Hola, Felices Lectores de mi Fic. En el capítulo anterior, Vegeta y Bulma tuvieron un nuevo encuentro íntimo que en lugar de dar soluciones planteó más interrogantes a nuestro querido Príncipe. ¿Esta dispuesto a estar con Bulma y descubrir que pasa realmente entre ellos?, y eso, ¿implica cambiar sus planes?

Bulma recibe un nuevo mensaje amenazador, esta vez en su oficina en el restaurante. La persona que intenta lastimar a Bulma está cada vez más cerca. Este capítulo será más largo pero muy importante. Nuevamente hay lemon... no es bonito pero sí necesario.


Alerta LEMON

POV Bulma

«Puta».

Había más palabras escritas flotando ante sus ojos. Bulma se estremeció y se apoyó en la mesa, intentando no mover nada, y leyó:

«Te acuestas con el cocinero. Me aseguraré de que jamás vuelvas a tentar a un hombre».

Bulma se estremeció. El acosador la seguía. Aquello era lo que más miedo le daba. Aquella persona estaba bien informada de su relación con Vegeta. Una mujer despechada no usaba esas técnicas de intimidación. Entonces, descartando la posibilidad de que fuera una mujer celosa, ¿quién le estaría haciendo eso? ¿Y por qué?

Un momento después, Vegeta entró corriendo en la oficina. La miró a la cara mientras la sujetaba por los hombros.

—¿Qué ha pasado?

Ella bajó la vista hasta el asiento en un gesto elocuente que él siguió con la mirada. Un segundo más tarde, la furiosa voz de Vegeta inundaba la estancia haciéndola estremecer. La violencia que flotaba en el aire llenaba el pequeño espacio sin ventanas. El acosador se había colado en la oficina esa noche para amenazarla. Por tercera vez en tres días. Vegeta parecía dispuesto a matar a alguien.

—Maldición. Maldito sea. Tenemos que descubrir quién es. Cada vez se muestra más sádico y descarado.

De acuerdo.

—Llamaré a Piccolo.

Vegeta la miró con el ceño fruncido.

—¿Realmente está haciendo algo para atrapar a este pervertido? ¿Ha hecho algún progreso en la investigación?

—Ni siquiera tiene los resultados de las pruebas que encontró en mi coche, así que…

Después de soltar otra retahíla de maldiciones, Vegeta volvió la mirada hacia la puerta abierta.

—¿Y Broly?

—Él tampoco tiene ninguna teoría al respecto.

—No. Me refiero a que si has pensado que podría ser él quien está detrás de todo esto.

«¿Qué?». Había contratado a Broly para mantener alejados del club a todos los indeseables y protegerla mientras estuviera allí. El guardaespaldas siempre había ido más allá del deber y revoloteaba a su alrededor en cualquier momento, casi como si fuera un novio posesivo. Aquello había funcionado bien. Desde que Broly trabajaba para ella, hacía poco menos de un par de meses, ya no ocurrían hechos desagradables en el despacho o el dormitorio del club, como encontrarse allí con un hombre desnudo o a un presunto violador.

—Broly no haría esto.

—¿Quién más está celoso de nuestra relación?

Pero vamos a ver… ¿aquello era una relación o sólo se dedicaban a follar?

«Veamos, es un chef famoso a nivel internacional y, dejando a un lado la última noche, te considera básicamente una prostituta, ¿tú qué crees?».

—Podrían haberlo hecho muchas personas —señaló ella—. Incluido Freezer; ya has visto lo pirado que está. Incluso podría ser Lapis. Me han dicho que anoche preguntó por mí en el club y que se cabreó mucho al enterarse de que no aparecería por allí. Al parecer exigió mi presencia de inmediato.

—¿Has visto a alguno de los dos aquí esta noche?

Ella negó con la cabeza.

—Pero no me he fijado en todos los asistentes. No conozco a todos los clientes, podría ser cualquiera que haya frecuentado el club y le haya dado por pensar que soy suya o algo por el estilo. Me ha pasado antes.

Vegeta lo creyó inmediatamente. Era inevitable sentirse posesivo con Bulma.

—Creo que lo primero que deberíamos hacer sería descartar a los sospechosos más evidentes. —Vegeta tragó saliva y en su cara apareció una mirada aguda y determinada—. Te juro que como sea yo quien atrape al malnacido que está haciéndote esto, la policía tendrá mucha suerte si queda algo para identificarlo.

Bulma se lo quedó mirando fijamente. ¿Por qué estaba Vegeta tan preocupado? Vale, puede que no le gustara ver cómo amenazaban a ninguna mujer, pero…

—Esto no me gusta nada, pero lo cierto es que, hasta el momento, el acosador no ha hecho nada salvo amenazarme. Y, si Dios quiere, no hará nada más.

Vegeta frunció los labios y le dirigió una mirada sombría.

—Yo no apostaría por ello; va a por ti. Llama al namek, tiene que saber que esto no se trata ya de una gamberrada.

Broly se detuvo en ese momento en la puerta.

—Lo siento. Estaba con un problema en el aparcamiento. —Miró primero a Bulma y luego a Vegeta—. ¿Qué demonios pasa?

¿Sería posible que Broly estuviera haciendo eso porque se había negado a acostarse con él? ¿Estaría tan obsesionado con ella?

Bulma descartó la sospecha casi al instante. Él siempre había intentado ayudarla y se había ocupado de su seguridad. Había tenido un montón de oportunidades para quedarse a solas con ella y no había hecho nada para lastimarla o ponerla en peligro.

«Pero ¿quién, salvo él, tiene la certeza de que te acuestas con Vegeta?».

—Ven, míralo tú mismo —le dijo ella finalmente, alejándose del sillón. Bulma observó su expresión, estudiando si parecía sorprendido… o amenazador.

Él rodeó el escritorio; parecía algo incómodo y fuera de lugar, con la camisa medio abierta y la corbata color borgoña desanudada. Se había quitado la chaqueta del traje hacía ya un buen rato debido al calor.

Broly miró el sillón con atención. Se puso rígido cuando vio la nota. Se acercó más para leerla y comenzó a maldecir sonoramente.

—Como atrape a ese hijo de perra lo voy a matar.

—Vaya, estupendo. Vegeta ha dicho lo mismo. Entonces iréis los dos a la cárcel y me tendré que ocupar yo sola del siguiente pervertido.

Vegeta y Broly se miraron. Los dos parecían muy apurados al saber que habían coincidido en algo.

—Llama a Piccolo—le ordenó Broly—. Quiero hablar con ese namek perezoso.

—¿Siempre hace su trabajo con tanta desidia? —preguntó Vegeta.

Fue Bulma quien respondió.

—No está acostumbrado a que yo le dé problemas. Se ocupa de otras cosas, como detener a vendedores de droga, ladrones y vándalos. Gente más a su alcance. No está acostumbrado a tener que realizar investigaciones.

—Voy a ocuparme de esto yo mismo —declaró Vegeta, sacando el móvil del bolsillo y dirigiéndose hacia la puerta del despacho.

—¿A quién estás llamando? —le preguntó Bulma.

Él no respondió.

Mascullando por lo bajo sobre lo difíciles que eran los hombres, lo siguió.

—¿Adónde vas? —inquirió Broly.

La respuesta pareció interesar a Vegeta, que se dio la vuelta y se la quedó mirando, bloqueando la puerta.

La sobrecarga de testosterona era tan potente que podía estallar en cualquier momento. Ojalá pudiera embotellarla. Todas las mujeres del mundo pagarían una millonada por sentirse tan ridículamente femeninas.

Ignorando ese pensamiento tan tonto, miró con atención detrás de Vegeta, al pasillo en penumbra, frustrada por la falta de visión.

—Tengo que despedirme de los últimos clientes, acompañarles a la puerta y darles las gracias por venir.

—Yo lo haré. —El ofrecimiento de Vegeta pareció más una orden—. Quédate aquí y llama a Piccolo.

—¡Son mis clientes!

—Se comieron lo que yo preparé. No voy a enredarme en jueguecitos semánticos cuando tu seguridad está en juego. —Entonces clavó los ojos en Broly, lanzándole una mirada de advertencia—. Ocúpate de que se quede aquí y protégela. Te juro por Dios que, como le toques un solo pelo de la cabeza, te partiré el cráneo en dos y cocinaré tus sesos con coñac mientras todavía te late el corazón.

Broly lanzó un gruñido.

—¿Alguien más se ha dado cuenta de que Bulma vivía tranquila hasta que tú apareciste? Todo iba como la seda hasta que te entrometiste en su vida y lo jodiste todo.

—¿No estás demasiado celoso? ¿Acaso no soportas verme con ella? —le desafió Vegeta.

— Oh, Santo Dios. ¿Seréis capaces de conteneros diez minutos más? Cuando el restaurante esté cerrado y el aparcamiento vacío, podéis salir ahí fuera y solventar vuestras diferencias a puñetazos.

Vegeta la miró fijamente. Luego clavó los ojos en Broly.

—Ahora vuelvo.

En cuanto se fue, la desaprobación de Broly resonó en el tenso silencio.

—No lo comprendo. Si lo echaras, las amenazas desaparecerían.

—Puede que sí, puede que no.

Él negó con la cabeza.

—Seguro. Pero le dejas quedarse. En tu casa. ¡En tu cama! Puede que sólo haya trabajado para ti un par de meses, pero sé que no eres de las que se acuestan con cualquiera y tampoco vas entregando tu corazón. ¿Le… amas?

Ella parpadeó ante la pregunta. ¿Había hablado alguna vez Broly de sentimientos? Casi nunca, al menos antes de que Vegeta llegara a la ciudad. ¿Estaría realmente celoso?

Bulma vaciló. Pensó en mentir. Pero si fuera él quien quería hacerle daño, castigarla, ¿por qué no lo había hecho ya?

Finalmente, se obligó a sostenerle la mirada.

—Sí —susurró.

POV Vegeta

Vegeta esbozó su sonrisa más encantadora mientras acompañaba a la puerta a los últimos clientes. Meneó la cabeza, sonrió, firmó autógrafos y los fue empujando disimuladamente a la salida. Por fin, en sólo diez minutos, los echó y cerró con llave. Luego abrió el móvil que llevaba en la mano.

Marcó el número de su primo sin vacilar. Goku respondió al primer timbrazo.

—¿Qué te pasa?

—¿Cómo sabes qué me pasa algo?

Goku soltó un bufido.

—Jamás me llamarías tan tarde si todo fuera bien.

Vegeta suspiró.

—La persona que amenazó a Bulma en el club ha actuado de nuevo. Esta noche ha entrado al restaurante y la ha amenazado otra vez. La policía local pasa del asunto, no parecen capaces de llegar hasta el final. Necesito tu ayuda.

—Aunque pasado mañana tendré que ausentarme por un caso, le comentaré el asunto a Gohan cuando hable con él. Él también está preocupado por el bienestar de Bulma. Además, hablaré con Ten. Gohan y yo estamos tratando de convencerle para que deje el ejército. Necesitamos a alguien como él.

—¿Qué puede hacer en este caso? Necesito a alguien capaz de averiguar quién se oculta detrás de todas estas amenazas.

—Ten Shin Han es el mejor. Confía en mí. No tiene que caerte bien, sólo tienes que aceptar que él lo solucionará.

Por lo que Vegeta había oído, Ten era implacable y cauteloso cuando se encargaba de una misión.

—Haría cualquier cosa para proteger a Bulma.

—Llegaremos antes del mediodía, así podrás ponernos en antecedentes.

Vegeta cortó la llamada. A Bulma no le iba a gustar eso; Goku, Gohan y Ten Shin Han insistían siempre en controlarlo todo y le restringirían los movimientos, pero Vegeta quería que estuviera a salvo.

Cuando regresó al despacho, Broly estaba gritando a Piccolo por el teléfono. A Vegeta casi le cayó bien.

Bulma lo observó.

—Dile que me suelte.

Levantó ligeramente una muñeca. Estaba sujeta con unas esposas al cajón del escritorio.

Vegeta miró a Broly.

—¿De dónde has sacado eso?

El guardaespaldas sonrió.

—Bulma dijo que iba a salir a despedirse de sus clientes y que tenía que regresar al club.

—¡Ni hablar! —explotó Vegeta. ¿Es que Bulma no se daba cuenta de que si ese enfermo la atrapaba, la violaría en el mejor de los casos y, quizá, la torturaría y mataría?

—Iba a acompañarme Broly, al menos hasta que me traicionó. Pero tengo que pasar por el club. Lazuli me ha llamado por teléfono, hay problemas con una de las chicas. Además, es sábado por la noche, el día que más clientes hay. Las chicas pueden echar una mano, pero no ocuparse de todo.

Vegeta la entendía, pero el negocio no era tan importante como su seguridad.

—El único lugar al que este pirado no ha accedido todavía es a tu casa. Tenemos que ir allí. Llama a la rubia y soluciónalo por teléfono. Broly puede ocuparse del resto sin que tú te pongas en peligro.

—Es mi club. No puedo esquivar mis responsabilidades sólo porque a ti te dé la gana.

Vegeta entrecerró los ojos.

—No vas a ir.

A Vegeta no le cupo la menor duda de que si Bulma hubiera tenido las dos manos libres, le hubiera arañado la cara.

—No eres mi marido ni mi novio. Has sido tú el que ha dicho que sólo «follamos» juntos, así que no vas a decirme adónde tengo que ir.

—Yo no apostaría por ello. ¿Qué ha dicho Piccolo?

Broly le puso al corriente de una conversación que, para Vegeta, no fue nada más que un montón de tonterías. En conclusión, y legalmente hablando, salvo un poco de vandalismo, el culpable no había hecho nada por lo que pudieran arrestarle.

Vegeta no podía contener la furia. Ya trataría con aquel polizonte perezoso más tarde. Ahora tenía que mantener a Bulma a salvo durante doce horas. Después, Goku, Gohan y Ten se harían cargo de aquel psicópata y él podría concentrarse en probarle a Bulma que lo que ellos hacían era mucho más que «follar»… incluso aunque no supiera qué es lo que era.

—Típico de Piccolo—dijo Bulma, encogiendo los hombros—. Ya que sois vosotros los que decidís qué puedo hacer, ¿me dejaréis al menos ir al cuarto de baño antes de irnos? Tengo que cambiarme de ropa.

Vegeta miró a Broly, que le devolvió la mirada. Hubo una silenciosa comunicación entre ellos a través de la cual parecieron llegar a la conclusión de que no podría hacer nada sin coche. No sería tan estúpida como para recorrer las seis manzanas que había hasta «Las sayas sexys» con un acosador acechándola.

—Claro. —Broly se levantó y, sacando la llave de las esposas del bolsillo de la camisa, la soltó—. Nada de trucos.

Bulma agitó la mano y le dirigió una mirada furiosa.

—Esperadme aquí.

Pasaron cinco silenciosos minutos. Vegeta se removió inquieto, pero se trataba de una mujer y su ropa… Sabía por experiencia que tardaban mucho tiempo en vestirse. En especial si esa mujer usaba medias, liguero y zapatos de tacón. Ponerse todo eso llevaba tiempo. Además, Broly y él tenían un ojo en la puerta del cuarto de baño y el otro en la del restaurante. Bulma no podía ir a ningún lado.

Cuando Broly comenzó a tamborilear el pulgar en una de las sillas, Vegeta se dio cuenta de que estaba tan nervioso como él.

—Como le destroces el corazón, te mataré —dijo Broly de repente, rompiendo el silencio.

—Lo que hay entre Bulma y yo no es asunto tuyo.

Broly se levantó, irguiéndose en toda su estatura, quizá quince centímetros y veinte kilos más que Vegeta.

—¿De veras? Pues lo que hay entre Bulma y yo tampoco es asunto tuyo.

Vegeta apretó los dientes, resistiéndose a admitir que Broly tenía razón.

—Y cuando tú te hayas largado —prosiguió Broly—, yo todavía estaré aquí. Con ella. Todos los días y todas las noches. Puede que tú seas su juguete nuevo, pero te olvidará. Y yo la ayudaré a hacerlo.

Aunque no le sorprendían las palabras de Broly en lo más mínimo, fueron como una puñalada en el corazón. Escuchar la confirmación de sus sospechas —sus miedos— sobre la relación del guardaespaldas con Bulma dolía como el infierno.

Se tragó la afirmación de Broly. La entendió. En unos minutos, sería domingo. Vegeta tenía que irse antes de la mañana del jueves para poder estar el viernes en la Capital del Oeste, donde concluiría las negociaciones de su programa de cocina para la televisión por cable. También tenía previsto publicar en breve un libro de cocina, y su editor se debía estar preguntando por qué demonios no respondía a sus correos electrónicos.

Pero incluso aunque pudiera quedarse, ¿qué le diría a Bulma?

Cualquiera que fuera el camino que eligiera para ser padre, no lo lograría sin la mujer adecuada. Y, aunque Bulma estuviera de acuerdo en adoptar a un niño o en someterse a una fecundación in vitro, tendría que pasar por muchas pruebas y por un embarazo. Además tendrían que encontrar la manera de hacer funcionar aquella relación tan apasionada y difícil.

¿Qué clase de madre sería? Seguramente no una como la suya. Y eso, presuponiendo que ella quisiera tener hijos. Después de que ella intentara decirle esa mañana que no estaba tomando la píldora, Vegeta estaba bastante seguro de que, por el momento, ser madre no entraba en sus planes. Pero eso no cambiaba el hecho de que sentía algo profundo y nuevo por ella.

Era tan complicado.

Y aun así, no la podía dejar con Broly.

—Me tendré que esmerar para asegurarme de que no me olvida.

Broly soltó un gruñido.

—¿Eres tan jodidamente egoísta que quieres que te entregue su corazón a pesar de que vas a marcharte? ¿Quieres hacerla desgraciada?

No. Pero Vegeta no pensaba que Bulma quisiera de él algo más que sexo. Y odiaba pensar que seguramente quería lo mismo de Broly.

—¿Dónde coño se ha metido? —dijo Vegeta, cambiando de tema y dando unos pasos. Deseaba poder abrazarla en ese instante. La necesitaba ahora y no podía esperar ni cinco minutos más para poseerla en aquella enorme cama que ella tenía, deslizarse dentro de su cuerpo y olvidarse de todo lo que no encajaba entre ellos.

Broly encogió los hombros.

Vegeta miró el reloj y luego hacia la puerta del cuarto de baño.

—¿Quince minutos para cambiarse de ropa?

El guardaespaldas miró también el reloj y, olvidándose de la cólera, frunció el ceño.

—¿No es demasiado tiempo?

«Sí». Y se imaginaba por qué.

—¿Hay ventana en el cuarto de baño?

Broly vaciló y se quedó inmóvil, aunque su mente iba a cien por hora.

—¡Joder! —Forzó la puerta del cuarto de baño con un hombro—. Se ha escapado.

Vegeta atravesó la puerta principal del restaurante. Broly le pisaba los talones y apenas se tomó tiempo para cerrar con llave.

—Maldita sea. Te lo juro, si aún no sabe lo que es una buena zurra, lo sabrá cuando haya terminado con ella —gruñó el hombre.

¿Y qué pasaría cuándo fuera Vegeta quien hubiera terminado con ella? Que Bulma sabría mejor que nadie por qué no debía desobedecerle cuando él tuviera los nervios de punta y se sintiera tan protector.

POV Bulma

Unos minutos después, Vegeta y Broly entraron en tromba en el club. Bulma no se sorprendió de que la hubieran encontrado con tanta rapidez. Lo que sí le sorprendió era lo increíblemente enfadado que parecía Vegeta.

—Me parece que tienes problemas —indicó Lazuli, señalando a los dos hombres con la cabeza.

Bulma no pudo negar que su amiga tenía razón. El corazón se le aceleró como si hubiese estado dos horas bailando.

—Estaré arriba, en el dormitorio. Si preguntan por mí, envíalos al despacho.

—Broly sabrá de sobra donde te encuentras, pero tú misma —dijo Lazuli con una sonrisa juguetona, asintiendo con la cabeza—. Lo único que conseguirás es que estén más enfadados cuando te encuentren.

Bulma se encogió de hombros.

—Van a estar enfadados de todas maneras. Gracias de nuevo por recogerme en el restaurante. Tenía que venir a solucionar los incidentes de hoy.

—Desconcertar a los hombres siempre me causa placer.

Bulma no podía negar que esa noche había conseguido eso y más. Subió la escalera y entró en el dormitorio. Se cambió el vestido por una falda corta y un top. Se puso unas botas rojas por encima de la rodilla con altos tacones de aguja, preguntándose si hacerlo no sería como agitar un capote delante de Vegeta cuando éste la encontrara, pero no tenía tiempo para medias y liguero, así que eso tendría que valer.

Antes de que pudiera salir y bajar la escalera, Broly abrió la puerta de una patada. Ella miró detrás de él buscando a Vegeta, pero el guardaespaldas estaba solo. Así que Lazuli había tenido razón. Vegeta había creído las palabras de la stripper, pero Broly la conocía lo suficientemente bien como para saber dónde estaría. Esa noche los problemas acudirían de uno en uno.

—¡Maldita seas! —dijo él, atravesando la habitación. Ella se quedó quieta, observándole.

Dio un paso atrás al ver la furia que ardía en sus ojos. La expresión que mostraba su rostro iba más allá de una simple molestia o preocupación. Estaba tenso como una cuerda a punto de romperse. Una rápida ojeada más abajo le demostró que, también, estaba duro en otras partes.

—Broly —intentó razonar con él—. Detente. Sabes que no puedes…

—¡Eres tú la que no puede! ¿No me has contratado para que te proteja? Pues no te escapes de mí cuando estés en peligro.

—Lazuli me recogió y me trajo aquí —confesó.

Era imprescindible aplacar la furia de Broly. Pero no parecía conseguirlo. Siguió avanzando hacia ella. La furia y el deseo estaban grabados en su cara, y a Bulma se le detuvo el corazón.

—Broly, no…

El guardaespaldas aplastó los labios contra los suyos, sofocando la protesta. Ella intentó zafarse, pero él le tiró del pelo e intentó separarle los labios con la lengua. Luego se la metió en la boca mientras ella intentaba resistirse.

Necesitaba aire. Y cordura. Y los necesitaba ya. Maldita sea, se negaba a ser maltratada por alguien que consideraba su amigo. Tenía que encontrar la manera de aplacar su cólera.

Después de examinar sus opciones, le mordió la lengua.

Él interrumpió el beso y dio un paso atrás.

—¡Joder!

—No hoy —gruñó Vegeta, dirigiéndose directamente hacia Broly—. ¡Aparta tus putas manos de ella! ¿Eres tú quien está detrás de todas esas amenazas?

—¿Tú qué crees? Sólo me faltaba esa pregunta tan estúpida.

Bulma se interpuso entre ellos. No iban a pelear en su dormitorio.

—Ya basta.

Broly la miró a ella y luego a Vegeta, antes de volver a clavar los ojos en Bulma.

—Hablaremos después.

—Te lo aseguro —le prometió ella. Tenía que dejarle bien claro que consideraba inadmisible tal comportamiento. Nunca le había hecho daño. Nunca la había besado de aquella manera, contra su voluntad. ¿Qué demonios le pasaba?

Celos. La misma emoción dominaba la cara de Vegeta. El guapísimo cocinero miró a Broly con el ceño fruncido cuando éste salió dando un portazo.

Dejándola sola con él.

Vegeta alargó la mano y, con un audible clic, echó el cerrojo a la puerta. Entonces clavó la mirada en el provocativo escote de Bulma y en los pechos, apenas cubiertos por un pequeño y apretado top blanco. Luego soltó una maldición al mismo tiempo que bajaba los ojos a la corta falda negra y a las botas rojas. Una nueva furia inundó el rostro de Vegeta. Al igual que Broly, su cuerpo estaba duro… por todas partes. A diferencia de Broly, sin embargo, si Vegeta la tocaba ahora, ella estallaría en llamas. Y no pensaba tolerar que él usara el sexo para manipularla o controlarla.

—He estado a salvo todo el rato. Jamás me pondría en peligro. Me trajo Lazuli. Tengo nociones de autodefensa y un aerosol de pimienta en el bolso.

Vegeta soltó un bufido.

—Nunca podrías evitar que un hombre te hiciera esto.

Estaba a tres pasos de ella pero, al momento siguiente, había invadido su espacio personal, la tomaba entre sus brazos y la aplastaba contra la pared, adueñándose de su boca bruscamente.

Bulma quiso ser fuerte. Lo quiso con todas sus fuerzas, pero Vegeta tenía un efecto asombroso sobre ella. Y no pudo evitar ofrecerse a él.

El sabor de su beso, la intensidad… No se sintió obligada cuando él devastó su boca, sino deseada. Cuando Vegeta le acarició las mejillas y gimió, se sintió necesitada. Cuando le desgarró el top y se deshizo del sujetador, notó que se estremecía y que perdía el control. Sentía la posesión de Vegeta en los huesos. Él no debería de haber despertado su deseo, mojándola… pero se trataba de Vegeta. Y cualquier cosa que él hiciera, hacía que le deseara.

En cuanto estuvo desnuda de cintura para arriba, él se inclinó sobre sus pechos y los succionó, primero uno y luego el otro. Ella se arqueó hacia él, enterrando los dedos en el sedoso cabello oscuro. Los pezones se irguieron bajo la lengua de Vegeta cuando él los chupó con voracidad.

Le zumbó todo el cuerpo y movió las caderas con desasosiego, presionándose contra él, invitándole a entrar. Cuando estaba con Vegeta no tenía cabida la vergüenza; jamás. Cualquier cosa era buena para seducirle. Sí, estaba furiosa. Y le leería más tarde la cartilla, le diría que ningún hombre podría decirle jamás lo que debía hacer, pero ahora no podía detenerle. El deseo de Vegeta era semejante al de ella, como si los acontecimientos se hubieran escapado a su control y el tiempo que les quedaba juntos pasara con demasiada rapidez.

—No vuelvas a huir—dijo él, arrancando la boca de la de ella, con los labios separados y la respiración entrecortada—. No quiero que te quedes sola con Broly.

—No me habría hecho daño.

Los ojos de Vegeta ardieron.

—Puede que no, pero te habría follado. Y, maldita sea, yo no pienso compartirte. Mientras estés conmigo, no le ofrecerás este dulce cuerpo a nadie más que a mí.

Las palabras flotaron en su mente, agradables y perturbadoras a la vez. Antes de que Bulma pudiera asimilar sus sentimientos y responder, Vegeta metió la mano debajo de la falda y le arrancó el tanga lanzándolo al suelo de madera. Entonces le pasó el dedo a lo largo de la hendidura, presionando sobre el clítoris hinchado.

Las sensaciones la inundaron dejándola débil. Santo Dios, qué le hacía ese hombre… Sólo tenía que tocarla un momento y ella se mareaba. Apretó los puños contra la pared. Comenzó a atravesarla un deseo incómodo e innegable. A pesar de lo mucho que odiaba que tuviera tal poder sobre ella, no podía evitarlo.

—Así —canturreó él dulcemente—. Mojada. Siempre mojada para mí.

Vegeta le introdujo dos dedos en la estrecha abertura. Ella siempre estaba preparada para él. A pesar de estar algo inflamada por la reciente actividad, se derritió contra él, absolutamente dispuesta para cualquier cosa que él le exigiera.

No era posible que él pudiera creer que estaría tan dispuesta para cualquier otro.

—Broly no…

—No quiero oírte hablar de él —atronó Vegeta, penetrándola profundamente con el dedo anular.

Ella contuvo el aliento al sentir que él le frotaba sin piedad el punto G.

—No quiero oír hablar de Broly y punto. He visto cómo le besabas… —Vegeta respiró hondo, como si intentara controlarse.

—Vegeta…

—¡No! Mientras estés conmigo, maldita sea, no te acostarás con él.

Las palabras de Vegeta penetraron por fin la neblina de placer que envolvía a Bulma.

—¿Qué insinúas? ¿Qué puedo reanudar mi tórrido romance con él en cuanto te largues?

Él jadeó más profundamente. Sus ojos negros se hicieron más oscuros, si era posible. Exudaba peligro. Se le enrojecieron las mejillas y su expresión se hizo más tensa mientras le aferraba las caderas con fuerza. Estaba furioso y excitado, parecía un guerrero a punto de luchar, de reclamar su propiedad.

Santo Dios, ella deseaba que la reclamara para siempre, que no sólo quisiera acapararla hasta su marcha, tres días después. ¿Es que para él no era más que un polvo fácil?

Vegeta no respondió, amoldó su boca a la de ella una vez más y la besó con una ferocidad que le robó el aliento. Bulma intentó no dejarse llevar, pero él se apretó contra su cuerpo y su mente fue arrasada por un torrente de implacable deseo. Un momento después, él se inclinó y le rozó el pezón con los dientes. Ella se arqueó y gritó.

—Separa las piernas.

Bulma vaciló. Sabía a donde conducía aquello… pero también sabía que casi no les quedaba tiempo juntos. La fantasía de conseguir que se enamorara de ella en una semana, sólo era un deseo imposible. Él se iría pronto y ella no podría detenerle. Lo único que podía hacer era almacenar recuerdos.

Cerró los ojos ante aquel agridulce anhelo y se dejó llevar. Vegeta le mordisqueó el otro pecho y bajó los brazos, cogiéndole un muslo con cada mano e inmovilizándola contra la pared. Un instante más tarde, Bulma notó que el miembro de Vegeta indagaba entre sus pliegues. Apenas tuvo tiempo de preguntarse cuándo se había desabrochado él los pantalones antes de que se sumergiera profundamente en su interior. La resistencia que ofreció el hinchado sexo de Bulma fue anulada por el húmedo deseo y el irreprimible anhelo de conquistarla.

Jugueteó con ella durante unos tortuosos minutos, introduciendo y sacando su erección suavemente. Por fin, la penetró hasta el fondo. Ahora que estaba rodeado por el interior de Bulma y tenía el control, Vegeta la inmovilizó con una brillante mirada.

—Bien sabe Dios que no puedo impedir que Broly esté contigo una vez que me haya ido si tú quieres, pero ahora… ahora eres toda mía, y me aseguraré de que sepas a la perfección el nombre de quién debes gritar.

—No estoy con él —confesó ella boqueando, sin ganas de andarse con rodeos—. Jamás lo he hecho. Le contraté para que me protegiera, eso es todo.

Vegeta contuvo la respiración, parecía poseído por el deseo. Entonces negó con la cabeza.

—Da igual.

Porque ellos sólo tenían sexo. Cierto… Broly no era la causa de que ella no le importara. Ésta era sólo una excusa conveniente. Esa certeza aplastó algo en el interior de Bulma.

En ese mismo momento, Vegeta comenzó a moverse, incrementando su deseo.

Él subió las manos desde los muslos de Bulma a su cadera y la alzo un poco más, luego comenzó a penetrarla con unas estocadas tan rápidas y profundas que ella le clavó las uñas en los hombros.

—¡Vegeta!

Una frenética necesidad hacía que se le enrojeciera la piel, que le burbujeara la sangre. Vegeta estableció un veloz ritmo que la dejó sin aliento. Impulsó las caderas contra las de ella, friccionando su clítoris de tal manera que los pensamientos, las objeciones y el pesar desaparecieron de su mente. Tan pronto como las sensaciones se adueñaron de la situación, el deseo creció sin parar hasta que ella ya no pudo respirar.

La explosión estalló en su corriente sanguínea de una manera repentina y devastadora. Bulma gritó su nombre y luego le mordió en el hombro, aferrándose a él con más fuerza que nunca.

—Más —le exigió él, sin flaquear el ritmo.

Entonces, Vegeta apretó los labios otra vez contra su boca, envolviéndola en un beso interminable que la capturó por completo, una comunión de bocas que la cautivó totalmente. No sabía dónde comenzaba ella y dónde terminaba él, y no le importaba. Ya se había dado cuenta de que le había entregado una parte de sí misma y no podía remediarlo.

Y él se iría en unos días y jamás volvería.

Aquel pensamiento la atormentó cuando él se apartó de la pared y, sosteniéndola contra su cuerpo, se inclinó sobre la cama. La dejó sobre el colchón y siguió penetrándola profundamente.

—Separa más las piernas. Dobla las rodillas. Quiero entrar en ti hasta el fondo.

La voz de Vegeta era casi un gruñido irreconocible. No le dio tiempo a negarse antes de que él le abriera los muslos todavía más. Gimió cuando él se hundió por completo. Santo Dios, era perfecto. Vegeta sabía exactamente cómo dejarla sin control.

Las extremidades le pesaban, los pensamientos se le dispersaban y un delicioso placer envolvió su cuerpo otra vez. Una urgente presión asaltó de nuevo su clítoris mientras él continuaba penetrándola con un ritmo duro y profundo. Ella se quedó pronto sin aliento y comenzó a palpitar a su alrededor, casi estallando de febril necesidad.

Él la alzó por las caderas y la hizo bajar sobre su miembro mientras empujaba hacia arriba. Con dureza. Impulsando su pelvis contra la de ella y, oh, Santo Dios, la incipiente tormenta se concentró en el interior de Bulma creciendo más allá de lo que ella podía resistir.

Antes de que alcanzara el clímax, él se retiró y la hizo ponerse a cuatro patas sobre las manos y las rodillas; volvió a entrar en ella desde atrás sin perder ni un instante. Le dio un azote en el trasero, provocando una caliente picazón que hizo que Bulma contuviera el aliento. En ese momento, Vegeta apoyó el pecho húmedo contra su espalda, la rodeó con un brazo; y comenzó a juguetear con su clítoris.

—¿Broly te hace sentir esto? —le susurró Vegeta al oído mientras la explosión crecía, ascendía y se multiplicaba en su interior. Dejó de acariciarle el clítoris y ella gimió en señal de protesta. Vegeta le mordió el cuello, salió de ella y se hundió hasta lo más profundo.

Las sensaciones crecieron todavía más mientras Vegeta maldecía y se introducía en ella una y otra vez. Bulma le acompañó en cada movimiento, empujando contra él en cada envite.

Un millón de descargas la recorrió como una tormenta. El orgasmo se propagó desde el clítoris hasta el último rincón de su cuerpo.

—Oh, Dios mío. —Bulma se aferró a una silla y gimió.

Vegeta gritó cuando su clímax se acercó también. El sonido vibró en el cuerpo de Bulma, haciendo que le zumbaran los pezones y que se estremeciera de los pies a la cabeza. Él siguió moviendo el dedo mientras su erección comenzaba a palpitar, empujándola de nuevo al borde. El éxtasis la inundó y la envolvió de nuevo, haciéndola perder la cordura mientras el cataclismo explotaba en su interior. Ella gritó al sentir un placer tan brutal que le dejó la mente en blanco, le oprimió la garganta y casi consiguió que el mundo desapareciera. Un momento después, Vegeta eyaculó en lo más profundo de su cuerpo.

Maldita sea, se habían vuelto a olvidar del condón.

Bulma cerró los ojos. No podía pensar ahora en eso. No podía pensar en nada… salvo en que Vegeta la había arruinado para cualquier otro hombre y en que había creado un conveniente abismo entre ellos dos utilizando una inexistente relación con Broly.

Iba a ser ella la que tuviera que detener aquello. Bulma ya no podía seguir «sólo follando» con él. Le destrozaba el corazón.

Sin esperar a que Vegeta se moviera, ella se escurrió bajo el cuerpo de él, y se levantó con las piernas temblorosas. Sin decir palabra, cruzó la estancia y buscó en los cajones un sujetador limpio y otro top, notando en todo momento la mirada de Vegeta clavada en la espalda.

Y cuanto más pensaba Bulma en lo que acababa de ocurrir, más enfadada estaba.

Salir de allí ya no era una elección, sino una necesidad. Tenía que pensar. Sola. Antes de que él volviera a nublarle la razón y consiguiera que lo deseara de nuevo. En esos momentos se sentía una tonta sin pizca de cerebro. ¿Cómo podía dejar que Vegeta tuviera tal control sobre su cuerpo cuando resultaba evidente que la consideraba tan poca cosa? Lo que compartían era una llama viva, abrasadora y destructiva. Y Bulma no podía estar en medio del fuego sin quemarse.

Miró a Vegeta, sostuvo con firmeza la ropa limpia contra el pecho y apretó los dientes.

—Esto es todo, Vegeta. Es… —Se apartó, negándose a llorar frente a él—. Ya no puedo aguantarlo más.

—Bulma, yo… lo siento. Estaba enfadado y… —graznó en el silencio, poniéndose rápidamente en pie con el pantalón desabrochado y la camisa cerrada—. ¿Te he hecho daño?

—¿Tú qué crees? —le preguntó con sarcasmo—. No hay nadie más que tú. No me acuesto con Broly, pero tú te niegas a creerme. Aunque tampoco tiene importancia. No me quieres para ti, pero tampoco quieres que me tenga él. Me haces sentir como un hueso que deseen dos perros al mismo tiempo, y no porque signifique algo para ti, sino porque tienes que buscar alguna excusa que te permita seguir considerándome una prostituta. No pienso seguir aguantando toda esta mierda.

—Eso no es verdad. Me haces sentir cosas que…

Vegeta se pasó las manos por el pelo, buscando las palabras.

«Excusas —pensó ella—. Pero ya no más».

—Hasta aquí hemos llegado. No pienso soportarlo más. Le diré a Lazuli que me lleve a casa a las cuatro. Será mejor que no estés allí cuando llegue. Y puesto que tanto el restaurante como el club están cerrados los domingos, no quiero volver a verte hasta el lunes. ¿Entendido? No quiero hablar contigo ni que me vuelvas a tocar.

Vegeta aún no había dicho ni una sola palabra cuando ella desapareció en el cuarto de baño. Aquel silencio hizo que se le volviera a romper el corazón. Las lágrimas hacían que le picaran los ojos. Mantenía todo lo que le había dicho, pero una parte de Bulma deseaba importarle lo suficiente como para que luchara por ella. Pero no iba a ser así. Tenía que dejar de pensar esas cosas. A los quince años aprendió que los cuentos de hadas eran mentira. ¿Por qué había olvidado aquella valiosa lección?

Después de asearse, se puso un tanga limpio y se cepilló el pelo, maravillándose de la imagen de la mujer ruborizada de labios hinchados que le devolvía el espejo. Se había enamorado por primera vez en su vida. Qué experiencia más miserable.

Volviéndole la espalda al espejo, pasó con rapidez junto a Vegeta y se dirigió a la puerta. Él la siguió.

—Siento haberte hecho daño, no quería hacerlo. —El arrepentimiento ensombrecía su cara y parecía inseguro y contrito al mismo tiempo.

—¿Hacer qué? ¿El idiota? ¿Has pensado alguna vez en volver a verme después del jueves?

En la cara de Vegeta apareció una expresión de culpabilidad. Apartó la mirada.

—No.

Bulma sintió que el dolor la inundaba de nuevo.

—Ya me he hartado de que me trates como a una cualquiera. Y ya que tienes tantas ganas de considerarme una mujerzuela… no te costará nada olvidarme.

Dicho eso, le dio la espalda y salió dando un portazo. En cuanto abandonó el dormitorio, las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas. Nunca más. Después de que se fuera jamás volvería a poner los ojos en él. Sería lo mejor, a pesar de que la había tratado con desprecio, si lo veía de nuevo, se derretiría a sus pies. Suplicaría su afecto.

Maldita sea, se negaba a caer en la tentación de postrarse ante nadie, en especial ante un hombre que no la apreciaba.

«Se acabó para siempre, Vegeta».

Recorrió el pasillo, bajó la escalera y se ocultó detrás del perchero.

—¿Bulma?

Oyó que Lazuli la llamaba, pero ahora no podía responderle. Levantó una mano y corrió a su despacho, donde abrió la puerta y la cerró de golpe antes de encender la luz.

Apretó los párpados para contener las lágrimas, se dirigió al sillón y se dejó caer en él. Un segundo y un sollozo después, abrió los ojos para coger un pañuelo de papel.

Lapis estaba ante ella. El universitario que ella creía estaba atrás de las amenazas y a quien ella había rechazado en más de una oportunidad.

Estaban solos, encerrados, y él parecía muy cabreado... y excitado.


Ok. Todos odiamos un poco a Vegeta en este capítulo. Me temo que pronto Bulma realmente se canse y lo mande a volar. Me digo a mí misma que hablan los celos, pero de todas maneras no tiene derecho. Quiero que sufra... y lo hará.

En el próximo capítulo, Bulma se encuentra sola ante un tipo que la desea de manera enfermiza... eso no puede ser bueno; sabremos un poco más del pasado de Bulma y un hecho lo cambia todo para Vegeta.

Las cosas se salen de control... y Bulma sufrirá más... todavía.