Se pudo ver un montículo hecho de muchas raíces secas en un suelo árido. Enseguida de ellas hubo unas cuantas bayas rosas amarradas con un listón negro.

–Insisto en que debemos cambiar de táctica –dijo Kable recostándose sobre un montón de paja.

Light y Kable se encontraban en la casa de Light.

–Pues sí, pero, ¿qué podemos hacer? Todo el equipo se ha enfrentado a los calabozos sin éxito. Xen y Gunpei casi no regresan de la última misión en el calabozo del Mar Agua Mojada –dijo arrestándose de un lugar a otro tratando de pensar sobre el asunto.

–Podríamos ir nosotros juntos a las misiones, como los viejos tiempos.

–No, Kable. El equipo nos necesita aquí. Si nos pasara algo, toda la organización caería.

En una cueva con paredes como espejos, decenas de bultos azules con ojos cerrados se lamentaban en el suelo. Tenían varias marcas de raspones y, aunque trataban de ponerse de pie, casi no podían moverse.


–Vaya, Xen, te ves terrible. –dijo el pokemon narigón tipo planta mientras le entregaba una bolsa llena de semillas.

–Gueim, eres un shiftry con muchas agallas como para decirle eso a una pokemon que puede derrotarte de un solo movimiento. –Ella le respondió sin expresión alguna.

Ambos se encontraban en la tienda. Gueim detrás del estante y Xen en el otro extremo. Xen tenía su plumaje lleno de manchas café de tierra y un par de moretones en las alas.

Gueim, al ver su reacción, de inmediato se disculpó impulsado por miedo puro–¡Oh, lo siento!

Xen suspiró y dio media vuelta. –No importa. Últimamente he estado en tantas misiones sin éxito que ya perdí la cuenta.

–Tal vez esto te alegre el día. Más temprano vino tu amigo el psyduck. Me compró todas las bayas persim que tenía.

Un escalofrío recorrió la espalda de la pájara gris al escuchar esas palabras.


–Hay que aceptarlo. Estamos estancados con todo esto. Tal vez sólo debamos dejar de intentarlo. –Afirmó Kable.

–No podemos hacer eso. El pueblo confía en nosotros, no podemos decepcionarlos. La verdad, no podemos permitir que los calabozos se extiendan cada vez más, incluso el pueblo entero podría convertirse en un gran calabozo si todo esto sigue como hasta ahora. –respondió Light pensando en voz alta. –Necesitamos algo más, una nueva opción.

–Que tal una vieja opción, pero renovada.

–¿Hablas de Ke? Hace meses que no sabemos nada de él. Ni una visita, carta, mensaje. Bien podría haber muerto.

–Yo creo que él está bien.

–Aún si él está bien, no hay forma en que podamos saber dónde se encuentra. Sólo detrás del Laberinto Contraataque, que de todas formas no podríamos cruzar. Desde hace tiempo que los wynaut de ahí se volvieron más fuertes y resistentes. Es una causa perdida, tal vez ni siquiera lo volvamos a ver.

Kable y Light salieron de la casa. Ambos con una bolsa de tela colgada de la espalda y una pañoleta rosa amarrada al cuello.

–¿Me cubrirás la espalda? –preguntó Light viendo hacia el frente.

–Siempre, viejo amigo. –contestó Kable con voz seria.

Dieron un paso al frente cuando una tercera voz se hizo presente.

–¿Piensan ir a una misión sin el miembro más fuerte del equipo? –dijo esta voz en un tono arrogante.

Kable y Light voltearon su mirada para toparse con el pato amarillo. Su apariencia… se veía exactamente igual que siempre, con una excepción. Su mano derecha estaba totalmente cubierta con vendas blancas y llevaba una pequeña bolsa de cuero colgando al hombro.

Light se arrastró rápidamente hasta el pato casi tacleándolo. –¡Ke! ¡Cielos, pensé que nunca te volvería a ver!

–Ja, Light, este pokemon no es tan fácil de detener.

Kable lo vio sin expresar mucha emoción, pero había algo en sus ojos, ¿felicidad?, era difícil de descifrar. Kable únicamente hizo una pequeña reverencia a forma de saludo y Ke asintió con la cabeza.

–Ke, ¿cómo lo hiciste? ¿Cómo es qué regresaste? –preguntó Light.

–Bueno, derroté a esas cosas azules de la grieta.

–¿Los wynaut del laberinto? ¡Pero si ahora son más fuertes que antes! ¡¿Además, cómo es que pasaste a través de ellos si sólo golpear uno afecta a todos los demás?! –Argumentó Kable en incredulidad.

– Pues, todo es más fácil si derrotas a todos los que estén alrededor de ti de un solo ataque. No fue fácil descubrirlo, me tomó un par de días, pero después de eso, los otros dos pisos fueron como un paseo por el parque. Excepto el último bulto azul, el más grande, ese casi me derrota.

Light y Kable tenían los ojos abiertos como platos.

–¿Quieres decir que tú solo acabaste con el calabozo? –cuestionó Light.

–Sí. Hablando de eso, les tengo un regalo. –Ke metió su mano izquierda en su bolsa y sacó una llave color azul que colocó en el suelo frente a ellos dos. –Se le cayó a ese último pokemon cuando lo derroté.

Kable le dio un buen vistazo. –Ke, ¿sabes qué es esto? Esto podría ser lo que estábamos buscando para… –Él se percató que el pato amarillo ya no estuvo y frente a ellos un espacio vacío quedó –¿Ke?

A unos metros de distancia, la pájara gris arrastraba al pato con su pico mientras volaba. A lo que el pato sostenía el pico de la pájara con la mano izquierda a la vez que hacía resistencia con sus patas en el suelo para evitar ser derribado.

En un punto, el ave gris se soltó de su mano y aleteó con fuerza creando un viento que arrastró aún más al plumífero amarillo.

–Oye, Xen, tranquila –dijo él mostrándole la palma de su mano izquierda.

–¿No es obvio? Estoy tranquila. –Comentó ella en su mismo tono sin emociones y subió un par de metros sobre el cielo para dirigirse en picada hacia Ke.

El pato esquivó el ataque por centímetros y la pájara se estrelló contra el suelo. Ella se puso de pie, extendió bien sus alas y puso su pico por delante.

–Hm, con que así va ser… –Murmuró Ke mostrando las garras de su mano izquierda.

Mucho tiempo pasó entre picotazos y arañazos. A veces lograban esquivar sus ataques, pero uno que otro producía gritos de dolor y heridas que definitivamente dejarían una marca.

–Ya basta, Ke. –Expresó Xen. –No estás usando toda tu fuerza. Estoy segura.

–Tú tampoco, se ve que estás muy cansada –dijo Ke bufando.

Xen se recostó en el suelo para descansar. –Debo admitir que estoy sorprendida.

–¿Por qué detuve la mayoría de tus ataques?

–No. Por el hecho de que después de haber entrenado tanto tiempo con un weavile no tengas cortes graves en el cuerpo.

–Sí, así soy –dijo el pato fanfarroneando, mientras que su espalda se vio repleta de grandes cicatrices de cortes profundos en el cuerpo.

–Tsk, para mí sigues siendo un novato.

–No te confundas, Xen. Aprendí mucho en este tiempo y te demostraré lo fuerte que soy –El pato demostró su confianza y dando un paso al frente se tropezó sin previo aviso, golpeándose fuertemente la cabeza contra la tierra –Psyaa… –dijo en voz baja.