¡ATENCIÓN, EL FANFIC SE CANCELA!
Ahora que tengo su atención, se necesita que un poni desencadenen una cadena de hechos; pero no me decido por ninguno de mis dos víctimas. Estoy entre Wandering Wing, mi tocayo (no soy muy partidario de esta opción); y Wisemurk, el amigo loco de Reaver. Por eso he abierto una encuesta en mi perfil para que puedan quitarme esta duda.
El fanfic no se cancela.
LA BELLA Y EL SAQUEADOR
Dedicado a Tsubaki2345
13
Algo así como amor
—No podrías haberlo hecho mejor, lindura —dice Azrael a Trixie.
La siniestra pareja de amantes camina por un jardín muerto. Todo es silencio pálido y tétrico.
—La Grande y Poderosa Nightmare Tricks fácilmente pudo enfrentarse a aquella prueba —lejos de la fea criatura, Trixie recupera su arrogancia.
—Estoy seguro de eso —sonríe Azrael.
"Ah, eres tan hermosa. Bendito el día que te maté y resucité".
Ambos magos se detienen en un banquito rodeado de narcisos podridos.
—¡Qué bonitas están las flores hoy! —dice él.
—¿Más bonitas que yo? —pregunta ella, acercándose a él y mirándolo coquetamente.
Azrael besa suavemente sus labios fríos. Mantiene su cara cerca de ella.
—Nadie es más bonita que tú. querida —dice, y la besa de nuevo. Trixie se ríe, mientras se acerca más a él, sus cuernos formando una equis—. Ven, te tengo un regalo.
Ambos se levantan y caminan por el sendero de baldosas hechas con cráneos aplanados. Pasan un farol hecho con lápidas, una de las cuales dice: "Aquí yace Rain Dash".
—Querida, en verdad te has vuelto una Nigromante Oscura Grande y Poderosa.
—¡Así es!
—Tu energía es casi tan grande como la mía, y eso que no llevas ni dos semanas como parte de la Secta. Ahora que has hablado con el Relator de Cuentos, y ya que estás bautizada y todo eso, tienes todo el derecho de inflar orgullosa el pecho y hacerte llamar una Oscura.
Trixie frunce el entrecejo. "No sabía que hablar con esa cosa fuera tan importante".
—La Secta de los Oscuros —prosigue hablando Azrael—, la conformamos todos los seres capaces de hacer magia —se ríe con nostalgia—. Magos Oscuros, Hechiceros Oscuros, Brujos Oscuros, etcétera. Todos somos el brazo mágico del Covenant de las Sectas. Tenemos varios enemigos: los ángeles caídos Mi-Go, monstruosos hongos rivales de nuestros Hermanos del Signo Amarillo; la Orden del Alfil Negro, compuesta por un montón de ponis que operan en la sombra y que han jurado eliminar al Covenant, nuestros enemigos más poderosos; y los Paladines Verdes, que son una ridícula colección de magos, chamanes, sacerdotes, brujos y demás..., la verdad de estos no debes preocuparte mucho. Ahora, mi Hermosa y Poderosa Nightmare Tricks, eres no sólo parte de la gran Secta de los Oscuros, sino parte del gran colectivo de Sectas que adoran a los verdaderos Dioses únicos —su voz se llena de conmoción—. Siéntete orgullosa, esposa, yo lo estoy. Estoy muy orgulloso, linda.
Dice eso último mirándola a los ojos, a punto de llorar, pero sonriendo. Trixie está igual de emocionada. "Azrael..."
—Nunca me dejes sola —dice ella, besándolo apasionadamente. Él la abraza.
—Nunca, querida —contesta su esposo.
Luna mira severamente a Stormnight entrando a sus aposentos. El selenita —contra su voluntad— fue bañado, y su armadura llevada a reparación. Desnudo, se puede apreciar su Cutie Mark: una calavera blanca con dos huesos blancos cruzados.
El guerrero huele a jabón, sin ningún rastro de sangre o sudor, y Luna sabe que eso lo desespera. Stormnight prefiere estar hediendo a sangre y vísceras que oler a flores.
Pero su expresión dura se suaviza al ver los moretones de su musculoso tronco y su cara marcada allí donde el borde del casco rasgó la carne.
—Stormnight, ¿Qué te pasó?
El selenita hace una profunda reverencia, golpeando el suelo con su pecho.
—Me enfrenté a aquel bandido que se hace llamar "El Tornado", ¡Oh, Diosa!
—Pero Stormnight, El Tornado es un héroe. "Aunque sea un loco que usa un disfraz".
—Mi Diosa, eso es lo que quiere que creamos —contesta con respeto, pero con ira—. Pasó lo mismo en mi tribu. Llegó un día un poni, salvó a un par de potros de un oso, era todo un héroe para mi aldea, ¡Y un día envenenó el vino, y huyó con nuestros diamantes ceremoniales! ¡Cientos de yeguas, potros y grandes guerreros, asesinados sin que hubieran podido luchar por su honor! Mi padre murió sin poder luchar...
Stormnight se levanta, y su rostro severo y violento parece hermoso cuando arde con ira pura. Luna está conmovida. "Pobre Stormnight..."
—Por eso juré acabar con esa escoria, ¡y ningún truco podrá engañarme!
La cara de Luna ya no pueden seguir fingiendo severidad. Mira a Stormnight con cariño y amistad.
Han pasado muchas cosas juntos. Ella, desde que dejó de ser Nightmare Moon, había estado en una profunda depresión, ya que tras mil años en aislamiento no sabía como socializar con nadie.
Hasta entonces —incluso cuando era una potrilla inocente— fu única amiga sólo fue un espíritu, una dopplegänger sin rostro, ni cuerpo, ni energía, llamada Nightmare Moon. No era la criatura ávida de oscuridad y noche que terminaría siendo; solía ser un humo informe que escuchaba a Luna, la oía desahogarse ante sus fracasos y escuchaba sus aventuras diarias. Así, poco a poco, Luna le dio a aquel espíritu un rostro y un cuerpo, moldeándolo con sus sentimientos, y además le dio el nombre de Moon —"Nightmare" se lo antepondría después—. Además, la espíritu había absorbido la energía que manaba del alma de Luna, creando así como un vínculo emocional con ella.
Desgraciadamente, Luna era algo torpe, y no poder ser útil la amargaba mucho; por extensión, Moon sentía su amargura, y en un acto que tendría repercusión por mil años, la dopplegänger poseyó su cuerpo. El dolor de Luna fue el dolor de Moon, el resentimiento de Luna fue el resentimiento de Moon; y ambos cuerpos, ambas almas, ambos corazones se fundieron en uno solo: Nightmare Moon.
Y el resto es historia conocida.
Ella vivía atormentada por los recuerdos de aquellos días, ¡y, como de milagro, aparece esa banda de ponis de aspecto nocturno, con alas de dragón y ropa de hace dos mil años! Ellos la amaban, la idolatraban. Ella era su Princesa, su Reina, su Diosa, e iban a protegerla como la Guardia Real de ella. Y aunque aún trata de convencerlos de que no es una deidad, ellos creen con más fuerza.
Stormnight, de todos el más devoto. Cuando ella aún no alcanzaba su tamaño actual, cuando aún era la pequeña alicornio emergida de la armadura de Nightmare Moon, un grupo de ponis trató de asesinarla mientras ella acompañaba a su hermana en una celebración. Cinco flechas salieron disparadas desde un tejado, y ella habría muerto... pero él, Stormnight, la arrojó al suelo, partió dos flechas con su sable y recibió las otras tres, y otra, y otra, y otra que dispararon después. Los ponis fueron atrapados, pero Stormnight estaba malherido y desangrándose.
"¡Fue tan terrible!"
Stormnight estuvo en el hospital varios días, y no esperaban que sobreviviera. Pero resistió. A partir de allí, los selenitas de la Guardia lo apodaron en secreto "Stormnight el Duro". Ella fue invitada varias veces por los selenitas para sus festividades, y ella se sentía amada, sentía que aquellas criaturas de cara sucia y piel curtida eran sus mejores amigos.
La mayor festividad selenita, el Gran Festival de la Noche, se celebra el mismo día que la Gran Gala del Galope, y Luna ese año quería asistir. Su hermana la convenció de partir con su querido pueblo. Y en medio de una gran ceremonia, Stormnight puso sobre su cuello radiante el diamante Night Star, el Portavoz de las Estrellas, una joya negra del tamaño de un ojo. Cuando se lo puso, pasó algo muy interesante: los selenitas más tarde dirían que ella (todavía una yegua de poco tamaño, la que quedó de los restos de Nightmare Moon) se iluminó como una pequeña luna, y cuando el resplandor cesó, ella estaba ahí con su grande y nueva figura. Ella sólo recordaba sentir un torrente de energía entrar por todo su cuerpo, y buscar nerviosa los ojos de Stormnight...
Todavía después, en una de sus últimas peripecias, ella fue poseída de nuevo por Nightmare Moon, en las dos semanas más espantosa de su vida. Pesadillas horrendas y miedo en estado puro a cada segundo, y de repente sucumbir ante aquel espíritu que una vez había amado. Y aún conservaba un resquicio de conciencia: su mente, su alma, nunca se fue del cuerpo.
Por eso se sintió infinitamente horrible cuando Nightmare Moon se enfrentó a Celestia y la derrotó, arrojándola herida a un montón de basura. Y se sintió aún peor cuando la yegua de la noche ordenó a su querida Guardia someter el castillo. Y eso no fue todo: Nightmare Moon, en aquellas noches frías, obligó a Stormnight tener relaciones con ella. Nightmare Moon lo disfrutó, eso era seguro, o todo lo que podía disfrutarlo su parásita alma; pero Luna se sintió violada, desgarrada por dentro, sucia e increíblemente profanada como un templo sagrado saqueado por un bárbaro ignorante. Y aquello se repitió varias noches, a veces incluso de día.
Stormnight, obligado por Nightmare Moon, mantuvo la opresión sobre Canterlot. Luna no lo culpa: él creía que Nightmare Moon era ella misma.
Afortunadamente, su hermana fue rescatada por leales y pobres súbditos, y tras recuperarse un poco al cabo de dos semanas, logró convencer a un grupo de selenitas. Y así exorcizaron a Nightmare Moon, el exorcismo más tenebroso de todos los tiempos, realizado en conjunto por un rabino yehudío, un sacerdote adonita, un imán aslamán, varios chamanes selenitas y una cebra curandera del Everfree.
Aunque fue horroroso, y casi mueren todos ahí mismo, todo salió afortunadamente bien, y Nightmare Moon abandonó su cuerpo, y el alma oscura que hasta entonces había vagado imitando su rostro y alimentándose de sus sentimientos tiene ahora cuerpo, rostro y sangre. Ahora Nightmare Moon está encerrada en el Tártaro, y Luna jamás ha ido ni irá a verla.
"¿Recordará aquellas... noches? ¿Fueron tan importantes para él como lo son para mí...?"
Luna no puede pensar en aquellas noches sin estremecerse. Nunca había pensado que un corazón pudiera soportar tantos sentimientos seguidos. La impotencia que sentía cuando Nightmare Moon forzaba a su —¡su!— cuerpo a encaramarse sobre el sorprendido Stormnight. El miedo que venía cuando el cuerpo de Stormnight obedecía el llamado de lo salvaje. El dolor de cada empujón, la rabia cuando Nightmare Moon se quejaba de placer... aquella extraña sensación que no sabía si era metálico dolor o cadavérica delicia. Y el asco al sentir dentro de ella aquella humedad, el río sin nombre, sin llamado...
"¿Recuerdas? ¿Te... gustó? ¿O simplemente fuiste tan violado como yo?"
Stormnight nunca hablaba de eso. Ni siquiera entonces. Parecía que lo veía como una especie de obligación. Pero a Luna le habría gustado, y se habría sentido más tranquila, si el guerrero de la cicatriz le hubiera confesado que para él era tan mortificante como para ella.
—¿Diosa? —pregunta cauteloso Stormnight—. Lleva pensando como una hora...
—¿Qué? —Luna parpadea varias veces, intentando anclar sus pensamientos a la tierra—. Stormnight, no puedes ir por ahí amenazando a la gente con que la vas a torturar si no obedece la ley.
Mientras habla, se acerca a él. Pero se contiene. Es la primera vez desde aquellas noches que lo ve desnudo. Por lo general, siempre trae encima aunque sea su alfanje querido.
—Lo haré, mi Diosa. A veces se me olvida que esta tierra está habitada por una multitud de pueblos, y no por el mío solamente.
Ahora Luna está preocupada por otra cosa.
—Stormnight —pregunta ella, con voz tan baja que casi parece tímida: la Voz Real Tradicional para Hablar de Temas Personales— ¿Recuerdas cuando yo estaba poseída? Aquellas noches cuando tú...
El duro guerrero levanta firmemente el casco derecho, y la dulce Princesa se calla. Aunque él no ha cambiado su expresión, Luna nota que hay un brillo nuevo en los ojos de Stormnight. ¿Compasión? ¿Devoción? ¿Afecto?
Y lo que él dice llena de ternura al corazón de Luna.
—Lo que pasó en la noche, pertenece a la noche. Si un recuerdo no es capaz de hacer bailar al corazón, no vale la pena recordarlo.
"Qué... qué dulce..."
Luna no se da cuenta, pero Stormnight dice aquello último casi con pesar.
Celestia sonríe. En el fondo sabe que Stormnight, aunque tosco, taciturno y gran guerrero, es en el fondo un buen tipo. Y sabe que idolatra a Luna. Su hermana no podría haber conseguido guardianes más devotos.
Todos siempre se quedan con un lado de los selenitas. Todos sólo ven los sacrificios de corazones arrancados a cuchillo, las autoflagelaciones, el canibalismo, los rostros duros e intimidantes de guerrero. Pero ella y su hermana conocen otra cara, más profunda, del pueblo de la luna: lazos familiares irrompibles, un altísimo sentido de la autodisciplina y el honor; más que tribus, súper familias donde se cocina para todos, lo que uno sabe lo comparte con los que no saben.
"No son tan bárbaros como todos piensan".
Hawkguard y Whitespirit hinchan el pecho y adoptan un aire marcial. La Guardia Lunar, con todos sus efectivos reclutados de la etnia selenita, la etnia más guerrera de los ponis, ganó el año pasado el premio a la Mejor Guardia Real que se organizaba entre los reinos. Hasta entonces, la Guardia Solar había estado invicta. Fue un duro golpe para su orgullo, y la Princesa sabe que los Guardias Reales, sus Guardias Reales, están algo enemistados con los Guardias de su hermana. Los... pequeños incidentes acaecidos cuando Nightmare Moon poseyó a Luna no ayudaron a mejorar la fraternidad entre ambas instituciones...
Celestia suspira. Cuando toda Equestria se enteró de que Luna había vuelto a ser Nightmare Moon, costó un mundo volver a convencerlos de que ella ya no estaba bajo su control. Sólo tenía que recordar la Nightmare Night del año pasado, cuando Luna fue a Ponyville...
Hawkguard, aunque trata de no demostrarlo, está orgulloso: recientemente ha sido ascendido a sargento, y las dos bandas rojas en el lado derecho de su coraza que señalan su rango superior parecen contener toda la dicha del pegaso. Pero Whitespirit suda nervioso cuando ella pasa a su lado.
"No te pongas nervioso. De no ser por ti, tal vez ni siquiera estaría viva".
No exagera. Nightmare Moon la hirió muy gravemente aquella noche. La Muerte de colmillos rojos tanteó su alma con avidez carroñera. La Muerte, la que se viste de blanco, la que pasea con una bufanda negra, hundió su mano en su pecho y tocó su corazón con sus grasientos dedos.
Whitespirit era un pobre muchacho que vivía de las bondades del vertedero de basura. Ahí la encontró y la llevó a su hogar, y como no podía hacer nada, voló sin demora al Everfree y regresó con una cebra curandera que aseguraba llamarse Zecora. Entre los dos consiguieron curarla, y en agradecimiento, Celestia incluyó a Whitespirit en la Guardia del Sol. Pero Zecora desapareció misteriosamente antes de haber podido siquiera darle las gracias.
—Relájate, Whitespirit —ella sonríe— ¿Cuando tienes un día libre? Hace tiempo que no te invito a tomar el té.
El joven pegaso parece turbado.
—El... el... el fin de... de...
—¡Señora, el fin de semana tenemos franco, señora! —trona Hawkguard, reprendiendo con los ojos a Whitespirit.
La Princesa hace un esfuerzo por no reírse y prosigue su camino, no sin antes invitar a ambos Guardias a tomar el té el sábado.
Mira la noche por una ventana. Y recuerda, cuando más joven, veía esas mismas estrellas con alguien muy querido.
"Lightbringer..."
La risa ya deja de ser risa, y quieta mirando por la ventana, recuerda cuando era joven y aún no crecían los Dioses minerales. Y ella con un amor, aniquilado en los hornos de la guerra hace tiempo...
Como guiada por una fuerza extraña, sus ojos descienden a una estatua en el jardín. Una estatua que mira aterrada con ojos de piedra y terror de piedra.
Y aunque su corazón se llena de rabia, por la guerra que aquella criatura terminaría causando, en el fondo de su ser siente pena, muchísima pena y lágrimas, acosada por recuerdos de un lejana infancia, una adolescencia y una tormentosa inmortalidad. Y él está en todos ellos.
"Discord..."
Sus ojos brillan como hielo quebrado. Y continúa su camino. Una lágrima escapa rebelde de uno de sus preciosos ojos.
No hay ni una nube en el cielo; los pegasos no quieren lluvia, no cae ninguna gota. Pero bajo los ojos de Discord pedregoso caen dos gotas como lágrimas.
Lightdawn llora, envuelto en su anonimato azul. Aún no muestra su rostro, pero el hocico que asoma mutilado no da la impresión de formar parte de un rostro hermoso; a pesar de que es y será un semental apuesto, la Muerte dejará en su cara toda la huella de su paso.
"¡Twilight! ¡Perdóname por ser tan idiota!"
Está oliendo una violeta. Le da un beso, y la deposita junto a la ventana. Está sentado junto a la ventana del cuarto de Twilight, en la biblioteca. Ella está en la fiesta de Pinkie. "Ojalá que se divierta".
—Cuando viajes al futuro, el día exacto después de mi muerte —le dijo en la mañana al Doctor—, por favor, deposita una violeta en donde Twilight pueda verla y recogerla. Así podré hacerle saber que estoy con ella más allá de la muerte.
Piensa en su amada, cuando volverá a verla, cuando le pedirá que se casen.
Sus ojos muertos, ocultos bajo la túnica, lloran amargamente. Y la túnica se tiñe de negro.
En circunstancias normales, Applejack no dejaría que Apple Bloom se quedara hasta tan tarde en un fiesta; pero aquella no es una fiesta cualquiera. Cuando llegan nuevos ponis a vivir al pueblo, Pinkie Pie hace una fiesta e invita a todo Ponyville, para que así pueda toda la ciudad conocer a sus nuevos integrantes. Ahora, los invitados "de honor" son Reaver, el amigo de Fluttershy; el señor Ibrahim y sus hijos; Enki Marduk y Ginebra, que vienen del Norte.
Afortunadamente, Darkeye, el comandante al mando mientras no está Stormnight, anuló el toque de queda por aquella noche.
Los invitados de honor parecen estar pasándolo muy bien, pero Reaver parece estar en otro planeta. "¡Que poni más extraño!"
Applejack sonríe al verlo saludar a los ponis que se le acercan. Primero se sobresalta, luego balbucea alguna disculpa y luego conversa, mirando por todas partes como buscando algo.
Afuera la noche está naciendo, y al ver el color negro, Applejack recuerda al poni que la salvó dos veces: El Tornado.
"¿Quién será ese pegaso? ¿Por qué se disfraza de ese modo?"
Applejack es muy testaruda y no le gusta mucho que la ayuden —ni que decir de que la salven como si fuera una potrilla indefensa—. Pero no puede evitar sonrojarse cuando recuerda el cuerpo del Tornado apretando su cuerpo contra el suelo, y sin darse cuenta desea volver a oler su aliento de manzana...
Vuelve aquellas molestas mariposas. "¡Corrales, esto ya me está molestando de verdad!"
Para distraerse, mira la ventana, fijando su vista en una estrella...
...una estrella que un unicornio, a kilómetros de distancia en el Bosque Everfree también está viendo. Es alto, muy alto, y su falta de masa muscular da la impresión de darle aún mayor altura; sus ojos son dorados, su piel es de color ámbar, su crin y cola son negras. Su Cutie Mark es una alondra volando. En su espalda trae un morral algo grande.
El unicornio mira la estrella y sonríe. Se acerca un búho, y al verlo, el unicornio rápidamente saca un libro rojo, cuya portada dice: "Libro de aves de Larkgazer" escrito con tinta negra. Hace levitar un lápiz grafito.
—Eres un búho real—dice mirando al pájaro, feliz como un niño en una dulcería—. Ven, búho real, ven para que tu amigo Larkgazer pueda dibujarte...
y afanosamente comienza a dibujar, poniendo mucha atención al búho...
...como Applejack pone atención a Apple Bloom, en Ponyville, a kilómetros de distancia.
Gilda parpadea al recordar la última vez que estuvo en una fiesta de Pinkie. Aquella vez la arruinó miserablemente.
"Todo es como antes. Las mesas, los globos, Dashie".
Ahí está su vieja amiga. Sabe que no puede reconocerla. El disfraz preparado por Marduk es demasiado bueno, y tiene magia incluida. Pero el corazón de Gilda arde de deseos de acercarse a ella, saludarla, mirarla a los ojos, y hablar, hablar...
Antes, en la Escuela de Vuelo, Gilda había creído amar a Rainbow, y cuando se reencontraron, aquel día tan nefasto hace ya un año, aún creía poder amarla. Era un pensamiento vergonzoso, pero a la vez tan atractivo...
Por eso, cuando Dash prefirió a otras antes que a ella, se sintió desangrada. Gilda desde pequeña que tiene arrebatos violentos, posiblemente debidos a la dureza de la vida en el Reino Grifo; que justo aquellos arrebatos surgieran ese día fue algo muy malo. Destrozada, voló hasta su tierra natal, hasta su nido que nunca debió haber dejado, de regreso a su padre de mirada triste y dedos destrozados de tanto agarrar cuerdas.
Su padre y su tierra restauraron su ánimo, pero el recuerdo de Rainbow Dash seguía vivo.
Fue cuando Marduk le mostró el amor verdadero cuando Gilda descubrió que lo que sintió por Rainbow no era amor, sino una amistad muy fuerte. Ama a Dash, pero nunca sería capaz de hacer con ella las cosas que hace con Marduk...
Ahí está su amor, hipogrifo de ojos verdes. Relajando sus alas, husmeando los pasteles, cuya delicia cremosa atacará con apetito.
Gilda quiere sonreír, pero se siente muy... deprimida.
"Ojalá mis demás amigos estuvieran vivos. Oh, Frederick, Helga y Harald, Snorri..."
El jugo tiene el mismo color que la sangre de Snorri cuando la espada le abrió el pecho; ella recibió un flechazo en el muslo y el joven grifo de cabeza negra corrió para protegerla. Helga y Harald, dos hermanos grandes como dos osos, siendo descuartizados como cerdos, intentando inútilmente protegerse mutuamente; los globos con sus hilos son los estómagos y tripas de ambos hermanos. Y aquellos pastelillos con crema de fresa son los corazones de los contrabandistas arrancados por la gran hacha de Harald, y el confeti son los trozos de seso y cráneo reventados por la gran maza de Helga. Y el negro de la noche es el negro de la carne carbonizada de Frederick...
"¡No! ¡No! ¡No, no, no!"
Muerte, Muerte por todas partes. La Muerte cruzando vestida de negro. Muerte para sus amigos, tímidos y arrogantes por igual; Muerte para Snorri y sus poemas, Muerte para Frederick y su filosofía, Muerte para las risas y bromas de Harald y Helga. Muerte para sus amigos. Y ve la cabeza de Rainbow Dash clavada sobre una lanza, y un cuervo le arranca un ojo...
Gilda se lleva las manos a la cabeza, cierra los ojos y chilla tan fuerte, que hace temblar todos los vidrios. Sale volando, escapando, ante la mirada atónita de todos los que están en la fiesta.
Marduk oye su rugido, y de inmediato piensa: "Aquí hay problemas".
—¡Gild... Ginebra! ¡Espérame!
Marduk sale, y a través de las sombras de la noche, ve a Gilda volando hacia el Bosque Everfree.
"Pobre amorcito mío. Ya superarás tus traumas de guerra".
La sigue, aleteando tanto como puede. Maldice: Gilda fue a la prestigiosa Escuela de Vuelo de Cloudsdale, mientras que él aprendió a volar cazando pájaros. La diferencia de velocidad es notable.
En el Bosque, al alero de los árboles, la pierde de vista. Recordando sus días de cazador, se concentra y trata de oír a Gilda. Pero no la escucha.
Marduk hunde sus patas de águila en el blando barro del Bosque. Cierra los ojos, y cuando los abre, voltea hacia unos arbustos.
—Sé que estás ahí, Gilda.
Ella le contesta con un sollozo ahogado.
Marduk va allí, y al ver a su amor siente que va a llorar. Gilda está acurrucada en la suave hierba, tratando de ocultar su cara con sus brazos. Está llorando amargamente.
"¡No puedes seguir preocupada por eso! ¡No tuviste la culpa!"
—Ya, ya, Gilda —Marduk se acerca y la abraza. Ella lo abraza y aprieta su cabeza contra su pecho.
—¡Marduk! ¡Ya no puedo soportarlo! ¡Todos murieron! ¡Todos! ¡Casi te pierdo a ti también! ¡No pude proteger a nadie! ¡A nadie!
El hipogrifo suelta sus propias lágrimas mientras acaricia la espalda de Gilda para calmarla. Él también tiene pesadillas de vez en cuando; pero Gilda, a pesar de que trata de mostrarse fuerte frente a todos, es demasiado sensible.
"No estás hecha para la guerra. Tú estás hecha para ser libre".
—¿Recuerdas lo que Snorri solía decirte?
—Ese pequeño —Gilda tose, atragantándose con su llanto—. Siempre tan enamorado...
—Él decía que tu corazón pertenece al viento. ¿Recuerdas sus poemas, Gilda? ¿Recuerdas cuando te miraba a los ojos y te decía esas palabras tan bonitas?
—¡Sí, sí lo recuerdo! ¡No puedo dejar de recordarlo!
Snorri Van Schwarzadler era el hijo del famoso héroe grifo Ragnar Van Schwarzadler. Pero él no tenía pasta de guerrero: él era un poeta. Y estaba perdidamente enamorado de Gilda. Ella no lo tomaba mucho en cuenta, lo consideraba un gran amigo, sí, pero de ahí a ser su novia... pues no.
—¿Recuerdas cuando Helga y Harald llenaron un balde con cabezas de pescado y se lo arrojaron al instructor de esgrima?
Gilda, a pesar del llanto, logra articular una carcajada.
—¡Sí, lo recuerdo!
—¿Recuerdas cuando Frederick resbaló en la nieve y chocó contra todos nosotros? ¿Recuerdas la cara que puso el instructor cuando chocamos todos contra él?
Esta vez Gilda ríe a viva voz.
—¡Sí, recuerdo!
—¿Y recuerdas a tu amiga Rainbow Dash, cuando juntas le cambiaron el azúcar por sal a sus profesores?
Gilda ríe; pero esta vez con nostalgia.
—Sí, recuerdo...
Marduk le da un cariñoso beso.
—Nuestros amigos muertos viven en nuestros recuerdos. Aquí están —coloca su mano sobre el corazón de Gilda—, no están muertos. Y aún tienes muchos amigos vivos.
—Sólo tú y Enki. Dash... no creo que quiera volver a verme.
—Ya conocerás nuevos amigos. Y tal vez algo de nuestros viejos amigos viva en ellos.
Gilda, ya por completo tranquilizada, sonríe.
—No puedo luchar contra tu sabiduría, Marduk.
Se recuestan, ambos enamorados y miran las estrellas. Gilda apoya su cabeza en el pecho de Marduk, y pliega sus alas a su espalda. Oye los latidos del corazón de su amado.
—Te amo, Marduk —dice con toda sinceridad.
—Yo te amo más, Gilda —le contesta su amor, sonriendo.
Rarity, cerca de la ventana, prueba un pastelillo de vainilla. Con elegancia, pues ella es toda una dama, le arranca una suave mordida. Y mientras mastica —con elegancia—, mira por la ventana cómo el viento mueve la hierba...
...como lo hace Lobero, el amigo de Reaver, a varios kilómetros de distancia, en la entrada de una miserable caverna.
El poni negro sonríe soñador al sentir el viento.
—Lobero, ven adentro —oye el vozarrón de Diamondheart.
El joven poni sonríe.
—Otro día, más esclavitud.
—No digas eso. O que no te oigan —dice Winter Soul, asomándose.
Lobero entra a su cueva. Los ojos grises de Wisemurk brillan siniestros en la penumbra. Por todo el espacio se oye cómo mastica.
Junto a él, Broken Heaven trata de comer un trozo de maíz seco.
—Oigan, he estado pensado, ya van cinco años de que murió Reaver, y a ninguno de ustedes lo he visto hablar de casarse.
Dice Lobero. Winter Soul se ríe.
—¿Qué tiene que ver eso con Reaver, que en paz descanse?
—Él siempre quiso casarse.
—Por si no te has dado cuenta, aquí no hay muchas yeguas.
—Pero no perdemos nada con soñar —dice Lobero, sus jóvenes ojos brillando soñadores—. A ver, a ti Winter Soul, yo te veo casándote con una yegua que le guste la música. Y a ti, Diamondheart, como ya eres un veterano, te imagino casándote con una yegua de edad... con un puesto importante, tal vez una alcaldesa.
—¡Pucha que tienes imaginación! —contesta molesto el enorme poni— ¡Y a ti seguro que te pesca una unicornio súper elegante... que tal vez hace ropa para ponis con mucha plata!
—Tal vez será así —se ríe Lobero—. Y Broken Heaven, como es tan gruñón y amargado, le viene bien una pegasa que vuele bien rápido, tal con crin de arco iris, que puede llevarlo a él a una nube.
—¡No jodas, cachorro! —gruñe Broken Heaven.
—Y al buen Wisemurk...
El unicornio verde escupe el maíz seco que está masticando sobre el plato y hace un fuerte sonido como de serpiente.
—...el buen Wisemurk puede quedarse soltero —termina Lobero. Y suspira, soñador, sin saber muy bien por qué, suspira...
...como suspira Rarity a kilómetros de distancia.
Rainbow Dash tiene preparada varias bromas, y es divertido ver cómo los invitados más ingenuos caen en ellas.
—Interesante —dice el señor Ibrahim, tratando de beber un vaso de jugo; no puede hacerlo porque es un vaso de bromas—, este vaso contiene un genio que impide que el jugo llegue a mis labios. Si hubiera traído mi Al-Qur'an podría hacer un exorcismo.
Y en el otro extremo de la sala, Enki abre su pico dejando salir una ardiente llamarada.
—¡Picante! ¡Picante! ¡Agua! ¡Agua!
—No utilice este vaso, efendi —dice el señor Ibrahim—. Está poseído por un genio.
Rainbow no aguanta más y se ríe...
...como se ríe, a varios kilómetros de allí, en Fillydelphia, un poni terrestre de pelaje color beige y crin caoba, con una Cutie Mark que simula la típica imagen de un camino que serpentea y se pierde en el horizonte; el camino es plateado, tiene en primer plano una señal de encrucijada, alrededor unos cuantos arbustos verde oscuro, y al final del camino, las montañas con un sol asomando sus primeros rayos.
Aquel poni es musculoso, de complexión atlética, y de hecho le encanta practicar deportes. En toda Fillydelphia seguramente no hay un poni más en forma.
Se está riendo, porque acaba de terminar de escribir otro libro más para su saga de Daring Do.
—Daring Do y el Bastón del Profeta, por Strider Silverway —lee el poni llamado Strider con una sonrisa en el rostro, y bebe un vaso de jugo...
...como a kilómetros de allí, Rainbow Dash igual hace.
Dinky permite que los demás potrillos admiren el trofeo. Está muy orgullosa, tanto como las Cutie Mark Crusaders, que en ese momento hablan con Omar el lobezno; quien anda trayendo su laúd.
—...y por eso quiero ayudarlas a conseguir sus Cutie Marks —termina de decir Omar.
—Pero los lobos no tienen Cutie Mark, ¿O sí? —pregunta Apple Bloom.
—No —comienza a explicar el lobezno—; cuando un lobo alcanza la mayoría de edad tiene que hilar y teñir su propio turbante con una tela y un colorante especiales. La personalidad de uno mismo determina el color.
—¡Genial! —dice Sweetie Belle—. Yo voto por que sea un Cutie Mark Crusader.
—Yo igual —dice Scootaloo.
—Y yo también —dice Apple Bloom.
—¡Sí! —Omar salta de alegría— ¡Soy un Cutie Mark Crusader!
—Más bien eres un "Cutie Mark Janissary" (1) —bromea Hassan, su hermano.
Omar está tan feliz que prepara su laúd.
—¡Estoy tan feliz que podría cantar! ¿Tenemos un himno o algo así?
—¡Tenemos una canción! —le cuenta Sweetie Belle.
Y así Sweetie Belle comienza a cantar, al son de las notas arrancadas del laúd de Omar.
Reaver, extrañado, mira por todas partes. "¿Dónde está la cerveza? ¿Y las drogas?"
Busca con la mirada. Nada. En Ponyville no se conocen aquellas cosas. "Que bien. Fluttershy jamás sería capaz de hacer algo así".
Recuerda cuando las drogas clavaron sobre él sus redes carroñeras. "¡No volveré a consumir, lo juro!"
Mira y se enternece al ver a Sweetie Belle cantar junto con Omar.
Mira por todas partes como un vaivén de ojos y miradas. Ve al Doctor Whoof conversar con la errática Derpy.
Ve a Fluttershy conversar con Rarity. En un momento, ella quiere ir por un bocadillo. La mesa con los bocadillos está ocupada por unos ocho ponis terrestres que en vez de comer parecen hablar en voz baja.
Fluttershy, tímida como la aurora, se deshace en muletillas casi temerosas para pedirle permiso a uno.
Pero el poni reacciona furibundo, y groseramente le grita, con voz anormalmente fuerte:
—¡Lárgate de aquí, Tontashy!
"¡Pero cómo te atreves a hablarle así!"
Fluttershy, asustada, intenta disculparse. Pero el poni de colores claros le grita aún más fuerte. Ella parece a punto de llorar.
"¡Te mataré!"
Reaver avanza con paso firme hacia el poni. Es un terremoto contenido, un huracán espeso. La furia de los océanos tormentosos se agolpa en su pecho sanguinario; y bajo el vendaval de su piel oscura, late como un meteorito de cola fogosa, la furia asesina.
"¡Nadie le habla así a Fluttershy!"
Es un huracán vivo de barro. Un guerrero de arcilla.
Pero trata de contenerse. "Reaver, no estás en la montaña. Por mucho que lo odies, no puedes golpearlo así. Tienes que razonar".
—Oye —le dice iracundo al poni—. Discúlpate ahora mismo con Fluttershy.
—Reaver, no... —comienza a decir Fluttershy, intentando evitar problemas.
—¡Cállate, cholo hediondo! —le contesta el poni dándole un feroz bofetón en el rostro. Reaver cae de cabeza contra el frío piso. Fluttershy chilla aterrada, y todos se giran a ver, sorprendidos.
—¡Reaver! ¿E-estás b-bien? —tartamudea la pegaso de piel amarilla, con lágrimas en los ojos.
El poni y sus siete amigos comienzan a reírse.
—Mira, Tontashy, lo patético que resultó ser su guardián. Tan patético como tú, inútil pegasa de...
Reaver se incorpora de una, y le da un golpe con sus dos patas traseras, mandándolo lejos. Tiene sangre saliendo de su nariz.
Los otros siete ponis se abalanzan sobre Reaver (otro grito más de Fluttershy). Pero Enki interviene.
—¡Yo la mitad y tú la otra mitad! —le dice amistosamente el hipogrifo.
"¿Cómo demonios terminé así?"
Los ponis se abalanzan contra ellos. El semental que le gritó a Fluttershy se levanta. Tiene un cuchillo en la boca.
—¡Muere! —grita, arrojándole el cuchillo a Reaver.
Él lo esquiva sin ningún problema. "Enserio, ¿Ahora nadie se esfuerza por aprender a tirar bien?"
Pero el cuchillo vuela ahora hacia Sweetie Belle.
—¡Rarity! —grita ella, cerrando sus ojos y haciéndose un ovillo.
Rarity intenta abrirse paso hacia su hermana, pero de antemano sabe que no llegará.
—¡Hermana! —grita dramáticamente, echándose a llorar.
Twilight trata de detener el cuchillo con su magia... para descubrir estupefacta que su magia no funciona con la navaja.
En el último momento, Omar se interpone entre Sweetie Belle y el cuchillo.
Pero el lobezno se ve confiado.
—¡Tanri akbar! —grita Omar, alzándose sobre sus patas traseras, blandiendo el laúd con las delanteras. Y golpea el cuchillo con el instrumento.
Rarity va corriendo donde su hermana; Applejack hace lo mismo y va hacia Apple Bloom. Omar calma a Sweetie Belle acariciándole el hombro y ella le sonríe, secándose sus lágrimas. Derpy abraza a Dinky tan fuerte que la pequeña unicornio comienza a ponerse azul, y el Doctor Whoof se queda cerca de ellas, como queriendo protegerlas.
Rainbow Dash toma impulso, lanzándose como un halcón peregrino, y patea a uno de los ponis, quien vuela contra un ventanal y lo rompe, cayendo hacia la calle. Pero antes de poder celebrar su triunfo, otros dos ponis se abalanza contra ella, cayendo también afuera. Pronto, los ocho ponis luchan en la calle contra Reaver, Enki y Rainbow.
—¡La contienda es desigual! —dice el señor Ibrahim, sonriendo, sujetando una escoba—. ¡Tanri akbar!
Y el gordo lobo se suma a la contienda. Va a ayudar a Rainbow, quien está siendo superada en número: ella no está acostumbrada a pelear, la han arrojado al suelo y le han dado un fuerte golpe en el estómago. El señor Ibrahim la libera de los tres ponis que se disponen a molerla, e increíblemente, pelea muy bien con la escoba: la hace girar sobre si mismo, golpea pechos, cabezas y piernas, parece un legendario Inmortal o un jenízaro.
Enki se defiende bien: parece ser un maestro en artes marciales, y por eso no tiene problemas en luchar contra tres a la vez.
Reaver está teniendo problemas contra los dos ponis que le tocan a él. El poni que le gritó a Fluttershy sabe pelear, y el otro —un poni flaco de mirada neurótica— parece tener huesos de goma.
"¡Maldita sea! ¡Recuerda tus días de Shadowbolt!"
Los Shadowbolt desarrollan un arte marcial propio, el Shadefist, un estilo de lucha violento que busca sobre todo dañar gravemente al oponente. Aunque Reaver sólo tuvo un entrenamiento muy limitado en ese estilo.
"¡Sólo tengo que romperle la pata!"
Aprovechando que el poni que le gritó a Fluttershy le da un golpe, le aprisiona la pata con sus propias patas y se la disloca. El poni grita y cae al suelo, derrotado.
Hace lo mismo con el semental delgado de mirada neurótica; pero, aunque le retuerce la pata como para poder quebrarle en tres partes el húmero, al poni de mirada neurótico no le ha pasado nada. Sigue luchando con igual energía.
"¡Este poni no tiene huesos o qué!"
Pero del otro extremo de la calle, se oyen los cascos de un animal grande y pesado.
Es una visión increíble.: un oso oscuro con cuernos, emergiendo de las profundidades de la noche, montando un yal negro. Los yales, también llamados centícoros, son criaturas cuadrúpedas cuyas lanudas barrigas se alzan aún más arriba que de una carreta convencional; además de altos, son larguiruchos, tanto como siete cajas de manzana; lanudos como corderos, tienen caras mofletudas de hocico estrecho, y los machos desarrollan dos cuernos flexibles como de carnero.
La sombra frena al yal negro: no es un oso, es un grifo, usando una capa de piel oso y un casco con cuernos. Es un guerrero del Norte que se quita orgulloso su capa de caudillo y líder. Desenfunda de su cinturón un langsax (una especie de cuchillo largo, muy popular entre los grifos), y de su montura desamarra un skeggox (un tipo de hacha de una mano, también muy usado en el Norte). Se eleva en el cielo y comienza a aletear furiosamente hacia ellos.
A la luz de los faroles puede verse.
Es un grifo musculoso, grande y esbelto como un mastín de guerra. Su cabeza de águila, que en Gilda, Marduk y Enki es blanca, en él es negra; un grifo de cabeza negra. Baja blandiendo sus armas. Enki lo ver partir el aire como, Thor, el Dios de la Guerra grifo.
Los ocho ponis, aterrados por aquella visión, se dan la vuelta para huir. ¡Y ahí está Darkeye y sus Guardias!
—Se acabó la fiesta, muchachos —dice el Tuerto, antes de ordenar arrestar a los ponis.
El semental delgado de mirada neurótica intenta huir, pero el grifo de cabeza negra lanza un atronador rugido, y lo golpea en la mandíbula con el reverso del hacha skeggox.
Reaver mira a Sugarcube Corner. Entre el grupo de curiosos, como una lámpara en la noche, está Fluttershy mirándolo. Tiene sus bellos ojos enrojecidos, y las lágrimas han grabado un río de plata en sus mejillas.
Por espacio de un segundo, sus miradas se encuentran. Y los corazones de ambos parecen derretirse en un manantial, y al medio de ambos ese manantial se junta: y así Reaver sabe que Fluttershy estuvo extremadamente preocupada, llorando a océanos, con el horror de que a él pudiera pasarle algo muy, muy, muy malo. Y Fluttershy sabe que Reaver sería capaz de volar y enfrentarse a un huracán de monstruos del abismo, sólo por protegerla a ella.
Así ambos saben que serán los mejores amigos, que al fin sus almas solitarias, desgranadas y torturadas, encontraron alguien con quien descansar.
Pero...
—¡Me rompió la pata! —grita, casi llorando, el poni que le gritó a Fluttershy.
—¡Arresten al pegaso de piel oscura! —brama Darkeye, señalándolo.
Fluttershy y Reaver se miran, un segundo imposible. Ella le ruega con la mirada. Reaver deja salir dos lágrimas, y vuelve la cabeza.
Dos unicornios lo persiguen. Pero la antigua piel de arcilla, de las eras olvidadas del sacrificio, susurra en silencio: "Reaver". Y Reaver es una sombra. Los ojos rojos nacidos del llanto de Fluttershy, sus lágrimas glaciales, susurran en silencio: "¡Reaver!" y Reaver es una estrella. La arcaica noche saqueadora, desgranando sus luceros desgranados, llaman con voz nocturna: "Reaver".
Y Reaver desaparece en la noche.
Enki y el señor Ibrahim ven cómo los cinco sementales corren calle abajo perseguidos por los Guardias Lunares. Ven también cómo Reaver sale corriendo y a Fluttershy seguirlo. Ven al poderoso grifo acercarse a ellos, guardando el destral skeggox y el langsax en su cinturón y arreglándose el sencillo casco con cuernos.
—Salaam aleikum —dice el grifo, llevándose la mano de águila derecha al corazón, luego a su frente y luego al cielo—. Shukran jazeelan.
—Hablo su idioma, efendi —ríe el lobo, alegre de ver a un grifo saludar y dar las gracias en su idioma natal y respetando las normas de su cultura— ¡Muchas gracias a ti!
—Debe de ser así, señor —la voz del grifo es profunda y cultivada, con un mediano acento; se nota que es un idioma que no habla hace tiempo—. Me presento, soy Ragnar Van Schwarzadler.
—Mucho gusto, en conocerlo —el lobo y el grifo se dan un fuerte apretón de manos.
Pero los ojos de Enki brillan de la emoción.
—¿Ragnar Van Schwarzadler? ¿El general del estandarte del Águila Negra?
El grifo se ríe.
—El mismo, aunque ya hace años que no uso mi viejo estandarte.
Enki se arrodilla frente al grifo.
—¡Señor, usted es mi más grande héroe! ¡Me inspiró a volverme un guerre... un comerciante, y así poder viajar a todos los lugares donde usted luchó!
Ragnar se ríe, esta vez con más fuerza.
—No te arrodilles, no soy el Conde. Ahora ven, ¿sabes dónde puedo darle de comer a mi yal?
Enki sonríe como un idiota, sintiéndose tremendamente importante al tocar las riendas gastadas del animal negro. El yal tiene mucho equipaje, y cerca del asiento de la montura tiene atada una hermosa espada, pero Enki sabe que Ragnar no la usa mucho. El general es un maestro en el uso del atgeir, el skeggox y el langsax, tres armas tradicionales del Reino Grifo, y la atgeir —una especie de alabarda— está atada siguiendo toda la extensión del yal negro.
Enki no puede más de la emoción.
Aquel grifo fornido y de cabeza negra es un héroe nacional grifo. Durante la Segunda Guerra Continental, cuando los equestrianos habían derrotado al ejército imperial e invadían las tierras greiflandesas, él reunió a grifos e hipogrifos, y los guió en una serie de afortunadas victorias. Famoso por favorecer las armas nacionales y tradicionales en detrimento de las armas compradas en el extranjero, sus estrategias complicadas, enredadas y osadas pasarían a la historia. Entre otras hazañas, logró conquistar el Monte Heilig, la montaña más sagrada tanto para grifos como para hipogrifos; y logró defenderla durante un asedio de cuarenta días. Habría conquistado Equestria de no haberse firmado la paz.
¡Y ahora está caminando junto a él, charlando como un amigo de toda la vida!
Los Guardias Lunares pasan con los cinco ponis encadenados.
—¡Los alcanzó el duro ojo de la ley! —dice triunfal Darkeye.
—¡Los alcanzó el duro ojo de la ley! —Ragnar se destornilla de la risa— ¡Que buen chiste! ¡Es gracioso porque le falta un ojo!
—Al fin alguien aprecia mis chistes de ojo —dice Darkeye, riendo con orgullo.
Uno de los ponis, el delgado de mirada neurótica, mira al general con odio. Y en un acto increíble, hace un sonido más propio de un serpiente, y le escupe una glándula, un trozo de carne rosada con una forma que recuerda lejanamente a una berenjena. Aquella cosa va directo a la cabeza de Ragnar, pero el grifo la esquiva hábilmente. El trozo de carne se pega a una manta de cuero y comienza a latir.
—¡Muévete, fenómeno! —gruñe Darkeye. Si el espectáculo le produjo algún asco, no lo demuestra.
—¡Genial, mi manta! —gruñe Ragnar— ¡Estaba nueva!
Toma la manta, hace un ovillo, envolviendo esa vesícula, y la arroja a un basurero público que hay al frente de Sugarcube Corner.
Pinkie Pie comienza a temblar. "Mi Sentido Pinkie quiere advertirme de otra cosa. ¿Dejé pastelillos en el horno? No lo creo... ¡Pastelillos! ¡Seguramente los que están allá afuera quieren comer algunos!"
Junta una ronda de pastelillos de vainilla en una bandeja, sin dejar de vibrar...
...como vibra, en la casa de Fluttershy, aquella botella de hierro negro y rubíes rojos, que el señor Ibrahim le regaló a Fluttershy. La botella negra tiembla, y cae del lugar donde la pegaso amarilla lo dejó. Y de la botella negra sale una voz que grita: "¡Al fin soy libre! ¡Tantos siglos encerrado! ¡Aaaaahhh!"
Ese último grito lo lanza cuando la botella comienza a rodar sin control hasta el cuarto que usa Reaver. Rueda la botella...
...como rueda Pinkie al horno para revisar, sólo por si acaso, que no le quedaran pastelillos.
No han avanzado tanto, cuando Pinkie Pie sale saltando, con una bandeja de pastelillos en su boca. Comienza a hablar a alta velocidad, como es costumbre en ella:
—¡Nunca había visto a nadie pelear así! ¡Nunca había visto a nadie pelear! ¡No es divertido! ¡Son mucho mejores las fiestas, pelear es muy violento! ¡Tal vez están cansados, por eso les traje estos pastelillos! ¡Aunque si no están cansados igual pueden comerlos, porque...!
El basurero donde Ragnar arrojó la manta estalla en una explosión amarilla y marrón. Aunque la detonación —por suerte— no alcanza a Pinkie; sin embargo, la onda expansiva la envía al cielo junto con los pastelillos.
—¡Dioses de Ásgard! —grita Enki, luchando por controlar al espantado yal negro.
—¡Por Odín! —grita el grifo.
Se impulsa y sale disparado del suelo como un cohete. Aletea para darse velocidad y agarra a Pinkie Pie con su brazo derecho. Trazando un perfecto arco caen los dos tierra.
Estira su brazo derecho, y agarra la bandeja con la precisión de un cirujano. Y con medidos y firmes movimientos, logra que todos los pastelillos caigan en la bandeja.
Ragnar espera que la poni rosa que sujeta con fuerza se ponga a chillar de miedo. Pero Pinkie, lejos de estar asustada, parece estar feliz.
—¡Oh, eso fue muy divertido! ¿Podemos hacerlo de nuevo? ¡Atrapaste todos los pastelillos! ¡No se te cayó ni uno! ¿Eres nuevo en el pueblo? ¡No debes tener muchos amigos! ¡Ven a la fiesta!
Ragnar la deja en el piso, sus ojos de grifo brillando con un clamor renacido. "¿Cómo puede hablar tanto sin respirar?"
Fluttershy le explica todo a Darkeye. El selenita, aunque aterrador con su parche en el ojo, parece comprender, y de inmediato grita que dejen de perseguir a Reaver. Para fortuna de sus dos soldados, que no tienen idea por donde se ha ido.
"Reaver, ¡Gracias por defenderme! Tenía tanto miedo".
La pegaso de piel de oro sagrado busca a su amigo en la noche.
Las luciérnagas forman enjambres de formas interesantes. "¿Es eso una flecha?"
Una flecha que apunta a la penumbra.
Dos falenas grises la rozan suavemente, como ofreciéndose de guías.
Y así, siguiendo a las luciérnagas y a las falenas, logra encontrar a Reaver. Está sentado en un tejado, contemplando la luna. Su cabello gris como de anciano está salpicado de tierra, y la sangre de su nariz se mezcla con la sangre que mana de un corte en su labio.
—¡Reaver! —grita Fluttershy con su voz suave como el bizcocho, volando hacia él.
Reaver parece estar avergonzado.
—F-Fluttershy, yo... yo...
—Reaver, em..., gracias... por... por...
Ambos se callan al mismo tiempo, y se hablan sin hablarse. Sus ojos, zafiros azules mirando obsidiana, expresan lo que tanto les cuesta decir con palabras.
"¿No te asustaste, Reaver? Yo estaba tan asustada..., ¿Tú no tuviste miedo?
Reaver quiere volver la cara: está avergonzado de que Fluttershy lo vea así, que conozca su faceta combatiente. Pero Fluttershy, suavemente, le sujeta la cara, y de una sola pasada con su propio casco, le limpia la sangre.
"Nadie me había defendido así..."
Los ojos, espejos del alma, centellan bajo la noche pura.
Son dos estrellas que brillan apartadas del resto. Son dos cisnes que se encuentran en una laguna y forman un corazón. Son un solo árbol que crece solitario en el prado.
Y están mirándose tristemente, tal vez horas, días, años... pero sólo son unos segundos...
"Gracias por estar conmigo..."
—Gracias por defenderme, Reaver —dice Fluttershy, ruborizándose.
Reaver la mira con sus ojos melancólicos. "¿Por qué siempre estás triste? ¡Déjame entenderte, Reaver!"
—Fluttershy, yo debo decirte algo que he estado ocultando todo este tiempo...
(1) Los jenízaros eran tropas de élite del ejército turco y lucharon un par de veces contra los cruzados. Como Omar y los lobos homenajean a las culturas de Medio Oriente, Hassan bromea con él llamándolo "jenízaro", Janissary, en vez de Crusader, "cruzado".
