Fandom: Voltron: Legendary Defender
Pareja: Keith x Lotor (Keithor)
Clasificación: T (Adolescentes y Adultos)
*Continuación del día 9: Final*
Había visto su nave caer como un asteroide: sin control y envuelta en fuego. Y el pánico le había ahogado inevitablemente, casi saltando por sí mismo en uno de los jets disponibles. Pero su hombro fue atrapado antes de poder dar un paso, y cuando quiso protestar se percató que Shiro lo jalaba hacia el León Negro, con sus pasos rápidos pero no tan urgentes como sentía Keith los suyos.
Siguieron la trayectoria de la nave con rapidez, Shiro hablando por los comunicadores con frecuencia en un intento de conectarse con la nave desplomándose, y cada segundo que pasaba con interferencia estática como única respuesta le plantaba un horrible terror.
Para la fortuna de su ansiedad, aterrizaron bastante rápido después de que su nave se estrellara, formando un cráter en la tierra azulada, y Keith fue el primero en salir disparado de la escotilla, ignorando las advertencias de Shiro y acercándose al fuego todavía encendido en los alrededores, la nave estrellada soltando humo de varias partes y la escotilla abierta y torcida por el golpe. Sin pensarlo dos veces, agarró la escotilla de un borde doblado y jaló con toda la fuerza que tenía, la adrenalina aumentándola imposiblemente y rompiendo los engranes que la mantenían cerrada con un ruido estruendoso.
Fue ahí cuando sintió su corazón caer hasta el suelo.
Estaba inconsciente, sus brazos colgando de los costados de la silla y su cabeza torcida hacia donde la nave se inclinaba. Sangraba notoriamente de un corte cercano a su costilla izquierda y tenía numerosos raspones y moretones que a penas estaban adquiriendo color oscuro. Su cabello, normalmente grácil y majestuoso, caía en una cortina desaliñada por sobre sus hombros, su casco tirado y abandonado en el piso de la nave.
Tardó en reaccionar, Shiro alcanzándole y jadeando al ver el estado en el que Lotor estaba, y fue eso lo que lo hizo salir de su pequeño trance, de inmediato alcanzando el torso del príncipe y jalándolo para sostenerlo por sobre su hombro, su fuerza sorprendiendo a Shiro e incluso a sí mismo.
Logró llevarlo hasta unos metros lejos del cráter formado en la tierra, dejándolo en el disque-pasto naranja que se mantenía fresco y revisándolo con más atención, sus manos temblando incontrolablemente al ver el estado de la herida en el costado de su torso.
Shiro había dejado de tratar de ayudarlo después de que Keith se limitara a no contestarle, su terquedad de sacarlo por sí mismo de la nave, de llevarlo a un lugar seguro y de revisarle por heridas más graves haciendo que se resignara y que usara ese tiempo para contactar al resto de su equipo, explicándoles la situación y enviando sus coordenadas.
—Sí, lo sé—decía en el casco a unos metros de donde ellos se encontraban en el suelo, la noche habiendo cubierto con oscuridad ese lado del planeta y el cansancio por fin llegando a Keith con pesadez, haciéndolo tomar asiento junto a Lotor—, tampoco estoy muy seguro de qué fue esa explosión. Pero desestabilizó todas las naves alrededor, incluso estoy teniendo problemas para poder encender el motor del León Negro. En cualquier caso, fue la de Lotor la que recibió más daño. Terminó desplomándose en el planeta más rápido de lo que nunca había visto.
Keith dio una mirada al príncipe, recargando su barbilla en sus antebrazos mientras recargaba sus codos en lo alto de sus rodillas.
No lo comprendía del todo. Estaba asustado, mucho más de lo que normalmente estaría, y la escena antes de ir a la batalla no dejaba de repetirse en su cabeza, el cosquilleo fantasma del ligero beso en la orilla de su boca haciéndole torcer el gesto por la consciencia de lo que le estaba pasando.
O al menos la posibilidad de ello. Lotor había ido hasta él en la nave nodriza exclusivamente para despedirse, no para despertar el deseo de más con un beso, o para hacerlo dudar en la batalla. Había ido a despedirse, a sabiendas que era probable que moriría ese día en la batalla contra Haggar.
Y quizás hubiera muerto de no ser por las acciones de Keith, desesperadas en encontrarles en el metal abollado y sacarle del peligro en el que pendía su vida. Y pensar en eso le estrujaba el corazón dolorosamente.
Sus ojos bajaron a la herida abierta debajo de su costilla. Había dejado de sangrar después de unos segundos de haberlo recostado y haberla limpiado brevemente con un pedazo de tela de su propio uniforme, el rostro de Lotor deformándose levemente en dolor ante la pobre interferencia médica pero no despertando.
¿Por qué no despertaba?
—Keith.
Alzó la vista a Shiro, viéndolo caminar hasta ellos mientras se quitaba el casco.
—Los demás vienen en camino en el castillo—avisó dando una mirada a Lotor y suspirando—. Su vida no parece peligrar, pero Coran ya está preparando la cápsula de sanación para él, así que se recuperará en poco tiempo.
Keith asintió en silencio, aunque su cabeza le preguntaba una y otra vez el porqué era importante que él lo supiera.
—Creo que deberías contactarte con Kolivan—le dijo, y Keith volvió a mirarle—. Tu comunicador se rompió durante la explosión y estoy seguro que están ahí arriba buscándote entre los miembros de la coalición.
Keith se removió, no queriendo levantarse de su lugar y usar el comunicador de Shiro, pero sabía que debía reportarse, así que no le quedaba mucho por hacer.
—Si quieres, yo puedo hacerlo.
Levantó la cabeza abruptamente, encontrándose con una sonrisa gentil, y desvió la mirada, un poco contrariado.
—Está bien, yo puedo…
—Quédate con Lotor—pidió Shiro dándole una palmada en el cabello, su toque suave y reconfortante—. Les avisaré que te quedaste conmigo después de la batalla, y si está bien por ti, que te quedarás en el castillo un par de días.
Keith respiró hondo, recordando vagamente otra misión que tenía pendiente para el día siguiente. Pero volteó a Lotor, inconsciente a su lado, y asintió sin más que pensar, desconcertado de haber caído con tanta facilidad.
—Está bien—Shiro murmuró revolviendo su cabello un poco más y luego alejándose unos metros, poniéndose su casco—. ¿Kolivan? ¿Me escuchas?
Dejó de prestarle atención a sus palabras, volviendo sus ojos a Lotor, y suspiró pesadamente, sus hombros soltando la tensión que parecían haber estado cargando con dificultad durante toda la batalla.
La poca luz que caía sobre ellos gracias al fuego todavía encendido a algunos metros y a la luna, formaba colores extraños y sombras sin forma en la tierra y en la piel de Lotor, el color púrpura resaltando con los naranjas de las llamas y lo azulado del satélite. Su cabello blanco seguía alborotado contra el suelo y su rostro, pero de alguna manera seguía brillando con tal encanto que parecía igual de suave que siempre.
Keith detuvo su mano en el aire, a medio camino de retirar algunos mechones de la frente de Lotor, y tragó con dificultad, dando una mirada cautelosa a donde Shiro todavía parecía intentar contactar con Kolivan o cualquiera de la Espada de Marmora. Dobló los dedos un poco, demasiado consciente de lo que había estado a punto de hacer, y se convenció a sí mismo que era para reconfortar a Lotor, para borrar el leve ceño fruncido de dolor que tenía incluso inconsciente, para relajarle un poco y hacerle saber a su subconsciente que estaba sano y salvo.
Dio otra mirada a Shiro, éste caminando de un lado a otro a las patas del León Negro, aparentemente reportando la situación y todo lo que sabía que había pasado en la batalla. Keith respiró hondo y volvió la mirada a Lotor, esta vez entrelazando sus dedos en el cabello blanco y retirándolo con cuidado de su cara, rozando levemente la piel de su mejilla y oreja. Tomó aire de forma repentina, notando cómo sus párpados cerrados parecían temblar ante el contacto, y se atrevió a acariciarle con los nudillos, viendo su mejilla tensarse y su oreja moverse antes de que su rostro se inclinara hacia su mano, aparentemente buscando la calidez entre sueños.
—Keith…
Se exaltó, su mano deteniéndose de golpe, y Lotor abrió los ojos con lentitud, sus pupilas examinando perdidamente los dedos a poca distancia y luego alzándose hacia los ojos de Keith.
—Keith—murmuró con más seguridad, su voz rasposa y cansada saliendo de una sonrisa débil—, ¿acaso es éste el cielo?
Keith bufó, poniendo los ojos en blanco ante el ridículo halago.
—No estás muerto, Lotor—le aseguró alejando su mano como si se hubiese quemado, la mano de Lotor, más grande que la suya, atrapando su muñeca y manteniendo su mano contra su mejilla—. ¿Q-qué estás…?
Pero Lotor no respondió, sus ojos cerrados nuevamente y su respiración tranquila y larga. Keith creyó que se había quedado dormido.
—¿Lotor?
—Es cálida—le oyó murmurar, sus ojos abriéndose y quedándose perdidos antes de subir a los de Keith—. Eres cálido.
Keith contuvo un jadeo, inhalando por la nariz y sintiendo su cara calentarse ante el comentario.
—¿Tienes frío?—preguntó desviando la mirada, intentando culpar el delirio con lo fresco del clima.
—No.
Tragó pesado y volteó a él al sentir el agarre de su mano cambiar un poco, sus dedos lentamente deslizándose hasta entrelazarse con los suyos con una familiaridad desconcertante.
—Keith…
Contuvo las ganas de arrebatarle su mano, demasiado ignorante de la calidez llenándole el pecho por el contacto, demasiado temeroso de lo que significaba.
Y no pudo evitar suspirar al sentir un pequeño beso sin forma en el dorso de su mano, los ojos de Lotor cerrados con tranquilidad.
—Lamento lo que hice.
Keith tuvo que obligarse a prestarle atención, desorientado en lo que estaba diciendo debido a los fuertes latidos de su corazón.
—¿Qué?
—El beso—contestó con tanta normalidad que Keith se sintió más apenado de lo que hubiera querido—. No debí… no debí hacer eso. No debí creer que mis acciones eran justificadas. Lo lamento.
Keith tragó, removiéndose en su lugar, y se tensó al sentir otro beso, esta vez antes de su muñeca.
—Incluso esto—continuó Lotor, remarcándolo con otro beso en sus nudillos—. No debería de abusar de mi estado para hacerte esto. Pero creer que tú…
Se quedó en silencio un momento, su respiración golpeando suavemente la piel de Keith, y Keith lo observó en silencio, permitiéndose admirar el azul de sus ojos iluminados por la luna y el fuego antes de que sus pupilas regresaran a él, antes de que tuviera que enfrentar lo que pasaba entre ambos.
—Tener la mínima esperanza de que sientes lo mismo por mí es…
Keith se mordió el labio inferior, y volvió a mirar hacia donde Shiro todavía hablaba por el comunicador antes de decidirse.
—Lotor.
Los ojos azules le observaron en silencio, expresando confusión, y Keith se inclinó un poco sobre él, mirándole quedarse aturdido ante la cercanía.
—El haberme besado en ese momento fue un gran error—le reclamó, aunque su voz se mantenía baja por miedo a que Shiro les escuchara—. No tienes ni idea de lo egoísta que fuiste, Lotor.
El príncipe se quedó desconcertado, al principio viéndose apenado por sus actos y después sus mejillas oscureciéndose notoriamente.
—¿Qué…?
—Ibas con la mentalidad de ir y morir—explicó arrugando la nariz y casi gruñendo—. Pero, por supuesto, besemos a Keith aunque sea lo último que haga.
Lotor lo miró incrédulo, su mano apretando los dedos de Keith en duda.
—Keith…
—Porque, sí, será lo último que recuerde antes de morir, ¡pero a Keith le dará igual!
No supo en qué momento su reclamo terminó como un casi grito, pero Lotor atrapó su rostro con cuidado y le besó en los labios, el contacto más firme y presente que el que había sido colocado en la orilla de su boca.
—Lo siento—le murmuró temblorosamente contra sus labios, sus garras acariciándole el cabello y acunando su rostro—. Fue estúpido, lo sé. Lo siento.
Keith jadeó, intentando no sollozar y se acercó nuevamente.
—Cállate—espetó sin importarle su rudeza al besarle, su inexperiencia demasiado contrastante con la lentitud y delicadeza del príncipe.
Le sintió soltar un ruido contra su boca, bastante similar a un gruñido bajo, y él mismo soltó un sonido suave desde el fondo de su garganta, embelesado por la dulzura del roce.
—Keith, los chicos han aterrizado cerca y-
Se separaron en un salto, Lotor volteando a donde Shiro estaba parado y Keith bajando la cara, el violento sonrojo sintiéndose como quemadura desde la punta de sus orejas hasta el final de su cuello.
—¡Shiro!—soltó Lotor con un tono bastante más alto de lo normal, denotando su nerviosismo—¡Estás aquí!
Keith se dio una palmada demasiado sonora en la cara, reprendiéndose por olvidar lo único que estuvo cuidando que no sucediera.
Y quiso maldecir ese planeta desconocido y esa luna sobre ellos, seguramente juzgándolos con el mismo silencio que Shiro mantenía.
