Disclaimer: como saben los personajes de Naruto y escenarios, así como todo lo que reconozcáis del anime o el manga, pertenece a Masashi Kishimoto, solo está historia es mía y esta hecha sin fin de lucro. ¡Digamos no al Plagio!
Remembering You
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by Miss. Brekable Butterfly
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Capítulo 13: Luna
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"Disobedience, in the eyes of any one who has read history, is man's original virtue. It is through disobedience that progress has been made, through disobedience and through rebellion."
— from "The Soul of Man Under Socialism" (1895)
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La muralla de piedra impenetrable que rodeaba el país de la Lluvia hizo fruncir el ceño a Jiraiya, sin embargo eso solo duro unos segundos cuando recordó un río que fluía a través de la región, sonrío ligeramente y se dispuso a entrar.
Después de usar una rana, finalmente había logrado infiltrarse exitosamente en Amegakure no Sato. El clima lluvioso de la región le permitía avanzar con capa y capucha puesta sin que llamase mucho la atención. Caminando no sin cierta cautela se acercó aun pequeño local hasta la mujer que atendía. La mujer le miró con atención y frunciendo el ceño ante la falta de reconocimiento dijo:
— No había visto tu rostro antes. ¿No sois de por aquí verdad?
— Soy escritor —pronunció Jiraiya mientras descubría su rostro y con una sonrisa perfilándose sobre sus labios—; viajo alrededor del mundo y escribo sobre comida típica y algunas otras cosas para una revista.
— Oh entiendo —pronunció la mujer con cierta satisfacción en su tono—, entonces ¿qué os parecen mis panecillos de cerdo al vapor?
— Son deliciosos. Me gustaría hablar de ellos en nuestra revista, ¿está de acuerdo? Una vez que os publiquemos tendrá tan gran multitud que os hará imposible descansar —dijo Jiraiya con entusiasmo, guiñándole un ojo a la mujer quien ensancho su propia sonrisa. Luego mirando de un lado al otro, Jiraiya exclamó—: ¡Vaya que se respira paz aquí!
— Sí, la aldea ya no está en guerra gracias a Pain-sama y Tenshi-sama —la mujer murmuró mientras unía sus manos en oración—. Estamos tan agradecidos con ellos.
Jiraiya ante la oportunidad que se le brindaba preguntó acerca del antiguo régimen sin embargo, solo al pronunciar el nombre del anterior líder de Amegakure el ambiente calmo y amigable se esfumó mientras la mirada de los transeúntes le dedicaban se volvía hostil obligándole a continuar su camino.
Suspiró con cierto alivio cuando encontró un bar y sin perder tiempo se adentro a él. La mejor de las informaciones solía encontrarse en sitios como ese, un punto a su favor era la cantidad de chicas lindas que los atendían. Sonriendo con galantería se acercó a una de las jóvenes que atendían a los clientes, entre charla y charla la mujer le reveló información de gran utilidad, como que la lluvia era creada por ese tal Pain para informarse de todo lo que sucedía en el país, haciendo que cierta alarma se activara en su cerebro pero, ya era tarde, él mismo sabía que era cuestión de tiempo para que alguno de los subordinados de ese tal Pain le encontraran.
La luz de la luna resplandecía con fuerza, el crepitar del fuego el único sonido en su campamento improvisado siendo el único sonido que rompía el inquietante silencio que llenaba el lugar, incluso el sonido de los grillos y otros animales nocturnos había desaparecido.
Habían pasado dos días exactos de su encuentro con Sasuke e Itachi sentía la adrenalina llenando su cuerpo ante el futuro encuentro. Había esperado cerca de nueve años para ese enfrentamiento, cargando con el dolor de cada decisión que para bien o para mal había hecho.
Sus ojos encontraron la luna resplandeciente y no sin cierta culpa se estremeció, podía ver el rostro lleno de lágrimas de su madre y la mirada cansada de su padre…
— ¿Nos traicionaste? —la voz de su padre rompió el tensó silencio del que de pronto se había llenado la habitación. Sin embargo, su voz no era de reproche, sino de alguien demasiado cansado con toda la situación.
— Por orden de los altos mandos de Konoha yo… —su voz se rompió ligeramente cuando vislumbro el temblor de los hombros de su madre ante el resplandor que la luz de la luna le otorgaba a su katana.
— Fuimos nosotros, ¿no? —Una mueca que pretendía ser una sonrisa se formó en los labios de su madre, mientras le interrumpía cuando estaba apunto de continuar—. Mi pobre niño.
La mano cálida de su madre recorrió con delicadeza y amor su mejilla derecha y con ternura limpió la única lágrima que hasta ese momento había derramado sin que el mismo se percatara de ello.
— ¿Podrás perdonarnos? —pidió ella, la voz rota y cansada. Mientras su padre apretaba una de las manos de su esposa.
— Yo… —Itachi sintió la katana temblar entre sus manos—. ¿Por qué no os defendéis? —Casi suplicó él.
Su madre negó con la cabeza y sonriendo con tristeza con ambas manos sujetó la mano que portaba la katana y sin más, ella misma se empalaba contra el arma. Los ojos de Itachi se abrieron en shock al sentir la sangre caliente de su madre llenando sus manos y por acto reflejo atrapándola antes de que cayera al suelo.
— Ma-madre… —su voz se quebró completamente y su visón se tornó borrosa—. ¿Por qué?
La pregunta se deslizó de sus labios mientras las lágrimas fluían. La mirada buscando respuesta en el rostro de su padre quien con la mirada llena de dolor observaba la escena sin mover un solo dedo.
— Te… te… amo —pronunció su madre antes de que la vida se apagara por completo. El peso de su cuerpo sin vida bajo los brazos de Itachi.
— Madre…—llamó él, agitando ligeramente el cuerpo sin vida de su progenitora, sin embargo, se detuvo cuando más sangre pareció salir de la herida provocada por la katana que aun estaba empalada en su cuerpo.
Su padre, finalmente se acercó y no sin delicadeza retiró el cuerpo de su esposa de los brazos de su hiijo. Itachi mirando con cierto desapego como extraía la katana de su cuerpo.
— Nunca dejas de sorprenderme Mikoto —escuchó pronunciar a su padre. La mirada persistente en el rostro casi sereno de su esposa—. Cuando éramos niños siempre hacia toda clase de cosas tontas, era realmente molesta.
Negó el divertidamente, mientras sus ojos se levantaban hasta conectar con su primogénito.
— Lamento que hayas tenido que cargar con esto —su expresión fue de total culpa, mientras sostenía la katana de Itachi y miraba absorto la sangre de su esposa que en medio de la noche parecía de una coloración negra—. Y espero que algún día puedas perdonarme por hacerte pasar por toda esta situación. Era mi deber protegerlos y falle.
La katana se alzó y el sonido de una gota de sangre cayendo al piso se escuchó.
— No importa que, siempre estaremos orgullosos de ti —la voz de su padre fluyó suave y dificultosa, mientras su respiración se agitaba antes de desvanecerse para siempre.
Esa noche los había observado durante lo que parecieron horas hasta que Madara había llegado y con una mano posada sobre su hombro que pretendía ser reconfortante le había avisado de la aproximación de Sasuke, luego había desaparecido y bueno… el plan había resultado. Se vio tentado a sonreír, sin embargo, solo regresó su mirada al fuego crepitante.
Kisame miró a su compañero, cierta agitación sobre su pecho. Siempre había encontrado molesto la actitud indiferente y estoica de su compañero sin embargo, al saber todo lo que había hecho le había atorgado su respeto pero, a lo largo del tiempo en el que habían estado trabajando juntos se había dado cuenta de las pequeñas cosas que componían a Itachi y no sin cierta incredulidad en un principio, comenzó a dudar de la verdadera naturaleza del Uchiha.
Así que lo observaba, siendo posiblemente la última vez que estuviera frente a él, tenia que saciar su curiosidad, pero la mirada aparentemente perdida de su compañero y el silencio abrumador que hasta ahora se daba cuenta que había, le hicieron removerse con incomodidad.
— Así que… finalmente ha llegado el día ¿nee? —Kisame rompió el tenso silencio.
Sin embargo, el único reconocimiento que recibió de su estoico acompañante fue un ligero parpadeo.
Chasqueo la lengua con cierto fastidio y se concentró en comer el conejo que habían casado para ser su cena. Bueno… no importaba, probablemente varias de sus hipótesis acerca del Uchiha se confirmarían cuando la batalla que tendría con su hermano terminara.
Pain observaba la lluvia caer con fuerza desde una de las torres más altas de Amegakure, el cielo ennegrecido por su técnica dando a la madrugada un tono más oscuro. Konan a su lado lo miraba a él, su corazón agitado en su pecho sin embargo al igual de su líder, ni una emoción se reflejó en su rostro.
— Cuando detenga la lluvia, busca al intruso con tu jutsu —ordenó Pain mientras desencadenaba una serie de sellos, rompiendo el silencio que hasta ahora solo había sido perturbado por el sonido de la lluvia—. ¿Lista?
— Si —contestó sin dudar.
La lluvia comenzó a mitigar y cuando finalmente lo hizo, Konan se deshizo en un montón de papeles en forma de mariposa. Las mariposas de origami se esparcieron en distintas direcciones iniciando así la búsqueda. Cuando finalmente halló al intruso regresó con Pain para informarle.
— Llévame hasta él —ordenó Pain y al instante una hoja se desprendía de la capa de Akatsuki de Konan formando un avión de papel que le mostraría el camino.
— Yo me haré cargo de él hasta que llegues —pronunció la kunoichi.
— Mátalo si puedes —ordenó en cambio el presunto líder de Akatsuki antes de saltar hacia la dirección en el que el avión había emprendido vuelo.
Rin corría. Sus piernas se impulsaban con fuerza a través del bosque y de vez en cuando saltaba con fuerza entre los árboles, algunas ramas siendo rotas en el proceso.
— "¿Qué piensas hacer?" —La voz curiosa de su inner resonó con fuerza en su cabeza.
Hizo una mueca y aceleró el paso. Después de la última reunión que su padre tuviese con Pain, y aceptara la mano de su padre cuando estaba siendo dramático, la voz en su cabeza se había apagado y ella tenia la esperanza de que continuara así pero, al parecer su acción precipitada le había motivado a hablar con ella de nuevo.
Suspiro con frustración mientras recordaba porque se encontraba corriendo a través del bosque.
Después de la reunión con Pain y cuando finalmente se encontraron en la base principal de su padre, Zetsu hizo acto de aparición:
— ¿Qué es lo que ha pasado? —Preguntó su padre, haciendo que se sobresaltase un poco cuando pensó que era a ella a quien le hablaba. Estaba a punto de contestar cuando…
— Itachi se ha reunido con Sasuke-kun —la voz de Zetsu blanco resonó en la estancia haciendo que se sobresaltara un poco, odiaba la manera en que Zetsu la mayoría de las veces lograba pasar desapercibido—. Al parecer finalmente su lucha será concretada en la guarida Uchiha.
— Excelente —la voz de su padre sonó un tanto más oscura haciéndola estremecer—. ¿Cuándo será?
— Dentro de tres días a partir de hoy —la voz del Zetsu negro informó con un destello de excitación, como si todo aquello fuese la mar de divertido. Rin frunció el ceño y se mordió el labio con nerviosismo—. Sin embargo, hay un grupo de shinobis de Konoha en su búsqueda.
Rin levantó la mirada con interés ante aquello, después de su extraño sueño, más imágenes o recuerdos de niños del pasado de Sakura se habían precipitado a su memoria, la mayoría eran fragmentos sin mucho sentido, sin embargo, siempre quedaba la emoción que predominara en ese fragmento, ya fuese la felicidad, el dolor, el anhelo… el amor…, sacudió su cabeza y se concentró de nuevo en el informe.
— No importa yo me haré cargo de los inconvenientes —pronunció su padre. Su mano agitándose en señal de condescendencia—. Así que ya sabéis que hacer.
— Por supuesto Madara-sama —respondió en automático el Zetsu blanco mientras comenzaba a enterrarse en la tierra. Cuando finalmente hubo desaparecido su padre se giro a mirarla.
— Deberíais ir a descansar —la voz era suave y confortante. Era la voz que usaba cada vez que ella se exigía de más en los entrenamientos o terminaba herida, sin embargo, había algo que le molestaba…
— ¿Qué sucederá con Itachi-san? —Preguntó, su corazón latiendo rápido.
— Ya te lo he explicado antes —respondió su padre con cierta dureza que la hizo encogerse. Obito al notar aquello suspiró y le extendió una mano para que se acercara. Estaba sentado en la silla de piedra que tenia la apariencia de un trono.
Rin con vacilación se acercó hasta él. Su mano se extendió hasta coger la de su padre y cuando éste tuvo su mano en su poder le dio un tirón. Cayó sobre su regazo, una de sus manos ascendió hasta su cabello rosa mientras unas enormes ganas de llorar se apoderaron de ella.
— El va ha morir —pronunció su padre con suavidad—. Es necesario…
— Lo sé —interrumpió ella con la voz suave y extrañamente firme pese al conflicto emocional que parecía consumirla—. Solo pensé que…
Negó con la cabeza y se apegó aun más al calor que su padre parecía emanar. Enterró su rostro en el pecho de él y suspiró.
— Estoy cansada de ver morir a las personas —finalmente pronunció. Su padre tensándose ligeramente ante su declaración, ella sabía porque… sus planes… la venganza…. Todo giraba en torno a una guerra.
— Rin… —la voz de su padre también sonaba cansada. Ella negó con la cabeza y le interrumpió.
— Esta bien, lo entiendo —solo que no era así, no del todo.
— Lo sé princesa, lo sé.
Después de eso había ido a su habitación cogido algunos pergaminos, su katana, su máscara y cuando estaba segura que su padre no se percataría de su salida, había huido o algo así.
— "¿Entonces…?" —La voz de su inner volvió a resonar con fuerza en su cabeza e hizo una mueca—. "¿Qué vas hacer?"
Extrajo la máscara de entre su capa mientras se detenía en un pequeño claro iluminado por la luz de la luna. La superficie pulida de la máscara resplandeció y con determinación la colocó sobre su rostro.
— "Lo correcto" —pronunció a su inner con más convicción de la que sentía.
— "¡Finalmente!" —su inner exclamó en cambio. Rin estaba segura que se encontraba sonriendo—. "¡Vamos a patear unos cuantos culos! ¡SHANAROO!"
Rin negó divertidamente con la cabeza, solo esperaba llegar a tiempo y realmente estar haciendo lo correcto, después de todo, lo que menos quería era dañar a su padre y los propósitos que un día ella había prometido proteger.
Naruto miró el cielo oscuro y las estrellas resplandecer.
Un escalofrío recorrió su columna vertebral e intentó hundirse más en su saco de dormir.
Tenía una sensación extraña en el pecho que le desconcertaba. Se movió, estiró y giró. Cuando sus movimientos parecieron perturbar el sueño de sus compañeros, se levantó.
— Deberíais dormir Naruto —La voz de Ino quien cubría la primera guardia le sobresaltó un poco.
— No puedo —confesó. Él e Ino después de su regreso a la villa, se habían vuelto cercanos. Ella era quien mejor le entendía en el dolor de saber a sus mejores amigos perdidos. Ella asintió e hizo una seña con su mano para que subiera a la rama desde la que vigilaba.
— Estás nervioso —no fue una pregunta pero Naruto asintió de igual forma—. Yo también.
Confesó, la mirada en el cielo. Sus ojos resplandecieron con cierta tristeza y a tientas busco la mano de Naruto.
— Creo que ella también lo estaría —murmuró Ino. Los ojos fijos en el cielo. Ella había visto de primera mano la tristeza de en los ojos de su amiga cuando el idiota de Sasuke-kun había dejado la villa. Había visto la culpa en sus ojos cuando Naruto había vuelto inconciente La había escuchado llorar y confesar sus miedos. Y la había visto transformar ese dolor y pérdida en resolución.
— Lo sé —rió Naruto con tristeza. El silenció se prolongo por un par de minutos mientras ambos observaban el cielo intentando disipar la atmósfera triste y un tanto mortificante.
— Así que… —comenzó Ino, sus ojos adquiriendo un brillo pícaro—… que es lo que esta pasando entre tú y Hinata.
Naruto se atragantó mientras Ino reía descaradamente.
— Eres mala Ino-chan —pronunció Naruto con las mejillas rojas, mientras ella agitaba una mano en señal de condescendencia.
— Lo que sea, ahora habla…
— No esta pasando nada —negó violentamente con las manos mientras sus mejillas enrojecían más.
— Y eso querido amigo es el problema —respondió la rubia rodando los ojos levemente y negando divertidamente con la cabeza.
— ¡¿Eh?! —exclamó Naruto, su rostro lleno de confusión.
— Eres demasiado denso —suspiró Ino—, por suerte para ti, contáis conmigo como amiga así que no tenéis nada de que preocuparos. Así que presta atención, la próxima vez que Hinata…
La charla de Ino parecía haber convertido a Naruto en un tomate rojo perpetuo, mientras se preguntaba porque no había permanecido en su saco de dormir.
La luz de la luna resplandecía con fuerza esa noche. El cielo completamente despejado haciendo que la luna resaltara con fuerza así como sus recuerdos.
Sasuke chasqueó la lengua y fulminó con su mirada el claro cielo apenas recorrido por un par de nubes. Era como aquella noche, la noche en la que Itachi había asesinado a todos pero… también lo era como la noche en la que se había marchado de la aldea y la había dejado...
Negó con la cabeza y disgustado por el divague de sus propios pensamientos.
Centró su mirada en la fogata que habían hecho para pasar la noche. El sonido del crepitar de las llamas y el silencio en el que se hallaba —gracias a que sus compañeros finalmente se habían dormido—, dando cierto control de sus pensamientos y las emociones que parecían por un ligero momento casi salirse de su meticuloso control.
Sin embargo, podía sentir la adrenalina fluyendo a través de sus venas y el deseo oscuro y destructivo de teñir todo de rojo con la sangre de su hermano.
Esta vez sería diferente, esta vez el saldría vencedor. No correría como la última vez.
Su sharingan giró con furia y su mirada se centro en los arbustos.
— ¿Qué es lo que quieres? —preguntó aparentemente al vacío.
— A ti —pronuncio una suave voz. La capa negra con nubes rojas apareció en su campo de visión. La máscara roja y negra resplandeció a la luz de la luna—. Hola Sasuke-kun...
