Hola a todos, mis queridos lectores! =D

Cómo han estado esta semana? Yo un tanto agobiada por culpa de todos los trabajos que me han mandado... a parte de los exámenes y todo lo demás. Pero por fin es viernes! Y lo prometido es deuda. Aquí os dejo la continuación.

Es un poco más largo de lo que quería haber echo, pero la inspiración llegó de improvisto y... puff! Salió esto. Espero que lo disfrutéis tanto como yo al escribirlo (Aunque me hubiera llegado a las tantas de la madrugada mientras estaba estudiando n.n'')

Una vez más muchas gracias a todos los que me dejáis un lindo review! También a todos aquellos que habéis comenzado a seguir la historia! Cada vez sois más los que leéis esta loca historia producto de mi mente depravada y pervertida. Muchas gracias! Os dedico este capítulo a todos.

Como siempre agradeceros a todos los que me habéis comenzado a seguir en facebook y estáis atentos a todo lo que hago! Veo que os han gustado mis fotos disfrazada de Eren e Ymir, eh? Si es que... jaja

Dedicar en especial a Theressa, Misaki, Mi patata y a Zuripi! Que me desesperais con tanto fav en el face!

Y sin más que contar aquí os dejo con el cap!


Capítulo 14: Expedición (Parte 2)

Negro.

Todo a su alrededor estaba en una inmensa oscuridad. No sentía nada. Estaba como en una especie de Nirvana. Su cuerpo era ligero, como si flotara. Se sentía tan bien. Ni siquiera sabía cómo había llegado allí. No sabía qué hacía allí. Pero poco le importó.

Volvió a cerrar los ojos, disfrutando de la paz. Una paz que sentía que lo comería por dentro. Pero sintió algo en su mano derecha. Algo cálido, pegajoso y húmedo. Abrió sus ojos y levantó su mano, viendo que estaba teñida de un extraño color rojizo. Un color que conocía demasiado bien.

Sangre.

Abrió sus ojos asustado, levantándose del lugar. La oscuridad se fue desvaneciendo, mostrando lo aterrador del momento. Muerte. Muerte. Únicamente se veía Muerte. Cuerpos desplomados, sangrantes, destrozos. Vísceras y miembros esparcidos. El miedo acarreó su cuerpo. Sentía que el aire le faltaba. Sintió la necesidad de correr, de desaparecer. Pero no pudo. Sus piernas no reaccionaban. No se movían. Quiso llorar.

Eren…

Un susurro, apenas audible le llamó. Giró la cabeza, intentando descubrir de quién era.

Eren…

Pudo oírlo con mayor claridad, como si estuviera a su lado.

Eren

Joder, estaba a su lado. Giró la cabeza… Y se encontró a su madre.

-¿Mamá…? – susurró asustado. Y ella sonrió.

::

-¡EREN! – Un grito le hizo abrir los ojos asustado.

Su vista estaba nublada, aturdida. No sabía dónde se encontraba y la poca luz que había en el lugar no ayudaba mucho. En cuanto su vista se fue aclarando, pudo distinguir la silueta de Rivaille, mirándole preocupado. Ese semblante no podía verse todos los días.

-¿Rivaille…? – susurró.

Rivaille suavizó sus facciones. El mocoso estaba bien. Suspiró aliviado.

-¿Qué… ha pasado? – preguntó el castaño, aun aturdido. Intentó levantarse, pero su brazo derecho no le respondió del todo. Se agarró el hombro.

-No deberías de moverte. Tienes el hombro dislocado. – las palabras de Rivaille le sorprendieron. Sus recuerdos estaban fallando. Estaba confuso.

Miró al mayor. No se había fijado en que su superior tenía la capa manchada de sangre. Se asustó. Pero al ver la mirada de Rivaille supo que no era suya. Distinguió que su labio inferior estaba partido, ya con sangre seca. De su ceja izquierda brotaban pequeñas gotas de sangre, ya que la herida no había terminado de cicatrizar. Y una venda que le recorría la muñeca izquierda.

-¿Qué ha pasado, Rivaille? – volvió a preguntar, mucho más decidido. El moreno suspiró derrotado.

-Antes de desmayarte, Ángela te salvó de morir devorado por el titán que enfrentaste. – Eren abrió los ojos sorprendido y preocupado. – No sé cómo estará ahora después de la explosión, pero había sufrido una caída muy grave.

-¿Explosión? – preguntó aturdido.

-La aparición de un titán humano hizo que una gran explosión nos separara del grupo. De seguro que toda la formación está dispersa por el bosque. Debemos de tener cuidado – se levantó de su asiento, con cuidado de no mover demasiado la mano – pero estoy seguro que Erwin está reuniendo a las tropas. Nosotros somos los que más lejos hemos caído. – miró a un punto perdido en el bosque. – Estamos en medio de un nido de Titanes.

Eren le miró. Si estaba en lo cierto, las posibilidades de sobrevivir eran cercanas a cero. Un nido de Titán era el peor sitio donde podía estar un humano. En ese lugar los Titanes se encontraban en piña, donde, supuestamente se reproducían. Pero por la posibilidad de ser devorados, los humanos no habían entrado en esos lugares. Y ahí estaban. Y no en uno cualquiera, sino en uno de los más grandes que habían formado en esos cinco años de control sobre el muro María.

Tragó con dificultad, y se levantó con cuidado, sujetándose el hombro en el proceso. Era doloroso. Pero gracias a sus genes de titán se repondría enseguida. O eso creía.

-Debemos de permanecer en un lugar alto. – miró a Rivaille, el cual le miraba directo a los ojos. – Los titanes no saben escalar, y por la noche no tienen actividad alguna. Está anocheciendo. – miró al cielo, ignorando la penetrante mirada de Rivaille. Estaban jodidos si no venían a buscarlos.

::

Un gruñido de dolor salió de los labios de la rubia. Mierda. Había perdido de vista al idiota de Rivaille y al masoquista de Eren. Cerró los ojos, mientras su subordinado seguía vendando su pierna. Ese condenado titán… había hecho que perdiera el equilibrio y acabara clavándose la rama de un árbol. Bufó enfadada.

-No te desesperes, sargento – miró al moreno, que la sonrió cálidamente – seguro que están bien.

-Eso espero, Dylan. La aparición de ese titán no nos ha favorecido en nada.

-Seguro que saben lo que hacen. – apretó la venda, haciendo gemir de nuevo a la rubia.

-Si tú lo dices… Eres tu el que está metido en todo ese embrollo. – apartó la mirada. Sabía que Dylan escondía más de un secreto en esa carita de no haber roto un plato en su vida.

-Sargento Ross – la rubia vio a una castaña acercarse a su persona. Como se llamaba… ¿Sasha? – El comandante Erwin la llama.

-Gracias, Sasha. –sonrió. La morena se extrañó por el trato recibido por la rubia y se sonrojó levemente, yéndose hacia donde estaba el resto de la tropa.

¿Qué querría Erwin en ese momento?

Se levantó con dificultad, rechazando la ayuda de su subordinado. Ella sola podía levantarse. Había tenido lesiones peores que atravesarse el muslo con una rama. Con cierto cuidado y aun cojeando, se aproximó al comandante, el cual la miró preocupado.

-Esa herida no parece muy buena. – Hizo una mueca de desagrado.

-No estoy aquí para hablar de mi pierna, Erwin. – Se cruzó de brazos, casi perdiendo el equilibrio. Maldijo por lo bajo al estúpido titán. Otra vez.

El comandante suspiró derrotado.

-Como habrás podido observar, la gran mayoría de los soldados se encuentran aquí. – la rubia miró por encima de Erwin a la mayoría de las tropas, tanto del norte como del sur. – Pero las bajas han sido grandes, para ambos. Sin contar que todavía tenemos que encontrar al resto de la formación, que fue esparcida por el bosque en un radio de un kilómetro.

-Eso ya lo sé. – La chica le miró fríamente – Lo importante es que estamos cerca de un nido de titanes. – puso sus manos en las caderas y suspiró. – Esperemos que ninguno de los nuestros haya caído en ese lugar…

Erwin asintió. Estaba seguro que alguno de sus soldados habría caído en ese lugar. Las posibilidades de supervivencia en ese lugar eran nulas. Pero en esos momentos, lo que necesitaban era descansar y ascender a lo más alto de los árboles. La noche estaba cayendo, y las posibilidades de moverse por el lugar eran nulas. Aunque los titanes no podían moverse por la noche, lo mejor era mantenerse escondidos. Todos poseían heridas de todo tipo. Era mejor permanecer en un sitio fijo. Mañana se encargarían de encontrar a los demás.

Solo esperaba que Rivaille y Eren estuvieran bien. Esos dos eran una parte muy importante de la legión. Y Eren estaba embarazado. Eso le preocupó más. Quería a Rivaille como un hijo, y sabía que haría lo que fuera por las personas a las que amaba. Podía llegar a ser muy imprudente con lo relacionado a lo que amaba. Se convertía en todo lo contrario a lo que era.

::

Eren se revolvió por el dolor de su brazo. Un gruñido le hizo despertar y levantarse de golpe, ocasionando que su hombro se resintiera. Se extrañó ante ello. ¿No se suponía que se recuperaría enseguida? ¿Qué había pasado con su regeneración? Se agarró el brazo con fuerza y se apoyó en el tronco del árbol donde se encontraba. Se sentía tan adolorido. No recordaba la última vez que había sentido tanto dolor en el cuerpo. Cerró los ojos con fuerza y soltó un suspiro de resignación. La duda le estaba consumiendo, pero su mente estaba tan aturdida que poco podía hacer. Pensar hacía que le doliera la cabeza.

-Mocoso… - la voz de Rivaille le sorprendió, abriendo los ojos. – No deberías de moverte teniendo el hombro en ese estado. – se aproximó a él. Incluso en medio de la penumbra pudo distinguir su silueta.

La herida de su ceja ya había dejado de sangrar, y en su labio solo quedaba la costra de lo que fue una fisura en su carne.

-Lo siento… - susurró. Rivaille solo suspiró con cansancio y se posicionó en el lado contrario de su brazo herido.

Aun a sabiendas que su brazo estaba vendado y con una enorme herida, prefirió que Eren se acostara en su hombro, agarrando la cabeza de éste para que la posicionara.

-Sargento… su brazo… - pronunció preocupado.

-Tranquilo… solo es una herida. Tú necesitas descansar para recuperar fuerzas. – se sujetó el brazo y bajó su hombro, permitiendo una mejor comodidad al menor. – Yo me quedaré despierto vigilando tu sueño.

Aquella afirmación hizo sonrojar al menor. Saber que Rivaille iba a verlo dormir le ponía nervioso. ¿Cómo se vería dormido? ¿Tendría cara de tonto? ¿O acaso babeaba? Las preguntas le invadieron la cabeza, impidiendo que sus ojos se cerraran.

-¡Ya duérmete de una vez! – exclamó el sargento. Ese mocoso estúpido de seguro estaba pensando cosas sin importancia y bobas que le impedían conciliar el sueño. Eren cerró los ojos en ese mismo instante.

El sueño comenzó a implantarse en su persona en el mismo momento en el que cerró sus verdes ojos. Sentir el calor del mayor le reconfortaba. No se había fijado en el frío hasta que la otra parte de su cuerpo se resintió por ello. Se abrazó con el brazo izquierdo para darse calor. Y mientras escuchaba la respiración del sargento, acabó rendido ante los brazos de Morfeo.

Mientras, Rivaille había permanecido mirando un punto indefinido en la oscuridad del bosque. No tenía sueño, y la inquietud de encontrarse en ese lugar tampoco ayudaban a que pudiera conciliar el sueño. En el mismo momento en el que sintió que Eren respiraba con tranquilidad, pudo mirarle. Su rostro estaba relajado y su boca estaba ligeramente abierta. Aun desde su perspectiva pudo apreciar las finas facciones de su cara. Parecía un angelito. Un pequeño angelito que se había quedado sin alas y condenado a vivir en la tierra.

Suspiró con resignación. Después de todo seguía siendo un niño.

¿Eres consciente de lo que estás haciendo?

¿Por qué recordaba precisamente eso ahora? Maldijo por lo bajo a su subconsciente.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Es solo una niña... Y ya has hecho que callera a tus pies. – la voz del comandante le taladró la cabeza. – Solo te lo advierto Rivaille. Puedes ser expulsado por esto.

-No tengo intención de hacerla nada. Es mi subordinada. Nada más – cruzó sus brazos por encima de su pecho.

-Solo te digo lo que he oído. Y las acciones de Ángela lo confirman. Ten cuidado.

-Lo tendré. Tranquilo. – Se levantó de la silla y se aproximó a la salida.

-Solo una cosa más. – posó su mano en el picaporte. – si vas a hacer cosas indebidas con ella, busca un lugar más apartado.

-¡TSK! ¡Idiota! – cerró la puerta de un portazo mientras un leve sonrojo cruzaba sus mejillas. Estúpido Erwin.

Suspiró con pesar. Apoyó su cabeza en el tronco del árbol, intentando que su cuerpo se relajara del repentino recuerdo. Se había puesto tenso. Odiaba recordar su pasado. Lo que le importaba era su futuro. Su futuro con Eren y su hijo. Sonrió de lado y acarició los castaños cabellos del chico. Aun teniendo ese pasado, Rivaille estaba enamorado de Eren. Y haría todo lo posible por que él fuera feliz. Cualquier cosa. Hasta matar.

Se acercó a sus labios con cuidado y depositó un leve beso en ellos. Sabía que Eren no despertaría. Tenía el sueño demasiado pesado como para que algo así le despertara. Cogió su capa y los tapó a ambos. Sabía que la noche era fría, y no les convenía resfriarse. Cerró los ojos por un momento, intentando descansar la vista. Pero se quedó dormido. Mientras, Eren había sentido los labios del mayor, sonriendo en el proceso. Sabía que el sargento no mostraría esos actos de cariño si estuviera consciente. Pero lo había estado. Y se sentía agradecido.

::

Los primeros rayos de sol aparecieron por el horizonte. La mañana se presentaba tranquila y despejada. Todo era perfecto, hasta que el rugido de un titán despertó a nuestros protagonistas. Los dos se sorprendieron de tal manera que Eren casi se cae de la rama del árbol donde estaba. Rivaille le había agarrado del brazo en el mismo momento en que su cuerpo se había tambaleado, pegándole a su cuerpo.

Sintió loas pisadas de los titanes. Habían comenzado a moverse. Una horda de titanes se había concentrado a su alrededor, creando un fuerte imposible de cruzar. Eran demasiados y de distintos tamaños. Estaban rodeados. Todos ellos intentaban escalar el inmenso árbol donde se encontraban, pero no lograban alcanzarlos. Rivaille bufó con molestia y apretó los dientes con fuerza. No podían escapar.

-Sargento… - Eren le había llamado. Giró la cabeza hacia el castaño. – Debemos de encontrar la manera de salir de aquí.

-¿Crees que no estoy pensando en ello? – pronunció con enojo y desesperación.

Eren se separó de su superior y se agarró el brazo de nuevo. Ya no le dolía tanto, pero sabía que no podría moverlo demasiado. Frunció el ceño mientras miraba como los titanes intentaban llegar a ellos.

De repente, el árbol comenzó a tambalearse. Los titanes estaban intentando echar abajo el árbol. Al ser tantos, podían incluso derruir un edificio entero, o incluso una ciudad. ¿Qué más les daba un árbol? Solo querían devorar la carne de esos dos humanos.

-¿Están intentando derribar el árbol? – Eren se agarró al tronco, mientras Rivaille permanecía estático en la rama. Tenían que salir de allí y rápido.

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-¿A dónde te crees que vas? – El comandante se había acercado a la sargento Ross.

-¿No es obvio? Voy a buscarlos. – Ángela había terminado de ponerse los equipos cuando la mano de Erwin la detuvo.

-¿Pretendes entrar en el nido? ¿Sola?

-No veo que tú vayas a hacerlo. – se soltó del agarre del mayor. – Eren es mi responsabilidad.

-Es demasiado peligroso. No voy a permitir que vayas sola. – frunció el ceño.

-No voy a ir sola. – Se dio la vuelta encarándolo. – Dylan irá conmigo. – El nombrado apareció al lado de la rubia. Erwin suspiró resignado.

-Está bien. Pero si no volvéis en una hora, entraré a buscaros.

-No creo que sea necesario. Nos las apañaremos.

La joven y su subordinado saltaron del árbol donde se encontraban para adentrarse al nido de titanes. La muchacha sonrió. Eso iba a ser divertido.

::

Eren volvió a tambalearse al sentir el crujido y el posterior balanceo del árbol. Condenados titanes. Pretendían echar abajo el árbol para devorarlos. Chascó la lengua y miró a Rivaille, el cual estaba preparando su equipo de maniobras. Mierda. Si al menos el pudiera usar el suyo, podrían salir de allí sin problemas. Pero la realidad era distinta. No podía usarlo. Su brazo no se lo permitía.

Rivaille miró la cara de preocupación de Eren y se acercó a él decidido. Le agarró de la cabellera, haciendo que el castaño le mirara a los ojos. Su expresión era entre sorprendido y adolorido por el tirón de pelo.

-Escúchame bien, mocoso. – su voz era decidida. – Vamos a salir de aquí, aunque tenga que llevarte a cuestas. ¿Me has entendido? Asique quita esa cara.

-S-sí. – Respondió. Rivaille suspiró y le soltó el cabello, acunando su cara con ambas manos.

Y le besó. Un beso que decía que todo saldría bien. Que estarían bien. Pero un temblor mucho más fuerte les hizo separarse. Miraron hacia abajo, viendo que el árbol había comenzado a caer. Rivaille cogió a Eren y lo posicionó en su espalda. El castaño se aferró con fuerza y juntos esperaron el impacto contra el suelo, mientras soltaban los cables para que la caída fuera menos dolorosa. El gas era escaso, no podrían salir de allí sin ello.

Tendrían que luchar en el suelo.

Cayeron. Sintieron como sus cuerpos resentían el golpe y como su vista se nublaba un instante, antes de volver a ver con claridad. Y en ese momento, un titán se acercó a ellos, viéndolos con gula. Estaba dispuesto a devorarlos. Rivaille se puso enfrente de Eren. Lo daría todo. Incluso la vida por salvarle.

Comenzó a derribar titanes, mientras Eren permanecía estático en el suelo. N podía hacer nada. Cerró los ojos con fuerza, reprimiendo las ganas de llorar. No podía ayudar a Rivaille, el cual estaba dando su vida por salvarlo. Abrió los ojos, viendo como el poco gas que les quedaba se acababa con cada maniobra que había el sargento.

Se sintió desfallecer. No saldrían de esta. Estaba seguro. Un titán se acercó al castaño. Eren cerró los ojos, esperando su final.

Y antes de que el titán llegara a acercarse más, una sombra apareció detrás de este, cortando su nuca. Otra sombra apareció, haciendo que los titanes de la periferia callera. Esas dos sombras se habían encargado de ellos. Y una de ella calló enfrente de Eren. El sargento la vio sorprendido, acercándose al menor.

-¿Ángela? – no podía creerlo. La chica solo sonrió. Aun estando con la pierna mal herida y no sé cuantas contusiones más, se había encargado junto con Dylan a exterminar con los titanes que había cerca de ellos.

Pero aquí no acababa la cosa. Los titanes aparecían en masa. Cada vez eran más.

-¡Rivaille! Llévate a Eren de aquí. Yo me encargo de estos jodidos titanes. – se aproximó a ellos, sacando de su espalda una botella de gas. – Dylan tiene la otra. – El nombrado la tiró, siendo atrapada por la joven. – Hemos sido precavidos y hemos pensado que no tendríais gas. Aprovechar ahora que hay menos titanes.

-¿Y vosotros? – Eren se había preocupado por ellos. Sabía que eran expertos. Pero sabía que los humanos tenían sus límites. Y no quería perder a más gente en ese bosque. No precisamente en ese. Ángela sonrió de lado.

-Tranquilo, Eren. No nos pasará nada. – les dio la espalda, posicionándose en modo de batalla. - ¡A qué estáis esperando! Iros de aquí.

Rivaille cambió las botellas de gas y agarró a Eren. Los dos salieron del nido con dificultades, pero a fin de cuentas, las bajas producidas por ese par habían sido de ayuda. Mientras, Eren había visto como Ángela se encargaba de unos cuantos titanes. Al verla pudo darse cuenta que su forma de luchar y la de Rivaille era muy parecida. Pero no le dio mucha importancia en ese momento. De seguro que volvería con vida.


Y... que os ha parecido?

La verdad es que estoy orgullosa de como me ha quedado el capítulo. Me he dejado la piel por vosotros!

Ya queda poco para que termine la expedición!

Y bueno... secretitos y más secretitos! Dios! Esto parece un circo!

Lo siento, pero tenía que poner la conversación que tuvieron Rivaille y Erwin con respecto a su relación con Ángela! Tenía que hacerlo! Pero, no os preocupéis Rivaille es de Eren y solo de ÉL! De nadie más! ¬¬

Bueno, la gente me pide lemmon... pero no puedo ponerlo en medio de una expedición! Sería raro, no creen? Tener paciencia! Ya os lo pondré dentro de un par de capítulos! En cuanto termine la expedición! OS LO PROMETO! =D

Bueno, os voy dejando ya! OS ADORO!

Y como siempre... un lindo review para mi felicidad!?

Nos leemos en la siguiente actualización!