Revise al final para notas y respuesta a sus dudas.
Hola y hasta pronto.
Anna sabe que ha bebido demasiado cuando se da cuenta que al girar su cabeza a la izquierda, su mirada sufre un extraño retraso antes de enfocarse donde su cabeza gira, y al girar a la derecha, sufre el mismo efecto. Es como ir en cámara lenta. Pero a ella también le recuerda a los videojuegos en línea, aquellos donde sufre de una mala conexión a internet y su personaje sufre las consecuencias, con un retraso de acción. Oh las escenas de las películas de guerra cuando el personaje está aturdido a causa de una explosión. Anna tiene muchas formas de ofrecer una pequeña semejanza a lo que ahora siente.
Anna no ha bebido antes. Al menos ella no ha bebido. Su cuerpo está acostumbrado a la bebida suave del té. Algo de lo que siempre se burló Kristoff, mencionando que ella era una persona típica de Londres, firme a beber el té.
No era su culpa, el té era una buena bebida para tomar fría y caliente –ella prefería caliente- el café siempre dejó un mal sabor de boca para ella, y nunca encontró el punto medio entre dulce y agrio. Ella no sabía preparar un café en realidad. Y cuando se acercó a las cafeterías, las mesclas entre todos los café, resultaban como conjuros para una extraña invocación. Se avergonzaba cada vez que intentó comprar uno, siempre hacia esperar demasiado a la fila detrás de ella, y la chica detrás del mostrador terminaba exasperada. Por lo tanto, dejó de intentar comprar un café.
Anna empujó el resto de su cerveza sobre la barra, alejándola de sus manos. Lanzándole una mirada con recelo por causar los extraños efectos en su cuerpo. Las entrañas parecen estar flotando en cerveza. Con la persistente amargura y el fuerte sabor a alcohol en su lengua. Es como si ella hubiera bebido directamente de la botella de alcohol que guarda en su baño.
Siente la necesidad de eructar. Y cuando lo hace detrás de su puño de la manera más discreta que puede, el aroma a cerveza emana de su boca y solo trae la etapa dos. Sensación de vomitar.
"C-creo que eso es suficiente" Murmuró, notando la pesadez de su lengua y el extraño sonido que hacen sus palabras al salir de su boca adormecida. Arrastrando más de lo necesario las palabras.
"Está bien." Hans asintió, retirando la botella de cerveza, dejando a cambio un vaso de agua fresca. Anna lo aceptó, murmurando un "gracias" en el borde del cristal. Bebió el resto del agua, sintiendo como descendía por su garganta y se mesclaba con el mar de licor en su estómago.
"Quieres que llame a alguien?" Elsa se acercó a ella, una distancia prudente entre ambas, con una sonrisa amable y compresiva mientras la miraba a ella y su torpe cuerpo tambalearse ligeramente de atrás hacia adelante, casi como si la brisa empujara su cuerpo.
"No. Gracias. Puedo llegar a casa." Anna bajó del banquillo, deslizando el dinero sobre la barra. Enderezó la postura, suspirando profundamente por su nariz y dejarlo escapar por su boca. "L-lo siento" Se disculpó, avergonzada cuando sopló directamente en el rostro preocupado de Elsa.
"No te preocupes, te sorprendería la cantidad de veces que esto ha sucedido" Su comentario no hizo lo suficiente para tranquilizar a la pelirroja. No era bueno dar esta primera impresión, cierto?
Oh espera… esta es la segunda.
Pero esta tampoco debe contar, cierto?
Quizás la tercera se convierta en la primera, y solo entonces, Anna de una buena tercera-primera impresión.
Elsa se ofrece a llevarla a la puerta del bar, mientras Hans agita su mano desde la barra, deseando un buen viaje seguro y esperando que regrese otra vez.
"Estas segura de que puedes llegar a casa? Es tarde ahora" Insistió Elsa, las manos detrás de la espalda en una posición relajada mientras caminaba junto a Anna. Ella asintió, tragando pesado con una mueca desagradable al sentir el sabor en su lengua.
"Estoy bien." Anna sonrió, frunciendo los labios un segundo más tarde cuando se acercaron finalmente a la puerta de salida. No era realmente tarde, quizás solo eran las nueve incluso diez.
"Bien." Elsa apartó abrió la puerta, manteniéndola de esa forma para que Anna saliera. "Entonces…" Elsa dudó. Parcia indecisa y luego de guardar silencio por un momento, finalmente parecía reunir el valor para hablar. "Mi turno está por terminar, puedo acompañarte a casa, Anna"
Los pasos de Anna titubearon por un instante, la sensación de frio golpeó su rostro, haciendo que su cuerpo se estremeciera bajo la briza fresca. La gente se apresuraba en las aceras, acurrucados entre ellos mismos, manteniendo sus manos resguardadas en los bolsillos de sus abrigos, los hombros encorvados, en un intento por mantener sus orejas calientes.
Anna vio el escalofrió que recorrió el cuerpo de Elsa. Su cuerpo siendo cubierto solo por un delgado suéter verde oscuro. Ella había notado a la rubia quitar su chaqueta y colgarla detrás de la barra, y ahora, parecía haber olvidado ponérsela nuevamente.
"Estoy bien" Dijo Anna, sonriendo a la rubia. Miente y se siente mal y natural al mismo tiempo. Pero ella no puede decir que está bien que la acompañe a casa, porque eso no es correcto. Y ella ya rompió esa regla una vez.
Y quería ser un poco egoísta. Porque llevar a Elsa a casa, significa que el resto de ellos sabrán de ella.
Y Anna, solo desea que, por esta vez, algo pertenezca solo a ella.
Elsa no parecía convencida, pero al final, lo dejó caer. Ella asintió. Y con una reverencia burlona, se despidió de Anna, tal y como Anna lo había hecho aquella vez en la acera.
Anna giró sobre los talones, caminando en dirección contraria de la que había llegado, caminó hasta la esquina y la dobló, tambaleante y tomando un minuto o dos para recuperar el equilibrio, apoyando su hombro en los fríos ladrillos de las paredes.
Permaneció apoyada en el poste metálico de la esquina, esperando a que la señal cambiara a verde y poder cruzar la calle.
Anna rebuscó entre los bolsillos de su abrigo, tomando con dedos torpes el celular. Se deslizó entre los contactos, llegando a Lucy.
Tomó respiraciones constantes, tratando de mantener su mirada clara y el movimiento de sus dedos torpes al margen para enviar un mensaje legible a Lucy. Lo último que deseaba hacer, era preocuparla más.
La respuesta fue inmediata. Anna no dudaba que Lucy había estado sosteniendo el celular entre sus manos todo este tiempo. A la espera de una llamada.
Estas bien?
-Estoy bien, solo me distraje.
El "bien" de Lucy, no parecía realmente convencido, a pesar de que solo era un mensaje de texto, Anna seguía sintiendo esa sensación en su estómago. Lucy no estaba convencida, y sabía que solo una llamada telefónica podía tranquilizarla, al menos un poco. Pero Anna era consciente de su estado actual, la forma en que sus palabras se arrastraban. Y eso, solo empeoraría la preocupación de Lucy.
Así que, por ahora, Anna lo dejaría pasar.
Guardó el celular en el bolsillo, deambulando entre las calles. El frio comenzaba a sentirse más fuerte, algo a lo que Anna estaba acostumbrada ahora.
Estar fuera de casa era agradable. Siempre pasó la mayor parte de su tiempo en casa, tratando de pintar tanto como fuera posible, reuniendo provisiones para el frio invierno del bloqueo que parecía acercarse sin precedentes. Y cuando no estaba pintando, estaba inconsciente, dentro de una cabeza que siquiera estaba segura si era su propia, o pertenecía alguien más y ella, solo era una pobre extensión de ella.
Siempre pensó que los borrachos nunca llegaron demasiado lejos.
Como podía alguien llegar más allá de un par de cuadras cuando, sus pies eran torpes y una mente adormecida?
Las películas siempre mostraron que cayeron al suelo un par de metros y se quedaron dormidos. Pero ahora… ella no estaba tan segura.
Había estado caminando sin sentido alguno por un tiempo que resultaba ser demasiado largo. Uno que su mente había aprovechado para difundir pensamientos coherentes e incoherentes.
Formulando preguntas donde las respuestas no parecían ser fáciles de conseguir.
Temas de los que ella no entendía, pero su cerebro se empeñaba en recordar y atormentarla en busca de una respuesta.
O los sueños extraños que flotaban sobre su mente. Sueños que, ella parecía "controlar". Probablemente existió una palabra para eso. Algo relacionados con sueños… pero ella no lo recordó, así como tampoco recordó cómo se nombró a los que disfrutaban de incendiar cosas, o aquellos que temían de las arañas, las alturas entre otras cosas.
"hay tantas cosas que desconozco…" murmuró para sí misma, frunciendo los labios cuando finalmente entendió cuanto carecía del conocimiento más básico.
Anna se acercó a la orilla de la acera, extendiendo su mano cuando el familiar amarillo llamativo se acercaba.
Anna abrió la puerta con torpeza y un tirón demasiado fuerte para el gusto del taxista. Entró al asiento de atrás, cerrando la puerta de la forma más tranquila y amable que podía reunir en un estado de ebriedad.
Se encontró con la mirada del taxista atravesó del espejo retrovisor.
"Solo conduzca, me bajaré en un momento." El hombre gruñó, poniendo en marcha el auto. Anna se acomodó en el asiento, extendiendo sus piernas frente a ella lo mejor que podía en el estrecho espacio entre los asientos de enfrente y el de ella.
Apoyó la cabeza en la fría ventanilla, empañando el cristal con su aliento tibio. Las luces se veían de forma distinta en el cristal. Más alegres de una cierta manera.
No quería llegar a casa. El lugar era demasiado silencioso para su gusto. Demasiado oscuro y frio.
Anna se sintió sola, a pesar de todo el ruido y compañía que se acumulaban en su cabeza.
Cerró los ojos, suspirando lentamente. Disfrutando de la calefacción tibia del taxi y el ruido del motor mesclado con los suaves murmullos de la radio nocturna.
El taxista miró el espejo un par de veces. Sabía que tenía que despertarla cuanto antes, el tiempo justo para que pagara por el viaje sin tener la excusa de no tener dinero porque excedió lo que tenía guardado en los bolsillos.
Abrió los ojos lentamente, mirando el cristal y las calles al otro lado de él.
"Detén el auto." Will se enderezó, tomando un momento para orientarse de forma correcta, lanzó el dinero en la mano del taxista y bajó a la acera, metiendo las manos en el abrigo largo mientras disfrutaba de estar afuera.
Pasó la lengua frente a sus dientes, sonriendo y luego escupir el sabor a cerveza aun persistente en su boca.
No podía sentir los efectos de estar ebrio, pero el aroma y el sabor, seguían ahí.
"Bueno, bueno. Parece que te diviertes." Murmuró para sí mismo, con una pequeña sonrisa encantadora entre sus labios. El barrio no parecía familiar para él. Tranquilo y pintoresco, pero desconocido. Podía tener un momento para él ahora que estaba fuera.
Sostuvo el bolso de mensajero frente a él, rebuscando en su interior por la desgastada cajetilla de cigarros. Fue un regalo de Lucy para todos ellos luego de que su primer bolso estuviera desgastado y roto con el paso de los meses de constante uso.
Este era elegante y discreto.
Empujó el bolso detrás de su cintura. Ocultando sus manos en los bolsillos cuando terminó de encender el cigarrillo y comenzó a caminar con pasos decididos.
x-x-x-x-x-x-x-
Anna la mantiene en secreto. Se siente bien y se siente mal, pero al final, parece correcto mantenerla de esa forma.
No escribe donde pasa su tiempo, no escribe la dirección del bar y ciertamente, nunca menciona el nombre de Elsa.
Se siente como un pirata guardando su mayor tesoro. Es emocionante. Pero peligroso.
No porque su vida esté en riesgo, lo cual, por ahora, no lo es.
Pero el peligro se asoma cada vez que Anna abre la boca y deja libre una mentira. Son pequeñas y trata de apegarse lo más cerca a la verdad. Para nunca contradecirse y que todo sea revelado.
Es esto a lo que llaman mentiras a medias? O son mentiras blancas?
Anna no recuerda el nombre. Quizás es ambas, tal vez no es ninguno de los anteriores.
Pero ella lo hace.
Anna siente curiosidad respecto a Bella.
Cuanto tiempo conocía a Belle Rosse?
Eran cercanas?
Probablemente. Después de que Belle Rosse se presentara en su casa con un rostro angustiado. Resignada a que todo saliera mal por el hecho de estar frente a su puerta, pero ella también estaba decidido a saber si Bella estaba bien.
Por sus palabras. Parecía que Bella había mantenido su casa en secreto. Como una especie de guarida para él un héroe.
Oh todos somos los villanos?
Cuánto tiempo se conocían?.
Anna no sabía que hacían los otros en su tiempo libre. Sabía que conseguían dinero. Pero ella nunca sabía de donde venían exactamente.
Mencionó un trabajo. Anna estaba tentada a investigar más al respecto. Después de todo este era su cuerpo! Tenía derecho a saber dónde estaba.
Pero ella tampoco quería saber.
Porque al rebuscar entre la vida de los otros, eso significaba que también buscarían en la suya.
Quería ser comprensiva y deseaba pensar que los otros también eran comprensivos para ella.
Si ella quería mantener la existencia de Elsa para sí misma. Bella tenía derecho a mantener la de Belle Rosse para ella. y los amigos para Will y solo dios sabe quién para Rachel.
De alguna u otra manera, los otros habían mantenido sus vidas para sí mismos la mayor parte del tiempo. Quizás ella también podía hacerlo. Cierto?
No quería mencionarlo a Gerda. Dios bendiga su alma, pero la mujer siempre tenia ese aire que hacia nerviosa a Anna. No era una mala mujer, y resultaba ser encantadora y discreta para el resto. Pero Anna sentía que ella no podía tener un secreto para sí misma. Gerda era toda aquella red que los enmarañaba y los descubría. Sin secreto. O al menos así lo vio Anna.
Se detuvo un momento para pensar. Realmente prestar atención.
Era ella la única que lo contaba todo?
Que pasa con los otros?
No. Ella no quiere pensar sobre eso.
De forma voluntaria puede tomar la venda roja y cubrir los ojos para el mundo.
La gente nunca saca nada bueno cuando se entromete en la vida de otros. Oh al menos, eso piensa ella. Porque ahí están los espías, mirándolo todo, entrando donde no son bienvenidos y salvando el día, quizás para ellos sí está permitida tal cosa. No para Anna. Ella no es un espía. Muchas gracias.
Incluso a Lucy la mantiene en las tinieblas.
No siempre aparece en el bar cuando está en su tiempo. Sin importar cuantas ganas tenga por pasar y estar un rato en compañía de su nueva amiga. No es con frecuencia pero trata de visitar el bar cuando Elsa está presente. El bar siempre parece estar tranquilo, algo que favorece a Elsa y la mantiene en la barra junto a ella y Hans, intercambiando historias que Anna escucha en silencio y trata de grabarlas en su cabeza.
Anna miente. Con frecuencia.
Su amistad tiene cimientos de Mentiras. Sabe que no es correcto. Pero si no fuera por ello, no existiría una amistad en primer lugar.
"Oye, tienes un numero al que pueda llamarte? Solo, ya sabes, para pasar un rato fuera del bar, tomar un café o salir al parque." Elsa parece nerviosa, no un mal nerviosa. La forma en la cual alguien se pone nervioso cuando no sabe si es demacrado pronto para pedir un número de teléfono y mantenerse con mayor contacto.
Anna tragó espeso, y ruega a dios que Elsa no vea su garganta moverse. Pero ya es tarde, y Elsa sigue el movimiento con detalle, apartando la mirada solo cuando el movimiento finalmente termina, y la mira a los ojos y luego sobre todo su rostro, buscando algo.
Anna apretó las manos dentro de las mangas de su abrigo sobre la barra. Empujando su cuerpo más cerca de la barra, sin importar que sus rodillas ya estén golpeando la madera, encoge su cuerpo, de manera que los lados de su abrigo caigan sobre su regazo y cubran el bulto de su celular en el bolsillo de enfrente.
"N-no. Lo siento" Respondió, apretando y aflojando los puños. Lamió sus labios y continuó. "T-tenia uno, p-pero lo perdí. T-tal vez puedas darme tu número, y yo te llamare." Anna sonríe, lo intenta y espera que no sea una sonrisa dudosa.
Elsa entrecierra los ojos ligeramente sobre ella, sus labios divididos en una línea delgada, mientras recorre el rostro d Anna con detenida atención en busca de algo.
Anna se retuerce en su mirada. Es pesada y calculadora. Y Anna nunca fue buena sosteniendo las miradas por demasiado tiempo, nunca le gustó ser el centro de atención, se sentía cohibida cuando lo hicieron, sentía que era juzgada y nunca parecía estar al margen de las expectativas de aquellos.
No puede dar el número de celular, porque eso significa que ella puede llamar en cualquier momento, uno donde cualquiera de ellos esté fuera y entonces se darían cuenta de ella y todo se estropearía.
Anna aprendió gracias a Rachel y el incidente con su antiguo amigo.
Nunca más. Anna aprende rápido.
Ella desea mantenerla por el tiempo que se preste, y hará todo lo posible para mantenerlo así.
"…Bien" Finalmente murmuró Elsa. Inclinándose detrás de la barra y tomando un viejo bolígrafo que solo se puede ver un trozo de tinta azul antes de desaparecer por completo y la punta superior esta mordisqueada y el centro cristalino esta estrellado, y cuando Elsa lo sujeta con fuerza, cruje y se estrella aún más.
La rubia ralló un momento sobre una servilleta, tratando de traer la tinta a la punta y en el proceso, rasga el material frágil. Tomó una segunda servilleta y comenzó a garabatear un número rápidamente, escribiendo su nombre al final con letra elegante.
Anna sintió su corazón comenzar a latir más rápido con cada segundo, las manos picaban y cuando Elsa finalmente empujó la servilleta en su dirección, Anna se encontró sonriendo ampliamente, tomando la servilleta con ambas manos, acunándolo como si se tratara de algo precioso.
"Gracias" Dijo con sinceridad.
Anna guardó la servilleta en el bolso de su abrigo. Sonriendo a Elsa todo el tiempo.
"Bueno." Sonrió Elsa. "Que harás el fin de semana?"
"M-mi hermano y yo, iremos de visita al zoológico." Respondió Anna. Kristoff había estado planeando el viaje durante un largo tiempo. Pero su trabajo era ajustado y muy pocas acciones dejaban el tiempo suficiente para respirar con facilidad.
"Probablemente lo pase en casa, con un mal programa de televisión y un enorme tazón de palomitas sobre mi estómago. Demasiado aaburrido" Anna sonrió. Inclinando la cabeza. Su corazón seguía latiendo con fuerza. Algo que siempre sucedió cuando estaba alrededor de Elsa. Los nervios de quedar atrapada en alguna mentira, siempre descargaron una gran dosis de adrenalina a su sistema. Se sentía como si hubiera corrido sobre una montaña con la promesa de caer en cualquier momento.
Anna ajustó su postura en el banquillo. Aclaró su garganta y apretó los huesos de sus rodillas.
"Quizás. En algún momento." Comenzó. Frunciendo el ceño cuando las palabras simplemente se esfumaron de sus labios. "Podríamos ir a comer algo. Algo diferente a estas" Anna hizo un gesto al pequeño tazón sobre la barra. Elsa había estado comiendo distraídamente las frituras, no parecía tener un buen aspecto, y cuando Elsa las mordió, tenía que tirar de su mano hacia atrás y apretar los dientes para tomar un trozo de la elástica fritura.
"Eso sería genial" Respondió Elsa.
Las despedidas siempre terminaron igual. Elsa la acompañaba a la puerta desgastada el bar, de pie un ajunto a la otra mientras miraban por un instante a las personas a su alrededor. Sonriendo cuando finalmente se miraron entre sí. Y luego apartar la mirada, ambas demasiado avergonzadas para sostenerse la mirada por más de lo necesario.
Anna retrocedió sus pasos como era costumbre, siempre en la dirección contraria de donde estaba su casa. Ella prefería caminar dos manzanas y luego girar e ir en línea recta solo para despistar a Elsa. La rubia siempre se quedó ahí de pie, mirando hasta que ella desaparecía de la vista.
"Bien, entonces. Hasta pronto" Anna comenzó alejarse mientras murmuraba, las manos firmemente ocultas en los bolsillos del abrigo, apretando la servilleta en su mano de forma protectora.
Elsa asintió. Sus pies se arrastraron y cambiaron de peso un par de veces. Finalmente se adelantó, extendiendo su mano y tomando el antebrazo de Anna con suavidad. La pelirroja se tensó, sorprendida por el gesto. Elsa se inclinó girando su rostro a la izquierda mientras rosaban sus labios sobre la mejilla fría de Anna.
"Hasta pronto, Anna" Anna permaneció ahí. De pie mientras Elsa se apartaba y se apresuraba al interior del bar. Anna parpadeó un par de veces, frunciendo el ceño cuando el frio golpeó sus mejillas. Miró alrededor y estaba tentada a detener alguna de las personas a su alrededor y preguntar si eso había sucedido realmente, o había sido solo un producto de su imaginación a causa del alcohol que seguía bebiendo solo pare tener una excusa de visitar el bar.
Anna giró sobre los talones, sintiendo su corazón más ligero con cada paso que daba.
Sacó la servilleta y la extendió con cuidado, mirando el número azul en ella.
Lo repitió en voz baja trecientas ochenta y cuatro veces. Y cuatrocientas diez en voz alta.
Luego dobló en dos la servilleta e intentó recordar cada número y lo intentó todo el resto del camino. Y solo cuando estaba completamente segura de que se había gravado en su memoria con fuego. Rompió la servilleta en pequeños trozos y lo tiró a la basura en su camino.
Lo repitió una y otra vez, deteniéndose únicamente cuando comenzó a cantar los números en voz baja y luego los tarareó.
Estaban a salvo en su cabeza.
No en un celular, del cual todos compartían.
x-x-x-x-x-x
El frio comienza a sentirse más fuerte y pesado en los huesos. El sol brilla con menos intensidad y en ocasiones termina siendo cubierto por las nubes grises y pesadas, haciendo difícil decidir si mañana el suelo seguirá siendo gris y pesado, con la promesa de la nieve. Hace que sea más difícil de derretir las ligeras capas de hielo que adornan las aceras por las mañanas, haciendo que la gente sea más cuidadosa al caminar si no quiere terminar sobre su trasero en la acera húmeda y fría.
Winter is coming…
Oh ya está aquí? Han estado viviendo dentro de el sin darse cuenta? Es difícil llevar el hilo del tiempo cuando se siente como, si estuvieran en otra dimensión. El calendario en la pared de la cocina se había detenido de marcar los días en el 12 de marzo… Cuando el sol se levantaba por las mañanas muy temprano y calentaba lo mejor que podía a su gente debajo de él.
El diario, de acorde a las fechas es solo una pequeña pisca de esperanza, pero ninguno de ellos parece prestar verdadera atención a ellas.
Se ha vuelto una rutina, simplemente llenar página tras página con pequeñas sitas que describan un lugar y una fecha marcada con puntos y comas.
Los bordes de las hojas comienzan a desgastarse, mientras que las elegantes portadas de cuero, no hacen lo suficiente para protegerlas.
"Porqué llevas siempre ese diario contigo?" El suave susurro de la pluma contra la hoja finalmente se detuvo. Congelada en su movimiento como si se tratara de un hechizo. Sus dedos se apretaron contra el material elegante y metálico de la pluma negra. Y el latido de su corazón se ralentiza solo por un segundo y luego, reanudar su tarea con mayor rapidez.
Anna ha escuchado antes esa pregunta. Y casi parece ser en otra vida cuando la escuchó. Pero eso no fue una vida atrás, solo un par de años, cuando ella era más joven y frente a ella se sentaba un chico de sonrisa traviesa y ojos amables. Un chico que hacía sentir bien a Anna de una manera segura. Uno que, en aquel entonces, Anna pensó que era todo lo que ella necesitaba para seguir adelante, podía soñar despierta cuando lo vio caminar junto a ella. Sosteniendo su mano de una forma que no era exigente, simplemente, para estar ahí, junto a ella.
Se siente como una repetición.
Como un déjà vu.
Anna mordió su lengua. Levantando la mirada para encontrar los ojos curiosos de Elsa sobre ella. Trata de pensar, y pensar.
Es así como se siente un viajero en el tiempo? Para su pasado yo?
Es esta una segunda oportunidad que el universo le está dando para arreglar algo que jodió en el futuro?
Apretó la mandíbula, toma su tiempo para pensar y tratar de descubrir cuál sería su primera respuesta y luego tratar de descubrir si esa simple respuesta lo jodió todo de alguna manera. Toma su tiempo y piensa. Piensa con cuidado.
Porque quizás un déjà vu, es la segunda oportunidad que todo el mundo tiene cuando lo sientes, y simplemente terminamos arruinándolo como la primera vez.
Elsa es paciente con ella y espera. Porque ambas saben que sus interacciones están basadas en una especie de juego. Donde una de ellas lanza la pelota con una pregunta y comentario, y aguarda con paciencia a que la otra lance nuevamente la pelota con una respuesta. Ambas saben que la paciencia y la honestidad son la base y las reglas principales del juego. Algo que Anna dobla a su gusto cada vez que tiene la oportunidad, porque sabe que la honestidad, no siempre trae buenas cosas detrás de ella.
"Me gusta recordar los buenos momentos" respondió Anna. Dejando la pluma en el medio entre las hojas, cerrando con cuidado el diario y arrastrarlo cerca de su cuerpo, todo aquello con movimientos tranquilos para lo alertar a nadie, tratando de mantenerlo a salvo con ella y no de forma expuesta, sobre la barra.
"Estar aquí es un buen momento?" Preguntó Elsa. Girando la cabeza de esa forma que ella hacia cuando estaba curiosa. Anna asintió.
"Lo es. Aprecio los momentos que paso en tu compañía, Elsa. Es una de mis actividades favoritas. Y es algo que espero hacer cada vez que llega mi tiempo." Ella sonríe, porque hay honestidad en sus palabras, quizás por primera vez desde que conoció a Elsa. Y cada vez que es el tiempo de Anna, ella realmente desea solo salir corriendo y llegar al bar para pasar el rato en compañía de Elsa.
Aunque la mayor parte del tiempo no tiene nada que contar, y se limita únicamente a escuchar a Elsa. Ella tiene mayores aventuras, historias más interesantes que contar.
Porque Anna, cuando despierta. Su día literalmente está en blanco a la espera de ser teñido por los colores de sus próximas aventuras. Pero, como puede pintar algo si ella no a echo absolutamente nada en el comienzo de su tiempo?
Elsa parece aturdida por su respuesta, la forma en que sus ojos se abren ligeramente y luego baja la mirada a la barra, el pequeño rojo que sube a las mejillas y la forma en que aclara su garganta sin alguna razón aparente.
"También aprecio mucho el tiempo que pasamos juntas, Anna" Extiende su mano sobre la barra. La palma hacia arriba a la espera de algo. Anna mira entre la mano y el rostro de Elsa, entonces extiende su mano, mostrando únicamente los dedos hasta los nudillos bajo la manga y la pone sobre la de Elsa.
La rubia parece aliviada cuando sus manos finalmente se toman.
"Eres como un salvavidas en el mar turbulento que es mi vida." Bromea, dando un ligero apretón a la mano de Anna cuando habla. Anna sonríe, los labios apretados ligeramente, porque ella no se siente como un salvavidas, se siente más como una estatua de plomo engañosa. Aferrándose a las personas en un intento por mantenerse a flote. Ahogando al resto por sus desesperados intentos de mantenerse ella en la superficie y trepar sobre ellos como una araña venenosa.
Ella es veneno y es plomo.
Ella es mentiras.
Ella es la cascara de un proyecto a la derriba. Uno sin terminar, con demasiadas e imperfecciones y una mente rota, una que no valía la pena continuar e intentar solucionarlo.
Tengo solución?
Se siente mal por sostener la mano de Elsa.
Se siente mal por engañarla constantemente. Por fingir ser alguien que ella no es.
Que dios perdone su alma, porque ella no está dispuesta a retroceder ahora.
"…Si" Murmuró en voz baja, respondiendo con un apretón propio de su mano.
x-x-x-x-x-x
La nieve calló tal y como el hombre del clima predio esa mañana. Es pesada y constante. No como aquellas nevadas donde la gente de las películas, sale y gira alrededor de sí mismos, extendiendo los brazos mientras mira al cielo y siente como la nieve toca su rostro con suavidad.
Donde los niños corren arredro mientras lanzan bolas nieve a los más torpes y distraídos.
Donde los perros saltan sobre la nieve con alegría, sin sentir el frio en sus huesos por la emoción de estar afuera y corriendo, mientras los ligeros pumas de nieve caen y adornas sus pelajes
No. No es esa clase de nevada.
Es fuerte y en abundancia.
La gente se apresura a sus casas con rapidez. Deslizándose en el suelo cada pocos minutos. El viento sopla con fuerza contra la piel expuesta y se siente como si el viento escupiera hojas de afeitar por la forma en que cortan la tierna piel.
El aire empuja los cuerpos con su fuerza. Agitando las bufandas y arrebatando las capuchas de sus chaquetas si no están bien ajustadas con los cordones a su alrededor.
Se siente como si, incluso Santa Claus sintiera frio y se arropara entre sus mantas calientes con un buen fuego en su chimenea.
La nieve se aferraba rápidamente a la ropa, y si permanecías quieto por más tiempo del debido en la intemperie, terminarías siendo un mono de nieve.
London está listo junto a la puerta, con su bufanda roja entre sus dientes, paciente mientras Anna termina de vestirse con una sudadera negra y sobre ella una chaqueta larga, gruesa y verde.
"No puedes acompañarme esta vez, London. Esta nevando afuera y es demasiado frio." London la mira de esa forma. Una que es destinada a ser sarcástica y decir "en serio?" Anna recogió las botas, inclinándose y poniéndoselas mientras London seguía correteando alrededor de ella con la bufanda arrastrando entre sus patas.
"No puedes, London" Revisó las bolsas de la chaqueta, asegurándose de que los guantes estuvieran ahí. A pesar de ser una hora razonable, la noche llegó pronto, sumiendo la ciudad en frio y oscuridad.
Se arrodillo frente a London, acariciando el pelaje suave de su amigo con cuidado. Besó su frente y se alejó, sosteniendo su cabeza con ambas manos y lo miraba a los ojos.
"Por favor se bueno." Se levantó, subiendo las dos capuchas de los abrigos sobre la cabeza. Rodeó su cuello y boca con la bufanda y salió de casa, cerrando la puerta con llave detrás de ella.
Tomó las escaleras, decidida a bajar cuanto antes.
Cuando salió del edificio, ella casi es arrastrada por el viento helado.
"Santa mierda!" Gritó, sonando apagado bajo las capas de ropa. Se aferró a sí misma, sintiendo como la nueve golpeaba su cuerpo y enfriaba sus piernas. Se encogido de hombros y comenzó a caminar por la acera. Las calles estaban desiertas y solo las luces doradas de los edificios mostraban un poco de vida en aquel lugar tranquilo y frío.
El teléfono público más cercano estaba a dos cuadras del edifico. Pero este era a la intemperie.
Anna decidió caminar tres cuadras más y pasar de largo la primera opción, decidiendo que era una mejor idea tomar el teléfono que estaba dentro de la pequeña cabina.
Al llegar a su destino, no podía sentir los dedos de las manos y mucho menos las piernas. Extendió la mano, tirando con fuerza de la puerta de la cabina y maldiciendo a todos los infiernos cuando terminó golpeando su dedo contra ella.
"Mierda!" Gritó. Gritó tan fuerte como su voz permitía, intentando hacer que su dolor escapara con aquella palabra. Pero no era posible. El dolor seguía presente y presente, con un latido constante mientras su dedo se enfriaba y sentía que moría.
Un golpe en invierno, es como morir.
Entró a la cabina, cerrando con fuerza la puerta detrás de ella. Era frio, tan frio como afuera. Pero al menos ya no estaba siendo golpeada por una furiosa tormenta de nieve.
Buscó las monedas entre los bolsillos. Empujándolas una a una y luego comenzar a marcar mientras murmuraba los números.
La línea comenzó a sonar y Anna se apresuró a bajar los gorros y la bufanda. Gimiendo en voz ala cuando sintió el material frio del teléfono contra su tibia oreja.
La línea sonó tres veces, y en la cuarta, fue respondida.
"Hola? Quien es este?" Anna sonrió al escuchar la voz ligeramente desconfiada de Elsa al otro lado de la línea.
"H-hola Elsa. Soy Anna" sus dientes castañearon con cada palabra. La línea guardó silencio por un segundo.
"Anna? Oye, Hola! Me tomaste por sorpresa." La risa se escuchó en su voz y de pronto Anna se sintió con menos frio, solo por un segundo.
"L-lo siento llamar tan tarde." Se disculpó, y ella no sabía si se refería a la tardanza de la hora del día, o el tiempo que le había tomado llamar por primera vez desde que obtuvo el número de Elsa.
"No te disculpes, no es tan tarde" el rose de la tela se escuchó en la línea y Anna se esforzó por imaginar que estaba haciendo Elsa. "Estas bien? Como lo estás pasando con la tormenta de nieve? Parece que a todos nos tomó por sorpresa"
Anna asintió. Olvidando que Elsa no podía verla en ese momento. "No es tan mala, cierto?" Preguntó Anna, mirando atravesó del duro plástico, y las fuertes ráfagas que silbaban y azotaban contra la frágil cabina telefónica.
"No." Suspiró Elsa, relajada. "Mi madre siempre dijo que era porque tenía un corazón frio. Sinceramente, yo no me considero de esa forma."
"No lo eres." Tranquilizó Anna, cambiando su peso al otro pie. Ocultó su mano libre en el bolsillo, sacando los estúpidos guantes que había olvidado ponerse antes de salir.
Acunó el teléfono entre su oreja y hombro, gimiendo en voz baja cunado comenzó a cubrir su dedo adolorido dentro del guante.
"Bueno, gracias." Sonrió Elsa. El suspiro ligero resonó en la oreja de Anna. Ella se detuvo por un segundo, simplemente escuchando los ruidos provenientes del teléfono.
"Que estás haciendo?" Preguntó Elsa. "Ya conseguiste un nuevo celular?"
"No, no. Este es un, umh, mi teléfono de casa. Recordé que tenía uno guardado desde la mudanza, y, umh… finalmente lo conecté. Los teléfonos de casa son anticuados."
"oh. Me sorprendió no encontrar un numero en la pantalla de mi celular." Continuó Elsa. Anna rascó la frente con su mano ahora enguantada. Cerrando los ojos en un intento por encontrar algo que decir.
La verdad, por más simple que fuera. No podía contarla. Qué pensaría Elsa si le dijera que ella solo había salido en medio de una tormenta y caminado cinco cuadras solo para poder llamarla?
Probablemente pensaría que estaba aloca y era una especie de persona rara y acosadora en algún punto?
Probablemente tenga cierto. Tal vez no en la última parte.
"Es- es como una especie de línea privada, algo del edifico, no estoy segura. Pero puedo llamarte, o dejar de hacerlo si así lo deseas."
"No me molesta. Es agradable hablar contigo. Estaba aburrida, la televisión solo muestra basura y desde que la tormenta comenzó, no se puede salir de casa. Quién diablos saldría de casa ahora mismo?" Elsa se rió, y Anna también.
"Si… quizás solo los que quieren morir congelados" Añadió Anna en voz tranquila.
La pelirroja se apoyó contra el material frio. Podía sentir el frio atravesar las capas de ropa y morder su piel.
El silencio se guardó por un segundo, únicamente la respiración tranquila de Elsa y el silbido del viento frio.
"Dios, incluso si estoy en mi cama y cubierta de mantas, sigo teniendo frio."
"E-es porque eres demasiado cool" Elsa se rió, fuerte y con ganas. Anna sintió el calor acumularse en su rostro, demasiado avergonzada por la pobre broma estúpida que tenía tal reacción de Elsa.
"Siempre dices eso a las chica para hacerla sentir bien?" Bromeó Elsa, su voz bajando el volumen ligeramente, sonando casi adormilada. Solo un susurro. Y Anna siente que sus entrañas se vuelven al revés y la boca es demasiado seca, la respiración se vuelve rápida y poco profunda y el corazón late más fuerte.
Todas aquellas reacciones siendo desatadas solo con el sonido de una voz que susurra al oído.
Todas las personas tienen esa habilidad. O solo unos pocos?
"N-no" Murmuró Anna. Aclarando la garganta cuando sale un gruñido. "En realidad, tu eres la primera." Murmuró Anna. Mirando los garabatos con tinta negra que cubrían las paredes de la cabina. Unos cuantos chistes, un par de caritas tristes felices entre otras. Juramentos de amor, promesas de la eternidad y más frases de odio que otra cosa.
De cuantas conversaciones había sido testigo esta cabina?
Cuantas conversaciones alegres había escuchado. Cuantas tristes, cuantas rupturas y cuantas tragedias?
Los secretos que sabía esa pequeña cabina, de pronto resultaban demasiado atractivos para Anna.
Había alguien alguna vez tan loca como ella para estar ahí en medio de una tormenta de nieve, solo para hablar a una amiga?
Anna pasó la punta de su dedo sobre un corazón, encerrando dentro las iniciales d la tinta estaba desgastada, pero seguía ahí. Y debajo de aquella pequeña obra de arte y el amor que ocultó, se garabateaba con agilidad. "Por siempre"
Anna esperaba que quien fuera que escribiera eso, siguiera tratando de mantener su boto.
"Entonces me siento alagada" Susurró Elsa.
Hay silencio nuevamente. Un silencio que ofrece comodidad, y es fácil únicamente porque no están una frente a la otra. Anna sabe que si estuvieran en la misma habitación, el aire se volvería torpe, pero es más fácil así. Donde el sonrojo no es vislumbrado por la otra.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de Anna. Sorbe su nariz fría y sopla el aliento que flota en nubes blancas frente a ella.
La luz amarillenta de un auto acercándose lentamente, atrapa la atención de Anna, conduce con lentitud entre la tormenta, de forma precavida para llegar a salvo a su destino.
"Ya estás acostada?" Preguntó Elsa.
Anna siente los vaqueros fríos pegarse a sus piernas. Son incomodos y los huesos de las rodillas comienzan a dolores, a pesar de solo estar ahí por un par de minutos, el estar parada comienza a incomodarla, y las orejas son tan frías como su nariz. Pero está bien. Porque Elsa está al otro lado de la línea.
"Si" Respondió. "London está aquí también." Añadió Anna, tratando de hacerlo más creído.
"London?"
"Es el nombre de mi perro" explicó Anna. Tomó la línea metálica del teléfono, acariciando los pequeños bordes de anillos que la rodaban, sinceramente, hacia más fácil para que no terminara enredada como las otras líneas.
"Pensé que eras una persona de gatos." Se rió Elsa. "porqué nunca lo mencionaste antes? Me encantan los perros." Escucha la nariz de Elsa sorber, y luego el sonido se aleja y sigue una pequeña tos.
"Nunca llegó al tema de nuestras conversaciones. Y yo te hacía más una persona de gatos, Elsa"
"Y ahí estábamos. Dos seres que pasaron su tiempo libre pensando en el otro y sus gustos. Porque éramos demasiado tímidos para preguntar y hacer algo al respecto." Anna dejó escapar su aliento en una sonrisa. Esas pequeñas explosiones de alegría que son demasiado fuertes y simplemente escapan de tu cuerpo.
"En que otra cosa estamos equivocadas, Anna" Bromeó Elsa. Anna puede imaginarla ahora. Recostada entre las mantas de su cama, con una sonrisa infantil y traviesa en sus labios, con una mirada astuta en los ojos a la espera de descubrir lo que se oculta. "en que otra cosa nos mentimos"
Anna traga lentamente. Cierra los ojos y exhala lentamente y tembloroso. El viento sopla más lento, pero eso no lo hace menos violento.
"No lo sé. Te considero una persona del café" Elsa tarareo al otro lado de la línea.
"Soy más de una chica del chocolate caliente. Me gustan las cosas dulces. El café no lo es." Anna trata de recordarlo. Repetirlo una y otra vez. "Y tu? Eres más de una chica de cerveza?"
Anna sonríe. Baja la mirada y niega la cabeza.
"Nunca te imaginé como una chica de cosas dulces. Me gusta el té. Y ahora que la sinceridad late con fuerte entre nosotras, ir al bar, es solo una pequeña excusa para hablar contigo."
"Lo dices enserio?" Anna tararea en afirmación. Hay silencio, un pequeño y corto tiempo "Bueno, primero, Hans estará decepcionado al saber que tus visitas no son por él y sus planes para un mundo mejor, y segundo, me siento muy alagada. Nuevamente. Tu siempre sabes que decir para hacer sentir a una chica importante."
"Tú ya eras importante" Murmuró Anna. Miró a través de la pared. "Porque nunca preguntamos este tipo de cosas cuando nos conocimos?" Preguntó Anna, tratando de encontrar una razón.
"Porque Hans estaba monopolizando todo el tiempo para crear el próximo gran cambio del mundo con su fantástica idea de, compartir los vasos –y las pajitas- en las cafeterías y restaurant. Algo sobre que ayudaría a disminuir la cantidad de basura. Pero yo sigo pensando que, compartirlos entre tres a siete personas, causará una gran cantidad de enfermedades en la población"
"Dios, porque sigue pensando que sus ideas son tan buenas. Su espirito está en el lugar correcto, pero no su mente." Dijo Anna. Frunció el ceño recordando al chico del bar. El pobre tenía buenas intenciones, pero sus ideas no siempre eran las más brillantes. Quién demonios querría compartir una pajita entre las mesas de extraños?
"Está convencido en hacer el gran cambio" Respondió Elsa. "Si continua de tal manera, será el primero en exterminar la mitad de la humanidad, algo de lo cual podría estar orgulloso, solucionaría el problema de la sobrepoblación, pero aun así…" La voz de Elsa fue apagándose lentamente, casi como si se sumiera en un pensamiento profundo.
"Entonces no sería tan diferente del presidente de ." Elsa comenzó a reír. y cuando su risa finalmente había pasado. Era el tiempo suficiente para que Anna reuniera valor suficiente.
"T-te gustaría beber una tasa de chocolate caliente con migo alguna vez? No mañana, tal vez no pronto, pero un día?" Anna contuvo el aliento, su pecho hinchado en oxígeno y la mente repasando sus palabras una y otra vez, tratando de encontrar algo incorrecto en ellas.
"Me encantaría " Y Anna volvía a respirar "Y espero que sea pronto. Hay tanto por hacer para estropear los planes de Hans. Alguien tiene que luchar contra el mal, cierto? Quien mejor que nosotras. Anna y Elsa contra el malvado Hans y sus planes de destruir el mundo." La voz de Elsa había tomado un tono heroico, como aquellas antiguas animaciones de los súper héroes. Donde las formas de dibujo eran demasiado malas, pero éranos demasiado jóvenes para realmente prestar atención a los detalles.
Anna sonrió, amplia y podía sentir sus ojos arrugarse con su sonrisa.
"Me gusta eso." Susurró.
La llamada había terminado y sin darse cuenta, Anna había estado ahí, dentro de aquel pequeño congelador durante tres horas. Había dejado de sentir el frio en algún momento, quizás había estado comenzado a congelarse, o simplemente se hizo inmune, se actual sea, Anna se sentía bien.
Corrió todo el camino a casa, perdiendo el equilibrio un par de veces, pero para su gran alivio, nunca calló.
La nieve se aferraba a su ropa, se sentía húmeda y fría, pero que importa. Nunca importó. Porque ella había tenido una agradable conversación con Elsa, y una promesa de salir y beber algo caliente se había hecho.
Mañana será mejor.
Se dijo, y por primera vez en mucho tiempo, lo creyó.
Gracias por seguir aquí. Ahora a sus dudas.
Lamento todos los errores. Siento que estoy avanzando, pero luego reviso el capítulo ya subido y casi muero cuando encuentro tantos ERRORES!
Mandy; Muchas gracias! Me alegra que siga interesad en este historia. Y que tenga una Pisac de su amor, aun mejor! Saludos y buena suerte! Manténgase a salvo.
Georgino; (su imagen siempre me a gustado y cada vez que leo su comentario, me hace mi día mas alegre.) usted manténgase tranquilo. Un abrazo para usted!
Silicio; La historia se sitúa en Canadá. Lo siento si todo este tiempo lo eh confundido. Fue un error de mi parte por no especificar con mayor frecuencia donde se encontraban.
Siari55; el momento de la visita no me tenía realmente convencido. Lo borre y rescribí un total de tres veces, (siendo la tercera, como quedó en el capítulo).
Sev.01; Usted me ama! Y yo a usted! Un amor a distancia. Un amor de tragedia. Usted felicita mi narrativa! Y me hace llorar! Siempre estoy inseguro cuando escribo, imagino todo el escenario del capítulo que escribiré, pero cuando comienzo a escribir, me resulta difícil, tardo horas y hooooras, semanas en escribir algo, y cuando finalmente subo el capítulo, estoy aterrado, y mi terror solo aumenta cuando aparece un nuevo comentario, usted no sabe lo aliviado que estoy cuando leo los comentarios buenos donde felicitan mi forma de escribir. Me alegra este tonto y tierno corazón. Por favor no muera!
Chica Irregular; me alivia saber que le gusta, y espero encontrar su comentario en este, usted es como Batman! En esta ocasión, Batgirl! Desde las sombras ^^
LentecitosBrand; Gracias! Me gusta la forma en la que está hiendo esto también. Actualizare cuanto antes!
Runcatrun; Gracias! Trataré de no demorarme tanto.
Una Persona Mas; oh hombre, que bueno que le gusto. Siempre estoy indeciso de cuando parar y terminar el capítulo, termino escribiendo como tres o cuatro capítulos diferentes y al final siempre me lio, porque recuerdo algo que "escribí" pero resulta que eso no lo subí en los capítulos, tengo que releer el ultimo capitulo, o en ocasiones toda la historia para ver y desengañarme si no puse a un personaje diferente del que creo.
