Un demonio con cara de ángel

Por

The Ladycat69

Capitulo 14

-Si me voy a ir. Pero antes de hare mía—con esas últimas palabras con la mano cerró la puerta de un sólido portazo.

El fuerte sonido de la puerta cerrándose hizo que la rubia diera un brinco del susto. Su corazón latía tan fuerte que podía escucharse. Ante aquellas palabras la rubia lo miro horrorizada dando unos pasos hacia atrás. La sonrisa que ahora ese demonio tenía en sus labios le provocaba escalofríos y miedo.

El rubio no dejaba de mirarla a los ojos. Esa era la mirada de un depredador dispuesto a atacar a su presa. La belleza de esa mujer lo tenía enloquecido. Su aroma era todo un deleite para sus fosas nasales. Era la primera vez que la veía con aquella hermosa melena suelta. Solo deseaba tocarla, enredar sus dedos en ellos. Poseer a tan hermosa diosa.

Mientras observaba la mirada de horror de la mujer que haría suya. Comenzó despacio a quitarse los primeros botones de su negra camisa. Dejando al descubierto su pecho bien marcado. La chica por instinto se aferro a su bata cubriéndose más ante la mirada fija del rubio.

Ahora ella no sabía qué hacer. Aquel demonio que estaba parado a solo unos pasos de ella era enorme. Ella solo podía pensar cómo detener a un hombre que media unos seis pies de alto y que sin duda era muy fuerte. Por Dios santo solo habia que mirarlo. Con cautela comenzó a mirar por la habitación buscando que podía usar para defenderse.

-Estas pensando cómo romperme la crisma…no es así—dijo con una sonrisa sínica.

-Si dijera que no sería una mentirosa—dijo respirando agitadamente.

-Por eso me gustas tanto—dijo con una sonrisa que en otras circunstancias hubiera provocado la ira de la chica. Pero ahora solo deseaba salir de esa habitación.

-Muérete maldito—

-Veamos que tienes mocosa—dijo con una sonrisa retadora dándole la oportunidad de defenderse.

De la nada la chica recordó enfocando su vista hacia el ropero en donde vio en el suelo un bate. Pero lamentablemente cuando miro al rubio el también tenia fija la mirada en el mismo lugar. Para luego mirarla con una sonrisa maliciosa. Sus miradas se encontraron deteniéndose el tiempo ante aquellos dos rubios.

En el momento que el rubio comenzó a caminar hacia ella. Candy corrió hacia donde estaba el bate. Pero el rubio se movió tan ágil como ella tomándola por la cintura levantándola por los aires. La chica se sacudía con violencia, pateando, gritando, tratando con todas sus fuerzas de soltarse. Albert la sostenía con firmeza llevándola hacia la cama en donde la puso poniéndose encima de ella.

La chica peleaba y gritaba como una fiera tratando de sacárselo de encima. Pero aquel demonio la tenía prisionera con su propio cuerpo. Buscando la forma de defenderse llevo una de sus manos hacia la parte baja del cuello del rubio. En donde con todas sus fuerzas enterró sus uñas. El rubio emitió un gemido de dolor, tomando las manos de la chica las llevo por encima de la cabeza de ella presionándolas con su mano.

La ira y los celos que sentía no lo dejaban pensar con claridad. Solo deseaba tomar a esa mujer como suya. Marcarla de por vida. Así que beso sus labios ferozmente pero debía imaginar que esa chica no se lo haría nada fácil. Tuvo que retroceder al sentir el fuerte dolor de su mordida. Clavo su mirada en ella mientras se saboreaba su propia sangre que corría como un hilito por su barbilla.

-Vaya sí que eres toda una fiera—decía el muy cretino.

-A la fuerza es la única forma que conoce para poseer a una mujer—dijo agitada aun tratando de zafarse.

-¡No! Nunca he tenido la necesidad de tomar a nadie por la fuerza. Pero tú me tienes mal mujer. No sabes cómo voy a disfrutar el domarte—dijo apretando los dientes por la excitación casi descontrolada que tenia.

Casi con violencia se lanzo al tierno cuello de la chica besándolo dejando rastro de su propia sangre en el. Su mano se movía por todo aquel cuerpo que aun luchaba por liberarse dejando ver sus hermosos atributos. Deslizo su mano por su muslo acariciándolo. Empezó a meter la mano por debajo de la bata hasta llegar a tocar su braga. En cuanto estuvo a punto de tocar su intimidad la suplica de ella lo detuvo.

-No por favor—dijo en un hilo de voz.

El rubio se separo un poco de la chica para mirar sus mejillas sonrojadas y aquellos hermosos ojos verdes que ahora se veían tan cristalinos por las lagrimas retenidas.

-Te vez hermosa cuando te sonrojas—dijo mirándola fijamente.

-Suéltame te lo pido…no lo hagas—dijo reflejándose en aquellos hermosos ojos azules que aun no podía creer que él pudiera llegar tan lejos.

-Te deseo Candy. No quiero que otro te tenga…que otro tome lo que anhelo…no lo permitiré…se mi amante—dijo con voz ronca acercándose a sus labios pero ella desvió la cabeza.

-¡Nunca!—la chica lo miro con tanto rencor que aumento la ira del rubio.

-Entonces será por las malas—dijo besando otra vez su cuello con desesperación bajando despacio hacia su pecho. Deseaba saborearla con todas sus fuerzas. Mientras su mano comenzó a bajar otra vez hasta llegar a su muslo. Esta vez no habría suplica que lo detuviera. Cuando iba a tocar lo que tanto deseaba el sonido de una camioneta lo volvió a la realidad. Maldiciendo por la interrupción la miro fijamente a los ojos.

-Te juro que concluiré lo que empecé y nadie me va a interrumpir ni a detener. Serás mía Candy White solo mía—dijo llevando la mano libre hacia el cuello en donde visualizo sangre en sus dedos…-Esto me dejara una cicatriz sin duda—

-Debí sacarte los ojos maldito demonio—dijo casi al borde del llanto. Pero el muy cretino solo le sonrió.

-Si he de llevar tu marca…tú llevaras la mía mi hermosa felina—dijo con una sonrisa que se le erizo la piel a la joven.

Sin decir nada mas tomo con firmeza la barbilla haciendo girar su cabeza dejando su cuello visible. Ahí en el hueco entre el cuello y el hombro Albert tomo con sus dientes la delicada piel mordiéndola. Candy soltó un grito de dolor derramando lágrimas que se perdían por sus cabellos. En cuanto sintió el sabor metálico en su boca paso su lengua por la herida saboreándola. Despacio se acerco a su oído para decirle.

-Esto es para que nunca olvides que me perteneces. Ahora tienes mi marca felina—dijo en un susurro soltándola al instante. Parándose tomo su gabán poniéndoselo dirigiéndose hacia la puerta.

-TE ODIO MALDITO DEMONIO…OJALA DESAPARECIERAS—en dos zancadas el rubio llego hasta ella tomándola con firmeza por la barbilla, mientras ella trataba con sus manos de que la soltara.

-Ódiame todo lo que quieras…solo aumentaras mi deseo. Pero nunca olvides preciosa que este demonio es tu demonio y tú estará condenada a estar en mi infierno…eso te lo puedo jurar—al finalizar esas palabras robo un beso de sus labios y se dirigió hacia la puerta otra vez. La chica se levanto cubriéndose tomando lo primero que encontró lanzándoselo. Pero en un ágil movimiento el rubio lo esquivo.

-Fallaste preciosa…no vemos—dijo tirándole una guiñada y con la mano le lanzo un beso.

-Te odio—dijo con los ojos llenos de lágrimas.

En cuanto Patty entro se quedo en una pieza soltando los paquetes que llevaba en las manos. Ahí estaba el rubio frente a ella poniéndose su gabardina y guantes. El rubio la miro de arriba abajo con una sonrisa sínica le paso por el lado saliendo por la puerta.

En cuanto la pelinegra salió del shock corrió escalera arriba buscando a su hermana mayor. En cuanto entro al cuarto la encontró sentada en la cama. Despacio Patty se fue acercando a la rubia que apretaba con fuerza los puños.

-¡Candy!… ¿Candy que paso? ¿Qué te hizo?—pregunto al ver que su hermana tenía sangre por su rostro, cuello y pecho.

-No me hizo nada gracias a ti—dijo mirándola a los ojos. La chica entendió que se refería a su repentina llegada a la casa.

-Pero…esa sangre—

-No es mía—entonces la chica recordó verle el labio partido.

-Candy debemos decirle a la abuela—dijo con un nudo en la garganta.

-¡No!—dijo parándose.

-Pero Candy…ese hombre no se detendrá…esto ha sido demasiado—

-No digas nada…hay demasiados problemas como para crearle uno más a la abuela. Te lo pido Patty no digas nada—la chica no dijo nada mas, solo fue donde su hermana y la abrazo con fuerza.

-Candy tengo miedo—dijo llorando.

-Yo también. Pero es mejor que la abuela no lo sepa. Tengo que ir al baño—dijo dirigiéndose al baño.

-Candy espera…no tenias una foto tuya en la mesa—dijo señalando el marco vacio.

-¡Sí!—la rubio sonrió con amargura porque era más que obvio quien la tomo.

-¡Candy!—

-No te preocupes Patty—dijo dejando a su hermana en el cuarto muy preocupada.

En cuanto entro al baño se miro en el espejo. Se sintió asqueada a verse la pequeña mordida que le dolía a morir. Aunque no era de gravedad de seguro le dejaría una pequeña cicatriz. Una maldita cicatriz que le recordaría lo que casi sucede. Con las manos algo temblorosas se limpio con alcohol la herida para luego bañarse.

Mientras se bañaba tratando de alguna forma borrar la sensación de esas caricias malditas de su cuerpo. Olvidar aquel demonio que desde ese día la estaba condenando. Cerro sus ojos mientras las lagrimas se mezclaban con el agua que corrían por su rostro. Mientras su mano tocaba lo que tenía en la parte baja del cuello recordaba esas palabras que de seguro jamás olvidaría.

-Nunca olvides que me perteneces-

Xxxxxxx

En cuanto salió de aquella casa una oleada de sentimientos lo azotaron. Nunca se había arrepentido de sus acciones. Pero por un momento se cuestiono que era lo que estaba a punto de hacer. Sabía que si aquella chica no hubiera llegado estaría en esos momentos tomando a esa mujer como suya. En verdad deseaba tanto a esa mujer que estaba a punto de cometer una locura. Hubiera sido capaz de hacerla su mujer a la fuerza.

En cuanto se monto en su auto condujo sin detenerse. Necesitaba salir de ese lugar o terminaría enloqueciendo. Mientras conducía metió su mano en su bolsillo en donde saco una foto de ella abrazando a un pony. Observando aquella hermosa foto que se había llevado se preguntaba en qué demonios se había convertido.

~Tienes razón mocosa…soy un demonio…un monstro. Pero no puedo evitarlo. Porque soy quien soy y al final tendré lo que quiero…a ti~ pensaba el rubio con la mirada fija en el camino.

Condujo sin detenerse hasta lograr salir de ese Estado. Necesitaba calmar el calor que sentía su cuerpo. Necesitaba alejarse de esa mujer que lo tenía embrujado hasta la locura.

Ya era altas horas de la madrugada cuando llego a Chicago. No quería ir a su casa, así que solo se dirigió a su apartamento. En cuanto entro se quito la gabardina, al encender la luz se llevo el susto de su vida.

-Demonios George te podría matar por eso—

-Lo siento señor supe que se había ido de Londres. Así que decidí esperarlo—

-No soy un niño…deja de cuidarme—

-Albert no olvides que tienes enemigos que desean tu mal—

-No te preocupes estoy bien—dijo quitándose la camisa dejando ver los arañazos. George que hasta ese momento no había notado el labio partido, abrió los ojos enormes.

-Por Dios que te paso en la boca y en el cuello—

-Tuve un encuentro con una felina de ojos verdes—la cara que puso George era de horror, no podía ser que fuera demasiado tarde.

-¿Que le hiciste Albert?—pregunto temiendo la respuesta.

-No le hice nada. Pero no porque no quisiera…sino porque su hermanita llego—

-Me lo dices así tan tranquilo—George no podía creer el cinismo de ese muchacho.

-Como quieres que te lo diga—dijo sirviéndose un whisky.

-Que era lo que querías hacer…robarle la inocencia a esa muchacha—dijo algo molesto.

-Porque no—George lo miro sorprendido.

-¡Que!—

-Dime porque no. Su padre le robo la inocencia a mi hermana…porque no robársela a su hija—

-Por Dios Albert escúchate...te desconozco. No sé qué cosa que crees que paso. Pero estas muy lejos de la verdad—

-Odio cuando me hablas con acertijos y no vas al grano—

-A lo que me refiero es que Damián no hizo nada de lo que tú crees. Tu hermana se enamoro de la persona equivocada…ella—pero el rubio no lo dejo continuar.

-Tu mismo lo has dicho…ella se enamoro de ese maldito y él se aprovecho—dijo apretando el vaso con fuerza quebrándolo.

-Que hizo Lady Elroy contigo—

-Hacerme fuerte—dijo sin mirarlo.

-Albert escúchame. Lo que Lady Elroy te haya dicho no es la verdad…estas cometiendo un error—

-Que no es verdad George…que error…dime—

-Las cosas no pasaron como tú crees—

-Porque paso lo que paso. Era un niño cuando lo conocí. Pero recuerdo como mi hermana me hablaba de ese maldito…la recuerdo suspirar soñando que se casaría con él…su risa, sus lagrimas…lo recuerdo todo. Pero lo más que recuerdo fue ese día cuando se despidió de mí y luego se suicido—dijo con un nudo en la garganta.

-Lo sé…también recuerdo ese día. Pero créeme cuando te digo que Damián White no tuvo nada que ver en la decisión de tu hermana…ella solo se—pero el rubio lo interrumpió con la mano.

-Entonces contéstame algo…si él no es culpable porque ella dejo una carta mencionándolo… ¿DIME PORQUE SE SUICIDO? ¿PORQUE LO HIZO?—dijo gritando eso ultimo.

George sabía que había llegado el momento de hablar. Cuando salió de Pennsylvania no había tomado aún una decisión. Sabía que en cuanto el supiera la verdad sería un golpe duro. Temía como fuera a tomarlo…que se derrumbara al instante. Por eso la pregunta era…si hablo estaré haciendo lo correcto.

-Albert escúchame—

-No ya no quiero escuchar nada más…estoy harto…estoy cansado de lo mismo—

-¡Albert!—

-DIJE QUE NO QUIERO SABER NADA. YA NO QUIERO HABLAR DE MI HERMANA. YA NADA ME IMPORTA MAS QUE ELLA. ESCUCHA BIEN ESTO…CANDY WHITE SERA MI MUJER…NI TU NI NADIE ME LO VA A IMPEDIR—grito el rubio dirigiéndose a su habitación…-Cierra la puerta cuando salgas—dijo sin mirarlo cerrando la puerta con un fuerte portazo.

George solo se quedo en silencio parado en el mismo lugar. El paso ya había sido dado por el rubio. El amor que sentía por esa chica lo estaba llevando a un punto de no retorno. Sabía que era cuestión de tiempo que Albert completara lo que inicio. A menos que el aceptara sus sentimientos seria su perdición y la destrucción de la joven.

Por eso necesitaba desarrollar el plan de Edward Andrew. Podía ser la locura más grande que había escuchado. Pero podía ser la solución y la salvación de ese hombre al que apreciaba. Por la memoria de William Andrew ya sabia que hacer.

Hola chicas hasta aquí el capitulo 14

Espero no haberlas decepcionado y para el próximo capítulo habrá una propuesta muy pero muy inesperada. Muchas gracias por todos los comentarios.

Un fuerte abrazo

Ladycat