Capítulo 13: Ataque en la noche
El clan Desuna estaba instalado en un pequeño poblado hecho con casas de barro, los cuales vivían alrededor de una montaña la cual se le había excavado una cueva artificial. Una gran escalinata subía hasta esa cueva y permitía el paso hacía esta. El lugar en el que estaban situados era un hostil paraje de arena y viento, el cual, muchas veces, se enfurecía y arreciaba terribles tormentas de arena contra el pequeño poblado.
Era negra noche, y no se oía nada en el lugar. Las temperaturas eran de diez bajo cero, y todos los habitantes del clan restaban dormidos en sus casas. Algunos ninjas, patrullaban la zona, con turbantes y túnicas blancas que les tapaban todo el cuerpo, mediante el cual se protegían del viento helado que acechaba en esa noche. Kunai en mano, iban saltando de techo en techo, mientras, tres de esos soldados, restaban en la entrada de la cueva artificial, como si protegieran algo muy importante.
En un pequeño instante, se oyó un siseo, un movimiento encubierto por el viento. Al no haber ninguna luz aparte de la que daba la luna, nadie se dio cuenta de lo que se iba acercando, empleando la oscuridad como ventaja.
Dos hombres, extrañados por el ruido, se desplazaron hasta la casa más alejada de la montaña, para intentar divisar cual era el sonido.
El primero, vestía su túnica blanca que le tapaba hasta llegar a los pies, los cuales iban cubiertos por unas pequeñas sandalias de cáñamo. Su piel era más bien oscura, y no tenía pelo. Tenía una cicatriz en la mejilla izquierda, y llevaba un pañuelo marrón claro atado en la cabeza. En sus manos agarraba dos kunais, y se encontraba derecho.
A su lado, y medio agachado, mientras sujetaba una de sus manos en el suelo, un segundo hombre, de vestimenta semejante, pero de piel un poco más clara y con pelo corto negro, observaba al frente.
-Yachiru, ¿Has oído algo tu también?-Dijo el hombre que estaba medio agachado
-Sí, lo he oído, Maku.-Murmuró Yachiru.-Espero que lo que cuentan los informes de espionaje sea falso. Tribus occidentales atacando nuestros países para conseguir nuestras riquezas.-
-Deberíamos advertir de que hemos oído algo. He oído que atacan de noche. Y que no dejan víctimas.-
Un instante después, un montón de kunais emergieron desde la oscuridad y se clavaron por todo el tórax y las extremidades de Maku, el cual salió disparado hacía el suelo, dejando como rastro un pequeño chorro de sangre que le salía de las heridas. Se oyó un ruido amortiguado de cuando este cayó contra el suelo.
-¡¡Huracán de arena!!-Gritó instintivamente Maku, desde el suelo. Yachiru observó como dos sombras salían despedidas desde el lugar izquierdo de la casa, cosa que aprovecho para lanzarles dos kunais y terminar con su vida.
-¡¡NOS ATACAN!!-Gritó Yachiru mientras formulaba sellos y lanzaba una bocanada de fuego contra el aire. Su respuesta fueron un enjambre de shurikens que impactaron contra él, mientras dejaba ir un grito de agonía.
-¡¡Mierda!!-Gritó una voz desde la oscuridad.-¡Nos han descubierto! ¡Alzad armas! ¡Por Tyr!-
Se oyó un gritó de guerra provocado por bastante gente, y entre estos, se oyeron algunos ¡Chilla, hierro!. En ese instante, cerca de media centena de soldados enemigos iniciaron un ataque contra la villa. Habían unos de muy altos y musculados. Llevaban grandes barbas rubias y castañas, y el pelo larguísimo, y un casco con un cuerno por banda. Su piel era muy blanca, y vestían con grandes vestimentas hechas con pieles providentes de países nórdicos. En sus manos, desnudas, llevaban martillos gigantescos que empuñaban con las dos manos, hachas cuya hoja medía igual que su torso, y gigantescas espadas que parecían una versión miniaturizada de las espadas de los Hoshigakes.
Los martillos empezaron a golpear las casas que encontraban, destrozando las paredes, y dejando entrar a los soldados hacía dentro, que sin ningún remordimiento degollaban a mujeres, niños y hombres por igual. Después los abrían en canal y dejaban que la sangre impregnará el lugar. En pocos instantes, el lugar, tranquilo y en paz, pasó a ser un hervidero de gritos de terror y de dolor.
-¡Maku!-Gritó Yachiru mientras saltaba del edificio en el que estaba, todo cubierto por shurikens y sangre, y se reunía con su compañero jadeando.-Nuestros temores se han hecho verdad...-
-Lo se...-Dijo Maku abandonando su posición de rodillas al suelo, mientras se acababa de quitar los kunais que se le habían clavado.-Tengo varios ligamentos cortados por estas armas. Son del País del Fuego...-
-¿Quienes?-Murmuró Yachiru mientras observaba como uno de esos soldados nórdicos se lanzaba contra ellos, y alzaba su hacha con la idea de clavársela en el cráneo.
-Las armas-Dijo Maku mientras usaba tres de los kunais que había sacado contra el enemigo, mientras su compañero saltaba hacía el edificio que estaba medio derrumbado, y le asestaba una patada en el brazo izquierdo al enemigo.
El hacha salió disparada contra el suelo, mientras los kunais impactaron en la cabeza del enemigo, y este se desplomo contra el suelo.
-¿Qué quieren?-Gritó Yachiru mientras recogía el hacha del muerto y hacía estocadas en el aire para comprobar su poder.
-¡¡El Ichibi!!-Gritó Maku girando su cabeza hacía la cueva.
Las casas empezaban a arder, mostrando en ese instante toda la situación. La arena estaba encharcada en sangre, y muchos de los ninjas defensores restaban en el suelo con la cabeza abierta en dos por el golpe de una hacha o de un martillo. Las casas habían sido medianamente derrumbadas, y a su vez incendiada.
-¡¡Debemos impedírselo!!-Gritó Yachiru
Yachiru empezó a correr hacía la cueva, cuando una sombra se puso en su camino y de una patada debajo de la barbilla lo lanzó contra el suelo.
-Mucho me temo, ninjas de la arena, que eso no va a ser posible-Murmuró una voz femenina
Acto seguido, les lanzó una llamarada.
