Hidan probaba esos labios tan dulces y apetitosos con violenta euforia, mientras que la chica forcejeaba para quitárselo de encima. El Akatsuki se harto de la falta de cooperación de la joven y la azoto bruscamente contra el suelo, quedando él arriba de ella.
Aprisiono sus muñecas con sus manos y siguió probando más del suculento manjar de la boca de la chica, que lo embriagaba incluso más que un vino fino. Algo tenia ella, esa mocosa, que lo encendía como nadie nunca lo había provocado.
Se retiro un momento de sus labios para ver el cuerpo que forcejeaba bajo el suyo. Era una belleza, cada curva y cada ángulo provocaban en él una sensación mezclada entre el deseo y la admiración. Tal vez esa perra fuera la viva imagen de cómo Jashin-sama había querido que fueran las mujeres, motivo que lo hacía alabar más a su Dios.
Sakura aprovechó la liberación de su boca para tomar una bocanada de aire y gritar:
-¡Suéltame maldita sea! ¡SUELTAME HIDAN! ¡No me toques!-.
-Si claro, ni que fuera idiota.- Se burlo el peligris.
-Suéltame Hidan. Enseguida volverá Konan y si te ve…- Comenzó Sakura, pero nuevamente el hombre la beso unos momentos para después separarse de ella y mirarla a los ojos socarronamente.
-Konan no va a volver en un buen rato. El líder la mando llamar, por lo que (contra la voluntad de la perra) me envió a traerte algo de comer.- Rio un poco antes de añadir. – Así que vete haciendo a la idea perra: yo te voy "a comer" y nadie me lo va a impedir.-
La pelirrosa, tras escucharlo, abrió los ojos como platos, pero los cerro bruscamente al sentir de nuevo esos labios sobre ella, ahora probando su cuello.
"¡Maldita Sea! Tengo que encontrar una manera de salir de esto. Piensa Sakura, ¡Piensa!"
InnerSakura: Y para que pensar, si yo soy muy feliz aquí*¬*
"Este no es momento para que te pongas caliente ¡con un demonio! Haber, piensa… Técnicas, jutsus, algo lo que sea… no tengo armas ¡Mierda! ¿Qué hago? Tengo que encontrar la forma de quitármelo de encima."
La boca de Hidan rozaba peligrosamente uno de sus senos sobre la blusa, haciendo sonrojar a la chica, causándole una sensación de calor que le atravesó la espina.
"¡Agh no! Tengo que salir, no debo permitir que este maldito me viole".
InnerSakura: Técnicamente, no es violación si tú deseas que continúe…o: Y VAYA QUE QUEREMOS! X3x!
"Déjate de idioteces ¡Y PIENSA EN ALGO PARA SACRNOS DE AQUÍ!"
InnerSakura: ok ok, está bien U_U awww, sé que me lamentare por decirte esto pero T_T ¿No te has dado cuenta que el tipo esta en cuclillas y tú tienes libres las piernas?
La ojijade rápidamente comprendió el mensaje de su inner y con todas sus fuerzas (y algo de chakra) en su pierna, pateo al jashinista en ese lugar tan abultado que no recibe normalmente la luz del sol.
-¡AH MIERDA!- Gritó Hidan llevándose las manos a la zona lastimada, retirándose de encima de ella.
InnerSakura: T_T!
Rápidamente, Sakura aprovecho el momento para levantarse y salir corriendo como alma que lleva el diablo. Salió del cuarto e instintivamente se alejo del pasillo, corriendo de izquierda a derecha hasta que se topo con una hilera de puertas. Sin pensarlo dos veces abrió la primera que vio y se encerró dentro.
-Ah, eso estuvo cerca.- Se dijo a sí misma la pelirrosa mientras intentaba recuperar su aliento.
InnerSakura: Ahora tú dime un motivo para no matarme T.T?
"¿Que te salve de una desagradable violación no es motivo suficiente?"
InnerSakura: Claro que no! No es ni siquiera un pretexto! Desde la primera vez que nos toco, ya nos había gustado T.T, como ahora te estás enamorando de "Don Itachi-Hot-sex-symbol-Uchiha" Ya quieres cerrarte a otras posibilidades U_U'
"No me estoy enamo…"
InnerSakura: Ni siquiera toques el tema! No te entiendo a ti y tu deseo por convertirnos en SAKURA "PATEA-BOLAS" HARUNO! Tu maldita obsesión por mantenernos vírgenes dejara estériles a todos los hombres de este lugar! No me hables, no quiero saber de ti por la próximas horas¬_¬! TUUU Maldita Monjaaaaa Mojigataaaa! Grrrrr ¬¬!
Sakura simplemente suspiro cansada, si salía algún día de ese lugar buscaría aun psiquiatra que la ayudara a superar sus problemas mentales. Cualquiera que le quitara esa voz de su cabeza.
-Zzz…- Un ronquido detrás de ella la sobresalto. Pero alcanzo a taparse la boca para no hace ruido.
Sakura se giro, y vio que estaba en una de las habitaciones principales. Su vista recorrió todos los rincones hasta posarse en la cama. Ahí descansaba, la última persona con la que deseaba encontrarse.
"Lo que me faltaba. De todos los cuartos, tuve que venir a meterme en el del hombre pez…".
La persona que desde el inicio había dejado muy en claro que la detestaba, sin razón aparente.
"Lo mejor es que salga de aquí".
La pelirrosa estaba girando la perilla de la puerta, cuando otro sonido la detuvo en seco. Un ligero sonido, muy parecido a un murmullo, se escuchaba al otro lado de la habitación. Giro su rostro buscando en todos los rincones del cuarto a alguien (o algo) que causara ese ruido. Después de unos instantes su vista se posó en una enorme espada vendada recargada en la pared
"Pero que extraña, acaso esa cosa esta… ¿viva?".
Sakura trato, pero no pudo contener su curiosidad. Retiro la mano de la perilla y se acerco silenciosamente hasta aquel extraño artefacto. Cuando lo tuvo enfrente, empezó a observarlo meticulosamente. Era muy grande, por lo que suponía que debía ser sumamente pesada. Movió un poco la venda y se topo con una sorpresa: en vez de encontrarse con el filo plateado de una espada, lo que vio la dejo helada.
"¿Qué es esto? Parecen, ¿escamas?".
Nuevamente movida por la curiosidad, la chica acerco su mano al arma, quería saber cómo se sentían esas escamas al tacto. Sin embargo, cuando rozo ligeramente la cosa, esta emitió el mismo sonido extraño, y al sobresaltarse hundió su dedo en la filosa superficie.
"Agh ¡Mierda! Me corte el dedo." Se dijo mentalmente mientras miraba la herida superficial por la que brotaba una gota de roja sangre.
-Y se puede saber… ¿Qué demonios vienes a hacer por aquí?- La voz de Kisame inundo los oídos de la joven.
-Kisame-san, esto yo…- Comenzó a excusarse la chica volteando a verlo, pero el hombre pez no la dejaba hablar.
-Sabes que si el líder se entera de que andas deambulando por la base, te matara ¿Verdad?- Dijo sonriendo malignamente mientras la miraba.- No creí que mientras Itachi estuviera a tu cargo fueras a cometer una tontería así… pero veo que eres más estúpida de lo que pensaba.
-¡¿A quién crees que llamas estúpida aliento de sushi?- Contesto enojada la chica ante el comentario, olvidando a quien le gritaba.
-¡A ti niñata idiota! ¡A la única mocosa lo suficientemente estúpida como para meterse en la habitación del enemigo!- Respondió igual de molesto él.
-¿Enemigo?- Sakura pregunto extrañada. - ¿Por qué me has declarado tu enemiga? Yo en ningún momento he dicho nada contra ti, y ahora que peleare por unirme a Akatsuki, no creo que debería buscarme enemigos…- Razono más calmada.
-No te unirás a Akatsuki, tú morirás y yo reiré sobre tu tumba. – Sonrió mientras la miraba los ojos, entonces al ver sus orbes jade, la expresión del hombre cambio.- Y en verdad espero ver tu ojos apagarse en un rio de sangre.- Finalizo secamente.
-Pero…- Sakura trago saliva nerviosa por la profundidad de las palabras de Kisame.- ¿Qué demonios te he hecho como para que me detestes de esa manera? Soy yo la que debería sentir rencor, tú junto con Deidara-san me raptaste.
-Y no lo habría hecho de haber saber sabido que existía la posibilidad de que te quedaras con vida. Te hubiera asesinado ahí mismo, en ese bosque.
-Kisame-san- .
Sakura en vez de sentirse herida por sus palabras, sentía algo de lastima por él. Había algo detrás de su mirada asesina, algo oculto, pero no podía descifrar que era.
-Kisame-san yo…- Intento tocar su mano para remarcar que ella no lo aborrecía, pero la reacción de él fue algo que nunca hubiera esperado.
En cuanto la yema de sus dedos rozo la piel azul del ninja, este reacciono violentamente, tomándola de los hombros y azotándola contra la pared. La apretaba tan fuertemente que sentía que le rompería los huesos bajo su agarre.
-¡NO ME TOQUES! ¡NO TE ATREVAS A TOCARME MALDITA BASTARDA!-. Gritaba como loco Kisame.- SI VUELVES A TOCARME ¡TE MATARE! NO DUDES QUE ACABRE CON TU MISERABLE VIDA.
-¡Agh!- Sakura sentía tanto dolor que unas lagrimas escaparon de sus ojos.
-MALDITO SEA EL DIA ENQ UE NACISTE KYOKO, ¡MALDITA SEAS!- Gritaba una y otra vez mientras la azotaba mas fuerte contra la pared, mirándola directo a sus llorosos ojos verdes. Los ojos del Akatsuki estaban nublados, perdidos en un nubarrón de tiempo y rencor.
-¿qu-quien e-es ky-kyo-ko?- Pregunto apenas en un susurro la chica, sentía que se desmayaría en cualquier momento.
En ese momento, su vista se despejo. Miro perplejo a la chica que tenía enfrente, como dándose cuenta que no estaba en ese lugar y ese tiempo al que su mente lo había transportado. La soltó de inmediato, dejándola caer al suelo y dándole la espalda, respirando agitadamente.
Sakura agradeció que la liberara de la brutal fuerza de su ira. Inmediatamente se abrazo a sí misma, intentado averiguar si los huesos de sus brazos no fueron rotos en el proceso. Pozo tímidamente su mirada en el hombre que le daba la espalda. A pesar de todo, su curiosidad era grande, había algo detrás de la mirada rabiosa de Kisame, algo que creía haber comprendido.
-Kyoko…- Su voz era un susurro cohibido, pero aun así perfectamente audible.- Esa mujer, te lastimo ¿verdad?
El criminal se quedo helado al escucharla, pero no respondió. Al no recibir respuesta, ni negativa o positiva, la kunoichi siguió tanteando el terreno, mientras se ponía en pie.
-Ella… sin duda, fue importante para ti ¿no? Pero… ¿en qué sentido?-.
-Cállate.- Contesto él con un murmullo lúgubre y cargado de odio, desprecio.
La pelirrosa se congelo en su lugar, temiendo que volviera a tener otro ataque violento contra ella.
-Lárgate.- Siguió sin mirarla, con la misma voz asesina.- No diré que estuviste aquí, no me importa si se entera alguien o no. Pero, solo vete y aleja tu maldita faz de mi vista.-
Sakura quería obedecer, pero había algo en su interior que la mantenía en ese sitio. No podía moverse, su cuerpo no deseaba dejarla escapar.
-¡QUE TE LARGUES!- Grito por fin Kisame, mirándola directo a los ojos lleno de rabia.
Por fin reacciono, y sin pensarlo más salió a toda prisa de aquella infernal habitación. Ese lugar estaba cargado de odio e infinito dolor. Sí, porque Sakura vio detrás de esa mirada, ese oscuro sentimiento que carcomía poco a poco el espíritu de ese hombre: el estaba sufriendo; sufriendo por una mujer.
Kisame la vio salir por su puerta, dejándola abierta a su paso. Se acerco y la cerro de golpe, también atestando un puñetazo de frustración contra la pared. Estaba sumergido en su desprecio y sus heridas. Esa malditas heridas sin cerrar, ardiéndole a carne viva en su alma.
-Malditas sean las kunoichi…- murmuró para sí.- Malditas sean todas esas arpías de ojos verdes.
Y se quedo ahí, hundiéndose en los tormentosos recuerdos de su pasado, la vida que había enterrado hace ya tantos años. Y que la Kunoichi trajo al presente, convirtiendose ella en su calvario.
La ojiverde salió corriendo de la habitación de Kisame. Esa abrumadora ráfaga de emociones que había sentido en el lapso de aquellos minutos la había mareado. Tantos sentimientos experimentados de golpe no podían ser buenos para ella.
Se recargó en la pared del pasillo y respiró profundamente. Algo le ardía en su pecho, muy hondo en su corazón. Tenía un escozor atorado en la garganta, desde que vio al Akatsuki de tez azul; algo que la molestaba.
Sin darse cuenta, un sollozo escapo por sus labios y las lágrimas habían comenzado a brotar por sus orbes jade. Tan intensas fueron las emociones que le mostro, que se las transmitió a ella. Ese pesar que reflejaba en su mirada, el coraje y dolor en su voz; todo estaba siendo experimentado por ella; también a ella le dolía.
Se quedo ahí en el pasillo y se dejo caer al suelo lentamente hasta quedar sentada. En medio de ese dolor, la imagen de Sasuke acudió a su mente, y recordó aquella sensación de abandono que albergas cuando alguien te traiciona. Lloró más.
Estaba tan sumergida en esas lágrimas ajenas, que no se dio cuenta de la presencia de cierto rubio que la observaba.
-Vaya vaya, pero mira lo que me trajo el viento.- Comenzó a decir con su voz seductora.-
"Genial, como si no hubiera tenido suficientes Akatsuki por un día" Pensó entre sollozos la pelirrosa.
-¿Pero no me vas a decir lo mucho que me extrañaste preciosa?- Ínsito intentado hacerla enojar.
Sakura no dijo nada, tenía escondido su rostro en sus manos, por lo que el ojiazul todavía no se daba cuenta de su situación sentimental. Aun así, se extrañó de no recibir respuesta.
"¿Pero qué demonios?" Pensó curioso él rubio. "Por lo general se cabrea cuando empiezo a hablarle de esta forma… ¿Qué le sucede?"
-Sakura.- La llamo.
Ella levanto su rostro y lo miro través de la cortina de agua que empañaba sus ojos. Él se sobresalto.
-¿Qué te paso? ¿Itachi te hizo algo?- Pregunto sinceramente preocupado, agachándose para quedar al mismo nivel de su cara.
-N-no.- contesto la joven, intentado contener su lloriqueo.
Deidara frunció el ceño.
-Ven conmigo.- Le dio la mano y con la otra la tomo de la cintura para que se levantara.- El líder no debe de darse cuenta que estas deambulando por los pasillos.
Eso era cierto. Todo el drama la había hecho olvidar que estaba haciendo algo sumamente prohibido que ponía en riesgo su oportunidad de vivir. Sakura asintió al rubio y lo siguió obedientemente hasta su habitación (la cual se encontraba en el mismo pasillo que la de Itachi), por lo que Sakura instintivamente se aferro a Deidara asustada buscando con la mirada a Hidan, él también dormía en ese pasillo.
Al sentir la cálida presión de su mano en el brazo, el rubio se giro a ver a la kunoichi. La chica miraba a todos lados entre alerta y cohibida.
-Sakura ¿en verdad que fue lo que te paso?- Cuestiono de nuevo a la joven mientras la hacía pasar a su dormitorio.- Estas actuando muy… extraño.
-¿A qué te refieres Deidara-san?- Pregunto la chica disimulando todas sus emociones de hace un momento, con una voz serena y suave.
-Mmm, nada, olvídalo.- frunció el ceño Deidara, no muy convencido pero dejo el asunto. Por lo menos temporalmente.
Sakura dio una rápida ojeada a la habitación. La cama y los muebles eran igual a las de los otros Akatsuki, la de Deidara era de un color café muy claro, también tenía una pequeña sala frente a un enorme ventanal, pero su vista daba al bosque. En ciertas partes de la pieza, podía observar como había marcas negras en el piso o en los muros, marcas enormes como de quemaduras. Y las marcas se volvían más frecuentes de camino a una puerta dentro del cuarto. Esto le llamo mucho la atención a la kunoichi.
-Deidara-san ¿qué hay detrás de esa puerta?- Dijo señalándola.
-Ah, ese es mi…- Se quedo serio un momento y miro a la chica. La pelirrosa pudo notar una chispa de emoción al momento en que el joven le sonreía.- ¿Te gustaría verlo?
-Está bien.- Por alguna razón, la mirada del Akatsuki le decía que no era nada malo.
Ambos caminaron hacia esa puerta y al abrirla Sakura pudo notar un ligero olor a pólvora y lodo… no, no era lodo. Era algo terroso, pero no estaba segura de que.
Paso dentro del oscuro lugar mientras Deidara le daba empujoncitos en la espalda. El rubio se alejo de ella un momento, se escucho un chasquido y entonces una luz ámbar ilumino todo el interior del sitio. Se quedo maravillada ante lo que observaron sus ojos.
El lugar era tal vez mas grande que el cuarto del ojiazul, por todo lo largo y ancho había montones de estantes repletos de figuras de arcilla moldeada; todo lo que se le hubiera podido ocurrir esculpir a un artista, claro que lo que más predominaba entre las esculturas eran aves: de todos los tamaños formas y clases, todas ellas hermosas.
Sakura se quedo muda admirando todo lo que los rodeaba, el rubio sonrió satisfecho ante la reacción de la joven.
-Este es el taller en donde trabajo en mis esculturas con arcilla y mis explosivos. – Comenzó a decir Deidara orgulloso mientras Sakura caminaba admirando todo lo que los rodeaba.- Aquí paso la mayor parte del tiempo moldeando y creando cosas que puedan perfeccionar mi arte.
La pelirrosa parecía no escucharlo, sus ojos brillaban de emoción como una niña en una juguetería, sus mejillas estaban sonrosadas y una sonrisa iluminaba su rostro al momento que acercaba su mano a una de las aves de los estantes. A unos milímetros de tocarla se contuvo y miro a su acompañante.
-¿Puedo?- Pregunto tímida Sakura.
Deidara asintió divertido, dándole su aprobación para que tocara lo que quisiera. Ella agarro con mucho cuidado un pequeño pájaro que cabía en el centro de su mano. Lo giraba y observaba absorta en cada detalle.
-Deidara… esto es asombroso.- Murmuro feliz la chica sin quitar la vista de la figurilla.
Sakura recorrió un poco más el lugar, acercándose al centro del estudio, donde había una larga mesa rectangular repleta de materiales para trabajar. La mesa, como todo buen entorno artístico, era un completo caos, el desorden estaba presente por todo lo largo y ancho del mueble. Una sabana cubría algo en la mesa, pero Sakura no quiso curiosear mas, se limito a admirar el pajarillo que seguía en su palma y sonrió.
-Sabes, este lugar es fantástico. Pareciera que hay miles de figuras en cada rincón y todas excepcionales. Pero entre todas, esta es la que más me ha gustado.- Dijo dulcemente la chica sin dejar de ver la figurilla.
-En verdad tienes ojo para la paz.- comento divertido el joven.
-¿Por qué lo dices?-. Pregunto sin entender la kunoichi.
-Pues veras… De todas las piezas en esta habitación, esa- señalo la escultura miniatura en su mano.- Es la única que no está hecha de arcilla explosiva.-.
-¿Arcilla explosiva dices? Pero no entiendo ¿Por qué habrías de querer hacer explotar tan magnificas creaciones?- Pregunto sorprendida al tiempo que miraba a su alrededor, nuevamente maravillada por lo que las manos del rubio eran capaces de hacer.
-Las hago explotar, para convertirlas en verdadero arte.- contesto el rubio.
La chica alzo una ceja aun dudosa y cerro un poco la mano en la que tenía el pajarito como protegiéndolo del posible peligro de desaparecer en una detonación. Él simplemente sonrió viéndola, su curiosidad y miedo por la idea de destruir la figurita le causaba algo de ternura.
-Veras, yo soy un firme creyente de que la belleza más pura que existe es la que no rodea. Todo en nuestro entorno está destinado a fallecer, marchitarse, durar solo un instante. La vida en realidad, es una sucesión de momentos que llegan a su fin. Eso es lo que la hace tan maravillosa.-
Comenzó a hablar más emocionado, sus ojos brillaban y comenzaba caminar mientras hablaba, haciendo movimientos con sus manos como para enfatizar cada palabra que decía.
-La vida es algo pasajero, como una estrella fugaz: en el momento en que se encuentra en el centro del cielo, es cuando se vuelve más bella, en ese instante antes de caer de su trono. Eso me ha hecho creer siempre, que las cosas eternas son antinaturales, antiestéticas, la inmortalidad no te deja apreciar los pequeños detalles, porque no lo valoras, crees que tienes todo el tiempo del mundo para observarlos y cuando menos lo piensas ya ni recuerdas que era lo que deseabas admirar.- Tomo aire.- Y lo curioso es, que las cosas fugaces son irónicamente, las que duran en nuestro corazón eternamente.- son rio y sus ojos brillaron con emoción y orgullo.
-El arte efímero, cargado de su pasión y su fuerza, es el verdadero arte.- finalizo Deidara en su monologo. Se quedo en silencio por un instante, pensando en cuan ciertas era sus palabras para él, no esperaba que en realidad alguien lo comprendiera. Por eso se sorprendió mucho al escuchar la voz de la ojijade inundando sus oídos.
-Entonces esa es la razón para que destruyas cosas tan bellas, para que así perdure su verdadera belleza. Esa es la manera en que logras que tu arte prevalezca. Lo entiendo, entonces sería como si, el arte fuera… una explosión ¿no?-.
Deidara se quedo sin aliento al oír esas palabras provenir de una boca que no fuera la suya. Voltio a mirarla aun anonadado; la mirada cálida y enternecida de la chica, su hermosa sonrisa juguetona llena de orgullo y la paz que emanaba lo dejaron sin habla.
No había notado hasta ese momento lo verdaderamente hermosa que era esa criatura frente a él. Tantas veces la había tenido enfrente, deseándola, mirándola de cabeza a los pies. Incluso había sentido su cuerpo bajo sus manos en una ocasión.
Pero nunca, jamás, en ninguna ocasión se había sentido como se sentía en aquel momento.
Su pulso se agito, sentía como su temperatura corporal aumentaba y la sangre se agolpaba en su rostro, haciéndolo sonrojar.
Se acerco lentamente a ella alzando una mano a la altura de su rostro. Sakura vio la palma que se acercaba a ella y ahogo una exclamación de sorpresa. Rápidamente Deidara cerró su mano alejándola avergonzado.
"Mierda" Se reprendió el chico por haber olvidado por un instante ocultar sus manos de ella. No quería que ella en realidad viera los frutos de sus jutsus prohibidos.
-Discúlpame Sakura, no era mi intención mostrarte algo tan desagradable.- Susurro al momento que le daba la espalda a la chica para alejarse.
-¡No, Espera!-.
El ojiazul se detuvo impresionado al sentir el fuerte agarre de las manos de la pelirrosa en su brazo.
-No es nada malo ni desagradable. No te vayas, no me has asustado; solo es que, bueno…- soltó una risita divertida.- Es que no es algo que uno normalmente esperaría.- Y dicho esto tomó la mano del ninja y la estrecho entre las suyas.
-Sakura… no te importa saber ¿Por qué?- Pregunto mirándola, aun asombrado. Ellas e limito a negar con un gesto.
-Si Deidara-san desea contarme hoy, en diez años o nunca, respetare sus deseos.- Dijo con un gesto de comprensión la kunoichi.
-Sakura…-. Susurro casi sin aliento.
Definitivamente esa chica era especial; aunque demostrara constantemente ser una fiera, un aura angelical podía rodearla al instante. Era una beldad.
No pudo contenerse más. Pego su cuerpo mas al de la chica, mientras ella lo miraba sin entender de todo lo que hacía. Tomo su rostro blanco con su mano libre y acaricio su suave mejilla haciéndola sonrojar. Estaba acercándose lentamente a esos labios de cereza suaves como la seda, al tiempo que sus pensamientos se perdían en los orbes color jade de la joven. No soportaría un instante más sin tocarlos.
-Saku… lo ojos.
-¡SAKURA!-.
Una voz furiosa irrumpió en el lugar, rompiendo la calma que había dominado la atmosfera hacia solo un segundo.
-¡¿¡QUÉ DEMONIOS CREES QUE ESTAS HACIENDO DEIDARA! ¡QUITALE LAS MANOS DE ENCIMA!-.
Sakura volteo rápidamente hacia el causante de esos gritos rabiosos, ella conocía muy bien aquella voz seductoramente fría y mordaz. Sin embargo nunca había notado en él una ira tan grande que la hiciera temblar como en aquel instante.
-¿Itachi-san?-. Pregunto la pelirrosa al encontrarse con los hermosos y letales ojos rojos del Uchiha.
"Esto no es bueno". Sentencio en su mente la kunoichi.
Después de lo que parece años, he vuelto.
Pido disculpas, pero verán, estos últimos mese he estado con muchos pendientes y ajetreos por lo de los papeles de certificación del instituto, la graduación, los documentos de admisión a la universidad, etc.
En fin, por fin soy libre (bueno, en realidad lo soy desde hace como dos semanas, pero me fui a un concierto en otra ciudad y no lleve mi lap lol).
Pero finalmente he aquí el fic. Nuevamente, lamento la laaaaaaaaaaaaaaarga demora, pero no se preocupen, no lo he abandonado. Todo lo que empiezo, en un momento dado lo termino, no me gusta para nada dejar las cosas a medias.
Mis más cordiales saludos a todos lo que lean esta historia. n.n
Salut!
At: SaAdikDolL
