Bianca deambulaba cabizbaja por el oscuro bosque. Félix se había ido y nunca jamás volvería. Peter, ese chico nuevo que, aunque le costase admitir, tanto le estaba gustando (hasta había robado un bonito y favorecedor vestido para acudir a su fiesta), acababa de ser muy cruel con ella y le había prohibido ir con ellos.

"Nos lo hemos pasado bien, Bianca, pero las niñas no podéis venir a Nunca Jamás. Félix no ha querido despedirse de ti. Puede que estuviese harto de tenerte pegada a él y no quería que te echases a llorar, suplicándole para que no se fuese. Las chicas podéis ser un incordio" le había dicho.

Bianca no se creía que Félix pensase eso de ella, Peter se lo tenía que haber inventado. Sí, se lo había inventado para hacerle daño y que no insistiese. Félix y ella eran…amigos. Los amigos no pensaban esas cosas el uno del otro.

Aunque en su caso, su amigo, su mejor y único amigo, la había dejado. Volvía a estar sola, una vez más. Se abrazó a sí misma, las noches aún eran frías, aunque fuese primavera. Y más en el bosque, lejos de toda civilización. Volvió sobre sus pasos, tal vez quedaban cenizas de la fogata y podía reavivar el fuego.

Sin embargo, al acercarse a los resquicios de la abandonada fiesta, escuchó unas voces. Se escondió rápidamente tras unos arbustos.

- ¡No me lo puedo creer! ¡Hemos llegado tarde!

-Lo que hubiese dado por algo de sangre fresca…

Bianca se tapó la boca con las manos, conteniendo la respiración. Eran voces masculinas y entre las hojas pudo distinguir sus figuras. Eran unos tres o cuatro.

Intentó alejarse haciendo el menor ruido posible.

Caminaba de puntillas, apoyando únicamente los dedos y prestando especial atención a donde pisaba. Le costaba visualizar el suelo con tan poca claridad. Su concentración era tal que no se dio cuenta de que alguien se había colocado ante ella hasta que se chocaron.

- ¡Eh! -llamó la atención del resto. -Mirad lo que he encontrado…

Los otros se acercaron a una velocidad que Bianca hubiese jurado, era imposible. El más joven sonrió de oreja a oreja. Sus colmillos eran descomunalmente alargados y afilados. "Son vampiros…" pensó Bianca, cayendo en la cuenta con horror. El miedo recorrió cada hueso de su cuerpo. La habían rodeado.

- ¡¿Qué tenemos aquí?!-la miró de arriba abajo otro de ellos.

-No es más que una niña. -interrumpió el que aparentaba ser el más mayor, tenía el físico de un hombre de cuarenta años. - ¿Te has perdido?

Bianca asintió frenéticamente con la cabeza. Si fingía que tenía un hogar, que podía haber alguien buscándola… entonces la dejarían irse.

-No tiene cuerpo de niña…-murmuró el que la había escrutado anteriormente-A mí me gusta. ¿Qué opináis, chicos?

- Es…exótica…seguro que su sangre es deliciosa. -aseguró el joven que no parecía mucho mayor que Bianca.

-No pienso participar en esto. -se negó el mayor, alejándose.

-Tú te lo pierdes…-respondió sin darle demasiada importancia el que llevaba la voz cantante. Agarró a Bianca de un brazo. -Vamos a divertidos, chiquilla.

-Lo dudo. -dijo ella, propinándole una fuerte patada en la rodilla y otra en la entrepierna.

Echó a correr sin perder segundo alguno, sin mirar atrás. El vestido se le enganchó en una rama, pero tiró de él sin mayor miramiento por romperlo. Siguió huyendo. Se cayó al suelo, se levantó, gritó, aunque sabía que probablemente nadie la escucharía, hasta que, de pronto, uno de los chicos la tiró al suelo violentamente.

- ¿Esperabas ser más rápida que un vampiro? -se burló. -Estúpida niña perdida. -la insultó, golpeándola contra el suelo.

Bianca notó cómo la sangre corría libremente por su rostro, se había hecho una importante herida en la cabeza.

-No la maltrates más de lo necesario. Con lo apetecible que es…

Los vampiros la agarraron de ambos brazos y piernas, inmovilizándola. Bianca intentaba resistirse, patalear, se retorcía violenta y desesperadamente.

Entonces sintió el primer mordisco. Unos colmillos penetraron su piel. Otros la siguieron. Incontables punzadas la atravesaban constantemente. Se mordió el labio tan fuerte que se hizo sangrar. Una lengua le chupó el líquido al instante. Múltiples manos la tocaban por todo el cuerpo. Bianca lloraba, maldiciendo su impotencia en sus adentros.

Cuando creía que no podía pasarle nada peor, sintió un fuerte tirón y un repentino frío. Abrió los ojos con horror, encontrándose semidesnuda. Le acababan de arrancar el vestido.

-No.…-suplicó débilmente, las lágrimas aún cayendo por sus mejillas.

La ignoraron, por supuesto. Incluso hacían bromas entre ellos. Estaban pasándoselo realmente bien. Estaban jugando con ella. Era un objeto en su posesión, un bonito objeto con el que podían hacer cuanto quisiesen.

Bianca agarró fuertemente la tierra del suelo con sus manos y un ensordecedor grito de dolor escapó su boca cuando uno de los vampiros, no se molestó en mirar cual, entró dentro de ella. Ya no le quedaban lágrimas para llorar, el intenso dolor que sentía y sus heridas ocupando cada rincón de sus pensamientos. Intentó dejar la mente en blanco, esperar que aquello acabase pronto. No lo hizo. Al parecer los cuatro querían jugar con la nueva muñeca que habían encontrado.

Bianca no dejó de gritar un solo segundo. Aún hacía intentos de desasirse de vez en cuando, en vano, pues la superaban en fuerza y número.

- ¿Alguien puede hacer que se calle? Me está dando dolor de cabeza…-escuchó protestar a uno de ellos.

-Se me ocurre cómo…

Bianca sintió que le hervía la sangre y, cuando el vampiro se le acercó, su primer instinto fue morderle.

- ¡Esta zorra me ha mordido! -exclamó. -Yo la mato…-la agarró fuertemente del cuello, tratando asfixiarla.

-No pierdas el tiempo, pronto se desangrará…-murmuró un tercero mientras seguía succionándole la sangre.

Con ello, el vampiro agresivo, precisamente quien había liderado aquel ataque, soltó a la chica.

-Y no tardará demasiado en amanecer…-señaló una nueva voz. -Los cazadores más madrugadores aparecerán pronto. Deberíamos irnos. -aconsejó.

Bianca levantó la cabeza con gran esfuerzo. Vio que se trataba del más mayor, que había vuelto a aparecer. Supuso que no querría irse sin su pequeño clan, los vampiros nunca aguantaban demasiado tiempo en solitario.

-Por mi bien. -asintió con indiferencia el vampiro de mal carácter, abrochándose los pantalones.

-Sí, yo ya estoy servido. -coincidió el más joven-De sobra…-añadió con una sonrisa ladeada.

Finalmente, el que le chupaba la sangre, dejó de hacerlo. Bianca sintió más dolor ahora que sus dientes no presionaban la herida.

-Adelantaos. -ordenó el jefe. -Yo ahora os alcanzó.

Los jóvenes asintieron y se alejaron riendo.

-Un placer, encanto. -se despidió uno de ellos.

- ¡Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien! -se burló otro.

Bianca apretó los puños con rabia y dolor contenido, quedándose tirada en el suelo, sucia, herida y desvestida.

-Lo siento, niña perdida…-susurró el hombre, arrodillándose a su lado.

La moribunda joven lo miró con verdadera alucinación. Era una disculpa sincera, en cambio, a Bianca le resultó vacía. Sólo podía pensar en lo que le acababa de pasar y en cómo el mayor de los vampiros, el jefe del clan, podía haberlo impedido. Sin embargo, había preferido no inmiscuirse.

Bianca no supo lo que estaba haciendo ni de dónde sacó la fuerza para hacerlo hasta que lo hubo hecho.

- ¿Lo sientes? -se abalanzó sobre su cuello, mordiéndoselo con tanta fuerza que le arrancó la piel. La sangre comenzó a brotar a chorretones, adentrándose en la boca de Bianca. -Espero que esto lo sientas...-murmuró en tono cruel, sin soltarlo.

Buscó un palo entre la mugre, las ramas y las hojas caídas. Encontró uno bastante gordo.

-Este servirá…-murmuró más bien para sí misma.

Lo rompió, golpeándolo violentamente contra una roca cercana y clavó la parte puntiaguda en el pecho del vampiro.

-Has tragado mi sangre…el ciclo…va a cerrarse...-consiguió articular, en un susurro débil el hombre.

Bianca apretó la madera, sumergiéndola aún más en su pecho, asegurándose de que atravesase su corazón.

Sintió un repentino dolor creciendo en su interior. Apartó al hombre bruscamente y lanzó el palo lejos. Se tiró al suelo, retorciéndose y revolcándose en su sufrimiento.

Sin previo aviso, tal como había aparecido, el insufriblemente intenso dolor se fue. Bianca ya no sentía nada. Se inspeccionó. Sus heridas se habían cerrado y las marcas de colmillo desaparecido de su piel. Se pasó la lengua por los dientes y sintió una punzada. Acababa de hacerse un corte en la lengua. Saboreó su propia sangre con gusto. Parpadeó confusa al darse cuenta de lo que hacía. Se llevó rápidamente una mano a los dientes. Le habían crecido los colmillos… se tocó el pecho izquierdo con la mano libre. No notó los latidos de su corazón. Bianca miró, con sus ojos bicolores muy abiertos, el cuerpo sin vida a su lado, comprendiendo sus últimas palabras."