Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Tomo prestado parte de eso en el presente fanfic sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.
Advertencia: el presente fanfic insinúa detalles que no siguen el canon debido a que está ligado a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.
Este fanfic es para los "Desafíos 2.0" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
FM8: Elecciones.
El segundo año parecía escurrirse como agua entre los dedos. Al menos eso pensaba Sirius, que después de horas de parlotear con quien quisiera oírlo sobre la boda de Andrómeda (y eso le llevó bastante), tuvo encima las vacaciones de Semana Santa, llenas de tareas y entrenamientos de quidditch, a lo cual había que sumar la preocupación de cómo y cuándo iban él y sus amigos a hablar con Remus.
—Chicos, vamos, tenemos mucho qué estudiar.
Una tarde de mayo, después de las vacaciones de Semana Santa, James puso mala cara a la frase de Remus, lo mismo que Sirius, cuando estando en su dormitorio, el de cabello castaño pretendía que se levantaran de sus camas.
Los exámenes se aproximaban, pero ellos pocas veces tenían dificultades con ellos. No se explicaban cómo Remus, que también era muy listo, se tomaba la molestia de repasar cuando era evidente que obtendría resultados casi iguales a los suyos.
—¿Me ayudarías con Transformaciones, Remus? —pidió Peter entonces.
Peter era un caso aparte. Sirius a veces se divertía explicándole cosas, sin poder creer que no las captara enseguida, pero tanto él como James carecían de paciencia cuando el tema era especialmente complicado y delegaban en Remus la tarea de que terminara de enseñarle.
—Claro. ¿Y ustedes, chicos, no piensan estudiar?
—Ya lo sé todo —aseguró James con una mueca.
—Igual —secundó Sirius.
—Bueno, entonces vamos a la biblioteca, Peter, tengo que devolver unos libros.
Cuando los dos se marcharon, Sirius vio a James enderezarse y estirar los brazos.
—¿Lo repasamos? —preguntó.
Sirius estuvo de acuerdo, levantándose entonces.
La idea en esencia era simple, pero las consecuencias quizá no. El chico de apellido Black le había dado muchas vueltas desde que James la propuso, sobre todo cuando Peter expresó algunas dudas que eran ciertamente preocupantes. Pero James, con diversos gestos despreocupados, subsanó los pequeños inconvenientes, así que Sirius estaba listo para secundarlo.
Por increíble que sonara, iban a hacer que Remus confesara su condición.
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A la hora de comer, Peter comentaba en la mesa de Gryffindor que ya no creía reprobar el examen de Transformaciones, agradeciéndole a Remus que le ayudara con eso. El joven Lupin le quitó importancia con un ademán.
—Me sorprende que Potter no te ayudara, ¿no es su mejor tema? —preguntó Lily Evans, arrugando la frente.
—James y Sirius casi nunca estudian —indicó Peter, encogiéndose de hombros.
—¿Eso qué significa?
—Se aburren de enseñarle a Peter y antes de gritarle, mejor me piden que le ayude —indicó Remus con una ligera sonrisa.
—Engreídos… —musitó Magnolia Ferguson de tal forma que nadie la oyó.
—Oye, la próxima vez puedo ayudarte también —ofreció Heather O'Campbell.
—Gracias.
—Por cierto, ¿dónde están esos dos? —inquirió Conan Graham.
—En el dormitorio, ¿por qué?
—Lupin, vine de allí y no los vi. Conociéndolos, seguro que traman algo.
Remus miró a Peter, quien se encogió de hombros, sin idea de qué pasaba.
—¡Al fin! —precisamente entonces llegaron los ausentes, siendo James quien se sentó entre Peter y Mary MacDonald, haciendo mucho ruido —¡Muero de hambre!
—¿Dónde estaban? —preguntó Remus con calma.
—Fuimos a dar una vuelta en escoba —indicó Sirius, que se había sentado a su lado —Nos aburríamos y no somos como tú, que con cualquier libro se entretiene.
—Cuando volábamos, vimos a Hagrid ir al Bosque Prohibido —comentó James, mientras se servía filete —¿Creen que nos lleven allí cuando estudiemos Cuidado de Criaturas Mágicas?
—¿Tomaste esa optativa? —se interesó de pronto Ferguson.
—Sí, suena interesante.
—No creo que se pueda ir al bosque, está prohibido —sentenció Evans.
—¡Bah! Si Hagrid entra a cada momento, cualquiera puede hacerlo —indicó Sirius con alegría, lo que escandalizó a las chicas de su curso.
—¿Tú estás loco, Black? —logró preguntar MacDonald.
—Pues no. Lo he pensado. Incluso creo que sería divertido.
Mientras James sonreía y asentía con la cabeza, el resto de los que rodeaban a Sirius lo miraron creyendo lo mismo que insinuara MacDonald, que había enloquecido. Remus, contrario a lo que se había hecho costumbre, no sonrió de forma indulgente a una idea de su amigo, sino que lo miró con severidad.
—No sabes lo que puede haber allí, Sirius —reconvino —Pocas criaturas serían capaces de meterse con Hagrid, ¡con lo grande que es!, pero tú…
—Bastaría con unos cuantos hechizos para librarse de cualquier cosa.
—Dicen que hay hombres lobo allí —recordó Ferguson —¿Y recuerdas lo que te dije hace unos días, Black? Si te muerde uno, también serás uno.
Sirius restó importancia a eso con un movimiento de mano, que aprovechó para ver de reojo que Remus se quedaba pálido ante la mención de los licántropos.
—No somos tan tontos como para acercarnos a uno —aseguró James.
—Sí, quién sabe el humor que tengan —secundó el jovencito Black.
—Ustedes dos, ¿de verdad están locos? —quiso saber Evans.
—Pues ahora que preguntas, no —James le dedicó una gran sonrisa a Evans, que ella no correspondió, aunque sí prestó atención a lo que decía a continuación el de anteojos —Mira, lo hemos estado pensando ahora que tomaremos Cuidado de Criaturas Mágicas en tercero, ¿qué tienen de malo los licántropos? Las noches de luna llena no cuentan —añadió, cuando Evans y Ferguson abrieron la boca para hablar —Se supone que el resto del tiempo son personas normales, ¿no? Así que ¿por qué no podríamos hablar con uno? A lo mejor así sabríamos si son tan malos como los pintan.
El resto de los Gryffindor's de segundo se miró entre sí, realmente impresionado con semejante argumento, en tanto James lucía una enorme sonrisa de satisfacción que compartía con Sirius. Peter, más débilmente, también sonreía, pero se le borró el gesto casi enseguida, para luego dar un pequeño tirón a la manga de James para indicar algo frente a ellos.
En algún punto de la conversación, Remus Lupin se había marchado.
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No había rastro de Remus. Sirius se comenzó a alarmar, pero procuraba que no se le notara cuando se cruzaba con James o Peter en un pasillo; los tres recorrían el colegio buscaban por todos los rincones a su amigo.
—¡Este lugar es enorme! —oyó que se quejaba Peter la segunda vez que lo vio.
Sirius no se explicaba qué había salido mal. La idea era tan simple como un poco arriesgada: sacar el tema de los licántropos a la primera oportunidad mientras comían con el resto de los chicos de su curso, dar a entender que a ellos no les importaba que alguien fuera hombre lobo si el resto del tiempo era una persona normal y después, hacerle ver a Remus que se había puesto raro, todo para presionarlo y que confesara. No habían contado con que desapareciera, ¿qué les falló exactamente?
Cansado de caminar, Sirius consultó su reloj. Faltaba media hora para la cena, lo que significaba que debía regresar a la sala común, a reunirse con James y Peter, para enterarse si uno de ellos había encontrado a Remus. No le llevaría mucho tiempo, estaba en el piso correcto, solo debía dar un largo rodeo y…
—¿Sirius?
El aludido dio un respingo. Precisamente cuando se daba por vencido, Remus aparecía bajando de una escalera que, si no mal recordaba, era la de la lechucería.
—¡Oye, te hemos estado buscando! —decidió soltar con alegría —No sabíamos a dónde habías ido después de comer. Vamos, con Peter y James para…
—¿Me estaban buscando? —al decir eso, Remus sonaba incrédulo.
—¡Pues claro! ¿Por qué otra cosa daríamos vueltas y vueltas en este castillo?
—No sé, pero… Oye, Sirius, tengo que…
El aludido lo detuvo con un ademán y siguieron caminando en silencio hasta la torre de Gryffindor. Si Remus iba a decir lo que estaba pensando, Sirius quería que lo escucharan también sus amigos.
No les llevó mucho llegar ante el retrato de la Dama Gorda, dar la contraseña y entrar a la sala común, donde apenas había gente. Sirius pasó de largo, le hizo señas al otro de que lo siguiera y este, extrañado, obedeció, al darse cuenta que iban a su dormitorio. No hablaba ninguno aún y ya iba Remus a romper su mutismo cuando Sirius, abriendo la puerta que decía "Segundo curso" se le adelantó.
—¡Lo encontré, lo encontré! ¿Adivinen dónde estaba?
James y Peter, cada uno en su cama, se pararon de un salto.
—¡Remus, amigo! —saludó James —¿A dónde habías ido?
—Mandé una carta —respondió el nombrado, desganado.
—¿Tu madre se puso mal otra vez? —quiso saber Peter.
Sirius se admiró de la pregunta de su regordete amigo, creyendo que quizá James, mientras esperaban, le sugirió sacar ese tema.
—Ah… —Remus titubeó, fue a su cama y se sentó con lentitud, agachando la cabeza casi enseguida —Sobre eso…
—¿Tu madre de verdad está muy mal? —se preocupó James.
—No, no, ella… Bueno, le escribí a ella, sí, pero… —el castaño se llevó una mano a la nuca, haciendo muecas —Quizá tenga que ir a casa —musitó.
—Qué mal —soltó James, procurando no delatarse —¿Y cuándo regresarías?
—No regresaría.
Esa pequeña frase causó enseguida una revolución en los demás presentes. Primero de manera silenciosa, con sorpresa y miedo en los rostros, pero después Sirius no pudo evitar espetar.
—¿Cómo que no regresarías? ¿Y eso por qué?
—Yo… Mi madre… Creo que…
Que Remus no pudiera explicar algo era tan raro como las pocas veces que Peter destacaba por sí mismo (casi todas en Encantamientos, su asignatura favorita), por lo que Sirius respiró hondo algunas veces, haciendo a un lado la repentina indignación que lo había asaltado, y ese lapso lo aprovechó James para hablar.
—Remus, si podemos hacer algo por ti, solo dilo —ofreció —Incluso iría a ayudar en tu granja en el verano, aunque me levantes de madrugada. No importa.
Ese último "no importa" a Sirius le sonaba intenso, como si en realidad James hubiera querido decir "no importa lo que seas, Remus, en serio". Siguió inhalando y exhalando lentamente, serenándose un poco, observando a los otros tres para no perderse de nada y además, no acabar soltando una estupidez.
—No es eso —aseguró el pequeño Lupin (Sirius se preguntó cuándo se había hecho más alto que él, podía notarlo por tenerlo justo a su derecha) —Yo… Lo de mi madre no se cura, se pone mal a cada momento… Solo nos tiene a mi padre y a mí… No se molesten, estaremos bien… Puedo escribirles y… Bueno, seguro mi padre consigue a alguien que me enseñe en casa…
Todo aquello resultaba un poco confuso, incluso para alguien como Sirius, que se sabía un poco más listo que la mayoría de los chicos de su edad, pero creyó ver en ella parte de la confesión que querían arrancarle a su amigo. Sin embargo, todavía sentía que si abría la boca, dejaría escapar una barbaridad, así que le hizo señas a James de tal forma que Remus no las viese.
—¡Pero somos tus amigos! —soltó el chico Potter con el mismo ímpetu que Sirius tiempo atrás, por lo que éste temió que metiera la pata —¿Por qué no nos dejas…? Te ayudaremos con lo que quieras, ¿verdad? —Peter y Sirius asintieron enseguida, con determinación —Solo dilo y considéralo hecho. Cualquier cosa —el jovencito de anteojos, en dos zancadas, eliminó la distancia entre él y Remus, quien lo miró con asombro —Más que un amigo, eres como nuestro hermano. Y a la familia no se le abandona, ¿de acuerdo?
Bueno, Sirius difería un poco en el concepto de "familia", pero como sabía que los Black eran raros de por sí (incluso él mismo), no contradijo a James.
—Pero yo… —musitó Remus y hasta Peter, que la mayoría del tiempo era algo distraído, se dio cuenta que se veía increíblemente triste —No deberían… Yo no he sido buen amigo, James —confesó con pena.
—¿De qué hablas? ¡Pero si eres genial! —aseguró Sirius, sin ganas de callarse esta vez —Nos dejas copiar los trabajos cuando no tenemos ni idea de qué poner, nos explicas lo que no entendemos de las clases, nos ayudas con las bromas, ¡hasta nos dices cuando nos estamos pasando de idiotas, y eso no cualquiera lo haría! ¡Todo eso solo lo hacen los amigos! ¿Por qué dices que no has sido buen amigo?
—Sirius tiene razón —apoyó Peter con timidez y el rostro serio.
Pero Remus no parecía convencido. Meneó la cabeza con aspecto de ponerse a llorar en cualquier momento.
—Hay una cosa… Yo no les he dicho una cosa… —admitió, con la vista baja —Pero… Pero ustedes… Ustedes ya lo saben, ¿verdad? Por eso… Bueno, si me llega la lechuza mañana… En una semana podría…
—Remus, no te entendemos nada —confesó Peter, frunciendo el ceño.
—¿Y qué se supone que sabemos? —secundó Sirius, fingiendo fastidio —Lo que tú tienes es que estás preocupado por tu madre, ¿no? Pues ve a verla como siempre.
—¡No, eso no! ¡Mi madre no está enferma! ¡Soy yo! ¡Y no me vengan con cuentos, sé que lo saben! ¿Por eso hablaron de ello, para burlarse de mí?
—Amigo, si no nos dices a qué te refieres, no vamos a entenderte —indicó James.
—¡No me digas "amigo", Potter! ¡Seguro es una de tus bromas y te estás pasando!
—¡Oh, es más que suficiente! —dejó escapar James, harto —Lupin, idiota, ¿te largaste del Gran Comedoir antes de que terminara de hablar, verdad? Solo eso explicaría la sarta de tonterías que estás creyendo. Sí, sabemos lo de tu "pequeño problema peludo" —Sirius y Peter, con gran esfuerzo, contuvieron la risa ante tal apodo para una afección mágica grave —Y bueno, no nos importa. Porque sigues siendo tú, ¿comprendes? Además, ¡no lograríamos hacer la mitad de nuestras bromas sin ti! ¡Así que deja de decir que te marchas, porque no te dejaremos! Es más, ¡somos capaces de atarte a la cama con tal de que te quedes!
Tras semejante discurso, Sirius comprobó con satisfacción que Remus ponía cara de no saber qué decir, antes de intercambiar con Peter una mirada que decía "buena la hemos hecho, ¡ganamos!".
—¿Es en serio? —musitó Remus finalmente —¿Ustedes no…? ¿No quieren que me marche? ¿Aunque sea un monstruo?
—Pero eres monstruo solo un poquito. Y solo unas noches al mes. Nos da igual.
Sirius dijo eso con tal desparpajo, que sabía que causaría más de una carcajada.
Le alegró bastante saber que era Remus el primero en reírse
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¡Y se acabó! Al límite de tiempo, pero aquí tienen el final del fic, un poco flojo y raro, pero no se preocupen, que quizá en un futuro los recompense con otra cosa.
Espero sus comentarios, sugerencias e incluso sus jalones de orejas (virtuales) por mi versión de los Merodeadores y compañía. Se los agradeceré mucho.
Cuídense y nos leemos en otra ocasión.
