CATORCE.
Viernes por la mañana, muy temprano… dos autos se disponían a partir. En uno de ellos iría Candy con su hermano y Terry; en el otro Zack, Flammy y Larry.
—Por cierto chicos, gracias por invitarnos.—agradeció Zack mientras esperaban apoyados en los vehículos, que Flammy apareciera.— Aunque si no lo hubiesen hecho me habría colado igual.—añadió riendo.
—Los platillos que prepara Carol son de lo mejor.—admitió Larry.
—Estoy de acuerdo con eso.—dijo Terry recordando las tartas y muffins que preparó tantas veces. La repostería era la especialidad de la señora White.— Pero no creo que Carol cocine para tanta personas.
—Aun no entiendo cómo hice todos estos años para aguantar a estos idiotas interesados.—dijo Cody sin quitarse las gafas oscuras.
—Recuerdo cuando éramos unos adolescentes y molestábamos a Cody sobre Candy. —recordó Zack.
Candy se inclinó un poco para mirar y escucharlo mientras contaba la historia.—Cuando éramos pequeños, no nos preocupábamos porque Candy era totalmente como nuestra propia hermana pequeña… pero entonces creció y cada vez que alguno de nosotros hacía un comentario al respecto, Cody se ponía todo "no la mires, no la toques. Si encuentro que lo hiciste, romperé tus piernas, y nunca serás capas de regresar a mi casa de nuevo".—dijo imitando la voz de su amigo.
Los chicos rieron y al igual que ella.
—Para que conste, no me habría importado tener mis piernas rotas.—dijo Larry con una pícara sonrisa, mientras sus ojos azules iban hacia la rubia.
—Será mejor que no lo vuelvas a mencionar ésto delante de Flammy si no quieres conocer su lado malvado. —dijo la pecosa haciendo una cara terrorífica.
—No eran las piernas rotas el problema; ¡Era la prohibición de la casa!—dijo con gran dramatismo Zack—¡Él tenía los mejores padres! No es que me estoy quejando de los míos. Nosotros prácticamente vivíamos en esa casa y Carol nos hacía los más ricos pasteles. —rió. Luego tomó un sorbo de su café de Starbucks. — Y yo tenía unas buenas piernas de corredor en ese tiempo, así que no podía arriesgarme por una chica. Lo siento, Can.
—Créeme, yo no lo siento. —dijo Larry encogiéndose de hombros y Candy negó con la cabeza mientras reía.
—Mi hermana sabía que debía quedarse lejos de ustedes, idiotas. Ninguno era ni es bueno para ella. —dijo Cody, tomando una donout llena de crema de queso y cubierta de caramelo.
Los ojos verdes de la mencionada se encontraron con los azules de Terry a tiempo para verlo estremecerse por las palabras de su amigo. Sus miradas chocaron, y un millón de cosas corrieron a través de la mente de la rubia.
—Pregunta seria. —anunció Larry, sacudiendo la atención de ella hacia él—… Al crecer, ¿Quién dirías que es más tu tipo?
Ella intentó no reír de la pregunta y de la cara que hizo su hermano.
Cody siempre había sido "El chico", el chico al que todas querían y quieren llevar a un partido y salir a una fiesta o bar. Al igual que Terry, Zack y Larry, todos eran muy similares en ese sentido. Fuera de los cuatro, Zack era el único a quien le duraba un noviazgo un poco más de una o tal vez tres semanas, mientras que los otros solo eran por una noche. Ni siquiera recordaban sus nombres. Ninguno de ellos habían tenido algo serio hasta el momento.
Miró a Terry, quien siempre había tenido esa manera fácil sobre él, desde la sonrisa perezosa hasta el cabello castaño despeinado que te hacía querer correr los dedos a través de él. Tenía una forma de mirar que te hacía sentir como si fueras la única mujer en la habitación. Y esos
hoyuelos… Dios, esos hoyuelos. Todas sus amigas querían salir con el inalcanzable Terrence Grandchester.
Y por último estaba Larry. Era todo un personaje. Era tan guapo como ellos y tan mujeriego como su hermano y mejor amigo.
—Sí, Pecas —dijo Terry, dándole una lenta, sexy sonrisa mientras sus ojos se desprendieron de su boca hacia los ojos—. ¿Quién era más tu tipo?
Ella le disparó una mirada antes de rasgar sus ojos de los suyos hacia Zack, quien la observaba con diversión.
—¿Honestamente? Zack —dijo, encogiéndose de hombros.
—¡Boom! —gritó el elegido—. Joder, ¡siempre lo supe! Así que, ¿podrías haberte enganchado conmigo?
—No dije eso. Sólo dije que tú eras más de mi tipo —dijo riendo. No mencionó que él era del tipo de casi todas las chicas adolescentes en ese
momento.
—Y ésto es exactamente por qué tuve que amenazarlos —comentó Cody.
Candy rió abiertamente de la cara de su hermano y luego saltó cuando sintió una mano deslizándose sobre su lado izquierdo del muslo ya que el vestido corto que llevaba le llegaba por muy arriba de la rodilla.
—¿De verdad? — le susurró Terry, luego puso ambas manos sobre su corazón como si estuviera herido. Ella sonrió y sacudió la cabeza negando.
—No.—dijo bajito.
—Mas te vale. Por cierto, me gusta lo que llevas puesto. — señaló su vestido corto gris con rayas negras horizontales combinado con unas converse blanca.
—Sé que lo hace. —respondió con un guiño.
—Dejemos la conversación de salir con mi hermana y, Larry ve a buscar a tu chica. —dijo Cody, dándole a cada uno de los chicos una larga y puntiaguda mirada.
—Aun no has respondido a mi pregunta. —dijo Terry, tan pronto como vió que Cody se apartó de su lado.
—Bueno, para empezar, no podía pensar con tus ojos quemando agujeros en el lado de mi cara, y eres mi segunda opción para más mi tipo, así que… —se encogió de hombros y le destelló una sonrisa. Se miraron el uno al otro por un largo momento antes de que sus ojos azules cayeran a su boca.
—Me parece recordar un orden diferente en la jerarquía. —le susurró con voz ronca al oído, haciéndola temblar.
—Por supuesto que si.—susurró de vuelta, su corazón hizo una doble voltereta en su pecho.
—Es verdad. —se movió más cerca así su brazo se presionó contra el de ella.
En eso apareció a quién esperaban.
—¡Era hora!—dijeron todos.
Ella los ignoró.
—No puedo creer. Una fiesta blanca en los Hamptons. Tus padres son geniales.—dijo con gran entusiasmo Flammy.
—¿Geniales? ¿Por qué mis padres querrían festejar allí? Por Dios Flam, sabes cuánto odio tener que cambiar todo a último momento. Por qué no me lo dijeron antes.—estaba molesta con sus padres.—... Pensé que solo sería algo más… íntimo. Ella dijo que se haría en casa y a última hora nos avisa que hay cambio de planes. Estoy segura que hasta me eligió un vestido.
—Como sea. Ya vamos.—dijo Cody de un pésimo humor por el mismo motivo.
Todos se dirigieron a sus autos.
—Hey Candy, ¿Estás segura de que quieres ir con tus guardaespaldas?.—gritó Zack mientras subía al auto.—Yo soy mas tu tipo.
—Cállate y súbete de una vez si no quieres que te lleve en el baúl.—gritó Cody.
El joven río fuertemente.
—Conduciré hasta allí, si quieres —le propuso Terry a Cody cuando todos estaban ya en sus coches. —. Sé que no has dormido todavía. Puedes conducir de regreso.
Cody aceptó encantado.
Terry abrió la puerta del lado del conductor.
Candy subió al asiento de atrás del lado del castaño. Sacó su iPhone y conectó los auriculares. Terry por su parte encendió la radio y Cody colocó su asiento hacia atrás y movió sus pies
sobre el salpicadero.
—No me despierten hasta que estemos allí —dijo, aunque más bien fue una orden. Luego puso su gorra sobre sus ojos.
Candy echó un vistazo a Terry, que estaba ajustando el espejo retrovisor. Se dió la vuelta y miró detrás de ellos para retirarse del lugar, y sus ojos se encuentraron con los de ella.
—¿Estás cómoda? —preguntó.
—Si.—respondió.
Él se dió la vuelta y puso el coche en marcha, la miró nuevamente por el espejo retrovisor regalándole un guiño.
...
Transcurrió una hora de viaje y el movimiento del automóvil acompañado de los ronquidos de su hermano estaban causándole dolor de cabeza. Se quitó los auriculares. Apoyó la cabeza hacia atrás y subió los pies sobre la consola entre Terry y Cody. El castaño miró hacia ella por el espejo retrovisor y sus ojos se sintieron como si fueran manos, corriendo por cada centímetro de ella. Candy le sostuvo la mirada por no más de dos segundos y luego él se volvió hacia la carretera.
Él sonrió. Ella continuó mirándolo por el espejo retrovisor.
Al segundo, él también la estaba mirando. Le dió un guiño y gesticuló:
—Hermosa.
Y ella sonrío, divertida.
Él también lo hizo.
Siguieron jugando así por unos minutos más.
Luego él se volvió a centrar de vuelta en el camino, pero su sonrisa se mantuvo durante varios segundos.
—Aun nos falta más de una hora y no encuentro cómo posicionarme.
—Relájate cómo lo hace Cody.—dijo señalando a su copiloto.
—Cody puede hasta dormir sobre una roca y lo encontrará cómodo como si fueran plumas.
Ambos rieron.
Luego él castaño vió de reojo los pies de su chica. Bajó su brazo y sus dedos se envolvieron alrededor del pie descalzo.
—¿Estás bien? Trata de dormir un poco. —dijo.
Su mano todavía estaba envuelta alrededor del pie. Su pulgar se movió en círculos, masajeando lentamente. Acariciando un lado de su pie.
Ella encontró su mirada en el espejo y se mordió el labio inferior, lo que provocó que él presionara más su pies.
Candy tuvo que moder el interior de su mejilla para no sonreír.
—Se… siente bien.—admitió ella.
—Estoy seguro que sí.
Cody se removió en el asiento y Candy rápidamente bajó sus pies.
—¿Ya llegamos?—preguntó aún con los ojos cerrados.
—No. Aún nos queda como una hora de viaje.—respondió Terry.
—Mierda. Tengo el culo amortiguado. —se quejó.
—¿Quieres Yummy, Skittles, Kit Kat o m&m? Ah también tengo los Nerds. Tu eliges.—dijo Candy sacando varias golosinas de su mochila.
—No tienes algo más sólido. No se ¿unos muffins o papas?
—No.—dijo encogiéndose de hombros.
—Yo quiero los Nerds. ¿De que sabor tienes?—dijo Terry.
—Fresa y limón.
—Pásame.
Candy le tendió la cajita.
—¿Cómo pueden comer eso? Duelen las mandíbulas al meterlas en la boca. Son demasiados ácidos.
—Me gustan.—respondieron ambos al unisono. Luego rieron.
—Pruébalos. Te gustarán.—dijo la rubia a su hermano y le entregó una cajita sabor uvas.
Dudoso, el joven rubio abrió el paquete y vertió unos cuantos en la boca.
—¡Mierda!—rió ante los sensación ácida y en su boca.— No está tan mal.
—Te lo dije.
El tiempo restante pasó rápidamente entre música y charla, al igual que las golosinas las cuales los dos chicos devoraron antes de llegar.
…
..
.
Apenas estacionaron en la entrada de la casa, Caroline abordó a sus hijos con abrazos y besos sumados a un millón de preguntas con las que los jóvenes no querían lidiar.
Mientras los demás llevaron todas sus cosas a las habitaciones, Cody aprovechó la situación para rápidamente escabullirse ayudando a su padre y, dejando sola a su hermana con su madre.
—¿Has estado comiendo bien?—cuestionó luego de soltarla del largo abrazo mientras caminaban hacia la casa— ¿Cómo ha sido vivir teniendo solo a tu hermano? ¿Conoció a alguna chica que le interese? ¿Él está comiendo bien? Y tú… ¿Has conocido a algún chico interesante? ¿Sigues en contacto con este chico… cómo se llamaba...?—trató de recordar el nombre?—… oh sí, Jeisson. Ah, lo más importante ¿Cómo vas en el estudio? Siempre has sido muy aplicada con tus cosas así que supongo que...
—Mamá por Dios. Respira.
La mujer se rió y su hija negó con la cabeza.
—Te extrañé tanto.—dijo su madre tomando ambas manos de la joven.
—Oh, mamá. Yo también. Pero ya ves. Estamos muy bien.
—Tengo que admitir que lo están. Pero de seguro debes extrañar mis comidas. Nuestras charlas.
—Claro que si, mamá.
— ¡Bien, vamos a alimentarte! Y me cuentas todo.
Lo que por supuesto hizo, solo comer y evitar algunas confesiones.
La llevó hasta la cocina. Le tendió un plato con waffles cubierto de salsa de frutos rojos, crema y trozos de frutas. También muffins de arándanos. Candy se sentó en la mesa del comedor con vistas al gran patio trasero donde se encontraba una enorme piscina regular. La casa era enorme, tenía seis habitaciones cuatro en la planta alta con amplias ventanas y dos baños. En la planta baja estaban dos que serían ocupadas por las parejas mayores, sus padres y los de Terry, también un enorme sala comedor, la cocina y un baño en cada cuarto. Además de una biblioteca y un sótano el cual había Sido redecorado colocando un sillón largo en La, una enorme pantalla y una mesa de polo, sumado a un mini bar.
La casa la utilizaban para pasear los fines de semanas o en vacaciones.
—Cody dice que has estado saliendo mucho con Terry.—comentó su madre, utilizando su voz indiferente, como si la curiosidad no coloreara los
matices de su voz.
Ella gimió. Y metió un gran bocado en su boca.
—Cofdy es tan molefsto.—dijo con la boca llena.
—Traga. Te vas a ahogar.
Bebió un trago de jugo y continuó.
—Terry solo me lleva al departamento cuando dejo el auto a Flammy. Y salimos como siempre. ¡Gran cosa! —su risa hizo que sus ojos se giraran a ella—. ¿Qué?
La mujer se encogió de hombros.
—Tu hermano no pensaba nada de ello. Yo solo comenté. Es raro que no esté con alguien, ¿No lo crees?
—No.—dijo frunciendo el ceño.
—Pensé que lo hacías. Siempre hablabas de lo jugador que era.
—Porque lo era.—dijo, dándole una mirada incómoda y haciendo énfasis en la última palabra.
—¿Y ahora?
Se quedó mirándola por un rato, sus manos jugaban con la servilleta sobre la mesa. Estaba acostumbrada a contarle todo, pero por alguna razón, no podía hablar con ella sobre Terry. Simplemente no podía. Él era como un tercer hijo para su familia. Terry prácticamente había vivido con ellos mientras crecía. Además su madre no era la mejor guardando secretos.
—No lo sé, mamá —dijo finalmente—¿Qué quieres que te diga?, no lo sé. Estoy segura de que Cody puede decírtelo mejor que yo.
—Pero tú también hablas con él.
—Sí, ¿y?
—¿Tiene una novia? ¿O novias?—preguntó ella, rodando sus ojos.
La joven no sabía cómo evadir ya a su madre. Sintiendo sus mejillas sonrojarse.
—Tú lo conoces. Coquetea con cualquier cosa que camine. Las chicas lo siguen donde quiera que va al igual que a Cody, Zack o Larry.
—Son chicos apuestos pero ...¿Crees que se acuesta con todas ellas?
Sus verdes ojos se abrieron ampliamente.
—¡Está bien!—levantó sus manos en rendición— Ésto se está poniendo un poco incómodo, y de nuevo, no lo sé.
—A veces los chicos como él tienen una mala reputación, ¿no lo crees? Quiero decir, siempre ha sido un buen chico.
La rubia hizo un movimiento evasivo con sus manos.
—No… no me importa. ¿Por qué hablamos de esto?... Además Terry no es un mal chico.—sonó molesta. Y tomó un gran trozo de muffins y lo metió a su boca.
Su madre sonrió, ampliamente, y ella se hundió en su asiento.
—Sabes que puedes hablar conmigo… de todo.
Ella tragó.
—Realmente no lo sé, mamá. —dijo. Llevó la su plato al fregadero y dejó correr agua — ¿Cómo está papá? ¿Por qué decidió festejar aquí? —le preguntó, tratando de cambiar de tema.
Su madre sonrió. Era una sonrisa de complicidad, y candy absolutamente odio esa sonrisa. Sabía que nunca tenía que decirle nada, porque era su mamá. Y como tal la conocía bastante para suponer que ya lo sabía. "Ya lo sabía"
Candy se sonrojó, luego se dió la vuelta y terminó de lavar los platos y todo lo que estaba a su alcance.
—Mmm… huele delicioso.—comentó Zack entrando a la cocina seguido de sus amigos.
Cada uno tomó un lugar en la pequeña mesa de la cocina.
—Hay para todos.—agregó Carol con una cálida sonrisa.
—Creo que debería raptarla y llevarla con nosotros.—dijo Larry.—Nuestros desayunos serían más agradables.
—Dudo que Williams te deje.—dijo Terry. Quien se apoyó junto a Candy.—¿Qué ocurre?—le preguntó a la rubia en un susurro.
—Luego hablamos.—le respondió de igual manera.
—¿Cariño podrias hacerme un favor?
—Por supuesto. ¿Qué necesitas?—dijo dándose la vuelta y secándose las manos.
—Debo retirar unos arreglos florales de la tienda de Claudette. ¿Podrías hacerlo por mí?
—Yo puedo llevarte.—se ofreció Zack.
—No es necesario. Conozco el lugar. Yo llevaré a Candy, Carol.—dijo Terry
—Esta bien querido. Pueden ir los tres.
—Voy con ustedes, entonces.—dijo burlándose del castaño el cual apretaba sus puños para no estrellarlo en la cara de su amigo.
—Bien, será mejor irnos.
Saliendo a toda prisa de allí.
—¿Y yo... en qué ayudo?—preguntó Larry.
—Déja de comer y ayudarás mucho.—gritó Zack antes de salir tras los otros.
—Toma.—dijo Carol entregándole una lista con números telefónicos.—Verifica que el servicio llegue a tiempo.
—Perfecto. Me encargaré de que estén aquí en el horario acordado.—tomó un muffins más del que ya tenía en la boca.—Para el camino.
Carol se rió del joven.
—Estos chicos.
…
..
.
Terry estacionó frente a la elegante tienda de Claudette.
—Esta noche podríamos hacer algo.—dijo Zack descendiendo de la cuatro por cuatro del padre de Candy.
—¿Salir?—dijo Candy.
—Será una buena oportunidad ya que ahora sé que soy más tu tipo.—dijo burlón ganándose una fulminante mirada de su amigo.
—Idiota.—masculló Terry.
—Pero yo no el tuyo.—dijo Candy riéndose.
—Carol nos tendrá ocupados hasta después de la fiesta.—dijo Terry.
—No necesariamente. Dijo que contrató todo el personal para ornamentar y servir. —dijo Candy.
—Perfecto entonces.
—Mieren ésto.—dijo Terry mostrándoles un panfleto.—Inauguración de autocinema en la playa.
—Suena perfecto. Así no nos perderemos el finde de películas.—dijo Candy.
Los tres entraron en la tienda.
—¡Buenos dias!—saludaron los tres al ingresar a una mujer madura, elegante y de cabellos blanco.
—Oh, pero si son mis pequeños diablillos.—dijo la dueña con una tierna sonrisa.
—Lo de pequeño lo dejamos hace tiempo atrás.—respondió Terry sonriendo de lado.
La mujer abrazó a cada uno con un caluroso abrazo.
…
..
.
Caroline dejó la taza en frente de su marido.
—¿No iban a ir ustedes al autocine esta noche?
—Sip —dijo Candy, parándose.
—Iré por mi bolso.—dijo Flammy.
—Voy contigo.—dijo Candy.
—Tenemos que ponernos en marcha para así conseguir un buen lugar.—dijo Larry.
Todos se pusieron de pie para terminar de prepararse.
—Asegúrate de coger mantas gruesas —dijo Eleonor, sentándose otra vez en la mesa.—Ha estado poniéndose muy helado en la noche.
—Son grandes, querida. Déja de tratarlos como unos niños.—dijo Richard.
— Estos chicos no nos ven en meses y ni así deciden pasar un rato con nosotros.
—Ya déjalos cariño.—dijo Richard.—Son jóvenes.
…
Terry alcanzó a su novia en la puerta de la habitación.
—Hey tengo que cambiarme.—gritó Flammy lanzándole una almohada.
—Candy...—la rubia salió hacia el pasillo y cerró la puerta tras ella—¿Crees que estarán listas en unos quince minutos?
—Sip.
Terry la arrinconó en la puerta, apoyó una mano a un lado de su cabeza y con la otra jugó con uno de sus rizos.
—¿Adivina qué?
—¿Qué?
Una leve sonrisa apareció.
—Mi cuarto está justo cruzando el pasillo.
Candy sintió que su estómago dió volteretas. Pero decidió jugar con él.
—¿Y?
La sonrisa se extendió, volviéndose traviesa.
—Sólo pensé que estarías feliz de oírlo.
—Emocionadisima. —dijo entre risa.
Él se rió mientras caminaba de espaldas hacia las escaleras.
Ella se quedó allí por un segundo y luego entró en la habitación echándose de espaldas a la cama y suspirando.
—¿Qué?
—Oh, ella está enamoradísima.—exclamó su amiga arrojándose encima de ella.
...
Alrededor de casi una hora y media más tarde, estaban paradas al lado de la camioneta mientras Terry ponía dos almohadas grandes contra el
respaldo de la plataforma de carga de la camioneta.
Algunas parejas y amigos estaban sentados en la arena, cubiertos de brazadas.
No eran los únicos desafiando el temporal de frío en la noche.
Varias vehículos grandes estaban estacionados junto a ellos, haciendo lo mismo con almohadas y mantas. Una incluso tenía un colchón inflable.
—¿Por qué no se nos ocurrió traer un colchón así?—dijo Cody.
—Si hubieras preparado las cosas antes de poner el culo en el asiento y esperar a que nosotras hiciéramos todo el trabajo, tendríamos un colchón.—respondió su hermana.
—Para eso están las hermanas.—se burló y subió a la camioneta. Luego lo siguió Zack y Larry quién ayudó a su novia.
—Deja de ser idiota.—le dijo el castaño a su amigo. Luego se acercó a la compuerta trasera de la camioneta y ofreció sus manos. —¿Lista?
Candy colocó sus manos en la suyas y la levantó. El cambio repentino de peso le causó dar un traspié hacia atrás y dejó caer sus manos a sus
cadera para mantener el equilibrio. Una ráfaga de calor inmediata se acumuló en su estómago cuando levantó la vista. Sus densas pestañas ocultaban sus ojos mientras sus manos parecían
flexionarse. Sus labios se separaron, y su cuerpo se tensó con anticipación.
Bajo la noche estrellada, parecía la atmósfera perfecta para un beso.
Prácticamente podía sentir sus labios contra los de ella.
—Hey. ¡¿Qué demonios?! Quita tus sucias manos de mi hermana.—gritó Cody sacándolos de su burbuja.
Dejó caer sus manos y giró hacia los dos bolsos cerca de la pila de mantas y almohadas, negando con la cabeza y riéndose por lo bajo.
—Candy —alargó Cody y ella apartó la mirada de Terry y lo miró.
—¿Sí?
—¿Por qué siento que me pierdo algo aquí? —preguntó, estudiando su cara de cerca.
Ella se encogió de hombros.
—No lo sé. Dímelo tú.
Volvió a mirar a Terry de reojo. Los ojos de éste se encontraron con los suyos y una sonrisa de complicidad curvó sus labios. Luego dirigió la mirada a su hermano y su sonrisa desapareció.
Decidió ignorar al rubio.
Terry no se sentó a su lado sino adelante junto a Zack y Cody. Eso la frustró. Sólo quería decirle a Cody y que éste lo superara.
¿Qué tan malo podía ser?
—Aquí —dijo Flammy palmeando el lugar junto a ella.—Traje algo para mantenernos caliente.—le entregó un gorro.
—Gracias.
—¿Ya vieron a esas dos?—dijo Zack señalando a dos jóvenes sentadas en la arena frente a ellos.
—Vinimos a ver la película.—se quejó Candy.
—Aguas fiestas.—se quejó Zack y codeó a Cody él cual se encogió de hombros.
La película comenzó a reproducirse. Hubieron varios gritos y aplausos cuando la primera escena rodó por la pantalla gigante. The notebook.
—¿Es en serio?—se quejó Cody.
—¿Qué?—preguntó Larry.
—La vimos cientos de veces. No me quedaré a verla ciento una vez más.
Se puso de pie.
—¿A dónde vas?— preguntó Larry.
—A divertirme.—dijo con una sonrisa maliciosa.—¿Vienen?—les preguntó a Zack y Terry.
—Paso.—negó el castaño—Veré la película.
—Yo voy contigo.—dijo Zack saltando de la camioneta.
—Nos vemos luego.—dijo Cody.
—Bien. Solo quedamos los cuatro.—dijo Candy.
—Dos.—Larry se puso de pie.
—¿Ah?—emitió el castaño.
—Flammy y yo iremos a dar un paseo—dijo y saltó de la camioneta.
—Pero la peli…
—Ya la viste muchas veces.
—Pero…
—Vamos.—le tendió la mano para ayudarla a bajar.
—Aprovechen.—le susurró a su amiga y guiñó, desapareciendo en la oscuridad.
Cuidadosamente Terry se sentó a su lado. Sacó un paquete de papas y bebidas que recogieron en el camino.
—No he visto esta película en años.—dijo con sarcasmo y ella le arrojó un puñado de papas.
—Si quieres puedes irte con los chicos. No estás obligado a quedarte.
—Quiero ver la película.
Ella se encogió de hombros. Y luego se estremeció por una ráfaga de viento.
—¿Por qué no vienes aquí? —dijo Terry.
Ella negó con la cabeza.
—Estoy bien así.
Él tiró las mantas lejos de ella y luego se echó hacia atrás. La levantó y la colocó entre sus piernas extendidas.
Sus ojos casi se salieron de la cabeza.
—¿Qué haces?
Terry extendió la manta sobre ella metiendo los bordes por el cuello.
—¿Tú qué crees?
Luego deslizó sus brazos bajo la manta y por su cadera. La tiró hacia atrás por lo que quedó contra su pecho.
Con los músculos tensos, se obligó a tomar varias respiraciones, lentas y profundas. Justo cuando tenía su respiración algo normal, sus manos se deslizaron por su estómago.
—¿Es esto más caliente? —preguntó, su respiración agitando el pelo alrededor de su oído.
Con la garganta seca, asintió.
Una mano se movió hacia arriba, instalándose bajo sus pechos y la otra se movió hasta descansar bajo su ombligo, sobre la cinturilla del jean. Se sentía como si sus manos estuvieran en llamas. De inmediato la piel se le erizó y calentó en esos lugares.
—Bien —murmuró—. Te prometí que te mantendría caliente.
Sin duda la estaba manteniendo caliente.
—Lo hiciste.
Bajo sus pechos, su pulgar empezó a moverse, trazando pequeños y despreocupados círculos. Luego, un par de segundos más tarde, la mano
de abajo comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo, un lento movimiento continuo que causó que su respiración empezara a volverse más rápida.
Cada vez que sus dedos se movían sobre la solapa que cubría la cremallera, la tiraba ligeramente de su pantalón, haciendo que la costura se oprimiera contra ella. No tenía idea si él sabía lo que estaba pasando. Conociendo a Terry, podía jurar que sí.
En cuestión de minutos, palpitaba ahí abajo.
Dejó que su cabeza cayera hacia atrás contra su pecho y sus ojos se cerraron poco a poco. La sensación aguda que creaba era alucinante.
—¿Pecas?
—¿Hmm?
Hubo una pausa.
—¿Estás prestado atención?
—Uh-huh. —se movió inquietamente.
Él se rió entredientes, y supo sin ninguna duda que estaba plenamente consciente de lo que hacía.
—Bien. Porque no quiero que te pierdas nada de ésto.
Continuará...
He tardado horriblemente en actualizar. Lamento la espera, de verdad.
Gracias por la GRAN GRAN paciencia que me tienen y por seguir ahí.
