Capítulo 14
Mrs. Wilder
Wilson había hecho café y té, ya que Cuddy no estaba para nada. La casa de la decana parecía más bien un velatorio. House, Wilson, el abogado y la propia Cuddy esperaban con impaciencia y a la vez con temor la visita de Mrs. Wilder, la asistenta social. Ella llegó a la hora convenida. Era una mujer de mediana edad, simpática y muy entregada a su trabajo. Durante meses había visitado a Cuddy y Rachel, había visto a la doctora convertirse en la madre de aquella pequeña y a la niña desarrollarse feliz y confiada. Era un bebé sano y despierto, y Lisa Cuddy una madre orgullosa de los progresos de su hija. Cada mes Rachel sabía hacer una gracia nueva, había adquirido otra habilidad, lo que llenaba de orgullo a su mamá. Siempre había sido una visita grata. La niña se criaba en un entorno físico adecuado, en una buena casa, con una habitación preciosa para ella, y con todo el amor de su madre. Era una pequeña afectuosa a la que gustaba el contacto físico, nunca rehuía besos y abrazos y siempre estaba dispuesta a ofrecerlos. Eso hablaba mucho y bien de la forma en que se estaba criando, en un entorno de confianza que hacía de ella una exploradora valiente, nunca temerosa ni desconfiada. La precocidad de Rachel, que ya tuviera un cierto vocabulario y pudiera andar solita antes de cumplir el año, no extrañaba a Mrs. Wilder, pues sabía que la atención a los niños, el hablarles y estimularles desde bebés tenía esos efectos beneficiosos. Siempre se había dado cuenta de la excelente comunicación entre Cuddy y su hija, y lo había reflejado cada vez en sus informes. Y ahora...
Acompañando a la Dra. Cuddy había esta vez tres hombres, para sorpresa de Mrs. Wilder. Ella se los presentó como sus amigos: El Dr. Wilson, el Dr. House y el Sr. Bellini, abogado. Aunque la rutina era hacer la inspección de la casa y del cuarto de Rachel, y ver a la niña, Mrs. Wider comprendió que este día no estaban las cosas como para cumplir rutinas, por lo que todos se sentaron en el salón, expectantes ante lo que ella pudiera decir. Además, Rachel estaba aún durmiendo su siesta.
- Dra. Cuddy, me temo que no traigo muy buenas noticias para usted. Y tengo que decir que para mí tampoco lo son. Normalmente, a nosotros nos resulta un alivio que las familias se hagan cargo de los niños que quedan a nuestro cuidado, en la mayoría de los casos siempre va a ser mejor para ellos estar al cargo de familiares, cuanto más cercanos mejor, pero esta vez, no sé...
El abogado intervino entonces. Él mismo había tramitado, justo ahora hacía un año, la solicitud de Cuddy para ser madre de acogida de Rachel, y había obtenido la renuncia de sus cuatro abuelos, ya que entonces el joven Simon, padre de Rachel, aún no había alcanzado la mayoría de edad. Un año atrás eran los abuelos quienes tenían el derecho, o la facultad, o la competencia para hacerse cargo de la pequeña. El abogado recordaba bien aquellas entrevistas. Ni uno sólo de los cuatro abuelos mostró el más mínimo signo de querer hacerse cargo del bebé, ni tampoco ningún remordimiento por dejarlo en el sistema de protección infantil de Estado. Se habían mostrado más bien escandalizados con el comportamiento de sus hijos, y deseosos de que todo el asunto no trascendiera entre sus amistades. Los padres de Simon habían firmado rápidamente la renuncia y se habían ido sin siquiera conocer a la niña, los de Natalie la habían visto cuando Cuddy se la llevó a la chica, antes de morir. Habían estado allí, según le contó la propia Cuddy, cuando la chica supo que la niña había sobrevivido, y habían visto a Natalie emocionarse al verla. "Es preciosa" habían sido sus palabras, entre lágrimas... pero no había bastado para conmoverles y no se había querido hacer cargo de aquel regalo, una parte de su hija que quedaba en este mundo. El abogado estaba indignado.
- ¿Cómo es que después de doce meses, a punto de expirar el plazo para confirmar que la adopción será definitiva, de pronto recuerdan a su nieta y quieren recuperarla? Le aseguro que estaban bien decididos a no quedársela hace un año. Comprendo que entonces los acontecimientos habían sido demasiado rápidos y catastróficos, habían perdido a su hija... pero esa pequeña necesitaba a alguien que cuidara de ella, lo necesitaba desesperadamente, y nadie, salvo la Dra. Cuddy, estuvo dispuesto a hacerse cargo.
- Los abuelos de Rachel han alegado que estaban traumatizados por la pérdida que habían sufrido y no se sentían capaces de afrontar la tutela de una pequeña que les recordaría que ella era la causa de la muerte de su hija...
Wilson no se pudo contener
- ¿Entonces van a culpar a Rachel por la muerte de su madre? ¿No es esa una razón suficiente para rechazar su petición?
- Dicen que su actitud ha cambiado y que ahora comprenden que la pequeña es su responsabilidad, parte de su familia, sangre de su sangre... Y mucho me temo que la ley está a su favor. Cuando hay parientes directos dispuestos a hacerse cargo de la tutela, normalmente el juez se la concede. A menos, claro, que los motivos no sean los del estricto beneficio del niño.
House estaba escuchando las diferentes argumentaciones sin intervenir. Estaba sentado junto a Cuddy con sus ojos fijos en ella, que mantenía los suyos semicerrados, como ausente. Puso una mano encima de la de Cuddy y ella le miró. La tristeza que reflejaban no era mayor que la del mismo House. El gesto no pasó desapercibido a los ojos de Mrs. Wilder, y se decidió a dar el resto de la información
- En su solicitud, los abuelos de Rachel agradecen a la Dra. Cuddy el haber dado un hogar "provisional" a su nieta, pero aducen que no creen que sea la madre óptima para la niña, dada su carga de trabajo y su... (leyó directamente de la hoja que traía en la mano)... su inestable vida sentimental. Dra. Cuddy, no estoy de acuerdo en absoluto con esto, pero parece que ellos han hecho averiguaciones y han deducido que usted y el Dr. House mantienen una relación amorosa bastante destructiva desde hace tiempo, que él ha tenido que pasar por un psiquiátrico, y que definitivamente no puede ser una buena influencia para una niña.
Ahora sí la cara de Cuddy reflejaba el estupor que todo este asunto le producía.
- ¿Cómo se atreven? ¿Cómo son capaces de saber quién tiene o no buena influencia sobre MI hija, cuando no quisieron saber nada de ella en el momento en que estaba más desamparada? ¿Cómo pueden decir siquiera que mantengo una relación amorosa con el Dr. House cuando no es cierto?
- Parece que tienen testimonios de hace unos meses, antes de la hospitalización del Dr. House, que dicen que él pregonó en el hospital que ustedes se acostaban... En fin, que han recurrido a los más bajos métodos en todo este asunto, pero las acusaciones serán tenidas en cuenta por el juez, y depende de quién sea le dará, probablemente, bastante importancia.
Cuddy no podía reprimir sus lágrimas
- No supieron entender a su hija, no se enteraron del infierno por el que estaba pasando. La chica era el blanco de las burlas en su colegio debido a su obesidad, y ellos ni lo supieron. Se convirtió en una alcohólica, y no lo vieron. ¡Demonios, llevó a término un embarazo y no se enteraron de nada! ¿Para dónde estaban mirando? Natalie no tuvo la suficiente confianza con su madre como para compartir su secreto con ella, dio a luz sola en una casa abandonada, creyó que su niña estaba muerta porque no consiguió que respirara... Pasó por todo eso sola, porque su madre no estaba allí para ella, ni tampoco su padre. ¿Cómo piensan que podrán afrontar los problemas que pueda presentar la adolescencia de Rachel dentro de quince años? ¿Se enterarán mejor entonces de lo que pueda pasarle a la niña?
Mrs. Wilder tomaba nota.
- Yo voy a seguir recomendándola a usted como madre ideal para Rachel, y voy a hacer uso de estos argumentos, que me parecen los más acertados. No supieron ser unos buenos padres para su hija, tuvieron la oportunidad y demostraron ser nulos, ahora quizás Rachel merezca que la oportunidad la tenga alguien más dispuesto a pensar en ella...
El teléfono de House emitió un tono, señal de mensaje entrante. Lo consultó y una chispa se encendió en sus ojos. Fue a la habitación que Cuddy usaba como despacho. Era de Lucas. Un texto corto en el que decía que había información interesante que le enviaba por e-mail.
House conectó el portátil de Cuddy, impaciente por conectar su correo y ver qué tipo de información era la que Lucas había encontrado tan rápido. Siempre había sabido que era eficaz en su trabajo, pero ahora cruzaba los dedos deseando que fuera una realidad.
Había una página de resumen y un montón de documentación adjunta. Desde luego, no sabía si Lucas tenía acceso a todo aquello de forma legal, pero eso era lo que menos le importaba ahora. Si lo que estaba leyendo era cierto, al menos tenían una esperanza.
Continuará
