Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación.
CHAPTER 14
Alice, totalmente anonadada, parpadeó varias veces antes de atinar a balbucear:
-¿Q-qué?
Jasper se la quedó mirando, con sus ojos hundidos en las sombras puesto que la luna había vuelto a ocultarse tras las nubes.
-A eso te referías cuando me dijiste que lo sabías todo, ¿no? –preguntó Jasper.
-Yo… -Alice se alegró de que hubiera desaparecido la luna, porque aunque ella no podía leer la expresión del capitán, él tampoco vería que se había ruborizado.
Porque se había puesto más roja que un tomate. ¡Pero qué tonta había sido al pensar que Jasper estaba enamorado de ella! Era evidente que sólo quería insistir en el mismo tema de siempre. ¿Jasper Whitlock enamorado de ella? ¡Ni pensarlo!
Pero lo cierto es que Alice estaba no poco decepcionada…, lo cual, por supuesto, no tenía sentido alguno puesto que estaba enamorada de James. ¿Qué le importaba lo que el capitán Whitlock sintiera por ella?
-Pues claro que pensé que te referías a eso –contestó por fin, agitando la cabeza con gesto altanero-. ¿A qué otra cosa te podrías referir?
Ahora le tocó a Jasper parpadear perplejo.
-No lo sé. Pero desde luego el tema no parece importarte mucho.
-Bueno, es que no es nada nuevo –contestó ella, aliviada al ver que Whitlock no había notado su azoramiento-. Llevas diciéndome lo mismo, o cosas parecidas, desde el momento en que acepté la proposición de lord Malfrey.
-Sí, bueno… -Alice no había visto nunca tan serio al capitán-. Pues ahora pienso contarte la verdad sobre tu querido conde, una verdad que sólo unos pocos conocen. Y te pediría, por la naturaleza de lo que te voy a revelar, que me jures que jamás lo mencionarás ante nadie.
-Jurar no es propio de una dama –le recordó recatada Alice.
-Tampoco es propio de una dama atrapar rufianes y eso no pareció detenerte el otro día –señaló Whitlock.
Alice alzó la vista al cielo.
-Está bien –concedió con un suspiro-. Lo juro. –y entonces, tal vez porque estaba algo decepcionada de que el capitán no fuera a confesarle su amor eterno, añadió con bastante aspereza: Y ahora supongo que me vas a contar alguna historia chabacana sobre una mujer a la que lord Malfrey se declaró y luego rechazó al enterarse de que no tenía tanto dinero como esperaba.
-Yo la calificaría de patética, no de chabacana –le espetó Jasper-. Y no se trata de una mujer cualquiera, sino de mi hermana.
Alice le miró de inmediato a la cara.
-¿Tu… tu hermana? –repitió-. Pero…
Y de nuevo agradeció los nubarrones, puesto que ocultaban sus mejillas ardientes. ¿Su hermana? ¿La mujer de la que había hablado la señora Whitlock? ¿La que estaba casada y tenía un hijo? ¿La hermana de Jasper Whitlock y… James?
El capitán debió de leer la perplejidad en su rostro, a pesar de la falta de luz, puesto que respondió con voz muy grave:
-Sí, mi hermana Bella. Se casó con un escocés y está viviendo en Edimburgo, de lo contrario ya la habrías conocido. Es una gran belleza y estaba de lo más solicitada cuando se presentó en sociedad hace unos años.
-Yo… -Alice estaba tan estupefacta que no sabía qué decir. Lo único que atinaba a pensar era: "¡Vaya por Dios!". Ahora no habría más que lágrimas y problemas para todos los implicados.
Pero Jasper había hecho una pausa como si estuviera esperando alguna respuesta, de manera que ella murmuró:
-No lo sabía.
-No –dijo Jasper impaciente. Era evidente que no era la contestación que esperaba-. ¿Cómo lo ibas a saber? Ni siquiera habías llegado todavía a Inglaterra. El caso es que Bella podía haber elegido a quien hubiera deseado, pero el que más le gustaba era el hombre con el que tú estás ahora comprometida: James Witherdale. Entonces no era lord Malfrey, porque su padre seguía vivo, igual que el mío. Eran amigos, de hecho, por lo que Bella y James pasaban mucho tiempo juntos y supongo que su compromiso era algo inevitable. Sin embargo, tres semanas antes de la boda sobrevino el desastre. Varios barcos de mi padre se perdieron en el mar debido a una serie de tormentas. Su fortuna parecía perdida. El disgusto fue demasiado para él y cayó enfermo. Nunca llegó a recuperarse del todo. De hecho murió seis meses después.
-Lo siento mucho –terció Alice, que apenas recordaba a su propio padre, porque le pareció apropiado dar el pésame.
Una vez más Jasper ignoró sus palabras.
-Mientras esto sucedía (la enfermedad de mi padre y la pérdida de los barcos), James Witherdale le dijo a mi hermana que no veía cómo iba a casarse con ella. No tendrían nada de lo que vivir, puesto que el padre de James no poseía ni un penique. Bella le sugirió que buscase un empleo, alguna ocupación. Pero los Witherdale –explicó el capitán con desdén- no pueden rebajarse a trabajar. Prefieren vivir como parásitos. De manera que James abandonó Londres y a mi hermana y no volvimos a saber de él. Es decir, hasta que apareció en el Harmony. Me pareció el colmo el atrevimiento que decidiera volver a Inglaterra en uno de mis barcos. El caso es que a la muerte de mi padre yo me hice cargo del negocio y volví a levantarlo.
Alice, que ya había oído aquella parte de la historia de labios de Rosalie, no pudo evitar sentir admiración por la modestia de Whitlock. Porque no es que se hubiera limitado a levantar el negocio de su padre, como él con tanta sencillez había descrito, sino que más bien había emprendido un negocio nuevo prácticamente desde cero, un negocio que había florecido de manera espectacular en muy poco tiempo… El mismo tiempo que lord Malfrey, si es que había que creer a Jasper, llevaba escondido de vergüenza a miles de kilómetros de distancia.
Si aquello era cierto, era una acusación muy seria la que Jasper Whitlock lanzaba al prometido de Alice. Porque un compromiso roto (¡y por las razones aducidas!) no era algo que pudiera olvidarse sin más. No era de extrañar que James no se hubiera atrevido a poner el pie en Inglaterra durante tantos años.
Pero aunque Alice se compadecía muchísimo de la señorita Whitlock, que sin duda se vio más humillada de lo que cabía imaginar y además con el corazón partido, lo cierto es que no podía pasarse por alto el hecho de que para James tampoco tenía que haber resultado fácil la situación. ¿Qué culpa tenía él, viéndose incapaz de ganarse la vida, pretendía casarse por dinero?
A pesar de todo, si lo que el capitán decía era verdad (y Alice no veía qué razones podía tener para mentir al respecto, sabiendo que era muy fácil comprobar una cosa así), el comportamiento de lord Malfrey había sido inexcusable. Porque aunque Alice había aprendido casi todo lo que sabía del amor gracias a su aya, de sus tíos había aprendido algo incluso más fundamental: la importancia del honor. Y una persona de honor aceptaba con elegancia la derrota y recibía sus heridas como un hombre. Tal vez lord Malfrey hubiera hecho lo más sensato al huir a la India y abandonar a su prometida, puesto que sin dinero ni amor (porque quedaba claro por su comportamiento que el conde no podía haber amado a la hermana de Jasper), ¿cómo podía sobrevivir aquel matrimonio? Pero a pesar de todo, había sido muy poco honorable. Un jugador tiene que aceptar riesgos, y si esos riesgos no dan sus frutos, entonces tiene que aceptar la derrota.
Pero lord Malfrey no había aceptado la derrota como un hombre, sino que había huido. Y eso para Alice, era mucho más grave que su pretensión de casarse por dinero.
Pero naturalmente no podía confesar aquello en voz alta. Ahora veía que había cometido un terrible error al acceder casarse con lord Malfrey. Pero sería muy poco honorable admitirlo delante de nadie antes de dar al conde la posibilidad de defenderse de los cargos.
¡Y de todas formas Alice jamás lo admitiría ante un hombre como Jasper Whitlock!
De manera que, disimulando su orgullo herido y cierta mortificación (a ninguna joven le gusta saber que el hombre al que creía enamorado de ella desea casarse sólo por dinero, ni siquiera cuando la joven sospechaba algo similar desde hacía tiempo pero consideraba que el asunto no tenía demasiada importancia), Alice se volvió hacia el capitán.
-Te agradezco que me lo hayas contado. Me alegra saber que el dolor de tu hermana no perduró demasiado y que ahora es feliz. –luego se enderezó y señaló las puertas de la terraza-. ¿Y ahora tendrías la amabilidad de abrir? Porque, si es posible, me gustaría volver a entrar.
El capitán Whitlock, que durante su apasionado discurso sobre su hermana se había acercado mucho a Alice, la miró con expresión tan atónita como si ella le hubiera sugerido que anduviera descalzo por un pasillo de ascuas ardientes.
-Alice –dijo con voz algo estrangulada-. Yo jamás tendría la arrogancia de decirte lo que tienes que hacer…
Alice no pudo evitar una carcajada incrédula. El capitán no le hizo caso.
-Sin embargo –prosiguió-, te suplico que consideres con mucho cuidado si deberías o no casarte con el conde. Witherdale no es… en fin, no es un hombre bueno. Y aunque tú y yo hayamos tenido nuestras diferencias –y aquí el capitán clavó la mirada en sus ojos-, estoy convencido de que, en general, tu interferencia en extremo impertinente en los asuntos de los demás surge de un deseo genuino de hacer el bien.
Alice abrió la boca para protestar que "interferencia" no era en modo alguno la palabra correcta para designar sus amables esfuerzos por mejorar la vida de sus amigos y parientes…
…Pero se olvidó de todo lo que iba a decir al notar que el capitán Whitlock le había agarrado la mano. Cuando vio sus finos dedos entre los de él, mucho más grandes, se quedó por alguna razón sin aliento.
Lo cual era del todo ridículo, por supuesto, porque ella no admiraba al capitán Jasper Whitlock, ni mucho menos estaba interesada en él. De hecho pensaba de él ni más mínimo en lo que él pensaba de ella: lo consideraba un grosero entrometido. Solo que él, en lugar de interferir en los asuntos de los menos afortunados, parecía decidido a interferir constantemente en su vida.
Ésa fue la razón, la única razón, por la que en el momento en el que el capitán Whitlock le apretó la mano, a ella comenzó a latirle el pulso de manera errática. Y por eso también le costaba respirar. ¡Cómo podía aquel hombre ser tan descarado! Y aquellos ojos grises parecían escrutarle el rostro, absorbiendo el más mínimo detalle que la luna iluminaba (porque, por supuesto, la luna tenía que salir justo entonces, en el momento más inoportuno). ¡Pero bueno! ¿Quién se creía Jasper Whitlock que era?
-Sería una lástima –prosiguió el capitán, agarrando con firmeza la mano que Alice intentaba en vano zafar de entre sus dedos. Claro que él pareció no advertirlo… o tal vez no le importase-, una verdadera lástima –enfatizó- que te unieras a un hombre que ni una sola vez en la vida ha considerado hacer nada por el bien de nadie que no sea él mismo.
Alice se vio atraída hipnóticamente hacia Jasper Whitlock, en contra de toda razón y con absoluto horror, como si sus ojos fueran la luna y ella la marea. Era de todo punto ilógico, pero real, y no había nada en el mundo que pudiera hacer para evitarlo. Sus rostros casi se tocaban. Mientras se miraban, el cuerpo de Alice pareció oscilar para llenar el estrecho hueco entre ellos, algo que su aya habría reprobado sobremanera.
Pero no parecía capaz de dominarse, aunque aquello desafiaba toda lógica. ¡Si ni siquiera le gustaba Jasper Whitlock! Bueno, es cierto que era bastante guapo, a pesar de su aspecto sombrío inquietante. ¡Pero esos cuellos de camisa! ¡Y esa bocaza! (por no mencionar las impertinencias que solían salir de ellas). ¿Cómo era posible que se sintiera atraído por una persona así?
¿Pero y él? Porque Jasper Whitlock había dejado muy claro que Alice ni siquiera le caía bien. Claro que tampoco le había soltado la mano para retroceder asqueado cuando ella comenzó a inclinarse hacia él. De hecho, él mismo se inclinaba también, tan incapaz como ella de dominarse…
Y entonces sucedió lo peor que podía suceder. Jasper Whitlock se inclinó tanto que su boca se pegó con la de Alice.
Y antes de que ella se diera cuenta, se estaban besando. Estaba besando a Jasper Whitlock, el último hombre de la Tierra cuyos labios habría querido tocar. ¡Se estaban besando! Y con mucha pasión, además. Jasper le había soltado la mano para agarrarle los brazos, como temeroso de que Alice se inclinara tanto que los hiciera caer por el balcón si él no lo impedía.
¡Y ella tampoco se quedó atrás! Sus dedos se aferraron como con voluntad propia a la nuca del capitán, aunque Alice no habría logrado determinar cómo habían llegado hasta allí, a menos que se los hubiera guiado Jasper…, algo de lo que era perfectamente capaz.
Pero era de lo más extraño, lo delicioso que era sentir allí sus dedos. Y todavía más raro lo delicioso que era sentir la boca de Jasper sobre la suya. Lo cual, por supuesto, era de todo punto ridículo, porque Alice odiaba a Jasper Whitlock. Le odiaba con pasión y, además, estaba comprometida con otro… aunque gracias a los descubrimientos de aquella noche, ya no estaba muy segura de cuánto duraría el compromiso.
Tal vez porque odiaba tanto a Jasper Whitlock era tan emocionante besarle. Porque el amor y el odio eran emociones muy intensas, de manera que era natural que ambas provocaran reacciones muy intensas. Alice amaba a lord Malfrey, o por lo menos le gustaba bastante, de manera que era muy agradable que la besara. ¿Por qué entonces no iba a provocar una sensación similar el beso de una persona a la que procesaba unos sentimientos igualmente intensos, si no más?
Claro que Alice dudaba que el beso de una persona odiada tuviera que desencadenar otra cosa que no fueran sentimientos de repulsa. Y lo más curioso era que los besos de Jasper Whitlock no le desagradaban en absoluto. (N.A.: ¿y a quien no le agradan? *.*)
"¡Ay Dios mío!" por primera vez desde que dejó la India, Alice echó de menos a su aya, que sin duda le habría podido aclarar aquel inquietante misterio, habría sabido explicar de manera satisfactoria por qué, aunque Alice odiaba a Jasper Whitlock, el contacto con sus labios le aceleraba tanto el corazón que le parecía que iba a explotar. Su corazón jamás había latido tan deprisa cuando lord Malfrey la besaba, ¡y eso que era su prometido! Alice tenía la sensación de que aquello estaba pero que muy mal…
Sobre todo teniendo en cuenta que cuando Jasper separó los labios de los suyos y pronunció su nombre con una voz tan rota que no parecía la suya, Alice tiró de él y le besó todavía con más pasión que antes, si es que eso era posible.
Más tarde se estremecería al pensar lo que hubiera sucedido de haber permanecido allí a solas. Era posible que él se hubiera declarado y que ella (¡menuda tontería!) hubiera aceptado.
Por fortuna, alguien intentó abrir las puertas de la terraza y, al oír el traqueteo, los dos se separaron de un brinco, Alice con las mejillas de color escarlata y Jasper con un rizo dorado sobre un ojo.
-¿Ally? –llamó Rosalie, tirando del pomo de la puerta-. ¿Estáis todavía ahí fuera? ¿Por qué no se abre la puerta? ¿Se ha atascado?
Jasper, con una compostura que Alice envidió, se sacó la llave del bolsillo.
-Sí –dijo el capitán Whitlock, con una voz mucho más firme de lo que Alice hubiera sido capaz-. A veces se atasca cuando llueve. –Y después de clavarle una última mirada penetrante, y para Alice inescrutable, Jasper metió la llave en la cerradura y abrió la puerta.
-Ah –exclamó, sonriendo bajo la luz que se derramaba desde el salón. Era el hombre más guapo que Alice había visto en su vida-. Ya está. Lady Alice, ¿quiere usted entrar?
Alice absolutamente incapaz de mirar a nadie a la cara (y mucho menos aún al hombre al que acababa de besar), se precipitó dentro, donde su tía la reprendió de inmediato, a causa del rubor de sus mejillas, de haber pillado un resfriado allí fuera y la conminó a meterse en la cama con un calentador en cuanto volvieran a casa… Una perspectiva que a Alice no le desagradó en absoluto, puesto que su cama parecía ahora el único lugar de Londres donde estaría a salvo de las incongruencias de su corazón.
¿Cómo están? ¿Qué les pareció?
¿No querían beso? ¡Pues ala! ¡Aquí lo tienen! Que tierno, que dulce… :D
¿Qué pasará a partir de ahora? Les puedo asegurar que ahora empieza lo bueno, si es que aun puede mejorar más xD si hasta ahora les ha gustado, creo que a partir de ahora les gustará aun más! =)
Perdón por la N.A. de antes, es que no pude evitarlo :P.
Gracias por sus reviews!
Besos y hasta pronto,
Christina.
