CAPÍTULO 14
No fue consciente de en qué momento supo que debía detenerse. Pero debió ser cuando empezó a darse cuenta de que sus latidos eran cada vez más débiles, o quizás cuando sintió que se derrumbaba sobre él. Pero ahora, mientras la observaba dormida plácidamente, eso ya no importaba.
El caso es que lo había hecho. Había parado justo cuando debía hacerlo y a pesar de todo, se sentía en paz consigo mismo por ello. Aunque sabía que esa paz no duraría mucho tiempo.
Lo primero que hizo fue llamar a Hugo. La llevó a su casa en su propia moto. Sujetándola para que no cayese. Y una vez allí le pusieron bolsas de sangre hasta que sus mejillas empezaron a recuperar el color.
Después cogió el coche de Hurley y condujo durante toda la noche hacia las montañas. Hugo poseía una pequeña casita de madera junto al lago. Iba allí durante sus vacaciones, y según decía, en esta época del año habría nieve todavía.
Cuando divisó el pueblecito desde la carretera supo qué es lo que buscaba Hugo exactamente en ese lugar. Tranquilidad.
Era un sitio pequeño, un lugar casi despoblado en invierno que reviviría en verano ante el reclamo del turismo. Era un paraíso ideal para desconectar, y pensó que se llenaría de ejecutivos estresados que se dedicarían a pescar y hacer senderismo para olvidarse del trabajo.
Por suerte para ellos dos ahora no habría demasiada gente allí. Y gracias a Hugo tenía asegurado el suministro de alimento. A una hora de camino de allí había otro pueblo más grande y el contacto de Hugo trabajaba en su hospital.
Kate se revolvió ligeramente sobre las sábanas y él volvió a tomarle el pulso como había hecho en innumerables ocasiones durante las últimas horas.
Estaba bien. Cada vez más fuerte. Sólo necesitaba descansar y alimentarse contundentemente cuando despertase.
Había comprado algo en una gasolinera, pero sin duda necesitaría ir al pueblo a por comida en condiciones, aunque de momento no pensaba dejarla sola. No hasta que estuviese completamente seguro de que nadie les había seguido.
Apartó un rizo que caía sobre su rostro y sonrió. Parecía tan frágil y desvalida… Pero había acabado ella sola con un vampiro de más de seiscientos años contra el que él mismo no tuvo ninguna oportunidad. Y no contenta con eso le había salvado su propia vida aún a riesgo de perder la suya.
La amaba como nunca pensó que fuera capaz de amar, y supo que jamás dejaría de protegerla y cuidar de ella. Si en algún momento ella quisiera dejarlo y seguir con su vida él no se lo impediría, pero estaría siempre en la sombra. Vigilando que nadie le hiciera daño. Jamás volvería a pensar en marcharse.
Se lo debía, pero no lo hacía únicamente por la deuda que tenía con ella, sino porque lo necesitaba.
Cuando despertó los rayos de sol cegaban su vista. Se incorporó en la cama con dificultad intentando averiguar dónde estaba.
La estancia era pequeña pero muy acogedora. La cama grande y robusta, estaba coronada por un cabezal de madera color cerezo. Había dos mesillas de noche del mismo color, y frente a ella, una cómoda con un espejo encima que reflejaba su rostro pálido y ojeroso.
Desvió la vista y observó un armario a su izquierda bastante antiguo. Pero esa habitación parecía sacada de un cuento. Los colores cálidos y tostados se iluminaban con la luz que entraba por la ventana y se fijó en las antiguas vigas que se mostraban en el techo.
Se sintió desconcertada al encontrarse allí sola, pero el lugar la llenaba de paz y tranquilidad. Toda esa quietud, el sonido de los pájaros en el exterior, y la bonita atmósfera que la rodeaba, se desvanecieron cuando vinieron a su mente las imágenes de todo lo ocurrido durante la noche.
La lucha feroz que había presenciado, el temor ante la muerte de James, la certeza de lo que estaba ocurriendo… Había matado a un vampiro y amaba a otro.
Las lágrimas acudieron a sus ojos y decidió abandonarse a ellas sollozando. Se sentía débil y sin fuerzas para sostenerse y por primera vez en su vida estaba asustada.
James se detuvo en la puerta y cuando comprobó con un vistazo que no había ningún peligro supo que él era el causante de sus lágrimas. Sintió una punzada de dolor que le atravesaba el pecho y desvió la mirada hacia la taza que tenía entre las manos.
- Estaba en la cocina- dijo tímidamente- Bueno, no se me da muy bien, pero calentar leche no es demasiado complicado. Deberías tomártela.
Se acercó despacio, como si temiera que ella fuera a marcharse asustada en cualquier momento y le tendió el tazón que ella cogió sin decir nada.
Metió las manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros para resistir el deseo de abrazarla y observó cómo bebía a pequeños sorbos.
- Supongo que necesitas tiempo- dijo él incómodo- así que estaré por aquí fuera. Tengo que partir leña porque por la noche hace bastante frío aquí, pero sólo tienes que llamarme, de acuerdo? Ya sabes que tengo buen oído- dijo con una sonrisa triste en los labios
Emitió un suspiro cuando se cerró la puerta tras él y siguió bebiendo la leche que le había preparado. La hizo entrar en calor y se sintió bastante mejor de lo que se había sentido al despertar.
Se levantó sujetándose a la cama y entró en un pequeño cuarto de baño. Su aspecto era bastante lamentable- pensó mirándose al espejo
Después de asearse volvió al dormitorio y buscó sus ropas pero no había nada. Llevaba únicamente una camiseta enorme en la que entrarían dos tipos del tamaño de James.
Sin tener muy claro todavía qué se suponía que tenía que hacer ni dónde podía estar, se asomó a la ventana y vio cómo él estaba partiendo leña. Debían estar en algún lugar perdido en medio de las montañas, pero lejos de sentirse asustada por estar con un vampiro a kilómetros de cualquier ser humano, se encontraba mucho más tranquila.
La leña se partía como si fuera mantequilla ante sus golpes y no pudo evitar sonreír aliviada al comprobar que estaba plenamente repuesto. Era todo tan extraño- pensó
Resultaba increíble recordar cómo se había transformado en una bestia furiosa, y ese ser era el mismo que le había traído la leche y la había mirado con preocupación y ternura. El mismo ser que sin duda, la habría llevado allí para que estuviera a salvo y se había ocupado de cuidarla.
Era un monstruo, si. Podría ser un asesino. Pero amaba a esa "cosa" que estaba partiendo leña para que ella no tuviera frío durante la noche. Así que más le valía tratar de entenderlo y asimilarlo porque era lo que había. Uno no elige a quién ama- pensó
La nieve cubría todo el paisaje como un manto pero supuso que no debía hacer demasiado frío, ya que lucía el sol y James estaba en camiseta. Aunque bueno, los vampiros eran sensibles al frío?- se preguntó
Así que cogió una manta que encontró en la cómoda, se envolvió en ella y salió al porche.
- Pero qué demonios haces levantada? Entra dentro que vas a coger frío!- dijo James frunciendo el ceño
- De cada cinco veces que hablas tres son para gruñir- dijo ella sonriendo mientras lo observaba volver cargado de troncos
- Es que no tienes cabeza, pecas- dijo él
- Eso seguro- dijo ella sentándose en el sofá. De haberla tenido se hubiese apartado de él en el mismo momento en el que lo conoció. Aunque no sabía lo que era siempre supo que era peligroso y que le traería problemas.
Lo cierto es que apenas podía mantenerse en pie. Jamás en su vida se había sentido tan débil. Era como si sus piernas no fueran capaces de soportar su propio peso.
James colocó la leña en la chimenea y prendió un fuego que calentase la estancia. Ella debía tener frío y hambre. Y todo por su culpa- pensaba
Había estado muy cerca de morir. Demasiado cerca. Y ahora su vida iba a dar un vuelco para el que posiblemente no estaba preparada. Pronto llegarían preguntas a las que él tendría que responder. Y debería hacerle entender la realidad. Su vida ya no sería la misma. Ahora debería esconderse y huir porque ya no volvería a estar a salvo nunca.
Sabía que eso la mataría. Él sabía lo que significaba su carrera para ella. Pero ahora ya no había vuelta atrás. Lo hecho estaba hecho y es cierto, todo fue por su culpa. Por meterla en su vida, por no tener el valor de dejarla ir. Ahora lo único importante era mantenerla a salvo.
Y llegó la primera pregunta. Aunque esta no fue complicada de contestar.
- El fuego no os mata?- dijo ella con curiosidad
- Igual que a vosotros- contestó él
- Bueno, ya pero os mata de verdad… quiero decir…
- Se lo que quieres decir- interrumpió él- Te preguntas si el fuego acaba con un vampiro o si no nos afecta como las balas o los cuchillos
- Lo que quiero saber es qué tengo que hacer la próxima vez que aparezca uno- dijo ella molesta ante la actitud fría y distante que él mantenía
James se levantó y se cruzó de brazos, enfrentándola con la mirada
- Tienes uno delante- dijo con el rostro inexpresivo- El fuego y como tú misma has descubierto, la madera en el corazón. Las balas de plata son un invento de la tele.
- Se puede saber qué demonios te pasa?- dijo ella mirándolo enfadada
- Estoy contestando a tus preguntas. Supongo que tendrás muchas más- dijo James sin inmutarse
- Y eso te extraña? Te cabrea que tenga preguntas?- dijo Kate sorprendida- No es lo mínimo que puedo tener, preguntas?
- No. Y estoy dispuesto a contestarlas todas. Es más, creo que has hecho la más importante. No puedes volver a dejar que haga lo que hice. Tienes que saber cómo destruirnos llegado el momento- dijo él
- James… No era por ti. Es sólo que todo fue tan horrible... Esa bestia no se moría a pesar de que vacié el cargador y...
- Ahora ya sabes cómo deshacerte de las bestias- dijo él entrando en la cocina- Te haré algo de comer.
Kate se recostó en el sofá mirando al techo. Tenía unas profundas ganas de llorar por la impotencia que sentía. No entendía a qué demonios venía esa actitud. Era evidente que estaba enfadado o dolido, pero ella no tenía la culpa de nada. Maldita sea! Si tan solo tuviera un poco más de fuerza se habría levantado y le hubiera chillado, se largaría de allí. Pero apenas podía sostenerse en pie y era incapaz de empezar una discusión.
De modo que optó por acurrucarse cubriéndose con la manta y reprimió las lágrimas que luchaban por salir.
Poco rato después apareció James con un bocadillo que llevaba más fiambre que pan y un vaso de zumo .
- Come- dijo tendiéndole el plato
A pesar de que aquello era una orden, su expresión se había suavizado. Se sentó frente a ella mientras observaba cómo daba pequeños mordiscos al bocadillo. En el fondo tenía hambre, y sabía que comer era la única manera de reponerse. Así que dejó de lado el orgullo y dio buena cuenta de la comida.
- Siento lo de antes- dijo él mientras terminaba de comer- Nunca debí permitir que las cosas llegasen hasta este punto, Kate
Ella lo miró a los ojos con expresión distante. Cogió el zumo, se lo bebió de un trago y se levantó con dificultad.
- Quiero descansar- dijo secamente
- Claro- dijo él tímidamente. Se levantó y la siguió a cierta distancia hasta el dormitorio. Temía que en cualquier momento las fuerzas le fallasen y se desplomase en el suelo, pero era incapaz de acercarse a ella o de tocarla.
Se detuvo en la puerta.
- Estaré aquí por si quieres algo- dijo mirándola a los ojos
- Lo que quiero es que te vayas al infierno- dijo ella con rabia mientras cerraba la puerta en sus narices.
- Ojalá pudiera- pensó él apoyando la cabeza contra la puerta
