Inalcanzable

Capítulo 13: Lo inevitable

POV Camus

Estaba cosechando lo sembrado, recibiendo la única recompensa en el fondo de una botella de vino, una dura resaca y la cabeza en el retrete.

La segunda vez que me vomité Milo empezó a golpear la puerta.

"Camus ¿Está todo bien?"

Oh, estaba de maravilla.

"¡Sí!" El solo sonido de mi voz me sacudió la cabeza, por lo que agradecí internamente que ya no me preguntara nada.

Era un desastre. Me puse de pie para enjuagar mi rostro en el lava manos y contemplar la imagen que me devolvía el espejo, desastre me quedaba chico en esos momentos, mi maestro estaría decepcionado del poco autocontrol que había demostrado la noche anterior.

Cerré los ojos para que todo dejara de moverse e intenté aclarar mis ideas un poco, los recuerdos de las horas anteriores me llegaban a paso muy lento, la fiesta en casa de Helena, la miradas acusadoras de Milo cuando la dejé volverse el centro de atención, Hyoga e Isaack portándose como… niños, corriendo por la sala y arrojándose nieve afuera, Arthur atrapándome con una de sus fantásticas anécdotas sin fin ni sentido y… Nahir, la que había ocasionado toda mi desgracia, eso lo tenía grabado a fuego en mi memoria, aún que no había sido ella, había sido Milo y su costumbre de reaccionar de manera desproporcionada a todo.

Resoplé volviendo a mojar mi cara con agua fría, aun esperando algo de compostura, no saldría del baño hasta estar seguro de ya no necesitarlo.

Mientras traté de analizar el comportamiento de Milo, ¿Qué habría hecho en su lugar? Bueno… no habría reaccionado de una manera tan violenta, pero solo tratar de imaginarla con otro hombre aumentó mis dolores de cabeza, así que deseché todos los intentos de empatía.

De todas maneras mi malestar se disparó al recordar algunas de mis palabras.

¿Yo había dicho todo eso? ¿En qué pensaba? ¿Por qué tuve que beber tanto? Me desharía de todo el vino de la bodega, no podía permitirme una conducta similar en el futuro y con Milo cerca… no me faltarían los motivos para beber.

Cuando regresé a la alcoba ella estaba en la cama aún, recostada, era de esperarse, hacía demasiado frío, pero no dormía, me miraba con curiosidad, odiaba ser objeto de sus ojos en esos momentos, mi imagen era muy poco digna, jamás le había permitido a ella ni a nadie verme en semejante estado y no era una nueva experiencia que disfrutara, apenas tenía dominio sobre mi cuerpo y mis rasgos estaban afectados por la terrible resaca.

Cuando corrí las colchas y volví a recostarme Milo se pegó a mí de inmediato, acomodándome el cabello para que le prestara atención.

"¿Te sientes mejor?"

Gruñí frunciendo el ceño.

"La voz… Milo, baja la voz"

Ella rio, aunque no entendí cuál era la parte graciosa, y atendió a mi pedido, empezando a susurrar, de todas maneras hubiera preferido el silencio.

"¿Y Hyoga e Isaack?"

Es verdad, tenía alumnos.

"En casa de Arthur, los buscaré por la tarde… o mañana" No dejaría que me vieran en ese estado y tampoco los expondría a mi humor, acabaría desquitándome con ellos.

"Bebiste demasiado anoche" Milo Acarició mi cabeza y volví a mirarla, lucía muy diferente a la noche anterior, ¿Estaba feliz acaso? ¿Había ocurrido el milagro? Yo había conseguido hacer feliz a Milo, quizás conservara la bodega después de todo.

"Dime algo que no sepa"

"Estas deshidratado, deberías beber agua, te traeré agua"

"No… quiero tomar nada, lo devolvería, quiero silencio"

"Ven" Ella se incorporó un poco, apoyando la cabeza en el espaldar de la cama e invitándome a que me recostara sobre su pecho, lo que resultó ser mucho más cómodo de lo que esperaba, con razón Hyoga dormía ahí.

Tras unos momentos de paz la escuché reír con suavidad, lo que me irritó.

"¿Qué pasa?"

"Nada" Su tono seguía siendo alegre, y yo no tenía voluntad de hablar, por lo que no insistí y me dediqué a intentar dormir.

Desperté un poco mejor, menos mareado pero aún con mucho dolor de cabeza.

Milo ya no estaba conmigo, pero no tardó en aparecer por la puerta, vestida solo con una de mis camisas, trayendo un vaso de agua y una píldora.

"Espero que no estén vencidas, estaban en tu botiquín" Se explicó volviendo a subirse a la cama, yo también esperaba que no lo estuvieran, esos ibuprofenos los había comprado sueltos hacía unos meses en la farmacia de la ciudad.

Me senté para tomar el calmante y al sorber el agua casi la escupo.

"¿Por qué esta dulce?"

"Le puse azúcar"

"¿Y por qué le pusiste azúcar?"

"Eso le preparaba Amenthys a mi maestro cuando tenía reseca, ¿Tú que tomas?"

La explicación fue razonable pero la pregunta insultante.

"Yo nunca tuve resaca" Era una verdad a medias, me había pasado con la bebida en más de una ocasión, pero no en público, y Milo contaba como público.

"Oh vamos Camus, si tu no bebieras de más no estarías por ser padre"

Dejé pasar los escalofríos que ese título me provocó dicho con tanta naturalidad porque no entendí nada en esa frase.

Acabé el agua y le devolví el vaso.

"¿De qué estás hablando?"

Ella suspiró, volviendo a ponerse de pie.

"Bueno, siendo justos yo también tuve parte de culpa por seguirte la corriente, pero quiero pensar de que de haber estado sobrio habrías recordado usar protección"

Dejó ese comentario al aire y desapareció por la puerta, seguramente a devolver el vaso a la cocina, yo la esperé sin olvidar lo que tenía que argumentar ni bien volviera a aparecer.

"Milo, yo nunca dormí contigo estando ebrio y siempre usamos protección"

Ella no me prestó verdadera atención, se limitó a sentarse a mi lado.

"Aja Camus, y mi embarazo es imaginario"

"Milo, hablo en serio"

"Créeme, yo recuerdo mejor que tú esa noche"

Mi desconcierto iba en aumento, o yo había bebido demás estando en el santuario y ya no podía recordarlo o la que se había pasado de copas era Milo y estaba desfigurando la historia.

Decidí que no valía la pena discutir con ella por algo tan insignificante, el hecho de que ella estaba en cinta no dejaba lugar a muchas dudas, de un modo u otro pasó y era lo que importaba.

"¿Qué tanto hablabas con Hyoga ayer?"

Recordé de momento, y no fallé en notar como tensaba sus hombros y demoraba en mirarme de frente, gestó que ya conocía como intento de disimular incomodidad o sorpresa, estaba meditando qué responder.

"Cosas de niños"

Y ahí venía la respuesta ambigua.

"Milo, Hyoga ya es un niño bastante… complicado, no creo que sea buena idea que reciba agua de dos fuentes"

La manera en que abrió sus ojos y me interrogó estirando al primer vocal me indicó que no había sido nada claro.

"Olvídalo" Despedí el tema, quise pensar que estaba exagerando.

"¿Te sientes mejor?"

"Sí"

Ella se aproximó más.

"¿Qué tanto?" La mirada traviesa que me dedicó no dejó lugar a dudas sobre sus intenciones.

En cuestión de instantes la camisa que traía volví a quedar olvidada por el suelo de la habitación.

No importaba que tan mal me sintiera, era capaz de razonar que no tendríamos muchas oportunidades como esa en el futuro, no debíamos dejarla pasar y Milo también lo sabía. Volvimos a hacer el amor, pero con menos desenfreno, más mesura.

Aprovechando la calma del momento me atreví a volver a dormitar unos momentos, cuando desperté nuevamente estaba solo.

Me vestí con lo primero que encontré para ir a la cocina, donde estaba Milo, de nuevo con mi camisa, pero con calzas negras ajustadas y el cabello recogido en una coleta, calentando algo sobre la estufa.

"Muy buenos días" Exageró el saludo matutino, llevaba conmigo toda la mañana, no era necesario.

Noté que también había puesto la mesa para dos de manera prolija, hasta con mantel, no recordaba tener uno.

"¿Qué haces?"

"Pues preparar el almuerzo" Me respondió con obviedad, aunque en realidad era otra cosa lo que hacía, ¿Quería atenderme ella?

Corrí una silla y tome asiento, aún me sentía fatigado, y me dediqué a observarla, seguía luciendo alegre, canturreaba algo mientras revisaba el horno y exprimía jugo de unas naranjas.

Milo ya llevaba más de un mes viviendo conmigo y no habíamos tenido grandes oportunidades de estar juntos, los niños consumían mi tiempo y cuando pensaba en ella no podía evitar preocuparme por el embarazo, sabia de sobra lo imprudente que era Milo, dejarla que se cuidara a si misma sería una imprudencia mía, ella siempre pensaba que podía, me parecía perfecto que confiara en sus habilidades, pero también debía conocer sus límites, era el motivo por el que aun no estando en cinta no luchaba con ella, no deseaba hacerle daño y sabía que ella no se contendría ni mediría, también por ese motivo luchaban tanto con Aioria, tenían caracteres similares, lo que me dejaba aún menos tranquilo, esos dos se matarían antes de tener la posibilidad de ver una guerra.

Pero en esos instantes nada de eso importaba demasiado, éramos solo Milo y yo, a demasiados kilómetros de toda vida existente, solos en una cabaña, acabando de pasar la noche juntos y a punto de tener un almuerzo en pareja, no era justo que mi cerebro me diera más cosas en qué pensar.

La miré detenidamente, era tan hermosa, era difícil describir la impresión que su imagen me causaba, amaba todo lo que ella era, aún con sus niñerías, no se trataba de algo físico, pero tenía que admitir que se trataba de un regalo con un exquisito envoltorio, era perfecta, toda su fisonomía, esa caderas anchas, su cintura pequeña, su delicado cuello, recordaba lo sensible que era a toda caricia, y ahora estaba completamente expuesto, por la bonita manera en que llevaba el cabello alzado.

Pensé lo que deseaba hacer en esos momentos y me pareció apropiado no reprimir el impulso, al fin y al cabo, nuevamente, éramos solo ella y yo.

Volví a ponerme de pie, y antes de que girara a verme la atrapé por detrás, haciendo que diera un pequeño brinco por la sorpresa.

"¡Camus!"

Sus manos cayeron sobre las mías, que estaban en su vientre, y mis labios fueron directo a su cuello, provocándole que inclinara la cabeza, dándome un poco más de espacio.

Cuando aflojé el agarre ella se giró y nos besamos largo y tendido, hasta que un aroma sospechoso nos recordó que la comida ya estaba a punto de quemarse.

Era irreal, parte de una fantasía enferma de mi mente, Milo y yo sin preocupaciones ni inhibiciones.

Claro que era irreal, estábamos viviendo dentro de una burbuja, una que reventaría en cuestión de meses, porque si había algo que mi alma estaba segura era de que cuando llegara la hora… Milo iba a dejarme para siempre.

Los meses se fueron volando, sin importar cuanto lo deseara, no podía conseguir que el tiempo pasara más lento.

El vientre de Milo empezó a hincharse un poco, tal como esperaba su pansa era picuda, solo se veía de adelante, su pequeña contextura nunca me había hecho dudar sobre lo poco que le cambiaría el cuerpo con el embarazo.

Tenía antojos comunes pero difíciles de satisfaces, quería frutas a toda hora y yo ya traía loco al verdulero de la aldea con ello, sin contar que ésta era mucho más insípida ahí, no tenía el sabor que la que nos llegaba de Rodorio en Grecia.

Luego estaban las náuseas, Hyoga e Isaack tuvieron que despedirse del pescado por un tiempo, ella ya no soportaba el olor, además del desodorante de ambiente con aroma a limón, también tuvo que irse.

Pero lo que me preocupaba más que todo lo anterior era el estado de ánimo de Milo. Ella seguía feliz y esa felicidad me estaba haciendo miserable.

"¿Lo sientes?"

Acababa de limpiar lo usado en la cocina con Isaack cuando al salir a la sala me encontré con un ya repetido cuadro.

Milo estaba sentada en el sofá con una camisa mía, le quedaban como camisón, y solo unas calzas, mientras que Hyoga, arrodillado frente a ella, acariciaba su pansa y soltaba algunas risitas entusiastas.

"¡Sí!"

Ver eso me era desgarrador.

"Camus ¡Ven!" Me llamó al notar que los estaba mirando, tan radiante como de costumbre "El bebé se está moviendo"

Pensé en cómo declinar esa invitación, pero era inútil, la primera vez que la desairé Milo se sintió tan herida que no me dirigió la palabra por una semana, no quería volver a pasar por lo mismo.

Tragándome mis objeciones me senté a su lado y dejé que guiara mis manos por su cuerpo, colocándolas en la parte más baja de su vientre.

Temblé al sentir el temblor debajo de su piel, al poder palpar la realidad que se nos avecinaba y me pregunté una vez más cómo Milo podía ser tan cínica con ambos.

"Lo sentiste ¿Verdad?" Quiso asegurarse.

"Sí"

No supe más que agregar y ella me miró interrogante, fue la euforia de Hyoga la que me salvó de un momento incómodo.

"¡Se mueve mucho!" Exclamó pegando su oreja a la panza, como esperando oír algo, aún que ya sabía que se sentía su corazón, ese me taladraba los oídos por las noches.

"Se mueve cada vez que Hyoga lo toca, parece que ya lo conoce" Dijo riendo.

Tenía sentido, pasaba más tiempo con él que conmigo.

"Es que le agrado mucho" Acotó mi alumno con orgullo "No se mueve con Isaack"

"Hyoga recuerda que te toca limpiar el baño, Isaack está limpiando la habitación"

"¡Sí!"

Venía distribuyendo las actividades de la casa equitativamente y asegurándome que se cumplieran, lo último que deseaba era que Milo se pusiera a limpiar o se fatigara con alguna tarea, a medida que avanzaba su embarazo ella dormía más y lucía más cansada, quería que estuviera relajada.

Cuando llegamos al séptimo mes decidí olvidarme de que era maestro.

No soportaba dejar a Milo sola por las noches, solía descomponerse a menudo, asique acabé enviando a Hyoga a la sala y me mude de regreso a mi alcoba, al fin y al cabo sabían que esperaba un hijo mío, no podía empeorarles mi imagen.

Aún que tuvo una repercusión negativa en mi interior ese cambio. Pasaba demasiado seguido, la abrazaba por detrás para reconfortarla… y ese cosmos se encendía, no entendía cómo era posible, pero lo hacía, manifestaba su cosmos desde el vientre, como si quisiera recordarme su presencia. Todo era muy extraño, me preguntaba vagamente si Milo y yo al estar en el vientre de quienes nos dieron a luz... podíamos hacer lo mismo o estábamos frente a algo nuevo y extraño, tenía sentido que fuera así, eso explicaría por qué todos los santos dorados éramos huérfanos, posiblemente asustábamos demasiado a nuestros padres.

Los días seguían pasando con velocidad, Isaack y Hyoga no me generaban ya mucho trabajo, empezaban a forjar cierta complicidad y compañerismo que evitaba que estuviera que estarlos vigilando todo el tiempo, Isaack seguía mostrando mucha más madurez, la que Hyoga intentaba imitar, por suerte la influencia en la relación iba para el lado que me convenía, sería problemático que Hyoga fuera quien influenciara a Isaack.

Milo por su parte se dedicaba a hacerles compañía cuando estaban en el sofá, yo solía dejarlos que leyeran por su cuenta el material de estudio, pero ella pasó de leérselos a narrárselos, seguían con las clases de historia después de todo, ese era el fuerte de Milo.

No era extraño salir de la cocina y encontrarlos a los tres reunidos, los niños expectantes en completo silencio mientras Milo hablaba.

"Entonces el Gran Kardia de Escorpio se preparó para lanzar su último ataque, el Scarlet needle katakeo, ¡Pero el temible juez del infierno lo detuvo arrancándole un dedo, creyéndolo ya indefenso! ¡Y fue ahí que Kardia río y disparó una aguja directo a su corazón!"

"¿Cómo? ¡Ya no tenía!" Preguntó Hyoga, lucía asombrado.

"En su mano derecha, aún tenía la aguja de la izquierda"

"Wow"

"¿Usted también tiene dos Scarlet needle?" Fue Isaack quien habló, me sorprendía su entusiasta participación.

"¡No va a decirte si tiene!" Le discutió Hyoga "¡Debe ser sorpresa!"

Milo rio al escucharlo.

"No tengo, solo el gran Kardia de Escorpio ha sido capaz de despertar dos, nadie más en la historia lo ha hecho, y él fue el único santo de Escorpio enfermo del corazón"

Y ahí estaba ella de nuevo, alabando a su prócer.

"¿Es verdad que él y Degél de Acuario eran muy cercanos?" Continuó Isaack.

"¡Sí! De hecho todos los santos de Acuario y Escorpio han estado relacionados por un fuerte vínculo amistad, es algo inexplicable que se repite en cada generación"

"Pero… Tú y mi maestro…" Hyoga no pudo terminar la frase por que se le fue toda la sangre a la cara. Milo estaba igual, decidí apiadarme de ambos e intervenir.

"Eso es porque Milo es la primer mujer de Escorpio, eso nunca había sucedido tampoco"

Los tres notaron mi presencia recién en ese momento, Milo me hizo una señal de que me sentara a su lado, los niños permanecían en el suelo, más cerca del fuego.

"Entonces… ¿Nosotros seremos cercanos con quien herede Escorpio?" Quiso saber Hyoga.

"Es posible" Milo se encogió de hombros, apoyándose un poco en mí.

"Para eso primero deberíamos saber si alguno de ustedes será mi sucesor"

Mis alumnos me miraron sorprendidos, asimilando lo que acababa de decir, pensé que eso sería todo por esa tarde, pero Isaack me sorprendió al ponerse de pie muy serio.

"Yo lo seré, yo seré Santo de Acuario, maestro"

No había motivos para dudar de sus palabras, el tiempo nos diría la repuesta, por eso solo asentí, conforme con su actitud, tenía convicciones fuertes y una gran pasión por la justicia, no dudaba que sería un gran caballero.

Por su parte Hyoga se mantuvo al margen, esperaba oír algo de él, especialmente porque también se puso de pie, pero completamente indiferente a lo que había escuchado, se trepó al sofá y empezó a acariciar la panza de Milo.

"Dijiste que hoy nos contarías sobre Aquiles"

"Será en otra ocasión" Lo interrumpí decepcionado "Ahora vayan a bañarse, apestan"

Esa parte no era del todo mentira, hacía una hora que regresamos de entrenar afuera y estaban aún todo sucios y sudados.

Ellos, como siempre obedientes, desaparecieron directo para el baño, dejándonos solos.

Milo dio un gran bostezo y yo la apreté más contra mi cuerpo.

"¿Has tenido más contracciones?"

"No, hoy no" Me confesó cansada, dándome un corto beso.

Estuvimos unos momentos en silencio hasta que junte la fuerza necesaria para decirle lo que venía postergando.

"Milo, un… amigo de… parientes de Arthur… conoce un matrimonio que desea mucho un bebé, dice que son… buena gente, están bien económicamente y viven en Kémerovo, ahí tienen un mini supermercado"

La sentí tensarse como una cuerda, pero no dijo nada, así que seguí.

"Me… enviaron unas fotos junto con una carta… quisieran conocerte…"

"No quiero conocerlos"

Esperaba esa respuesta, así que no discutí con ella, particularmente… yo tampoco deseaba conocerlos, confiaba en la palabra de Arthur y ya.

"En fin, Arthur se ofreció a hacer el viaje, ni bien nazca el bebé lo llevará hasta allá, no te preocupes, nos aseguraremos de que haga el trayecto lo más calefaccionado y abrigado posible…"

Milo se separó de mí y se marchó a la alcoba, azotando la puerta detrás, ahí empezaron dos semanas más sin que me hablara, pero ¿Qué más podía hacer?

Le di su espacio y esperé que lo asimilara por su cuenta.

Pasado un tiempo volvió a su estado normal, feliz por su embarazo, sin querer hablar a futuro, se entendía más con Hyoga, el niño le celebraba su panza como si le estuviera por dar un hermano, Isaack eran más indiferente, a él le interesaban más los detalles técnicos '¿Duele demasiado?' '¿Pesa mucho?' '¿Cuántas semanas de gestación van?' Prefería que la acompañara Hyoga…

Cuando entramos en el noveno mes Milo ya no salía de la casa, había desistido de intentarlo, el invierno había terminado, pero las tormentas de nieve seguían sorprendiéndonos, me parecía un riesgo innecesario. Pero una noche se volvió muy necesario.

"¡Milo!"

Ese día me sentí tan positivo como hacía meses que no me sentía, ella estaba leyendo en la cama, con Hyoga dormido a su lado, Isaack descansaba en la sala, ya era demasiado tarde, si yo permanecía despierto fue porque tuve que llegarme de urgencia a la aldea por café y otros víveres. Urgencia para mí, no despertaría al otro día sin café, venía durmiendo muy mal.

"¿Qué pasa Camus?" Me preguntó ella con poco entusiasmo, sin bajar su libro aún.

"Necesito que vengas conmigo"

"¿A dónde?" Arqueo una ceja confundida.

"¡Afuera, afuera!"

Eso la sacó de su letargo, casi hace lo mismo con Hyoga, pero el niño solo se desplazó por su cuerpo hasta acabar recostado en el colchón, se encontraba demasiado cansado.

"¿Lo dices en serio?" No era para menos su sorpresa, yo prácticamente la tenía atada a esa cama últimamente, que fuera quien le propusiera salir era demasiado.

"Sí, vamos, ponte algo, no hay tiempo"

Yo mismo fui al placar y saqué varios abrigos para ponérselos, y no conforme con eso la envolví en una de las pieles para llevarla conmigo, ella no entendía nada y no cesaba de preguntarme que es lo que pasaba.

La respuesta le llegó junto con una exclamación cuando tras quejarse por el frío aire elevó su mirada al cielo y se deslumbró con la aurora boreal.

"¡Es increíble!"

"¡Lo sé! Pero aquí no, ven" La tomé de la mano y traté de correr con ella, luego lo reconsideré y la cargué en brazos, por mucho que eso le disgustara esta vez era completamente necesario.

Nos adentramos en una parte boscosa, muy oscura, pero que la conocía como a la palma de mi mano, me había criado en ese lugar después de todo, corrí esquivando raíces y ramas, tratando de diferenciar algo entre tanta nieve, con ella nunca se sabe que es lo que estas a punto de pisar. Por fortuna llegué a destino sin tropiezos, al final del recorrido salimos a una zona despejada, frente a nosotros apareció uno de los lagos congelados, que brillaba con gran intensidad ese día, el reparo de los árboles frenaba un poco el viento ahí, me detuve y dejé a Milo ponerse de pie y le permití admirar la belleza de Siberia, que era más que un infierno congelado, como la había llamado en varias ocasiones.

Ella se separó de mí y dio unos pasos, observando detenidamente todo a su alrededor, la aurora boreal lucía magnifica esa noche, como una serpiente multicolor que corría por el cielo nocturno, reflejándose en el hielo debajo, se pixelaba en cientos de colores, intensos y brillantes, no había palabras para describirlo, la emoción que corría por el cuerpo al ser testigo de tanta belleza, la única que podía rivalizar con la de Milo.

"Estoy… anonadada…" Su voz sonó un poco aguda, por lo que le había costado soltar esas palabras. Yo me acerqué por detrás de ella y la abracé apoyándola contra mi pecho, dedicándome a contemplar también todo eso.

Cuando mis sentidos estuvieron inundados de Siberia me permití ver a Milo, cuyos ojos seguían absorbiendo todo con entusiasmo, su rostro bajo esa especial iluminación lucía encantador, el viento movía un poco su flequillo, alborotándolo, sacudían sus cabellos, mostrándome de a ratos sus mejillas sonrojadas por el frío, sus pequeñas orejas, apenas visibles entre esa mata rubia de caireles.

Besé su nunca y, al igual que en Paris, quise congelar ese momento para siempre, vivir eternamente ese instante, en que ella era completamente mía, yo era completamente suyo y no nos debíamos a nadie más, donde podíamos tener un futuro, donde ella no iba a dejarme…

Me pregunté cruelmente ¿Cuántos nos quería? ¿Dos semanas? ¿Menos? Sabía lo que iba a pasar, y a diferencia de Milo… yo no podía hacer como si nada fuera a pasar.

Un estornudo suyo me volvió a la realidad, la cargué nuevamente en brazos, dispuesto a regresar, ella se sujetó sin problemas de mi cuello, con mejor disposición que al principio.

"Gracias, Camus"

Llegamos a la cabaña, como siempre yendo directo al fuego. Mientras ella se calentaba yo le preparé un poco de té caliente, luego trasladé a Hyoga al sofá.

Milo fue la primera en irse a la cama, yo decidí leer algo en la cocina, para no interrumpir el sueño de ninguno, la única luz de la casa era la mía.

Una fuerte tormenta empezó afuera, no me sorprendía, invierno o no Siberia mantenía esos cambios climáticos todo el tiempo, caían nevadas en pleno verano incluso, lo único claro cuando empezaba una nevada fuerte es que no se sabía cuándo se detendría.

Dejé mi lectura un momento, incapaz de concentrarme, había demasiadas cosas en mi cabeza.

Regresó a mí la imagen de las fotografías que le había mencionado a Milo, la joven de cabello castaño, el hombre algo bajito y con un poco de calvicie, llevaban cinco años de casados y ambos eran de nacionalidad Rusa… Parecían buenas personas…

Mi dolor de cabeza volvió y me pregunté por un momento si sería muy mala idea una copa, la necesitaba, pero no quería hacerlo frente a los niños y recientemente no confiaba demasiado en mi autocontrol.

Deseché la idea, deseché el libro, y pensé que lo mejor sería acurrucarme en la cama con Milo de una vez, salvo que ella tenía otros planes.

"¡Camus!"

El alarido que dio hizo que llegara hasta la alcoba en segundos, para ver lo que pasaba.

Prendí la luz de la pieza, Milo estaba sentada completamente pálida y agitada, supuse lo que ocurría, pero tuve que asegurarme.

"¿Qué pasa?"

"Rompí bolsa…"

"¿Qué…?"

Faltaban aún dos semanas…¡Faltaba helena! Y no llegaría jamás en medio de una tormenta…


Hasta aquí

Puf, éste capítulo no me gustó tanto, lo sentí más forzado, es que necesitaba concluir el embarazo y no quise estirarlo oootro capítulo más, la escena de la Aurora Boreal la tenía pensada desde hacia rato, no podían ir a Siberia y no verla, que cumplan ellos mi sueño XD pero de todas formas no salió como esperaba, creo que porque en mi mente lo iba a narrar Milo y ella es más… expresiva, con Camus me es más difícil, estaba reacia a volver a usar un POV suyo, pero sentí que se lo debía, sino se quedan solo con la versión de Milo de todo.

Creo que no han quedado muchas cosas que aclarar, quizás alguien se pregunte por que la felicidad de Milo empezó a volver a Camus miserable… pues les aseguro que eso les va a quedar claro en el próximo capítulo.

Y ya, por fin, prometo que en el próximo sabrán de quien es el bebé XD llegó la hora, y que pasará con el mismo, veremos quienes le atinan ¿Niño, niña, gemelos? ¿De Saga o de Camus?

Y quiero aclararlo una vez mas por si las dudas: Milo NO sabe que durmió con Saga aún.

Bueno, creo que es todo, el capítulo 14 ya esta listo, así que les daré tiempo que le echen el ojo a éste, opinen y ya les aviento todo el royo XD

Le respondo aquí a Elizabetha: Oye que le vienes pegando en el ángulo te digo XD no lo mencioné, pero en mi mente Hyoga si hace la asociación de ideas de que Milo es rubia como su mamá XD y ya vez que se le esta pegando al igual que Isaack. Sobre el tiempo de embarazo creo que ya lo viste arriba, es tiempo cero XD llegó la hora y al parecer Camus deberá hacerla de partero.

A todos felices pascuas!