Hola!
Mucho tiempo ha pasado, pero por fin retomé el ritmo jeje
Me gustaría volver a agradecer enormemente a Sarturnie Eventflow y a memoriesofkagome por sus comentarios. En verdad es un agrado e inspiración leer vuestras opiniones. Igualmente agradecer a todos aquellos que leen desde el anonimato.
Queda muchísimo paño aún por cortar, y espero que este pequeño capitulo sea de vuestro agrado.
Capítulo 14: Mil años
Lunes 30 de Mayo
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HISASHI
- Mierda… no otra vez.- Hisashi Mitsui rezongó ofuscado luego de que las agujetas de sus zapatillas deportivas Asics Fable Radick blancas con detalles rojos se rompieran producto del exceso de fuerza con que las estaba atando.
No es que fuera un asunto muy importante o delicado, eran unas simples agujetas que se podrían reemplazar en cuestión de segundos. El problema radicaba en que era esta la segunda vez que le sucedía lo mismo en lo que iba de mañana. Ya hace unos instantes le sucedió con la zapatilla derecha, y ahora era con la izquierda.
- "No puedo creer que me esté pasando esto." – pensaba repetitivamente mientras sacaba una agujeta de repuesto de su bolso deportivo para sustituirla. Suerte la suya que siempre tenía repuestos de este tipo. – "Esto no es producto de los nervios…. Debe ser algo más."
Si fuera un chico supersticioso, de seguro atribuiría este doble percance a un augurio de mala suerte o una señal de extremo cuidado ante un peligro mortal e inminente. Pero no era el caso, por lo que se rió de sí mismo luego de percatarse que su mente había albergado tal hipótesis, aunque sea por media fracción de segundo.
- Ja. La mala suerte es para perdedores. – murmuró con una media sonrisa luego de por fin haber sustituido la última agujeta y atarla de manera correcta, con extremo cuidado, casi como si hubiese estado tejiendo con una delicada seda.
Y ya estaba listo.
Aún era temprano por la mañana de un día lunes, y lo normal sería que a esa hora emprendiera rumbo a la Preparatoria Shohoku para otra aburridísima y tediosa jornada de clases en la que no aprendería absolutamente nada. Pero esta mañana sería distinta a todas las demás, ya que se disputaría el cuarto partido del Campeonato Interestatal y conseguir la victoria marcaría un punto de inflexión para el equipo.
Por un lado significaría que la Preparatoria Shohoku nuevamente rompería su propio record al llegar más lejos que nunca. Además, se aseguraría un cupo en la ronda de semifinales, instancia a la que llegaban solo los ocho mejores equipos de la prefectura. Y por último, lo más importante, es que dicha instancia aseguraría un cupo para participar del Campeonato de Invierno, más conocida como la Winter Cup.
- ¿Estás listo? – la familiar voz de su madre sonó a sus espaldas.
- Sí, claro que estoy listo. – confirmó Hisashi Mitsui poniéndose de pie en medio del genkan (zona de entrada a la vivienda) y girándose hacia su madre.
La sonrisa de suficiencia y complicidad que su hijo le dedicó, hizo que Kaiyo Mitsui se sintiera henchida de orgullo por aquél hombre rectificado ante sus ojos. ¡Cuánto amaba a aquél gallardo muchachito de 17 años!
- ¿Y estás seguro de que no quieres que te lleve en el auto? De todos modos tendré que ir hasta el gimnasio, pues ni loca me perderé el partido. – volvió a preguntar Kaiyo, con cierto tono de intriga. Ya habían hablado de eso y su hijo se había negado reiteradamente, pero no desaprovecharía la oportunidad de insistir.
- No mamá, pero muchas gracias. – negó Hisashi sacudiendo levemente la cabeza. – Me hará bien caminar hasta la estación de trenes, será como un precalentamiento.
Y entonces Hisashi cogió el bolso deportivo, cargándoselo al hombro. Volvió a mirar a su madre, que seguía sus movimientos sin perder detalle, y se quedó en silencio, sin saber qué más decir.
- Pues… será mejor que ya me vaya. – terminó diciendo Hisashi más por inercia que otra cosa.
- Así es. Si pretendes haces todo el recorrido a pie será mejor que partas cuanto antes. – asintió la señora Mitsui, juntando ambas manos en el regazo.
- Entonces… nos vemos más tarde, mamá. – se despidió torpemente Hisashi, levantando levemente la mano, como si se estuviera despidiendo de un amigo y no de su madre. Se giró para marcharse, sin esperar respuesta, pero cuando estaba a punto de girar la manilla de la puerta, su madre volvió a hablarle.
- Hisashi, espera… - lo llamó suavemente ella.
Si Kaiyo Mitsui se había cruzado de brazos era en gran medida para reprimir el deseo de correr a abrazar a su primogénito. Cada día que pasaba la relación entre ambos mejoraba más y más, se acercaban el uno al otro en lo que se podría considerar un vínculo sano. Pero a la señora Mitsui le costaba recordar que aquél muchacho ya no tenía cinco años, sino que era un hombre hecho y derecho. Había pasado mucho tiempo desde que lo abrazara por última vez, juraría que mil años eran nada en comparación.
Hisashi dejó la puerta sin abrir y se giró levemente para ver qué era lo que quería su madre, anticipándose a las palabras que sabría que vendrían.
- Éxito en el partido de hoy, hijo mío. No olvides todo lo que conversamos ayer. – dijo Kaiyo, dedicándole una sonrisa llena de orgullo.
- Gracias, mamá… - agradeció él, asintiendo levemente y desviando sin querer la vista hacia el piso de madera del genkan.
Pum… Pum… Pum.
El repentino silencio fue interrumpido por la acompasada respiración de madre e hijo, acompañado por los intensos pero ritmos y serenos latidos del corazón de Hisashi. Era ya toda una vida de apoyo incondicional, aun cuando vivió dos años sumidos en la oscuridad ella siempre estuvo ahí, como lo estaba ahora y como sabía que estaría mañana y en mil años más de ser posible.
Inesperadamente, Hisashi hizo algo que no había hecho desde que tenía 12 años. Dejó caer el bolso que colgaba sobre su hombro, redujo el espacio entre ambos de dos grandes zancadas y la abrazó.
Al comienzo fue un abrazo un tanto incómodo por la falta de práctica, pero con el pasar de los segundos ambos cuerpos se acostumbraron al contacto del otro. Ella era mucho más pequeña que su hijo, pero aun así Hisashi se sintió inmensamente reconfortado y cobijado entre sus delgados brazos, que apenas si podían abarcar su ancha espalda. Se sintió como un niño indefenso que por fin hallaba la cura de todos los males del mundo bajo el resguardo de su madre.
- Gracias por todo, mamá. – susurró Hisashi luego de un par de segundos, al mismo tiempo que se prometió a si mismo que el partido de hoy y todos los que vinieran en el futuro, serían en honor a ella.
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KAEDE
Kenji Himura, 7:30 am: ¡Estoy listo! Voy saliendo.
Kenji Himura, 7:30 am: Nos vemos en el puente Kataseyama.
Kenji Himura, 7:30 am: Junto al supermercado. (:
Hace apenas un par de segundos llegaron esos tres mensajes y Kaede Rukawa tuvo que leerlos un par de veces antes de salir de su inercia y comenzar a moverse.
Había quedado con Kenji Himura para reunirse en un punto intermedio entre las viviendas de ambos y luego partir juntos hacia la estación de trenes Fujisawa-shi, a pie. Le pareció curioso que el otro chico le hiciera esa propuesta explícita de ir a pie, pues supuso de antemano que irían en bicicleta como solían hacer cada vez que se juntaban a entrenar o ir a clases; pero al saber que el cambio se debía a una prohibición de usar ese medio de transporte más que a otra cosa, no pudo evitar sentir cierta sensación indescifrable y cercana a la ternura.
Kaede Rukawa, 7:32 am: Ok. Voy saliendo.
Escribió y envió rápidamente aquella respuesta, y sin esperar más salió del recibidor de su hogar procurando cerrar la puerta con extremo cuidado para no meter ruido alguno y delatar su salida, pues hace más de 10 minutos que se había despedido de todos para arrancar del caos matutino que gobernadora todos los días. Se había pasado ese tiempo junto a la puerta, esperando ese mensaje que le indicara que ya podía salir de casa para el encuentro.
Atrás quedó el eco de las voces de sus padres y hermano menor que deambulaban por todos lados, recogiendo sus pertenencias, ordenando sus cosas y despotricando contra el mundo por lo tarde que se les hacía.
Ya en el exterior, comenzó a caminar hacia el oriente, en el sentido contrario a la ruta que tomaba a diario montado en su bicicleta para acudir a la Preparatoria Shohoku. Y transitar a pie se le hizo un tanto extraño, tan acostumbrado como estaba a pedalear.
El Capitán Akagi junto con el profesor Anzai, había decidido que para esta ocasión lo más oportuno sería que el equipo se reuniera en la estación de trenes Fujisawa-shi para desde ahí acudir todos juntos al centro deportivo Totsuka Kenzo Sports, lugar donde se disputaría el partido contra la Preparatoria Tsukubu. La reunión fue fijada para los 8:15 de la mañana, por lo que aún contaba con algo así como 40 minutos para llegar junto a su compañero Himura. Y dado que el puente Kataseyama quedaba a tan solo un par de cuadras de distancia de su casa, pues no tenía sentido caminar con prisa.
Se lo tomó con calma y caminó lentamente, de una manera tan relajada que prácticamente parecía un sonámbulo sin rumbo. Y por poco cayó dormido luego de un tercer pestañeo que casi dejó sus párpados pegados, pero una inesperada voz más cerca de lo normal logró despertarlo, sorprendiéndolo de sobremanera.
- Si sigues caminando así, terminarás cayendo al río…
- Ahh… - llegó a suspirar Kaede, abriendo los ojos de golpe y conteniendo la respiración por una fracción de segundo.
La sorpresa inicial duró eso, una fracción de segundo. Y en cuanto se recuperó, se giró violentamente, dispuesto a darle un golpe a aquél infeliz que osó sobresaltarlo y perturbar su tranquilidad. Pero en cuanto vio de quién se trataba, toda la ira incipiente se desvaneció de golpe. Sus párpados se separaron otro tanto, y su boca se abrió y cerró un par de veces, intentado articular alguna palabra pero sin llegar a emitir sonido alguno.
- … - silencio.
- Buenos días Rukajajajajaja… - Kenji Himura no pudo contener el ataque de risa, estallando en una poco sutil carcajada en medio de su saludo.
Haber visto y sorprendido a su compañero de esa forma era algo inédito, pues ya se estaba temiendo que era inmune a los sustos.
- Jajaja… Oh, lo siendo mucho, Kaede… no fue mi intención… es solo que nunca pensé que te fueras a asustar con algo tan simple. – se excusó Himura luego poder controlar su ataque de risa, sin reparar en que era esta la primera vez desde que se conocían en que lo llamaba por su nombre.
Pero Kaede Rukawa sí que notó ese pequeño desliz, y saber que era el primer chico de su edad que lo llamaba por su nombre en mucho tiempo, le hizo sentir un tanto extraño, pero en buena manera. Él era un chico de modales, apegado a la costumbre japonesa de tratar con respeto y cortesía a sus superiores, de llamar a sus pares y todo aquél que no fuera cercano por medio de su apellido. La única excepción era Ayako, quien desde los tiempos de Tomigaoka insistió hasta el cansancio que llamara por su nombre y no su apellido. Además era muy dado a jamás tutear, salvo que fuera el caso de Hanamichi Sakuragi. Con él, muchas reglas eran distintas.
- Hmn… Do´aho. – murmuró como respuesta, pero con el rostro bastante más relajado, aunque inexpresivo. Se giró para continuar caminando directo al puente y rumbo a la estación de trenes, dejando levemente atrás al otro chico.
- Jejeje, supongo que sí, soy un Do´aho. – Himura lo alcanzó rápidamente, y así ambos comenzaron a caminar a paso lento, como si con contaran con todo el tiempo del mundo para ponerse al día.
¡Había tanto de lo que hablar! Bueno, Kenji Himura tenía mucho de lo que hablarle a Kaede Rukawa: su situación médica, las revistas deportivas que le había prestado, los deberes, los exámenes que estaban próximos, el Campeonato Interestatal, etc. Desde luego que Rukawa aportaría con lo suyo a su modo, y eso era suficiente para el chico castaño que ya había aprendido a leer su comunicación corporal antes que la verbal.
- Por cierto, antes que lo olvide… - agregó Himura, mientras revolvía en su bolso deportivo, pero aún caminando junto al pelinegro.
Rukawa lo miró de reojo mientras duró la labor, preguntándose qué podría ser aquello que buscaba con tanto ahínco.
- Ten… esta es para ti. Está un poco vieja, pero creo que te gustará.
Himura se detuvo a medio camino de atravesar el puente Kataseyama, y Rukawa lo imitó. El castaño extendía con su mano derecha lo que parecía ser una revista, y en efecto el pelinegro lo comprobó una vez que la recibió y estudió su portada.
- Hoop… esto es viejísimo. – murmuró Rukawa mientras escaneaba la portada, sin perder detalle.
Himura simplemente asintió en silencio y sonriendo modestamente ante la levemente sorprendida mirada de Kaede Rukawa. En efecto, era una revista Hoop (al igual que las que el pelinegro le había obsequiado hace unos días atrás), pero era un número bastante más antiguo. Se trataba de una edición de enero de 1985, en cuya portada se anunciaba la estrenista en exclusiva con el jugador número 23 de los Bulls en ese entonces: Michael Jordan.
- Es una reliquia… - agregó Rukawa luego de un par de segundos, mirando fijamente a su ídolo que sostenía un balón de baloncesto entre sus manos.
- Así es… era de mi hermano, él las coleccionaba. Me la regaló hace un tiempo luego de que decidiera que los Bulls no eran más su equipo favorito, y ahora yo te la regalo a ti.
- Pero esto debe costar una fortuna. – soltó sorprendido Rukawa, mirando fijamente al sonriente Himura.
- Bah, da lo mismo. Como Michael Jordan es tu ídolo, estoy seguro que tú la apreciarás mucho más que yo.
Y sin esperar réplica alguna, Kenji Himura reemprendió la caminata rumbo a la estación de trenes. Rukawa espabiló de golpe y con inusitado cuidado, como si de un tesoro se tratase, guardó la revista en su bolso. Rápidamente alcanzó al otro chico. Su cabeza era un lío de emociones atropelladas que pujaban por salir a flote al mismo tiempo. Estaba tan agradecido por ese gesto, que sin pensarlo bien soltó la primera pregunta que se le vino a la cabeza.
- ¿Cómo sabes que Michael Jordan es mi ídolo? – preguntó con falsa seriedad, mirando fijamente al frente.
- Es evidente… la forma en que usas tu muñequera negra te delata. – respondió Himura, mirando de reojo el estoico perfil del pelinegro, sonriéndose por dentro gracias al acierto de su gesto. – "Sí que te sorprendí… jejeje" – pensó complacido.
- Gracias, te lo agradezco mucho. – susurró por fin Kaede, haciendo acopio de toda la voluntad posible para dejar de lado su orgullo.
- De nada… - correspondió Himura, dedicándole otra sencilla sonrisa, reconociendo el esfuerzo que le tomaba decir aquellas palabras a quien ahora sin dudas consideraba su amigo.
- Y bien… ¿cómo has estado? – tanteó Rukawa, aparentando casualidad.
- Pues…
Y así, mientras ambos jóvenes caminaban juntos rumbo a la estación de trenes, Kenji Himura le fue contando a su más reciente amigo los pormenores de su estado de salud, la montonera de exámenes que se tuvo que hacer y las nuevas políticas restrictivas instauradas en casa. Kaede Rukawa, como era de esperar, permanecía en silencio, pero sin perderse palabra alguna de lo dicho por el otro. Su amigo.
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HISASHI
Los cálidos rayos de sol matutino comenzaban a cubrir por completo el distrito de Kanagawa en la que sería una nueva jornada primaveral. Faltaban minutos para las ocho de la mañana, y el ajetreo era intenso en las principales avenidas de la ciudad. Esa era, entre otras, la razón principal por la que Hisashi Mitsui decidió usar una ruta alternativa y recorrer un camino más largo, atravesando callejones y puentes secundarios pero bastante menos concurridos.
Caminó durante todo el trayecto a buen ritmo, ni muy deprisa ni muy despacio, procurando mantener la serenidad ante la inminencia de un partido tan decisivo como era el que enfrentaría dentro de poco. Estaba ya a tan solo dos cuadras de la estación de trenes Fujisawa-shi, luego de cruzar un pequeño puente que se alzaba sobre una autopista local poco concurrida. Atravesó el puente casi sin inconvenientes, y cuando estaba a punto de comenzar a descender, un enorme estruendo de varios motores en marcha rompió la hasta ahora imperturbable tranquilidad del sector. Y los gritos que le acompañaron, fueron aún más inquietantes si cabe.
- ¡No trates de escapar, canalla! – rugió potente una gruesa voz masculina.
- ¡VAMOS A ACABAR CON ESTO HOY! – se impuso una segunda voz, también masculina, aunque bastante más fina que la anterior, pero no por eso menos agresiva.
A una velocidad sorprendente, una motocicleta pasó por debajo del puente, rasgando el aire con su potente motor. Mitsui asomó la cabeza por un costado y alcanzó a ver al conductor de dicha motocicleta antes de que doblara a la izquierda y se perdiera de vista. Ésta fue inmediatamente seguida por otras dos motocicletas, casi pisándole los talones.
- ¡Tetsuo! – gritó al aire Hisashi, agarrándose fuertemente de la baranda del puente.
Lo que había visto y escuchado era más que suficiente para llegar a una inequívoca conclusión: su amigo Tetsuo estaba en problemas. Terminó de recorrer el último trecho del puente a máxima velocidad y descendió los escalones de dos en dos, y entonces comenzó a correr en la misma dirección que las motocicletas, doblando también hacia la izquierda en un callejón menor.
El ruido de los motores había cesado, lo cual era indicio de que las motocicletas habían sido detenidas. Estaban cerca, lo cual era bueno. Pero eso implicaba que ya habían dado alcance a Tetsuo… Y eso era un mal augurio.
- "Bah…. Yo no creo en los augurios." – bufó exasperado Mitsui, al tiempo que volvía a girar en un nuevo callejón, esta vez a la derecha.
Se trataba de un minúsculo escondrijo con piso de tierra, franqueado por los altísimos muros de las edificaciones colindantes. Al llegar al fondo de aquél laberinto de tierra, divisó las tres motocicletas tiradas en el suelo, abandonadas sin cuidado alguno. Y un poco más allá, el fuerte pero amortiguado sonido de los golpes emergía con claridad.
- ¿Hasta cuándo pensabas que podrías huir de nosotros, Tetsuo? – preguntó Ryu, el otrora amigo de Mitsui.
Hisashi se quedó de pie, inmóvil, contemplando la escena incapaz de moverse de su posición. Tetsuo repartía golpes a izquierda y derecha, y recibía a cambio el doble de éstos, pues era vilmente atacado por otros dos sujetos. En total eran cinco contra Tetsuo, y salvo el propio Ryu, Mitsui no los conocía en absoluto.
Aún no notaban su presencia.
- Pedazo de mierda… - gruñó Tetsuo luego de recibir un potente gancho lateral que le hizo retroceder para luego doblarse sobre sí mismo y aterrizar en el suelo, apoyado con sus rodillas y ambas manos.
Una vez que un gigante caía, liquidarlo era tarea fácil y así parecieron comprenderlo los atacantes, que observados atentamente por un marginado Ryu, se lanzaron sobre Tetsuo para molerlo a patadas. El gigante no profirió grito alguno, pero le fue imposible reprimir su dolor cuando una certera patada en el estómago lo levantó del suelo y lo lanzó hacia atrás, aterrizando ahora contra el muro colindante, cayendo al piso sobre su propio trasero.
- ¡Tetsuo! – gritó angustiado Mitsui, rompiendo el silencio y llamando la atención de los demás.
- Mi-Mitsui… - masculló con gran esfuerzo Tetsuo luego de notar la presencia de su amigo.
Instintivamente Hisashi Mitsui dejó caer su propio bolso y corrió a socorrer a Tetsuo, colocándose entre él y los atacantes.
- ¿Mitsui? ¿Qué? ¿Eres tú? – preguntó Ryu, dando un paso adelante. – Casi no te reconozco con ese corte de cabello. – agregó entre dientes con un tono despectivo y ambas manos cómodamente posicionadas al interior de los bolsillos de su pantalón. Vestía, sin descaro, el uniforme escolar de la Preparatoria Chigasaki Hagisono.
- ¿Ese es Hisashi Mitsui, de la Preparatoria Shohoku, hermano? – otro desconocido sujeto, el más alto de todos, dio también un paso adelante, ubicándose junto a Ryu. No se le veía el rostro pues lo tenía aún cubierto con un casco de motocicleta, pero no fue eso lo que alarmó a Mitsui, sino que fue el hecho de que entre sus manos cargaba una enorme barra de metal.
- Detente, Ryu… No hay necesidad de seguir peleando. – expresó Mitsui, dando también un paso al frente, pero sin ánimos de enfrentar a esa pandilla.
- ¡Pf! ¡Cállate, mocoso! No pienso seguir tolerando las estupideces de Tetsuo y de todo aquél que se relacione con él. – replicó Ryu, con una mueca de desprecio.
- Veo que los rumores son ciertos… - Mitsui paseó lentamente su mirada entre los integrantes de la pandilla. Notó cómo en la vestimenta de todos ellos se lucía el emblema de la pandilla a la que representaban. Finalmente terminó con Ryu, a quién volvió a encarar. – Nunca pensé que fueras a caer tan bajo como para mezclarte con Los Dragones Blancos. ¡Qué demonios tienes en la cabeza, Ryu!
Aquellas palabras las pronunció a conciencia, sabiendo a la perfección que quería decir con ellas. Y pese a la evidente desventaja numérica, pese a que de seguro se metería en líos, no se arrepintió. Es cierto que no quería tener que pelear, más bien no debería hacerlo (pues así lo prometió); pero tampoco iba a dejar pasar por alto la oportunidad de encarar a quien en el pasado consideró un amigo. Tetsuo ya le había informado que luego del incidente en Shohoku muchas cosas habían cambiado, que Ryu se había unido a Los Dragones Blancos (una facción amateur de los Yamaguchi-gumi, la banda criminal estrella de Japón), que ya no era el mismo de antes. Y eso estaba mal, Ryu tenía que darse cuenta que estaba cometiendo el peor error de su vida.
- Hmn… - masculló Ryu.
E inesperadamente, Ryu se abalanzó sobre Mitsui y le propinó un potente golpe de gancho en pleno estómago, haciendo crujir todo dentro del él. A continuación, y en una fracción de segundo, lo remató con otro golpe, esta vez desde la izquierda y en pleno rostro.
Sin posibilidad alguna de defenderse, Hisashi Mitsui fue a dar contra el muro y lentamente se desplomó hasta aterrizar en el suelo, sobre su propio trasero. El aire abandonó por completo sus pulmones y el dolor era tan agudo que sentía cómo la cabeza le daba vueltas.
- ¿Qué tal eso, Mitsui? ¿Es que acaso has olvidado cómo pelear ahora que te las das de deportista? – ironizó Ryu, mirando a su oponente abatido desde la altura.
Los intensos jadeos de Mitsui, que luchaba por recuperar el aliento, enfurecieron a Ryu de manera tal que se desquitó propinándole una fuerte patada en la quijada. Instintivamente Mitsui se cubrió con ambas manos, y mantuvo esa posición de defensa mientras la incesante lluvia de patadas por parte de Ryu caía sobre él, sin compasión.
- Maldito mocoso. Arrogante. Siempre fuiste un engreído. No tienes idea de nada. Tú fuiste quien quiso destruir al equipo de Shohoku, y ahora formas parte de ellos. – escupía Ryu con cada nueva patada, lleno de rencor.
- Jajaja, dale su merecido.
- Acaba con ese maldito.
- Jajaja.
Las risas y comentarios del resto de la pandilla de Los Dragones Blancos se sucedían en conjunto con las patas de Ryu, mezclándose con el frenesí de violencia e ira desatada.
- ¿Qué acaso perdiste la voz? – prosiguió Ryu, en su elemento. - ¡Anda, levántate y pelea!
Desafiante, Ryu cesó con la lluvia de patadas y retrocedió un paso, dejando cierto espacio para que Mitsui se incorporase y le plantara frente. Golpear a una masa inerte que no se defendía no le estaba resultando tan divertido. Quería pelea, quería que Mitsui le hiciera frente.
- Ven, anda… ponte de pie. – volvió a ordenar Ryu.
Pero Mitsui no hacía caso de las incitaciones, ni mucho menos de tan ruin ataque físico en su contra. Tenía ambos puños fuertemente cerrados, la mandíbula apretada y su cuerpo se remecía violentamente a causa de la cólera reprimida que le acaecía. Estaba furioso, sí. Pero no iba a car en las provocaciones. No podía pelear.
- "Demonios… le prometí al profesor Anzai y a mi madre que ya no volvería a pelear. ¡No puedo hacerlo! No puedo romper esa promesa…" – la mente de Hisashi era un torbellino de emociones. Atrás había quedado la plácida y cálida sensación que sintió antes de salir de casa, luego de abrazar a su madre. Y lejos había quedado también el optimismo que le embargaba en su camino a la estación de trenes, previo al partido contra Tsukubu.
Las cosas se tornaron de un gris oscuro a una velocidad sorprendente, y su cuerpo dolía. Dolía horrores. En esa situación, en ese escenario, su peor temor era no poder jugar el decisivo partido.
- ¡Vamos, cobarde! – gritó Ryu, molesto ante la inercia de Mitsui.
Mitsui creyó que iba a ceder ante la ira, y haciendo acopio de sus fuerzas hizo el amago de ponerse de pie y, por lo menos, defender su honor de alguna manera, pero fue detenido por el fuerte agarre de un recientemente incorporado Tetsuo, quien sosteniéndolo por los hombros le instó a permanecer en su lugar.
- No, Mitsui. No lo hagas… - susurró Tetsuo, para luego ponerse de pie y encarar tanto a Ryu como a sus compañeros de pandilla. – Es a mí a quien queréis… - agregó, dando un paso al frente.
Su tamaño era realmente imponente. Y aún en las notorias condiciones de desventaja en que estaba, logró intimidar a más de un adversario. En especial a Ryu, que sin proponérselo comenzó a retroceder conforme Tetsuo avanzaba sobre él.
- Anda, Ryu… pelea conmigo. Solo tú y yo…
POC
El golpe fue certero. Contundente.
Itsuki, el hermano mayor de Ryu, aquél que llevaba puesto el casco de motocicleta, se había acercado por atrás y sin previo aviso blandió firmemente la barra de metal, estrellándola contra la cabeza de Tetsuo.
La herida fue tan profunda que la sangre comenzó a brotar inmediatamente, cubriendo la cabeza y parte del rostro de Tetsuo, que yacía ahora inconsciente sobre el piso.
- Jajaja… imbécil. – rio Itsuki, orgulloso de su hazaña.
- ¡Tetsuo! ¡Tetsuo! – gritó Mitsui, horrorizado mientras se incorporaba hasta quedar de rodillas.
- Sorprendente, ¿verdad? – Ryu volvió a tomar la delantera y avanzó un par de pasos más, flanqueado por tres de los integrantes de la banda. Se detuvo junto a su hermano, que lucía la barra de metal cubierta de sangre, como una especie de trofeo personal.
- Es mi hermano, Itsuki. Y le apodan el Monstruo. – agregó Ryu, orgulloso.
Itsuki, casi como por cortesía, asintió a las palabras y procedió a quitarse el casco para que Mitsui pudiera contemplarlo sin problemas. Su rostro era similar al de su hermano Ryu, aunque con las facciones mucho más anchas y duras. Una profunda cicatriz surcaba su mejilla izquierda, y tenía los labios ligeramente más delgados. Llevaba el cabello largo, aunque no tanto como el de Tetsuo, pero recogido en una coleta.
- Salió de la cárcel hace un par de días, donde estuvo condenado a un par de años por matar a dos sujetos impertinentes que intentaron ligarse a su novia… - Ryu relató aquella pequeña presentación con un siseó abrasivo, petulante, e Itsuki asintió a cada una de sus palabras.
- Sujétenle las manos contra el suelo. – ordenó autoritariamente Itsuki. Su voz era grave, gutural e imponente, por lo que sus órdenes fueron ejecutadas al instante por dos de los miembros de la banda. – Bien firme, no lo dejen escapar.
Y entonces Itsuki volvió a blandir la barra de metal, como si de una espada se tratase. Los restos de la sangre de Tetsuo salpicaron el impávido rostro de Mitsui, que no hizo nada por liberarse del repentino agarre del que era presa.
- ¿La derecha o la izquierda? ¿Cuál mano prefieres perder? – preguntó Itsuki, divertido, mientras avanzaba un par de pasos hasta quedar de pie frente a Mitsui. Para él, todo esto era un simple juego.
Mitsui tardó un par de segundos en comprender la situación, en caer en la cuenta de qué era lo que tramaba aquel desconocido que resultó ser el hermano mayor de Ryu. Y cuando lo comprendió, el pánico lo invadió.
- ¡Detente! ¡NO! ¡Déjame en paz! – gritó, removiéndose en su posición, pero sin éxito. Dos fuertes manos lo mantuvieron en el suelo, incapaz de librarse.
- JAJAJA – rio Itsuki, alzando la barra de metal hacia el cielo. - ¡Mejor te destrozo ambas manos, para que no puedas volver a jugar basquetbol! – agregó.
- Detente, por favor… no lo hagas. – logró articular entre susurros Mitsui. – "No quiero perder mis manos, no quiero dejar de jugar basquetbol… por favor, profesor Anzai… ayuda, por favor..." - imploró mentalmente, cerrando los ojos e intentando sin éxito liberarse del agarre. Estaba perdido, y ante él, con los ojos cerrados, se materializó el bondadoso rostro de Mitsuyoshi Anzai, riendo apaciblemente como solía hacer, al mismo tiempo que sentía que se le anegaban los ojos en lágrimas de impotencia.
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HANAMICHI
- "¡Mierda! ¡Voy a llegar atrasado!... Esto me pasa por quedarme a entrenar la técnica de matar con la mirada hasta tan tarde." – iba reprimiéndose mentalmente mientras corría a toda velocidad por las calles de Kanagawa, como una furia roja.
Esta mañana se había quedado dormido, y de no haber sido por el fuerte portazo que dio uno de sus vecinos, no se hubiera despertado. Pero lo cierto es que el día anterior, luego del entrenamiento con Haruko y Takenori Akagi, se había quedado practicando a solas hasta altas horas de la noche. Aquello le pasó la cuenta, y ahora tendría que correr a toda velocidad para alcanzar el tren que los llevaría al centro deportivo donde se disputaría el partido contra Tsukubu.
- "Demonios, si llego tarde el gorila se enfadará, y lo más probable es que me saque del partido… y si eso sucede no podré poner en práctica la súper técnica secreta de matar con la mirada… ¡MALDICIÓN!" – y aquella idea de no poder sacar a relucir su nueva arma, era sin dudas la más acuciante de todas.
Apuró la carrera lo más que pudo, dobló a la derecha en una bifurcación del camino y apenas lo hizo inesperadamente su cuerpo colisionó contra una enorme y contundente masa de personas aglutinadas. Naturalmente salió despedido hacia atrás y aterrizó sobre su propio trasero, pero se incorporó de inmediato gracias a un potente salto. Tenía energías de sobra y estaba que echa chispas.
- ¿No es ese Hanamichi? – luego de la confusión inicial del accidente, una familiar voz llegó hasta sus oídos. Y supo de inmediato de quiénes se trataba.
- ¡Imbéciles! ¡Fíjense bien por donde transitan! – estalló furioso Hanamichi, apuntando a sus amigos con la mano. Había colisionado con los chicos del Ejército de Sakuragi, su propio ejército: Yohei Mito, Chuichirou Noma, Yuji Ohkusu y Nozomi Takamiya - ¡¿Qué demonios están haciendo aquí?! ¡¿Cómo es posible que se monten ustedes cuatro sobre una bicicleta?! – agregó, aún más furioso si cabe luego de ver la estropeada bicicleta en el suelo.
En efecto, los cuatro chicos habían chocado contra Hanamichi por ir montados todos sobre la bicicleta de Chuichirou Noma. Naturalmente ésta quedó destrozada producto del impacto, y el chico del bigote se estaba lamentando por la pérdida.
- ¡Pero si eres tú el que no ha mirado bien por donde iba! – replicó Takamiya, igualmente furioso.
- Corriendo como un loco… - agregó Ohkusu.
- ¡¿Qué dicen?! – estalló Hanamichi.
- Eh, eh… chicos, calmaos todos. – intervino conciliador Yohei Mito. - ¿Qué haces aquí a esta hora, Hanamichi? Se supone que hoy tienes un partido.
Y de vuelta al asunto principal. La furia del pelirrojo se esfumó de golpe al recordar que iba, en efecto, horrendamente atrasado para el encuentro.
- ¡Diablos, SÍ! ¡Será mejor que me dé prisa, no tengo tiempo para estar perdiendo con una tropa de inútiles!
- ¿Eh? ¿Tarde? ¿Qué acaso te quedaste dormido? – se sorprendió Yohei. – Eso sí que es raro… Nosotros íbamos de camino a presenciar el partido, nos saltamos las clases.
Sin esperar más respuestas, Hanamichi iba a reemprender la carrera, calle abajo hasta la avenida Daigiri Chomi, pero fue detenido en el acto por un potente grito de Nozomi Takamiya, el gordito del grupo.
- ¡Por ahí no, Hanamichi! ¡Si seguimos todo recto, hacia allá, llegaremos mucho más rápido! – gritó, señalando hacia la izquierda, en el sentido contrario al que pretendía tomar Sakuragi.
- ¿Uh? ¿Estás seguro? – preguntó incrédulo el pelirrojo.
- Hanamichi, será mejor que le hagas caso si quieres llegar a tiempo. – concordó Yohei, y el pelirrojo no necesitó más argumento que ese para aceptar la sugerencia. La palabra de su mejor amigo era sagrada. No es que desconfiara de los demás, es solo que Yohei era prácticamente como su hermano.
Rápidamente el grupo se cuadró en torno al líder y comenzaron a correr todos rumbo a la estación de trenes Fujisawa-shi, tomando el atajo propuesto que Takamiya. Quien tuvo más problemas en seguir el ritmo fue Chuichirou Noma, quien con su maltrecha bicicleta a cuestas apenas conseguía mantener el aliento.
- Una vez que crucemos el puente, todo recto… - indicó Takamiya cuando la comitiva comenzaba a ascender el solitario puente erigido sobre una nada concurrida autopista secundaria.
Descendieron sin problemas, cada uno de ellos ufanado en la labor de llegar cuanto antes a la estación de trenes. Tuvieron que ingresar a un solitario callejón entre dos enormes edificaciones residenciales, y cuando se toparon con un enorme muro de cemento que les cortaba el camino, Takamiya volvió a dar las indicaciones necesarias.
- Ahora tendremos que saltar aquella pared que está al final del callejón, luego atravesar el paso sobre nivel y llegaremos por fin a la estación de trenes Fujisawa-shi.
- ¡Vale! ¡Eres el mejor, Takamiya! – asintió el pelirrojo, tomando vuelo para comenzar a correr directo hacia la muralla y así poder saltarla sin inconvenientes. Era toda una hazaña, pero su condición física y enorme capacidad de salto se lo harían sencillo.
Y así fue.
Apoyando firmemente ambas manos en el borde superior de la pared, Hanamichi se impulsó con una fuerte patada y trepó de una sola vez, posteriormente dejó caer su cuerpo hacia adelante, pasando las piernas primero, para caer del otro lado. Lo hizo todo de manera desbocada, sin precaución alguna.
- Auuuch…. Creo que he caído en algo. – se quejó luego de hacer aterrizado sobre su propio trasero.
La caída no fue dura, por el contrario. Al descender notó cómo su propio cuerpo pasaba a llevar otro cuerpo, cayendo sobre este sin contemplaciones. Había aterrizado sobre alguien. Miró rápidamente en rededor para comprobar la situación, y se percató de que 4 extraños sujetos estaban mirándolo de vuelta, sorprendidos, armando un corillo a su alrededor. Miró ahora sobre su propio hombro, en dirección al muro que acababa de saltar y se encontró con una figura bastante conocida.
- ¿Mi-Michy? ¿Qué está pasando aquí? – preguntó Hanamichi, sorprendido. Miró ahora hacia abajo, y al caer en la cuenta que estaba sentado sobre una inerte figura, se puso de pie rápidamente. - ¡Ay no!
- Sakuragi… ¿qué estás haciendo aquí? – susurró Mitsui, repentinamente aliviado. Luego de haber sentido un extraño golpe, a la espera de que Itsuki le destruyera las manos, abrió los ojos de golpe y se encontró con su compañero de equipo sentado sobre el cuerpo de Ryu, que yacía boca abajo. No pudo evitarlo, pero sintió un alivio indescriptible al percatarse de que sus manos estaban a salvo, y de que Hanamichi Sakuragi estaba ahí, en el momento justo para evitar un pésimo desenlace.
- Ah… pero qué mierda… - luego de librarse del peso de Sakuragi, Ryu comenzó a incorporarse lentamente bajo la mirada del resto. La cosa era confusa para todos, y nadie sabía muy bien cómo reaccionar.
Una vez que se hubo puesto de pie, Ryu sacudió el polvo de su ropa, y entonces enfrentó a Sakuragi.
- Pero si eres tú, uno de los nuevos amigos de Mitsui. – escupió ácidamente, encarando al pelirrojo luego de reconocerlo. Y cómo no, un sujeto como Sakuragi era difícil de olvidar.
Hanamichi, tan corto de mecha como era, encendió de inmediato ante tales palabras, reconociendo de igual modo la presencia de Ryu, uno de los cretinos que había atacado al equipo de baloncesto hace unas semanas atrás.
- Canalla…
- Denle su merecido. – ordenó rápidamente Ryu, y ante esas palabras uno de sus secuaces respondió lanzando un potente gancho derecho al pelirrojo.
El golpe impacto limpiamente, pero no causó mayor daño en Hanamichi. Apenas si se movió de su lugar. Pero sí logró hacerlo enfurecer, e iba a devolver el golpe con todas sus fuerzas. No era del tipo de rehuía de los enfrentamientos, y mucho menos cuando lo provocaban. Agarró fuertemente a su atacante por el cuello de su camiseta, e iba a propinarle un fuerte golpe cuando la voz de su compañero de equipo lo detuvo.
- ¡Sakuragi, no! Detente, por favor. Prometimos no volver a pelearnos, y si le pegas… todo habrá acabado. – imploró Mitsui, poniéndose por fin de pie.
Y tenía razón. Hisashi Mitsui tenía razón. Incluso un ex buscapleitos como Hanamichi Sakuragi reconocería la verdad en sus palabras, el verdadero valor de su promesa de no volver a pelearse, por lo que a regañadientes no tuvo más alternativa que soltar y dejar ir al canalla que había osado golpearle, y este de inmediato retrocedió, lejos de su alcance.
- Jajaja, ¡Qué interesante! – rio Ryu, fascinado por el sentimentalismo de los muchachos de Shohoku, repentinamente sin espíritu de pelea. La situación era bastante distinta a cómo se dieron durante el asalto al club de baloncesto. – Anda, ven… y así te podré devolver lo del otro día.
Ryu cogió prestada la barra de metal desde las manos de su hermano Itsuki, y blandiendo hábilmente esta arma se abalanzó sobre Sakuragi. Los reflejos del pelirrojo estaban en su punto, por lo que no le costó mayo esfuerzo esquivar los golpes. Esquivó a la derecha, a la izquierda. Hacía atrás. Anticipar los torpes movimientos de Ryu era tarea fácil. Lo difícil era aguantar el deseo de contraatacar y darle su merecido a ese canalla. Estuvieron en esa especie de danza improvisada hasta que Ryu tuvo que detenerse por falta de aire.
- ¡Alto ahí!
- ¡COBARDE!
- ¡No te atrevas!
- ¡El Ejército de Sakuragi ya está aquí! El gran Nozomi Takamiya les dará su merecido.
Desde lo alto del muro que Sakuragi saltó hace unos instantes, el resto de los miembros de su grupo hizo aparición: Yohei Mito, Chuichirou Noma, Yuji Ohkusu y Nozomi Takamiya. Luego de presentarse, los cuatro chicos saltaron al mismo tiempo y aterrizaron agraciadamente cerca de Sakuragi, cuadrándose de inmediato en posición para la pelea.
- Lo siento, pero me temo que tendrán que enfrentarse a nosotros, y no podrán escapar. – anunció Yohei Mito, tomando la posición adecuada para relegar a Sakuragi. Desde el otro lado del muro había escuchado los suplicantes gritos de Mitsui, y era consiente también de su amigo no podía ni debía pelearse. Además, estaba llegando bastante tarde al partido…
- A-a mí no me hables de ese modo, mocoso… - advirtió Ryu, irritado. Las condiciones habían cambiado, una vez más.
Una cosa era enfrentar a Tetsuo, que plantó pelea hasta las últimas instancias. Distinto fue con Mitsui, que sin ánimos de pelear se las puso sencilla. Pero ahora, contra esos cinco sujetos que seguían al pelirrojo, todo cambiaba. Sabían pelear muy bien, lo recordaba a la perfección.
- ¡Será mejor que te calmes y lo dejes! – replicó Sakuragi, dando un paso al frente.
- Para, Hanamichi. Déjanoslo a nosotros… tu date prisa, la estación de trenes está luego del paso sobre nivel. - Yohei detuvo a su amigo, apoyando su mano sobre su espalda y parándose junto a él. Estaba confiado, como siempre. Ya había enfrentado a Ryu una vez, y podría volver a vencerlo. Lo importante ahora era que su amigo se marchara, que se apresurara rumbo al partido contra Tsukubu.
- Mitsui… márchate o el partido empezará. – inesperadamente Tetsuo se incorporó, a duras penas, junto a Mitsui. Había seguido todos los hechos con atención, desde el anonimato, y ahora se presentaba una oportunidad de revertir las cosas.
Ironías de la vida. Hace unas semanas atrás Tetsuo fue apaleado por Sakuragi y sus amigos. Ahora, sin embargo, parecía ser que estaban en la misma vereda, con un enemigo en común: Ryu la banda de Los Dragones Blancos.
- Es verdad, Mitchy… - convino Sakuragi.- Si no nos damos prisa, el partido empezará…
- Anda, dense prisa, Hanamichi. – apuró Yohei.
- Ve por tu cuarta expulsión, Sakuragi. – agregó divertido Takamiya.
- Chicos… - Hanamichi se giró hacia Yohei y los demás. - ¿Estarán bien? ¿Podrán contra ellos? – quiso saber.
- Sí, será pan comido. – confirmó Ohkusu.
- Entonces lo dejaré en vuestras manos… -aceptó el pelirrojo.
- ¡Sí! Nosotros nos encargamos, jefe. – bromeó Noma.
- Tetsuo… - Mitsui se acercó silenciosamente a su amigo, aún medio aturdido por el golpe en la cabeza.
- Nos vemos, deportista. Demuéstrales lo bueno que eres. – se despidió Tetsuo, efusivamente, y haciendo alusión a las habilidades como basquetbolista de su amigo. Y le sonrió cálidamente. Nunca se sabría cuándo se volverían a ver.
- ¡Corramos, Mitchy! – apuró Hanamichi mientras se acomodaba el bolso en la espalda.
Mitsui no necesitó más indicaciones, e hizo lo mismo. Fue a por su bolso y luego de ajustárselo salió corriendo tras Sakuragi que ya iba escaleras arriba rumbo al paso sobre nivel. Le sabía mal el hecho de dejar atrás a su amigo Tetsuo, pero peor le sabría el hecho de perderse el partido.
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HISASHI
Llegaron tarde.
Cuando por fin aparecieron en la estación Fujisawa-shi el resto del equipo ya no estaba ahí. Se habían marchado sin esperarlos, y como consecuencia tuvieron que abordar el siguiente tren que pasaría 10 minutos más tarde.
- Date prisa Sakuragi, ponte bien esa camiseta… - apuró Mitsui mientras terminaba de ajustarse las zapatillas. Estaba listo, y su compañero aún no terminaba de vestirse como correspondía.
- Ya voy, ya voy… - Sakuragi luchó por ajustarse bien la camiseta, hasta que lo consiguió.
Ambos estaban solos en los vestuarios, intentando acabar luego para llegar a la cancha antes de que el partido iniciara. Y quedada poco tiempo, tal vez solo cuestión de segundos.
- ¿Listo? – preguntó Mitsui una vez Sakuragi hubo terminado de ajustarse sus propias zapatillas.
- Sí, Vamos, Michy.
Pasando por alto nuevamente ese irritante apodo, Mitsui abrió la puerta del vestuario y emprendió el rumbo por los pasillos que conectaban con la cancha, en el centro del recinto deportivo. Nuevamente corrieron a toda velocidad, y conforme se acercaban a su destino el ensordecedor eco de las voces de todos los espectadores en las gradas se fue intensificando en un murmullo ininteligible. Había una considerable afluencia de público para este partido, y así pudo comprobarlo Mitsui cuando por fin entró en la cancha.
- ¡Ya estamos aquí! – gritó Sakuragi, un par de pasos detrás de él.
- ¡Sakuragi! ¡Mitsui! – Ayako fue la primera en recibirlos, aliviada de que por fin pudieran llegar. Faltaba menos de un minuto para el inicio del partido.
- ¡¿Se puede saber dónde demonios estaban?! – exigió saber el capitán Akagi, furioso.
- ¡Mitsui! ¿Por qué tienes el rostro así? ¿Estás bien? – Kogure fue el primero en notar el magullado rostro de Mitsui, y alarmado intentó acercarse a él, pero fue ignorado.
Mitsui los dejó a todos atrás, e ignoró por completo los murmullos de asombro y cuestionamientos de sus compañeros. ¿Qué tenía su rostro? ¿Se había peleado con alguien? ¿Pero cómo pudo pasar? Todo quedó atrás. Solo le interesaba excusarse con quien realmente le importaba.
- Profesor Anzai… - saludó cuando se hubo acercado a él, en la banca. El anciano estaba sentado junto a Kenji Himura, que no vestía el uniforme oficial del equipo, sino que llevaba el buzo deportivo estándar de la Preparatoria Shohoku. Vio preocupación e intriga en los ojos calipso del novato, pero también los ignoró. – Sensei... siento mucho haberle preocupado, pero no me he peleado… en ningún momento. Se lo juro.
Y entonces Mitsui se inclinó ante el profesor Anzai, en señal de respeto y pidiendo disculpas al mismo tiempo. Al levantarse se enfocó en la cálida expresión del anciano, cuya mirada cristalina relucía incluso a través de las gafas. No había dudas en su mirada, ni desilusión ni tristeza. Solo bondad, confidencia y optimismo.
- Te creo, Mitsui. Cuento contigo. – respondió Anzai, asintiendo levemente en respuesta.
No necesitaba más garantía que esa. Una entrañable sensación de calor recorrió su cuerpo, casi similar a la que sintió al abrazar a su madre antes de salir de casa. Comprendió entonces que no solo sentía un gran respeto hacia Mitsuyoshi Anzai, sino que también sentía afecto hacia él.
Takenori Akagi llamó al equipo a formarse antes del inicio del partido. Con la baja de Himura, el quinteto inicial se compuso de Kaede Rukawa, Hanamichi Sakuragi, Ryota Miyagi, Hisashi Mitsui y Takeno Akagi.
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AKIRA
Piiiii Piiiiii
El agudo sonido del silbato rasgó el aire y se sobrepuso al murmullo general del público, retumbando en cada rincón del recinto deportivo.
- ¡Faul técnico! ¡Número 10, Blanco! ¡EXPULSADO! – gritó autoritariamente el árbitro, señalando la quinta falta y consiguiente expulsión de Hanamichi Sakuragi.
Las carcajadas estallaron por doquier, pues era esta la cuarta expulsión consecutiva del pelirrojo y constituía ya todo un récord sin precedentes. Los más asiduos al Campeonato se desternillaban de risa en sus asientos, conocedores de tamaña hazaña; y quienes no entendían el alboroto causado por el suceso, no tardaron en ponerse al día de la situación.
En medio de las gradas, junto a uno de los balcones, el equipo de baloncesto de Ryonan en pleno no daba crédito a lo que sus ojos veían. Algunos estaban atónitos, otros resignados, pero uno de ellos no pudo evitar unirse al clamor generalizado con una nada sutil carcajada.
- JAJAJAJA, ¡No puedo creerlo! Ese estúpido pelirrojo volvió a hacerlo… - Hiroaki Koshino no daba más, y a duras penas se mantenía en su asiento mientras su cuerpo se sacudía frenéticamente por el esfuerzo de la risa. La mirada reprobatoria del capitán Jun Uozumi no logró calmarlo, por lo que simplemente fue ignorado por el resto de sus compañeros.
- Oh no… pobre de Hanamichi Sakuragi… ese árbitro es un canalla. - suspiró Hikoichi Aida, notoriamente decepcionado y molesto con el árbitro. – Esto es una injusticia… ¿no lo cree, Sendoh-senpai?
- Jajaja, no lo sé, Hikoichi. Supongo que algo de razón debes de tener, aunque me parece que Sakuragi no es tan inocente como crees… - respondió Akira Sendoh, contemplando divertido cómo Sakuragi era a la fuerza arrastrado fuera de la cancha por dos de sus compañeros.
El alboroto que causó Hanamichi Sakuragi cuando era sacado de la cancha avivó aún más las risas entre la multitud, y no se quedó callado hasta que tuvo que ser Takenori Akagi quien lo obligara a fuerza de golpes. Todo un espectáculo, pero Shohoku iba ganando cómodamente con una ventaja de 62 puntos contra 21 por parte de Tsukubu.
- Entrará el superior Kogure, el número 5. – advirtió Hikoichi, anotando aquél dato frenéticamente en su libreta.
En efecto, Kiminobu Kogure relevó a Sakuragi e ingresó rápidamente al juego, el cual se reanudó una vez que se logró tranquilizar la furia pelirroja.
- Supongo que Himura no jugará en este partido… con lo que sucedió hace unos días, era de esperarse. – comentó Hikoichi, acomodándose en su asiento para ver los 8 minutos restantes del primer tiempo.
- No, no jugará. – convino Sendoh, negando levemente con la cabeza y fijando ahora su atención en la despeinada y castaña cabellera de Kenji Himura, que estaba sentado en la banca, junto a la asistente de cabello rizado - Si te fijas bien, no viste la ropa adecuada para jugar. Lleva el buzo deportivo de Shohoku.
- ¡Tiene usted razón, Sendoh-senpai! - exclamó Aida, poniéndose de pie y asomándose en el balcón para corroborar aquella información con sus propios ojos.
- ¡Quédate quieto, Hikoichi! No me dejas ver bien. – se quejó amargamente Koshino, que estaba sentado inmediatamente detrás del novato de Ryonan.
Sendoh ya no escuchó más lo que decían sus compañeros, y tampoco siguió con real entusiasmo el resto del partido. Su mirada transcurría aleatoriamente entre las jugadas de Kaede Rukawa cada vez que tocaba el balón y la esbelta figura de Kenji Himura, que compartía palabras con la manager del equipo y el enfurruñado Hanamichi Sakuragi.
- "Es una lástima que no puedas jugar hoy, chico origami… pero supongo que es lo mejor. Aunque a decir verdad, ayer jugaste sin problemas contra mí. Tsukubu no debería ser un desafío mayor para tu capacidad…" – pensaba abstraído, sintiendo cada vez más claro el impulso y deseo de hablar con él. En su bolso tenía algo que quería entregarle, y al verlo apartado del juego se le ocurrió una excusa perfecta poder hacerlo.
Se inclinó sobre sus piernas y abrió rápidamente el compartimiento principal de su bolso deportivo, buscando su aparato móvil. Una vez que lo consiguió, se incorporó y comenzó a teclear un nuevo mensaje.
Akira Sendoh, 9:40 am: ¡Hola! Mala cosa lo de la expulsión de Sakuragi, ¿no?
Envió aquél mensaje y volvió a concentrarse en él. No pasaron ni tres segundos cuando Himura se revolvió en su asiento y extrajo su propio móvil, leyó aquel mensaje y alzó la cabeza mirando hacia las gradas, sin dirección fija.
Sendoh rio entre dientes mientras Himura recorría las gradas, hasta que por fin ambas miradas se cruzaron. Automáticamente le sonrió y alzó la mano a modo de saludo, gesto que fue correspondido (de manera mucho más modesta) por el chico castaño.
Kenji Himura, 9:42 am: ¡Estabas aquí! No me había percatado de que ustedes, los de Ryonan, estaban aquí.
Kenji Himura, 9:42 am: Buen día (:
Kenji Himura, 9:42 am: Y sí, es una mala cosa la expulsión de Sakuragi.
Cuando envió aquellos mensajes, Kenji Himura dedicó una última y discreta mirada de reojo hacia las gradas, y entonces volvió a concentrarse en el partido, pero teniendo el móvil entre sus manos por si recibía un nuevo mensaje.
Akira Sendoh, 9:43 am: Buen día también para ti (: !
Akira Sendoh, 9:43 am: Pero veamos el lado positivo, y es que van ganando por buen margen
Escribió aquellos dos mensajes con una velocidad sorprendente y los envió igualmente rápido. Un fuerte gritó se produjo entre el público luego de que Kaede Rukawa anotara dos puntos más por medio de una espectacular clavada, jugada que fue celebrada por la banca de Shohoku, incluido Kenji Himura y restado Hanamichi Sakuragi, que no se movió ni medio milímetro.
- Eso fue asombroso… - murmuró anonadado Hikoichi Aida, con una mirada de ensoñación y admiración en su rostro.
Sendoh tuvo que admitir que tenía razón, dedicándole una rápida y divertida mirada de aprobación a su compañero antes de volver a fijarse en Kenji Himura. Los segundos y los consiguientes minutos pasaban a una velocidad sorprendente, pero aun no obtenía una contra respuesta. No es que estuviera ansioso por eso, ni mucho menos. Pero quería pedirle quedar para pedirle algo y Himura se dedicó a observar el partido con total concentración, sin perderse movimiento alguno de sus compañeros de equipo.
Cuando quedaban poco menos de un minuto para finalizar el primer tiempo, Sendoh volvió a escribir, decidido a hacer su solicitud.
Akira Sendoh, 9:50 am: Eh, ¿es posible que luego de finalizado el partido nos podamos encontrar bajo, en el pasillo que conecta la cancha con las gradas?
Akira Sendoh, 9:50 am: Me gustaría entregarte algo… y también preguntarte algo (: !
Lo envió, y en esta ocasión la reacción fue inmediata. Himura se desconcertó y despegó sus ojos del juego, concentrándose en su móvil mientras leía los últimos mensajes. Al finalizar, alzo su cabeza en dirección a Sendoh y le dedicó una fugaz mirada de intriga, para luego comenzar a escribir rápidamente su respuesta.
Kenji Himura, 9:50 am: ¡Por supuesto! Nos vemos en el pasillo que conecta la cancha con las gradas al finalizar el segundo tiempo.
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TAKENORI
A veces una especie de gloria momentánea ilumina la mente del hombre, le ocurre a casi todas las personas. Le ocurría exactamente ahora a Takenori Akagi, que podía sentir esa gloria creciendo o preparándose para expandirse dentro de él, como el fuego ardiendo en el camino de la mecha destinada a explosionar la dinamita. Era una sensación extraña para él, y nacía en el estómago, como un deleite indescifrable que le recorría todos los nervios del organismo. Una dulce sensación sobre su piel que saboreaba el espeso y caldeado aire al interior del recinto deportivo, y cada aspiración trayendo consigo una fuerte dosis de anticipación por el futuro que se abría ante él. El sabor de la victoria le producía el mismo placer que un gran bostezo; centelleando en su cerebro y haciendo que todo el mundo brillara con luz propia.
Una hermosa alegoría luego de haber vivido toda su vida deportiva en un mundo gris, contemplando la gloria de otros equipos mientras el suyo propio no conocía más que el polvo de la derrota.
- "No lo puedo creer… lo logramos. ¡LO LOGRAMOS!" – quiso gritar a pleno pulmón, pero contuvo ese impulso, reduciéndolo apenas a una expresión de júbilo interna.
Había tanto que pensar, repasar y analizar, y ahí, de pie en medio de la cancha mientras sus compañeros celebraban la victoria en torno a él, supo que un nuevo ciclo estaba a punto de comenzar. Uno mucho más difícil y complicado que todo lo que hubiera afrontado hasta ahora.
- "Se viene lo más complicado… esto acaba de comenzar..." – se recordó a si mismo luego de sus ojos se toparan con los de su compañero y amigo Kiminobu Kogure, que al contacto visual le asintió levemente para luego seguir celebrando junto a Hisashi Mitsui.
Ahora que estaban oficialmente en octavos de finales, dentro del grupo de los ocho mejores equipos de la prefectura, y ante la perspectiva de los partidos venideros, Takenori Akagi cayó en la cuenta de que su mundo tendría cambios significativos. Y sin haberlo imaginado antes, notó con mayor claridad cómo aparecían fuerzas que moldearían su futuro incierto. Una de dichas fuerzas correspondía a cierto sujeto de roja cabellera, cargada de incertidumbres. Instintivamente su vista buscó a un enfurruñado Sakuragi, que al margen de sus compañeros estaba cruzado de brazos, mirando ensimismado cómo los otros celebraban.
Hanamichi Sakuragi había sido expulsado por cuarta vez consecutiva luego de una seguidilla irrefrenable de cinco faltas en menos de diez minutos. Y Akagi tuvo más claro que nunca que esas faltas fueron, en parte, culpa de su rol como capitán.
- "No debí decirle ese estúpido secreto de matar al oponente con la mirada. Cometí un grave error al subestimarlo de esa manera." – se reprendió a sí mismo, pero prometiéndose al mismo tiempo que buscaría la manera de ayudarle a fortalecer sus debilidades y trabajar su punto de utilidad para el equipo.
Lo había estado analizando hace un par de días, notando que la habilidad en salto de Hanamichi Sakuragi era algo que podría y debería ser trabajado para bien.
- "¿Será capaz de hacerlo? ¿Será capaz de aprender a dominar el tablero y obtener los rebotes para el equipo?" – comenzó a preguntarse mientras el frenesí de la celebración continuaba a su alrededor. Se le oscureció el semblante, y su inquisidora mirada no se despegaba del cuerpo del enfurruñado Hanamichi Sakuragi.
Sabía que era cierto que dos hombres pueden levantar una piedra mayor que la puede levantar un hombre solo; que un equipo puede construir hazañas más gloriosas, mejor ejecutadas y más deprisa que un hombre solo. Era una antigua creencia popular o refrán o enseñanza, algo por el estilo que su padre le había dicho hace ya mucho tiempo atrás.
Y sabía, más ahora que nunca, que el pelirrojo Sakuragi necesitaría de toda su ayuda, instrucción y guía para poder explotar sus habilidades y convertirse en alguien de provecho, en alguien indispensable. En un nuevo pilar de fortaleza para Shohoku, más no una debilidad.
- Eh, Sakuragi… - Akagi se acercó lentamente hasta él y pronunció aquellas palabras en un tono bajo, pero grave, consiguiente la atención inmediata del pelirrojo.
- ¿Hmn? Gori… ¿qué sucede? – preguntó taciturnamente Sakuragi, más decaído de lo normal.
Y aquél extraño nuevo comportamiento del pelirrojo, llamó la atención de Akagi.
- Aunque no lo creas, hiciste un buen juego… - Akagi se acercó otro tanto más, hasta pararse frente a Sakuragi. La diferencia de estatura entre ambos era considerable, pues el capitán de Shohoku le sacaba casi diez centímetros de ventaja, y su cuerpo era mucho más musculado y voluminoso.
Pese a ese hosco y serio halago, el pelirrojo no dio muestra alguna de sentirse aludido. Devolvió una mirada desafiante e incrédula, aun de brazos cruzados, como si no creyera ninguna sola palabra. Por poco pensó que Akagi le estaba tomando el pelo, pero cayó en la cuenta de que eso era poco probable, casi imposible, ya que los gorilas no suelen tener humor para ese tipo de cosas. Bajo esa lógica, lenta y paulatinamente su ánimo y semblante comenzó a mutar a medida que aceptaba por real el hecho de que efectivamente había jugado bien, y que el problema de la expulsión era tan minúsculo y secundario que palidecía en comparación con sus prodigiosas habilidades.
- Jejeje, ¿tú crees? - a Sakuragi se le iluminó el rostro mientras comenzaba a rascarse distraídamente la nuca. – Bueno, eso es normal, porque soy un genio muy talentoso. – agregó con una radiante sonrisa.
El pelirrojo rio de buena gana, aunque de una manera mucho más modesta de lo normal, y por primera vez Akagi decidió dejarlo pasar por alto, ignorando aquellas carcajadas que tanto lo irritaban.
- Lo que tú digas, Sakuragi… Pero no es momento de celebrar, hay mucho trabajo por delante y tendremos que comenzar a entrenar la nueva táctica que quiero que aprendas. – dijo Akagi en tono serio, casi sepulcral.
La carcajada cesó al instante, de golpe. Y la sonrisa de suficiencia fue reemplazada por una nueva mirada desafiante, pero no de arrogancia sino que de autodeterminación. Si bien Hanamichi Sakuragi no era una lumbrera ni muy perspicaz en muchos asuntos de la vida, si era lo suficientemente capaz de concluir con las palabras de su capitán de que él era necesario. Era esta la primera vez que lo tomaba en cuenta de esa manera, invitándolo directamente a entrenar juntos.
- Puedes contar conmigo, Gori. – asintió Sakuragi, sacando pecho, henchido de orgullo.
- Así me gusta, Sakuragi… Y ahora vamos a los camarines, que luego tenemos que partir todos juntos a Shohoku.
E inusualmente, Akagi alargó su brazo derecho para depositar su enorme mano sobre la cabeza del pelirrojo, removiendo sus cabellos de manera enérgica.
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KENJI
Tanto el equipo de Tsukubu como el equipo de Shohoku se dirigieron rumbo a sus respectivos camarines, dejando atrás a la multitud del público que lentamente comenzaba a desperdigarse, algunos dispuestos a abandonar el recinto y otros simplemente a dar una vuelta por los alrededores o permanecer en sus asientos a la espera del siguiente partido.
Abajo, en la cancha, el personal de aseo comenzaba a trapear la duela de madera de extremo a extremo, borrando cualquier vestigio, mancha o testimonio de la reciente victoria de Shohoku. Los árbitros y jueces conversaban entre ellos, departiendo unas cuantas reglas y comentarios amistosos respecto al desarrollo del Campeonato Interestatal de Baloncesto.
Lo mismo hacía la delegación de la Preparatoria de Tsukubu, cuyo entrenador ofrecía unas últimas palabras de cortesía a su contraparte, Mitsuyoshi Anzai. A unos pasos de distancia de aquella comitiva, Ayako terminaba de recoger sus papeles, seguida de cerca por el novato Kenji Himura, que se había excusado de ir a los camarines junto al resto de sus compañeros.
- Creo que debería… - Himura se interrumpió para corregirse a sí mismo. - Más bien necesito encontrar una forma de entrenar y mejorar mi condición física… - añadió mientras ayudaba a la mánager a guardar sus estadísticas en la carpeta que cargaba para ese fin.
- Bueno, sí… Y no solo tú. – convino Ayako. - Salvo el capitán Akagi, que se dedica a entrenar con pesas y ese tipo de cosas, nadie más en nuestro equipo lo hace… Y si nos comparamos con otros equipos de primera categoría, no solo nos daremos cuanto de que estamos faltos de estatura, sino que también de condición física y masa muscular.
La manager de Shohoku pronunció aquellas palabras, a modo de diagnóstico, con cierto aire de suficiencia y orgullo. Se tomaba muy en serio su rol como asistente del equipo, y por ello es que se había dedicado a estudiar con dedicación a cada uno de sus compañeros, indagando en cuestiones más allá de sus estadísticas de pases, tiros y aciertos, robos, etc. Le había pedido ayuda a su padre, que era un especialista en medicina deportiva.
- Y una vez que vayamos al Campeonato Nacional las cosas serán mucho más complicadas… Ayako, necesito hacer algo al respecto.
- Lo sé, querido. Y debes hacerlo. – Ayako se detuvo a medio camino rumbo a los camarines y miró con cierto aire protector al novato, palmeando levemente su hombro derecho con la ayuda de su mano libre. Sentía una debilidad especial por él, del mismo modo que la sentía por Kaede Rukawa y Hanamichi Sakuragi.
- He estado pensando que tal vez debería apuntarme a un gimnasio o algo así…. Conseguir la guía de alguien que sepa al respecto. Podría ir durante mis tiempos libres… - Himura se rascó suavemente la nuca y miró de reojo hacia las gradas, donde el equipo de Ryonan comenzaba a ponerse de pie. Se disparó una alarma dentro de él, pero lo disimuló lo mejor que pudo.
- ¿Tiempo libre? ¿Qué acaso te queda algo de tiempo libre con todo lo que haces? – ironizó Ayako, pero riendo de buena gana. Su comentario no fue malintencionado.
- Ayako… ¡Claro que sí! Siempre se consigue tiempo libre si se quiere hacer algo realmente importante. - Himura protestó y se ruborizó levemente por aquél comentario, volvió a mirar de reojo hacia las gradas y notó la mirada de Akira Sendoh sobre ellos.
- Me alegra saber que pienses así, Himura-kun… Y justamente sé de un lugar al que podríaa ir luego de clases, o incluso antes de clases. Y está cerca de Shohoku, a solo un par de… - Ayako interrumpió su discurso al notar que el novato ya no caminaba junto a ella. Se giró sobre sus pies para buscarlo con la mirada.
- ¿Ah sí? - preguntó Himura desde una distancia de dos metros, de pie junto a la entrada que daba al pasillo interior que conducía a los camarines. Una incómoda sonrisa se adornaba en su rostro.
- ¿Qué haces ahí? – preguntó inquiridoramente Ayako, e iba a comenzar a desandar el camino cuando el otro chico la interrumpió.
- Me gustaría saber de aquél lugar del que hablas… ¿pero puedes decírmelo más tarde? Tengo algo que hacer antes de que nos marchemos. – saltó Himura, señalando torpemente hacia las gradas, a su espalda.
- ¿Qué es eso que tienes que hacer? – quiso saber Ayako, alzando una de sus cejas, pero deteniendo su marcha.
- Qu-quedé con un conocido para intercambiar algunas palabras… eso es todo. – respondió rápidamente el chico, sin faltar a la verdad. - Ya te contaré cuando te alcance en un momento.
- Ah, ya… - Ayako notó el noto imperativo y de importancia en la voz del novato, y la curiosidad hizo encender su radar. Algo había en aquél asunto, pero tampoco iba a forzar las cosas más de lo necesario. Ya se enteraría de qué iba el asunto. – Pues no tardes, te estaré esperando a la salida para que me cuentes todo. ¿Ok?
Y Ayako se despidió del novato girando sobre sus propios pies para dirigirse a los camarines de chicas, cambiarse de ropa para vestir el uniforme escolar y poder esperar al resto del equipo (y a Himura) a la salida del recinto. En cuanto desapareció tras una bifurcación, el chico castaño relajó los hombros y se giró, y comenzó a caminar rápidamente a través de la cancha, en sentido contrario, hacia el pasillo que conectaba con las gradas superiores.
Kenji Himura casi esperaba que Akira Sendoh saliera corriendo de las gradas y llegara a su encuentro para compartir un par de minutos antes de que ambos tuvieran que abandonar el recinto con sus respectivos equipos. Sendoh le había dicho que tenía algo que entregarle, y sin saber bien por qué, aquél enigma le tenía intrigado. ¿Qué sería aquello que le quería dar? No lo sabía, pero fuera lo que fuera, estaba seguro de una cosa: le pondría su expresión más risueña y le agradecería con alguna frase bobalicona. Las sorpresas eran de su total agrado.
- Eh… ¡Chico origami! – Akira Sendoh apareció en el pasillo, cargando su bolso deportivo a la espalda y luciendo una radiante sonrisa.
Aquella sonrisa, antes que cualquier otra cosa, fue lo que captó la atención de Kenji Himura. Era como un faro en medio de la costa de una mansa bahía.
- Eh, Sendoh… ¿Qué tal te va? – Himura correspondió el saludo y ambos se encontraron en medio del solitario pasillo. Inmediatamente se sintió torpe y falto de habilidades sociales por haber formulado aquella estúpida pregunta, pero ya estaba hecho.
- Bien, todo bien. – respondió sonrientemente Sendoh. – Tanto tiempo sin vernos, ¿eh?
- ¿Ah? Pero si nos vimos ayer en la mañana… - repuso Himura, incrédulo.
- Jajaja, lo sé. – aceptó Sendoh, riendo de buena gana. – Pero se sintió como si hubiesen pasado mil años.
- Bah, exageras. – bufó Himura, sin saber bien cómo reaccionar. ¿Acaso riéndose por aquella broma o acaso poniéndose serio por aquella exageración del tiempo? Era todo confuso con Akira Sendoh, y no sabía por qué.
- Oh, no. No exagero, ya que para mí se sintió de esa manera, pequeñín. – refutó Sendoh, aún más sonriente si cabe.
Secretamente, Akira Sendoh se había puesto en plan bufón con el fin de exasperar ligeramente al novato de Shohoku. Por lo poco que lo conocía, intuía que era una persona principalmente racional, por lo que buscaría siempre alguna manera de refutar los argumentos que fueran erróneos o inexactos. Lo cierto, además, es que desde el encuentro del día anterior no había podido dejar de darle vueltas a algunas de las palabras que le había dicho. - "También tengo un problema, y ese es que al dormir sueño rarezas, todas ellas relacionadas con personas que ya no están aquí conmigo. Pero trato de combatirlas al ser capaz de inventar otro mundo, a mi modo, mi mundo perfecto…" – recordó particularmente aquella especie de confesión velada con misterio y tristeza.
Y quería exasperarlo ligeramente, pues para remediarlo tenía una sorpresa: traía consigo algo que de seguro le gustaría (o eso pensaba).
- Pero aun así, mil años es una exageración. No hay forma de que pudieras sentir taaaanto tiempo en apenas un solo día. A no ser claro que estuvieras sufriendo algún martirio o tortura. Pero dudo que sea el caso, ya que te veo muy bien y sonriente. – replicó Himura, cruzándose de brazos y fingiendo molestia. Fingiendo, porque en el fondo, le gustaba conversar con Sendoh y sabía que el otro solo estaba bromeando, exagerando como solían hacer las personas rimbombantes.
- Jejeje, créeme que te sorprendería lo diferente que puede ser la percepción del tiempo en cada persona, chico origami. Y si sonrío, es porque estaba esperando para poder verte y hablar contigo. – comentó conciliadoramente Sendoh, mientras avanzaba otro par de pasos más en dirección a Himura. – Pero tienes razón, exageré un poco.
- Jajaja, ves… lo sabía. – rio Himura, pasando por alto lo relativo a la sonrisa. – Aunque supongo que tu igual tienes razón. Eso de la percepción es algo muy personal…
- Ajá, gracias… y con eso creo que anoté un punto.
- ¿Un punto? – preguntó confundido Himura, observando la imperturbable y casi hipnótica sonrisa de Sendoh.
- Sí… Tú tenías razón al decir que exageré, y yo la tuve al decir que la percepción es personal. Es un empate. – explicó el chico de Ryonan, como si todo el asunto hubiera sido un sencillo juego.
- Ah… - Himura asintió con la boca abierta, incrédulo. – "Sencillamente, Sendoh… eres un caso particular. ¿Eh?" – iba pensando, sin saber qué más decir al respecto.
- Bueno, te pedí encontrarnos porque quería preguntarte algo… y también darte algo. – Sendoh cambió de tema e instintivamente comenzó a rascarse la nuca.
- ¿Ah sí?
- Sí… entonces... ¿qué prefieres primero? ¿La pregunta, o el obsequio?
- La pregunta. – respondió rápidamente Himura, sin dudarlo, y Sendoh se sonrió a si mismo por tal determinación.
- Este viernes… ¿un nuevo uno contra uno, luego de clases? – propuso Sendoh con un tono de voz determinante.
Sendoh le había dado vueltas a esa idea durante toda la mañana, y ante la reciente victoria de Shohoku se terminó de convencer para proponer ese nuevo encuentro. Sabía por experiencia propia lo fuerte que era el equipo al que tendrían que enfrentarse Shohoku en la siguiente ronda, e instintivamente sintió un protector deseo de ayudar a Himura de alguna manera, para que estuviera más preparado.
- ¿El viernes? – repitió Himura. – Pero el sábado tendremos partido contra Shoyo… y ustedes en Ryonan también tendrán partido. ¡El primer partido para ustedes!
- Ah... sí. No había tomado eso en cuenta. – reconoció distraídamente Sendoh, rascándose la mejilla derecha. – Pero podríamos tener un duelo liviano, nada muy exigente. ¿No? - La solución se le antojó simple, pues realmente tenía ganas de ese encuentro, de volver a jugar contra él. Sus habilidades eran muy superiores, estaba claro, pero aun así se le hacía agradable compartir y pasar el rato con él.
- Bueno… el viernes tenemos clases hasta las 3 de la tarde, y luego entrenamiento… pero como hacemos siempre antes de un partido importante, lo más seguro es que Akagi se tome las cosas con calma y terminemos más temprano de lo habitual… - comenzó a murmurar Himura, analizando los hechos en voz alta, más para sí mismo que para Sendoh, ensimismado.
- Jajaja – rio suavemente Sendoh entre dientes, sin que el otro se diera cuenta de ello.
- Sí, después del entrenamiento estaría bien… - concluyó Himura. - Y en esta ocasión yo te derrotaré, Sendoh. – agregó convencido y mirando desafiante al as de Ryonan, pero aún cruzado de brazos.
- Estoy seguro de que lo intentarás. – reparó Sendoh, sonriéndole amablemente, tomándose a bien aquél desafío. – Por cierto, felicidades por el triunfo. Han llegado bastante lejos, aunque no me sorprende… Shohoku ha mejorado notablemente.
- Gracias… y eso que no he jugado. – Himura, al igual que hizo Sendoh, se rascó suavemente la nuca, repentinamente cohibido.
- Oh… y antes que lo olvide. – recordó de pronto Sendoh, rebuscando entre uno de los compartimientos de su bolso deportivo. – Ten… te traje esto. – luego de encontrar lo que buscaba, se lo arrojó al otro chico, quien gracias a sus reflejos de un deportista, lo recibió en el aire.
- ¡Leche de soya, con sabor a chocolate! – exclamó sorprendido Himura, leyendo con atención las etiquetas de la pequeña caja individual de lácteo que le obsequió el chico de Ryonan. - ¿Es para mí? Oh…muchas gracias, Sendoh-kun… ¿Pero dónde conseguiste esto? Nunca había visto una en las góndolas del supermercado.
- Lo compré ayer en la tarde, en un supermercado que está cerca de casa… espero que te guste, porque yo ya la probé y es realmente deliciosa. – explicó Sendoh, henchido de orgullo por la favorable reacción del otro chico.
- Ya veo… Muchas gracias, Sendoh. La probaré con muchas ganas.
- No hay de qué… - Sendoh volvió sonreírle de buena gana, mientras observaba cómo Himura continuaba examinando las etiquetas de la caja de leche. – "Parece un niño pequeño con juguete nuevo" – pensó. – Entonces… este viernes después de clases.
- Hmn… - Himura despejó la vista del cartón de leche de soya y los fijó en Sendoh. – Sí. Dalo por hecho… hablemos durante la semana para coordinar.
- Me parece. – asintió Sendoh, sosteniendo la mirada calipso de Himura, cuyos ojos estaban cargaos de curiosidad, una genuina alegría y sorpresa por su regalo, además de algún ápice de determinación y anticipación. – Bien… supongo que será mejor que me marche, los chicos me están esperando en el hall.
- Y yo también debería marcharme, tengo mis cosas en el camarín y debería ponerme el uniforme para ir a clases. – comentó Himura, rascándose la mejilla derecha, al igual que hiciera Sendoh hace unos instantes.
- Bien… entonces, nos vemos… Chico origami. – se despidió Sendoh, alzando la mano derecha pero sin moverse de su sitio.
- Sí... si. Nos vemos, Sendoh-kun.
- Nos vemos, Himura-kun. – volvió a despedirse Sendoh, girando lentamente su cuerpo ante la atenta mirada del otro chico, que permanecía estático en su posición.
Akira Sendoh comenzó a caminar lentamente en sentido contrario, rumbo al pasillo transversal que conducía al hall central del recinto y por consiguiente a la salida. Y Kenji Himura siguió sus pasos en completo silencio, escuchando el retumbar de las suaves pero firmes pisadas del chico que le acababa de obsequiar una leche de soya con sabor a chocolate. Debía irse luego, pues se le venía un largo día de clases por delante, luego de un entrenamiento y por último una visita al Hospital Clínico Kamakura para recoger sus exámenes médicos. Pero sus pies no atinaban a reaccionar y emprender la marcha. Sin saber por qué ni cómo, un amargo sabor comenzó a inundar su boca, y desesperado por hacerlo desaparecer, hizo lo primero que su mente pensó ayudaría para ello.
- ¡Eh, Sendoh! – gritó, reaccionando.
- ¿Hmn? – el aludido se detuvo un paso antes de doblar hacia la derecha, y giró lentamente sobre sus pies para ver al otro chico.
- ¡Muchas gracias por esto! – volvió a gritar Himura, contento mientras agitaba la caja de leche en el aire. - ¡Realmente fue una agradable sorpresa!
- Oh… me alegra mucho saberlo. – dijo Sendoh en tono alto, pero sin gritar. Asintió una vez más con la cabeza y volvió a girarse para desaparecer por el pasillo hacia la derecha.
Kenji Himura notó ahora cómo el amargo sabor había desaparecido de su boca, y entonces comenzó a caminar lentamente pero serenamente hacia los camarines, consiente del suave agarre de su mano izquierda sobre la caja de leche.
xXx
YOHEI
Rumores.
Forman parte de toda sociedad o grupo humano, y comienzan siempre con una base de certeza que conforme van pasando de boca en boca se tergiversa de manera tal que al final poco y nada tienen que ver con la realidad misma. Todos escucharon, vieron y presenciaron tal hecho, y creen siempre recordar con exactitud qué fue lo que sucedió. Pero a la hora de atestiguar con evidencias, el silencio gobierna. Es lapidario.
Sin embargo, entre los jóvenes poco importa la evidencia. El rumor es un comidillo ineludible que constituye una práctica social casi intrínseca en las relaciones interpersonales. Si no ha circulado un rumor sobre ti, sea este bueno o malo, simplemente no existes. Y desde hace un par de días la existencia de cierto pelirrojo apellidado Sakuragi era todo cuanto se hablaba en los pasillos de Shohoku. La comunidad escolar en pleno se encontraba en un frenesí de comentarios y opiniones acerca del pelirrojo, y todos tenían algo que decir acerca de él, aunque nada bueno ni agradable.
- Arggggh vaya día…. – articuló entre bostezos Hanamichi Sakuragi, estirando sus largos brazos para despertar de aquella ensoñación que le embargaba.
El receso para almorzar había comenzado hace cinco minutos, y tanto Sakuragi como sus fieles amigos Yohei Mito, Chuichirou Noma, Yuji Ohkusu y Nozomi Takamiya se habían reunido a las afueras del salón 7 de primer año para ir juntos a almorzar.
- Hanamichi… pese a la expulsión, hoy lo hiciste muy bien en el partido. Definitivamente los rebotes son lo tuyo. – comentó Yohei, totalmente serio respecto al progreso de su amigo.
- ¿Ah? – Hanamichi se giró sorprendido hacia su fiel amigo. - ¡Tú sí que lo entiendes bien, amigo! Tienes toda la razón.
- La última vez te expulsaron casi al inicio del primer tiempo, pero ahora lograste aguantar casi hasta el final del primer tiempo… - agregó Yuji Ohkusu, aunque no de manera bien intencionada, pues intencionadamente dio pie a la réplica de Noma.
- ¿Estás enfermo, Hanamichi? No es normal que aguantes tanto tiempo sin ser expulsado. – preguntó sarcásticamente Chuichirou Noma, retrocediendo un par de pasos para ubicarse fuera del alcance del pelirrojo. Lo mismo hicieron Ohkusu y Mito.
- ¡Eso es! ¡De seguro en el próximo partido todo volverá a la normalidad y no durarás más de cinco minutos! – a diferencia del resto, Nozomi Takamiya lazó aquello sin tomar la precaución de alejarse de Sakuragi.
- Jajajajaja
- JAJAJAJA
Estallaron los cuatro entre carcajadas, al mismo tiempo que un furioso Sakuragi se revolvía en contra de Takamiya y le propinaba un certerísimo cabezazo que acalló las risas de inmediato. La dosis diaria de humor a su costa ya había sido saldada.
- ¡Idiotas! Malditos vagos sin asunto, no saben absolutamente nada acerca del basquetbol. – murmuró Sakuragi, ahora recuperado y distraído. En su cabeza no dejaba de darle vueltas a las palabras de Takenori Akagi. – "Hay mucho trabajo por delante y tendremos que comenzar a entrenar la nueva táctica que quiero que aprendas" – se repetían en su cabeza casi como si de un mantra se tratase. ¿Qué táctica sería esa que quería enseñarle? – "Más le vale que no sea otra estupidez como ese fiasco de matar con la mirada" – se dijo, jurándose a sí mismo que no aguataría otro engaño como aquél.
- Vamos, ponte de pie. Si no nos damos prisa nos quedaremos sin los bocadillos… - mientras el resto del grupo emprendía el camino hacia las escaleras para ir a la cafetería, Yohei Mito ayudó al abatido Takamiya a ponerse de pie. Tarea nada sencilla dado su gran peso.
- Es un bruto… - se quejó Takamiya, aceptando con su mano derecha la ayuda de su amigo.
- Así es, pero ese bruto se está esforzando. – convino Yohei, sonriente.
- ¿Y a donde diablos se fueron todos? ¿No has notado que últimamente la gente huye de nosotros? – preguntó Takamiya una vez se incorporó y ambos reemprendieron también la marcha, siguiendo los pasos del resto que ya estaba bastante más adelantado.
Y en efecto, Yohei no pudo sino estar de acuerdo. Los pasillos estaban completamente desiertos, y también era evidente para su desarrollada intuición de que la gente parecía evitarlo más que nunca.
- ¿No es eso normal? – replicó Yohei, irónicamente y encogiéndose de hombros.
- Tssssk…. ¡Eeeeey! Mito…. ¡Mi-tooooo!
El suave pero audible susurro de una voz femenina emergió de algún rincón desconocido de los pasillos del segundo piso, llamando la atención de algunos miembros del Ejército de Sakuragi.
- ¿Hmn? ¿Alguien escuchaste eso? – preguntó Nozomi Takamiya, deteniéndose en seco, mirando en rededor para encontrar la fuente del sonido.
- Acaso fuera el viento, Takamiya... – respondió Yohei. - Ven, vamos. Demonos prisa o de lo contrario nos quedaremos sin loss bocadillos. – agregó.
- Estoy seguro que escuché algo… tal vez se trate de fantasmas… - murmuró Takamiya, con la vista fija hacia el final del pasillo, en el sentido contrario hacia donde iban sus amigos.
- ¿Qué dices? ¿Fantasmas? – Yohei se dirigió incrédulo y a la vez divertido hacia su amigo, comprendiendo que hablaba completamente en serio, pues había dejado de lado el asunto de los bocadillos. Sus sagrados bocadillos.
- Ajá… y creo que proviene de allá. – confirmó el gordito, señalando con su mano, al mismo tiempo que daba un titubeante paso en aquella dirección.
- ¿No…. No estarás bromeando, Takamiya? – Yohei, repentinamente nervioso por la actitud de su amigo, miró de reojo hacia el resto del grupo, pero ya no estaban ahí. Probablemente continuaron sin esperarles, descendiendo las escaleras para ir rumbo a la cafetería.
- ¡Eeeeey! Mito. ¿Qué haces ahí? Te estaba llamando a ti.
Sin previo aviso, la esbelta figura de Ayako emergió de una de las aulas de primer grado, quedando al descubierto. Había sido ella quien llamaba a Yohei Mito, susurrando su nombre desde el anonimato.
- ¡Ayako!
- ¡AYAKO!
Exclamaron ambos chicos al unísono, siendo silenciados al instante por el certerísimo abanico de Ayako.
- ¡No griten de esa manera, que nos escucharán! – susurró fuertemente entre dientes la chica, arrastrando a ambos de un solo golpe hacia el umbral de la puerta de una de las aulas más cercanas. Toda una hazaña, considerando que se trataba solo de una chica.
- Auch… Ayako, ¿me puedes explicar qué está sucediendo? ¿Qué haces en el pasillo de los alumnos de primer grado? – exigió saber Yohei mientras se sobaba la zona golpeada.
Takamiya asintió en silencio a las palabras de su amigo.
- Quería hablar contigo, Mito. A solas... – respondió rápidamente la chica, haciendo desaparecer su abanico como por arte de magia. – Bueno, con todos ustedes en vuestro grupo, a excepción de Sakuragi. – Agregó luego de fijarse por primera vez en la presencia del gordito Takamiya.
- ¿Qué sucede? – preguntó Yohei, más serio que de costumbre.
- Vaya Ayako, ¿acaso ya te decidiste y nos quieres pedir una cita? – bromeó Takamiya, pero fue opacado olímpicamente por la seriedad de su amigo y también de la mánager del equipo de baloncesto, que pasaron por alto su comentario.
- Mito… ¿qué sabes acerca del boletín escolar que dirige Mari Kawai?
Ayako decidió abordar el problema directo por la tangente, pero antes de exponer su incertidumbre, creyó que lo mejor sería averiguar qué tanto podría saber Yohei Mito respecto al origen de los rumores que circulaban sobre Hanamichi Sakuragi. Él era su amigo más cercano, y por añadidura todo lo que el pelirrojo llegase a saber, lo sabría también Mito.
- Mmm sé que es una revista rosa, más llena de chismes que de noticias de verdad... – respondió Yohei, rascándose la barbilla para intentar recordar todo lo posible. Mal que mal, aún era un alumno de primer grado, y naturalmente aún había cosas de Shohoku de las que no estaba enterado.
Ayako lo observó meditar, en silencio, con las manos apoyadas en las caderas y tambaleando suavemente su pie derecho. Tenía poco tiempo, y debía abordar este asunto con rapidez. Y una vez que le pareció que Mito no agregaría nada más a su respuesta, se exasperó.
- ¿Y ya? ¿Eso es todo cuanto sabes? – Ayako cambió su posición, mirando rápidamente hacia el pasillo para comprobar que no hubiera nadie cerca. Especialmente comprobando que no estuviera Sakuragi por ahí, escuchando a hurtadillas.
- Mm sip. Solo eso. – asintió Mito. – Ayako… ¿sucede algo?
Yohei sabía que no era normal que Ayako se acercara a él para hablar de cualquier cosa, y mucho menos para hacerlo a solas, sin nadie alrededor (salvo Takamiya) y en un tono de secretismo como el que estaba empleando. Algo había en todo ese asunto, y así lo intuyó.
- Bien…. seré directa. – resopló Ayako, inspirando a conciencia antes de comenzar. – Mari Kawai, que al igual que yo va en segundo grado… pero en otro salón, es la presidenta del club de periodismo de Shohoku. Dirige una especie de revista mensual, principalmente enfocada a los pormenores y detalles de los clubes más destacados, como el de béisbol. La verdad es que nunca he seguido sus publicaciones porque su estilo es francamente horrendo. – continuó explicando, captando la atención absoluta de los otros dos chicos. –Hasta ahora, Mari Kawai no le había prestado mucha atención al equipo de basquetbol, pero luego del incidente de Himura en la azotea, el otro día… pues de algún modo llegó hasta sus oídos una especie de rumor de que Sakuragi estaba detrás de todo y de que fue el culpable de que casi se cayera al precipicio.
- ¿Y crees que escribió algo al respecto? – preguntó Yohei, captando al instante la esencia de la cuestión.
- No es que lo crea, sino que efectivamente lo hizo. Hoy publicó una edición especial sobre el incidente y no se habla de otra en Shohoku. – respondió Ayako, preocupada.
- Oh no… ¡Tenemos que leer esa noticia, Yohei! ¡Hanamichi se querrá morir jajaja! - estalló divertido Takamiya, pero fue callado inmediatamente por el implacable abanico de Ayako que aterrizó de golpe en pleno rostro. El golpe fue tan potente, que se podría decir que rivalizaría con los cabezazos mortales de Sakuragi.
- Mito… ¡Tienes que impedir que Sakuragi lea esa porquería! – advirtió Ayako, recomponiéndose del impasse con Takamiya. – Estamos en un momento clave del Campeonato Interestatal, este sábado nos enfrentaremos contra Shoyo y lo que menos necesitamos ahora es que Sakuragi se descontrole con esta situación.
- Pero Ayako...
- No, Yohei. – lo atajó de inmediato Ayako, llamándolo directamente por su nombre. – Esto es importante. Tú mejor que nadie debes saber cuánto se esfuerza Sakuragi por superarse.
- Tienes razón Ayako, pero no entiendo qué es lo que quieres que haga. – replicó Yohei, a la defensiva, aunque entendiendo el punto de la mánager. Sakuragi era su amigo, y lo conocía a la perfección. Sabía más que nadie que detrás de esa pose de arrogancia se escondía una sensibilidad única, y que contrario a lo que todos pudieran creer de él, era en efecto muy vulnerable a la opinión del resto de las personas.
- Tan solo procura que no se entere de esos rumores, y que mucho menos caiga en sus manos ese estúpido boletín. – sugirió, o más bien ordenó Ayako. – Con eso será suficiente. Apostaría lo que fuese a que en una semana eso será noticia del pasado y todos en Shohoku estarán concentrados en chismorrear sobre otra persona.
- Eso espero, Ayako… - convino Yohei. – "Por el bien de Hanamichi, eso espero…" – agregó para sus adentros.
