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Yuuri no tuvo tiempo ni de saludar al llegar a casa.
Un perro color canela salió corriendo a su encuentro y Yuuri chilló, el can saltando sobre él como si lo conociera de toda la vida.
—¡No! —alcanzó a gritar, pero de cualquier modo se halló en el piso al segundo siguiente.
El perro le lamió la barbilla, agitando la cola y Yuuri no pudo evitar reír.
Siempre le habían gustado los perros.
Acarició la cabeza del animal, elevando la misma al oír la voz de su hermana mayor.
—¡Yuuri!
El can se alejó de Yuuri unos pasos, interponiéndose entre el par de hermanos y gruñendo hacia la castaña.
—¿¡Estás bien!? —chilló Mari hacia su hermano—, ¡este perro llegó con un extranjero raro y no ha parado de molestarme! —gruñó de igual modo hacia el can—, ¿te hizo algo?
—No —Yuuri negó con la cabeza, poniéndose de pie lentamente—, no te preocupes, Mari, estoy bien.
Mari entrecerró su único ojo hacia el menor. Traía el parche puesto, aunque ligeramente chueco.
Yuuri se encogió, percibiendo sin esfuerzos el rencor irradiando de castaño macizo.
Castaño único, sin pizca de rojizo.
—¿El extranjero habla japonés?
—No —resopló Mari—, pero sí inglés. Habla con él y dile que se largue.
—Es tarde...
—¿Y? —siseó la mujer y Yuuri se hizo aún más pequeño—, que se vaya. Pone a mamá nerviosa.
El rostro del menor de los Katsuki se tornó serio y asintió sin decir más.
Nadie molestaba a su madre.
Ni a ningún otro miembro de su familia.
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Su padre le informó que el extranjero estaba en las aguas termales y Yuuri frunció el ceño.
—¿Te encuentras bien, mamá? —preguntó Yuuri a Hiroko.
—Sí —sonrió con suavidad, muy a su modo, Hiroko—, Vikchan es muy agradable.
Enarcando las cejas, Yuuri giró a mirar a su hermana mayor.
—La molestaba —gruñó Mari—, yo lo vi.
Hiroko ladeó la cabeza y se quedó hablando con su hija mayor mientras Yuuri se adentraba en la pensión y hacia los baños, seguido de cerca por el perro de buen tamaño.
La imagen con la que se encontró no fue lo que se esperaba.
Una mirada preocupada color de cielo fue lo primero que recordó al volver en sí.
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