ADAPTACIÓN ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE (MUNDO ALTERNO)
TITULO: DESEO SALVAJE
TITULO ORIGINAL: DESEO SALVAJE
AUTORA ORIGINAL HISTORIA: GENA SHOWALTER
AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO - SENSEI
PROTAGONISTAS: ITACHI UCHIHA Y SAKURA HARUNO
SIN FINES DE LUCRO
Capitulo 14Si das la espalda, te atacarán. Protégete constantemente. No te relajes nunca. Ni siquiera a solas. En cualquier momento un Tigre, o incluso otra Tigresa, podrían estar planeando tu muerte.
Kakashi salió de la casa a la hora exacta. Itachi y yo lo seguimos. Mi madre había oído bien; no fue a la oficina. Fue a casa de Anko.
—Ese bastardo descarado —gruñí, preparando la cámara digital de Itachi.
Anko abrió la puerta en vaqueros y camiseta sin mangas. El pelo le escaseaba en las sienes y llevaba suficiente maquillaje para hacer que las acciones de una empresa cosmética se dispararan. No besó a Kakashi al verlo, pero si le dio un abrazo y se hizo a un lado. Saqué fotos de Kakashi entrando en la casa.
—Imagino que ésa no es su hermana, ¿verdad?
—Su secretaria.
—No todos los hombres son así, deberías saberlo.
—¿Puedes probar eso? —resoplé. Sin esperar respuesta, salí del coche. Fui hacia la pequeña pero bien cuidada casa. Oí un portazo y a Itachi mascullar; me estaba siguiendo. Era día de trabajo así que no se veía a gente. Nadie estaba cortando el césped.
De hecho, sólo vi a una joven que salía a correr.
Le sonreí y me froté el vientre para demostrarle que sólo era una inocente mujer embarazada dando un paseo y seguí hacia la casa con la cámara en las manos. En vez de ir a la puerta delantera fui a una ventana lateral.
Un perro ladró y gruñó. Sonó tan amenazador que, sobresaltada, miré a mi alrededor. Detrás de la verja de metal había un chihuahua. Siguió ladrando.
—Cállate, o serás mi desayuno —susurré con fiereza. Aplastó las orejas contra la cabeza y se calló. Suspiré con alivio y volví a prestar atención a la ventana. Los visillos eran de encaje. Apreté el ojo contra el cristal y vi el interior perfectamente.
Por desgracia la sala estaba vacía.
¿Ya habrían ido al dormitorio esos bárbaros?
—No puedo creer que estés haciendo esto —dijo Itachi a mi espalda—. Ni que me arrastraras a mí.
—Yo no puedo creer que esos dos ni siquiera charlen un rato antes de saltar al plato fuerte. ¿Arrástrate? Por favor.
Justo entonces Anko entró, seguida por Kakashi.
—Espera. Vienen hacia aquí —Anko llevaba tres botellas transparentes llenas de… ¿aceite? —rezongué—. Enfermos pervertidos. Creo que van a darse masajes.
—Vamos, cariño. No necesitas ver eso —tiró de mi brazo, pero me resistí.
—Ah, no. No voy a marcharme.
La pareja se sentó en el sofá de la pared opuesta, de cara a mí, y saqué varias fotos a través del visillo. Anko alzó una de las botellas y Kakashi olisqueó. Arrugó la nariz y movió la cabeza. Anko se puso un poco en el brazo y él volvió a oler. Repitieron el proceso con las otras dos botellas.
Vi cómo Kakashi se mesaba el cabello con expresión frustrada. Movía la boca, pero no lo oías.
—Eh, corderita —dijo Itachi—. Creo que tenemos que irnos.
—Aún no. Están a punto de hacer algo. Lo sé.
—Cariño. ¿No me has oído? Tenemos que irnos.
—Sólo un minu…
—¿Qué hacéis vosotros dos? —gritó una mujer.
Giré en redondo y golpeé la cámara contra el cristal. Una anciana en bata y con rulos estaba ante nosotros con las manos en las caderas. Tenía los ojos semicerrados y los labios prietos. Casi se me saltó el corazón del pecho. Me quedé helada sin saber qué decir o hacer, consciente de que Kakashi y Anko saldrían corriendo de la casa en un momento.
—¡Anko! —llamó la anciana—. Anko, sal. Te espían.
—Corre —gritó Itachi con voz risueña. Agarró mi muñeca y echamos a correr.
Yo también aullé de risa medio histérica, medio incrédula, mientras corría agarrándome el sombrero. Mi vientre botaba con cada paso.
Saltamos al coche, que él había dejado encendido y salimos con un chirrido de ruedas. Por el espejo retrovisor vi a Kakashi y a Anko con la anciana, que nos señalaba.
—Eso ha estado cerca. Demasiado cerca —jadeé. Solté otra risita. Mi corazón bombeaba sangre a toda velocidad y tenía la respiración entrecortada.
—¿Has conseguido la evidencia que querías?
—No. Realizaban algún enfermizo rito pre-sexual, creo. Cinco minutos más y lo habría crucificado.
Itachi movió la cabeza y la barba postiza se despegó y quedó colgando de un lado.
—Puede que no la esté engañando.
—¿Qué? —mi buen humor se evaporó—. ¿Entonces qué hace en casa de esa mujer, eh? ¿Por qué le ha dicho a mi madre que iba a la oficina?
—De acuerdo, la está engañando. ¿Quieres que le dé una paliza?
—Ya te lo diré más adelante —contesté.
De camino a casa paramos en la imprenta y dejé la invitación. Nuestro aspecto hizo que recibiéramos unas cuantas miradas de extrañeza.
—La invitación estará lista para que le des el visto bueno cuando regreses de Florida —le dije a Itachi.
Cuando llegamos a mi piso, me acompañó a la puerta. Yo estaba deseando descargar las fotos en el ordenador y ver si había algo interesante.
—Sakura —dijo Itachi con voz rara, justo cuando iba a meter la llave en la cerradura. Me volví.
—¿Sí? —nuestras miradas se encontraron. Se había quitado la barba. Adoraba, no odiaba, adoraba, «odiaba» como su aroma y calor me envolvían cuando estaba cerca de mí.
—Te echaré de menos mientras esté fuera.
Tragué saliva, yo también lo echaría de menos.
Mucho. Me hacía reír, me excitaba, hacía que mis hormonas se dispararan. Me volvía loca, me excitaba, me hacía sentirme maravillosamente viva.
Me confundía, me excitaba, me marcaba, me excitaba. ¿He mencionado que me excitaba?
Se inclinó hacia mí y rozó mis labios con los suyos. Fue un beso suave, dulce y tierno. Lleno de promesas. Me estremecí, deseando más. Tal vez debería invitarlo a entrar y enseñarle mi dormitorio. No sería malo decirle adiós de la manera apropiada. Si no me permitía quedarme en sus brazos después, mis sentimientos estarían a salvo. Ya había decidido que iba a volver a acostarme con él.
¿O no? Había cambiado de opinión tantas veces que no me acordaba.
Agarré su camiseta con los dedos y abrí la boca para preguntarle si quería quedarse.
—Estoy deseando acostarme contigo otra vez —se adelantó él—, pero voy a esperar hasta que comprendas que esto no es una relación sexual. Esto no es, ¿cómo lo llamaste? Una aventura sin sentimientos.
Arrugué la cara.
—Quiero tu afecto. Quiero tu confianza. No deberías preocuparte con respecto a mí —dijo—. Nunca. No hay ninguna mujer en el mundo comparable contigo. No voy a acostarme con otra mientras esté fuera. No tendré ningún tipo de relaciones sexuales en Florida.
—¿Cómo puedo estar segura de eso? —pregunté con voz suave y, la verdad, con cierta desesperación.
—Se llama confianza, nena, y vas a tener que entregarme la tuya. Eres la única mujer que quiero. Piensa en eso mientras estoy fuera.
Me dejó allí parada, pasándome los dedos por los labios, con sus embriagadoras palabras resonando en mi cabeza.
Los días siguientes trabajé febrilmente en los elementos decorativos para la fiesta de la señora Uchiha, a pesar de que Itachi no había elegido local. No pensé en él, en cómo me había abandonado para irse de viaje, ni en lo divertido que había sido espiar a mi padrastro porque él me había acompañado. Tampoco pensé en Kakashi y en que las fotos no revelaban que hubiera ocurrido nada sexual en casa de Anko. No pensé en nada relacionado con esos dos hombres, aunque ambos me tenían echa un manojo de nervios.
Me concentré por completo en la fiesta; en los manteles azules, verdes y violetas que iba a poner en las mesas, en los almohadones de satén de tonos diversos que pensaba extender por el suelo y en las perfectas antorchas exóticas que iba a alquilar.
La cuarta y solitaria mañana tras la partida de Itachi, fui a desayunar a casa de Hinata, porque ella insistió, para descubrir que mi prima había preparado otra de sus recetas exóticas. Algún tipo de carne frita con una asquerosa salsa de huevo. Debería haberle dicho que estaba enferma. Total, me pondría enferma si comía esa porquería.
—¿Qué es de tu vida? —preguntó Hinata tras tomar un enorme mordisco de carne. Lo masticó como si fuera una de las cosas más deliciosas que había comido en su vida—. Llevas días ignorándonos.
Decidí empezar con temas de trabajo.
—¿Qué tipo de comida puedes preparar para una fiesta tipo Las mil y una noches?
—Hum. Veamos… ¿qué tal ashta con miel, baclawa, kounafa, mafrouki y ese tipo de platos?
—No estoy segura —no tenía ni idea de lo que era ninguna de esas cosas—. No serán nuevas recetas tuyas, ¿verdad?
—No, tonta. Son platos libaneses.
—¿Crees que el viaje de Itachi a Florida es su manera de darte la patada? —pregunto Ino, interrumpiendo nuestra conversación.
Se me encogió el estómago y olvidé el trabajo. Esa posibilidad no se me había ocurrido.
—Yo lloraría si Neji me dejara —comentó Hinata, intentando controlar una sonrisa.
—Ya lo sabemos —Ino me lanzó una mirada tipo: «¿Puedes hacer que calle la boca?».
—No es una patada —afirmé. Itachi había dicho que no se acostaría con otra mientras estuviera fuera. Había dicho que me quería a mí, que no le serviría ninguna otra mujer. De momento había demostrado ser fiable—. Me gusta Itachi —les dije—. Y lo echo de menos. En serio. Más de lo que debería.
—Es un amante fantástico y yo…
—Espera —Hinata—. Marcha atrás. ¿Amante fantástico? Nos dijiste que lo habías besado, nada más. ¿Te has acostado con ese tipo y no nos lo has dicho?
—Debería haberlo adivinado por el resplandor de tu piel —dijo Ino.
—Siento no habéroslo contado —apoyé los codos en la mesa y la cara en las manos—. Es sólo que… no sé. No estaba lista para dar detalles.
—¿Por qué? Yo siempre los doy —dijo Ino.
—Lo sabemos —dijimos Hinata y yo al unísono.
A lo largo de los años lo habíamos oído todo sobre la vida amorosa de Ino. Con exceso de detalles y descripciones. Le gustaba lo salvaje, eso era indudable.
—¿Y si conoce a alguien mientras esté fuera? —preguntó Ino, echando un poco más de salsa amarillenta sobre su trozo de carne—. ¿Y si vuelve casado?
Eso tampoco se me había ocurrido. Sentí una oleada de náuseas y debí ponerme pálida.
—No la escuches —intervino Hinata, compasiva—. Es obvio que el hombre está enamorado de ti. Te pidió que te casaras con él, no a otra. Volverá a ti. Soltero —afirmó con convencimiento.
—¿Qué debería hacer? —se me cascó la voz. ¿Cuánto tiempo estaría Itachi dispuesto a esperarme?—. No quiero perderlo. ¿Debería casarme con él, como exige? Dijo que no volverá a acostarse conmigo hasta que me haya comprometido.
—Menudo bastardo —dijo Ino.
Hinata encogió los hombros mientras consideraba mis palabras. Sus labios se curvaron hacia abajo.
—La verdad es que no sé qué aconsejarte.
La vida era una porquería.
—Tenemos que pensar en esto —añadió Hinata—. ¿Y si pasamos el resto del día y la noche considerando el problema de Sakura y nos vemos aquí mañana?
A la mañana siguiente:
—Bueno, lo he pensado —les dije a mis primas mientras untaba mantequilla en una tostada.
—Ya sabía yo que necesitabas un tiempo de reflexión —Hinata me pasó la merInoada de fresa. Gracias a Dios, no había cocinado—. ¿Qué has decidido?
Cerré los ojos y volví a abrirlos. Debía ser fuerte.
—Voy a seducirlo hasta hacer que olvide esos mitos del compromiso.
—Buena suerte con eso —Hinata volvió los ojos hasta el techo y masticó lentamente, pensativa—. En teoría, creo que ignorar su deseo de compromiso es factible. Pero en la práctica, empezaras a sentirte culpable.
—Tiene razón —asintió Ino—. Sería mejor que acabaras con el tema ahora.
—Odio esta complicación —dije, pensando que me ofrecían sus consejos después de hacerme pasar toda la noche pensando y dando vueltas.
—Eres una quejica, Sakura —dijo Ino—. Si Itachi me pidiera consejo, le diría que no volviera a verte.
—Y sería el mejor consejo que has dado en toda la semana —apunté yo, con el ceño fruncido.
—Yo creo que estás enamorada —canturreó Hinata.
—Yo también. Además, ¿qué tiene de malo casarse con Itachi? Sé que crees que no estás preparada. Pero si no funciona, te divorcias. Es fácil: un, dos, tres —Ino chasqueó los dedos.
—El divorcio no es fácil. Es difícil, duele y puede convertirse en un baño de sangre. ¿Es que no prestasteis atención mientras me divorciaba de Sasuke?
—Si Neji me lo pidiera, correría al altar —opinó Hinata.
—¿Quieres dejar de hablar de Neji, Hinata? Estoy harta de oírte. Tú sales con él, pero me llama a mí. Me tira los tejos —dijo Ino.
—Seguramente te confunde conmigo —Hinata sonrió e intentó ocultar su satisfacción.
—Tal vez yo debería casarme con Itachi —soltó Ino—. Y esta conversación acabaría. No tendría que volver a oír hablar de Itachi ni de Neji y recuperaría mi pacífica existencia.
—No puedes casarte con Itachi —me había tensado al oír sus palabras—. No os llevarías bien.
—¿Ah, no? —se pasó la lengua por los dientes.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque tú no juegas al backgammon, por eso.
El artículo del Tattler especificaba que Itachi quiere una mujer que sepa jugar al backgammon.
—Tendrás que buscar otra excusa, Sakura —rió Ino—. Tú tampoco juegas al backgammon, y te pidió que te casaras con él.
—No se trata de eso.
—¿Qué me dices del verde? —preguntó Ino—. El verde es mi mejor color, o eso me han dicho. Y es el favorito de Itachi.
—¿Y qué? —me defendí—. Prefiere a las mujeres que no contestan. Eso te descalifica.
—Y a ti también, Sakura —Hinata tamborileó en la mesa con las uñas—. Podrías arrancarle a alguien la carne de los huesos con esa lengua afilada que tienes. Sobre todo últimamente —para suavizar sus palabras sonrió—. Tal vez deberíamos preguntarle a Jennifer sobre tu lengua. Ella lo sabe mejor que nosotras.
Nos miramos un momento antes de estallar en carcajadas. A Hinata se le saltaron las lágrimas.
—Mira —dijo Ino, entre risas—, lo que quiero dejar claro es que no te gusta imaginarte a Itachi con otras mujeres. Ésa es tu respuesta. Lo quieres para ti. Tómalo antes de que sea demasiado tarde.
Sabias palabras, sin duda. Pero no sabía si era capaz de arriesgarlo todo por él.
—¡Eh! —exclamó Hinata—. ¿Por qué no aceptas otro cliente? Eso te hará dejar de pensar en Don Sexy.
—No puedo —dije, tras tragar un trozo de tostada.
—¿Por qué no?
—Itachi exigió desde el principio que no trabajase en otro proyecto mientras planificaba la fiesta de su madre. Así que no puedo perderme en el trabajo —estiró las piernas y las puso en la silla que tenía enfrente—. Ya hemos discutido el menú. He encargado las flores y contratado a un discjockey.
—He diseñado la invitación y encargado decorados. No tengo nada que hacer hasta que él me llame cuando regrese.
—No esperes a que te llame. Toma la iniciativa. Llámalo al móvil —Ino se acabó su zumo de manzana—. A los hombres les encanta el sexo telefónico.
—Antes de entrar en el despache de Itachi, tenía mi vida clara —me froté el rostro con la mano—. Ni hombres ni relaciones. Después Itachi hizo temblar mi mundo y le cambió todo. Menudo canalla.
—Sí, un auténtico bastardo —farfulló Hinata—. ¿Cómo se atreve a cambiar tu vida a mejor?
—¡Eh!, ¿por qué no salimos de clubes mañana por la noche y ahogamos nuestras penas con cerveza y hombres atractivos? —sugirió Ino.
—Me parece buena idea —dije.
Cuando entré en casa, sonaba el teléfono.
—Hola —contesté.
—¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? —exigió mi madre.
—¿Qué… ? ¿De qué estás hablando? —ella no podía saber eso.
—En el Tattler hay una foto tuya con un vientre enorme. El artículo dice que son trillizos. Más te vale decirme ahora mismo que vas a casarte, jovencita.
—Mamá, no estoy embarazada —dije, deseando estar diciendo la verdad—. Ni voy a casarme —también deseé que eso fuera verdad—. Tengo que dejarte. Voy a poner mis órganos vitales en venta en eBay.
HOLA! LES ESTA GUSTANDO JEJEJE SE QUE ESTA SAKURA ES MUY DESESPERANTE PERO A MI IGUAL ME ENCANTA LA HISTORIA AMO A ITACHI :)
GRACIAS
Ofi Rodriguez
