El silencio parecía apoderarse de la habitación con cierta tranquilidad. Anastasia dejó escapar un suspiro mientras seguía mirando algunos de sus documentos. Miró al reloj, esperando que su compañera de trabajo hiciese acto de aparición. Tragó saliva, pensando detenidamente en todo lo que estaba sucediendo con ese caso, pero lo único que pensaba era en el hecho de que todo parecía ser muy sencillo, pero había datos que se escapaban a su control más rápido de lo que llegaba a pensar.

Tembló, un poco alterada mientras que dejaba los papeles a un lado. No pudo evitar pensar en todo lo que había sucedido en esos días. Un asesinato de alguien que clamaba justicia y el aparición de una mujer que logró que su mundo se alterase de alguna manera u otra. Suspiró un poco, encantada, mientras que rememoraba esos momentos que a veces se le hacían interminables. ¿Qué pasó con esas tardes de verano, cogiendo las bicicletas y perdiéndose por el parque de la ciudad? ¿Qué sucedió para que ya no existiesen esos momentos entre ellas dos? Risas, tonterías y palabras suaves, delicadas, sencillas. Encendió el aparato suyo de música, y empezó a sonar una canción que hizo que todos sus sentidos se estremeciesen por completo.

Heart beats fast. Colors and promises…

¿Dónde está Anastasia?

La voz de Marta resonó bajo la fuerte música del baile que se estaba celebrando en medio del pabellón del instituto. Estaban en su tercer curso, y se veían ya casi como verdaderas adolescentes en un baile de mayores. La joven de cabello oscuro la buscaba con necesidad mientras que sus otras compañeras la miraban con cierta diversión.

Estará con el novio…―Dejaron escapar con una risotada malévola que no se escapó a la morena, pero que prefirió no hacer caso. Anastasia le había prometido que estaría con ella en ese baile, y la creía. Siempre la había creído en todo ese tiempo― ¿Por qué no vas a bailar con David?

Y la muchacha se giró, percatándose de que el chico no quitaba la vista de encima de ella. Volvió a voltear su rostro, evitando el encontrarse con la mirada del muchacho, esperando a que su amiga la sacase de ese infierno que era el baile ese. Nunca le habían gustado ese tipo de fiestas, más que nada porque era vergonzosa y no se le daba bien bailar, pero por su amiga era capaz de hacer cualquier cosa. Su corazón era el que lo hacía, latiendo más rápido de lo normal, quedándose sin respiración cuando estaba a su lado. Se mordió el labio con fuerza, con rabia, y ante todo, con dolor. ¿Por qué ella? ¿Qué era lo que había hecho?

Marta…―Llegó a escuchar no muy lejos de ella. Tragó saliva, girándose de nuevo para sonreír forzosamente ante la encantadora sonrisa del chico que la observaba a lo lejos y que se había decidido a hablar con ella― ¿Sabes que estás preciosa? Mucho más guapa, aunque es difícil…Siempre lo estás.

Gracias…―Se sonrojó ante esas palabras, esperando que todo fuese una tontería y que la dejase marchar― ¿Quieres algo?

Era para ver si venías a bailar conmigo…Y después podríamos a ir a dar una vuelta y hablar tranquilamente. No me gustan mucho este tipo de fiestas.

Marta sonrió un poco, aunque más pareció una burla que un gesto de sinceridad y comprensión. David no era de esos chicos que se quedaban en casa por las noches ante el aburrimiento de ir a tomar algo con sus amigos. Más bien, era todo lo contrario. Suspiró, un poco aburrida, y pensando una excusa para poder salir del paso y librarse del chico, que pese a todo, era muy agradable y simpático con ella. Y daba igual que fuese por intereses del chico y que después, si conseguía lo que pretendía, la dejaba tirada. Estaba por ahora siendo simpático y la bondad de la chica, que en la adolescencia era extrema, hacían que permaneciese allí sin llegar a dejarle de lado.

Pero había algo que hacía que Marta fuese capaz de comportarse como una maleducada y le dejase al chico con la palabra en la boca. Y esa, era Anastasia. La muchacha se adentró por la puerta y se dirigió a una zona oscura de todo el lugar, sentándose en el suelo para quedarse pensativa. Pero su soledad siempre podía tener una fisura, y cuando levantó la vista, la clavó en los ojos de su mejor amiga, la que miró por un momento al chico y con una disculpa, le indicó que había algo que reclamaba su atención.

Se lleva muy bien con su amiga, ¿no? ―Inquirió con un tono molesto David a las amigas de Marta―Parece que esté enamorada de ella o algo―Soltó con rabia, mirándolas a las otras, que tampoco parecían muy encantadas con el hecho de que Marta siempre estuviese bajo las órdenes de Anastasia.

Tranquilo…Nos apañaremos para separar a esas dos. Y cuando eso suceda, tendrás el camino libre para salir con ella―David las miró sin entender.

¿Qué es lo que pensáis hacer? ―Preguntó con interés. Una sonrisa misteriosa apareció en el rostro de una de ellas.

No te preocupes…Nosotras nos encargaremos. Tú, solamente espera…

David sonrió satisfecho, quedándose en silencio mientras se colocaba al lado de las otras dos chicas, sin poder apartar la mirada de Marta, la que se acercó y se quedó de pie en frente de la que era su mejor amiga, una castaña que parecía sumergida en sus pensamientos. Se quedó ahí, sin saber muy cómo comportarse y pensando que, quizás, su amiga necesitaba estar sola. Después de todo, quizás estar hablando con David le ayudaría a comprender de verdad sus sentimientos y sensaciones, aclarándose así su sexualidad.

Marta, espera―Escuchó salir de los labios de su amiga, quedándose sin respiración cuando se giró para encontrarse con los ojos de tonalidad miel de la chica―No te vayas, por favor…Quédate conmigo―Marta sonrió.

Eso siempre…―Musitó con suavidad, sentándose a su lado entonces, quedándose bajo la oscuridad del pabellón. Nadie parecía poder verlas, y eso era casi algo que ambas agradecían.

Se miraron en silencio, sin saber muy bien la razón del por qué las dos se sentían incómodas, como si hubiesen acabado de descubrir que entre ellas había una tensión difícil de sobrellevar. Los labios de la morena se entornaron en una mueca extraña, tragando saliva mientras que su amiga permanecía en silencio.

Stephan me ha dejado―Soltó de repente, haciendo que Marta entreabriese los labios, sorprendida, y ante todo, preocupada por su amiga.

Tenía claro que la quería, y por esa razón, aunque le doliese, estaba dispuesta a todo con tal de que fuese feliz, y si era al lado de otra persona, le ayudaría aunque le matase por dentro.

Anastasia, yo…Lo siento mucho… Sabes que puedes contar…

¿Sabes qué es lo peor de todo? ―Inquirió con un tono fuerte―Que no me duele…Ni siquiera lo lamento. Hasta se lo agradezco, ¿sabes?

No…No te entiendo.

Creía que me dolería, pero no ha sido así―Musitó con fuerza mientras clavaba su mirada en la de su amiga, ladeando la cabeza de vez en cuando con gestos sencillos que encantaban a la morena―No me dolería como…

¿Cómo qué? ―El silencio se apoderó de ellas― ¿As?

Cómo te echaría de menos a ti si te alejases de mi lado. Me he dado cuenta cuando Stephan me ha dejado de que todo es muy frágil y que lo podemos perder a cualquier movimiento, pero no quiero perder a alguien tan importante como eres tú.

Las palabras dejaron a Marta en silencio, sin poder evitar sonreír ante las palabras de la castaña, que cogió la mano de su amiga con cierta fuerza, sonriendo con cordialidad y con cariño, apoyando su cabeza en el hombro. Se quedaron en silencio las dos, disfrutando de la compañía de la otra, pero Anastasia se apartó un momento, mirando detenidamente el rostro de Marta, con tanto cuidado que hubiese sorprendido a cualquiera.

¿Qué es la atracción? ¿Qué es el amor? Eran preguntas que desconcertaban a todas las personas, pero sobre todo a las dos chicas que se encontraban en la esquina de ese pabellón. Un momento de silencio. Las respiraciones incrementándose, acelerándose, siendo sabedoras de todo aquello que parecía estar a punto de suceder. Disfrutar de un juego denominado amor.

Sus miradas conectaron en cuestión de segundos, y en tan solo un segundo, un instante, un silencio, sus bocas ya se habían encontrado con tal suavidad que parecía que ni siquiera se habían llegado a tocar. Sus narices se rozaban ligeramente en ese mero contacto de sus labios. Era un juego de seducción en el que la mano de Anastasia seguía acariciando la de Marta con cuidado, sin dejarse llevar por ese miedo que le atenazaba el alma. Su amiga, en cambio, creía que se iba a morir del puro placer. Su mano se deslizó por el brazo de Anastasia, que se mantenía rígido ante esos contactos que le proporcionaban los dedos de su acompañante. Sentía el aroma inundando sus fosas nasales, y un vacío apoderarse de ella. No eran los besos de Marta como los de Stephan.

Los del chico parecían perfectos, provocantes, seductores. Los de Marta, en cambio, le proporcionaban un vacío que le hacían marearse por completo. Pero había una gran diferencia que asustó a la castaña, y mucho. Los besos de su amiga le hacían feliz, pero de verdad. No eran perfectos, pero que se moviesen sobre los suyos con inexperiencia causaban una ternura y una felicidad que hacían que su cuerpo se estremeciese por completo. ¡Maldito el placer el de las carnes! ¿Tanto le gustaba ese beso? Sabía que sí, porque no era capaz de separarse de su lado.

David, que no podía apartar la mirada de las dos, se sorprendió al percatarse de que se estaban besando. ¡La chica que le gustaba! ¡Besándose con otra mujer! ¿Qué narices era eso? Se quedó congelado, en su posición, llamando así la atención de Anastasia, que se separó bruscamente de Marta, levantándose y saliendo por la puerta del pabellón. La morena se quedó sin aliento, percatándose de todo lo que había sucedido. Sin embargo, cuando quiso levantarse para ir a buscarla, la mano fuerte del chico la detuvo.

¡Déjame ir!

¡Ni se te ocurra! ¡Te has besado con ella!

¿Qué es lo que dices? ¿Estás loco, David?

Te he visto, Marta, así que será mejor que no te muevas si quieres que tu pequeño secreto permanezca a salvo. Y créeme, no creo que a tu amiguita le venga bien que todo el mundo sepa de vuestra…Amistad.

¿Qué es lo que quieres?

Que me dejes demostrarte que te puedo quitar esa tontería―Susurró con una sonrisa coqueta, inclinándose―Que me dejes ver que estoy completamente enamorado de ti―Y entonces, la besó. Al menos, no había sido su primer beso.

I will be brave

― ¿Estás bien, Marta?

La mujer se quedó en silencio, mientras que Rachel la observaba con cierta precaución, sin saber si decirle algo más o, simplemente, quedarse allí, escuchando la respiración calmada de su amiga. La morena levantó su mirada, clavándola en los ojos negros de Berry, que se dejó caer a su lado con una sonrisa en su rostro.

―Estaba pensando…

― ¿En qué? ¿En Anastasia? ―Recibió un golpe de su amiga, que solo era capaz de sonreír― ¡Ay! ¿Por qué me golpeas? No he preguntado nada malo…

― ¿Y tú? ¿Qué tal con Quinn? ¿Y su novia? ¿Es una estúpida como me imagino?

―No…Parece la novia perfecta, pero sé que no lo es. Pero lo único que sé de fijo es que se nota que quiere a Quinn…Además, ¿a qué viene eso?

―A que quedarías tú mejor con nuestra rubia predilecta…

― ¿Te estás dando cuenta de que eres una tonta? ¿Cómo voy a salir con Quinn? Es una mujer―Marta la miró con las cejas levantadas y mucho interés.

―Ya… Hola, estás hablando con una mujer que… ¡Oh! ¡Espera! ―Sonrió exageradamente, haciendo que Rachel riese un poco― ¡Qué le gustan las mujeres! ¡Oh Dios mío, Rach! ¡Alucina! ¡Tienes a una lesbiana al lado tuyo! ¿Cómo se siente al estar tan cerca de una especie en extinción?

― ¡Qué tonta eres!

―Ahora en serio, Rach… ¿Y qué que sea una mujer? Tus padres, te recuerdo, que son dos hombres. ¡Hasta mi abuela parece tener un romance con su mejor amiga! ¡Es todo muy fuerte! ¿Y sabes qué es lo mejor de todo? ―Rachel negó con la cabeza―Que acabaron juntas…

― ¿Y cómo lo sabes?

―Mi tía abuela, Teresa, está en una clínica por Alzheimer…Voy a visitarla todos los meses. Mi abuela Ana estuvo con ella cuando empezó a tener la enfermedad, antes de su muerte.

―Entonces…No lo entiendo.

―Mi abuela Ana vivía con mi abuela Teresa, pero no sabía que era porque fuesen parejas. Teresa estaba aún casada en aquel entonces y mi abuela Ana siempre había parecido una mujer de esas que tenían relaciones con muchos hombres. O eso me decía mamá, aunque es cierto que nunca la vi con nadie que no fuese Teresa.

―Así que acabaron juntas y felices… ¿Te imaginas a ti con Anastasia llegando a la vejez juntas? ¡Sería tan bonito!

―Menos lobos, caperucita.

― ¿Qué sucede? ¿No la quieres o qué?

La pregunta se quedó en el aire, mientras que Marta dejaba las hojas que tenía en la mano. Qué estúpida era esa maldita pregunta. Y la respuesta todavía lo era más. Claro que la quería. Tanto que le dolía todo el alma, sobre todo al volver a ver esos ojos que algún día le hicieron quedarse sin respiración. Unos labios que se apoderaron de los suyos en ocasiones que nunca hubiese creído. Un amor que le hizo sufrir por todo, y a la vez, ser feliz como nunca antes lo había sido. ¡Claro que la quería! Incluso eso era una cosa muy fácil. No la quería. La amaba. Con todas las fuerzas de su corazón. La amaba.

―Creo que no hace falta que conteste a la pregunta.

― ¿Entonces? ¿Qué más da todo lo que sucedió? Ella te quiere, y tú a ella. ¿Cuál es el problema?

―No es tan fácil, Rach… ¿Crees que para mí es fácil de olvidar todo lo que pasó y…?

―Yo solo sé que ella quiere estar contigo y que tú quieres estar con ella ¿Qué tiene eso de malo? ¿Cuál es el problema?

―Que no podemos hacer como si nada hubiese sucedido.

―Pero podríais…Mira, hacemos una cosa. Si ella te pide de ir a dar una vuelta, dile que sí. ¿Qué puedes perder?

― ¿El volver a salir herida? ¿El volver a sentir mi corazón hecho pedazos? No quiero volver a sufrir…Tengo miedo, Rachel.

La morena se levantó del sofá y se dirigió hacia la salida, girándose para ver a su mejor amiga sentada con el diario de su abuela entre sus manos. Una sonrisa se escapó de sus labios sin poder evitarlo, pensando que, después de todo, no tendría razones para decir lo que estaba a punto de decir. Pero sabía que su amiga solo necesitaba el aliento suficiente como para hacer eso.

―Pues solamente tienes que ser valiente, Marta. Ser valiente y no dejarte arrastrar por el miedo.

Salió de allí, haciendo que Marta mirase de soslayo el lugar que antes había ocupado su amiga. En parte tenía razón. ¿Y si era valiente? ¿Y si luchaba por todo aquello que, de alguna manera, quería con todas las fuerzas de su corazón? ¿Y si olvidaba todo aquello que había sucedido entre ellas dos?

"Cariño, no puedes dejar de luchar por todo este sentimiento que nos embarga de alguna manera u otra. ¿Son imaginaciones mías el hecho de que nos muramos cada vez que nos alejamos? Dime que no es mentira esa mirada que nos dedicamos la una a la otra en esos momentos en el que la una parece dejar de ser de la otra. Quiero pensar que esto es una maldita pesadilla. Un sueño del que me voy a despertar acogida entre los brazos de tu hermano. Una pesadilla que me haga suspirar y hacer ver que nada de eso sucederá.

Pero, mi amor, lo único que consigo es hacerme más daño, y sobre todo, que este incremente cuando me percato que tú también sufres por lo mismo. He soñado muchas veces que las ataduras no podrían con nosotras. Que llegaríamos a vivir nuestro amor de verdad. ¿Cuándo sucederá eso, Teresa? ¿Seré yo, que veo cosas donde no las hay? ¿Seré yo la que vea, sumergida en las pesadillas, que tú me quieres con toda la fuerza de tu ser? ¿Por qué cuando le beso a él, por mucho que lo saboree con necesidad, también te veo a ti? Soy una mujer que disfruta del hombre, pero que se enamora de otra mujer.

¿Cómo ser valiente si tú quieres esconderte de mí? ¿Cómo luchar por un amor que parece llevado al fracaso? Quizás es que no sea tan fuerte como mucha gente piensa. Como tú mismo piensas. Te quiero, Teresa. Te quiero con todas las fuerzas de mi corazón, y sin embargo, tú pareces enamorada de Héctor como la princesa de su príncipe. Pero no soy yo la que te dedica miradas más que intensas. Y esas caricias que me hacen derretirme entre tus brazos. ¿Qué delirio me has provocado, García? ¿Por qué no podía ser Alfonso el que me hiciese sentir todo esto en mi interior? Mis dos grandes amores, y solamente siendo tú la que se había apoderado por completo de mi corazón.

¿Siempre viviremos así? ¿Las dos fingiendo que no nos importamos más de lo que hacen dos simples amigas? ¿Cuánto tiempo tendré que fingir que no eres mi mayor prioridad? Que poco me importan los demás mientras tú estés bien. Que mi felicidad poco me interesa mientras tú estés bien. ¿Te amo? Creo que sí, aunque las creencias me sacan de quicio. ¿Te quiero? Por supuesto. ¿Seré valiente? Lo intentaré, pero solamente por ti. En el amor, pensándolo, la valentía ni siquiera es una opción."

One step closer

Ana se colocó al lado de la que era su mejor amiga, a tan solo unos pasos de ella con una sonrisa extensa en su rostro. La morena no parecía haberse percatado de ese detalle, por lo que se sorprendió cuando su amiga le golpeó con la cadera de manera divertida, cogiendo una de las cajas que cargaba la menor con una sonrisa de pura satisfacción. ¡Y menuda sonrisa la de la hija del dueño! Una de esas sonrisas con dientes blanquecinos que te hacían quedarte en silencio. Unas ideas confusas que se apoderaban de la morena, que frunció el entrecejo bajo la sonora carcajada de su mejor amiga, que la miraba con pura satisfacción.

¿Me podrías devolver la caja, Ana? ―Preguntó con tono monocorde y sin ánimos Teresa, no pudiendo evitar sentirse mal por el hecho de que la castaña descompusiese su rostro. Pero no era nada fácil dejar a la Rivas sin su arma de mujer.

Es mucho peso, para ti, Teresa… ¿Me dejarías ayudarte? Si no te vas a hacer daño.

¿No puedes no tener razón por una vez? ―Inquirió la morena con tono molesto, haciendo que la castaña sonriese con más fuerza. Ya sabía que tenía que hacer ese día.

Siempre tengo razón. Soy tu jefa, así que, por favor, carga tú una de las cajas y yo con la otra.

Y abrió con gesto elegante la puerta del ascensor. Llevaba su melena perfectamente recogida en un moño típico en ella. Pero se notaba que el buen tiempo estaba volviendo por Madrid cuando veías a Ana, que llevaba un vestido rosa sin mangas, que dejaba ver así su perfecta piel, algo oscura, aunque parecida a la de su amiga, que eran de tez algo oscura, aunque no a un nivel muy intenso. Más bien, la descripción era que no eran tan blancas como lo eran otras personas. Teresa no pudo evitar sonreír un poco mientras que las dos entraban en el pequeño ascensor.

Cerró la mayor la puerta con un movimiento de mano y esperaron, dando al botón. De repente, y como si le hubiese iluminado a una de ellas la luz, sonrió como una estúpida, ladeando la cabeza.

¿Te das cuenta de lo estúpidas que somos? ―Teresa la miró sin comprender―Cargamos las cajas en el ascensor. Podríamos dejarlas en el suelo mientras esperamos, ¿te parece?

Teresa sonrió extensamente al fin, haciendo que la castaña se quedase en una parte aliviada por el hecho de que su amiga ya parecía ceder a todo lo que le estaba diciendo. Se preocupaba por ella, tanto que ese día había estado pendiente de la morena, que parecía haber resucitado de la muerte para volver a visitarla. Sabía que estaba pasando por un mal periodo en su casa ante la detención del padre de su amiga, pero tenía claro que su amiga tenía que animarse un poco más. Encima, sabía que había algo más de lo que ella no era consciente, y que parecía volver loca a Teresa, que se había distanciado un poco de ella. Ya no estaba tan cariñosa y cercana como antes. Algo le sucedía. Era consciente de ello.

Las jefas nunca se equivocan―Señaló entonces, haciendo que Ana asintiese.

Se arrodillaron, dejando las cajas en el suelo y quedándose las dos así. Teresa posó sus manos en la superficie de la caja, posando un poco su barbilla con el gesto pensativo y algo entristecido. Su mejor amiga la observaba con atención, deseando saber que le pasaba por esa mente tan misteriosa para ella. A veces, tenía la sensación de que la conocía demasiado bien, y sin embargo, otras veces se quedaba algo desconcertada. Esperaba que su amiga le contase todo lo que pasaba en su corazón, pero le parecía que quedaban secretos en su interior que le gustaría conocer. Más bien, lo único que quería saber era lo que pasaba por la mente de Teresa García, y si algún día lo conseguía, daría todo su dinero por eso.

¿Me vas a contar que te pasa?

Su mano tomó la barbilla de la morena, haciendo que se girase para mirarla a los ojos y, así, conseguir que esos ojos negros le contasen todo lo que sucedía. Y esa sonrisa que empezaba a amanecer en su rostro se congeló al ver la negrura de las pupilas de su amiga, cuyo rostro parecía más serio de lo normal. Pero no era solamente eso. Era como su corazón se aceleró cuando se percató de que los ojos de la García se posaban en los suyos con sumo cuidado, pareciendo tantear el terreno entre estos y sus labios, que se entreabrieron casi por el hecho de que su amiga los estuviese observando de esa manera que le llamaba la atención. Algo que conocía muy bien. El hambre. El deseo. Teresa García deseaba a Ana Rivas de tal manera que cualquiera se acabaría sorprendiendo.

Un poco más cerca, pensó entonces la castaña para al final acabar los labios de ambas mujeres chocando entre sí. Los labios de Teresa eran más gruesos que los de Alfonso, y mucho más deliciosos. Cálidos. Temblorosos. Dulces. Y para Teresa todo eso era un mundo. Un mundo de miedos y de sensaciones que le hacían sentirse por una parte feliz. Sus párpados se entrecerraban con suavidad ante ese contacto.

Pero tan rápido como había comenzado, ese beso se terminó. Se separaron con cierta suavidad, abriendo los ojos la morena y percatándose de lo que había sucedido. Las mejillas sonrojadas de Ana. Su propia respiración agitada. Los labios hinchados… ¡Había besado a Ana! ¡A la que seguramente sería su cuñada! Y no era eso lo peor, sino el hecho de que le había gustado, y demasiado, esa experiencia. Por primera vez, se había sentido viva. Pero viva de verdad. Los besos de Héctor ni siquiera habían logrado despertar ese ardor que existía en su interior.

Yo…―Logró decir entre susurros, clavando sus ojos negros en el suelo bajo la mirada de Ana, que se apartó un poco sin saber muy bien qué hacer. La morena no se lo echaba en cara. Ella estaba muy asustada. Todavía más―Yo…Lo siento…Lo siento mucho…No sé lo que me ha pasado…

Ladeó la cabeza, dejando escapar el aire de entre sus labios, un poco impresionada por lo que acababa de suceder entre ellas. Se habían besado. Como una mujer besaba a un hombre. Y eso, era un pecado. Un maldito pecado que se pagaba con el desprecio de la gente. Y con el de Ana. Seguramente que su amiga ya no iba a dirigirle más la palabra. Que entre ellas, esa amistad, había acabado.

Pero, de repente, sintió como la mano de Ana volvía a sujetar su barbilla, haciendo que la levantase un poco para poder volver a mirarla a los ojos. Allí solo fue capaz de encontrar la amabilidad y la ternura por parte de la Rivas, que solo era capaz de intentar transmitirle un cariño y un amor que pocos podían llegar a comprender. Un algo que hacía que el corazón de Teresa se acelerase a una velocidad sorprendente. Se quedó casi sin respiración cuando la Rivas sonrió un poco.

Me ha gustado…―Dejó escapar Ana con suavidad, haciendo que Teresa la mirase sorprendida. No se esperaba esa aclaración de su amiga.

Y volvió a suceder. La castaña se inclinó sobre su amiga para volver a besar esos labios con delicadeza. Los suyos carnosos sobre los de la morena, que se quedó inmóvil, cerrando los ojos al instante de que sintió el tacto de la suavidad y del amor sobre ella. Las dos iban levantando sus rostros a la par, sintiendo que su nariz rozaba la mejilla de la castaña, a la vez que la nariz, más perfilada que la suya, se posaba sobre su pómulo con cuidado, saboreando ese beso que se estaba produciendo. Se separó con cierto cuidado, sin dejar de sonreír con cierto encanto, seducción, ladeando esa sonrisa con un toque que dejaba claro que era ella, Ana.

Y cuando Teresa abrió los ojos, se asustó de ver a su amiga tan cerca, pero ante todo, de que le hubiese gustado ese beso tanto como le había gustado a ella. Se levantó con velocidad, percatándose de que el ascensor se había detenido. ¿Y si les había visto alguien? Se abrió paso de entre las cajas y salió de allí, dejando en la soledad a Ana, que se levantó para posar su espalda en la pared del ascensor.

Se quedó en silencio, sin poder entender que era lo que había sucedido para acabar en esa situación. Solo tenía claro que había saboreado los labios de su mejor amiga, y que le había hecho sentirse completamente llena. Una satisfacción que no creía que sentiría en mucho tiempo. Se removió en su sitio, decidiendo finalmente salir de allí para ir a buscar a Teresa y aclarar así las cosas. Lo que Ana no sabía es que su vida iba a ser un continuo tira y afloja entre ellas dos.

I have loved you for a thousand years.

―Emma, quería hablar contigo…

La voz de Quinn se hizo escuchar muy cerca de la pelirroja, aunque esta seguía sumergida en sus informes sobre el siguiente caso que estaba dispuesta a tratar. La muchacha se quedó en silencio mientras que sus ojos se posaban en las líneas que estaba leyendo, pero sin mucho concentración. Quería olvidarse por un momento de todo eso de lo que había pasado esa mañana, acogiendo a su cuñada y conociendo a esa chica que lo único que había logrado era despertar sus celos. Se había percatado de la mirada de su novia hacia esa chica y, debía admitirlo, en ese momento, no quería saber nada de nada de esa chica que parecía ser la diva del teatro.

―Estoy algo ocupada, Quinn―Dijo al fin, quitándose las gafas con cuidado mientras dejaba escapar un suspiro―Tengo que entregar este trabajo para mañana.

― ¿De qué es? ―Quiso saber la rubia, arrodillándose a su lado y mirando a esos papeles esparcidos por toda la mesa. Emma sonrió un poco sin poder evitarlo.

―Es sobre un caso que estamos tratando. Una mendiga ha sido acusada de asesinato. La vamos a defender.

― ¿Podéis ganar?

―Es muy difícil, pero al menos pretendemos conseguir el indulto. Ya sabes. Que no pase cadena perpetua ni nada.

―Contigo seguro que lo conseguiréis―Musitó entonces Quinn, posando su mano sobre la de la pelirroja―Perdóname.

Emma levantó la mirada, apartando sus manos con el fin de no caer en las garras de la ternura que Quinn le proporcionaba, pero cuando su novia se las volvió a tomar, no pudo evitar sonreír un poco, clavando sus ojos en los verdes de la rubia, que no podía dejar de sonreír pese a todo. Le encantaba que su novia se preocupase tanto por ella.

―Quinn…

―Tenía que haberte avisado de todo. De que iba a venir mi hermana, pero yo misma me enteré demasiado tarde. Igual que te quería pedir perdón por lo otro. Tienes razón. Deberías haberme acompañado, y yo, pues fui una tonta.

―Quinn…

―Solamente quiero que sepas que te quiero. Mucho. Y no quiero que estemos así, peleadas.

―Quinn… ¿Rachel es alguien importante en tu vida? Quiero decir…Me ha dado la sensación de que es algo muy relevante para ti. Que no podrías vivir sin ella.

―Rachel fue una persona que influyó mucho en mi vida, es cierto, pero si lo que te preguntas es si entre ella y yo surgió algo, puedes estar tranquila, porque no. Fue la novia de un ex mío. En realidad, ha estado con dos chicos con los que estuve yo.

― ¿En serio? ―Inquirió Emma con curiosidad, dejando a un lado el enfado.

―Me ayudó con lo de Beth, aun siendo yo con ella una cabrona. Le hice la vida imposible, y ella me dio su apoyo con el embarazo.

― ¿Por qué lo hacía? ―Quinn se quedó en silencio, encogiéndose de hombros―Lo siento. Quizás me he pasado un poco en la discusión, pero…Es que me dolió mucho que no me lo contases, Fabray.

― ¿Fabray? Me gusta cómo suena…―Musitó con cierta gracia, haciendo que su novia se riese un poco―Lo siento de nuevo. Para la próxima, no haré nada parecido, te lo aseguro.

―No hace falta que me asegures nada Quinn. No necesito nada de eso para saber que lo que necesito es que estés conmigo. Lo único que me hace feliz es estar a tu lado. Si no quieres que los demás lo sepan, de acuerdo. Lo único que me importa es que me dejes cogerte de la mano cuando salgamos a pasear. Que me dejes quererte sin escondernos. Que me dejes amarte amándome a mí.

Una sonrisa extensa se formó en el rostro de la rubia, que tomó el rostro de su novia para depositar un intenso beso. Uno de esos de las películas que hacían que la gente se quedase sin respiración. Fabray entonces, quitó las gafas de la pelirroja y las dejó en la mesita, sonriendo coquetamente mientras que la seguía besando, deslizando sus manos por la espalda de su novia para librarse de esa cremallera de ese vestido que tan bien le quedaba a la mujer.

―Quinn…Necesito trabajar…―Pidió entre los labios de la rubia. Dejó escapar un gemido que fue acallado por los labios de su chica―Es urgente…

― ¿Y no le puedes dedicar un rato a tu novia? Creía que me ibas a dejar estar un rato contigo, mi amor…Además, se nota que tú también lo deseas…

La pelirroja soltó una carcajada, deslizando sus brazos por el cuello de la otra chica, apoderándose de sus labios con intensidad, siendo levantada por la ribia, que tiraba de ella para poder dirigirse a su cuarto y terminar con ese encuentro ferviente con la otra. Pero cuando sus labios parecían estar a punto de fusionarse en uno, el móvil de la inspectora sonó, haciendo que la pelirroja rodase los ojos mientras se separaba un poco de ella.

―Tu móvil, mi amor…

―En otro momento, no me hubieses detenido… ¿Qué ocurre? ―Inquirió pícara.

―Que después me quedo con las ganas, y ya no quiero estar así la mayoría de las noches―Se volvió a colocar las gafas―Cógelo. Sé que te mueres por ello.

―Puede ser algo importante―Se encogió de hombros―Pero tranquila. Hoy te voy a hacer tocar el séptimo cielo―Musitó pícara― ¿Diga?

― ¿Inspectora Fabray? Soy el forense Anderson. ¿Está usted ocupada?

―Puede hablar tranquilo. ¿Es sobre el caso de la muchacha del club?

―Sí, inspectora. Hemos descubierto algún detalle más.

― ¿Es relevante?

―Depende de cómo lo considere usted, pero yo creo que sí.

―Hable entonces. ¿Qué pasa? ―Se quedó en silencio, esperando pacientemente. El hombre parecía estar buscando los papeles― ¿Perdone?

―Sí, es que tenía los documentos aquí y no… ¡Ajá! ¡Ya está! Pues…Resulta que la mujer estaba embarazada.

―Espere… ¿Embarazada? ¿Cómo que embarazada? ―Emma levantó la mirada, curiosa. Hizo un gesto, indicándole que no se preocupase.

― ¿De cuánto tiempo?

―De tres meses.

Quinn, entonces, se quedó en silencio.

Nota de la autora: ¡Hola! Parecía que no iba a aparecer pero lo hago. Siempre xD El caso es que al fin tenemos beso…A doble partido xD A mí me encanta Marta, en serio, se me hace encantadora, y en mi mente mucho más, aunque Anastasia tiene su encanto, ¿no? Luego los familiares de Marta y luego pues que…Emma estaba embarazada, así que… ¿Alguien se puede imaginar que pasará?

Contestaciones:

Monica13: Pues Frannie oculta una dura realidad que se sigue viviendo pese a todo, y ella va a ser el caso. Pero no penséis nada horrible xD Gracias a ti por comentar :) Un beso ^^