se mordía el labio inferior, Regina se inclinó y la besó tiernamente.
No era en absoluto lo que había previsto, sino que era mucho mejor. Regina le demostraba que también ella tenía ganas. En fin, no obligatoriamente de pasar al acto sexual en sí mismo, pero sí de avanzar, simplemente.
Emma se atrevió a poner sus manos en la cintura de la Alcaldesa para acercar sus cuerpos, mientras que esta pasaba sus manos por encima de los hombros de Emma.
El beso se profundizó cuando Emma lamió la comisura de los labios de la morena, y esta aceptó tímidamente entreabriendo su boca y apretando el agarre en la nuca de la rubia.
«¿Emma?» escucharon a lo lejos «Emma, ¿estás ahí?»
Las dos mujeres abrieron los ojos, y se separaron ligeramente al escuchar unos talones caminando sobre el pavimento del sendero lateral.
«Mierda, es la vecina…» susurró Emma mirando a la morena con expresión desolada
Nadó hacia las escaleras y las subió en el mismo momento en que la vecina, en cuestión, estaba dejándose ver.
«¡Ah, Emma! ¡Oh…buenos días!» dijo ella al ver a la morena que asentía con la cabeza para saludarla «Lo siento, toqué a la puerta, pero como nadie atendía, di la vuelta…»
«Hola, Carmen, no te preocupes, no hay problema…»
La joven de piel mate y largos cabellos negros, sin duda de origen mexicano, avanzó hacia la rubia para darle un beso. Después retrocedió, no sabiendo dónde meterse.
«Lo siento, si hubiera sabido que no estabas sola…puedo volver más tarde si queréis…»
Emma y Regina intercambiaron una mirada de entendimiento, y después miraron a la joven.
«No…Hummm, Carmen, te presento a Regina Mills…Regina, es la vecina de la que le hablaba hace un momento…»
«Oh, ¿la que tiene la agencia inmobiliaria?»
«Esa misma…encantada, Carmen Morales» dijo ella inclinándose hacia la morena para estrecharle la mano.
«Perdóneme, está mojada…» dijo la morena, incomoda, sacando la mano del agua.
«¡No hay problema!» respondió ella, divertida
«Entonces, Carmen, ¿cómo estás?» preguntó Emma invitando a Carmen, con una mano en su espalda, a que fuera a sentarse en una de las sillas de madera bajo la sombrilla que las protegía del sol.
Regina salió del agua también y se sentó al lado de ellas.
«¿Queréis algo de beber?» les ofreció educadamente Emma antes de entrar en la cocina
«Un zumo de naranja para mí…» pidió Carmen
«Lo mismo» dijo a su vez Regina sonriéndole a la rubia
Emma asintió, y después desapareció, dejando a las dos morenas en la terraza.
«Entonces, así que es la vecina de Emma…»
«Sí, la conozco desde hace más de diez años. Mis padres tenían la casa en la que ahora vivo y eran muy amigos de Annabeth, la madre de Emma…»
«Ah, de acuerdo…»
«¿Y usted? ¿Desde hace cuánto que se conocen?»
«Más o menos tres semanas…»
«¡Ah, muy reciente!»
«Sí…» respondió Regina riendo ligeramente con la vecina
«¿Y la ha traído aquí?»
«No comprendo…»
«Bueno, es que Emma nunca ha traído a nadie aquí a excepción de su amigo…David, creo que se llama así…Al principio, creía que salían juntos, pero observándolos, comprendí que se consideraban más como hermano y hermana. Así que usted debe ser especial si Emma la ha traído…»
«¿Especial?»
«Sí, esto es como su santuario, viene muy poco, dos o tres veces al año…y cada estadía es de tres o cuatro días, a veces solo un fin de semana…en general cuando viene, es para pensar, recobrarse, encontrar un poco de serenidad, ¿ve lo que quiero decir?»
«Sí…pero ha dicho que David ha venido…»
«Ah, también lo conoce, por lo que veo. Pero David solo se quedó un día. No sé cuánto tiempo se quedará usted…»
«Todavía no lo sabemos…» cortó amablemente Emma al pasar las puertas de cristal y dejar los dos zumos encima de la mesa.
«Estaría bien que un día comiéramos juntas, hace tiempo que no nos veíamos…» dijo Carmen con una sonrisa triste.
«Lo sé, no vengo a menudo…eso depende, ¿cuándo y dónde quieres que lo hagamos?»
«Esta noche, ¿en mi casa?»
Carmen miró primero a la morena y después a la rubia, con una sonrisa de impaciencia en sus labios…
Regina movió la cabeza positivamente, pensando que sería una buena idea, y que eso le haría pensar en otra cosa.
«Heu…podemos dejarlo para mañana» dijo Emma, más como una afirmación que una pregunta.
«¡Heu, sí, ok! Bueno, os dejo, todavía tengo que hacer algunas visitas…¡Que tengáis un buen día, chicas!» dijo ella antes de terminarse su zumo y levantarse.
«Sí, hasta más tarde, Carmen…» respondió la rubia viendo cómo se alejaba.
«¿No piensa ir, verdad?» preguntó la Alcaldesa cuando se aseguró de que la vecina se había marchado.
«Sí, sí…es solo que hoy…digamos que he previsto otra cosa…» dijo carraspeando.
«¿Ah? ¿Y puedo saber qué?»
«Si le respondiera preguntándole si tiene un vestido de noche, ¿le valdría?»
La morena la miró suspicazmente, sonriendo y la rubia le devolvió la sonrisa.
«Depende…¿un vestido de noche para qué exactamente? ¿Ir a bailar, a comer…?»
«Un poco de las dos cosas…»
«Me intriga…pero estoy obligada a decirle que no…no cogí nada parecido…»
«Bueno, ¡no es problema! Vamos de compras. Le servirá para dar un paseo y así mataremos el tiempo…»
«¡Entendido!»
«Bien, vamos a cambiarnos y ¿en diez minutos en la entrada?»
«Sí…»
Se sonrieron una vez más antes de subir las escaleras, llegar arriba, y separarse para ir cada una a su habitación.
Diez minutos más tarde, Emma esperaba a Regina delante de la puerta de entrada y sonrió al ver a la morena bajar con gracia las escaleras.
«¿Pantalones cortos vaqueros? No deja de sorprenderme, Señora Alcaldesa…»
«¿Qué? ¿No le gusta, Miss Swan?»
«Oh, sí, sí…le sientan muy bien…»
«Gracias…»
La rubia abrió la puerta e hizo una reverencia indicando a la morena la salida con la mano.
«Si la señora tiene a bien…»
La morena rio suavemente antes de tomar una postura más seria para pasar por delante de una divertida Emma. Y esta no pudo evitar sentirse cautivada por el trasero de la morena. ¡Esos vaqueros le iban definitivamente a la perfección!
Después de un cuarto de hora de coche, llegaron al centro de la ciudad, y Regina pudo constatar que esa ciudad no tenía nada que ver con la suya. Esta era más pequeña, más lujosa y luminosa, las mujeres no tenían miedo de pasearse en short o falda con solo la parte alta del bikini puesto, y los hombres, vestidos solo con unas bermudas, no dudaban en mostrar sus musculosos torsos.
Emma aparcó su coche delante de una tienda, apagó el motor y salió del vehículo después de haber comprobado por su retrovisor que ningún otro coche pasaba.
Caminó hasta la acera, y se colocó al lado de la morena.
«Ya está, hemos llegado…¿por dónde quiere empezar?»
«Hummm, buena pregunta…¡vamos, empecemos por esta!» señaló la tienda con el mentón y caminaron hasta la susodicha tienda. Emma abrió la puerta, dejó que la morena entrara primero y Regina le sonrió para darle las gracias.
Emma quizás no lo sabía todavía, pero Regina adoraba las pequeñas atenciones que la rubia tenía con ella.
Al entrar en la tienda, fueron recibidas por una encantadora dependienta que les ofreció su ayuda.
«Nos gustaría ver los vestidos más elegantes, pero…»
«¿…informales?» preguntó la joven interrumpiendo a Emma
«¡Eso es!»
«Veo lo que quiere decir, síganme»
Durante más de media hora, las dos mujeres se probaron diferentes vestidos, pero Emma había querido que ninguna de las dos viera a la otra, para mantener la sorpresa.
Cuando hubieron elegido, la vendedora los empaquetó por separado para que no se equivocaran, después Emma se acercó al mostrador para pagar, bajo la mirada de Regina que no tuvo tiempo de protestar, ya que la tarjeta de Emma acababa de ser aceptada, lo que significaba que sus compras habían sido validadas. Se despidieron de la vendedora, y salieron de la tienda.
«Gracias…» dijo Regina, incómoda «Pero, hubiera podido pagar el mío…»
No todos los días tenía ocasión de ser cortejada y mucho menos "mimada", no estaba acostumbrada.
«Lo sé, pero deseaba hacerlo, así que de nada…¿le apetece un helado?»
«De acuerdo, pero ahora pago yo» respondió ella en tono firme que no dejó elección a la rubia
«¡Ok!» dijo ella, riendo, seguida de cerca por la morena.
Y así pasaron esa mañana, paseando, entrando en algunas tiendas, sin forzosamente tener que comprar nada, solo mirando. A mediodía, fueron a un pequeño restaurante cuya terraza tenía unas vistas esplendidas al océano. Después de comer, alrededor de las 14:00, Emma le propuso volver al coche, dejar las compras y después caminar hasta la playa.
Allí un artista se ganaba el pan dibujando a todas las personas que se interesaban en su trabajo y que le proponían posar.
Regina, que encontraba que ese hombre tenía mucho talento, se acercó para contemplar sus obras.
«Buenos días» dijo a la morena
«Tiene usted mucho talento…» respondió ella, con su mirada perdida en los numerosos dibujos
«Gracias…» dijo él sonriendo «¿Quiere posar?» preguntó amablemente
Emma, que estaba un poco atrás, no decía nada, pero miraba a la morena sonriente.
«Con mucho gusto…Emma, ¿viene conmigo?»
«Oh, heu…sí, si quiere»
Se sentaron en una roca, una al lado de la otra y adoptaron una postura cómoda. La arena acariciaba sus pies, el viento movía sus cabellos y el aroma del mar llegaba a sus narices. ¡Dios, eso era formidable!
«Ok, no se muevan, no tardaré mucho…» les dijo el artista.
Veinte minutos más tarde, el hombre había terminado, ellas se levantaron y fueron a ver el resultado.
El dibujo era magnífico, muy parecido a la realidad. Las dos mujeres quedaron convencidas, y satisfechas, quisieron adquirirlo para guardarlo como recuerdo.
Emma insistió en pagar al hombre, después se giró hacia la morena y le dio el lienzo.
«Es para usted…»
Regina le sonrió y sintió su corazón acelerar de felicidad. Era de locos cómo la menor atención la conmovía. Sobre todo si venía de la rubia.
«Gracias…»
«¿Le parece que regresemos?»
La morena asintió y se marcharon hacia el coche, después de haberle dado las gracias al hombre y haberse despedido con la mano.
Quince minutos más tarde estaban de regreso en la villa de Emma. De camino, no habían intercambiado la más mínima palabra, pero no las había incomodado. En su lugar, Emma, en un momento dado, se había puesto a cantar la canción que ponían en la radio y Regina había aprovechado para disfrutar del paisaje a través de la ventana de su puerta, dejándose acunar por la melodía y las palabras.
Cuando atravesaron la puerta, Emma había propuesto tomar un refresco e ir a dorarse en las tumbonas de la terraza.
Cuando se sentaron en estas, Emma puso en la mano de Regina crema solar para que se la extendiera por las piernas, sus brazos, su abdomen y su pecho. Emma hizo lo mismo, y después se giró hacia ella.
«¿Quiere que…le ponga en la espalda?»
«Sí, gracias»
La morena se dio la vuelta para darle la espalda a la rubia que se sentó a su lado. Emma aplicó cuidadosamente la crema por toda la piel mate y suave de Regina dándole un ligero masaje. Cada una, prolongando el contacto, disfruta en silencio.
Cuando Emma hubo terminado, Regina le propuso a la rubia hacerle lo mismo, lo que aceptó con gusto.
Y cuando Regina también hubo acabado, la rubia se dio la vuelta para mirar a la cara a la morena, y sus miradas se perdieron una en la otra.
«¿Le han dicho ya que usted es sin ningún lugar a duda la más bella de las mujeres…?» preguntó Emma sin apartar su mirada.
Regina sonrió y enrojeció de nuevo antes de pasarse la lengua por la comisura de los labios.
«Digamos que hasta ahora no me lo había creído»
«Sin embargo es la verdad…es tan bella, Regina…»
Emma acarició la mejilla con su pulgar para acompañar sus palabras, después acercó su rostro para besarla. Tiernamente.
Regina posó una mano en el ante brazo de la rubia y la otra se deslizó por la nuca para atraerla hacia ella.
Su beso fue casto al principio, pero visiblemente no fue del gusto de Regina que quiso intensificar el intercambio al acariciar los labios de la rubia con su lengua, lo que hizo sonreír a la rubia, seguida de la morena, antes de que sus lenguas se encontraran, acariciándose de una manera suave, pero intensa.
Cuando se quedaron sin aliento, se separaron, y dejaron sus frentes pegadas, cerrando los ojos, satisfechas.
«Emma…» susurró la morena, con sus ojos aún cerrados
«¿Sí?»
«¿Qué somos? Quiero decir…nunca antes…yo no había…»
«¿Mantenido una relación con una mujer?»
«Sí…» respondió retrocediendo ligeramente su rostro para clavar su mirada en la de la rubia.
«Bueno…diría que aún es algo pronto para etiquetar lo que somos, como usted dice, pero…viendo cómo evoluciona nuestra relación, lo que me alegra en sumo grado…» dijo ella sonriendo «Creo que hemos empezado bien para ser más que una mujer y su guardaespaldas…»
La morena se echó a reír, seguida de Emma, antes de recobrarse y de que la rubia cogiera la mano de Regina.
«Pero una cosa es segura, no deseo en absoluto que esto termine…»
«Yo tampoco…» dijo ella acercándose a su rostro de nuevo, haciendo comprender a la rubia que quería otro beso.
«¿Y si empezamos por tutearnos?» propuso Emma cuando de hubieron separado para respirar.
«No es mala idea…»
«Muy bien, en ese caso, ¿le…heu…TE apetece cenar conmigo a solas esta noche?»
«Ya me imaginaba que tramabas algo de ese estilo desde esta mañana…»
«Bueno, como no tuvimos ayer nuestra cita por culpa de esos tarados, pensaba que podríamos recuperarla esta noche»
«Será un placer…»
«Muy bien, en ese caso, nos vemos a las 20:00 al final de las escaleras»
«¿A dónde piensas llevarme?»
«Eso es una sorpresa»
«Me lo suponía…»
Se echaron a reír de nuevo antes de unir sus labios por enésima vez.
