ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenecen, está adaptado por Martasnix.

Capítulo 14

Idaho

Pike pulsó el botón de apagado del mando a distancia y la pantalla de plasma de 80 pulgadas ubicada sobre la chimenea de piedra se volvió negra. Había visto suficiente de Jake Griffin en 12 horas que bastaría por el resto del año. Cada canal de noticias nacionales y locales había estado cubriendo el primer día del popular viaje de agradecimiento a la población que Griffin estaba realizando a través del área central, como hábilmente estaban llamando, sin parar desde las 06 a.m. Los estrategas de campaña de Griffin habían hecho un movimiento inteligente logrando que el bastardo saliera de la reclusión de Washington para presentarse en el patio de enfrente de las personas. En el corazón de los americanos conservadores, tradicionales y temerosos de Dios. Su territorio. Y mientras él y sus rivales para la nominación nacional se movían penosamente hacia adelante y hacia atrás a través del país entre Boca Ratón a Palm Springs, las Vegas y todas las demás escapadas invernales donde los contribuyentes conservadores se reunían para hacer alarde de su dinero y obligar así a los candidatos a pavonearse como putas solicitando favores, Griffin estaba afuera charlando cordialmente con los constituyentes como si fuese un viejo amigo del hombre común. Como si no supiera que los cargos políticos se compraban y no se ganaban en las urnas. Y por supuesto las personas, como ovejas, acudían al circo mediático. Grandes multitudes se congregaban en diferentes puntos a lo largo de la ruta del tren, de pie en el frío ártico durante horas, para tener la oportunidad de ver el paso histórico. Claro, muchos de ellos eran abanderados de Griffin y muchos otros simplemente tenían curiosidad por ver el espectáculo. Ahora quienes apoyaban no importaban. Todos aquellos ciudadanos que se reunían para verlo daban una impresión de popularidad que Griffin no merecía y él era lo suficientemente astuto como para sacar provecho de esa mentira. El maldito tren incluso bajaba la velocidad en los lugares donde no estaba programado realizar una parada, Charles había visto el programa, así como todos los demás con una conexión a Internet, y Griffin salía de su vagón para pararse en el viento que soplaba y la nieve, sin sombrero usando un simple traje, saludando a la multitud, luciendo joven, vigoroso y accesible. Como si el clima que podía congelar las bolas de un hombre común no tuviese efecto en él en absoluto. Debió haber provocado un ataque a su equipo de seguridad, exponiéndose de esa manera. Los discursos en las paradas programadas no eran más que la misma retórica que había estado escupiendo desde su toma de posesión, lograr que los estadounidenses regresen al trabajo, lo que garantizaría una América fuerte en el mercado global, la protección de nuestras costas y nuestros intereses en el extranjero, salvaguardar los derechos de todos los estadounidenses. Por supuesto, eso último era donde había tropezado. Porque lo que Griffin consideraba derechos otros lo consideraban sacrilegio. Esa era una de sus muchas debilidades. Charles planeaba dejar eso claro a los votantes, sin importar lo que hiciera falta. Aun así, todo el viaje en tren era un movimiento político brillante que no podía quedar sin respuesta.

Derek le entregó un whisky —La novedad desaparecerá en un día o dos.

—Lo dudo. Los estadounidenses aman el espectáculo y definitivamente les está dando uno— Charles no estaba de humor para ser apaciguado. Por primera vez, encontró la fe sincera de Derek molesta e ingenua ¿Podía su ayudante seguir siendo un Boy Scout mientras usaba pantalones caqui, camisa abotonada y un suéter de cachemira azul pálido? ¿Acaso los últimos 4 años con Charles no le habían enseñado nada?

—Entonces necesitamos refutar…— comenzó Derek, su tono medio apaciguador, medio beligerante.

—Tienes toda la razón. Consígueme a Hanna. En este momento, tenemos que crear algunas noticias que nos beneficien.

—Por supuesto— la expresión de Derek no cambió ante la mención de la amante y jefe de campaña de Charles, pero su voz se heló —¿Qué debo decirle?

—¿Qué crees? — Charles derramó el whisky al golpear el vaso contra una mesa de nogal pulido brillante, donde se formó inmediatamente un anillo de condensación —Dile que quiero verla. Ahora. Ella sabe dónde.

—Por supuesto, señor— Derek levantó el vaso y deslizó una servilleta de lino debajo de él para absorber la humedad.

—Y nuevamente trata con Titus. Quiero una actualización sobre la investigación de ese desastre en las montañas. Lo último que necesitamos es un grupo de agentes federales espiando por aquí durante semanas.

—Sigo cayendo directamente al correo de voz cuando llamo, señor— dijo Derek con rigidez.

—Entonces sigue intentando y envíame un texto cuando lo localices.

—Por supuesto.

Charles caminó hacia la puerta y luego reconoció el frío en la habitación y se volteó. Ofreció una sonrisa conciliadora y apretó el hombro de Derek —Lo siento. La hipocresía siempre me enfurece, pero no debería pagar contigo mi rabia por la traición de Griffin— dejó que sus ojos y su sonrisa se suavizaran y deslizó una mano por el brazo de Derek, agarrando su mano durante un largo segundo antes de dejarlo ir —Ciertamente, no contigo.

Los labios de Derek se separaron y su cuerpo se balanceó ligeramente hacia Charles. Charles se dio cuenta y se felicitó por calmar las aguas.

—Por supuesto, senador.

—Charles— dijo Charles —Cuando estamos solos.

—Por supuesto... Charles.


Las puertas del comedor del vagón de prensa se abrieron con apenas un susurro y Claire rápidamente hizo un balance de sus ocupantes. Era temprano para el servicio de cena y estaba esperando que no estuviese demasiado lleno. Varios periodistas estaban sentados a solas con ordenadores portátiles y tabletas y un grupo de cuatro de ellos ocupaban una mesa en el centro del vagón. Los conocía de vista y asintió hacia ellos cuando miraron hacia arriba. Cuando casi inmediatamente regresaron a su conversación, ella dejó escapar un interno suspiro de alivio.

—¿Estaría bien esa mesa de allá atrás? — señaló una pequeña mesa escondida en la esquina de la parte trasera del vagón.

—Abby bien— dijo Alice.

Una vez que estuvieron sentadas en la mesa cubierta con mantel blanco de lino, Claire casi sintió como si estuviesen solas. Nadie les prestó atención y se complació en su urgencia de simplemente mirarla. Había estado pensando en esta reunión, también podría llamarlo como lo que era, una cita, toda la tarde y Alice no le defraudó. Se veía diferente sin uniforme. Aún reflejaba ese sencillo y tosco aire de confianza y gracia física que todos los agentes emanaban, pero su sencillo suéter azul marino ajustado a su cuerpo, de una manera que la camisa del BDU no lograba ajustarse, revelaba la curva de sus pechos y su estrecho torso. Su cabello castaño estaba un poco desordenado, como si hubiese estado deslizando una mano a través de él y sus ojos cuando se encontraron con los de Claire reflejaban una calidez que no había estado allí anteriormente. O tal vez eso era sólo una ilusión. Ya que la temperatura de Claire definitivamente estaba en aumento. Dios, Alice presionaba cada botón que tenía y algunos que ni siquiera sabía tenía. Y realmente tenía la boca más fascinante...

Un mayordomo apareció a su lado, haciéndole saltar.

—¿Quieren ver el menú? — el esbelto mayordomo rubio, luciendo inmaculado en sus pantalones negros, una chaqueta de esmoquin blanca y corta, camisa blanca y corbata negra, lucía amable y discretamente distante, como todo el personal de la Casa Blanca.

Claire esperaba que Alice no hubiese leído su mente y preguntó con toda la calma que pudo reunir al mirar los ojos divertidos de Alice —¿Una bebida primero?

—Claro— Alice sonrió y se volteó hacia el mayordomo —¿Supongo que no tiene cerveza?

—En realidad, señora, tenemos de ambas, embotellada y de barril.

—Agente está bien— dijo Alice en un tono amistoso —¿Cerveza oscura?

Él asintió y recitó los nombres de varias cervezas desconocidas para Claire —Y, por supuesto, la cerveza de granja que el presidente prefiere.

—Entonces, esa— respondió Alice.

—¿Y usted, señora? — el mayordomo preguntó a Claire.

—¿Vino?

—Por supuesto ¿Copa o botella? Puedo traerle la lista.

—Eso no será necesario. Creo que empezaré con una copa ¿Borgoña blanco?

Él sonrió —Muy bueno.

Él desapareció y Claire suspiró —Podría acostumbrarme a este tipo de servicio.

—¿No lo entiendes? ¿Alimentándose alrededor de un Ángel?

Claire frunció el ceño —¿Disculpa? .

—Air Force One.

—¡Oh! — Claire se rió. —No atrás en el vagón del ganado. Quiero decir, es lujoso comparado con el comercial, pero más o menos cuidamos de nosotros mismos en el área de prensa, excepto cuando sirven las comidas. Eso definitivamente es agradable.

—Bueno, esto es mejor que casi todos los malditos aviones de carga.

—Puedo imaginarlo— Claire frunció el ceño —O tal vez no ¿Crees que Phil me permita volar de regreso con todos ustedes?

Alice resopló —Confía en mí, no quieres hacer eso.

—No, realmente quiero hacerlo. Le preguntare.

—Espero que hayas traído ropa interior larga.

—Uh— dijo Claire —En realidad no tengo ninguna.

—Entonces vas a congelar tu trase…— Alice se sonrojó —Lo siento.

Claire sonrió —He escuchado la palabra y creo que en realidad tengo uno.

—Lo tienes. Me di cuenta.

Una lluvia de chispas recorrió la columna vertebral de Claire —¿Lo hiciste?

Alice simplemente asintió, su expresión completamente seria ¿Sabía ella lo sexy que lucía cuando actuaba como si todo lo relacionado con Claire fuese importante, aunque fuese su culo? No lo sabía. Nadie podía reflejar ese encanto natural con tan poco esfuerzo. Simplemente era sexy.

—Apuesto que no será mucho peor que hoy, al menos cuando al tiempo se refiere—Claire trató de alejar su mente de Alice y su culo, de cualquiera de sus culos. Por supuesto, Alice lucía increíblemente bien en esos vaqueros azules, más que dos puñados de firme trasero. Y esa imagen no estaba ayudando. En absoluto.

—¿Cómo estuvo tu día? — preguntó Alice.

—No creía posible que las cosas estuviesen más agitadas que sus viajes normales, pero lo estuvieron. Entre sus apariciones programadas y luego las paradas no programadas en el camino, estuve corriendo la mayor parte del tiempo. Pero es apasionante. Ningún presidente ha hecho esto en mucho tiempo

Claire asintió su agradecimiento cuando el mayordomo deslizó su copa de vino en la mesa. La agarró y trató de no tragar. Su garganta estaba tan malditamente seca —¿Hace que sea más difícil para ti?... ¿me refiero al tren?

—En realidad no. Siempre que POTUS viaja, nuestro trabajo es el mismo, se trate de un tren o un edificio o una plaza. Atlas siempre está olfateando en busca de explosivos. Y necesito asegurarme que verifique todos los lugares potencialmente peligrosos— Alice se echó a reír y unas pequeñas arrugas que Claire no había notado anteriormente aparecieron en las esquinas de sus ojos —Sin embargo, preferiría estar haciendo esto al sur de california.

—Lo sé y viene más nieve.

—Al menos, a Atlas no le importa— Claire frunció el ceño —¿Dónde está?

—En el vagón para las casetas de los perros.

—¿Solo? — Claire no sabía cómo podía extrañarlo después de sólo haberlo conocido unas horas, pero lo extrañaba —¿Está bien? ¿Es lo suficientemente caliente?

—En este momento, probablemente esté dormitando, pero no estará feliz si lo dejo por mucho tiempo. Está acostumbrado a estar conmigo.

—Debe ser muy especial, vivir con él y trabajar con él, el vínculo entre los dos.

—Somos compañeros— dijo Alice —No es diferente de cualquier otro compañero.

—Cuéntame cómo sabías que esto era lo que querías hacer.

Alice agarró el vaso de cerveza y pareció estar estudiándolo. Tal vez la pregunta había tocado un nervio. Claire no había tenido la intención de que esta reunión fuese sobre trabajo y realmente no había tenido intención de evocar algo incómodo. Alice había sido clara al principio del día que era más cómodo hablar sobre el papel de Atlas y no del suyo.

Claire se inclinó sobre la mesa y posó suavemente sus dedos sobre la parte superior de la mano de Alice —Esto es extraoficial, pero si no quieres contarme, está bien. Realmente sólo quería saber cómo habías sabido que esta... asociación... era para ti.

Alice levantó la mirada, sus ojos verdes borrosos, como si estuviese viendo algo, o como si estuviese en algún lugar, muy lejos —La mayoría de los chicos probablemente dirían que les gusta la oportunidad de trabajar en solitario en el campo casi todo el tiempo, sólo ellos y sus perros. Estás en movimiento alrededor, buscando amenazas potenciales, en lugar de esperar pasivamente a que algo suceda.

—¿Pero tú no?

—Oh, yo también. Nos gusta burlarnos de los chicos que permanecen de pie hora tras hora en una puerta o un coche— Alice se rio en voz baja, pero su expresión se mantuvo distante —Todas esas cosas hacen que el trabajo sea realmente grandioso. Pero para mí, es más acerca de él. Él hace todo mi trabajo, mi vida funciona.

—Atlas.

Alice asintió —Él me atrapó. Siempre he sido capaz de conectar con los animales. Sé que suena un poco loco, pero crecí en una granja, siempre lograba que una yegua nerviosa se calmara o lograba que un caballo agresivo controlara sus modales.

Encantadora, Claire murmuró —Como el encantador de perros.

Alice se sonrojó —Simplemente estaba más cómoda con ellos que nadie.

—¿Alguna idea del por qué? — Claire no tenía ninguna intención de poner todo esto en su artículo. Se trataba de Alice y quería conocerla —Sólo entre nosotras.

—Cuando era joven… tartamudeaba— dijo Alice.

—¿En serio? Nunca lo hubiese imaginado.

—Fue cuando tenía 10 años más o menos, pero eso hizo que fuese bastante tímida en la escuela.

Claire apretó la mano de Alice —Lo siento. Es difícil ser diferente a cualquier edad, pero es peor para los niños.

—Está bien. Fue hace mucho tiempo— Alice se sacudió a sí misma, justo como lo hizo Atlas, derramando la nieve de su abrigo

—Entonces ¿Qué hay sobre ti? Apuesto que eras la chica más popular de tu clase.

Sorprendida, Claire negó con la cabeza tímidamente —No lo era.

—Apuesto que lo eras. Espera… ¿animadora?

Claire sentía acometidas de calor en su rostro —Sí, pero….

—¿Reina de la graduación?

Claire gimió —Escucha, era….

Los ojos de Alice se estrecharon —Vamos a ver, apuesto que fuiste a... Vassar.

—Das miedo. Detente.

—¿Presidente de la asociación de estudiantes? Y….

—Está bien, eso es todo— Claire entrecerró sus ojos —Me investigaste en google.

Alice se rio nuevamente y las nubes en sus ojos desaparecieron —No lo hice. Aunque eso es una buena idea.

—No puedo creer que alguna vez fueses tímida.

—¿Por qué?

—Porque eres tan buena leyendo a las personas... bueno, a mí por lo menos.

—¿Eso crees? — dijo Alice en voz baja.

—Estuviste vergonzosamente correcta en este momento.

—Estaba adivinando, por lo que haces y cómo te comportas. Eres segura, inteligente y hermosa...

—Ahora realmente me estás avergonzando— Claire notó que casi estaban tomadas de la mano y que el comedor se estaba llenando. No le importaba lo que pensaran de ella, pero estaban en una situación de trabajo. De mala gana, rompió el contacto y alejó sus dedos —Si esas fueron conjeturas, ¿qué estás pensando sobre mí ahora?

—Me pregunto cómo logré ser tan afortunada de estar cenando contigo.

—Estaba pensando algo similar. Porque no puedo imaginar cómo has logrado permanecer soltera tanto tiempo.

—No me topo con mujeres hermosas, seguras e inteligentes muy a menudo. Al menos, no con ninguna que tuviese algún interés en hablar conmigo.

—Entonces debes toparte con un montón de mujeres tontas.

—¿Y tú? — preguntó Alice —¿Hay alguien?

—Si lo hubiese, no estaría cenando contigo en este momento— dijo Claire —Oh, podría estar cenando, pero no de esta manera.

—¿De esta manera?

—De manera personal, no profesional. Como sentarme aquí contigo el resto de la noche, porque quiero saber todo sobre ti.

—No creo que tomaría tanto tiempo.

—Oh, creo que tomaría mucho más tiempo.

—Desearía...— Alice apartó la mirada y luego miró directamente los ojos de Claire

—Desearía que no estuviésemos en este tren ahora. Porque realmente desearía estar a solas contigo.

El corazón de Claire dio un vuelco —¿Lo deseas? ¿Por qué? .

—Así podría seguir sosteniendo tu mano mientras hablamos.

—Bueno…— dijo Claire, sin aliento tanto como lo había estado la primera vez que había estado a solas con una chica y se había dado cuenta que estaban a punto de convertirse en algo más que amigas. De repente, realmente, tenía muchas ganas de tomar la mano de Alice Abernathy —¿Por qué no le pedimos al mayordomo que nos traiga algunos bocadillos y… buscamos a Atlas y hacemos un picnic en alguna parte?

—¿Quieres buscar a Atlas? — la expresión de sorpresa de Alice se transformó en algo oscuro e intenso y tan irresistible que Claire se acercó aún más hasta que sus muslos se tocaron debajo de la tela blanca de lino.

—No quiero que esté solo y preguntándose dónde estás— dijo Claire suavemente. Su pierna temblaba. Temblaba en todas partes —¿Te importa?

—No. No me importa en absoluto— las largas pestañas de Alice parpadearon mientras sus párpados caían perezosamente y su mirada recorría el rostro de Claire —En este momento mi habitación debe estar libre. Es un poco pequeña, pero acogedora.

—Suena perfecto.

Alice echó hacia atrás su silla —Le diré al mayordomo que se apresure con los sándwiches.