Nota del Autor: No, Carlisle no es el creador de Edward. No hagan suposiciones.
BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF
Capítulo Catorce
Tras cargar y descargar los alimentos, salí a inspeccionar la camioneta de Bella mientras ella limpiaba un poco. Esa había sido mi intención de todos modos, pero ahora era una excusa conveniente para alejarme de Bella y pensar por un rato. Temía que Bella con su perceptibilidad notara mi preocupación y me interrogara.
Enfoqué la mitad de mi atención bajo la capota de la camioneta y la otra mitad regresó al encuentro con el Dr. Cullen.
No era como ningún otro vampiro que hubiera conocido. Por un lado, se alimentaba de animales y había estado haciéndolo por muchos años, por lo que pude deducir. Obviamente, había llevado esta dieta por tanto tiempo que ni siquiera consideraba ya a los humanos como fuente de alimento, no si ejercía la cirugía. ¿Cuánto tiempo había estado cuidando de los humanos? Me pregunté. Era claramente muy bueno en su trabajo si había remendado a Bella tras su accidente casi fatal. Por lo que había visto en su mente, la pelvis de Bella había sido... triturada. El hecho de que aun caminara era un milagro y por lo que entendía de la anatomía femenina, sólo removió el útero... de lo contrario, su deseo sexual hubiera disminuido extremadamente. Pero toda esa sangre... ¿Cómo podía, físicamente, soportarlo?
Y su aquelarre, también, era extraño. Seis de ellos. Ese era el aquelarre más grande que conocía... además de los volturi y su guardia, si es que se les podía llamar aquelarre. Todos ellos estaban emparejados, además. Eso era extraordinariamente raro para mi especie. La rubia y el musculoso en el que pensó como Emmett, estaban juntos, así como la pequeñita que había llamado Alice, quien tenía las visiones, estaba con el rubio lleno de cicatrices... y además, por supuesto, él tenía a Esme, quien tenía un jardín. ¿Desde cuándo los vampiros hacían jardinería?
Todos ellos compartían la dieta del doctor, además. Había visto imágenes de expediciones de cacería en su mente, el recuerdo de Emmett sometiendo a un masivo oso. Nunca había considerado optar por presas grandes. Quizá debería intentarlo... se miraba más entretenido que perseguir venados. Parecía un mayor reto.
La cosa más impresionante del doctor vampiro fue el recuerdo de mi madre. Estaba sonrojada y sudada, en sus recuerdos... debía haber estado enferma de influenza para entonces. Yo no tenía muchos recuerdos de mi vida humana, pero esos último días oscuros, llenos de terror, se quedaron conmigo. Recordaba a mi padre y a mi madre ponerse cada vez más enfermos. Habían ido al hospital, yo ya estaba bastante grande como para cuidarme sólo. Pero luego todo de desvanecía y lo siguiente que recordaba era el agonizante dolor de la transformación. Me desperté sólo, en un oscuro callejón de Chicago y me alimenté de la primera persona que pasó cerca.
Una vez que mi sed se calmó un poco, fui sobrecogido por el ruido. Tantos sonidos, tantas voces a la vez... me tomó días darme cuenta que estaba escuchando pensamientos, no sonidos hablados, y fue entonces que huí de la cuidad.
¿Había sido el doctor un médico hacía tantos años? ¿Había tratado a mi madre? No me había reconocido, pero, ¿sabría de algún otro vampiro en el área? Tal vez el sabría quién me había convertido y por qué.
Tendría que buscarlo de algún modo. Rastrear su olor... ¿quizá podría encontrarlo en el hospital? Así no tendría que encontrarme con todos los otros que estaba con él. Y aunque no quisiera cooperar, sus pensamientos probablemente me lo dirían todo.
Decidido, cerré la capota de la camioneta. El vehículo no tenía esperanzas. Repararlo, incluso si yo hacía todo el trabajo, requeriría de más dinero del que la camioneta valía. Más de lo que Bella podría gastar, de seguro. Pero no podía costear la compra de otro vehículo, tampoco.
Me ofrecería a ser su medio de transporte, pero después de su reacción ante el celular, no creía que aceptara. Quizá me podría escabullir temprano mañana e ir a Port Angeles a comprar lo que se necesitara para reparar la camioneta. Si me iba temprano, podía ser que Bella no se hubiera despertado para cuando regresara. Especialmente si la mantenía despierta hasta tarde esta noche... Ella no necesitaba saber cuánto iba a gastar en eso.
Deambulé hacia la casa y encontré a Bella en el piso de arriba, refregando el baño. Estaba doblada sobre la bañera y su trasero apuntaba hacia arriba adorablemente.
―Eso sí que es algo que hay que ver ―dije en voz alta, apoyándome contra el marco de la puerta.
Bella se incorporó, sobresaltada. ―Jesús, Edward, ni siquiera te escuché entrar ―se quejó, quitando el cabello de sus ojos con la mano que no sostenía la esponja.
―Lo siento ―mentí.
―¿Descubriste qué tiene mal mi camioneta? ―preguntó esperanzada.
―Sí, es reparable. Si encuentro la pieza, podré reparártela mañana.
―¿En serio? ―sus ojos se encendieron― ¿Cuánto costará?
―Hmm... un fin de semana completo, sola conmigo lo cubre.
―Edward ―rezongó―, es en serio. ¿Cuánto costará?
―Estoy siendo serio, Bella. No te dejaré que pagues por eso.
―Pero...
―No discutas conmigo. Ambos sabemos que necesitamos ahorrar tu dinero.
Sus ojos se entornaron peligrosamente. ―Puedo gastar algo. Lo que no necesito es que me cuides, Edward. Tengo un padre, no necesito otro.
―Bien ―suspiré, rindiéndome por el momento. Encontraría otro modo―. Lo siento. Ya lo resolveremos.
―OK ―dijo, dócil otra vez.
―¿Qué tanto más tienes que hacer? ―le pregunté.
―Ya casi termino aquí ―dijo―, pero la cocina es un desastre y Charlie tiene un enorme cerro de ropa que se necesita lavar.
―¿Deja su ropa para que tú la laves? ―dije, nada impresionado.
―No intencionalmente, no. Usualmente la deja hasta que ya no tiene nada más que ponerse y, esta vez, ha coincidido con mi vista.
―Hmm―. Aún no me hacía gracia que Bella estuviera pegada cuidando de su padre. ―Bueno, iré a trabajar en la cocina. No me sentiría bien lavando la ropa de tu padre.
―No tienes que hacer eso, Edward. Eres un invitado.
―Si, pero quiero tu atención ―respondí―, así que mientras más pronto termines, más feliz estoy.
Se encogió de hombros, sonriendo. ―Si esa es la manera en que lo quieres ver.
―Es la manera lógica de verlo ―señalé.
Sólo se rió. ―OK, seguro.
Sentí como si debí esperar por una eternidad, para que Bella terminara de lavar ropa. Probablemente no debí limpiar la cocina a velocidad vampírica.
Muy a mi pesar estaba aun en el área de lavandería cuando su padre entró por la puerta con un balde de pescados. Encantador.
―Jefe Swan ―lo saludé educadamente.
Me entornó sus ojos. ―Pensé que ya te habrías ido a estas alturas ―remarcó. Suprimí la risa ante sus técnicas de interrogación pasivo-agresivas.
―Bueno, pensé en quedarme para reparar la camioneta, señor. Tendré que ir a Port Angeles en la mañana para buscar las piezas que necesitaré.
―Hmm. ¿No tuviste tiempo de hacerlo hoy, eh?
―Bella quería enseñarme el pueblo esta mañana y le ayudé con la casa esta tarde. Aun está lavando ropa ―dije mordazmente. El Jefe Swan tuvo la decencia de sentirse culpable.
―¿Y cuánto costará reparar la camioneta? ―preguntó, cambiando de tema impecablemente.
―De hecho, señor, quería hablar con usted de eso. Yo quisiera pagar por las piezas, pero Bella no quiere ni escuchar sobre el asunto. Pensé que, quizá, usted podría permitirme cubrir los gastos y decirle a Bella que usted es quien se ha encargando de hacerlo.
Me miró con suspicacia. ―¿Quieres pagar por la reparación, aunque ella nunca sabrá que lo hiciste?
―Sí ―respondí―. Sólo quiero hacer algo por ella.
Charlie suspiró. ―Está bien, voy a seguirte la corriente. Esa chica nunca aprendió a dejar que alguien cuide de ella. Demasiado parecida a su madre en ese sentido. Buena suerte al tratar de cambiar eso.
Me encogí de hombros. ―Creo que vale la pena el esfuerzo.
Charlie también se encogió de hombros y se dirigió a la cocina con sus pescados. Tomé eso como mi señal para acabar la conversación. No importaba. Sus pensamientos hacia mí se estaban volviendo más favorables.
En ese momento, Bella llegó tropezando desde la lavandería con una canasta llena de ropa blanca.
―Sólo debo doblar esta ropa y ¡termino! ―dijo triunfalmente. Con cierta renuencia, me senté con ella en el piso de la sala y le ayudé a doblar calcetines. Le dejaría la ropa interior a ella. La sola idea de los calzoncillos de Charlie me daba picazón.
Sufrí durante otra cena y otra fascinante noche en la sala frente al televisor. Charlie se fue a la cama temprano, gracias a Dios, y pude pasar un poco de tiempo con Bella antes de que se acostara... y luego me escabullí a su habitación, de nuevo.
―Sospechaba que regresarías ―susurró, ya despierta. Esta vez me dio la bienvenida bajo sus sábanas.
―¿Cómo podría mantenerme lejos?
Sonrió y acurrucó su pequeño cuerpo contra el mío. ―Me alegra que no pudieras.
―¿Bella?
Había cosas que estuve deseando preguntarle todo el día y no iba a desperdiciar esta oportunidad.
―¿Sí? ―sus ojos estaba cerrados, relajados.
―Me preguntaba si estarías dispuesta a hablar sobre algo. Eres libre de negarte, desde luego. Sólo... me preguntaba por el accidente.
Frunció el ceño. ―¿Qué hay del accidente? Ya sabes lo que pasó.
―Bueno, no del todo ―dije tentativamente, pendiente de alguna señal de emoción en su rostro... pero estaba totalmente inexpresiva―, sé lo básico, desde luego, pero no sé cómo fue para ti después... cuál fue la extensión del daño...
Se mordió el labio. ―Está medio borroso, realmente. Recuerdo la van viniendo hacia mí y recuerdo el dolor, pero luego me desmayé. No desperté hasta después de mis primeras cirugías. El Dr. Cullen debió poner toda clase de clavijas para mantener los huesos de mi pelvis unidos, y ya te había dicho que tuvieron que sacarme el útero... tuve un par de costillas rotas, pero de algún modo, todo lo demás estaba bien. Todo el mundo me dijo que había sido un milagro que mi columna y otros órganos no hubiesen sido dañados. Tuve varias cirugías más para reconstruir todo... el Dr. Cullen hizo milagros... después de eso, debí permanecer en cama mientras mis huesos se remendaban lo suficiente para empezar la rehabilitación. Y fueron meses y meses de eso. Terminé haciendo la mayoría del trabajo escolar desde el hospital o la casa. Incluso cuando regresé andaba renqueando por ahí en muletas. Todos sabían lo que había pasado, por su puesto, y los chismes se habían regado. Por un largo tiempo, todos me miraban o con demasiada compasión o con desprecio por toda la compasión que inspiraba.
Sacudí mi cabeza. ―Eso fue injusto de su parte.
Se encogió de hombros. ―¿Cuándo es algo, justo?
Eso me recordó algo. ―Bella... me dijiste que sólo habían sacado tu útero. Podrías, de hecho, tener hijos, si quisieras...
Se rió sin humor. ―Sí, inyectando mis óvulos en otra mujer como una incubadora humana. No lo querría de ese modo. Un hijo... debe ser hecho con amor, no con ciencia y tubos de ensayo. Me parece mal.
―Hmm. Sí, supongo que estoy de acuerdo ―dije, tratando de tranquilizarla. Su ritmo cardíaco estaba elevado, acelerado por la última parte de la conversación.
―De todos modos ―continuó―, no estoy muy segura de que sea eso lo que quiero para mí. No quiero que mi vida se convierta en una desesperada búsqueda de un bebé. Sólo... quiero disfrutar mi vida; digo, es un milagro, en sí, que tenga una vida.
Asentí con lentitud, sintiéndome extrañamente ... ¿aliviado? Pero, ¿qué me importaba a mí lo que Bella quisiera de la vida? Probablemente no estaría con ella tanto tiempo...
―El Dr. Cullen debe ser un cirujano muy talentoso ―musité, necesitando enfocarme en algo más.
―Mucho ―Bella concordó.
―Increíble que un doctor tan talentoso viva en un pueblo pequeño como Forks.
―Sí, su esposa quería vivir en un pueblo pequeño. Yo le pregunté una vez ―explicó―. Dijo que pensaron que sería mejor para sus hijos. Tiene cuatro, todos adoptados. Era bastante extraño, además. Todos estaban emparejados durante la secundaria. Supongo que ellos no lo sentían raro, ya que no crecieron juntos... Además, debe gustarles Forks. Están aquí todavía, aunque los chicos estén en la universidad ahora.
―Huh―. Buena cuartada, supongo, pero definitivamente extraña. ¿Por qué los otros se hacían pasar como chicos? Sería menos sospechoso si vivieran separados. ¿Estaban realmente tan apegados unos a otros?
Bella bostezó con fuerza y sonrió disculpándose. ―Pienso que toda esa limpieza me quitó más energías de las que había pensado ―masculló.
Me reí entre dientes. ―Duérmete, entonces.
―Mmmk. Oh, hey, ¿Edward?
―¿Sí?
―Gracias porque te importe lo suficiente como para querer saber.
―De nada ―dije, preguntándome cómo mis acciones siempre resultaban para ella algo diferente de lo que había sido mi intención.
―Y gracias por no verme de forma diferente. Eres el único que nunca lo ha hecho... hasta mis padres me trataron diferente después.
―Hmm. Sólo te ves como Bella para mí ―le dije. Sonrió adormilada.
―Eso es agradable ―murmuró, quedándose dormida. Me quedé hasta que se estuvo inconsciente.
BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF
Como a las tres de la mañana, cuando estuve convencido de que Bella dormía profundamente, entré a mi carro y me dirigí al hospital.
Antes de entrar, busqué cuidadosamente sus pensamientos. Sí, estaba ahí. Eso fue suficiente para sacarme del carro y entrar a la recepción de la sala de emergencias. La enfermera de turno me miró con escepticismo. ―¿Puedo ayudarlo?
―Busco al Dr. Cullen ―dije con energía, actuando como si fuera una situación de vida o muerte―. ¿Se encuentra aquí?
Frunció el ceño. ―¿Qué demonios hace una persona perfectamente sana visitando un hospital a esta hora de la noche? Sí. ¿Puede darme su nombre para dárselo a él?
―Edward Masen ―dije, sabiendo que él lo recordaría.
―Muy bien ―dijo, levantando el teléfono y marcando la extensión. Después de un momento, escuché la voz del Dr. Cullen al otro lado de la linea.
―¿Sí, Jackie?
Continuaba frunciendo el ceño en dirección a mí mientras hablaba. ―Hay alguien llamado Edward Masen en recepción preguntando por usted.
Hubo una breve pausa. ―Ya salgo.
―Ya sale ―repitió Jackie, cuando colgó.
Caminé de un lado a otro en el pequeño espacio, hasta que escuché sus pasos doblar la esquina. Mis ojos buscaron rápidamente los suyos.
―Edward, qué bueno verte de nuevo ―dijo, en un tono de perfecta simpatía―. ¿Por qué no hablamos en mi oficina?
Asentí en acuerdo y lo seguí de regreso por el laberinto de pasillos de hospital. Era un lugar horrible, saturado por el olor de la sangre. Acostumbrado al aroma de Bella, esto no era nada para mí... pero, ¿cómo lo manejaba el doctor?
―Después de ti ―dijo, señalando la puerta―. Siéntate.
Me senté en una de las duras sillas frente al escritorio del doctor, donde una placa lo identificaba como Carlisle Cullen. Él ocupó su asiento.
―Debo decir que estoy sorprendido de verte de nuevo. ¿Aun te estás quedando en el pueblo? ―preguntó, manteniendo la actuación de cortesía, pero sus pensamientos eran un remolino de preguntas.
―Sí, me estoy quedando en la casa de los Swans ―dije evasivamente.
―Bueno... ¿por qué no me dices que te trae aquí a verme? ―sugirió.
―Suspiré. Odiaba ser el primero en dar información. ―Eres... el primero de nuestra especie que conozco que aparentemente no se alimenta de los humanos.
El vampiro alzó una de sus perfectas cejas rubias. ―Oh, ¿en serio? ¿Escogiste este estilo de vida sin ninguna influencia externa?
Me encogí de hombros, incómodo. ―No fue hace mucho tiempo. Cuando... conocía a Bella, cuando formé una relación con ella, me encontré con que era... difícil continuar bebiendo de los humanos.
Carlisle sonrió. ―Una conciencia de culpa. Debe sentir algo intenso por Bella para que ella tenga una influencia tan fuerte sobre él. Extraño... debe haber estado bebiendo de los humanos por más de ochenta años...
―¿Puedo preguntar cómo empezaste a beber de los animales? ―pregunté. Necesitaba saber qué llevaría a otros vampiros a semejante conclusión, o si alguno de ellos había tenido el mismo problema que yo.
―Nací en una familia muy religiosa ―empezó, y vi flashes de un tiempo anterior a mi nacimiento, una ciudad que era Londres, claramente, aunque era anticuada... Vi a un hombre que se parecía al vampiro, que debía de ser su padre, predicando vigorosamente en un púlpito―. Cuando fui convertido... me sentía asqueado de mí mismo. Quería destruirme y lo intenté. Intenté matarme de hambre... un día, estaba tan sediento que ataqué una manada de venados. Fue entonces cuando me dí cuenta que la sangre animal bastaría tanto como la humana.
―¿Hace cuanto tiempo? ―tenía que saber.
―Más de trescientos años ―respondió.
Me quedé atónito. ¿Había estado viviendo de la sangre de los animales por tres siglos? Nunca había siquiera contemplado la posibilidad de que mi dieta fuera tan permanente.
―¿Y desde hace cuánto tiempo has sido médico?
Sonrió. ―Depende de cómo definas el término. Estudié en Europa por muchos años antes de venir a América en los 1800. Fue entonces cuando empecé a ejercer la medicina.
Tragué gordo. Así que ya era un doctor en 1918. Quizá tratara a mi madre. Pero no podía pensar en una manera de preguntarle sin delatar que podía leer sus pensamientos y no estaba seguro de querer que conociera mi habilidad aun.
―He escuchado que tienes una familia. ¿Hay otros contigo?
Asintió lentamente. ―Cinco más, sí―. Pasaron rápidamente por su mente.
―¿Y cuánto tiempo han estado juntos? ―quise saber.
Carlisle sonrió ante el recuerdo de la llegada de la pequeña de pelo negro. ―Los últimos dos se nos unieron en los años 50 ―me dijo, pero su mente me mostró mucho más. Lo vi convertir a tres de ellos, su pareja, luego a la mujer rubia y finalmente al corpulento Emmett. Por lo que apariencias del asunto, parecía que todos habían estado al borde de la muerte en el momento, cubiertos por la sangre de sus letales heridas. Pero los otros dos, las nuevas adiciones, habían venido de otro lado, ya habiéndose encontrado el uno al otro.
―¿Te importaría decirme algo de tu historia, Edward? ―preguntó. Podía sentir su intensa curiosidad a la vez que su cautela. Mientras no estableciera qué tipo de amenaza podía ser yo para su familia o para Bella, no estaría tranquilo.
―Nací en 1901, en Chicago ―dije, empezando por el principio―. Fui transformado en 1918. No recuerdo quién lo hizo ni por qué.
Carlisle mantuvo cuidadosamente la serenidad de sus rostro, pero su mente era un caos. ―¿Tus padres... murieron de influenza española?
Me tensé, ansioso por una explicación. ―Sí. ¿Cómo lo supiste?
Y ahí estaban en su mente, mis padres... mi padre murió menos de veinticuatro horas después de llegar al hospital, pero mi madre duró más, rogando que alguien encontrara a su hijo desaparecido.
―Tus padres, fueron mis pacientes. Te pareces a ambos... tienes los rasgos de tu padre, pero tu madre tenía ese mismo inusual color de cabello. Siempre me pregunté qué le había pasado al hijo del que hablaba tan a menudo. Supongo que ahora lo sé.
―Sí. Supongo que así es.
―Edward... debo pedirte nuevamente que tengas cuidado con Bella. Ha pasado por más cosas de las que una chica de su edad deba pasar y odiaría que saliera lastimada porque pierdas el control.
―No perderé el control ―argumenté defensivo. ¡Qué hipócrita!, preocupado por mi control, cuando él tenía vidas humanas en sus manos cada día―. Te lo dije, no he probado sangre humana desde que la conocí... y estoy bastante desensibilizado a su aroma.
―No estoy haciendo suposiciones ―Carlisle dio marcha atrás―, sólo te pido que seas cauteloso.
―Lo soy ―le dije.
―Está bien ―asintió―. Necesito hacer mis rondas, pero si alguna vez deseas hablar nuevamente, eres bienvenido a nuestro hogar. Estoy segura de que los otros estarán interesados en conocerte. No hay muchos como nosotros.
Vi a otros cinco en su cabeza, unos que nunca había visto antes, cuatro mujeres y un hombre. ¿Quiénes eran, y más aun, dónde estaban? ¿Cuántos bebedores de sangre animal habrían escondidos debajo de mis narices?
―Gracias ―respondí a su oferta, levantándome de la silla.
―Estoy seguro de que nos veremos de nuevo ―sonrió Carlisle, manteniendo la puerta de su oficina abierta.
Asentí con la cabeza al irme. ―Hasta la próxima.
BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF
Jueves, 3 de Junio del 2010.
¡Cuénteme que piensan, porfa!
Lamento que no he estado respondiendo a los reviews y con honestidad les confieso que no sé cuándo tendré tiempo para hacerlo nuevamente, pero es que la vida real se pone a veces exigente. Y continuo asumiendo que prefieren que traduzca a que responda, ¿no?
¿Qué no daría por vivir permanentemente en este mundo increíble donde Edward existe? Pero no se puede. =(
Gracias infinitas por los reviews que han dejado y por incluir a Bonne Foi y a mí en sus listas de favoritos y de alerta. De veras que me hacen feliz.
Espero que disfrutaran del capítulo. Dense un rondín por el Polyvore.
Besos, gente bella!
Hasta la próxima semana.
