PEQUEÑOS MOMENTOS

~ Antes de la batalla ~

Dejó la guitarra a un lado y exhaló con desesperación. Le era imposible concentrarse y sacar una melodía decente, porque irremediablemente sus dedos tocaban una que tan de memoria se sabía pero que no era parte del repertorio de los "Wolves".

Se llamaba Tobira y pertenecía en exclusiva a Sora Takenouchi.

Gruñó por décimo quinta vez al darse cuenta de que ya estaba pensando otra vez en ella. ¡Así era imposible concentrarse! Aunque paradójicamente ella siempre había sido su inspiración.

Seguramente se debiese a que hoy en concreto pensar en ella no era motivo de alegría, ni le hacía esbozar esa sonrisa embobada de los últimos tiempos. Hoy pensar en ella le provocaba preocupación, resquemor, incluso cólera.

Miró el calendario, vio la marca del maldito día de su partida, es decir, mañana y vio la marca también del esperado día de su vuelta, es decir, quince días después, o lo que era lo mismo un día antes de que se retomasen las clases. Conclusión: todas las vacaciones de primavera fuera de Odaiba.

Volvió a hacer lo que llevaba haciendo cada cinco minutos esa tarde: comprobar su celular y D-Terminal. Ni un mensaje, ni una llamada, ni un nada. ¿Tan difícil era acordarse un poco de él? Iba a estar quince días lejos de él, ¿acaso no le importaba nada?

Lo guardó de malas formas tirándose boca abajo contra el colchón.

Quizá no era justo su comportamiento, a fin de cuentas iba a disputar un torneo de tenis a nivel nacional muy importante por el que había estado trabajando mucho tiempo, desde antes de Navidad, es decir, desde antes de que empezasen su relación y él pudiese exigirle nada.

Sabía que se lo merecía y que estaba muy ilusionada, pero…

Gimió impotente, dándose media vuelta.

Había hecho mil planes para estas vacaciones de primavera en los que ella irremediablemente formaba parte y ahora todo se truncaba. Estaría solo, peor que eso no estaría con ella.

Se levantó resoplando, preguntándose cuando demonios Yamato Ishida, ese lobo solitario que se prometió no necesitar a nadie se había vuelto tan dependiente de esa dichosa pelirroja.

En realidad todo sería diferente si fuese él quien se iba, estaría lejos de ella igualmente, pero no estaría en casa por lo que no tendría esta sensación de abandono. Ahora estaba en casa, en Odaiba y Odaiba era sinónimo de estar con Sora, de encontrarla a la esquina del instituto esperándolo, o en las pistas de tenis machacando pelotas sin descanso, o en su cafetería favorita tomando un batido, o en la escuela de Ikebana de su madre haciendo algún que otro arreglo, en general, tenerla siempre al otro lado de su puerta.

Pero ahora llamaría a su puerta y no estaría y eso era lo que le agobiaba. No podía sentirse cómodo ni llamar hogar a una ciudad donde sabía que no iba a encontrarse con ella.

Sabía que era una forma de pensar egoísta, pero no podía evitarlo, porque ahora que por fin había encontrado a esa persona a la que relacionaría siempre con su hogar, no quería perderla ni por quince días, ni por un segundo. Necesitaba saber que podría encontrarla cuando quisiese.

Un último vistazo a su celular en donde todo seguía igual, y se decidió.

Tomó la chaqueta y salió rumbo a esa puerta donde ella aún estaría al otro lado.

...

Tarareaba una canción que Ishida no reconoció como suya. En circunstancias normales no le habría importado, es más, le habría sorprendido lo contrario, que cantase alguna de sus canciones puesto que no disponía de un gran repertorio. Pero estaba tan susceptible con su inminente abandono que le molestó que ni tan siquiera se acordase de él inconscientemente por medio de su música.

Siguió por el corredor y llegó a su dormitorio sin decir absolutamente nada, fue incapaz de hacerlo porque automáticamente esa sonrisa de enamorado se dibujó en su cara.

Doblaba la ropa con minuciosidad, como solía hacer todo, con dedicación y cariño. Luego alzó la cabeza, posicionando las manos en las caderas, pensativa. Él cruzó los brazos y se recostó en el marco, disfrutando de la visión.

Agitó sus cabellos rojizos y se dirigió al armario. Al abrirlo Yamato se vio reflejado en su espejo y rió. Estaba tan concentrada en sus cosas que ni se había dado cuenta de que estaba siendo observada.

Cogió unas prendas y cerró la puerta rápidamente, pero entonces quedó parada.

Yamato permaneció a la expectativa, ¿acaso ya le había visto?

Despacio, Sora repitió sus movimientos, abriendo el armario, mirando el espejo justo en el ángulo que creía haber tenido esa preciosa visión.

Retiró ligeramente la cabeza estupefacta, porque en efecto ese rubio en pose despreocupaba que no apartaba sus azules ojos de ella era él. Su flamante y enigmático novio.

Se volteó para encararlo, ya con esa sonrisa que iluminaba el corazón de Yamato, ocupando su rostro.

-¿Qué haces aquí?.- cuestionó incrédula por lo que veía.

El chico cerró los ojos y levantó los hombros.

-Nada… ¿y tú?

Con esa reacción, Takenouchi ya supo que estaba molesto por algo y que se iba a hacer de rogar para que se lo contase, pero no le importó. Le gustaba demasiado su presencia y ya iba a estar lejos de él eternos quince días, por lo que disfrutaría al máximo de estos minutos.

-Estoy terminado el equipaje.- comentó, metiendo en la maleta esa prenda que ocupaba sus manos.

Ishida la siguió con la mirada.

-¿Es que te vas?.- cuestionó, haciéndose el indiferente.

La portadora del amor se volteó extrañada.

-Voy con el club de tenis, ya te lo dije.

El rubio hizo un gesto de comprensión, recargándose más si puede en el marco.

-Eso, se me había olvidado.

Giró la cabeza penetrando con su intensa mirada en los rubís de Takenouchi, intentando de alguna manera intimidarla.

-¿Y te vas para mucho tiempo?

Había hecho la cuenta incluso de los minutos que iba a estar fuera, pero quería escucharlo de su boca, que ella le dijese claramente "te voy a abandonar durante quince días y ni tan siquiera me iba a molestar en despedirme de ti".

Sora fue incapaz de mantenerle la mirada. Era increíblemente acusatoria.

-Quince días, creo que también te lo dije.

El rubio hizo un sonido de conformidad.

-De acuerdo.- se apartó del marco de la puerta, dándose la vuelta.- que te diviertas.

Era una reacción increíblemente infantil, pero era de la única forma que le salía comportarse. Quería que ella estuviese pendiente de él y hasta, por qué no, se sintiese culpable de dejarle solo y eso solo se conseguía comportándose como un crío inmaduro.

Sintió sus dedos tomándole de la muñeca y sonrió con satisfacción, pero se contuvo de mostrarle esa sonrisa a Sora cuando la encaró.

-¿A dónde vas?

-A mi casa, yo también tengo cosas que hacer y además así no te molesto.

Takenouchi bajó la mirada tomándole ahora del jersey, jugueteando con su bordillo.

-No me molestas, ¿de donde te has sacado eso?

El rubio se hizo el indiferente, como si fuese inmune a ese tono y esos gestos tan adorables de la pelirroja. Le detuvo de las manos.

-Debes de estar ocupada, no pasa nada, ya nos veremos dentro de quince días.- dijo, dedicándole la sonrisa más falsa de la historia.

Y Sora palideció, cayéndole esa cifra como una enorme losa en su espalda. Quince días, iba a estar alejada de él quince días y ni tan siquiera se había molestado en planear esta última tarde con él. No es que no lo hubiese pensado, bueno realmente había intentado no pensarlo para no echarlo de menos. Concentrarse al máximo en el torneo y olvidar lo que dejaba en Odaiba.

Se sintió tremendamente culpable.

-Oye Yamato, aún tengo que hacer algunas compras para el viaje, ¿por qué no me acompañas y pasamos la tarde juntos?

Victoria. Bueno, no había anulado el viaje, pero al menos había conseguido que sintiese un poco de culpabilidad por dejarlo solo y eso era una gran victoria para Ishida.

-Si te hace ilusión, supongo que podría posponer mis planes, a fin de cuentas tengo quince días para hacerlos.- recalcó de nuevo esa cifra y Sora suspiró con pesadumbre.

-Voy a por mi bolso.

...

-Espera un segundo.- tiró de su brazo reteniéndolo y el rubio resopló mirando al cielo, al de arriba claro.

Miró ahora sí, de reojo, a su cielo, que se recolocaba el gorro mirándose a un escaparate. Desde que se había comprado ese dichoso gorrito había realizado esa acción ya veinte veces, en concreto en todos los escaparates por los que habían pasado.

-Ya estás bien, ¿podemos seguir con nuestra vida?.- cuestionó el compañero de Gabumon con agotamiento.

Sora le sonrió.

-Es que hacía tiempo que no me ponía gorro y no sé si acierto a llevarlo.- volvió a mirarse como cual Mimi.

Yamato se contagió de su sonrisa haciendo un gesto con la cabeza mientras le ofrecía su brazo para que se enganchase.

-Sigues siendo la chica que mejor lleva los gorros de Odaiba.

Y eso le bastó a la pelirroja para sentirse la chica más guapa que paseaba por el animado boulevard, y aunque no fuese cierto, a los ojos de Ishida sí lo era y eso era lo único que importaba.

Se enganchó a su brazo muy animadamente, reanudando el paseo.

-¿Entonces te gusta mi gorro nuevo?.- insistió.

Ishida rió.

-Sí…- contestó alargando la última letra en exceso.

Sora lo miró con malicia.

-¿Eso quiere decir que no te gusta mi peinado?.- preguntó con provocación.

Dado el tono ameno de la charla no se esperaba la reacción tan brusca que tuvo su novio. Detuvo el paseo y la miró seriamente.

-No soy Taichi.- dijo secamente, reanudando la marcha de una forma más acelerada.

Takenouchi tuvo que correr un poco para seguirle el ritmo y no perder su brazo.

-¿A qué viene eso?.- preguntó tristemente por su cambio de humor.

-Pues que yo no voy a permitir que te enfades conmigo por comentarios irrelevantes.

La portadora del amor bajó la cabeza.

-Solo era una broma.

-No soy Taichi.- repitió el chico con molestia.- no entiendo las bromas que van dirigidas a sus comentarios y acciones.

Sora suspiró.

-Perdona.

-No pasa nada.- contestó él, pero al contrario de su propósito, es decir, tranquilizar a Sora, la agobió más, debido a que su tono reflejaba una gran irritación.

El paseo se volvió frío, silencioso a pesar del bullicio del centro y tenso.

Sora sabía que había metido la pata, aunque tampoco tenía muy claro por qué, solo sabía que era por Taichi. Yamato podía resultar muy susceptible con todo en general, más con cualquier tema que hiciese alguna comparación entre él y su mejor amigo. A veces le resultaba hasta paranoica esa necesidad de diferenciarse con el moreno, sobre todo a los ojos de la pelirroja. ¿Es que acaso pensaba que ella no los diferenciaba?, ¿que no los trataba de diferente manera?

Resultaba hasta insultante la actitud de su novio, acusándola, como si tuviese que sentirse culpable de sus comentarios.

Pero se resignó, porque a fin de cuentas, Yamato tenía razón en una cosa, él no era Taichi por lo que no venía al caso hacer comentarios que solo tendrían sentido con Yagami.

Lo único que conseguía era esto, despertar sus celos y ponerle de mal humor.

Confiaba en que con el tiempo Ishida se fuese relajando, se convenciese de que la relación que ella mantenía con Yagami no era ninguna amenaza a lo que sentía por él, y finalmente pudiesen disfrutar plenamente de todo, sin ningún tema tabú, ni miedo a decir o hacer algo que pudiese molestar al otro. Pero entendía que aún era muy pronto para eso, que su relación todavía debía madurar mucho, que ellos debían madurar, conocerse y vivir experiencias, para que así pudiesen gastar bromas con solo sentido para ellos dos.

La pelirroja sonrió por imaginarlo, más que eso, estaba convencida de que ese sería su futuro.

Alzó la vista disfrutando del animado paseo, cuando sus ojos chocaron con alguien que no esperaba ver y su mente se liberó de cualquier pensamiento que le atormentase.

Yamato sintió como Sora tiraba de él. La miró y siguió lo que señalaba.

-Es Hika-chan.

Ishida entrecerró los ojos. ¿Es que la última tarde que iba a pasar con su Sora en quince días tenía que ser monopolizada por los Yagami?

A penas se dio cuenta de cuando, pero la chica ya les había saludado y puesto que iba con su inseparable cámara en la mano les había sacado una foto a la que casi no le dio tiempo ni a posar.

Ni llegaron a cruzar dos palabras, ni a acercarse demasiado porque la castaña ya siguió su camino, aunque a Sora le había parecido ver a alguien muy familiar con ella.

-¿Era Takeru el que iba con ella?

El rubio achicó los ojos buscándolo entre el gentío.

-Me habría saludado.

-Igual no querían que les viésemos juntos.- fantaseó Sora con diversión.

Yamato la miró atentamente unos segundos, como intentando encontrar una explicación lógica a esa actitud. Agitó la cabeza retomando el paseo.

-¿Por qué no iban a querer que les viésemos juntos?, si siempre están juntos.

-Igual les da vergüenza que les veamos juntos en otro ámbito que no sea el colegio o asuntos digitales.

Debía reconocer que en estos asuntos las chicas eran mucho más perspicaces o fantasiosas, según como se mire, que los chicos.

-¿Quieres decir que están como pareja?.- cuestionó Yamato, con una sonrisa entre ilusionada y maliciosa. Si fuese cierto, ya tendría diversión para los próximos quince días, que se resumiría en molestar a su hermanito por su relación con la pequeña Yagami.

La pelirroja sonrió abiertamente, pues el gesto de Yamato había cambiado por completo. Con unos divertidos comentarios a costa de los adorables angelitos había conseguido que la molestia de Ishida se disipase y pudiese volver a contemplar esa sonrisa que le iluminaba el alma y le aceleraba el corazón.

Se achuchó con más fuerza a su brazo.

-¿Crees que algún día serán novios como tú y como yo?

Y Yamato la miró con esa adictiva arrogancia tan característica en él.

-Creo que sí serán novios, pero no como tú y como yo.

Totalmente derretida, Sora apoyó la cabeza en su hombro, estrujando tanto su brazo que casi impidió que la sangre llegase a él.

-Eres adorable.

Las mejillas de Ishida se cubrieron de un gracioso tono carmín, que le dio un aspecto más adorable si puede.

Claro que no había que olvidar que Yamato estaba enfadado, bueno, en realidad nunca lo había estado, pero seguía mustio por el próximo abandono de su chica y sabía que podía sacar mucho más de esa situación que un simple achuchón y unas palabras bonitas.

Le provocaba cierto nerviosismo, porque nunca se lo había propuesto, pero sabía que era el día idóneo para ello, por lo que no debía desaprovechar esta oportunidad.

Respiró hondamente y se armó de valor.

-Esto… ehm…

Tartamudeos incoherentes, eso significaba que Yamato estaba intentando decirle algo importante, por lo que la chica le prestó atención.

-¿Sí?

Chocó con sus ojos rubí, que lo miraban con máxima expectación, y abrumado, tuvo que bajar la cabeza. ¿Dónde estaba el chico arrogante y sobrado ahora? Al final, solo era un niño inseguro e indeciso que estaba aprendiendo a amar.

-Quiero decir que… bueno si… eh… ¿le importaría a tu madre que…en fin… que cenases en mi casa?.- lo dijo y Sora, ni reparó en el hecho de que no se lo pidiese directamente a ella, es decir, que ya daba por seguro que ella iba a aceptar, y para que engañarse, era verdad.

Yamato la conocía mejor que nadie.

No hizo falta decir nada con palabras, porque la luz que emanaban sus ojos y la sonrisa que ocupaba su cara fue la mejor respuesta que podría haber dado.

...

-¡Siéntate!.- exclamó por enésima vez empujando a la pelirroja a su silla.- eres mi invitada, cocinaré yo y tú te estarás quietecita.

La chica se cruzó de brazos y gimió impotente. No estaba acostumbrada a estarse quieta mientras los demás trabajaban, aunque debía admitir que era halagador el trato que le estaba dando Ishida.

Escaneó ese desorden de cocina que tan bien conocía, no por nada desde Navidad era allí donde pasaba gran parte de sus tardes libres, pero curiosamente nunca había coincidido encontrarse en esa situación. En estos meses era la primera vez que se quedaba a cenar en casa de su novio y eso le provocaba una marea de nuevas sensaciones.

Se podría decir, que era un paso más hacia delante en su relación.

Sin poder remediarlo, sus ojos ya habían quedado presos de ese rubio mientras sus pensamientos divagaban sobre el buen rumbo que estaba tomando todo esto que empezó con unas galletas en un camerino.

Esbozó una sonrisa por su atuendo, sin duda alguna si otra persona le viese con ese delantal no habría dudado en reírse en su cara. Le alegró saber que Yamato confiaba en que ella no se reiría y si lo hacía, cosa que era bastante irremediable, no se molestaría.

Para cuando se quiso dar cuenta ya se había levantado nuevamente y caminaba hacia ese rico aroma que desprendía el puchero que con tanta dedicación y mimo removía su novio.

Yamato se sobresaltó al notar que Sora olfateaba por encima de su hombro.

Se dio la vuelta todavía con la cuchara en alto para encontrarla de puntillas, con una irresistible sonrisa de niña buena y con las manos en la espalda.

En ese momento abrazarla muy fuerte contra sí fue su máximo deseo, pero se contuvo.

-Te he dicho que te sientes.- intentó sonar firme, indicándole el asiento con la cuchara.

-No toco nada, solo miro.- contestó la chica, apoyando los pies en el suelo y torciendo un poco la cara para ver el guiso.

Ishida lo tapó.

-No se puede ver, ni probar la obra de un artista hasta que esté terminada.

-Pero sí oler.- contraatacó la tenista con provocación.

Y el muchacho resopló, dándose por vencido.

-Siempre te tienes que salir con la tuya, ¿verdad?

Sora percibió su tono de derrota, demasiado dramático para el carácter de la conversación.

-No gruñas.

Se recostó en la encimera, bajando la cabeza abatido.

-No gruño.

Takenouchi perdió la sonrisa, invadiéndole un sentimiento de preocupación. Su chico llevaba todo el día raro, más de lo habitual. Había pasado de la irritación, a la paranoia hasta llegar a la depresión que era donde se encontraba ahora.

No sabía a que se debía exactamente pero sí que quería remediarlo. No podría irse tranquila sin estar segura de que Yamato se encontraba bien.

Le tomó de las manos tirando de él para enderezarlo y hacer así que alzase la cabeza y la mirase.

-¿Me vas a decir ya lo que te pasa?

El chico se encogió de hombros, mirando su alrededor melancólico.

-Nada, está todo bien.

Era lo que llevaba buscando todo el maldito día, que ella se preocupase por él, pero su orgullo le impedía decir claramente el motivo de su desdicha. En gran medida porque sabía que era un motivo egoísta e increíblemente infantil.

Trató de volver a concentrarse en el guiso, pero ella se lo impidió.

-Mañana me voy y no voy a poder estar a gusto si sé que tú no estás bien.

Y fue lo necesario para hacer reaccionar a Ishida, mejor dicho a esa necesidad de proteger a todo lo que amaba. Solo de imaginar que Sora no iba a disfrutar de su tan merecido como ansiado torneo por su culpa le entraban ganas de abofetearse a sí mismo.

Esto ya había llegado demasiado lejos, ya era hora de, aunque le doliese, comportarse como un adulto y mirar por el bienestar de su chica.

La tomó de los hombros trasmitiéndole calidez y seguridad, esa a la que Sora estaba tan acostumbrada cuando se encontraba entre sus brazos.

-Tú solo preocúpate de disfrutar y de ganar ese torneo, yo estoy bien.

Sonaba sincero, pero no logró convencer del todo a la pelirroja.

-¿Seguro que no te pasa nada malo?.- cuestionó con temor.- me lo dirías, ¿verdad?

El músico sonrió con satisfacción. Era tremendamente reconfortante sentir como alguien se preocupaba de esa manera tan abnegada por ti. Sin duda era muy dichoso por tener el amor de esa joven.

A ella no le podía ocultar nada, ni tan siquiera sus berrinches infantiles.

Bajó la cabeza algo avergonzado, al mismo tiempo que sus manos se deslizaban por los brazos de ella, posicionándolas en su cintura, mientras sus pulgares, acariciaban su abdomen tiernamente.

-Es que… supongo que… bueno… que Odaiba no es lo mismo sin ti.- confesó alzando tímidamente la mirada.

Cualquier peso que amenazaba por ocupar el corazón de Sora se disipó al encontrarse con esa mirada de amor.

Sonrió abiertamente al entender al fin lo que le ocurría. Nada más y nada menos que la iba a echar de menos. No podía creer que su insignificante partida hubiese causado tanto impacto en su imperturbable novio. Sin duda era una nueva muestra de su amor sincero.

-Serán solo quince días.- tranquilizó la chica.

-Todas las vacaciones de primavera, nuestras primeras vacaciones como novios.

Takenouchi llevó la mano a su mejilla, proporcionándole una dulce caricia.

-Habrá muchas más.

Ishida asintió, pasando ya sus brazos por alrededor de su cintura, estrechándola más a su cuerpo.

-También va a ser la primera vez que estemos separados tanto tiempo desde Navidad.

La compañera de Piyomon dejó caer la frente contra su pecho.

-Si nuestros corazones están unidos ninguna distancia en lo suficientemente grande como para separarnos.

Solo la portadora del amor era capaz de soltar ese tipo de frases y que no sonasen ni cursis ni excesivamente idílicas, sino reales, como una verdad máxima. Yamato supuso que sería uno de los poderes que le otorgaba su emblema.

La separó de él, para reflejarse en esos ojos del color del amor, para memorizar cada detalle de su rostro, para recordarlo nítidamente hasta que pudiese volver a tenerlo a esta distancia.

Y como cabía esperar, lo siguiente que notó Sora fue ese agradable y adictivo cosquilleo en sus labios, provocado por el pausado beso de su novio. Jamás se lo diría pero la forma en la que Yamato la besaba, tan dulce y calmada era una de las cosas que más iba a echar de menos.

Abrió los ojos de golpe al darse cuenta de que este beso se estaba tornado diferente, de que algo nuevo estaba ocurriendo, pues por sus labios entreabiertos, Yamato estaba introduciendo su lengua, sin descaro, de una forma tranquila, incluyendo esa acción con la más absoluta naturalidad dentro del beso. De una manera en la que si ella no estaba de acuerdo, pudiese detenerlo antes de que empezase.

Pese a que le sorprendió, Sora no tuvo en ningún momento la intención de apartar la cara, ni de no permitir el beso, es más se amoldó a esta nueva sensación en cuestión de segundos, con la misma sencillez con la que Yamato había elevado el nivel del beso. Había dado un paso más en su relación.

Y de la misma forma que empezó, Ishida lo finalizó, sin poder controlar su sonrisa pícara por lo que acaba de hacer y más al ver el sonrojado rostro de su chica, que respiraba más fuertemente, pero sin necesidad de hacer grandes esfuerzos, pues el beso no se había tornado frenético. Todo lo contrario, había seguido conservando la misma delicadeza y ternura.

Sora abrió lo ojos, pero eso no hizo que llegase a tierra firme, porque la marea de nuevas sensaciones que acababa de experimentar aún la mantenían flotando entre ese cielo que eran los ojos de Yamato.

-Es para que no te olvides de mí y sepas lo que dejas en Odaiba.

La pelirroja asintió, buscando de nuevo sus labios como si de un imán se tratase, pero esta vez solo recibió un beso en la mejilla.

-A la vuelta más y mejor.- le susurró al oído con coquetería.

La tenista fue volviendo en sí conforme el color rojo se fue adueñando por completo de su cara, apartándose un poco de Yamato y de su comprometida situación, lo que hizo que este inflará el pecho con más arrogancia si puede.

Pero entonces algo les devolvió a tierra firme, se voltearon temerosos hacia el puchero, de donde salía ese humillo y ese olor.

Con tantas nuevas experiencias se habían olvidado por completo de su cena.

-¡Se ha quemado!.- apartó Yamato con desesperación.

Gimió al ver que no podría rescatar nada de su guiso.

-Creo que tampoco olvidaré el primer día que cocinaste para mí.- dijo Sora con diversión, asomándose por su hombro.

El rubio, deprimido por este nuevo fracaso, solo encontró un consuelo posible.

-No puedo esperar a tu vuelta.- confesó, tomándola de las mejillas, mientras ahora sí, con un descaro sin precedentes, se adueñaba de esos labios que siempre marcaría como suyos.

Y esta vez los dos se dejaron llevar por el beso, por su amor, haciendo de esta despedida, primera de muchas otras, algo que jamás olvidarían, y dándose cuenta de que en verdad la distancia física no era nada, mientras sus corazones siguiesen unidos.

Además, si así eran sus despedidas, valdría la pena esperar por sus reencuentros.

-OWARI-

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N/A: tenía mono de Sorato y el capítulo se escribió solo. Seguro que lo sabéis pero por si acaso aclarar que esta escena se supone que ocurre antes de la peli "Diaboromon strikes back", peli sorato por excelencia jeje.

Nada más, gracias por leer, más por comentar.

Soratolove/sorato4ever

Publicado: 24/05/13