Este capítulo lo alargue un poco por las quejas de mi querida hermana, Irma, que se encarga de apurarme en vivo y en directo de mi casita para entregarles cada capitulo xD

Por si tienen algunas dudas, en el inicio del anime, según Rumiko Takahashi, su autora xD Kagome viajo en el tiempo en 1997, y pasaron tres años en el transcurso de la historia. Por consiguiente, al viajar 700 años en el pasado, nos situamos en los 1300 años, después de la invasión mongol y en medio de la era Kamakura de Japón.

En esta época gobernaba la milicia aristocrática, y no los emperadores. Izayoi al ser hija de un Shogun o general con titulo, se convierte en una princesa. Cualquier pregunta será respondida, y recuerden que en muchas ocasiones, Hime no es utilizado para decir princesa literalmente, muchas veces significa mujer bonita.

Otro dato que es interesante, es que el Clan Hojo tenía una gran influencia en esta época. Si xD el pretendiente de Kagome proviene de una familia bastante importante que estuvo en el control de los factos de Japón durante toda una era. Leer es el manjar de los inteligentes e investigar el trasfondo de la información, el hábito de los sabios.

Disfruten de este capítulo.

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PROMESAS

By: Meg_ek

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Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen.

Datos de Interés

"…"- Lo que dice un personaje

'cursiva' – Lo que piensa un personaje

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Capitulo # 14: Deseos

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Kagome, Kagome

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Abrió los ojos súbitamente al escuchar su nombre acompañando de voces infantiles susurrado en su oído. Estaba de pie, completamente sola en un lugar desconocido y solitario. Podía escuchar el viento mas no sentirlo.

Los rayos del sol penetraban débilmente a través del follaje denso y tupido del bosque de bambú. Un amplio sendero se abría paso delante de ella, cubierto de pequeñas hojas naranjas. Camino perdiéndose en el encanto que le ofrecía aquel extraño lugar cubierto de figuras encorvadas por el viento, notando que a medida que avanzaba, los tallos crecían ocultando el sol en su totalidad.

Se detuvo mirando a su alrededor convencida de que tarde o temprano, despertaría.

Algo rozo su tobillo. Sobresaltada, agacho su mirada buscando lo que había provocado la repentina sensación, arrepintiéndose al ver sus pies, pequeños y protegidos de la intemperie por los zapatos que una vez fueron sus favoritos en su infancia.

Se examino detalladamente palpando el delicado kimono negro que vestía y del cual sobresalían manos tan infantiles como sus pies. Su cabello cortó adornado por una cinta blanca, el regalo de su madre en su octavo cumpleaños.

Kagome grito sin emitir sonido alguno.

Sintiéndose perdida en aquel bosque ahora completamente oscuro, tapo sus ojos como lo hacía de pequeña esperando por su madre. Una canción llego a sus oídos y al retirar las manos de su rostro, fue recibida por una tenue luz que parecía indicarle el camino a seguir.

Corrió con todas sus fuerzas escuchando pasos detrás de ella, hasta que una piedra la hizo tropezar. Limpiando la tierra de sus redondas mejillas, vio deslumbrada que la luz provenía del kimono antes negro. Pequeñas estrellas de cinco puntas iban apareciendo en el diseño delicado de la prenda, brillando hasta cubrirlo enteramente, cambiando su color a blanco.

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Kagome, Kagome

El pájaro se encuentra en la jaula

¿Cuándo la abandonara?

En la noche o el amanecer,

La grulla y la tortuga se deslizan

¿Quién se encuentra detrás de ti?

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Cuando era tan sólo una niña, le pregunto a su madre porque le había llamado Kagome al nacer. Sus compañeros del colegio siempre la molestaban y la rodeaban cantando aquella canción. Enojados, la acusaban de hacer trampa a pesar de que ellos insistían en que participara.

El juego consistía en adivinar quién estaba detrás de ella teniendo los ojos cerrados, mientras cinco personas giraban a su alrededor.

Poniéndose de pie, busco el origen de la melodía que orquestaba la oscuridad que la rodeaba. Los recuerdos olvidados y las personas que dejo atrás sin pensarlo para poder estar al lado de Inuyasha, se convertían ahora en la luz que podía salvarla de la soledad. Lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas y se volteo rápidamente reconociendo el perfume de su madre.

Figuras translucidas comenzaron a rodearla y sin saber porque, cerró los ojos. A través de sus parpados podía verlas dando vueltas a su alrededor. Ese juego nunca le había gustado, se repitió sintiendo un vacio en su interior. Sin importar que, siempre adivinaba quien estaba detrás de ella.

La canción se detuvo, era el momento de adivinar. Su rostro infantil fue convirtiéndose en la mujer que viajaba por el tiempo al igual que las figuras que la rodeaban comenzaron a tomar forma.

Podía ver con claridad cada rostro en su mente, recordando a las personas que ocupaban un lugar en su corazón.

De sus labios broto un nombre que no pudo escuchar y cuando quiso descubrir la identidad de la persona detrás de ella, abrió los ojos encontrándose con Inuyasha al frente suyo, a su lado Sota –"Esa persona es…" – al girarse, las estrellas brillaron intensamente en su kimono cegándola por completo.

-"Miko-sama" – Sobresaltada, abrió los ojos viendo la mano en su hombro. Las gotas de sudor cubrían su frente y su respiración era agitada.

La sirvienta la veía preocupada y sin más, corrió afuera de la habitación en busca de Izayoi.

-"Fue un sueño" – dijo para sí misma asegurándose que sus brazos y piernas reflejaran la edad correcta. Adoloridos y un poco pálidos, pero eran las mismas extremidades que vio crecer.

-"¿Quién estaba detrás de mí?" – se pregunto recordando el rostro de Inuyasha, la sonrisa de Sota y la mirada llena de sabiduría de Miroku. Sabía que no podía recordar a dos de las figuras que la rodearon. Su madre permanecía fuera del círculo susurrando su nombre como solía hacerlo todas las noches antes de dormir.

Para sus compañeros, su nombre no significada nada en particular, pero para su madre, ella era como una estrella en su hogar. Al nacer le puso ese nombre en honor a la constelación Kagome, reconociendo la luz que se refugiaba en su interior.

Un escalofrió recorrió su espalda al escuchar nuevamente la misma canción. Poniéndose de pie con un poco de esfuerzo, se abrió paso a través del dosel y se apoyo de la lámina de madera que separaba su habitación del pasillo.

Logrando salir, camino guiada por la melodía buscando a su autora.

En una estructura erguida sobre el agua, la princesa continuaba cantando mientras mojaba sus pies con cierta melancolía. Detallando por primera vez que se encontraba en una casa de descanso bastante hermosa, disfruto del constante sonido del agua rodeándola. Entretejidos en una gama de verde, ocre y naranja, los momiji ofrecían una vista inigualable reposando alrededor de la elegante casa, proporcionándole sombra y tranquilidad.

Recordó su sueño al ver las hojas cayendo sutilmente sobre el agua. Descendiendo la escalinata y luego el pequeño puente hasta acercarse a la princesa, se detuvo sintiéndose intrusa y fuera de lugar.

Izayoi dejo de cantar al escuchar la voz insistente de Izumi y miro en su dirección guiada por la sirvienta. Brindándole una sonrisa, la invito a sentarse a su lado.

Kagome camino hasta ella viendo el estanque límpido y perfecto, al igual que su dueña.

-"¿Cómo se siente?" – pregunto Izayoi preocupada al ver su frente perlada por el sudor.

-"Un poco cansada, gracias" – respondió alejándose un poco de la delicada princesa al ver que está intentaba alzar la manga de su elaborado kimono.

-"Mi nombre es Izayoi y esta es la casa de mi padre, Saadaki Hojo. Es bienvenida de permanecer aquí hasta que se recupere totalmente" – ofreció gentilmente analizando el rostro pálido de Kagome.

La sacerdotisa asintió fingiendo su mejor sonrisa – 'La madre de Inuyasha es un antepasado de Hojo' – pensó descubriendo las coincidencias del destino. Pensativa, recordó el nombre antes mencionado, en sus libros de historia. Uno de los tantos shogunes del shogunato Kamakura.

-"Usted ya sabía mi nombre. ¿No es cierto?" – Izayoi miraba sus pies sumergidos en el agua esperando su reacción – "No preguntare el suyo, porque yo también lo sé" – continuo diciendo y Kagome no supo que responder.

Haciendo un ademan, le indico a Izumi las dejara solas.

-"Ayer cuando la encontré, escuche el aullido de un perro, lleno de dolor. Era como si cantara por algo que había perdido" – revelando lo que había sacado de la manga de su kimono, Kagome reconoció el pedazo de armadura de Inu no Taisho a pesar de su estado deteriorado.

-"Me marchare esta misma noche, no quiero causar problemas" – dijo Kagome al notar la preocupación en la voz de Izayoi.

-"No deseo que se marche. He escuchado los rumores de una sacerdotisa que viaja con youkais, pero que es muy poderosa y tiene la habilidad de sanar y realizar exorcismos" – Kagome se rehusaba a enfrentar la mirada de Izayoi sintiéndose culpable por exponer a cualquier peligro a la madre de Inuyasha – "Antes de encontrarla, tuve un sueño y lo recuerdo con claridad. Fue tan vivido" – susurro.

-"Izayoi-sama, le agradezco su ayuda, y creo que lo más prudente seria marcharme de inmediato" – viendo a la princesa negar efusivamente afligida, retrocedió al sentir las manos delicadas de Izayoi sobre las de ella. A pesar de su toque delicado y sutil, podía sentir la pasión y la voluntad de la princesa a través de su agarre.

-"La escuchare" – le garantizo relajándose al ver el rostro tranquilo Izayoi.

-"En mi sueño encontraba un pájaro rojo herido, y al pedirle un deseo, se convertía en una luz dorada hermosa. En todo momento podía escuchar una canción" - cantando nuevamente, Kagome apretó suavemente la mano de la pelinegra pidiéndole no continuara. La soltó rápidamente considerándolo un atrevimiento.

-"¿Qué deseo pidió?" – pregunto la sacerdotisa al sentir una punzada en su corazón.

-"Salvar a mi padre" – respondió viéndola suplicante.

-"¿Que podría hacer para salvarlo?" – pregunto confundida.

-"Algo esta controlándolo. Mi padre no es la misma persona" – aseguro distanciándose de ella.

-"Hare todo lo posible, pero no puedo garantizarle nada" – Sin saber a cabalidad en lo que se estaba metiendo, la sacerdotisa se comprometió con la desesperada princesa a ayudar a su padre.

Izayoi sonrió y le agradeció por su bondad.

Ambas continuaron viendo el pacifico estanque buscando un poco de paz.

-"¿En serio sabe mi nombre?" – pregunto suspirando, mientras jugaba con los lirios que sobresalían del agua.

-"Es Kagome" – dijo confiada Izayoi.

-"Por favor, no lo mencione. Llámeme Mizuki" – pidio la pelinegra angustiada.

-"Su nombre está seguro conmigo, Mizuki-sama" – aseguro cubriendo la mano de la sacerdotisa.

Kagome se tranquilizo encontrando imposible no creerle a la mujer dulce y refinada que sería la madre de Inuyasha. Viéndola detalladamente, supuso tendría uno o dos años más que ella. El parecido con el hanyou en su forma humana era inexistente.

Inu no Taisho no había perdido su toque al parecer. Incluso el ADN reconocía su poder, heredándole sus rasgos a Inuyasha a pesar de la sangre humana que corría por sus venas.

-"Izayoi-sama, puede llamarme por mi nombre. Usted es una princesa, y yo ni siquiera tengo más años que usted. No es necesario tanto formalismo" – dijo sonriendo de medio lado, rascando su cabeza un poco incomoda.

-"Lo hare con una condición" – negocio astutamente la princesa – "Olvidare los formalismos, si usted también me llama por mi nombre" – Al ver la sonrisa prometedora de Kagome, Izayoi supo que en la sacerdotisa, encontraría una gran amiga.

-"Quisiera hacerle una pregunta" – aventuro Kagome – "Cuando me encontró, ¿No habían personas buscándome?" – Sabía que no eran exactamente personas, pero tenía que intentarlo – "¿Qué tan lejos está la playa?" – aunque su cuerpo aun se lamentaba por los deportes extremos patrocinados por Ryoukotsusei, debía encontrar a Inu no Taisho lo antes posible para que continuaran con su misión: Eliminar a Akira.

-"Esta muy cerca de aquí" - respondió quedándose luego callada por un instante mientras recordaba – "No había nadie cuando la encontré. Era de noche y la vi por suerte. La mitad de su cuerpo sobresalía del agua y supe que no estaba muerta por el color de sus labios" – al decir esto, la sacerdotisa se llevo instintivamente una mano a su rostro.

-"¿Puede ver mi cara?" – pregunto nerviosa.

Cuando Izayoi asintió, supo que estaba en problemas.

Alzando los brazos dramáticamente, se quejo de su suerte en un tono nada moderado -"¿Por qué a mí?" – Izayoi quedo en silencio y sonrió avergonzada al sentir las miradas asustadas de los sirvientes sobre ella -"Jeje" – rió nerviosa reconociendo en la mirada de la princesa, la indignación del hanyou que una vez amo.

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Las costas del Oeste eran concurridas en el otoño, el clima se apaciguaba y los tifones le daban tregua a las ínfimas formas de vida que construían sus hogares cerca del mar. No era un buen lugar para seguir un rastro, pero para un Inuyoukai, la dificultad era algo relativo.

Olfateando cuidadosamente en la dirección del viento, detecto lo que buscaba no muy lejos de su foco de búsqueda. Los granos de arena en la distancia brillaban escarlatas como una señal fosforescente ante la reveladora luz del sol.

A medida que avanzaba, el olor a sangre se hacía más prominente, casi irresistible para su receptiva nariz. Acomodando las hebras plateadas alborotadas por el viento, detrás de sus puntiagudas orejas, diviso la figura de su padre con el cabello completamente suelto y desproveído de su armadura.

Las huellas sangrientas contaban una historia, sobre la retirada del dragón y el vampiro y la victoria de Inu no Taisho. Sesshoumaru conocía perfectamente las habilidades de su padre, y no se dejaría engañar por su aspecto cansado y derrotado.

Arrugando la nariz, identifico la sangre del vampiro que dejo imprimido un pequeño hilillo y algunos restos putrefactos, ya oscurecidos por la intemperie. Más alejado de la orilla, poseyendo un diámetro considerable, una mancha verde oscuro que desprendía un olor penetrante y acido. La sangre de dragón no perdía su letal efecto a pesar de ya no correr por las venas de su huésped.

Ryoukotsusei había sido herido, concluyo luego de estudiar el campo de batalla.

-"Sabia que vendrías" – la voz de su padre lo hizo abandonar su previo estudio. Alzando la mirada lentamente, vio a Toga delante de él. No lo había escuchado acercarse, pero ya estaba acostumbrado a ser sorprendido por el sigiloso Inu.

-"Padre" – dijo haciendo una pequeña reverencia al no encontrar censura en su contra, en la voz de Inu no Taisho – "¿Hemos herido al enemigo?" – pregunto ocultando cierta preocupación al ver el kimono azul de Toga manchando de sangre.

Tapando con una mano su cuello, donde había sido herido, camino acercándose a la orilla donde una de las sandalias de madera de Kagome, había flotado hasta encallar solitariamente en la playa.

-"Ella lo hirió" – dijo su padre con la mirada perdida en la distancia –"Akira tardara en recuperarse, pero no debemos confiarnos. Puedo sentir su aroma muy cerca de aquí" – notando la tensión en Sesshoumaru, lo miro esperando la pregunta que sin duda alguna pronunciaría su hijo.

-"¿Por qué no has ido en su búsqueda?" – aunque intento disimular el disgusto de su padre, Toga lo miro severamente recordándole los beneficios de la paciencia.

Inhalando el aroma del mar, se tranquilizo por conocer tan bien a su hijo.

-"Esta rodeada de humanos, y sus poderes han ido incrementando desde ayer. No pude acercarme sin ser purificado" – explico su padre recogiendo otro trozo de su armadura. Tendría que darle una visita a Totosai y Mou Mou.

-"¿El sello de Bokuseno ha desaparecido?" – indago Sesshoumaru.

-"No podrás percibir su aroma si a eso te refieres, Sesshoumaru" – la acusación de su padre mezclada con el tono ligero y desinteresado que algunas veces utilizaba, hizo que algo en su mente lo golpeara por ser tan directo y simple.

-"Hn" – emitió sin más remedio.

-"Keh" – dijo su padre poniéndose de pie, limpiando sus manos cubiertas de arena – "Satou está cubriendo el perímetro del lugar donde se encuentra Mizuki" – desenfundando Tenseiga, apunto en varias direcciones hasta que la espalda palpito indicándole el camino correcto – "Sospecho que el enemigo se nos ha adelantado. Pertenece a uno de los generales humanos que han atacado el flanco norte del castillo" – omitiendo ciertos detalles, Inu no Taisho avanzo siendo seguido por su hijo hasta llegar al bosque que los acercaría a la humana en cuestión.

-"¿Posesiones?" – pregunto conociendo el modus operandi del enemigo.

-"Me temo que si" – Sabia que la humana no tendría ningún problema con una posesión. Pero la desventaja que representaba el exorcismo de estos humanos, era que al liberarlos de la maldición, está buscaba un nuevo cuerpo.

El Inuyoukai se esforzaba por mantener las bajas al mínimo, pero si se daba el caso de tener que eliminar a algunos de sus soldados para garantizar un bien mayor, lo haría de la manera más indolora. Trataría con respeto al guerrero que cayera bajo su espada.

-"Padre. ¿Cómo fue?" – a buen entendedor, pocas palabras, pensó Toga al escuchar a Sesshoumaru.

-"¿Cómo la perdí de vista o como hirió a Ryoukotsusei?" – ambas respuestas serian bienvenidas, pensó Sesshoumaru viendo la amplia espalda de su padre – "En fin" – dijo luego de un largo silencio – "La pequeña lo hirió con una flecha y por poco me purifica. Sin entrenamiento, su poder es demasiado peligroso" – agrego incomodo por la sensación que aun cosquilleaba sus piernas, donde rozo la flecha.

-"Akira" – pregunto interesado esperando los detalles.

Con una sonrisa canina, Toga desenfundo Souunga deteniéndose – "No podrá utilizar su brazo derecho por algún tiempo. Pero la espada esta intranquila por su sangre" – el aura maligna que era controlada fácilmente por su portador seguía palpitando por más almas.

Siendo rodeados por tres youkis, de los arboles cayeron Satou, Myouga y un soldado que cubría su rostro con un casco muy similar al de los humanos.

-"Taisho, Sesshoumaru-kun" – Satou hablo primero haciendo una reverencia, antes de extender su brazo revelando el pergamino que traía con la ubicación exacta de Kagome.

-"Han podido acercarse a las inmediaciones" – pregunto y Sesshoumaru noto el cambio en el tono de voz de su padre.

Su padre desde la llegada de la humana se mostraba más cercano. Ya no eran simples sospechas, Toga sabía algo que no quería compartir. Estaba preocupado, pero no era por Mizuki, era por él.

-"Si, en la noche nos infiltraremos entre los soldados humanos para realizar la extracción" – hablo el teniente. Sesshoumaru continúo avanzando ignorando las voces que lo rodeaban.

Escondida naturalmente por los colores de las hojas naranjas del momiji, las columnas rojas de la mansión humana se erguían con parsimonia haciéndose notar sin reclamar protagonismo ante la naturaleza.

Las puertas eran amplias y tenían una vista clara y ventajosa desde cualquier ángulo. Era una casa de té o de descanso, dedujo al ver la escaza presencia de soldados humanos. La gran mayoría de los habitantes eran mujeres.

-"Sesshoumaru" – la mano de su padre reposaba sobre su hombro – "No te confíes, hay talismanes para anunciar nuestra presencia. Esperemos el anochecer para poseer la ventaja" – asintiendo en silencio, se oculto antes de poder ver a la humana que tantos problemas causaba.

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La noche cayo reflejando la luna en el estanque calmado, acompañada de las linternas que reposaban en cada área del jardín. Kagome miro su reflejo en el agua sin creer que fuera ella.

Izayoi se negó a devolverle su túnica de Miko aduciendo que no eran apropiadas durante su estadía. A pesar de sus esfuerzos, la princesa demostro ser tan obstinada como su hijo en todo el significado de la palabra. Suspirando, se vio nuevamente tirando una pequeña piedra al estanque. La imagen se distorsiono por unos segundos, pero no tardo en reflejarla como un espejo.

Vestía un kimono rojo de tres capas, adornado con patrones de diferentes tamaños de flores de ciruelo, tejidos en plata. Su cabello suelto adornado por un impresionante kanzashi del metal plateado que predominaba sobre su atuendo, guindaba haciendo un agradable sonido al caminar. Tres pétalos rosados agarraban el aro de donde guindaban las delicadas tiras, recogiendo una pequeña cantidad de su cabello en ambos lados de su cabeza.

Sus labios retocados por un tenue rojo similar a su kimono, al igual que sus parpados, resaltaban sus rasgos sacando a relucir la hermosa mujer que se ocultaba detrás de aquel flequillo abundante y salvaje - 'El maquillaje hace milagros... ¿Mi ojos realmente son asi?' - Definitivamente, la persona reflejada no era ella.

-'Esta no soy yo' – pensó viendo a los lados esperando ansiosa el regreso de Izayoi – 'Primero el conjuro de Bokuseno y ahora esto. No deseo seguir ocultándome detrás de esta apariencia falsa y perfecta' – deseaba que terminara la noche para poder quitarse todo el maquillaje y volver a ser la Kagome sencilla que extrañaba ver desde que viajo al pasado ocultando su rostro.

Hasta ese momento, había descubierto que había olvidado su propio aspecto. No le había dado importancia, pero ahora le angustiaba olvidarse a sí misma.

Los pasos reverberaron en la madera y la sacerdotisa camino a paso urgente encontrándose con Izayoi.

-"Mi padre ha regresado. Por favor, Mizuki" – Kagome sabía lo que tenía que hacer, y esperaba no tener que recurrir a ninguna medida desesperada vestida de esa forma. Asintiendo llena de determinación, se alejo de la princesa entrando en el cuarto de meditación donde el Saadaki se hallaba sentado con los ojos cerrados dándole la espalda.

Camino despacio sin querer parecer ansiosa, escuchando sus pasos amortiguados por los tabis que cubrían sus pies. El tatami crujió bajo su peso anunciando su llegada y la espalda antes relajada, se mostro tensa ante su cercanía.

-"Izayoi te ha traído hasta mi con el propósito de sanarme" – su voz irregular, sonó amable al principio, pero luego se deformo tornándose gruesa e inhumana.

-"Su hija está muy preocupada por usted. Yo le asegure que no había nada malo, pero ella insistió" – reconociendo el aura que rodeaba el cuerpo del shogun, se acerco con cautela sonando temerosa e insegura notando como bajaba la guardia.

-"No hay nada malo en mi" – dijo con ahincó viendo sus manos, que temblaban sin poder controlarlas.

-"Hojo-dono, permítame acercarme para demostrarle a su hija que todo está bien" – pidió sin levantar la cabeza, al notar cómo se acercaba a ella el hombre maduro con un parentesco impresionante a su compañero de colegio.

La mano áspera de Saadaki levanto su mentón, buscando en su mirada una doble intención. Retirándose lentamente, alzo la mano indicándole seguirlo.

Takemaru estaba al lado de Izayoi quien miraba preocupada la puerta que había cruzado hace algunos minutos, Kagome. Tenía un mal presentimiento desde que le dio la bienvenida a su padre. En su rostro oscuro y demacrado, no encontró ninguna prueba de su conciencia, sin importar cuánto buscara en aquellos ojos caoba que la vieron crecer.

Saliendo por la puerta del sur del cuarto de meditación, Kagome seguía a Saadaki en silencio. Pudo ver a Izayoi en lado opuesto del puente y le regalo una mirada para tranqulizarla. Poco a poco fue dejando de escuchar las voces de los sirvientes hasta llegar a un area retirada de todos.

-"Hojo-dono, ¿A dónde vamos?" – no era tonta, estaban alejándose cada vez más.

Deteniéndose, Saadaki se volteo enfrentándola antes de tomarla de los hombros y empujarla indicándole se marchara – "Si sigues este camino, llegaras a la aldea más cercana" – le dijo tratando de dominar al intruso que intentaba adueñarse de sus acciones.

-"Hojo-dono, yo…" – Kagome no sabía qué hacer y gimió al sentir nuevamente las manos de Saadaki sobre sus hombros apretándola con fuerza.

-"Llévate a Izayoi y no regresen" – le dijo sin soltarla desenfundando su katana.

Kagome abrió los ojos llena de pánico sin poder moverse – 'Va a…' – retrocediendo paso a paso, lo vio alzar la katana y corrió lejos de ese lugar sin mirar atrás. El sonido seco del cuerpo cayendo la hizo apresurarse sin saber cómo enfrentaría la mirada triste de Izayoi.

Las linternas se apagaron y pudo sentir una gran cantidad de youkis acercándose a ellos.

-"¡Izayoi-sama!" – grito al verla y Takemaru se interpuso entre ella y la princesa.

Enojada, lo empujo aprovechándose de su confusión. El samurái la vio sorprendido acostumbrado al comportamiento sumiso y delicado de las cortesanas. Dispuesto a alejarla de Izayoi, se detuvo al ver a su princesa alzando la mano.

-"Mizuki, ¿Mi padre?" – pregunto en un aspaviento. En su corazón, sabia la verdad.

-"Hojo-dono… Su padre lucho para salvarla Izayoi-sama" - no podía decirle que se había suicidado – "Takemaru-san, llévesela lejos y no miren atrás. Yo me encargare de exorcizar este espíritu" – sin decir más, se marcho siguiendo la dirección del youki más poderoso.

Se detuvo súbitamente al ver el reflejo rojizo en el agua. El cuerpo de Saadaki era rodeado por un aura demoniaca demasiado familiar para ella.

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La voz de la humana hizo eco en el bosque anunciándoles el momento adecuado para atacar. Inu no Taisho se acerco cortando con Tenseiga los talismanes sagrados que protegían la entrada a la mansión.

Sesshoumaru salto en uno de los tejados, cayendo silenciosamente sin avisar su posición.

Los humanos corrían despavoridos hacia el portón norte indicándole la posición de su enemigo. Repudiaba el olor a miedo y sangre humana. Su padre lo miro y ambos avanzaron.

Iluminando una de las habitaciones, reconocieron los poderes espirituales de Mizuki y sin esperar, recorrieron la distancia que los separaba. Inu no Taisho se paro en la puerta y lo miro sin dejarlo pasar.

-"No tienes experiencia luchando contra este enemigo. He adquirido resistencia a sus ataques pero tú no" - le estaba pidiendo nuevamente permanecer atrás y eso no lo aceptaría.

-"Padre" – le dijo avanzando.

-"Si se apodera de tu cuerpo, no podre hacer lo necesario para vencerlo" – al decir esto, sus ojos se abrieron en comprensión y apretó sus puños sin tener el valor para despreciar el gesto de su padre. El enemigo en el ataque al Shiro había jugado con él, lo sabía, pero no soportaba la idea de quedarse de brazos cruzados sin hacer nada.

-"Permanece alerta y no te acerques más de lo necesario" – Ambos avanzaron con sus manos en la funda de su katana.

Al entrar, dos humanas estaban al frente del poseído y un samurái inconsciente yacía en el suelo con una herida en su cabeza. Inu no Taisho percibió el dulce aroma a violetas de una de las humana y luego el olor a jazmines y pureza que seguía a Kagome.

Sesshoumaru a pesar del maquillaje y el kimono, reconoció su mirada azul brillante en la oscuridad. Algo dentro de él palpito con urgencia, recordándole el vacio que no había podido ser llenado, en su ausencia.

Toga empuño su espada corriendo hasta su enemigo y fue detenido por la humana que acompaña a Mizuki. Extendiendo sus brazos, se rehusó a quitarse de su camino sin mostrar miedo.

-"Es mi padre. Si usted lo asesina, su alma será devorada por ese demonio… Yo… No permitiré que eso suceda" – apretando el mango de su espada, vio a la humana hallando una chispa única en su mirada. Pensó que sólo Mizuki tenía la habilidad de sorprenderlo, pero esta humana le había demostrado lo contrario.

Kagome continuaba deteniendo su avance. Su mano brillaba extendida, imitando los movimientos de Saadaki, quien intentaba eludir sus podres. Luchaba por purificar el espíritu del padre de Izayoi y no se rendiría. La mirada destrozada de la princesa al ver a su padre muerto caminar hasta ella con la intención de acabar con su vida, la perseguiría para siempre.

-"Toga-sama" – el inuyoukai la escucho. Con la katana aun en su mano, gruño sin mirarla.

-"¿Quién es esta humana?" – pregunto acercándose a ella.

-"No es momento de presentaciones" – dijo intensificando sus poderes al sentir finalmente el alma del shogun.

Toga intento detenerla pero fue muy tarde. El cuerpo del general cayó sin vida con una sonrisa y el aura demoniaca cubrió la habitación. Kagome intento purificarla protegiendo con una barrera a Izayoi e Inu no Taisho.

Al voltearse, quedo estática al reconocer la mirada ámbar que brillaba en la oscuridad. La persona detrás de ella en su sueño, la persona con la que deseaba estar.

-"Sesshoumaru" – susurro desprevenida.

Algo cálido se pego a su espalda. Podía sentirlo quemándola sin dañar su piel, estaba apoderándose de ella. Cayó de rodillas escuchándolo en su mente.

Sesshoumaru corrió hacia ella sin obedecer las órdenes de su padre.

-"Aléjese de mi" – pidió contrayendo dolorosamente sus manos.

-"No era el saludo que esperaba de ti, humana" – le dijo ignorando sus advertencias.

Toga destruyo la barrera que lo protegía y se acerco rápidamente a la pareja con Tenseiga.

Saliendo rápidamente de Kagome, el aura huyo presintiendo el ataque de Inu no Taisho perdiendose en la oscuridad de la habitación.

Todos esperaban atentos a cualquier señal.

Desenfundando su katana, Sesshoumaru se posicionó al frente de Kagome en pose de defensa esperando el ataque del enemigo.

-Kagome, Kagome-

Cerrando los ojos, se concentro en sentir las presencias que la rodeaban.

El pájaro se encuentra en la jaula

¿Cuándo la abandonara?

Ignorando siempre sus poderes, al fin había descubierto el verdadero significado de su nombre. Su fuerza no provenía de la perla. Ella era la prisión de la Shikon no Tama.

En la noche o el amanecer,

La grulla y la tortuga se deslizan

¿Quién se encuentra detrás de ti?

Abriendo los ojos, miro el rostro de Sesshoumaru sabiendo que él era el objetivo del enemigo. Poniéndose de pie, se reprocho por no estar enojada con él. Deseaba verlo y ahora que estaba delante de ella, sólo pedía que se alejara a un lugar seguro.

-"Toga-sama, Sesshoumaru… Márchense, saben que si se apodera de ustedes no podre purificarlo" – pidió desesperada.

-"Sesshoumaru" – llamando la atención de su hijo, se acerco a la humana escoltándola hasta la salida – "Busquemos un lugar adecuado para pelear, en esta habitación estrecha estamos en desventaja" - Izayoi miro la figura alta y misteriosa de Toga y lo siguió sin oponerse.

Siguiendo a su padre, miro hacia atrás viendo la figura de la humana alejándose como aquel día.

Kagome podía escuchar la canción en su mente. Viendo con los ojos cerrados el trazado rojizo indicándole el camino seguido por el enemigo incorpóreo, llegó a una habitación en el centro de la mansión. Padre e hijo vieron en silencio el avance de la miko esperando pacientemente.

-"Me encontraste, Mizuki" – La humana había descubierto su verdadera localización – "Sabían que esto sería una trampa" – dijo mirando a Toga al frente de su hijo –"No saldrán de aquí con vida. Por lo menos, no tú, Sesshoumaru" – detrás de él, Ryoukotsusei que permanecía en las sombras se dejo ver acercándose a la ventana por donde entraba la luz de la luna.

-"Yo seré tu oponente, Toga" – sintiéndose atado de brazos, el Lord del Oeste chasqueo los dientes entiendo la situación en la que se encontraban.

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La habitación quedo hecha añicos e Inu no Taisho tuvo que tomar a Izayoi y alejarla de los escombros, mientras Sesshoumaru se encargaba de asegurar a Kagome.

Odiaba pelear con dragones, pensó Toga al ver el desastre provocado por el impulsivo youkai. Y odiaba aun más pelear contra Ryoukotsusei. Eso significada que tendría que revelar nuevamente su verdadera forma.

-"Gracias" – dijo Izayoi apartándose de él al tocar el suelo.

Asintió y noto el sonrojo en las mejillas de la humana disfrutando del olor a violetas que emanaba de ella. Esperaba no encontrar su cuerpo sin vida al final de esa batalla – 'Sería una lástima' – pensó alejándose para transformarse.

No quedo huella alguna de la hermosa casa de descanso. Los rayos de Ryoukotsusei y las grandes patas de Inu no Taisho se encargaron de destruir todo a su paso.

Kagome intentaba seguir a Sesshoumaru al lado de Izayoi. El youkai obstinado la había dejado sola con la intención de pelear libremente con Akira – 'No llevamos ni cinco minutos de vernos y ya esta ordenándome que hacer' – pensó exasperada enojándose con el kimono que la hacía correr lento.

-"¡Basta!" – Grito antes de buscar una piedra y romper el kimono en medio de sus piernas hasta la altura de sus rodillas, sintiendo nuevamente la libertad para moverse – "Perdóneme, Izayoi-sama, pero era necesario. Permanezca aquí" – dijo antes de perderse en la espesura del bosque.

La princesa miro hacia atrás viendo a la hermosa figura como la nieve, peleando ferozmente en contra del dragón monstruoso – 'Mi verdadero deseo, era ser libre' – recordó viendo sus manos en la oscuridad.

Su padre le había advertido siempre que tuviera cuidado con lo que deseaba. Con su muerte, había conocido a las criaturas que admiraba en secreto.

Llorando por la pérdida de su padre, descubrió que sin importar las libertades que tendría de ahora en adelante en su ausencia, nada llenaría el espacio en su corazón – "Otousan" – susurro rezando por el alma de Saadaki mientras miraba con anhelo la figura del youkai blanco contrastando con la luna.

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El bosque no era el mejor lugar para luchar, pensó al ver los arboles cayendo uno tras otro.

Akira esquivaba sus ataques fácilmente a pesar de pelear con su brazo izquierdo.

Sesshoumaru no perdió la calma. El enemigo no había logrado herirlo y eso le garantizaba que sin importar que fuera superado en poder, debía encontrar un punto débil y superarlo en estrategia.

El vampiro no tenía tiempo para juegos, la Shikon no Tama había sido purificada en su totalidad gracias a Kagome y necesitaba contaminarla. El inuyoukai era fuerte como su padre, pero carente de experiencia.

Un solo error y podría tomar el control.

El aullido de Inu no Taisho y el rugido del dragón hacían temblar el denso bosque. Ambos empuñaron sus espadas y atacaron sin detenerse. Aun sin poseer los poderosos colmillos de su padre, era un oponente de cuidado.

Cada estocada era fríamente calculada sin ofrecerle ningún agujero en su defensa.

-"Eres digno de tu padre, pero debes aprender algo muy importante en el campo de batalla" – dijo agitado sin detener sus ataques –"No existen reglas aquí" – una sonrisa abandono sus labios.

Sesshoumaru agudizo sus sentidos, sintiendo una segunda presencia detrás de él. Un humano corrió hacia él y pudo esquivarlo difícilmente, evitando la katana de Akira en el proceso. Viendo su brazo, un pequeño hilo de sangre mancho su kimono blanco, apenas perceptible.

Era mínimo, pero suficiente para llevar a cabo su plan.

-"Sin importar el resultado, ella contaminara la Shikon no Tama o tu lo harás con su sangre." – sonriendo sádicamente, tomo la katana impregnada de rojo, lamiendo la hoja lentamente.

-"Maldición" – maldijo deseando que la humana no se acercara.

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-"Sesshoumaru" – corría a través del bosque escuchando la pelea.

Su corazón palpitaba dolorosamente – 'Por favor, no permitan que lo controle' – le pidió a los Kamis un poco de misericordia.

Cerca de la batalla, los árboles cortados a la mitad y otros en pedazos, le hacían difícil acercarse. Su corazón se detuvo al ver a Akira parado al lado de Sesshoumaru.

-"¿No deseabas verla?" – Pregunto Akira dirigiendose al peliplateado y Kagome lo miro sin revelar sus emociones delante del vampiro.

-"¿Sesshoumaru-sama?" – acercándose a él, quería creer en su fortaleza. Que sin importar qué, él no le haría daño y se opondría al control de Akira.

-"No" – dijo Sesshoumaru difícilmente moviéndose en contra de su voluntad.

Akira se acerco a ella – "Puedes purificarlo y salvarte, o permitir que te asesine con sus propias manos" – al decir esto, Kagome recordó la conducta retorcida y malvada de Naraku. Lo escupió y escucho la sonrisa del vampiro, mientras limpiaba su rostro.

-"Los dejare a solas. No quisiera interrumpir" – diciendo esto se marcho dejándolos.

Gruñendo incontrolablemente, los ojos de Sesshoumaru se tornaron rojos.

Con Inuyasha, podía solucionarlo todo con Tessaiga, pero con un youkai puro era totalmente diferente.

-"Por favor, no deje que lo controle… Yo nunca podría" – Si él estaba dispuesto a tomar su vida, lo haría, porque Sesshoumaru estaba vivo en el Sengoku.

Acercándose a ella, la tomo por los brazos clavando sus garras en su piel, traspasando el kimono rojo que lentamente se teñía más intenso por la sangre. Quería probar su sangre, poseerla hasta que no quedara nada de ella.

Kagome gimió al sentir el rostro de Sesshoumaru en su cuello – "Humana" – su voz grave la hizo temblar – "Purifícame" – le ordeno.

Sintiendo las lagrimas cayendo sobre su cabello, alzo su mirada sin encontrar en aquellos ojos azules, miedo por su vida ni la intención de luchar por ella – "No. Tome lo que desee de mí, porque no soy capaz de acabar con su vida" - le dijo abrazándolo.

Rugiendo en la noche, la abrazo con fuerza mordiendo su cuello.

Esa era la manera de marcar a una hembra como suya, y su bestia interior nunca le haría daño a su compañera.

Bajo la luz de la luna, Sesshoumaru la sostuvo en sus brazos deseando que con ese gesto, ella hallara una razón para quedarse para siempre con él y que las palabras de Oyuki no se hicieran realidad.

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¡Si! REVIEW REVIEW¡

xD Disculpen que no lo subí en el día del miércoles, universidad, cansancio, pero aquí estoy¡

Para aquellos que quieran saberlo, Kagome es una constelación y también significa tejido de bambú, por eso, para la representación de su mente, escogí este árbol. Si no han visto el capítulo 16 del Final Arc, véanlo para que sepan más sobre esto.

Sigo corta de tiempo para los agradecimientos… Pero en cuento pueda le respondo individualmente a aquellos que envían reviews logeados en ffnet.

Ténganme paciencia.

GRACIAS¡