Calor y luz.
-¡Odio a Rosalie Cullen!- susurre mientras me atragantaba de pastillas para la cabeza y agua helada.
-Tienes mala bebida por lo que veo.- murmuro Jacob desde la sala, mientras pasaba a velocidad vertiginosa los canales.
-¿Cómo carajo ves que están pasando si lo cambias tan rápido?- pregunte mientras trataba de distinguir algo de las formas que aparecían en la televisión.
-La práctica hace al maestro.- me regalo una sonrisa sobrada, mostrando sus blancos y perfectos dientes.
-Yo no entiendo cómo pueden hacerlo. Edward era igual.- apreté con fuerza mi cabeza, tratando de aplacar el dolor.
-Bueno eso es un talento netamente masculino. Algo de todo lo que hacemos debe quedarnos solo para nosotros.- se encogió de hombros.
-No entiendo.
-Bueno, en la actualidad, no hay casi ninguna cosa de las que solíamos hacer solo los hombres que ustedes las mujeres no hagan. Lo única esperanza que nos queda, es que no pueden ser madres sin nosotros, y eso está en veremos.- me reí de su comentario.
-Si te sirve de consuelo, siempre considerare la mecánica como un arte que solo se les da a los hombres. Soy malísima con el carro, a duras penas manejo y aun se me apaga el carro en algo semáforo.- ambos estallamos en carcajadas.
-Es bueno saber que al menos en esta relación será útil para algo más que hacer niños.- su comentario me desconcertó.- Lo siento, creo que pensé demasiado rápido.- se disculpó él al notar mi predisposición.
-Está bien, no le pongas cuidado.- le reste importancia, antes de que una punzada de dolor atacara mi cabeza una vez más.
-Maldita sea.- susurre sobando mis sienes.
-Lo tuyo en definitiva no es la bebida ni la fiesta.- se rio de mí.
-Odio a Rose por eso. Ella sabe que yo no sé beber pero ni agua de hielo, y me hace tomar esos cocteles raros con mezclas desconocidas de licor, que acaban con mi poca salud al día siguiente.- me queje.
-Así que es habitual en la rubia intentar emborracharte.- afirmo.
-Aún recuerdo que el día de mi boda con Edward, ella y su novio trataron de emborracharme. ¡El día de mi boda Jake! Que iban a pensar los invitados si veían a la propia novia alcoholizada.
-No puedo imaginar la cara de Edward si te hubiese visto borracha. ¿Cuándo fue la última vez que ingeriste tanto licor como para decir estupideces?- Jake apago el televisor y se volteo a verme.
-El día de mi graduación del instituto. Recuerdo que Emmet saco con su hermano mayor, licor de un supermercado como para darle a un fiesta de 300 y éramos cuatro. Edward, Jasper, Emmet y yo nos estábamos graduando y pensamos que era una buena oportunidad para olvidarnos de todo, y de qué manera. A Rose le faltaba un año para graduarse y a Alice dos, así que no les permitimos beber nada. Jasper borracho comenzó a gritar que amaba a Alice con toda su alma, Emmet se besuqueo con Rose y Edward comenzó a bailar alrededor de mí, diciendo que así estimulaba mi vientre para darle un hijo. Alice lo grabo, aún recuerdo como nos reíamos al dia siguiente de él y sus canticos extraños.- comencé a reírme sin control al recordar la escena.
-¿Qué hiciste tú?- indago Jake
-Me reía de absolutamente todo. Recuerdo que grabaron un video donde Rose me decía paralelepípedo y yo me reía sin control una y otra vez. Son como dos minutos de cinta mía, riendo al escuchar la palabra. Me vuelvo una verdadera idiota borracha.-admití aun entre risas.
-Lamento no haber estado en esa época para ver eso.
-Creo que los videos están guardados en alguna caja en el cuarto de huéspedes. Algún día cuando no me duela la cabeza, los buscare y te los enseñare.-le sonreí.
-¿No quemaste la evidencia de tu estupidez? Eres valiente.- alago.
-Eran los videos favoritos de Edward. Siempre quise deshacerme de ellos pero él los amaba asi que se conservaron y los trajimos a New York. Cuando me mude de la casa que compartíamos de casados, por error me traje la caja de los videos y se han quedado aquí durante tres años. No me he atrevido a abrirla nunca. Allí están videos de nosotros haciéndonos promesas, de los chicos en los últimos días de clase, de nuestra boda, el día de la borrachera, el día de mi cumpleaños y mas. Hay como veinte cintas de cosas diferentes, una más especial que la otra.- le explique.
-¿Nunca pensantes en regresarle la caja?- me interrogo.
-Edward y yo no nos hablábamos después del divorcio. Cuando yo le pedí que nos separáramos no le explique porque. Utilice palabras muy hirientes para conseguir que aceptara. Al principio se negó, pero luego le dije que no estaba dispuesta a seguir casada con un chef fracasado, que nunca lograría ser nadie en la vida. Esa noche se fue de casa y unos meses después firmamos el divorcio. El día que lo firmamos volvíamos a vernos después de ocho meses sin haber sabido nada de él. Le di las llaves de la casa, que estaba a nombre de él y me marche con mis cosas. No nos volvimos a hablar hasta el día de tu cumpleaños. Mientras tanto sabia de él gracias a los artículos en las revistas de chismes o lo que me contaba Alice.- nuestros ojos se encontraron y me dedico una mirada de tristeza.
-Es triste pensar que algo que durante tanto tiempo fue tan bonito, terminara tan feo.- menciono.
-Yo no quería verlo, así que procure dejar su ego bastante herido para que me odiara. Trate en lo posible de no cruzarme nunca con él, deje de ir a los mismos súper que a él le gustaban o a los parques. Todo lo que frecuentábamos juntos lo deje atrás, para evitar verlo. Después cuando me volví famosa, procuraba no ir a casi ningún evento al que me invitaban, porque sabia que él estaría a allí. No sé si llamarlo coincidencia o que cosa, pero ambos cosechamos la fama prácticamente al mismo tiempo. Yo logre sacar mi libro y el entro a un reality show que gano después de dos meses de competencia. Fui una verdadera masoquista durante ese tiempo y vi cada episodio. Luego de eso comenzó a salir en revistas y en televisión. Parecía mas un actor que un chef. Se hizo una fama muy grande en el reality, era centrado, apuesto, cocinada muy bien y le sonreía a todo el mundo, a base de eso se volvió mas famoso de lo que debería.- solté sin parar las palabras, una detrás de otra, sin poner una coma o punto en algún lado.
-Yo puedo imaginarlo. Debió ser difícil para ti pensar en un divorcio civilizado después de lo que paso.
-Es así, por eso es que jamás le regrese la caja con sus videos y el tampoco nunca vino por ella. Nos odiábamos demasiado como para estar pensando en videos y demás. Hasta hace poco, Edward ni siquiera sabía donde vivía. Luego paso lo de Esme y él se las ingenió para saber mi dirección. Antes de eso nos habíamos visto en tu fiesta de cumpleaños, pero yo hui. Era más sencillo verlo en las revistas de la mano de alguna mujer, que verlo en la realidad.- Jake suspiro.
-¿Cómo afrontaste la situación con las familias?- me rasque la cabeza antes de hablar. Contaría una de las partes más difíciles dela historia.
-Bueno, la familia de Edward no sabía lo que había pasado en realidad. Ellos se enteraron de nuestro divorcio después de que lo firmamos, cuando Edward decidió ir a visitarlos. Para cuando supieron que le había pedido el divorcio había sido yo, me llamaron para saber qué había pasado, pero yo simplemente les dije que no tenía ganas de revelar las razones. Pensé que Edward les contaría que lo había humillado y todo lo demás, pero el solo les dijo que él tampoco contaría nada y así se mantuvo. Con mi mama, a ella se lo conté como a la semana de firmar y me dijo que ella me lo había advertido. Ella nunca quiso que me casara a los 18. Ella siempre menciono que mi matrimonio sería un fraude porque ninguno de los dos estábamos en edad y condiciones para casarnos, a ella no le agradaba Edward mucho que digamos, así que se opuso aún más. Al final me dio el permiso para casarme regañadientes, y me juro que me vería regresar a las puertas de su casa destruida.- respire hondo para evitar que las lágrimas me abandonaran.
-¿Qué fue lo que te impulso a no reclamarle? No me malinterpretes, fue un acto muy valiente, pero en realidad, es algo bastante intrigante.
-Estaba consiente que mi estado no era para reclamos. Podía hacerme daño, así que decidí tomar las cosas lo más calmada que podía. Yo sabía que pedirle el divorcio de por si sería muy difícil, pero admitirle que sabia que me engañaba iba a ser peor. Llámalo orgullo, pero no tenía ganas de ver su cara de lastima y de escuchar sus disculpas falsas. No tenía ganas de oír excusas.- deje mi cabello caer entre nosotros para esconderme.
-¿Estabas enferma?- pregunto. Solté una risita irónica por el uso de palabras.
-Tenia mes y medio de embarazo el día que lo encontré en el restaurant engañándome.- solte sin preámbulos, preparándome para el próximo llanto.- Había ido a darle la noticia, cuando Fátima, la decoradora, me dijo que él se había encerrado en el restaurant con una mujer. Yo sabía que Fátima estaba enamorada de Edward, así que simplemente no le creí y entre. Ella me advirtió que tal vez no me iba a gustar lo que encontrara pero no hice caso, como siempre. Cuando entre él estaba besándola y ella estaba medio desnuda. Aun puedo recordar las exactas palabras de la mujer, y como él se dejó quitar el anillo por ella. No creo que te haga falta que te repita lo que dijo.- nuestras miradas se encontraron y el negó con la cabeza, estupefacto.
-Esa tarde mientras lo esperaba me prometí que no le diría nada de lo que sabía y comencé a planear una manera de que me diera el divorcio. Esa noche cuando llego, lo ataque y se lo pedí. Fue una discusión muy difícil, nos dijimos muchísimas cosas, unas bonitas, otras no tanto. Al final él se fue y no le había contado que estaba embarazada. Esa noche tuve dolores y sangramiento.- no continúe, sabía perfectamente que Jacob entendería de lo que le estaba hablando.
-¿Tu…Perdiste...?- no termino la pregunta y me miro, buscando alguna huella de tristeza en mi semblante, pero yo, ya estaba curada de ese tema.
-Eres el único que lo sabe, ni Alice se enteró. Nadie lo sabía, fue una cuestión que toda la vida me guarde. Como pude llegue al hospital presa del dolor. Fue una noche muy fría en New York, era diciembre.- mi mente se trasladó sin quererlo a esa noche. Estaba presa del frio y muriendo de dolor, con nieve en el cabello producto del clima de fuera.
-Por eso odias diciembre.- dijo mientras su mirada se perdía en la ventana de mi apartamento donde la nieve caía aún más.
-Mis sueños se rompieron, mi bebe murió, Edward me odiaba y nunca New York había sido más frio y grande en mi vida. No me halle nunca más en la ciudad después de ese 15 de diciembre.
Fatídico 15 de diciembre. Ese día mis verdades se hicieron mentira, y las mentiras supieron amargo.
Jake se incorporó del sillón y se sentó a mi lado. Antes de que pudiera siquiera preverlo, me abrazó fuertemente. Sus brazos calientes y fuertes, apretaron mi frágil cuerpo mientras sus labios besaban sin parar mi cabeza, que ahora aprecia no doler nada, en comparación con el dolor que se estaba instalando en mi pecho.
Durante varios minutos, Jake continúo apretándome, esperando alguna señal mía. Tal vez estaba esperando que rompiera en llanto, pero yo solo supe abrazarlo. No llore, no solloce, no me moví. No hice absolutamente nada, presa del estupor.
Era la primera vez que confesaba en voz alta haber estado embarazada alguna vez en mi vida. Nunca a nadie le había contado de mi perdida, excepto a mi ginecóloga, pero ella lo supo cuándo entre a quirófano.
No sabía cómo reaccionar. ¿Qué se supone que debía decir ahora?
-Yo…Lamento mucho haberte hecho contarme esto.- se disculpó Jake, mientras se apartaba un poco de mí, para mirarme.
-Esta bien Jake, tú no tienes la culpa.- fue lo único coherente que se me ocurrió decir.
-Vamos a salir un rato.- se puso de pie y tomo mi mano, instándome a levantarme.
-A fuera hace frio.- dije lo obvio.
-Te llevare a conocer mi casa. Vamos a Brooklyn.- sonrió, pero la alegría que expreso su rostro, no llego jamás a sus ojos.
-Está bien, iremos a conocer tu casa.- dije con el tono más alegre que pude, tratando de suavizar el ambiente lúgubre del apartamento.
Tome su mano, el teléfono, un abrigo, las llaves y salimos hacia el aparcamiento.
Jake y yo subimos al auto del primero y nos acoplamos al tránsito neoyorquino.
Jake encendió el estéreo y comenzó a sonar la pegajosa canción de la noche anterior en la disco.
-Prometí que te haría aprenderla, así que comencemos a cantar.- Jacob bajo los vidrios, permitiendo que dentro del carro se filtrara el gélido frio de diciembre. Algunos copos de nieve entraron junto con la brisa y se pegaron al tablero y al pelo de Jake. A los segundos, se comenzaban a derretir.
-¡Canta!- grito el sobre el ruido del tráfico, la brisa y la música a todo volumen.
-No me la se.- grite yo en respuesta.
-Entonces, oye mi maravilloso canto.- su risa estruendosa lleno todo el auto, mientras comenzaba a berrear.
No pude evitar comenzar a reír al verlo sacudirse frenéticamente mientras que cantaba, a la espera de que el semáforo cambiara.
Los transeúntes y otros conductores se voltearon inevitablemente hacia el carro al escuchar la bulla que salia de este. Jacob tenía el volumen muy alto, consiguiendo así las miradas extrañas de gran parte de las personas que transitaban la avenida. Una gran hazaña, considerando que en New York, la gente es tan extraña que luego de un tiempo uno deja de sorprenderse.
Una vez que nos montamos sobre el puente de Brooklyn, yo ya no recordaba absolutamente nada de la tarde difícil que había pasado hace poco. Solo estaba pendiente de seguirle la letra a una pegajosa canción de Katty Perry, mientras en el horizonte comenzaba un ocaso.
Luego de algo de tiempo, Jake estaciono frente a un sofisticado conjunto de edificios, con la entrada llena de flores y matas cubiertas por la nevada.
Apago el motor y el estéreo. Salió del carro y camino hacia el otro lado para abrirme la puerta. Lo que le tardo caminar hasta mi puerta y abrírmela, fue suficiente para que su negro cabello se llenara de los insistentes copos.
Paso su brazo por mis hombros, tratando de protegerme del frio mientras caminábamos hasta la entrada.
Una vez allí saludo al portero antes de que tomáramos el ascensor hasta el último piso.
En el amplio y poco iluminado pasillo del edifico, se comenzaron a encender las luces a medida que íbamos pasando. Al final, en la última puerta, Jake se detuvo y saco sus llaves para abrir.
El apartamento se veía enorme desde la puerta, y más adentro, no perdió su cualidad.
Estaba pintado todo de blanco y decorado en muebles de madera y con colores marrones y amarillos pastel, dándole al lugar un aire claro y cálido, todo lo contrario al exterior.
Una vez adentro me guio al sofá y me deposito allí, antes de encaminarse por un pasillo. Frente a mí, en todo su esplendor, se encontraba una pantalla plana con un sofisticado equipo de videojuegos a sus pies.
-Infantil.- susurre suavecito mientras sonreía.
Me puse de pie para inspeccionar mejor el lugar.
Al lado del gran televisor, se encontraban unas puertas de vidrio corredizas, a través de las cuales se podía ver claramente el exterior y parte de la ciudad, debido a la gran altura del edificio.
Detrás de mí, estaba una elegante isla de mármol que resguardaba un hermosa y demasiado limpia cocina, llena con cualquier cantidad de aparatos sofisticados para cocinar.
-Edward sería feliz cocinando aquí.- me dije mientras caminaba de nuevo a la sala.
-Bueno, disculpa el abandono, pero necesitaba quitarme esa ropa mojada. La calefacción derrite muy rápido la nieve.- ante mi apareció una Jake, enfundado en un mono deportivo, una camiseta demasiado entallada a él mostrando su amplio y ancho pecho y descalzo.
-¿Quieres una toalla?- me pregunto, haciéndome salir de mi trance anterior.
-No gracias.- le dije volteándome para ver ahora una mesa con una computadora portátil y un montón de papeles.
-Bien, podemos hacer lo que quieras. Podemos sostener una emocionante carrera de autos en mi Xbox o tomar algo de vino en la terraza mientras vemos la ciudad. También podemos ver una película, tengo muchas, amo las películas.- ofreció, parándose detrás de mí.
-Lo que quieras.- respondí, mientras ojeaba sin mucho interés una revista de negocios que había encontrado sobre su mesa de trabajo.
-También puedo sentarme en el sofá y dejarte agarrar todo lo que quieras.- se rio bajito al ver mi expresión.
-Siento mucho haber invadido tu espacio.- me disculpe apenada.
-Está bien Bella, no me molesta, puedes ver lo que quieras.- me sonrío de forma calida, restándole importancia al hecho.
-Creo que voy a tomarte la idea de ir a la terraza.- mencione y él se sorprendió.
-Está bien. ¿Vino, refresco, agua, café, té?-
-Café está bien por mí, hace frio.- abrace mis brazos un poco.
-Está bien, espérame allá.- él se encamino hacia la cocina y yo hacia las puertas corredizas.
En el momento en que abrí una de estas, el frio me dio de lleno y la briza trajo consigo nieve, para variar.
En contra de mi propio odio por el frio y este clima, salí hacia la amplia terraza y me recosté de la barandilla, que estaba helada y algo llena de nieve.
-Maldita sea la nieve.- susurre molesta.
-Si, se pega en todos lados.- me asuste al escuchar a Jake detrás de mí, cuando lo imaginaba en la cocina.
-Ya deja el café haciendo, iré en unos segundo por el.- le sonreí en agradecimiento y ambos nos recostamos de la baranda.
Frente a ellos, la imponente y brillante Manhattan, comenzaba a encender sus luces, a medida que el cielo se oscurecía mas durante el crepúsculo eminente.
En el rio East proyectaba sobre sus aguas oscurecidas las luces dela ciudad, como si fuera un dibujo o imagen de protector de pantalla.
-Tengo casi siete años viviendo en New York, y nunca había cruzado el puente, mucho menos había visto los hermosos reflejos de Manhattan en el agua del rio. Siempre estuve centrada allá y nunca pensé que New York era más grande de lo que yo pensaba. A duras penas y conozco Bronx.- Jake comenzó a tararear una canción, hasta cantarla.
No reconocí la tonada ni la letra, pero básicamente hablaba de la belleza de New York y de lo que significaba nacer aquí, en la ciudad donde los sueños se pueden hacer realidad.
-¿Qué estas cantando?- Jake sacó del bolsillo de su mono su teléfono celular y comenzó a teclear antes de que una tonada en estilo de hip hop comenzara a sonar.
-Me gusta mucho más la versión de Alicia Keys y Jay-Z que la de ella sola.- comento mientras la canción avanzaba.
-Es una canción divertida.
-Aun puedo recordar mi primera impresión de New York. La primera vez que estuve aquí, acababa de graduarme y tenía como 23 años. Fue una verdadera locura, corría de un lado a otro entre calles y avenidas. En mi oficina en Wall Street, tengo una vista espectacular de la Estatua de la Libertad. Siempre fue la cosa que más me impresiono cuando llegue.- la mirada de Jake estaba perdida en la ciudad, ahora mucho más brillante debido a la caída de la noche en pleno.
-Lo más impactante para mí era Central Park, por eso cuando deje a Edward busque vivir en Manhattan.
-¿Dónde vivías con Edward?
-Vivíamos en Queens. Edward un gran fanático de los Mets y por eso, siempre quiso que viviéramos allí. Cada vez que había temporada de beisbol la ciudad era un locura y Edward se la pasaba en los juegos.- sonreí perdida en lo recuerdos.
-Voy por el café.- menciono antes de dejarme sola de nuevo en la terraza.
-New York, New York, mí amada ciudad.- murmure al viento, mientras trataba de quitar la nieve de mi cabello.
-Aquí tienes.- Jake me tendió una taza de café que tome agradecida. El calor del líquido me cayó de perlas debido al frio.
-A mí me gustan los Yankees.-dijo en voz baja.
-A mí no me gusta el beisbol.- agregue.
-Bella, yo quisiera agradecerte por la confianza que tuviste hoy conmigo, al contarme lo que paso. Sé que fue muy difícil para ti, sobre todo considerando que no le habías comentado a nadie nunca eso.
-Está bien Jake, gracias a ti por escucharme. Sé que no debe ser fácil para ti andar detrás de mí todo el tiempo, consolándome mis llantenes habituales. No solía llorar tanto antes de divorciarme de Edward, pero luego, hubo un desastre masivo en mi.- me acerque a él y lo abrace. El contesto contento mi gesto y apoyo su barbilla sobre mi cabeza.
-No necesitas agradecerme nada Bella, yo gustoso te consuelo las veces que sean necesarias. Para eso estoy aquí contigo, para no dejarte jamás.- me estremecí por sus palabras.- Tal vez tu no veas las cosas como yo Bella, pero yo estoy muy consiente de mi sentimientos hacia ti. Yo estoy enamorado de ti Bella y solo estoy esperando el momento oportuno para pedirte que nos demos una oportunidad de ser felices. No soy perfecto, no soy ordenado, ni muy tranquilo que digamos. Me gustan las fiestas y amo mi trabajo. Para mí todo tiene que ver con números, y soy lo suficientemente meloso como para regalarte flores todos los días. Tal vez no soy el…-me aleje un poco de su cuerpo y me puse de puntillas para alcanzar su rostro.
-Bésame y punto.- le reclame y pude ver en su rostro una sonrisa antes de acercarse a mí.
Con mucha calma, bajo sus manos de mis hombros y las posiciono en mi cintura. Su cuerpo se estrechó con el mío y depósito un suave eso en mi frente.
-Eres una de las personas más espectaculares que he conocido jamás. Eres lista, carismática, sencilla y por sobretodo hermosa. Eres muy hermosa.- susurro. Cerré los ojos, mientras sentí como las cálidas palabras de Jake caían sobre mis heridas, reconfortándolas. Suspire sin poder contener el sentimiento de calor y cariño que creció en mí.- Yo voy a hacerte feliz para siempre mi hermosa Bella. No importa cuánto me cueste, que tantas cosas me salgan mal, lo gigante que pueda ser New York o todo el planeta tierra. Yo voy a devolverte tu juventud, tu belleza, tu capacidad de soñar y tu felicidad.- su rostro bajo un poco más y sus labios se posaron suavemente sobre los míos.
Al principio a duras penas podía sentir sus labios, pero el cosquilleo sobre los míos y en todo mi cuerpo se intensifico solo con sentir como me estrechaba más contra él. Hacía ya tres años que no había besado a nadie y mi cuerpo ansiaba el contacto íntimo y el cosquilleo habitual.
-Vamos a ser felices mi pequeña. Te lo prometo.- susurro sobre mis labios y su aliento choco con los míos. Me estremecí de placer al sentir la proximidad del beso y mi corazón latió desbocado ante la promesa.
Una de sus manos abandono mi cintura y se posiciono sobre mi rostro. Con suavidad acaricio mi mejilla y puse sentir sobre mis labios como se ampliaba una sonrisa en su rostro.
-No sabes cuánto he soñado con esto.- y entonces, al fin sus labios chocaron de lleno con los míos y en mi pecho una llama se encendió, llenando de calor y luz lo que durante mucho tiempo había sido frio y oscuridad.
Mis queridas lectoras, capitulo nuevo!..
Pues una pequeña sorpresita dentro del capítulo, ¿Qué tal? ¿Quién se iba a imaginar que la magnitud del daño que Edward le hizo a Bella pudiera ser tanta?
Tambien aquí esta la explicación de porque Edward y Bella no supieran nada el uno del otro durante los tres años despues de su divorcio y como Edward se hizo famoso y se convirtió en la estrella que yo siempre relato en el fic que es.
En otra cosa, la canción de la que hablan Jake y Bella se llama Empire State of Mind, y habla básicamente de la maravilla de New York
Sin mucho mas que agregar, espero conocer sus opiniones.
Comentarios? Gracias!
