Hola.
Tenía escrito este cap desde hace mucho pero no había tenido tiempo para subirlo. Pero aquí está, espero que lo disfruten.
Muchas gracias por seguir aquí, les mando un gran beso.
Disclaimer: Kuroko no Basket no me pertenece, todo es obra de Fujimaki-kan
Detrás del balón
No está pasando nada
El tiempo se había ido volando, entre una cosa y otra habían llegado a los finales de abril, entrando a las gloriosas vacaciones de la Golden Week. Obviamente para el equipo de básquetbol de Meidai no había descanso alguno. El entrenador siempre había sido muy riguroso en sus entrenamientos y estricto en cuanto a la asistencia; sin embargo, después de ver trabajar a su equipo tan arduamente, había decidido darles un par de días para relajarse. No todo en la vida era deporte, él lo sabía muy bien.
—¡Al fin unos días libres! –Gritó animadamente Haru estirando su cuerpo. Estaban ya en los vestidores cambiándose después de una bien merecida ducha.
—¿Tienen algo planeado para estos días, senpai? – Preguntó Sakurai a Haru, después de todo se veía muy animado.
—No, en realidad no –y eso no pudo más que decepcionarle.
—Sería buena idea si vamos a la playa –sugirió Natsu.
—Suena muy bien, hay que hacerlo –Kise estaba también prestando atención a la conversación.
—A ti nadie te invitó –le peleó Haru.
—Mientras más seamos mejor –Comentó Sakurai. De inmediato Haru le miró de mala gana. —Lo siento.
—Basta –Kasamatsu le dio un golpe en el cabeza a Haru por intimidar al pobre castaño, esa era solo su tarea. — Y tú deja de disculparte por todo –también regañó a su querido Kouhai.
—¿Qué dices Yukio? ¿Te unes? –Le preguntó Natsu.
—Pues… supongo no estaría mal salir un poco.
—Entonces ya está decidido, iremos a la playa este fin de semana.
…
Habían decidido ir a Mminami chita, una playa concurrida con muchos turistas. Lo mejor de todo es que estaba poco menos de una hora de distancia de Nagoya, lo cual era relativamente cerca. Así que acordaron encontrarse muy temprano en la estación para partir a lo que sería dos días y una noche en las maravillosas aguas del distrito de Chita.
—Por fin llegaron, aunque todavía falta Egami-senpai y Sugita-senpai –dijo Kise al observar aquellos dos castaños que se acercaban a su grupito.
—Ryouta, Yukio, Ryou, hola –saludó animosamente el pequeño Moto.
—Muestra algo de respeto por tus mayores, cielos, niño –renegó Kasamatsu.
—No pasa nada –respondió con una enorme sonrisa, estaba de lo más relajado justo a ellos. Un poco atrás estaba su hermana.
—Kimura-san –El primero en saludar fue Sakurai.
—Buen día –dijo Aoi, sin muchos ánimos aparentes. Probablemente estaba escondiendo su entrecejo fruncido por estar envuelta en aquella aventura tras sus lentes oscuros.
—Que bien que decidieras venir –Ryouta estaba un poco feliz de que al final si aceptara su propuesta de acompañarlos.
—No tuve opción –suspiró y colocó sus gafas sobre su cabeza. — No es como si fuera a dejar que Motoharu saliera solo con unos universitarios cuando apenas tiene quince.
—En pocas palabras estas diciendo que somos una mala influencia, ¿verdad? –Kise no podía estar más lejos de la verdad. Ella ya le conocía las mañas, incluidas las de Natsu y Haru, quienes eran los potenciales peligros para su hermano.
—¿También tienes días libres por el trabajo? –Preguntó Yukio.
—Renuncie hace como… cuatro días atrás.
—¿De verdad? Es una lástima –comentó Sakurai.
—En realidad la despidieron… —comentó entre risas el pequeño Moto. Aoi rodó los ojos.
—Despedida o renuncia, el punto es que no trabajo más ahí.
—Alguien quiso meter la mano debajo de la falta de mi hermana, así que ella no tuvo opción más que darle una lección.
—Creo que eso no les gustó a los encargados –comentó entre risas el blondo. Moto ya se había encargado de contarle la historia con lujo de detalle en alguno de sus entrenamientos.
—Vaya… supongo que es más que justificado –habló Yukio.
—¡Woh! ¿Por qué nadie me había dicho que Kimura vendría? ¡Eh!
Haru y Natsu ya habían arribado.
—También está su hermanito… éste… ¿Moto?
—¿Qué hay? –saludó con una gran sonrisa.
—Bien, ya que estamos todos, podemos irnos.
El camino transcurrió con tanta paz como se podía teniendo en combinación a esos seis chicos y una mujer que poco le interesaba socializar con ellos… salvo por Yukio, tal vez.
En un abrir y cerrar de ojos habían llegado a su destino, y gracias a los anticipados movimientos del capitán de Nagoya, estaban entrando en las habitaciones del hotel que habían reservado. No era un lugar muy lujoso o grande, simplemente lo necesario para pasar la noche que estarían ahí y poder tener sus cosas en un lugar seguro.
Como al final habían decidido acompañarles Moto y Aoi, tuvieron que dividir las habitaciones. Por su puesto que de inmediato Aoi solicitó quedarse con Motoharu y Sakurai, quien parecía el más decente de todos ellos. Así que echó en su bola los otros cuatro para que se las arreglaran como pudieran.
—¿Estás segura que querías venir? Es decir… ya sabes –expresó Moto para su hermana, quien estaba en el baño cambiándose a algo más cómodo: shorts y una blusa holgada y ligera.
—No podía dejarte solo, además mamá insistió mucho en que viniera.
—Parece que tu hermana te cuida mucho, Motoharu-kun.
—Lo hace, ella a veces es un poco estricta. Pero está bien.
—Anda con cuidado con esos chicos –dijo Aoi tras salir del baño.
En la otra habitación no había tanta diplomacia.
—Si puedo ver a Aoi en bikini está bien el tener que soportar a Ryouta dentro de la misma habitación.
—Ahí vas de nuevo, Haru –Natsu estaba muy resignado de que ellos algún día convivieran sanamente. — Pero es verdad, yo también quiero ver a Kimura.
—Ustedes dos… no tienen nada más en la cabeza –No, tal vez era Yukio el que estaba más resignado que nadie en tener un equipo de gente decente.
—La invitaste por eso ¿verdad? Listillo –Natsu le echó el brazo encima a su rubio compañero.
—No, yo no…
—Oh, vamos, es obvio lo que pasa… -seguía insistiendo.
—Solo fue porque invité a Moto y pensé que sería grosero no invitarla…
—Entonces ya que no vas por ella, no importa si hago algún movimiento ¿cierto?
—Sugita-senpai, eso es vil en muchos sentidos –aunque siendo sinceros, las palabras de su superior hacían mella en su cabecita.
—Aunque hay como mil chicas más en esta playa, solo estaba bromeando, quita esa cara –Le palmeó la espalda mientras reía de la expresión de Ryouta.
—No está pasando nada… creo –murmuró para sí mismo.
—¡Listo para tomar a cualquier belleza que se cruce en mi camino! —saltó Haru en la cama, parecía un niño de primaria en excursión.
—¡Pareces un acosador con esa cámara! –dijo Yukio al verlo posar triunfante.
—No te preocupes Yukio, como sé que te petrificas con las chicas te dejaré ver las fotografías para que así no mueras en el intento.
—¡No necesito nada de ti! –acto seguido le arrojó con las almohadas de su cama.
—Dejémosle aquí –sugirió Natsu, Kise le siguió hasta la puerta de entrada.
El clima no era tan extremadamente perfecto, si bien se sentía una ligera brisa helada, no era lo suficiente como para no poder quitarse la camisa y echarse un chapuzón en el mar azul que estaba a pocos metros de sus pies.
Y como era de esperarse por la tan esperada semana dorada, había una gran cantidad de gente en toda la playa y sus alrededores. Había de todos, desde chicas sumamente guapas hasta otras menos agraciadas. Ni que decir de los chicos; perfectos adonis hasta escuálidos tratando de impresionar con lo poco que tienen.
Por obvias razones, el grupo de seis chicos no pasó desapercibidos para los ojos curiosos de aquellas quienes iban por los mismos motivos que Haru… disfrutar de la vista. Ayudaba mucho que ellos se hubieran tomado la molestia de solo usar sus bermudas playeras, presumiendo el cuerpo de un dedicado atleta.
Aoi iba al final, junto a Moto, cuidado muy bien que alguna aprovechada fuera a incitarlo a irse con ella y hacer cosas que un niño de quince no debería. Muy consiente estaba que su hermano, a su edad, era bien parecido y también gozaba de los privilegios que su riguroso entrenamiento de kendo le había proporcionado.
Discretamente miraba de reojo a los cinco que iban frente a ella, captando las miradas indiscretas y piropos de las más atrevidas, muchos de los cuales iban dirigidos a la cabecita resaltante dentro del grupo: Kise Ryouta. Estaba considerando seriamente el pensar que un día de estos alguien iba a secuestrarlo… pobrecito de él.
—Creo que aquí está bien para pasarlo –declaró Yukio tras evaluar la zona.
—¿Qué estamos esperando? Vamos a meternos al mar –Motoharu no lo pensó dos veces, hasta se llevó a Ryouta consigo.
—Tu hermano es muy enérgico –comentó Natsu para Aoi.
—Sí, lo es –ella, por su parte, miraba como aquellos dos se quejaban del agua, que probablemente estaba más helada de lo que imaginaban antes de meterse.
—¿Vienes? –Preguntó Sakurai a la castaña.
—Paso, aquí estoy bien.
—Entonces yo me quedaré a hacerte compañía –Haru no perdía oportunidad alguna.
—Vamos entonces –dictó Kasamatsu.
Mientras aquellos decidían jugar de manera dispar un poco de Volleybol dentro del agua, los que se habían quedado afuera conversaban (o al menos Haru lo intentaba). El día estaba soleado y se agradecía mucho esos cálidos rayos de sol.
Por algún motivo, aunque fuese semi-ignorado por Aoi, Haru seguía en su intento de charla. Eso, hasta que una pelirroja le pasó por enfrente y decidió que era hora de cambar de objetivo y seguir unas nuevas faldas. Kimura estuvo un poco agradecida de que le dejara sola.
Alzando la vista, miró lo feliz que se veía su hermano en compañía de esos muchachos. Él estaba haciendo equipo con Kise, con el cual parecía tener muy buen dinamismo. Rememorando episodios en su memoria, si lo pensaba bien, Motoharu siempre se veía muy contento al lado del rubio. Y no entendía del todo porque. Tal vez era cosa de hombres.
El momento más gracioso de todos fue cuando Kise, sin querer, golpeó a Kasamatsu en el rostro. Él parecía estarse disculpando ya que no lo había hecho a propósito, pero eso le valía un cacahuate a Kasamatsu, él solo quería ver muerto al rubio por sus propias manos. Así que estaban en una curiosa persecución dentro del agua. Cuando fueron más profundo se convirtió en una carrera de nado, una que se terminó con un Kise sometido ante un Yukio que parecía un luchador profesional.
—¡Yukio, no vayas a ahogarlo! ¡Aun lo necesitamos para el torneo! –Vociferó Natsu.
—¡Sí! ¡Aún tiene movimientos que enseñarme! –Le siguió Moto.
—K-kasamatsu-senpai –La única persona preocupada por el As de Nagoya era Sakurai. Juraba que ya habían pasado muchos segundos desde que Yukio puso la cabeza el blondo bajo el agua.
Pero bueno, nada había pasado después de todo, y Yukio no cometió asesinato en primer grado. Aun así, tuvo que arrastrar a un semi-inconsciente Kise de vuelta a la playa.
—Estará bien –afirmó Moto mientras picaba la mejilla derecha del ojidorado.
—¿Y a donde se fue Haru? –Preguntó Sugita.
—De seguro tas la primera falda que vio –dijo Yukio.
—¿Quieres un poco de agua, Kise-kun? –Sakurai le pasó la botella de agua a Kise, quien recién se reincorporaba.
—Kasamatsu-senpai… eso fue muy cruel.
—Cállate, Kise –expresó de mala manera Kasamatsu.
El rubio no dijo nada y mejor bebió del agua que Ryou le había dado. Había tragado la suficiente agua salada como para tener para toda su vida.
—Oigan, creo que deberíamos montar eso –señaló Natsu hacia el mar. Ahí podían verse unas personas esquiando atados a un bote. Estaban practicando esquí acuático.
—¡Sería estupendo! –Gritó con emoción el más joven del grupo.
—De ninguna manera, Motoharu –Claro que Aoi, no estaba de acuerdo con esa moción.
—Pero Aoi… parece muy divertido –insistía el castaño. Un amante de la aventura como él no podía dejar pasar esas oportunidades, pero tampoco le gustaba –demasiado- desobedecer a su hermana.
—Es muy peligroso, podrías lastimarte. Piensa en que tienes un torneo pronto.
—No creo que sea para tanto.
—No puedes saberlo. Además…
—Vamos Kimura-san, creo que Moto ya está suficientemente grande como para tomar responsabilidad de sus actos.
—Nadie pidió tu opinión Kise –Aoi frunció el ceño y Kise hizo una mueca en los labios.
—Moto ¿quieres intentarlo? –Insistió Kise. Motoharu asintió de inmediato. — Hagámoslo entonces.
—¿Quién como para tener esa autoridad? –Aoi se puso de pie de inmediato. El muy cabrón estaba retándola.
—No puedes prohibirle a Moto que intente cosas nuevas –él también se puso de pie. Al parecer ya se había recuperado de su casi asesinato.
—No me provoques, Kise Ryouta –dijo malhumorada. El resto de los sus amigos miraban a los dos como si estuvieran disfrutando de un buen espectáculo.
—Entonces… Hagamos una apuesta ¿Qué dices? Si gano dejarás a Motoharu usar el esquí acuático. Si tú ganas nos quedaremos todos aburridos a muerte aquí.
—¡Hey! No nos metas en tus cosas –saltó Natsu y Yukio de inmediato.
—De acuerdo. Pero te vas a arrepentir. ¿Qué será?
—Una carrera –dijo Ryouta.
—¿Qué pasa? –Era hora que Haru decidiera aparecerse por ahí, al parecer su conquista había fallado.
—Aoi y Ryouta competirán para que podamos hacer esquí acuático –comentó Motoharu.
—Ya veo –Haru enfocó su vista en los dos implicados, quienes ya estaban calentando para correr.
—¿Seguro que quieres esto? –Aoi estaba muy segura de sí misma. No iba intimidarse por el calibre de Ryouta.
—Eso es lo que yo debía decir. ¿Lista? –El rubio ya estaba en posición para comenzar a correr.
—¿Realmente ella tiene oportunidad?
—Natsu, Natsu, no subestimes a Aoi.
—No es que vaya a favor del rubio idiota, pero…
—Mira sus piernas –le indicó Yukio a Haru, éste acató las órdenes perfectamente… pero no para lo que Yukio quería. — Hablo en serio, idiota –y ahí estaba, pegándole por milésima vez.
—Tiene músculos fuertes –indicó Natsu. Haru volvió a echarle una segunda vista.
—¿Tu hermana acaso…?
—Bueno, ya veremos cómo termina esto.
Justamente Sakurai dio la aprobación de inicio y ambos chicos salieron corriendo muy a la par.
—Iré a comprar granizado, ¿alguien quiere? –Dijo Moto. Él más que nadie estaba relajado con esa apuesta aunque deseara mucho hacer ese paseo.
—Yo voy contigo –dijo Natsu.
Más adelante, aquellos dos chicos corrían como si vida dependiera de ello. Aoi iba unos dos metros detrás de Kise. Parecía serena a pesar de ir atrás en la competencia. En ese punto Kise pensaba en que él estaba corriendo demasiado rápido, si no bien con su 100 por ciento, debía ser lo suficiente como para que no le pudiera seguir el paso de esa manera.
Pero Aoi no estaba dispuesta a ceder en esa contienda. Ambos tenían que esquivar ocasionalmente a las personas o los puestos de comida que estaban por su recorrido. Más que velocidad, estaba siendo una carrera de obstáculos.
—¡Eres buena! ¡Más de lo que esperaba! –gritó Kise para Aoi, quien seguía pasos atrás.
—Tus adulaciones no te servirán para ganar.
A poca distancia ambos observaron la gran duna que tenían que subir, la cual indicaba el final del recorrido para comenzar con la vuelta de regreso. Subir contra la arena iba a ser pesado, por lo cual era un punto crucial en la carrera que dejaría ver al ganador.
Kimura apretó el paso y consiguió colocarse a nada de Ryouta, y casi a la par comenzaron a subir por esa insufrible loma de arena. Pero el rigoroso entrenamiento de Ryouta le había brindado frutos y él fue el primero en alcanzar la cima, aunque tan solo un par de segundos antes que Aoi.
La castaña sabía que era su única oportunidad de ganar, porque aunque le costara admitirlo, Ryouta era más de lo que podía manejar en cuanto a resistencia y velocidad. En esos momentos no tenía la condición para ganar… legalmente.
Así que cuando Ryouta dio media vuelta para bajar, Aoi, con toda la intención y malicia del mundo, puso su pie en el camino de Kise, dándole un pequeño empujón sobre su pecho. El rubio no vio venir semejante bajeza. El resultado final fue un rubio rodando cuesta abajo del otro lado la duna.
—Lo siento, pero nunca dijimos que sería un juego limpio. Te veo en la meta Kise-kun –exclamó Aoi mientras bajaba por el lado correcto del montículo de arena.
Era imposible que Ryouta, aun con todo su potencial, pudiera subir, bajar, y además alcanzarla con la ventaja que había obtenido al tirarlo por la duna. Esa era, una victoria segura para Kimura Aoi.
—Allá viene Kimura —Yukio alcanzaba a ver la silueta de la castaña, pero no la de Kise. — No me digas que realmente le ganó a ese tonto…
—Me da mucho gusto que haya perdido. Eso bajará su ego.
En pocos segundos, la castaña llegó hasta donde los tres jugadores de Nagoya aguardaban por el ganador.
Aoi se inclinó con sus manos sobre sus rodillas, tratando de recuperar el aire. Había sido una carrera dura, aun y con ventaja decidió correr a toda velocidad por las dudas. Kise era algún tipo de monstro que podría emerger de la nada.
—Felicidades, Kimura-san –sonrió Sakurai para ella.
—G-gracias.
—Dejaste muy atrás a Kise. Debo serte sincero, no me lo esperaba –Yukio cavilaba en su mente las posibilidades de que eso fuera verdad.
—Bueno, digamos que tuvo un ligero accidente –Aoi desvió su mirada fuera de Kasamatsu. Por el momento no diría que ella lo había empujado para que se cayera.
—En fin, que nos alcance después. ¿Qué hacemos ahora? –dijo Haru.
—Deberíamos ir con Natsu y Moto, ya se están tardando.
—¿A dónde fueron?
—A comprar granizado –respondió Ryou.
—Ya ve…
Pero todo lo que supo en esos segundos, junto a los tres chicos, es que en un parpadeo la habían tomado para cargarla como costal de papas. De un momento a otro, pasaron sus pies de estar en la arena, a la nada y por ultimo todo su cuerpo fue empapado por la fría agua marina.
En venganza por el juego sucio, Kise la había tomado desprevenida para darle un buen chapuzón en las aguas oceánicas. Arrojándole sin condolencia alguna como si hubiera sido un balón el que estaba lanzando. Lo había disfrutado tan descaradamente que no temía en reírse esplendorosamente de su pequeña travesura.
Sin embargo, las cosas no parecían ir del modo en que pensó que irían.
En cuando la cabeza de Aoi salió del mar, lo primero que hizo fue buscar desesperadamente algo de lo cual aferrarse; eso obviamente había sido Kise. No había pensado ni por lo menos una vez en abrazarlo, estaba temblando y al parecer no quería ver a ningún lado que no fuera el pecho del rubio.
—¿Kimura-san? –Dijo con voz temerosa Ryouta. No era la reacción que esperaba de ella.
—L-lle-vame…fue-ra, por favor.
Juraba que su voz sonaba demasiado quebrada, como si estuviera a punto de llorar. Una ola golpeó contra su espalda, haciéndola tambalear, sus brazos apretaron aun con mayor fuerza el cuerpo de Kise. El agua a penas y les pasaba la cintura…
—¡Aoi!
Fue el grito de Moto, quien tan rápido cómo le era posible entraba al agua para ir con su hermana. Kimura alzó la vista y en cuanto sintió la mano de Moto tocarle hizo a un lado a Kise y abrazó al castaño. Ryouta no sabía que hacer o que decir, solo atónico ante toda esa situación, al igual que sus amigos a la orilla de la playa.
Moto le miró con cierto enfado en su mirada, pero decidió pasar de él de momento y enfocarse en su hermana.
—Tranquila, ya estamos saliendo –le habló suavemente mientras la guiaba hacia afuera, manteniéndose siempre a su lado.
Cuando Aoi sintió la arena seca en sus pies se tiró al suelo para sentarse. Estaba agitada y aún estaba temblando ligeramente. Yukio se acercó para colocarle su camisa sobre los hombros, Aoi le sonrió ligeramente como agradecimiento.
—Motoharu… -Habló Kise a las espaldas del muchacho, aún seguía desconcertado por lo que había sucedido. Más que nada, por la forma en que el castaño le había devuelto la mirada.
—Bueno, no había manera que lo supieras… -contestó ya más relajado. Miró a su hermana sentada sobre la arena. — Aoi tiene fobia al mar.
Las miradas se fueron directamente para Motoharu, después hacia Aoi, luego de nuevo a Moto.
—Está bien. No pasó nada –siguió diciendo el pequeño.
—Lo siento mucho Kimura-san, no tenía la menor idea. Si lo hubiera sabido jamás habría hecho algo como eso –Kise no sabía que hacer o que realmente decir para poder hacer sentir bien a Kimura.
—No es nada –respondió muy quedito. No parecía como si fuera nada, puesto que seguía ahí, cubriéndose los ojos con los dorsos de su mano.
—Humm, ya que todo "está bien"… ¿Por qué no vamos a comprar más granizado? Motoharu-kun tiró el que traía –sugirió Sakurai.
—Sí, deberíamos –secundó Natsu. Entendía la indirecta de su kouhai para dejar solos a esos dos y arreglar ese mal entendido.
Kise los miró casi con lágrimas en los ojos. Hasta ellos podían ser buenos amigos si se lo proponían.
—Kimura-san… realmente lo siento ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor? –Las palabras de Kise no le dejaban mentir en que realmente estaba arrepentido y preocupado.
—Dije que estoy bien… -respondió de manera ruda, pero esa dureza no era para nada la que le caracterizaba.
—Fui un tonto, pero… lo menos que quería era hacerte pasar por algo tan horrible.
No quería, ni soportaba verla en ese estado tan deplorable. Con sutileza removió las manos que Aoi mantenía sobre sus ojos… mismos que estaban un tanto rojos; por ira o miedo, estaban espantosamente fuera de lo bonitos que le resultaban ser.
Unas cuantas gotas de agua cayeron sobre la mano de Ryouta, venían desde el cabello de Kimura, que había quedado todo mojado y desalineado por la inmersión en el mar. Kise sonrió un poco.
—Estas empapada –y con esa premisa, usó la camisa de Kasamatsu para secar un poco los cabellos de Aoi.
Después de ello, ambos se quedaron en silencio, curiosamente observando el problemático mar que les había hecho caer en esa situación.
—Ya estamos a mano. Así que no fastidies –comentó Aoi, al parecer ya estaba un poco mejor.
—Lo prometo.
—Por cierto…
—¿Si?
—No eres para nada abrazable…
—¿Ah? ¡Por supuesto que lo soy, Kimura-san! –Respingó de inmediato.
—¿Quién lo dice? ¿Tú mamá? –dijo con sorna.
—Hay muchas personas que pueden afirmarlo.
—No confió mucho en la gente, por si no lo has notado.
—Entonces deberías hacer una segunda prueba.
Kise a veces… a veces, era ingenuo, tonto o fingía demencia; por lo menos eso pensaba Kimura. Así que le vio con cierta intriga cuando le miró extender sus brazos para que ella pudiera, con toda la comodidad y confianza abrazar el frio cuerpo de Ryouta.
Lo miró unos momentos, estaba igual o más mojado que ella; se veía un poco ridículo manteniendo esa cara seria mientras seguía con sus brazos extendidos esperando a que ella decidiera abrazarlo. Ryouta era demasiado lindo, y si hubieran cruzado caminos mucho tiempo atrás posiblemente, y con toda seguridad, estaría en sus brazos.
Pero no. No hoy. No en este tiempo. No con esta Aoi.
—Confiaré en tu madre. Debe ser buena persona si tuvo que soportarte hasta que terminaras la preparatoria –dijo sin más antes de levantarse.
—Tú… nuca das tu brazo a torcer, ¿cierto? –comentó con humor.
—Tendía que ser una situación especial.
—¿Y una persona especial?
—Probablemente.
—¿Soy una persona especial?
—No por las razones que tú crees.
—¿Qué significa eso? –Por alguna razón no le gustaba como sonaba el término de "especial" que Aoi tenía hacia él.
—Que Haru te lo diga.
—Siento que me tienes en un concepto muy bajo… -sopesó el pobre. Vale, sabía sus puntos débiles, pero tampoco era para tanto.
Y quería, quería preguntarle de ese miedo que jamás se imaginó que ella tendría hacia algo tan común. Pero sabía que no era el momento adecuado para preguntar.
Kise solo siguió sonriendo como siempre, lleno de dudas en su interior.
