¡Buenas noches a todos! Estoy super agotada, llevo todo el día trabajando en esto y me ha sido muy duro la verdad U.U Creí que esta semana os quedabais sin capítulos, pero parece que entre mis huecos con el móvil y el día de hoy, he podido lograrlo. Ojalá siga así.
Agradecimientos a: Shandy-Shan, SangoaomeOO (Jajaja Oh dios me haces sentir culpable de someterte a presión aquí un poco más de Inu peque y la respuesta de tus preguntas! PD:Gracias por tu apoyo al examen), k, Frozen-Winter-Heart, alei91 y Yuric09.
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos Inuyasha (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño ('hhhhh') Recuerdos("")
Capítulo 14:
Sesshomaru paseó por el último tramo de pasillos a ritmo de metrónomo dos por cuatro...y crescendo.
El símbolo familiar junto a la escalera fue golpeado fuertemente con un restallido del látigo color verdoso y sus pies se elevaron sobre su forma de vuelo en la brevedad.
Estaba cabreado. Muy cabreado.
Eso era fácil de ver tras la explosión magnética que le rodeaba.
Su objetivo en mente, el pasillo familiar junto con el resto de salas se convirtió en una mancha borrosa que fue diluyéndose cada vez más mientras su rabia se desbordaba.
'Nosotros no daño compañero. Ellos romper compañero'
El Sesshomaru consciente gruñó con frustración sin ganas para controlar su bestia hasta que por fin captó el olor que buscaba. Saliendo al patio en lugar de buscar las escaleras que le llevarían a las almenas, Sesshomaru miró al cielo y emprendió el vuelo sin importarle la lluvia torrencial que caía sobre su persona o los relámpagos circundantes. Atravesando los tejados de las dependencias del Hon Maru*, Sesshomaru alcanzó la Torre del Homenaje y alzó la mirada hacia el balcón de la última planta. Los dos pares de cabellos plateados que se mecían locamente con el viento lograron traer sobre sus ojos el familiar carmesí, y antes de parpadear ya había llegado sobre la construcción de madera.
―Oh, Sesshomaru. Buenos días, ¿confío en que el objetivo se ha cumplido?
La sonrisa impecable de su madre ante su llegada, totalmente ajena del caos a su alrededor junto con el caos de su propio corazón terminó de romper sus límites.
Sus ojos rojos desaparecieron, su rostro permaneció serio y en completa posesión de obediencia. Dió dos pasos en adelante...
Zash!
La bofetada de las manos masculinas impactó contra Irasue dejando tras de sí una mirada en shock. Acarició su propia mejilla con la punta de sus dedos. Era caliente, y poco a poco empezó a dibujarse de color rojo.
La mirada de Irasue, volcada hacia la izquierda, se ensombreció ligeramente.
―Eso fue cruel Sesshomaru.―Murmuró sin ir más allá del propio hecho.―¿Es así como tratas a tu madre?
―Sólo cuando lo merece.―Puntualizó.
―Auch...eso duele.―Pero su expresión no perdió el toque de humor.
―Inu kimi-sama, ¿quizá es necesario recordarle quien es el señor de esta tierra...?
Ella no dibujó un solo gesto mientras su máscara se colocaba en su lugar. Apretó los labios en una línea fina.
―No, Sesshomaru-sama.
Sesshomaru entrecerró los ojos sin estar satisfecho. Un trueno resonó por encima de sus cabezas pero apenas hizo nada por cubrir los gruñidos que escaparon de ambos Dai Youkais. Sin embargo, Sesshomaru pronto se elevó por encima de su progenitora y su aura dominante escapó de sí mismo.
Irasue no luchó contra la ola magnética. En lugar de ello, paladeó y se regodeó en el poder que caía sobre ella con los ojos cerrados, tan intoxicante...
El aura de Sesshomaru creció para alcanzar un poder importante. Por supuesto, aún no supera a su padre, pero era suficiente como para traer el recuerdo de su toque de vuelta y dejarse llevar.
―Yo soy el Daimyou.―Y aunque seas favorecida como mi superior, no toleraré más juegos y engaños sobre mi persona.
Irasue abrió los ojos y observó con orgullo la fuerte figura de su hijo. Se arrodilló sobre el suelo con elegancia y desnudó suavemente su cuello.
―No puedo prometer nada. Pero me mantendré en mi mejor comportamiento... ―Prometió con una sonrisa.
Sesshomaru gruñó. Era lo máximo que podría conseguir de ella sabiendo que no era su Alpha natural. La personalidad juguetona de su madre había resultado con el tiempo ser peor que su frivolidad. No podía cambiarla cuando su propio padre no pudo en más de un milenio.
Se mantuvo observándola fijamente, las ganas de golpearla de nuevo resurgiendo al pensar en lo que había dejado atrás. Se contuvo.
―Levántate.―Ordenó mientras sus sentidos volvían a establecerse sobre su entorno. La presencia del sanador llamado Yuto sentado en el interior de la habitación formal trayendo su atención casualmente.
Irasue así lo hizo, y se retiró del lugar donde su hijo mojado había creado un pequeño charco para resguardarse donde las tejas la mantenían ajena de dicho incordio natural.
Sesshomaru gruñó satisfecho ante el gesto sumiso, concediéndole la entrada en primer lugar. Aun así se situó en los límites y no entró en la misma.
―Sanador. Se encargará de cuidar las heridas del hanyou...―Irasue aguantó su sonrisa por escapar.―Y le ofrecerá el brebaje para eliminar a los posibles cachorros.
Con esa frase, la Dama casi se atragantó en su camino.
―Sesshomaru.―Habló recuperando su tono condescendiente.―¿Vas a tirar los resultados de tu sacrificio por la borda?
Miró a la mujer de reojo con una mirada letal que hacía su decisión inalterable.
―¿Sugieres que el heredero de nuestra tierra sea un débil hanyou?
Irasue no hizo gesto alguno.
―Estoy segura que la sangre de vuestro padre logrará eliminar la suciedad humana. Después de ello, bastará con ponerles al cuidado de Suzuka y sus maestros y dejar al hanyou...¿Inuyasha-san? como objeto de crianza.
Sesshomaru frunció el ceño con molestia.
―Subestimas la terquedad del mestizo madre, no estoy dispuesto a acoger su presencia en este castillo y mucho menos permitir que su sangre contaminada cree otra de sus pequeñas repulsiones haciendo uso de mí sangre. El hanyou no es merecedor de ese honor.
―El es su medio hermano Sesshomaru. La deplorable condición del mismo dada su mezcla es algo que no podemos cambiar. ¿Prefieres que la sangre de vuestro padre se pierda entre cualquier humano estúpido? ¿o que se utilice para engendrar las crías de cualquier otro demonio humilde...?
Sesshomaru gruñó ante tales pensamientos mientras Yako goleaba en su interior
―No me importa.-Sentenció evitando la repetición de dicha conversación.―Esos cachorros deben morir antes de que regrese.―Amenazó al sanador, paralizado a causa de miedo.
―¿Dónde vas hijo?―Preguntó Irasue sin evitar que su voz saliera molesta.
Sesshomaru casi sintió la satisfacción de aplastar a su madre en sus pensamientos. El agujero extraño de la ira y la culpa carcomiéndole por dentro no le dejaba pensar con claridad.
Sesshomaru no contestó. En lugar de ello, se dejó caer desde la torre hacia el suelo permitiendo que la fría lluvia golpee su piel. Iba a quitar estas estúpidas prendas sucias y recuperar su armadura. Regresar a tierra parecía la idea más atractiva en estos momentos.
Yuto se elevó de su asiento recuperando por fin la voz.
―Mi señora...―Susurró a la espera de saber cómo debía proceder sabiendo la discrepancia entre madre e hijo.
―Tsk. Ya has oído la orden. Baja y cuida del cachorro. Con un poco de suerte, volverá a quedar encinta en poco tiempo.
Yuto abriò los ojos entre la sorpresa y el asco.
―Creí que Lord Sesshomaru no...―Respondió lleno de confusión
―No, puede que no. Pero al mismo tiempo, es inevitable. ¿No viste la suciedad de sus ropas o el olor? ¿O la cantidad de horas que han transcurrido? Dudo mucho que él mismo se haya percatado de ello pero...―Irasue se detuvo antes de terminar la frase observando el cielo plagado de oscuridad.
―Bah, da igual. Su futuro no es de mi importancia.―Respondió con neutralidad sin volver a dirigirle la palabra.
Entendiendo que estaba siendo despedido de la habitación, Yuto se deslizó fuera de la habitación privada y comenzó a descender la escalera. La perspectiva de encontrarse con un hanyou cabreado no muy alentadora.
OOOOOOOOOO
Sesshomaru se detuvo en el aire sobre el cielo mientras las nubes de oscuridad envolvían a su persona. Se había deslizado por el cielo durante horas guiándose por su sangre hacia el único lugar donde sabía que podría restituir el control de su ira. Estaba justo bajo sus pies, y sin embargo...la electricidad pura que le rodeaba, la oscuridad creciente...sin darse cuenta, se encontró flotando a la deriva con los ojos cerrados. La tormenta...un reflejo de su propia mente.
Infinita oscuridad...y caos...
Y empujandolos constantemente a su alrededor...la confusión.
Estoy perdido, Padre.
Las cosas siempre habían sido claras a su alrededor. Las ideas aprendidas, no necesitaban ser cuestionadas. Eran la verdad. Siempre lo habían sido para todo el mundo. ¿Por qué esas ideas parecían estar perdiendo sentido? ¿Por qué comenzaba a pensar que tal vez; solo tal vez, quizá estaban...¿mal?
"Los humanos son seres detestables, débiles y patéticos. Los youkais son más poderoso y por eso no debemos preocuparnos o molestarnos con los seres más pequeños."
Pero él se preocupaba por Rin. Los seres humanos podían ser ciertamente patéticos pero...Rin era diferente. Ella siempre fue lista pese a su juventud, sabe su lugar, sabe sobre la maldad de su raza y conoce los límites que encierran su cuerpo humano. Ella era su responsabilidad, como una flor rara nacida entre las malas hierbas que había arrancado de raíz para plantarla en el lugar correcto. ¿No significaba eso que existen excepciones a las reglas?
"De entre los youkais, nosotros Inu-Youkais somos los de mayor poder, y estamos destinados a gobernar sobre los demás, a conquistar todo el territorio y evitar que las razas inferiores rompan el equilibrio."
Y sin embargo, en todos los años que llevaba dirigiendo su pequeño territorio aún no había encontrado el significado pleno de equilibrio. Por supuesto, todos pedían favores al más fuerte, y muchos osaban desafiar su posición. ¿Pero qué valor más allá de la honra hacia su padre tenía esa posición...cuando sólo dejaba para él un enorme vacío?
"Un Daiyoukai no debe tener emociones. Los sentimientos son símbolo de debilidad, una enfermedad que los seres humanos padecen y pretenden transmitirnos. ¿Lo entiendes Sesshomaru? Tú no debespermitir caer en esas banalidades..."
Pero el estaba cayendo. Sin control y constantemente, ira, confusión, rabia, tristeza...cada año sobre su cuerpo traía más de esta situación, más de una nueva emoción. Casi como si cada vez se pareciese más a su patético hermano hanyou.
"¿Qué es un hanyou? Los hanyous son las criaturas más patéticas que jamás han existido. Son seres que han nacido de la estupidez humana o de la incoherencia de un youkai. Cuando un ser humano y un demonio se unen, nace una aberración horrible a la que llamamos hanyou. No pertenecen a ningún lugar. Son seres deplorables incapaces de controlar el poder que corre por su interior y víctimas débiles de los sentimientos humanos. Si alguna vez te cruzas con ese tipo de criatura limítate a ignorarla, ellos son seres tan penosos que no merecen morir por tu mano..."
Es cierto. Eso es cierto, Inuyasha ha caído finalmente en el descontrol por culpa de la sangre del padre. Su debilidad ha provocado todos estos problemas. Como deshonroso estar emparentado con un ser dispuesto a pedir por la muerte.
Pero...antes...nunca había sido así, antes él era quien luchaba y se negaba a morir por su mano. Siempre con su actitud despreocupada y una sonrisa burlona haciéndole frente. No se ocultaba, no lloraba, no rogaba por...nadie...
El tiempo y las circunstancias le han hecho débil...si no se recupera...yo tendré que matarlo y acabar con su existencia. Al menos, se le recordará como el hanyou que logró dar muerte a Naraku y proteger a los seres humanos. Al menos, podrá desaparecer con el poco nombre ganado intacto.
Era la conclusión más adecuada. La más eficaz y justa para todo el mundo. Pero...si eso era verdad...él debería haber hecho su camino en la celda y ponerle fin. Sus ojos de lo habian dicho, el mestizo jamás se recuperará. ¿Por qué insistía en creer que todo era un espejismo y que iba a levantarse de nuevo con su actitud arrogante sobre él?
Él lo hará.
Rebatió a sus reflexiones negativas, mientras recordaba el fuego de ojos ámbar clavándose sobre él empapados de odio.
El debe hacerlo...aunque eso no significa que me disguste la idea de su muerte.
La presión construida en su estómago era confusa e ilegible, un malestar extraño que provocaba un raro deja vu, pero fuera lo que fuese, debía acabar con ella de una vez antes de que le volviera loco. Sacando Bakusaiga de su vaina, la espada rompió la atmósfera en su posición hacia arriba. Como los rayos se combinaban a su alrededor, Sesshomaru gritó y dibujó un enorme corte sobre la energía natural. Rayos de colores amarillo, azul y verde se extendieron por las nubes tal como la caída de una estrella fugaz. Cuando sintió que su youkai se retiraba, detuvo su ataque contra el vacío y poco a poco, las nubes comenzaron a disiparse dejando tras de sí un cielo despejado pero aún oscuro donde se podía ver la figura solitaria de la Luna. La descarga de su ira provocando que se acentuara en lugar de hacer la asfixiante sensación desaparecer, Sesshomaru deshizo el youki que le mantenía suspendido en el cielo y dejó que su cuerpo atravesara los millones de metros que le separaban del suelo empujado por la fuerza natural de la gravedad mientras ganaba la carrera contra las gotas y estas lamían su rostro simulando una lluvia inversa.
Todo este incideŕnte...parecía haber tomado de sí mismo más de lo que había pensado. Observando la Luna, quedó un poco molesto de ver que había transcurrido un día entero desde que había comenzado el celo con su hermano. ¿Como no se había dado cuenta de algo así? ¿Por qué no se había detenido?¿Oh haberlo hecho trizas mientras tanto?¿Por qué estaba haciéndose preguntas estúpidas como si se tratara de un niño pequeño?
"Sesshomaru...mi hijo, no importa cuantos siglos pasen..." Resonó la profunda voz de su padre. "Nosotros siempre tendremos preguntas, lo importante de ello es tener el valor de buscar las respuestas. El día en que tengamos todas las respuestas...será un día triste."
Sesshomaru observó la mancha de los bosques a su alrededor y se detuvo para evitar el choque contundente de su cuerpo contra el suelo, aún así su aura levantó junto con el impacto del propio aire acumulado en su entorno la tierra a su alrededor y las copas de los árboles se flexionaron ante la honda expansiva. Quedó en pie dentro de un pequeño cráter húmedo. Alzó su rostro al cielo y observó la hermosa vista de las estrellas en la madrugada, las últimas gotas de lluvia dejaron de caer sobre él. Respiró suavemente y enfundo Bakusaiga sobre su cadera, Tenseiga saludando a su compañera con un chasquido de ambos al chocar, antes de comenzar a caminar entre la espesura del bosque de Taiga. La nieve que había inundado los territorios se había derretido por la tormenta, pero el frescor que se podía sentir a su alrededor ponía de manifiesto la formación de una gruesa capa en un próximo futuro.
La zona boscosa que atravesaba era un valle aislado rodeado de montañas. La vida compuesta por pequeñas criaturas y un pequeño estanque atorado en algún lugar de la extensión, la paz que se podía respirar era palpable. Sesshomaru dejó que dicha tranquilidad aplacara su rabia. El lugar conocido palmo a palmo, en su memoria los largos aullidos nocturnos resonaban aún en sus oídos.
Tan estúpido de tu parte padre.
Cuando el duelo por su padre había finalizado y su ira por la negación de Tessaiga aplacado, los recuerdos de su padre se habían convertido en algo agradable de experimentar, un extraño pilar de fuerza que le ayudaba, en momentos como este por ejemplo.
"La familia es lo más importante. Recuerda"
Yo recuerdo padre. Lástima que no tenga esa familia de la que hablas.
'La tienes'
Sesshomaru detuvo sus pasos y gruñó ante la voz de su youkai. Yako debería haberse calmado por ahora, pero en lugar de eso solo pulsaba sobre su cabeza pesadamente. La visión de un youkai de ojos azules y rojos y una sonrisa tímida intermitente tras sus párpados sólo le hizo gruñir más fuerte.
Eso solo es temporal, Inuyasha jamás hubiera permanecido sumiso bajo nosotros de no ser por su calor.
Pero Yako pulsó sobre sus venas aún más fuerte, casi rugiendo sobre su cabeza y haciéndole tambalearse. El nudo de su estómago se apretó mientras una nueva sensación temblaba sobre su pecho. Sesshomaru abrió los ojos y jadeó en voz alta como la emoción recorrió su cuerpo congelándole la sangre, una sensación repetitiva que llevaba doscientos años sin vivir. Un golpe en su corazón, doloroso, como si algo estuviera siendo extirpado de su interior.
Tenseiga latió sobre su cadera y su mano fue a su empuñadura inmediatamente.
"La familia es lo más importante."
La familia...¿Inuyasha?¿Inuyasha va a morir?
Sesshomaru comenzó a pintar sus ojos en el color rojo mientras recuerdos pasaban a través de su cabeza a toda velocidad. Una mancha indefinida de color rojo y plata, los estúpidos oídos, las burlas, las sonrisas, los gritos...
"Algún día te mataré Inuyasha..."
Un hermoso niño abandonado sonrió pese a las heridas.
"Hai...Onii-chan..."
Fue un estallido de dolor sobre su corazón mientras su cuerpo rompió a toda velocidad por el espacio. Todos sus sentidos golpeando en máxima tensión por sus nervios centrales.
No te atrevas a morir por alguien más...yo y sólo yo puedo...
Su figura se diluyó sobre una esponjosa nube blanca...en el horizonte, amanecía.
OOOOOOOOO
Yuto abrió los ojos azules al máximo. Su corazón se detuvo por unos momentos mientras las ansias subían por su garganta. ¡Él era médico de damas de palacio!¡No de guerreros o criaturas mugrosas! Gruñó acercándose a la violenta imagen. El cuerpo cubierto de sangre del pelo a los pies tirado en una extraña postura.
Arrugó la nariz con disgusto ante el hedor de la sangre. ¿No era quizá demasiada?
Yuto caminó hasta él y se arrodilló.
―Oye , despierta chico.
No hubo respuesta. Frunció el ceño arrugando su expresión y empujó el pelo plateado del torso desnudo para poder ver con todo el dolor de su corazón.
Su respiración se enganchó cuando observó la enorme herida abierta sobre el cuello y el espesor desagradable se untó sobre sus dedos. Por primera vez desde que entraba en la sala, se dió cuenta de un hecho fundamental. No había ningún ser vivo.
Con la sorpresa de la situación en su mente, el sanador se apresuró hacia el estómago rallado y colocó las manos sobre el mismo. Tras un examen breve, Yuto tragó sonoramente.
―Al menos me han ahorrado eliminar los cachorros...
Pensó mientras trató de tomar el cuerpo y sacarlo de allí.
Un enorme rugido le hizo girarse hacia la puerta.
―¡Mi señor, ha perdido mucha sang..!
Y todo estalló en color rojo.
Y todo desapareció en la muerte.
OOOOOOOOOO
Yako arrojó contra la pared el cuerpo del intruso que se había atrevido a tocar su intención. El olor de la muerte y la sangre que escapaba de todo el lugar llenándole de desesperanza y rabia.
Se arrojó sobre el cuerpo del pequeño medio demonio y lo recogió entre sus brazos. Lamió las heridas sobre el rostro suavemente y empujó con su rostro en el hueco entre su cuello y hombro dando pequeños golpecitos tratando de hacerle despertar. Cuando no hubo respuesta, el demonio completo alzó su rostro y aulló. Un sonido de dolor y pérdida tocando su largo canto y recorriendo todo el castillo.
Un Inu-youkai había muerto. Un muy joven cachorro de Inu-youkai.
Sumergido en el instinto, siguió lamiendo y golpeando suavemente al pequeño cuerpo en un vano intento de regresarlo a la vida, su nariz olfateando por el cuerpo inerte y reconociendo al macho como la portadora de su semilla, rugió. Sus aullidos repitiéndose periódicamente.
'¡Has matado compañera, has matado cachorros...!'
En su interior, Sesshomaru gritó como todo su ser se retorcía en su contra. Había aprendido a no luchar contra su youkai, ¿Pero defenderse de él? ¿Qué clase de instinto era el de matarse a sí mismo? ¿Cómo podía causarle dolor de esta manera?¿Cómo podía Inuyasha morir por unas pocas heridas sangrientas?
Todo su cuerpo permaneció inmóvil mientras se luchaba por el control. Mientras su bestia gruñía amenazadoramente con los colmillos abiertos pese a no existir un enemigo, su consciencia goleó con fuerza para suprimirse a sí mismo y poco a poco, la llamada y pulso de Tenseiga fue calmando la furia de Yako y dando paso a su lado más racional. A medida que sus ojos cambiaron de color, sus gruñidos se agotaron y cambiaron por gemidos cansados y fuertes respiraciones. El poder necesario para ello dejándole drenado.
―Tu has muerto...realmente...molesto...-Logró decir pese a la respiración alterada.
Se puso en pie y sacó Tenseiga de su funda con un grácil movimiento. Su corazón latía apresuradamente junto con el ritmo de su sangre alterada. Habían pasado siglos desde que todo su ser se había sentido tan confuso y alterado.
Concentrándose, el poder de la espada comenzó a fluir a través de su cuerpo, sus cabellos ondearon suavemente y su segunda visión de ojos cerrados amaneció sobre su mente llevándole a un plano completamente diferente pintado de oscuridad.
En unos segundos él respirará de nuevo, y yo podré darle una muerte correcta.
Pero cuando pudó ver claramente a su alrededor, Sesshomaru quedó congelado inmediatamente ante el espectáculo que se habría ante él.
Límites desaparecidos, los pequeños shinigamis encargados de recoger las almas hacia el infierno habían desaparecido. Dos enormes sabuesos de color negro y ojos huecos sustituyéndoles como representantes del infierno peleaban contra tres esferas de luz sobre su cabeza. El cuerpo inerte de Inuyasha seguía frente a sus pies, pero el alma que debían estar buscando los demonios, no estaba.
¿Qué significa esto?
Sesshomaru dió un paso hacia delante. Un paso sorprendentemente lento que robó gran parte de su fuerza. Sigió siendo ignorado, como si ni siquiera estuviera allí, y aunque era un pequeño golpe contra su orgullo, Sesshomaru encontró la situación mucho más compleja y por tanto más importante que su orgullo en esos momentos.
La extraña batalla continuaba, uno de los bucles de luz golpeó al primer sabueso, ceniza negra escapando como la sangre del corte sobre su lomo. EL segundo de ellos gritando por el dolor de su compañero, sus fauces atraparon otra de las esferas de luz. Y entonces...un grito de persona, agudo y del más puro dolor resonó sobre todo el espacio.
Sesshomaru agudizó la vista antes de temblar con la impactante visión. El cuerpo diminuto de un infante, el cabello blanco y el kimono rojo cubriendo su cuerpo.
Inuyasha...
La luz desapareciendo parcialmente hasta convertirse en la figura de un gigante blanco sin rostro, una de sus manos agarraba uno de los brazos de su hermano. La mitad de su rostro dibujada en ojos marrones y cabello negro. La otra mitad de su cuerpo había sido atrapada entre las fauces blancas, el ojo dorado parpadeaba sin control del rojo al blanco y vuelta.
Ambos seres tiraron en cada dirección, por un momento, Sesshomaru pudo ver como el alma trataba de dividirse en dos seres, pero sólo se logró crear una línea sangríenta que separaba ambos lados.
Un estremecimiento pasó por todo su cuerpo en el horror mientras la pequeña figura trataba de ser desgarrada en dos, la niebla que escapaba de la franja abierta dejando ver un profundo vacío en el interior.
―¡Aahh!¡Por favor...!―Gritó el niño con fuerza mientras todo el cuerpo inestable se retorcía.
Los colmillos del animal infernal apretaron con fuerza y movió sus fauces de un lado a otro a gran velocidad. El sonoro crujido del brazo sostenido por la criatura blanca al quebrar dejó tras de sí un nuevo alarido. El ser blanco soltó su objetivo, y el sabueso movió el alma desgarrada entre sus colmillos como si se tratara de un juguete.
El otro perro negro se avalanzó frente al otro para proteger la preciada carga mientras los brazos de los tres seres se alargaban y flexionaban tal como sin huesos rodeando a los dos animales en una tela de araña.
―El humano es puro. El humano es nuestro.―Retumbaron a coro las profundas voces sin forma de los tres gigantes.
Los perros gruñeron enseñando sus fauces a la amenaza. Un desprevenido golpe cayendo sobre el retenedor de la joven alma devorada abrió el estómago del ser oscuro, e Inuyasha cayó sobre el suelo con un fuerte golpe. Pequeñas volutas de humo escapando de la composición del alma.
Los perros hablaron, la voz carcomida y vieja de los muertos sobre sus gargantas.
―Todos los demonios son pecadores. Todos los demonios son nuestros.
Inuyasha gimió desde su posición suavemente.
―Mamá...mamá...
Golpeándo sobre él con fuerza, Sesshomaru sintió que su cuerpo se congelaba al darse cuenta de la terrible situación.
Ni siquiera en la muerte tendrás descanso, ni siquiera en la muerte encontrarás un lugar al que pertenecer...
La pesada pata de una de las bestias aplastó el alma sin percatarse, Sesshomaru observó como las volutas de humo se convertían en una columna. La figura de color rojo perdiendo cada vez más su consistencia en medio de su llanto.
Sus propias fauces abriéndose y mostrando los colmillos, Sesshomaru rugió al darse cuenta de que el alma pronto se desvanecería en la nada.
La pelea se detuvo por un momento, de repente, toda la atención fijada sobre la pequeña figura que caminaba forzosamente hacia la pelea de titanes rezumando ira.
Alzando la espada frente a él, Sesshomaru apretó la vieja empuñadura conocida, sus ojos chispearon.
―¡Yo, Sesshomaru hijo de Inu no Taisho y Lord del Oeste reclamo el alma del hanyou como mi propiedad!―Las cinco criaturas aguardaron un momento y lanzaron un alarido al unísono mostrando su descontento mientras giraban sus cuerpos para enfrentar al intruso. Pero el Inu-youkai era aún más irritado y apretó los dientes con un chasquido.―¡Inuyasha es mío!
Cómo Tenseiga cortó el espacio, una poderosa huelga de rayos azules estalló sobre sus enemigos cegándoles y recorriendo sus figuras incorpóreas. Los perros del infierno gritaron y aullaron mientras el poder de la vida recorría sus seres podridos y corruptos, y Sesshomaru aprovechó para acercarse al alma de forma infantil y recogerla del suelo.
El cuerpo pequeño lucía resquebrajado como una muñeca de porcelana, su figura habiendo recuperado el aspecto del hanyou que todo el mundo conocía.
Los ojos semicerrados parpadearon en la confusión.
―¿Sesshomaru-nii-sama?―Cuestionaron los labios secos y rajados.
Sesshomaru se estremeció de forza involuntaria al escuchar la voz de un niño que había desaparecido hace más de ciento cincuenta años para convertirse en el adolescente de precaria educación que era, aún así ignoró la pequeña voz y camino con espada por delante hacia donde yacía el cuerpo sangriento abandonado. Con el enemigo derrotado, Inuyasha debía regresar al mundo de los vivos en el momento en que alma y cuerpo volvieran a ser uno.
Concentrado en su objetivo, o quizá por sus cada vez más escasas fuerzas en este plano desconocido, Sesshomaru no vió el golpe llegar a él antes de que sucediera.
Volando por la oscuridad hasta estrellarse contra el suelo, Sesshomaru se levantó con cierta confusión. Nadie jamás había logrado un golpe así sobre él.
Las figuras de los gigantes blancos caminaban hacia él intactas. De los dos sabuesos sólo permanecía uno cojeando.
¿No funcionó?
―Inuyasha.―Dijo con su tono sin emoción. El niño sobre el suelo se levantó torpemente, su brazo y su pierna destrozados siendo algo de un inconveniente.―Regresa junto al cuerpo.
Con su inestavilidad, el espíritu acató la orden y comenzó a correr tambaleante hacia la seguridad de su cuerpo.
Sesshomaru entrecerró los ojos sobre las molestas figuras enormes. Él iba a acabar con ellas de una vez.
Reuniendo todo su youki, concentró su energía en mantener la mayor capacidad de movimiento posible sobre este mundo irregular y se lanzó con un gran salto hacia los gigantes. Tenseiga moviéndose junto a él fluidamente, la espada cortó limpiamente sobre el primer gigante. Con un giro sobre el aire Sesshomaru atacó también al segundo gigante, el tercero, chocando con el segundo ante la caida de este. Pero pese al estruendo y el aparente dolor, los seres celestiales eran más resistentes al poder vitalicio de su espada.
Una enorme mano blanca se dirigió hacia él desde arriba y la esquivó a través del hueco de sus dedos, corriendo sobre el camino creado por el brazo, Sesshomaru pronto se halló sobre la cabeza del enemigo y rasgó fuera la deforme redondez con la fuerza de su espada. Los rayos corriendo por el resto del cuerpo aún en pie, el ser pareció paralizarse y morir mientras caía lentamente al suelo y él era arrastrado junto a él.
Saltó en el aire hacia el tercer gigante, quien había logrado deshacer el lío de estremidades que había creado con su compañero, buscando realizar la misma operación. Sus ojos estaban determinados mientras caía sobre la cadera del monstruo y comenzaba a impulsarse hacia arriba ignorando las leyes de la gravedad. Saltó sobre el hombro medido en kilómetros y busco la nuca para golpearla cuando algo más distrajo su atención.
En la lejanía, Inuyasha gritó mientras la figura del perro negro se abalanzó sobre él.
Sesshomaru gruñó con molestia e ignoró a la criatura blanca para ir en post de la negra.
Al sentir su presencia el perro salió corriendo lejos del niño herido. Sesshomaru comenzó a levitar encontrando el medio más útil.
―Abstente de mi camino hanyou.―Espetó cuando pasó junto al niño aparentemente desvalido.
Su espada golpeó por fin definitivamente al perro negro deshaciéndolo en una ligera bruma que terminó por desaparecer.
Más allá, los seres blancos volvieron a convertirse en su versión más reducida y se acercaron rápidamente hasta Inuyasha.
Esta tonta pelea estaba comenzando a hartarle.
Dándo la vuelta para alcanzarles, Sesshomaru gruñó cuando su cuerpo se detuvo de repente. Con su gruñido creciendo en volumen observó sus propios pies en busca del impedimento. No había nada.
Abrió la boca para gritar nuevas ordenes al alma aparentemente obediente cuando se sorprendió de su respiración jadeante.
Ya veo. Mi youki se ha agotado.
La revelación natural del hecho cubrió un nuevo campo de angustia cuando se dió cuenta de que las criaturas blancas volvieron ha avalanzarse hacia su hermano a sólo unos diez pasos de él.
El cuerpo rojo desapareció de su visión frente a las brillantes luces que trataban de acogerle. Pese a ello aún pudo escuchar los gritos devastadores del niño.
Son seres sin cosnciencia. Ellos no entienden que el alma que observan no pertenece a las criaturas que han conocido hasta ahora. Si continuan, él se romperá y ni siquiera reencarnará...
No permitiré que suceda. Nadie me arrebatará lo que me pertenece por derecho.
Apretando los puños fuertemente, Sesshomaru trató de moverse con todas sus fuerzas mientras el volumen de los gritos comenzaba a disminuir. Cerró los ojos con frustración al ser incapaz de alcanzarles. Se negaba a creer que él había perdido. Y parecía condenado a escuchar cada resquicio final de lo que era su hermano antes de desaparecer eternamente.
De repente luz brillando sobre sus párpados, Sesshomaru abrió los ojos solo para ser recibido por una explosión de luz rosácea directamente sobre la pupíla.
Los seres de luz regresando a sus altas formas, se desplomaron uno a uno frente al silbido de la madera atravesando el aire.
Sesshomaru pestañeó sin sentir nada en especial al observar la figura de la hermosa miko fallecida, Kagome, aparecer protectoramente frente al alma de su hermano eliminando las criaturas que amenzaban el objeto de su amor.
Inuyasha se levantó de su posición sentada y agarró con fuerza el hakama rojo de la chica con ojos preocupados mirando en todas direcciones. Sesshomaru ladeó su cabeza ligeramente cuando la mirada del chico se posó finalmente sobre él y todo en su expresión corporal se relajó. Sesshomaru creyó ver una timida sonrisa asomar sobre las comisuras de los labios, pero parecía improbable.
Esto es deshonroso. Permitir a una mujer que cumpla con mis metas...
Pero la realidad era que era una sensación mucho más desagradable la que llenaba su pecho teniendo en cuenta las circunstancias de la muerte de la mujer.
Positivamente sorprendente, las flechas de luz enviadas por la Miko lograron acabar con las dos criaturas que aún permanecían en pie tras sus iniciales ataques, y ambos seres se desplomaron sobre el suelo y desaparecieron sin dejar rastro. Sin embargo, al acabar, la joven vestida con sus ropas ceremoniales cayó sobre sus rodillas en el agotamiento.
―Kagome...¿Estás bien?―Preguntó Inuyasha agarrando suavemente su brazo.―¿¡Te han hecho daño!?―Espetó con un poco de más fuerza.
Kagome alzó su rostro y sonrió con cierta tristeza.
―Inuyasha...estoy bien...―Murmuró con una dulzura tras la lengua que hizo sonrojar al joven niño, que se limitó a asentir y observarla con ojos muy abiertos. Observar a Kagome, su Kagome y poder recordar la expresividad y la calidez y... no podía recordar por qué no había estado junto a él en primer lugar. Kagome siempre estaba a su lado. Siempre lo estaría. ¿Verdad?
Kagome negó lentamente y se puso en pie costosamente. Miró a la figura inmóvil del señor del Oeste un poco más allá, y tomando la mano de Inuyasha, arrastró el alma confusa del niño.
Sesshomaru observó con curiosidad creciente a la mujer y aguardó por ver lo que tenía preparado para él.
Cuando llegaron cara a cara y tras esperar unos minutos, Kagome lanzó un largo suspiro antes de comenzar a hablar.
―He visto lo que ha pasado.―Dijo, aparentemente un tanto incómoda e incluso molesta con el tema.―Me refiero a todo...desde que me fuí...―Sesshomaru no hizo ni un solo gesto. ¿Había acaso algo que decir a esas afirmaciones? Y ante ese silencio, Kagome decidió continuar.― Yo...quiero que Inuyasha sea feliz. Es todo lo que pido y...no creo que después de lo que le ha pasado...sea una tarea fácil...
Creyendo entender, Sesshomaru asintió con decisión.
―Me aseguraré de que el hanyou regrese junto a los seres humanos en cuanto se recupere.―Prometió solemnemente al brillante alma.
Sin embargo, Kagome frunció el ceño y negó suavemente, sólo incrementando la incertidumbre del youkai.
―No. Inuyasha no podrá soportarlo...él...es muy pronto para lidiar con nuestros amigos.―Kagome miró hacia la mano del niño que sostenía y este le devolvió la mirada.―No entiendo muy bien la razón, o el lugar de donde procede esta necesidad pero...creo que la única manera de que Inuyasha se recupere es... quedarse junto a tí, Sesshomaru...
Obviando la falta de respeto de la humana para con su nombre, Sesshomaru frunció el ceño a sí mismo sin entender la inteligencia de la humana. ¿Cómo podía ser lo mejor cuando había sido responsable del trauma?
Si me hubiera detenido a tiempo...la sangre...
―Sesshomaru...A penas eres consciente de todas las cosas que han aflijido el alma de Inuyasha en todo este tiempo. No sólo tú, sino yo también, le hemos hecho mucho daño. Yo...―Las lágrimas acogieron las pestañas de la pelinegra.―...Si yo pudiera estar ahí junto a él...yo...creo que realmente podría...pero...―Kagome alzó sus manos y secó la ligera humedad. Una enorme sonrisa sin prejuicios iluminó su rostro.―Creo que ya no es posible para mí...―Sesshomaru trató de no pensar en la punzada de dolor repentina que le recordó a Rin.
―¿Y crees que estar bajo mi mandato va a ayudar a la situación? No veo cómo, miko.
Kagome arrugó la nariz y plantó su mano libre sobre la cadera.
―Sesshomaru, no pido que seas su "señor", pido que seas Su hermano, pido que..que...―Lanzó un gemido desesperado ante la cara de poker inaccesible, antes de mirárle con enfado.―Escuchame bien, Sesshomaru, tal vez todo esto no sea solo tu culpa, tal vez simplemente estabas en el lugar y el momento equivocado, pero Inuyasha está destrozado ¡por tí! ¡Sólo mírale!―Exclamó señalando el cuerpo desangrado que aún permanecía al otro lado de la dimensión.
―El cuerpo de Inuyasha se recuperará de inmediato gracias a Tenseiga.―Aseguró con firmeza.
Kagome fue incapaz de retener las lágrimas de dolor por más tiempo. Su voz se quebró a continuación.
―¿Y su mente?―Sollozó.―¿Y su corazón?¿Y su alma?―Dió dos pasos hacia atrás, temblorosa.―¿También va Tenseiga a curarlos?
La respiración de Sesshomaru enganchó, recordando los gritos, las lágrimas, la expresión de...
La miko es correcta. Eso permanecerá intacto.
Un ruidoso extruendo amenazó el tiempo. Kagome dibujó una expresión seria mientras se recompuso y atrajó Inuyasha hacia si misma protectoramente.
―Sesshomaru. No hay tiempo.―Instó con pesar.―No quiero Inuyasha para sufrir más. Y si para ello debo llevarlo conmigo, así lo haré.
Sesshomaru gruñó a la perra emocional que se atrevía a negarle lo que deseaba, pero aún así pensó en ello con empeño.
No merece la pena que vuelva a vivir si es para permanecer en ese estado patético. Este Sesshomaru no permitiría tal deshonra. Tal vez, es mejor que se marche ahora...
Sesshomaru dió un vistazo a la forma infantil que temblaba asustada entre los brazos de Kagome, su nariz crispandose para tratar de recoger un olor que no existía.
Por otro lado, ya que no a muerto por nuestra mano conscientemente, tal vez merece una segunda oportunidad.
―Sacerdotisa, dejaré que él mismo elija.―Sentenció con fuerza mirando fijamente sobre los orbes ámbar. Kagome parecía sorprendida por esta resolución.―Inuyasha.―Clamó con voz profunda.― ¿Eliges la vida... o la muerte?
Inuyasha parpadeó con confusión mientras era dejado sobre el suelo. Ambas personas mirando en su dirección.
―Tienes que elegir uno de los dos Inuyasha...―Aclaró Kagome acariciando su cabello suavemente.
Inuyasha dibujó un puchero por un momento. ¡Eso no era justo! Pero, parecía que no tenía una opción.
Yo siempre he querido vivir con Kagome, ella es mi vida, es la única persona que me ama...pero, Sesshomaru-nii-sama es mi muerte...si él desaparece, si no puedo morir, al final, nada por lo que he vivido significará algo...Yo no quiero perder a ninguno de los dos.
Las lágrimas también comenzaron a aparecer en su rostro.
―No puedo...―Sollozó agarrando la mano de Kagome fuertemente y extendiendo su otra mano hacia Sesshomaru.―Yo no quiero perder a ninguno. No quiero quedarme sólo.
Sesshomaru se sorprendió por esa declaración aunque no lo demostró en su exterior. Puesto que su hermano mismo había pedido por la muerte, creyó que la decisión ya estaba hecha.
No parece ser el caso.
Kagome se arrodilló para alcanzar su altura y lo abrazó fuertemente.
―No importa lo que escojas...yo siempre estaré contigo...―Susurró con la voz quebrada una vez más.―Es posible que no puedas verme, y que no puedas hablar conmigo, o abrazarme...pero sin importar que, yo voy a estar junto a tí y velaré por tí desde lejos. Que seas feliz es lo único que deseo...
Inuyasha miró en las profundidades cafés y reflexionó suavemente.
Finalmente, agarró el rostro de Kagome entre sus manos y posó sus labios sobre los suyos en un beso casto y suave. Al alejarse con un par de pasos, ambos se sonrieron brillantemente entre sí y dejaron perder las últimas lágrimas.
―Te quiero Kagome.
―Y yo a tí, Inuyasha.
El niño asintió, ambos en la comprensión mutua, antes de salir corriendo y saltar sobre el regazo de su hermano.
Aunque elija a Kagome, si mi onii-sama decide que es mi momento, yo dejaría que me lleve. Porque si estoy vivo es gracias a que la muerte fue mi motivación para vivir. Y fue él quien me la dió.
Sesshomaru parpadeó en la confusión al sentir el pequeño cuerpo aferrado en su contra y comenzar a ver la imagen distorsionada.
¿Inuyasha eligió vivir junto a mí?
Mientras la realización llegaba a él, su visión comenzó a ser delimitada de nuevo por el espacio físico de cuatro paredes.
―Recupérale por favor...―Suplicó la lejana voz femenina perdiéndose en las puertas del inframundo.
Para cuando Sesshomaru volvió a parpadear, se hallaba en una sala llena de suciedad con el cuerpo de un Inuyasha adulto entre sus brazos. Su mente se calmó cuando los látidos llenos de vida que procedían del cuerpo joven y desmayado llegaron a sus oidos y fueron registrados en su cerebro. Todas las heridas y marcas creadas por si mismo desaparecidas a excepción del lugar de donde procedía el flujo sangriento de los futuros cachorros perdidos.
―¿Lo recuperaste?―Preguntó una voz a sus espaldas repentinamente y sobresaltándole.
Se dió la vuelta para enfrentar al enemigo, calmándose cuando reconoció a su madre.
Miró hacia abajo al comprender que se refería a Inuyasha y la realidad le golpeó con fuerza.
Por primera vez desde que comenzó toda la confusión, Sesshomaru logró percatarse de un hecho irrefutable.
Había salvado a Inuyasha.
Eh Voilá! Esto es todo por ahora ;) Si no entendieron bien las reflexiones de Inuyasha háganmelo saber, y trataré de explicar mejor, sé que es un poco confuso
Nada más que decir, demasiado cansada para seguir hablando (bostezo)
Próximo capítulo: ¡Uf!¡Aún no pregunteis jo! U.U
