[+18] Capítulo con posibles escenas sexuales, violencia explicita, lenguaje soez(aún más soez que el que hemos visto hasta ahora).

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Frozen-Winter-Heart: Le llamaré a sí entonces ^^

Si, Amber se merecía bastante lo que le hizo Nora jaja

Me alegra que te haya gustado la perspectiva de la relación de nuestros protagonistas ^^ La verdad es que pensaba hacer que su mal entendido durara más. Pero no quise extenderme en un melodrama xD Si y espero que supieras que significó esa útlima frase dicha por Castiel jaja :3

¡Ay, que bien! Es que Lysandro tenía que ser un amor de persona en mi fic, si o si :3

Mmm, la verdad es que sus motivos fueron más egoístas. A ella no le gustaba como él le hacía sentir. No le gusta ser débil, ni tonta así que prefirió sacarlo de su vida :/

Uff hasta a mi me dolió lo que dijiste de Nath xD

Si, quise que conocieran más a la chica que Nora considera como su única amiga. Es triste, pero Nora sabe que debe tratar de avanzar, al igual que con la muerte de su padre.

Jajajaja si, fue bastante raro que ella le buscara la conversación y él como "Ya me voy de aquí" xD

Muchas gracias. Espero que disfrutes también éste ^^


Nora bajaba las escaleras desde la primera planta, cuando de repente sintió que alguien la abrazaba por detrás y la levantaba del último escalón.

—¿Sabes que me pudiste haber asustado, Castiel? —le interrogó Nora sonriente. El pelirrojo rio por lo bajo para luego acercarse a susurrar en su oreja.

—Lo dudo mucho, desabrida—antes de que la chica profiriera algo la besó aún abrazándola por detrás. Nora se ruborizó un poco al advertir la lengua de él travesear con la suya y de pronto percibió un inevitable cosquilleo en la boca de su estómago. Se preguntaba si en algún momento dejaría de sentirse así, dócil, con sus piernas trémulas y el corazón palpitando con una fuerza que nunca se imaginó, cada vez que Castiel, su novio, posara sus manos y sus labios sobre ella.

Aquella tarde en el parque, aún muy desconcertados con lo que ocurría y también con lo que sentían, decidieron dar el siguiente paso. Castiel, si bien estaba bastante feliz, no tardó en decir que no sería ningún chico dulce ni que la llenaría de detalles como cualquier novio que ella hubiera tenido en el pasado. No pudo ocultar su sorpresa y al mismo tiempo no pudo evitar sentirse bastante bien al enterarse de que ella no había tenido novio nunca antes. Sin bien al besarla sabía que no tenía mucha experiencia, la verdad que nunca había concebido la idea de que una chica como ella nunca hubiera tenido novio.

Esa extraña satisfacción de saberse el primero en todo para ella. Saber que todo era nuevo para ella y que él la hacía sentir como si tocara el cielo, lo hacía sentir poderoso. Con ella sería diferente, de eso estaba seguro. Ella no le abandonaría, ni le traicionaría. Nora era y sería suya.

Se separó poco a poco de Nora para luego apreciar su rostro ovalado y muy tenuemente sonrojado. Se mordió el labio inferior mirándola con tanto apetito de sus labios, de ella, de todo lo que quería hacerle sentir.

—La Directora—Susurró ella separándose de él al notar como la señora se acercaba a las escaleras desde la primera planta, lista para bajar. Bufó molesto a la vez que ponía una distancia prudencial entre él mismo y Nora—. Pues como te decía, Castiel—empezó a hablar ella con voz distinguida mientras ambos escuchaban a la Directora bajar las escaleras—, debes trabajar más en literatura, por eso te recomendaré algunos libros de redacción y…

—Jóvenes—le sonrió a ambos a pasarle por el lado, pues al escucharle hablar de clases, creía que estaban cumpliendo con su deber.

Castiel carraspeó un tanto molesto de tener que ocultar su relación. Nora le había propuesto llevar las cosas con calma y no hacer de su noviazgo algo público, por lo menos por el momento, ya que la Directora podría sospechar que ambos mintieron con lo de la foto del periódico. Además ella no quería llamar la atención de nadie con algo que sólo a ella y Castiel le concernían. Pero Castiel pensaba justo lo opuesto. Él quería que todos se enteraran de su noviazgo, no sólo por el hecho de poder tratarla como su novia sin pensar en el "¿Qué dirán?", sino también para hacerle ver a aquellos buitres que siempre la desnudaban con la mirada y en especial al delegado, que ella, que Nora, era su chica.

—¿En qué estábamos? —preguntó sonriéndole seductoramente después de que la Directora se había alejado lo suficiente. Colocó sus manos en la cintura de ella mientras se acercaba a sus labios.

—En realidad pienso que debes estudiar más, Castiel—dijo cuando él ya estaba a pocos milímetros de sus labios. El pelirrojo alzó la ceja confundido—. Llevamos tres semanas juntos y a penas te he hecho estudiar—se separó de ella rodeando los ojos.

—No necesito estudiar más—se cruzó de brazos mirándola con una ligera sonrisa arrogante—. Tú misma me habías dicho antes que estoy bastante capacitado, Nora.

—Sí, pero aún así soy tu tutora y la próxima semana son los exámenes finales de este semestre—la chica empezó a caminar sin esperarlo, algo común en ella. El pelirrojo la siguió de cerca—. Seré tu pareja pero aún debo cumplir con mi deber—de repente sintió como su novio la acorralaba contra los casilleros. Rodeó los ojos pensando en lo pegajoso que se había vuelto—. Castiel, no llames tanto la atención—murmuró mientras lo alejaba sin brusquedad. Y siguió caminando hacia la cafetería.

Castiel caminaba al lado de ella. Estaba enamorado de Nora, pero esa actitud fría era algo en lo que tenía que trabajar. Hasta el momento no habían pasado de los besos y una que otra caricia, pues él mismo se detenía al saber que era demasiado pronto para ella. Pero si fuera por él ya hace tiempo la hubiera hecho suya por completo.

Ambos entraron en la cafetería y fueron por sus almuerzos, ignorando por completo a algunos que se les quedaban mirando con rareza. Se sentaron en una mesa lo bastante alejada para después la pelinaranja sacar varios libros de su mochila y colocarlos sobre la mesa. El pelirrojo bufó.

—Quiero comer, ¿Entiendes? —expresó él mientras empezaba a comer.

—Aún así me puedes escuchar—abrió un libro de química para empezar a leerle. Castiel carraspeó haciendo que Nora lo mirara con reproche—. No entiendo porqué te comportas así. Antes cuando éramos sólo amigos me solías hacer caso sin rechistar.

—Sí, pero ahora eres mi novia y tenerte de tutora al mismo tiempo se me hace fastidioso—le confesó irritado.

—Pues no lo lamento por ti, ya que ambos tenemos un deber con el cual cumplir—el de ojos grises volvió a bufar fastidiado mientras la miraba detenidamente. Nora vestía un abrigo de color verde oliva, un suéter negro, una bufanda negra, pantalones, botas negras y guantes del mismo color que el abrigo. Estaba demasiado abrigada, pensó Castiel y entonces, poco a poco, se le ocurrió una idea para matar dos pájaros de un tiro.

—Oye, ¿Por qué estás tan abrigada, desabrida? —Nora lo miró con extrañeza.

—Estamos en Diciembre ¿Qué esperabas? —le respondió mientras entrelazaba sus propias manos cubiertas por unos guantes.

—No me gusta verte tan cubierta—le dijo sonriéndole seductoramente—. Me gustaría verte usar otra vez uno de tus finos vestidos y así poder…

—Hace demasiado frío como para arriesgarme a usar un vestido, Castiel—le interrumpió secamente—. Ya terminemos con el tema que no viene al caso.

—Sí que viene al caso, desabrida—aún seguía sonriendo de una forma que hizo sospechar a Nora—. Te quiero proponer algo—Nora puso total atención a lo que él fuera a decir—. Tú quieres que estudie y yo quiero verte más… Descubierta.

—Ve al grano—le ordenó ella con su voz imperturbable.

—El trato es el siguiente: Yo me estudio todo lo necesario para la próxima semana, hoy—la chica abrió ambos ojos asombrada— y tú en cambio me dejaras ver más de ti—se lamió los labios, sonriente mientras Nora lo miraba como quien hubiera escuchado una sandez.

—¿Me quieres ver sin ropa?—acertó ella notando que él asentía—. Estás loco. Eso no va a pasar—Castiel ya sabía que iba responder de aquella forma, pero él no se rendiría hasta conseguir lo que quería.

—¿Tienes miedo? —le retó sabiendo que a ella le molestaría tal pregunta.

—¿Miedo a qué? —le retó también sin verse ni un poco alterada.

—No lo sé. Dímelo tú, Nora—la miró penetrantemente mientras metía su mano bajo la mesa y acariciaba la rodilla de ella. Nora ocultó bastante bien su nerviosismo.

—Me parece una estupidez—dijo para después dar el primer bocado a su almuerzo.

—Sólo admite que tienes miedo, desabrida—estaba cerca de lograr que aceptara, o al menos eso quería él creer.

—Sólo admite que estás buscando pretextos para no cumplir con tu deber—le devolvió con una sutil sonrisa. Él le devolvió la sonrisa mientras se acercaba más a ella e iba subiendo su mano por el muslo de la de ojos plateados. Nora hacía un buen trabajo en no mostrar emoción alguna, pues se empezaba a sentir demasiado turbada con aquel acercamiento y la mano de él apretando su muslo.

—Sólo admite que te está gustando la idea—le susurró cerca de su rostro, olvidándose por completo que estaban en una cafetería escolar. Nora intentó quitar la mano de él de su muslo pero sólo consiguió que el la entrelazara con la suya mientras él aún le sonreía con sorna.

—Eres tan terco, Castiel—murmuró sin dejar de mirarlo a los ojos.

—¿Eso es un sí? —profirió queriendo oír una respuesta positiva.

—Más bien es un "No es el momento para andar de caliente"—el pelirrojo se rió al escucharla hablar así.

—Lamento interrumpirlos—se disculpó Melody con las mejillas rojas ya que llegó a escuchar un poco de la conversación. El pelirrojo la miró fastidiado para luego alejarse de Nora—. Sólo vine a avisarte que tenemos una reunión para terminar de planificar lo de la fiesta de navidad.

—¿Ahora? —preguntó Nora ligeramente decepcionada. No quería apartarse de Castiel.

—Bueno, en unos minutos, si quieres—dijo mirando de reojo a Castiel. Nora suspiró sabiendo que ella ya sospechaba.

—Sólo termino mi almuerzo y luego me acompañas—la castaña se mordió el labio con nerviosismo.

—Bueno, en realidad acompañaré a Nathaniel—Nora asintió para luego mirar a lo lejos a un rubio muy concentrado en su lectura. Nathaniel y ella no se habían vuelto a dirigir la palabra desde lo ocurrido en el sótano y Nora simplemente no lo entendía.

—Entiendo. Gracias por avisarme—dejó de mirarla para luego concentrarse en su almuerzo sin reparar en la mirada fija que tenía Castiel sobre ella. Él no podía negar que saberla distanciada del delegado le alegraba, pero al mismo tiempo no lograba concebir el porqué ella y Nathaniel dejaron de hablarse tan de repente y aquello le trastornaba un poco. No sabía lo que había pasado después de que los dejó a solas en el sótano y las extrañas teorías que creaba en su cabeza no lo hacían sentir ni por lejos mejor.

Nora se terminó su almuerzo y rápidamente empezó a recoger sus libros para emprender su camino fuera de la cafetería. Castiel la detuvo por una mano. Él no quería que se fuera, y menos para estar en la misma habitación que Nathaniel. Pero no iba a sucumbir ante los celos cuando él mismo claramente le había ganado de nuevo a ese niñito bueno.

—¿Pasa algo? —le preguntó para luego notar el brillo malicioso que tenía él en sus ojos.

—¿Al menos lo vas a pensar? —la chica suspiró abatida. De verdad no se rendía el muy testarudo.

—Lo pensaré—se deshizo de su agarre para luego salir del lugar. Por supuesto que no lo pensaría. Castiel debía de estar loco si creía que ella caería en algo como ese estúpido trato.

—Hasta el momento no se ha encontrado una manera de hacer que el presupuesto nos alcance para todo lo que se requiere—informó una chica del consejo mientras analizaba la lista que le hicieron llegar los de organización de eventos.

—Encuentro innecesario lo del karaoke—opinó un chico de pelo negro. Nora se contuvo las ganas de bufar aclarándose la garganta lista para hablar.

—Ya no podemos sacar el karaoke ya que muchas personas han comprado las boletas para la fiesta y estaban bastante entusiasmadas con la idea—argumentó la de pelo anaranjado con voz monótona y con ganas de salir de ahí.

—Define muchas, Nora—le retó una delegada de un grado menor mientras la miraba con sorna. Nora rodeó los ojos.

—Hasta ahora ¿Cuántas boletas se han vendido? —Preguntó Nathaniel sin mirar realmente a ninguno de los que estaban en la sala de delegados.

—Cuarenta—informó Melody.

—Se suponía que se debían vender mínimo Ciento cincuenta—Habló Nathaniel por fin mirando con algo de atención a cada miembro del consejo, excepto a Nora. No quería mirarla y encontrarla tan radiante y todo por estar con el imbécil de Castiel. Incluso escuchar su voz, que antes le encantaba escuchar, en esos momentos era un martirio. Sólo quería salir de ahí.

—Aún es un poco pronto como para preocuparnos—volvió a hablar Nora, queriendo que el rubio la mirara por lo menos a la cara. Aunque nunca lo fuera a admitir, le tomó mucho más aprecio a Nathaniel de lo que hubiera querido. Él desde el primer momento estuvo ahí para ella y siempre fue lo más cercano a un amigo desde que llegó a Sweet Amoris. Notar que se alejaba sin ninguna razón le preocupaba y al mismo tiempo le confundía—. La boletas la hemos estado vendiendo desde hace dos semanas solamente—escuchó como el rubio bufaba mientras rodeaba los ojos. Se notaba que no tenía ganas ni de dirigirle la palabra.

—La fiesta de navidad será en dos semanas y a penas se ha alcanzado la mitad de lo mínimo que se tuvo que haber vendido. Ya es el momento de preocuparse—le espetó con una voz dura que hizo a Nora sorprenderse notoriamente. Muchos de lo que estaban ahí miraron también sorprendidos a Nathaniel. El chico no parecía ser el mismo desde hace un buen tiempo.

—¿Y qué propones, delegado? —le soltó Nora con una ligera voz arrogante que hizo a más de uno mirarla con asombro. Nathaniel la miró consternado al darse cuenta de la forma que usó ella para referirse a él. Tal y como el imbécil, pensó el de ojos dorados mientras le dirigía una extraña mirada a la de ojos plateados.

—Propongo que la Presidenta del comité de organización de eventos haga bien su trabajo—un par de chicas del consejo rieron por lo bajo al escuchar la respuesta del delegado principal. Nora frunció el ceño, empezando a enfadarse.

—Y yo propongo que el delegado principal al menos si haga algo en vez de estar criticando—el chico de pelo negro, delegado de la tercera sesión, profirió un silbido para incitar más a la pelea entre Nora y Nathaniel.

—Bien—Se levantó de su asiento, llamando la atención de todo el consejo—. Quiero que cada uno busque una manera de vender el resto de las boletas en menos de ocho días; que busquen la manera de que nuestro presupuesto alcance para todo los demás gastos y quiero que lo hagan desde ahora hasta el final del receso—la mayoría empezó a quejarse. A veces Nathaniel se comportaba bastante autoritario, pero solían ser raras las ocasiones y además no empleaba aquel tono de voz tan rudo—. Y si no logran tener una buena idea para final del receso, pues entonces toda la responsabilidad caerá sobre la Presidenta del comité de organización de eventos—miró con desafío a los ojos insensibles de Nora. Ella también le devolvió la misma mirada para luego sonreír.

—No se deben de preocupar—habló nuevamente la de pelo anaranjado—. Ya tengo una buena idea—la atención fue puesta sobre Nora—. Todos sabemos que al final de los exámenes finales la Directora realiza una reunión con los padres, para así mostrarle el desempeño de sus hijos a lo largo de todo el semestre—todos asintieron, menos Nathaniel que la escuchaba sin hacer ningún gesto—. Mi propuesta es unir la reunión con la fiesta de Navidad—la mayoría empezó a murmurar la idea de Nora—. Podemos invitar a los padres a la fiesta. Como tendrán que venir a la reunión con la Directora, de seguro tendrán ganas de despejarse con una fiesta. Simplemente no podrán negarse—la idea no parecía tan mala, pensaban algunos—. Sin embargo tendremos que aportar más del presupuesto que nos queda.

—Pero, ¿Por qué? —interrumpió la tesorera sintiéndose nerviosa por las medidas que estaba tomando Nora.

—Contrataremos un DJ—Nathaniel bufó ante la respuesta de Nora. Todos empezaron a negarse.

—¿Sabes cuánto se lleva un DJ? —interrogó el chico de pelo negro.

—Sí, y además ¿No iba a ver un karaoke? —también interrogó la chica del grado inferior.

—El karaoke será para propagar más el espíritu de la festividad. El Dj será para que noten que será una verdadera fiesta y así se logre vender más entradas—algunos se negaban, otros lo meditaban. Era una idea que podría dejarlos con menos dinero del que se podía invertir.

—No creo que contemos con el dinero suficiente, Nora—opinó Melody.

—Sé que contamos con el dinero suficiente, Melody—le respondió Nora.

—Pero ese dinero no se debería de tocar—empezó a opinar una miembro del comité—. Si la Directora se entera de que ni siquiera reservamos una pequeña parte ni para una emergencia, de seguro nos decapitaría.

—Es una idea demasiado arriesgada—opinó Nathaniel mirando sus ojos sin ningún temor. Nora lo imitó—. Pareciera que ciertas juntas sólo nos atrofian el pensamiento—Nora entrecerró los ojos al darse cuenta de a quién se refería.

—A veces hay que arriesgarse para ganar, Nathaniel—le sonrió falsamente. Nathaniel tragó en seco. El rubio sintió que fue más bien una indirecta. Él nunca se arriesgó a confesarle sus sentimientos y por consecuencia había perdido una buena oportunidad —. Este es un riesgo que vale la pena correr… Y en caso de que falle, yo tomaré toda la responsabilidad—todos la miraban con una mezcla entre admiración y desconfianza. Nora siempre se mostraba valiente, pero en esos momentos más que valiente parecía una temeraria—. Así que, ¿Qué deciden? —todos empezaron a debatir y llegaron a la conclusión de que se arriesgarían.

—Bien, lograste tu cometido—comenzó a hablar Nathaniel nuevamente—. Sólo que queda algo sin resolver ¿Quiénes se encargaran de lo del Dj? Porque si no te habías dado cuenta Nora, el tiempo corre y necesitamos organizar todo el gimnasio, hacer más boletas y fuera de todo eso tenemos nuestras propias responsabilidades ¿O se te olvidó que no somos unas simples marionetas y que en cambio tenemos vida propia con responsabilidades propias? —le sonrió falsamente con amabilidad mientras Nora le sonreía de la misma manera.

—De eso no deben preocuparse—informó muy segura de sí misma—. De las boletas me encargaré yo, el resto del comité se encargará de encontrar a un buen DJ y a un buen precio. De la organización del gimnasio para la fiesta ya tengo a quienes lo harán sin cobrar ni un Euro, ¿Satisfecho, Nathaniel? —le dedicó una mirada penetrante que hizo que el rubio chasqueara su lengua fastidiado—. Lo tomaré como un sí.

Durante el resto de la reunión estuvieron poniéndose de acuerdo a todo lo relacionado con la fiesta de Navidad. Al terminar ésta todos debieron abandonar la sala de delegados, dejando a solas a Nathaniel. Nora estaba a punto de salir ella sola hasta que Melody se colocó a su lado.

—Hey, Nora ¿Puedo conversar algo contigo? —le propuso la de ojos celestes. Nora suspiró ya sabiendo de qué le quería hablar. La de pelo anaranjado asintió mientras emprendía su camino hasta su casillero con Melody caminando a su lado—. Sé que no me incumbe, pero ¿Qué pasa entre Nathaniel y tú? Hace días que no se hablan y cuando por fin lo hacen se tratan como si fueran los mayores enemigos.

—Si te soy sincera ni yo misma lo sé—se sinceró mirándola directo a los ojos. La castaña torció la boca no del todo convencida—. Pensaba que tú estarías más enterada que yo.

—Bueno, le quise preguntar sobre lo que pasaba pero él sólo me ignoró por completo—le confesó mientras se detenía al verla a ella también detenerse frente a su casillero—. Sin embargo tengo mi teoría—Nora la miró con atención.

—¿Teoría? —Melody asintió mientras entrelazaba sus manos con algo de nerviosismo.

—Pues, no sé si me equivoco, pero tú y Castiel se han vuelto mucho más cercanos que antes. No parecen ni siquiera amigos—Nora se mordió el labio inferior ya sabiendo que ella había sido bastante suspicaz—. Más bien parecen… Pareja.

—Eso es ridículo—habló Nora con total seguridad.

—¿De verdad lo es, Nora? —si bien Nora sabía mentir bastante bien, ella no era ciega. Un par de veces los pudo ver besándose cuando creían que no había nadie a su alrededor— Ya los he visto bastante cariñosos en los pasillos—Nora ocultó su asombro mientras se reprendía mentalmente por no haber sido más precavida.

—Bueno, ¿Y qué si lo fuéramos? —no iba a admitirlo tan fácilmente pero aún así quería saber sobre la supuesta teoría de la castaña.

—Pues, como Nathaniel y Castiel son rivales, saberte como novia de él no le haría mucha gracia ¿Sabes? —Nora asintió entendiendo al instante ¿Entonces a eso se debía tanto drama? ¿A su estúpida rivalidad con Castiel? Pensaba Nora con resentimiento.

—Me parece por demás tonta la razón por la que me ignoraría de esta forma—respondió sólo mirando su casillero cerrado.

—Sonará tonta, pero ¿Hay alguna mejor? —miró la reacción de Nora con detenimiento, que como siempre no se inmutó ni un poco. Por supuesto que no la había. Nora sabía que la teoría de Melody era la más acertada.

De repente sintió una presencia familiar apoyarse contra los casilleros que estaban al lado del suyo.

—¿Podemos hablar? —murmuró el pelirrojo actuando como si nada, ya que rápidamente advirtió la presencia de Melody.

—¿Qué necesitas? —le preguntó Nora de lo más normal.

—Yo me voy—interrumpió Melody sabiendo que aquellos dos querían su momento a solas—. Nos vemos después, Nora—se despidió para luego retirarse. Cuando la castaña se había alejado lo suficiente, Castiel pasó un brazo por encima de los hombros de Nora.

—¿Ya pensaste lo del trato? —le sonrió arrogante mientras esperaba la respuesta de Nora.

—Sí, y he llegado a la conclusión de que no estoy interesada—Castiel resopló decepcionado, pero no iba a rendirse. Quería probar más de ella, llegar más lejos. Quería deshacerse de esa frialdad que tanto la caracterizaba a ella y hacerla arder de placer. Quería llegar a donde otros sólo habían fantaseado.

—Algo me dice que no lo pensaste mucho—se le acercó aún más, intentando intimidarla, pero la chica de pelo naranjado no tenía ganas de ninguno de sus juegos. Debía hacer que aquellos chicos cayeran y le hicieran el favor de organizar el gimnasio. Debía preparar las nuevas boletas, debía trabajar en los demás preparativos de la fiesta de navidad, debía estudiar para los finales y también hacer que su pegajoso novio estudiara sin necesidad de que ella se quitase la ropa.

—¿Y qué si así fue? Deberías estudiar y punto—se cruzó de brazos mientras él la miraba negando con la cabeza.

—Es una pena, porque si aceptaras el trato, estudiaría todo por mi solo y tú sólo te preocuparías por tus propias notas—intentaba manipularla y ella lo sabía.

—A mi nada me garantiza que realmente lo harías—le expresó quitando el brazo de él de sus hombros.

—Por supuesto que sí—Nora lo miró sin entender—. Tú me harías preguntas para confirmarlo—la de ojos plateados suspiró abatida. Realmente empezaba a cansarse de tantas locuras. No iba a negar que la idea de llegar más lejos de lo que habían llegado hasta el momento le despertaba cierta curiosidad, pero no se sentía preparada y además lo conocía, sabía que él querría aprovechar el tenerla desprovista de ropa.

—¿Y en qué momento tendría que… Desvestirme? —Castiel sonrió ya notando que estaba cerca de que ella por fin se rindiera.

—Por cada pregunta que me hagas y que yo conteste correctamente te quitarás una prenda—la chica lo miró entrecerrando los ojos. Aquello sonaba demasiado subido de tono para ella y no quería arriesgarse a que llegaran a más. Ella no se sentía lista para dar tal paso y menos cuando apenas llevaban tres semanas.

—¿Por qué simplemente no estudias sin que yo tenga que hacer algo tan…?

—Puedo estudiar sin que tengas perder ni una sola prenda, pero, tendrías que ayudarme, señorita ocupada—le sonrió aún más arrogante que antes y con aquella mirada gris que brillaba con desafió. Nora elevó una ceja ya impacientándose. La verdad tenía muchas cosas que hacer, pero ¿Valía la pena aquel extraño trato con tal de contar con unas horas extras?

—¿Me estás extorsionando, Briand? —le preguntó mientras se cruzaba de brazos nuevamente. Castiel se rió un poco mientras se acercaba peligrosamente a ella, privándola de su espacio personal.

—Puedes verlo como quieras—susurró cerca de su oreja, provocándole un ligero rubor a la pelinaranja—. Pero te convendría más si aceptas.

—No entiendo que ganas tú con esto—refutó intentando alejarlo mientras miraba para todos lados. No quería que nadie los viera en esa situación y más después de saber que hasta Melody los había visto antes sólo porque no habían sido lo suficientemente precavidos.

—Gano más de lo que crees—acarició su mejilla para luego besar sus labios. Nora apenas si hizo algún movimiento. Tenía tantas cosas en la cabeza que sentirlo a él besándola de aquella forma únicamente la trastornaba aún más.

—Castiel, estamos en el instituto—dijo separándose como pudo de él. El pelirrojo se acercó más a ella y empezó a besar su cuello. Nora no pudo evitar suspirar temerosa y agitada. Contuvo un suspiro al percibir la lengua de él lamer su cuello—… Está bien—dijo alejándolo de ella. El de ojos grises sonrió con victoria—. Pero te advierto que no llegaremos a nada más y que mis preguntas serán muy difíciles.

—¿Algo más? —le preguntó sonriendo hasta con los ojos.

—Si fallas alguna pregunta no me quitaré más nada—el pelirrojo la miró consternado. Tuvo que haberse imaginado que ella no se lo podría tan fácil.

—Mierda—murmuró él provocando que ella sonriera con superioridad.

—Lo tomas o lo dejas, simplemente eso—le espetó ya lista para empezar con su plan de convencer a ciertos chicos de que le hicieran un favor. El pelirrojo asintió—. Bien, estudia todo lo que nos han dado después de los parciales, cariño—la forma que usó para referirse a él lo hizo bufar—. Yo tengo asuntos que atender—y se fue dejándolo sólo mientras sonaba el timbre que daba fin al receso. Estudiaría hasta que se le quemaran las neuronas con tal de lograr su cometido.

El resto del día lo pasaron separados. Mientras él leía una y otra vez todas las clases apuntadas en sus cuadernos y sus libros, Nora se dedicó a hablar con ciertos chicos que no hace mucho tiempo la visitaron al hospital. Les mintió a medias al decirles que los del comité la habían dejado sola con la preparación del gimnasio sólo porque ella quería contratar a un Dj. Los chicos por supuesto que apiadaron de ella porque ¿Quién podría negarse a aquella mirada desolada que tenía Nora? Además de que ella les había ayudado antes sin rechistar. Nora les dio los detalles de cuando deberían ayudarla a prepararlo todo sin sorprenderse de que le hicieran el favor sin pedir nada a cambio. Sabía que en algún momento los necesitaría.

Al día siguiente, Castiel apareció con unas ligeras ojeras pero aún así se le veía contento. Se había pasado la noche estudiando con tal de no perder ante su novia y estaba muy seguro de que no fallaría hasta que la vio a ella entrar en el salón de clases, hermosa y radiante y más abrigada que el día anterior.

—No puede ser—susurró para sí mismo al notar que de verdad la chica no se la iba a poner fácil. Se acercó a Nora, y sin importarle que hubiera varios chicos mirándole, la tomó por un brazo y la sacó del salón de clases—. Explícame todo esto —demandó el pelirrojo señalando todo su atuendo. Nora le sonrió con fingida inocencia.

—¿De qué hablas? —se tocó el pecho con aparentado asombro. Nora no estaba dispuesta a dejar que él ganara así nomás, así que decidió abrigarse más que el día anterior.

—¿Fue a propósito, no? —le preguntó sonriendo con reto. Nora asintió sin dejarse inmutar— Aún si llevas toda una tienda encima, yo ganaré—Nora resopló fastidiada.

—Pues más te vale haber estudiado bien, porque hay más ropa de lo que crees debajo de este abrigo—le tocó resoplar fastidiado a Castiel. Definitivamente Nora era malvada.

La chica entró nuevamente al salón de clases mientras sonreía. No sabía que podía ser tan divertido fastidiarlo de aquella manera. Aún así se sentía insegura con respecto a aquel trato. No era su estilo aceptar ese tipo de cosas.

—Hola, Castiel—Saludó Lysandro a su amigo que se había quedado estático mirando por donde se fue Nora—¿Todo bien? —Castiel salió de su trance para luego sonreír un poco.

—Sí, sólo que no practicaremos hoy—su amigo lo miró sin entender—. Tengo algo que hacer—Lysandro intuyó a que se refería así que no quiso insistir más. Él fue primero en enterarse de la relación de Nora y Castiel, así que no le sorprendía que su amigo prefiriera estar con su novia—. Tampoco lo haré en el receso, necesito estudiar más—por fin el victoriano quedó en estado de confusión sin entender nada de lo que ocurría—. Y tú me vas ayudar.

—¿Qué? —profirió alzando una ceja aún más perdido para luego sentirse arrastrado por su amigo hacia el salón de clases.

El resto del día Nora y Castiel se la pasaron separados. Mientras el pelirrojo prácticamente obligaba a su mejor amigo a que le ayudase a estudiar todas las materias, Nora estuvo pasando el tiempo cumpliendo con sus responsabilidades como presidenta del comité de organización de eventos y tratando de engatusar aún más sus compañeros, sólo para confirmar que no se arrepintieran de último minuto y no le ayudaran con los arreglos del gimnasio. Pero en medio de tantas cosas que hacer se sentía profundamente desorientada y nerviosa. Su mente no dejaba de darle vueltas al asunto del trato con Castiel. Tenía un mal presentimiento, y, lamentablemente, sus presentimientos acertaban en su mayoría. No iba a admitirlo, pero estaba asustada y eso no le agradaba en lo absoluto.

Cuando el timbre que daba final a la jornada de clases se escuchó, el pelirrojo no tardó ni un segundo en levantarse y acercarse a su novia, quien miraba pensativa por la ventana.

—¿Qué tanto piensas, desabrida? —Nora ni se sobresaltó sólo se giró tragando en seco. El de ojos grises la miró curioso, como queriendo desvelar sus pensamientos.

—Estaba pensando con respecto al trato—le confesó mientras se levantaba con sus pertenencias. El pelirrojo la siguió.

—¿Y…?—le sonrió seductoramente pero la chica ni se inmutó, únicamente torció la boca en un gesto cansado, como si se cansara de todo o quizás de… Él. No, ella era diferente, con ella sería diferente, se repetía… Todo el tiempo.

—Creo que es mejor olvidarlo, no me parece una buena idea—no se alteró al notar la cara de pasmo y a la vez de enfado de Castiel. Nora siguió avanzando fuera del salón de clases hasta que sintió como el de ojos grises la detenía por el brazo.

—Me pasé el resto del día de ayer y todo el día de hoy hasta ahora estudiando—le hablaba con un tono extraño. Nora no quería mostrar su nerviosismo, así que sólo se dignó a escucharlo atentamente— ¿Y ahora me dices que no hay más trato? —la chica se deshizo de su agarre a la vez que terminaba de salir del instituto.

Él la seguía de cerca sintiéndose enfadado. La volvió a detener cuando estuvieron bastante alejados del instituto.

—Te hice una pregunta, Nora—hizo que lo mirara a los ojos. La de pelo anaranjado respiró profundamente ¿Cómo explicarle que no sentía nada de confianza con respecto al trato? ¿O qué simplemente no confiaba del todo en él? Se suponía que él era su novio y debía ser más abierta ¿No?

—Es sólo que no me siento muy segura con la idea—susurró cabizbaja. Que estúpida debió escucharse al decir aquello. Sin embargo el pelirrojo sonrió al darse cuenta de que estaba nerviosa.

—Pensaba que me la pondrías difícil—le tocó a ella mirarle confundida—. No sabía que podías ser así de insegura—la escuchó resoplar fastidiada.

—No lo soy—se cruzó de brazos mientras lo miraba fijamente ¿Desde cuándo era insegura?

—Entonces demuéstramelo—acarició su mejilla deleitándose con la mirada aturdida de ella—. Cumple con tu parte del trato.

—Pero yo…—la besó sabiendo que de esa forma bajaría todas sus defensas. La chica, abatida, suspiró ligeramente sintiéndose debilitada de repente, como si él con cada beso le robara las fuerzas. Sintió como él la apresaba más contra su pecho. Nora ni se entendía a sí misma. Por un lado él le ponía nerviosa de sobremanera cuando se acercaba y por el otro le encantaba como encajaban tan bien el uno con el otro, como sus besos la llevaban a tocar el cielo.

Él se fue separando poco a poco de ella mientras sonreía con superioridad. Sabía como la hacía sentir. Le encantaba hacerla temblar, suspirar y sonrojar. Era como un indicador de que sólo él la controlaba y la descontrolaba a su antojo.

La tomó de la mano mientras se dirigían al hogar de ella. La chica no parecía poner resistencia. Caminaba siendo casi arrastrada por él. Lo miraba reparando en aquella sonrisa que tanto le fascinaba pero que en esos momentos, de alguna forma, aumentaba su nerviosismo.

Nora le pasó un vaso con jugo a Castiel para luego sentarse frente a él. El pelirrojo lo bebió todo casi de un trago para luego colocar el vaso en la mesa de centro.

—Ya deberías preguntarme para confirmar que estudié—acabó con silencio que hace unos segundos ocupaba la sala de estar. La de ojos plateados se mordió el labio queriendo viajar el tiempo atrás y así impedirse a sí misma aceptar aquella tontería.

—Bueno—asintió mientras sacaba su agenda en donde escribió las preguntas que le haría. El pelirrojo se frotó las manos, entusiasmado, parecía bastante seguro de sí, mientras ella se sentía insegura. Era como si ambos supieran quien ganaría después de todo— ¿Cuáles son las principales funciones de la ONU?

—Mantener la paz y seguridad internacional, fomentar la amistad entre las naciones, servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar propósitos comunes—Nora asintió dándole a entender que tenía razón. Castiel la miraba intensamente como esperando que se quitara toda la ropa de una vez por todas. La chica se quitó boina color chocolate y la colocó encima de la mesa.

—¿Qué es la hemiparesia, a qué se debe y cómo se trata? —Castiel chasqueó la lengua intentando recordar. Nora sonrió un poco al ver que no le era tan fácil después de todo. El de ojos grises se devanaba los sesos con tal de recordar— El tiempo corre—musitó Nora con una mirada cargada de burla. Su novio entrecerró los ojos con fastidio al ver que ella disfrutaba verlo tan confundido a él también.

—A ver… La hemiparesia es la disminución de la fuerza motora o parálisis parcial que afecta… Un brazo y una pierna del mismo lado del cuerpo—Nora tragó en seco—. Se debe a una lesión cerebral, producida por una falta de oxígeno en el cerebro. Y Una de las posibles vías para el tratamiento de la hemiparesia es el Concepto Bobath por medio de fisioterapia y de terapia ocupacional—Era tan raro escucharle hablar así, pensaba Nora mientras se quitaba la bufanda y la colocaba junto a la boina.

El tiempo fue transcurriendo lentamente entre preguntas difíciles y respuestas acertadas. Castiel casi mandaba todo el plan al diablo al notar que Nora llevaba bastantes prendas encima. Ya le empezaba a doler la cabeza de tantas preguntas que le hacía, las cuales no eran nada fáciles. Pero aún así no se iba a rendir.

Nora no mostraba ninguna expresión en su rostro mientras se quitaba cada prenda de vestir con elegancia. Sin embargo se sintió hundida cuando Castiel había respondido correctamente, otra vez, y ella sólo estaba con una camiseta de tirante y el pantalón. El pelirrojo le dedicó una sonrisa mientras se mordía el labio inferior, incitándola a que por fin le mostrara justo lo que él quería.

Suspiró y, sin perturbarse, se quitó la camiseta dejando ver su sostén de color azul marino. Tapó rápidamente con su pelo sus pechos mientras se cruzaba de brazos.

—La próxima—le exigió la siguiente pregunta con un brillo sagaz en sus ojos grises. Nora chasqueó la lengua, enfadada así que, ya harta de toda aquella estupidez pervertida y sin sentido, se decidió a hacerle la última pregunta.

—¿Qué es ó que son "Las peregrinaciones de Childe Harold; quién fue su autor y de que trata? —el pelirrojo se recostó hacia atrás como meditando la respuesta.

—Las peregrinaciones de Childe Harold es un extenso poema narrativo dividido en cuatro cantos escrito por el autor inglés Lord Byron- El poema trata de los viajes y reflexiones de un hombre joven hastiado del mundo, desilusionado de una vida de placer y deleite, mientras goza de los paisajes de las tierras extranjeras por donde va pasando—sabía que le había respondido correctamente, así que sólo se deleitó con el rostro inexpresivo de ella que sabía bien que ocultaba una gran turbación en su interior.

—Correcto—se miró los pantalones con detenimiento, sabiendo que él la miraba expectante, para luego quitárselos. Quedó únicamente con su ropa interior de color azul marino delante de él. Cruzó las piernas al tiempo que cruzaba nuevamente los brazos sobre su pecho.

Ninguno profirió palabra alguna, sólo se miraban a los ojos con desafío, o por lo menos ella lo miraba de aquella forma. Castiel la miraba más detenidamente, como evaluando cada parte de su cuerpo.

—La siguiente pregunta—profirió sin dejar de mirar sus voluptuosas piernas.

—Buen intento, pero la ropa interior no cuenta—le espetó con un ligero enfado en su voz. Castiel no pudo evitar reírse por lo bajo a notar aquella actitud tan a la defensiva.

—Entonces parece que gané, desabrida—la pelinaranja rodeó los ojos.

—Sí, ya lograste tu cometido—le soltó elevando una ceja. Castiel negó con la cabeza. Aún no lo hacía, apenas empezaba a lograrlo.

Se levantó de la butaca y se fue acercando a Nora, sin dejar de mirarla de arriba abajo. Se lamió los labios con evidente deseo a la par que se sentaba al lado de ella.

Nora se sentía humillada ¿Ya no había perdido suficiente de su dignidad a quedar semidesnuda frente a él? ¿Qué más quería?

—¿Te gusta lo que ves, Briand? —le interrogó sarcásticamente mientras se frotaba los brazos por el frío.

—Bastante—le respondió a la par que colocaba su mano en la pierna desnuda de ella. Nora miró con pasmo la mano del pelirrojo acariciar su pierna, provocando que su piel se erizara de inmediato—. Sin embargo, estás algo rígida ¿Tienes frío? —le susurró provocativamente cerca de su oreja. Nora pasó saliva empezando a hiperventilar.

—¿Tú qué crees? —no pudo evitar tiritar un poco a causa del aire frío. Se sobresaltó al advertir los labios de Castiel sobre su cuello al tiempo que él palpaba y apretaba su muslo—¿Qué haces? —interrogó desvelando un poco de su nerviosismo interno. El pelirrojo separó de ella, encarándola.

—Tienes frío—susurró cerca de los labios de ella, provocándole un muy leve rubor—, así que ¿Qué tal si te hago entrar en calor? —Nora lo miró con asombro al darse cuenta de a qué se refería. Quiso apartarse de él pero al final terminó siendo acorralada y recostada sobre el sofá. Su espalda estaba pegada al posabrazos mientras encaraba con estupefacción al chico de ojos grises. Puso nula resistencia cuando él empezó a besar sus labios, advirtiendo un ligero cosquilleo en su estómago y también advirtiendo a su corazón acelerado.

Deslizó su experta lengua en la boca de ella, incitando a que la de ella jugara con la de él. Subió su mano hasta su estrecha cintura mientras aferraba a su novia a él. La besó con más pasión, queriendo obtenerla por completo de esa y cualquier otra forma. La deseaba más que a cualquier mujer en el mundo; la deseaba juntó a él, suspirando sólo por él, gimiendo para él, estremeciéndose por él. Se separó poco a poco de su boca para después pasar su lengua por ese carnoso labio inferior que tanto le apetecía morder, y así lo hizo. La chica gimió contra su propia voluntad induciendo a que el pelirrojo se riera suavemente mientras aún chupaba su labio inferior.

Se sentía tan fuera de sí. Temerosa y humillada ¿Acaso era normal sentirse así al estar enamorada? No le gustaba, martirizaba a su orgullo. Pero era difícil resistirse cuando su propio cuerpo respondía a cada caricia y cada beso con gusto. Suspiró con la característica debilidad que él le provocaba cuando sintió su labio inferior ser liberado. Quería apartarlo, sin embargo sus manos descansaban sobre el pecho de él completamente laxas. Los labios de Castiel descendieron hasta su cuello, en donde no tardaron en besar su fina piel.

Dejó un rojizo chupetón en su cuello, luego otro mientras subía una de sus manos hacia el broche del sostén y con un solo movimiento lo desabrochó.

—Espera ¿Qué haces? —preguntó bastante inquieta con sus mejillas sonrojadas, mientras trataba de sostener su brassier con una mano. Castiel apartó la mano que ella usaba para impedir que se callera su sostén. Se acercó a su mejilla y la besó con fingida dulzura.

—Tranquila—le susurró intentando sonar tranquilizador, pero aquella voz grave y lasciva no le tranquilizaba nada.

Le fue bajando por los brazos el brassier, hasta que la dejó desprovista de él.

—Detente—susurró bastante avergonzada mientras se cubría sus pequeños pechos con ambas manos. Se sentía tan sumisa y no le estaba agradando en lo absoluto ¿Estaba bien sentirse así? ¿Era común?

Se veía demasiada linda para su propio bien, pensaba el pelirrojo mientras observaba su rostro sonrojado, su mirada temerosa y su cuerpo estremecido. Se mordió el labio sin ya poder aguantar las ganas.

De pronto se encontraba acostada sobre el sofá y con ambos brazos siendo aprisionados desde sus muñecas por encima de su cabeza, por una mano tosca. Apartó el rostro completamente abochornada, sabiendo que él miraba fijamente sus pechos.

—Vaya—empezó a decir él mirando fijamente a aquel par—, sí que son pequeños—maldito imbécil, pensó Nora iracunda para después abrir los ojos de más totalmente pasmada. Apretó los labios inmediatamente al sentir esos familiares dedos rasposos masajear su pezón. Experimentaba como millones de descargas eléctricas se apoderaban de su cuerpo, debilitándola, excitándola.

Se acercó a sus labios apretados y empezó a besarlos con tal de abrirlos y así escuchar esos deliciosos gemidos que eran como música para sus oídos.

—No intentes censurarte—murmuró rozando sus labios con los de ella—. Gime más para mí—Nora lo miró con los ojos entrecerrados ¿Qué demonios le ocurría? Ella sabía que era muy apasionado, de hecho, era una de esas características que más le gustaban de él. Pero en esos momentos no parecía sólo dejarse llevar por un arranque de pasión. Sospechaba que más bien quería poseerla y dominarla para comprobar algo, como si quisiera… Marcar su territorio.

Inevitablemente profirió un gemido desde lo más hondo de su ser a percibir la boca de él lamer y chupar su pecho derecho. Tampoco pudo impedir clavarse las uñas en las palmas de las manos, las manos que él mantenía cautivas con tal de que ella no tuviera escapatoria.

Intentó zafarse de su agarre retorciéndose. El mal presentimiento aumentaba. Deseaba con todo estar equivocada.

Se deleitaba por completo con toda ella. Con su piel suave, sus gemidos que apenas podía contener; con cada curva que apreciaba con sus manos. Era tan perfecta y sólo le pertenecía a él.

—Suelta…—Profirió la pelinaranja casi defallicida, al advertir como Castiel mordía su pezón no tan suavemente. Era demasiado para ella— ¡Suelta! —se escuchó bastante firme para alguien que con dificultad si podía abrir los ojos. El pelirrojo lo liberó de repente.

—No me digas que hacer—murmuró jadeante y después de decir aquella frase tan típica de él, se acercó al otro seno e hizo lo mismo que con el primero.

Nuevamente intentó liberarse. Trataba de deshacerse de su fuerte agarre que ya empezaba a lastimarle. No podía.

—Suéltame—pronunció con un ligero gemido provocado por los labios de él que chupaban con fuerza su pezón izquierdo—… Me estás lastimando—no pudo evitar un maldito lloriqueo que la hizo sentir miserablemente idiota. Estaba mal, todo en ella estaba mal ¿Qué había cambiado?

El pelirrojo la liberó de su agarre y quedó arrodillado en el sofá para apreciarla mejor. Sus ojos plateados lo miraban con una extraña mezcla de placer, temor y curiosidad; sus labios estaban hinchados y rojos, tan rojos como los chupetones de su cuello y sus pezones.

—Eres…—hermosa, perfecta, preciosa. Esas palabras cruzaban por su mente al tiempo que la observaba atentamente. Sin embargo sonrió con burla—Eres mía—la manera en la que pronunció aquellas palabras la alertó de una vez por todas. Más de una vez había escuchado esas palabras en boca de los chicos con sus novias y a éstas no les parecían incomodarle en lo absoluto, más bien les encantaba escucharlas. Nunca las tomó en serio sino hasta ese preciso momento cuando él, que a diferencia de ella había permanecido completamente vestido, se quitaba la chaqueta y la camiseta, dejando al aire su torso musculoso.

Se le quedó mirando fijamente, como quien viera algo extraño y a la vez atrayente por primera vez. Apenas si podía controlar su agitada respiración al darse cuenta de que él de verdad quería llegar lejos, más allá de cualquier beso o caricia. No estaba preparada, la sola idea le aterraba.

La haló hacia arriba por su muñeca enrojecida, enrojecida gracias a la fuerza que puso en ella cuando le impedía escapar, y la sentó haciendo que quedara muy cerca de él. La miraba desde arriba con su particular sonrisa de arrogancia y puso la mano de ella sobre su pecho.

Nora sólo miraba como él hacia descender su mano desde sus fornidos pectorales, donde pudo sentir su corazón latiendo bastante rápido, hasta sus marcados abdominales. No sabía si estaba más asustada que excitada.

—Castiel—musitó con voz tranquila mientras cerraba en un puño su mano que aún reposaba en el abdomen de él—, pienso que mejor paramos todo esto—ninguno pronunciaba palabra alguna. El pelirrojo se había quedado paralizado y ella también. De repente él la soltó con suavidad mientras se alejaba de a poco de ella.

Nora se fue incorporando hacia atrás, sintiéndose bastante aliviada de que él entendiera que aún no era el momento… No duró mucho su alivio cuando de pronto su novio la acostó de nuevo en el sofá mientras él aún seguía arrodillado en el mueble. Posó sus manos en las anchas caderas de Nora y la arrastró desde éstas hasta que pegó la feminidad de ella contra su erección.

Nora lo miró confundida, sintiendo aquello tan duro presionar contra su feminidad humedecida. Él no podía…

—Sólo date cuenta como me pones, Nora—murmuró ligeramente amenazante, excitado y molesto. Nora empezó a ser consciente de su propio corazón martilleando contra su pecho con fuerza. Pero era distinto a otras veces. Latía como cuando se está ante un inminente peligro.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando él pegó más su miembro erecto contra la feminidad de ella. La chica no pudo evitar sorprenderse ante tal acto. Quiso alejarse pero él no se lo permitió.

Se pegó contra sus pechos desnudos, percibiendo la suavidad de éstos y también el fuerte golpeteó de su corazón. Volvió a fingir que la penetraba, frotándose contra ella.

Gimió contra su voluntad. No estaba bien. Volvió a gemir sin querer hacerlo a la par que clavaba sus uñas en los hombros anchos de él, intentando apartarlo con muy pocas fuerzas. Temerosa, indignada, sumisa, humillada. No le gustaba sentirse así, pero así él le hacía sentir.

Quería torturarla, mostrarle lo mucho que se perdía por pedirle que parara ¿Cómo se atrevía? ¿Acaso no se daba cuenta de lo mucho que él la deseaba? No podía negarle tal placer de hacerla suya por completo. La necesitaba contra él y así hacerse entender a sí mismo que ella le pertenecía, que no se iría de su lado, que no le traicionaría, que no le abandonaría ni lo reemplazaría.

—Dices que pare…—susurró jadeante mientras aún se frotaba contra ella como si de verdad la penetrara—Pero escúchate…—hizo que ella lo mirara al girar, sin medir su fuerza, su rostro estupefacto—No paras de gemir—la besó a la fuerza sintiéndose desgarrar por dentro.

—Para…—se separó de sus labios como pudo—¿Qué demonios… Te pasa? —interrogaba mientras intentaba quitárselo de encima ¿Era el mismo Castiel del cual se enamoró? ¿Acaso planeaba obligarla?

Se separó de ella mirándola con tantas emociones juntas que hicieron a Nora sentarse y retroceder. Empezó a desabrocharse el pantalón y lo bajó dejando ver aún más grande su erección. Se acercó a ella. Ya no podía aguantar más.

—¡Para! —le gritó con terror, con decepción, con enojo al tiempo que el teléfono de la sala empezaba a sonar.

Quedaron inmovilizados, en un profundo silencio que sólo era penetrado por el agudo sonido del timbre del teléfono. Se miraban con los ojos muy abiertos, saliendo de a poco de aquel espacio que los absorbió por completo hace unos momentos, para ser más conscientes de la realidad.

¡Hola, Nora! —el teléfono envió a Larissa a la contestadora— ¡Espero que estés bien! Pensaba que estarías en casa para estas horas pero bueno, por si acaso dejaré este mensaje. Voy en camino a casa—Nora miró de reojo por la ventana de la sala, dándose cuenta que ya era de noche—, así que ¿Qué tal si vas preparando algo de cenar? Que tonta soy, mejor te llamo al móvil ¡Adiós, caramelito! —sólo quedó el silencio apoderándose de la sala de estar. El móvil de Nora empezó a escucharse desde su mochila que reposaba en el suelo. La pelinaranja la tomó y buscó el móvil para responder a su madre. Todo eso sin dejar de mirar a Castiel.

—¿Si? —contestó la llamada notando como el pelirrojo se sentaba en el sofá, aturdido. Su madre le platicó sobre que tuvo un largo día de trabajo y también sobre que llegaría en veinte minutos a su hogar. Colgó al tiempo que dejaba el aparato en la mesa de centro, al lado de varias prendas de ropa que se había quita anteriormente. Entonces recordó que estaba desnuda. Abrazó sus voluminosas piernas contra sus pechos desnudos.

Por poco él… No podía creerlo ¿De verdad iba a obligarla? ¿Se había enamorado de él siendo así? Era una estúpida. Desde la primera vez que se besaron lo sintió, sintió esa dominación que venía de él y ella como una idiota se dejó llevar sumisamente hasta ese punto. Más de una vez se sintió tan dócil y tan frágil, y en cambio prefirió confesarle sus sentimientos aún sabiendo lo que él provocaba en ella. Ella no era esa chica. No era sumisa, ni frágil, no se sonrojaba, no gemía, ni suspiraba; no era de las que se dejaban humillar y dominar, no era de las que obedientemente complacía a los demás. Pero cambió.

Él que no salía de su mente y la hacía sentir tan fuera de sí. Con un solo roce la desprotegió por completo y gracias a que nunca supo ponerle límites estaba ahí, desnuda, humillada y temerosa. Temor. Odiaba sentir temor y más por alguien como él. Entonces recordó cada sensación de debilidad que él le provocaba; cada palabra que la hizo sentir insegura... Lo había vuelto a subestimar ¿Qué sentía realmente por él? ¿Y si en realidad nunca se enamoró de él? No podía gustarle alguien que la hiciera sentir insegura y humillada ¿Fue atracción? ¿Fue curiosidad? No sabía ¿Debería alejarse de él? Estaba confundida. No quería alejarse al pensar en cada sonrisa que provocó en ella y cada sonrisa que él le dedicó a ella. Por aquella vez que la acompañó en la tristeza de sus recuerdos. Por cada broma compartida, por cada vez que se preocuparon el uno por el otro. Pero no quería sentirse sumisa. No quería que él la controlara, ni que la poseyera como si fuera un objeto.

Se levantó firmemente de su asiento con la mirada tan fría como la primera vez que llegó a Sweet Ville, cuando tenía el corazón endurecido por la venganza completada, por todo lo que obtuvo al realizarla, por el duelo de la muerte de su mejor amiga. Tomó entre sus manos el sostén que se dejó quitar con tanta facilidad y se lo colocó sin mirar al de ojos grises.

Castiel aún no salía de su asombro ¿De verdad planeaba obligarla? La deseaba bastante pero ¿De ahí a intentar hacerlo aún ella poniendo resistencia? ¡Se había vuelto loco! No pudo contenerse. La excitación y el deseo que ella le provocaba se mezclaron inevitablemente con sus malditos recuerdos, aquellos que lo invadían de ira y desesperación.

Desde que ella aceptó ser su novia fue como si algo dentro de él hiciera click y le dijera que no podía dejarla escapar, que tenía poseerla y así evitar que ella lo abandonara y que lo dejara con su corazón hecho pedazos.

Volvió otra vez a la realidad a ver como Nora le iba a pasar por delante, ya vestida con su suéter blanco, jeans y sus botas negras. Llevaba entre sus manos las prendas que se había puesto de más ese día por lo del trato. Tenía que aclarar aquel mal entendido, así que la detuvo por la muñeca.

—Nora, yo…—no prosiguió al sentir como su novia se deshacía de un tirón del agarre que puso en su muñeca. La miró directo a los ojos y fue como si aquella mirada fría lo congelara al instante.

—El baño está al final del pasillo—habló con su voz tan firme, segura y fría que no pudo evitar recordarla meses atrás, cuando ella y él ni se trataban—.Intenta de no hacer un desastre—Castiel la miró sin entender, hasta que se dio cuenta de que aún tenía una evidente erección apretando contra su bóxers.

Se levantó subiéndose el pantalón para dirigirse hacia el baño. Nora lo miró retirarse sin cambiar de expresión ¿Debería seguir siendo su novia? Se preguntaba mientras recogía la boina de la mesa de centro.


Vaya, ya los primeros problemas aparecieron en esta relación. Nora tiene un pasado doloroso y trágico, pero aún así es alguien pura con respecto al amor y relaciones de pareja. Castiel es lo contrario, tiene malas experiencias las cuales le han dejado bastante dolido, confundido y roto. Sus sentimientos por Nora se han mezclado con el veneno de sus malas experiencias y ha terminado espantando a nuestra reina de hielo.

Es algo muy común en las relaciones este tipo de conflictos. Uno trata de que con la otra persona sea totalmente diferente, sin embargo, más que asegurarla a tu lado sólo logras que se aleje más.

Los siguientes tres capítulos, al igual que éste, serán sobre como evoluciona la relación de estos dos, por lo cual advierto que serán algo tranquilitos en comparación a los anteriores capítulos.

¡Y, bien! Espero que les haya gustado y que si gustan dejen su opinión sobre el capítulo. Yo por mi parte me sentí un tanto fuera de mi "zona" al escribir esas escenas xD

¡Nos vemos en dos semanas! ^^