Capítulo XIV

La espera

Con mis ojos yo la sueño así,
como un ángel ella es para mí—

Glasgow, Escocia.

Harry se levanta el cuello del abrigo para protegerse del viento fresco que se arremolina a su alrededor. El viaje de cuatro horas le ha entumecido la pierna y su antes leve cojera se vuelve más notoria. Diminutas gotas lluvia caen al ritmo de su andar. Lento, seguro, despacio. Lluvia persistente, que no sientes y aun así te moja.

Es tan extraño regresar, como si su vida contenida en este lugar perteneciera a otra dimensión.

Hace una pausa antes de cruzar Laxford St., el tráfico a ésas horas nunca es preocupante. El hecho de que recuerde ése tipo de información tan cotidiana le hace sentir un poco de nostalgia.

Ginny no ha escrito en dos días.

Sin detener su caminar da una vuelta a la derecha en la segunda esquina y se detiene.

Todo sigue igual.

El edificio donde vivía tiene el mismo color café desgastado, las ventanas que debían ser de su piso están cerradas. Se pregunta si Doris sigue viviendo ahí o regresó al que fue su piso. Aún poede verse a sí mismo corriendo por la mañanas en esas calles; abajo en la acera, junto a un farol sigue estando el vendedor de periódicos; abajo, la florería ya está abierta llena de colorido y aromas que le recuerdan a Ginny.

Harry esboza una pequeña sonrisa mientras reanuda sus pasos.

— ¡Harry, muchacho! ¡Esta sí que es una sorpresa!

Angus Faraid, el dueño del pequeño pub que antes frecuentaba, camina hacia él con un vigor que no corresponde con su edad.

Harry se detiene e inclina la cabeza saludando.

— Angus, qué gusto verle.

El hombre se acerca a Harry riendo y le abraza bruscamente.

— Es bueno tenerte aquí, muchacho ¿Qué tal Londres?

— Ruidoso.

Angus lo conduce al interior del pub donde hay varias mesas ya ocupadas.

— ¿Ha visto a Doris? ¿Cómo está?— pregunta Harry mientras ocupan una de las mesas que están cerca de la ventana.

— Está muy bien, por supuesto. Esa mujer no para. Hoy salió temprano. La señora O'Miley dijo que le había comprado una docena de margaritas antes de irse.

Una mesera de sonrisa amable se acerca a su mesa.

—Buenos días ¿qué le servimos? — le pregunta a Harry con voz dulce.

Comida. Por fin.

— Huevo con tocino y papas, avena, pan y tortitas con mermelada... jugo de naranja y café con leche. Con un poco de canela, gracias.

Angus se ríe.

— ¿Y usted, señor?

— El desayuno de siempre, Beth. Gracias.

—Me vine en el primer tren de la mañana y la comida de ahí es espantosa — explica Harry una vez que Beth los deja solos.

Un leve tintineo en la entrada del pub llama su atención y sonríe cuando reconoce a Doris.

— Oh Beth, querida. Sírveme una taza de ése té maravilloso que haces y un plato de avena. Necesito algo caliente — la mesera se acerca sonriente y la acompaña hasta la barra del lugar. Harry se levanta sin hacer ruido acercándose a ella. — Hoy hace más frío que ayer y en el panteón se siente más. — Beth la escucha mientras le prepara un té— espero que para el próximo cumpleaños de mi niña nos regalen un poco de sol. Le llevé margaritas, eran sus favoritas.

Harry se detiene en seco y choca con una mesa.

— ¡Harry! — la mirada de Doris se ilumina haciendo que parezca más joven, sin embargo, él está demasiado aturdido para responder.

— ¿Qué día es hoy?— pregunta a nadie en particular, luego mira a Beth que está acomodando su pedido en una charola— ¿Qué día es hoy?

— Sábado siete de septiembre — responde ella nerviosa.

Algunos comensales lo miran confundidos. Doris parece preocupada cuando se fija en el bastón al que se aferra Harry y Angus lo hace regresar a su mesa.

Harry se golpea mentalmente porque olvidó el cumpleaños de Demelza.

MIERDA.

No es de extrañar, es pésimo con las fechas. Podría olvidar su propio cumpleaños si lo dejan solo.

Ese pensamiento no lo hace sentir mejor.

— Harry — Doris se acerca a él y lo abraza — Está bien y entero. No sabe la angustia que pasé cuando supe lo del ataque en el estadio. Salió en El profeta ¡y en la televisión! Por poco y me da algo.

—Me olvidé de su cumpleaños — Harry parece en trance.

— Oh está bien, ha pasado por muchas cosas últimamente.

Pero él no quiere que lo justifiquen.

— Debí haber traído a Charlus. No debí dejarlo con Ron. Si estuviera aquí lo llevaría al panteón y...

— Aún es muy pequeño, no ha hecho nada imperdonable. Puede traerlo en navidad, si quiere. O en febrero para su aniversario o en el día de las madres. — Doris se sienta a su lado y le aprieta el brazo cariñosamente— Le quedan muchas fechas y años para compensar.

— A mí me hubiera gustado no perderme ningún año para llevarle lirios a mi madre— murmura. Cuando le llevan la charola con su desayuno, el apetito se impone, aunque no decide qué comer primero. — Maldición, ni siquiera tengo una foto de Del en el cuarto de Charlus.

— Yo tengo unas en donde sale preciosa.

Harry asiente, de pronto se siente cansado.

— Gracias, Doris.

— De nada. Aquí estoy para lo que necesite. Lo que sea.

Harry sonríe.

— De hecho, Doris, le voy a tomar la palabra a eso.

- En mi mente siempre está, en mi piel aún está,
como un fuego que no sé cómo extinguir -

Un mes después
París, Francia

— ¿Qué mierda es esto?

— Bocadillos de marisco, mademoiselle — el hombre del servicio de cattering intenta no mostrarse ofendido.

Una chica rubia se acerca a la mesa con una sonrisa.

— Deberías probarlos, Ginny. Están deliciosos.

— Asquerosos, querrás decir — arruga la nariz y finge escalofríos.

— Oh vamos, no seas exagerada. Prueba sólo un poquito.

Non, mejor pásame otra copa de vino.

Tiene sed. El ambiente de la galería le resulta sofocante. El aroma de distintos perfumes combinados, platicas, el choque de las copas al brindar, risas discretas y discursos pomposos. La puerta del edificio casa vez se le hace más atractiva. Camina hacia uno de los ventanales para respirar el aire fresco y olvidar el penetrante olor de los mariscos que sólo le han revuelto el estómago.

— ¿Está usted bien, mon amie?

Un hombre atractivo de ojos oscuros de cabello castaño claro le sonríe mientras le ofrece lo que parece ser una copa de vino blanco.

— Es agua mineral— aclara cuando ve que Ginny intenta rechazar la copa.

Merci — agradece ella con una sonrisa. El primer trago es maravilloso. Alivia parte del malestar que ha tenido a lo largo del día.

En realidad lo que más le apetece en ese momento es dormir. Últimamente tiene problemas con ello. La excusa oficial es que se ha acostumbrado a su cama y que ahora forma parte del selecto club de personas que no duerme bien si no es en su cama.

La verdad es que se despierta en mitad de la noche cada vez que se da la vuelta y no encuentra el aroma de Harry.

No sabe si reír o llorar por ello.

Lo que sí sabe es que lo extraña.

La Maison Loo es impresionante. Ginny se asombró en el primer momento en que puso un pie en ése lugar más temprano cuando inauguraron la exposición. Ahora, rodeada de elegancia en ése edificio tan majestuosamente oriental, se siente... decepcionada.

Sola.

No es así como se imagina su vida.

Fantaseó con los viajes, las ciudades, los hoteles, las pláticas, las exposiciones, el reconocimiento, su independencia. No esto. Decepción, duda y poco de angustia.

Las lechuzas tardan un día para llegar a Londres. Dos para llegar con respuesta. A veces quiere irse con esas lechuzas.

— ¿Por qué estoy aquí, Benjamín?

— Por razones puramente egoístas.

Ginny resopla, si eso fuera ya hubiera solicitado un traslador al Ministerio de Magia francés con destino a Londres.

Detiene la copa frente a sus labios porque la vehemencia de ése pensamiento la sorprende.

— Todos tenemos un motivo para estar aquí — se explica el francés — ninguno está por casualidad. De hecho, todos los invitados de esta noche han sido seleccionados previamente. ¿Crees que si yo realmente quisiera mostrarle a la gente lo que yo sé hacer, mis ilustraciones, estaría aquí? Claro que no. Las pondría en un parque, en el metro, en un restaurante. Si el arte es para la gente, entonces tiene que formar parte de su vida. Hacerlo suyo. — sonríe con malicia—Pero no va a pagar las mensualidades de mi departamento.

— ¿Cuál es tu motivo de esta noche?

— ¿Ves ese sujeto que va acompañado de aquella mujer con el vestido rojo? Representa una editorial muy importante en Iberoamérica. Quieren utilizar mis ilustraciones para un cuento infantil. Los dos saldríamos ganando con el trato. Ése es un buen motivo.

— Yo no tengo ninguno.

— Entonces estás en el lugar equivocado, chère.

Tiene razón.

Porque el día anterior mientras contemplaba el famoso museo de Louvre con los ojos muy abiertos y el programa del tour arrugado entre sus manos, pensó en Harry.

Pone la copa vacía sobre una bandeja que va pasando y le sonríe a su acompañante. Está en la mitad del viaje, pero ya quiere regresar a casa.

Tal vez sea ése el verdadero viaje. Descubrir que tienes un hogar y regresar a él.

El eje de la Tierra se mueve cuando siente que el equilibrio le falla.

— ¡Ginny! — Benjamín la sostiene en el último segundo— ¿Se encuentra bien?

Très bien. Bebí mucho vino, debe ser eso.

Él se ríe.

— No lo creo, ma chère. No es la primera vez que se marea. Creo que debería ver un médico antes de viajar a Luxemburgo. Tal vez sea por el cambio de altura de una ciudad a otra.

Si, piensa Ginny, debe ser la altura...

- Ella pronto llegará, un momento que he esperado yo una eternidad--

— ¡Listo! — Sonriendo, Doris abrocha los últimos botones del pequeño abrigo — Creces demasiado rápido, cielo — Charlus agita las piernas con alegría y se ríe—Si conservas esa sonrisa dentro de veinte años, las chicas harán fila para salir contigo.

Los sonidos en el piso de abajo y los repentinos golpes sobre la pared le indican que Harry ha llegado a casa. Levanta al niño del pequeño cambiador, sale de la habitación y lentamente baja las escaleras. A diferencia del piso superior, las paredes de la planta baja de la nueva casa siguen desnudas, sin color. Las cajas se amontonan en el recibidor y los sillones aún están cubiertos por una rústica sábana. La cocina lista a la mitad, es un caos de herramientas, material, comida y sillas mal acomodadas.

—... y entonces la maestra dijo que los hombres lobos no existen. — Teddy puso los ojos en blanco mientras seguía a Harry por la cocina con un sándwich en mano — Pero yo no me quiero disfrazar de espantapájaros, no son divertidos.

Sonriendo, Harry detiene el martilleo y le sirve jugo de naranja a su ahijado.

— Pero es el día de la cosecha, los hombres lobos no tienen nada que ver. — Se prepara un sándwich a sí mismo mientras observa la repisa que estaba colocando — Hagamos una cosa: pídele a tu tita que te deje aquí un fin de semana y hacemos el disfraz juntos con lo que compramos. Eso será divertido ¿no crees?

Teddy frunce el entrecejo.

— No sé, cuando me ayudaste con los animales de la granja me pusieron un siete.

— ¡Pero si me pasé la mitad de la noche pintando los condenados animales!

El niño se encoge de hombros.

— Tal vez no sabes pintar, a tía Ginny le hubieran puesto un diez. Ella hace cuadros grandotes muy bonitos.

Harry pone los ojos en blanco, luego le sonríe a Doris que entra en la cocina con Charlus en brazos.

— Por supuesto, si ella no hiciera "cuadros grandotes bonitos" no se hubiera ido y estaría aquí.

— ¿Cuando regrese le vas a pedir que viva en esta casa?

Por toda respuesta su padrino se sonroja.

— Teddy ¿Por qué no vas a la sala? Saca de las bolsas lo que hemos comprado.

— No es una sala, no tiene sillones.

— Mañana los tendrá.

— ¿Han ido de compras? — pregunta Doris mientras Charlus le tiende los brazos a Harry y éste lo sujeta.

— Necesitaba caminar — Harry señala su pierna. Lleva puesta la vieja camiseta de los Chudley Cannons y pantalones deportivos. Sonríe satisfecho mientras le entrega a Doris un trozo de pergamino. Ya no usa bastón aunque sigue cojeando ligeramente. — Encontramos todo lo que nos pidió en la lista.

— Y me compró chocolates — agrega Teddy — y ropa para mi disfraz.

— ¿Disfraz?

—Voy a ser un espantapájaros — refunfuña el niño.

Doris sonríe.

— ¿Y tu padrino te va a ayudar? — Teddy asiente— Oh cariño, dime donde está tu disfraz antes de que Harry le haga algo.

— ¡Doris! —exclama éste ofendido.

La mujer se ríe mientras sale con Teddy de la cocina.

— Acabo de cambiar a Charlus, creo que ya casi es la hora de que le dé su poción.

— Gracias, Doris — sonríe al fin Harry.

La nueva casa es grande, espaciosa y aun así se podía escuchar a Teddy platicándole a Doris la vez que la maestra los llevó al zoológico.

— Papá... eche... bubu.

Charlus le da golpecitos en su pecho y Harry se apura a prepararle su leche esperando que esta vez no le regrese el biberón. A su hijo cada vez le gustan menos pero es la única manera en que no derrame la poción que le agrega.

— Faltan veinte días, campeón. — le da el biberón a Charlus para que beba él solo— Tu también la extrañas ¿a que sí?

— No.

Harry se ríe. Su hijo tiene problemas para pronunciar la letra S, así que contesta que no a todo lo que suena a pregunta.

Justo cuando va a la mitad, Charlus suelta el biberón y se lo ofrece a su padre.

— Mamá.

Semanas atrás Harry regresó de Escocia con dos fotos de Demelza e inmediatamente hizo las presentaciones. Charlus estrujó con sus manitas las fotos y con un gesto de concentración idéntico al de Harry aprendió la palabra después de unos días. Mamá. Dice la palabra en todo momento. Mientras lo bañan, cuando ríe y le parte el corazón a todos cuando la dice mientras llora. Parece su palabra favorita. Incluso, en ocasiones le dice mamá a Harry.

Y él trata de no hacer de esos momentos algo dramático.

— Mamá quiere que termines tu leche — pacientemente le regresa el biberón a Charlus para que siga bebiendo. Su hijo le sonríe mientras succiona ávidamente. — Luego vamos por Bubu antes que me grites.

Bubu.

— Exacto, vamos por él.

Chuz.

— Esa palabra no la conozco, campeón.

¡Chuz!

Una lechuza entra intempestivamente en la cocina y deja una carta sobre la mesa, regresa a la ventana y se posa en el alféizar con dignidad.

— Claro, shu shu es tren, chuz es lechuza ¿cómo es que tienes un padre que no te entiende?

Con el niño en brazos, le acerca agua y comida al ave en unos recipientes que siempre tiene listos. Toma la carta y se encamina a "la sala sin sillones" donde están los demás.

— Doris, venga aquí un momento.

La voz es calmada y serena, pero cuando ella lo ve está tenso y quieto en el pasillo.

— ¿Sucede algo?

— Tengo que salir ¿Teddy? Creo que es hora de que te lleve a casa.

Doris le quita a Charlus de sus brazos.

— Vaya con cuidado, no confío mucho en esos coches que usan los muggles.

Aún no le permiten aparecerse o usar Red Flú. Ni qué hablar de los trasladores.

Harry asiente mientras le abre la puerta a Teddy que sale corriendo arrastrando su mochila. Le entrega la carta a Doris.

— El aeropuerto no está lejos de aquí, no se preocupe.

Ella lee la carta mientras sube a la habitación de Charlus.

Harry

Tengo algo que decirte. Mi vuelo llega a Londres a las 7:45 pm.
Te estaré esperando. Es importante.

Ginny.

-Me imagino cuando llegue aquí, me imagino cuando yo la estreche
entre mis brazos-

— ¿Estás bien?

— Sí.

— Te ves pálida.

— Lo sé.

— Ginevra...

— Baja las ventanas ¿sí? Me empiezo a sentir mareada.

Harry conduce mientras Ginny cierra los ojos cuando el viento fresco le despeja el rostro. Escucha el sonido del auto mientras avanza y establece un ritmo en sus respiraciones. Empieza a contar. Uno. Diez. Cien.

El mareo se va.

Una mano pequeña y delicada se cuela entre los asientos para aferrarse a una mano más grande, áspera y caliente.

— Lo siento, no me sentía bien.

Harry le devuelve el apretón de manos.

— Te llevaré con un sanador.

— Ya fui con uno. Muggle.

— Médico.

— Eso.

Harry sonríe.

Imaginaba que sería diferente. Que el tan esperado día de su regreso sería todo sonrisas, besos y ella hablando sin parar. No es nada de eso. Básicamente porque Ginny ya estaba esperándolo en el aeropuerto cuando llegó. Sentada, callada y rodeada de maletas. No le dirigió la palabra hasta hace unos momentos.

— ¿Le avisaste a tus padres? ¿A Ron?

— Mañana. Yo sólo... — tira de la mano de Harry que está entrelazada con la suya y la pone en su regazo — Llévame a casa.

— ¿Mi casa o tu casa?

— Me gustaría algo más neutral — murmura Ginny con una sonrisa — algo que sea como nuestra casa.

Él se encoge de hombros aún con el fantasma de su sonrisa.

Mi casa es su casa — recita en español y Ginny se ríe.

Y cuando Harry escucha esa risa siente que por fin las cosas son como deben ser.

-Y no acabo de creerme que conmigo vendrá
me lo ha dicho sonriendo así, sin más-

La mañana encuentra a Ginny en medio de la cama, sola, con un pie colgando y los brazos extendidos por encima de su cabeza. No sabe qué hora es pero escucha diferentes sonidos en el piso de abajo. Ruidos de cubiertos en la mesa, sillas que se mueven, voces y los gritos emocionados de Charlus.

No claxon, no autos ni gritos histéricos. Ginny aprecia las ventajas de la nueva casa de Harry.

Se cambia el pijama y se arregla lentamente. Hay momentos, como cuando gira la cabeza rápidamente sin querer, que todo le da vueltas.

Cuando baja a la cocina encuentra a Harry tomando café y a Charlus con el rostro lleno de fruta. Ya come solo.

— Buenos días.

— ¡Bye! — Charlus saluda tan entusiasta que golpea el plato con sus manitas.

Harry se ríe.

— Es "Hola", campeón. ¿O quieres que Ginny se vaya?

—Minny.

— Si, Minny — señala la silla que está a su lado y le guiña un ojo a Ginny — Siéntate ¿Quieres café?

Ella sonríe mientras observa a Harry.

Sigue siendo el mismo y la vez... no. No sabe explicarlo. La manera en que platica con Charlus, su sonrisa fácil, su gesto tranquilo, la alegría latente que desprende por los poros. Es todas esas cosas, que Ginny siempre supo, sin la sombra de una preocupación o del mundo sobre sus hombros. El hombre que ama está en la superficie, a la vista de todos sin la protección de su coraza.

Y lo mejor es que Harry no es consciente de ello.

Las lágrimas le empañan la visión. Apenas logra contenerlas.

— ¿Ginny? — Él se preocupa. Es la tercera vez en menos de veinticuatro horas que ella tiene esa mirada y eso no es propio de ella.

Una mujer con ojos bondadosos le sonríe a Ginny y la conduce con firmeza a la silla que le ofrece Harry. Supone que es Doris. Le recuerda a su madre.

— Querida, estás pálida — le da unos golpes cariñosos en el antebrazo — sé hacer un té perfecto para que regrese el color a ese rostro tuyo. Nada de café.

A su lado, Harry se inclina sobre ella y le besa a la altura de su sien.

— ¿Te sientes bien? — le pregunta en un susurro.

Ginny asiente con una sonrisa. Se lo quiere comer a besos.

— ¿Qué es eso? — señala el plato de Harry.

— Tortitas de nata de leche. Las preparó Doris. ¿Quieres?

— Si — contesta con voz ronca. Cuando Harry le sirve dos en un plato ella le sonríe de nuevo — Pon otras cuatro. ¿Tienes fresas?

Él alza las cejas divertido con el súbito apetito de Ginny. El aroma del té que le da Doris huele maravilloso.

— Beba esto primero. No deje nada en la taza. Tómeselo en pequeños sorbos para que se le asiente el estómago.

Harry suelta una risita un tanto ronca. Disfruta de no ser el único al que Doris le da órdenes.

— Soy una grosera — murmura Ginny y le ofrece su mano a Doris — Soy Ginny Weasley. Soy — titubea — la hermana de Ron.

— Y yo que pensé que era la novia de Harry — Doris acepta el saludo con una sonrisa. Ginny se sonroja— Soy Doris, encantada — observa el reloj de la cocina— Oh por Merlín es tarde. Voy a llegar tarde. — camina apurada por la cocina hasta que Harry la detiene.

— Nosotros recogemos — en ese momento Charlus tira su plato al suelo. Ginny se ríe. — Vaya por su abrigo. Nos vemos más tarde.

— ¿A dónde va? — pregunta Ginny después que Doris sale de casa.

— Conoció a unas señoras en el café que está cerca del parque por el que pasamos anoche — con un movimiento de varita recoge los restos del desayuno de Charlus. Espera a que Ginny termina su desayuno y pregunta: — ¿Quieres ver la casa?

En la planta baja está el recibidor, la sala, el comedor, la cocina y el despacho de Harry. La puerta corrediza de atrás que conecta la casa con el jardín es grande como un ventanal que ilumina toda la sala. Todavía está llena de muebles cubiertos con sábanas. El frente de la casa parece un pequeño jardín separado por un angosto camino de concreto que lleva de la puerta principal a la verja de la casa. También hay una cochera, ahí está el auto que Harry tuvo que comprar mientras no le permitieran utilizar ningún medio de transporte mágico.

En el segundo piso están las habitaciones. Son cuatro. Una para Doris, otra para Charlus, la principal es de Harry y otra para invitados. Ginny pasó la noche en la habitación de Harry.

Cuando entran al cuarto del niño ella sonríe porque es casi idéntico al que ella decoró en el departamento de Londres.

— La casa es muy bonita— mientras Harry acomoda a Charlus en su corralito lleno de cojines y juguetes, Ginny recorre la habitación hasta que se topa con las fotos que hay en la mesita de noche — Yo tengo una.

— ¿Ah?

— Yo también tengo una foto de Demelza— deja la foto en su lugar y se acerca a Harry — fue cuando ganamos la copa de quidditch y tú estabas castigado. Después del partido nos tomaron una foto. Creo que la tengo junto con mis otras cosas de Hogwarts en La Madriguera. A Charlus le gustaría tenerla.

— Seguro que sí. Ven aquí. — Tira de ella un poco y le indica que se siente junto a él en el suelo cubierto de una alfombra muy suave— Anoche no te dejé hablar porque estabas cansada y no te sentías bien ¿Qué pasa?

Ginny se sonroja y murmulla cosas incomprensibles.

—Has cancelado tu viaje porque no puedes vivir sin mí, ¿cierto?

Ella se ríe y su carcajada se escucha perfectamente por toda la casa.

—No seas arrogante, Potter.

— No veo otra razón — sonríe y le roba un beso.

— El señor Grossman no cancelaría mi contrato por eso.

— ¿Y por qué sí lo hizo?

Vamos. Díselo.

Se mira en sus ojos verdes. Ve como de a poco su ceja se levanta por encima de sus gafas en un gesto que pide una respuesta a su silencio. No sabe cómo empezar porque en realidad aún no lo cree ni ella misma.

— Ginevra, me estás asustando.

Ginny se acurruca contra él y le rodea el cuello con sus brazos. Apoya la cabeza en su hombro, respira, cierra los ojos y cuenta hasta tres. Susurra muy cerca de su oído.

— Estoy embarazada.

Siente como Harry inhala una gran cantidad de aire pero no exhala. Se queda quieto y silencioso por unos minutos insoportablemente largos. No se mueve, ni siquiera parpadea.

— Harry...

— Tú... yo... ¿estás segura? — siente como si estuviera en un juego de atracciones que de niño nunca se subió. Arriba, abajo, izquierda, derecha. Todo da vueltas y tiene el estómago en la garganta. Adrenalina compuesta de emoción y pánico a la vez. — ¿Cómo te sientes ahora? ¿Estás bien?

Ginny sonríe con la mirada y con los labios. Toda ella es una sonrisa. Resplandece. Harry no está seguro cuándo fue que dejó entrar un hada pelirroja en su vida.

El deseo de tenerla cerca hace que la tome de la cintura y la levanta lo suficiente para ponerla a horcajadas sobre él. Pasea sus manos de la cintura hasta su rostro y ahí la sujeta delicadamente. Sus labios se encuentran. Primero un roce, luego la besa lentamente, profundamente. Ginny gime entre sus labios y Harry se detiene sólo un poco. Sólo por ahora.

— Dos hijos — murmura todavía en trance.

— Parece que vas a tener una familia numerosa, Potter.

La risa que a él se le escapa va de menos a más llenando el espacio e inundando el corazón de Ginny.

¡Shu Shu!

Charlus gatea hacia ellos con la locomotora de peluche en sus manos mientras que los demás vagones están detrás de él esparcidos en todas direcciones.

— Ven acá, campeón — desde su lugar con Ginny sobre sus muslos, se estira y aprieta al pequeño contra su pecho dejándolo entre él y Ginny. — Vas a tener un hermanito — le dice al oído. Familia, su familia. Alza la vista hacia esos ojos castaños. La observa. Su historia importante — Cásate conmigo.

Y Ginny Weasley le responde sin pensar, por instinto.

— No.

- Justo ella que, un ángel no es-


¡Ginny! ¡¿Qué haces?! ¡Que alguien le atize con algo! D:

Entre guiones letra de la canción "Un ángel no es" de Eros Ramazzotti.

El siguiente capítulo es el último. Voy a extrañar mucho esta historia.

Gracias por su infinita paciencia, por leer y por sus reviews.

A los que siguen mi otra historia "Corazón", no desesperen. Trabajo en ello.

Natu! Colega! Este capítulo va para tí. Gracias por el apoyo, por darme la lata con las actualizaciones y por estar ahí cuando necesito hablar con alguien. Te quiero!

Sin nada más que agregar, les mando muchos besos. Espero que no se estén muriendo de calor como yo.

Saludos!

Mar.