Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de shasta53, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora. Thank you, Shanda, for letting me share this in Spanish.

Link de la historia original: www fanfiction net/ s/ 7360793/ 1/ Stolen-Dreams


Capítulo beteado por Sarai GN, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


Capítulo 14

Escuché mucho ruido y el fuerte anuncio de los parlantes del aeropuerto a través del teléfono. Los segundos pasaron con Edward y yo solamente mirando el auricular.

—¿Supongo que no les habías dicho? —susurré.

—No. —Negó con la cabeza—. No creí... después de todo...

El ruido disminuyó drásticamente. Podía escuchar el sonido delator del secador de manos y la ocasional descarga de agua del inodoro, pero el ambiente ruidoso del aeropuerto se redujo considerablemente.

—Lo siento, cariño. Tuve que encontrar un lugar más tranquilo. Y sentarme. Hay bancos aquí. —Elizabeth estaba divagando—. Creí que dijiste… bueno, que Ryan estaba vivo y que iban a verlo.

La mandíbula de Edward se contrajo por apretar los dientes con tanta fuerza, y no parecía como que iba a contestar pronto.

—Eso es lo que dijo, señora Masen —respondí por él.

Su inhalación brusca fue audible incluso a través del pequeño auricular. Edward regresó el auto al camino y viró hacia la interestatal. Nadie habló por más de una milla. Incluso comprobé el teléfono para ver si todavía estábamos conectados.

—Bella, cariño, ¿todavía está abierta la cafetería en Forks? —preguntó finalmente Elizabeth. Su voz sonaba tensa.

—Sí, señora. Hasta la medianoche, como siempre —contesté.

—Bien. Bueno, déjenme ir y recoger nuestro auto alquilado. Podemos cambiar las reservaciones del hotel en el camino. ¿Estarían dispuestos a encontrarnos en la cafetería cuando lleguemos para explicarnos todo esto?

—Sí —dijo Edward con cansancio—. O simplemente iremos a su habitación en The Lodge cuando lleguen, si no tienen ganas de comer. Solo avísennos. Ahí es donde nos quedaremos.

—¿Nos vamos a quedar en The Lodge? —pregunté en voz baja.

—No voy a fingir dormir en el sofá de tu padre de nuevo —replicó él.

Asentí y me reí ante el recuerdo.

—Te quiero, cariño —dijo Elizabeth—. Los veremos en unas horas. —Escuché el nivel de ruido elevarse, y después la voz de Ed, y asumí que ella había salido del baño. La línea se cortó unos segundos después.

—Mierda —gimió Edward. Se pasó una mano por la cara y crujió el cuello.

Rebusqué en la bolsa para encontrar su hamburguesa y pasársela. Esperé hasta que le dio unos mordiscos antes de hacer la pregunta ardiente.

—¿Por qué no les habías contado?

Acababa de morder la última mitad de su hamburguesa cuando hablé, y puso los ojos en blanco ante mi estelar elección del momento. Me eché unas papas fritas a la boca mientras esperaba pacientemente a que él masticara y tragara.

—¿Honestamente? Porque si papá estaba involucrado en esto de alguna forma, no quería que advirtiera a Gerandy antes de que tu papá pudiera arrestarlo —respondió con naturalidad.

—¿De verdad crees que podría haber hecho eso? —pregunté. Odiaba que dudara de sus padres.

—No sé qué pensar, Bella —admitió—. ¿Qué clase de persona desarraiga a su hijo después de que él acaba de perder a su bebé y lo aleja de todo lo que siempre ha conocido y de la chica que ama? ¿Por qué harían eso?

No sabía qué decirle, porque, honestamente, yo pensaba que ellos habían sido más allá de crueles con nosotros. Tampoco estaba ansiosa por verlos esta noche. Edward podría haber hecho las paces con ellos, pero yo no. Estaba dispuesta a ser amable solo por su bien.

Finalizamos nuestra cena mientras los kilómetros pasaban, ambos perdidos en nuestros propios pensamientos.

El cartel de "Bienvenidos a Forks" apareció antes de que me diera cuenta que habíamos estado en el auto por casi cuatro horas. Edward se metió en el estacionamiento de The Lodge, y salimos juntos para registrarnos.

—Ah, Edward, es bueno verte de nuevo —saludó Sam Uley desde la recepción. Sam y su esposa, Emily, se habían hecho cargo de The Lodge cuando sus padres se retiraron unos años antes, y uno de ellos siempre estaba aquí.

—También a ti, Sam. Necesitamos registrarnos, de nuevo —dijo Edward con una risa forzada.

—De acuerdo. Tus padres llamaron hace un par de horas para conseguir una habitación. ¿Los quieren al lado? —preguntó Sam.

—¡No! —prácticamente gritó Edward.

Me sobresalté y lo miré sorprendida.

Su voz se calmó considerablemente.

—No, eso no es necesario.

Sam lo miró con una mirada divertida, y después movió sus ojos hacia mí, su ceño fruncido convirtiéndose en una sonrisita.

—La tienes, Ed. Los puse en la ciento catorce, si eso está bien. Me aseguraré de que tus padres estén en el otro lado.

—Buen hombre, Sam —dijo Edward, estrechando la mano de Sam y tomando la llave.

Regresamos al auto y lo estacionamos enfrente de nuestra habitación.

—¿Hay alguna razón por la que no quieres estar cerca de tu mamá y papá? —pregunté con curiosidad.

Se encogió de hombros.

—Quiero que seas capaz de escaparte si lo necesitas. Si estamos justo al lado, no serás capaz de escapar de ellos… y yo tampoco.

Como siempre, él había pensado en mí y con lo que estaría y con lo que no cómoda.

—Gracias. Te amo.

—También te amo —dijo con una sonrisa. Sin embargo, no llegó a sus ojos—. Entremos y nos instalemos. Con la forma en que papá conduce, no estarán muy lejos detrás de nosotros.

Tenía razón. Apenas habíamos cargado las maletas adentro y desplomado en la cama King-size, cuando Elizabeth llamó. Estaban como a cinco minutos de distancia y querían saber dónde queríamos encontrarnos.

Edward puso el teléfono en silencio y se giró hacia mí.

—¿Qué piensas? ¿En público, donde hay una posibilidad de que el chisme salga, o en privado, donde corro el riesgo de golpear a alguien?

Me reí.

—No lo golpearás. Pero vamos por lo público. Creo que lo haría mejor con el amortiguador de la comida entre nosotros.

Edward levantó su teléfono de nuevo y les dijo a sus padres que nos encontraran en la cafetería en quince minutos. Él razonó con su madre que eso les daría la oportunidad de registrarse así Sam y Emily no se tenían que quedar más tarde de lo necesario.

Si ella estaba emocionada por ver a su hijo, o por escuchar las noticias que teníamos, no estaba segura, pero Ed y Elizabeth llegaron antes que nosotros a la cafetería. Ella estaba prácticamente rebotando en la punta de sus pies y se lanzó hacia Edward cuando salió del auto. Él la abrazó con fuerza. A pesar de su aprensión, estaba claro que él la quería y la había extrañado.

Me tomé mi tiempo para salir, observando a Edward estrechar la mano de su padre e intercambiar cumplidos. No había visto a estas personas desde que tenía diecisiete años y estaba en trabajo de parto. Tantas cosas habían cambiado, y mi bienvenida estaba lejos de ser segura.

—Bella, es encantador verte de nuevo —dijo Elizabeth con amabilidad, envolviéndome en su cálido y maternal abrazo—. Luces maravillosa. —Enganchó su brazo en el mío y me guio hacia el restaurante, donde tomó un reservado en la esquina.

Edward siguió detrás de nosotras con las manos metidas en los bolsillos. Su padre estaba detrás de él, todavía vestido en un traje de negocios y luciendo bastante tenso.

Norma, la camarera pelirroja que había trabajado en la cafetería siempre, nos pasó los menús, dándonos la bienvenida de nuevo a Forks, y tomando nuestra orden de bebidas. Los minutos se alargaron mientras cada uno se centraba en los menús revestidos de plástico enfrente de nosotros en vez de en la verdadera razón de que estuviéramos apiñados alrededor de la mesa. La tensión aumentó cuando Norma tomó nuestros pedidos y despareció detrás del mostrador.

—Bien, ustedes dos —ordenó Elizabeth, apoyando las manos sobre la fórmica y mirándonos desde el otro lado de la mesa—. Comiencen desde el principio.

Edward resopló y puso los ojos en blanco.

—Al principio, Bella y yo creamos un bebé.

Lo pateé bajo de la mesa.

—¡Auch! —se quejó, mirándome de reojo—. ¡Ese fue el principio!

—Estoy bastante segura de que recuerdan esa parte —le dije.

—Es el principio —dijo él defensivamente—. Y es ahí donde voy a comenzar. —Se giró de nuevo hacia sus padres—. Decidimos que queríamos quedarnos con el bebé, en contra de su consejo. Después de que Ryan nació, tanto a Bella como a mí se nos dijo que él murió en el parto. Luego, el doctor Gerandy nos dijo de la confusión en la morgue.

—Sí, lo recuerdo —dijo Elizabeth con tristeza.

—Cuando estuvimos en el pueblo para nuestra reunión, Bella estaba corriendo y vio al nuevo doctor dejar a su hijo en la práctica de béisbol. Después de que hicimos una pequeña investigación con la ayuda de Charlie Swan, descubrimos que Ryan no murió en el parto. Fue robado y adoptado por los Cullen, que coincidentemente se mudaron aquí cuando Bob Gerandy se jubiló.

Elizabeth jadeó de nuevo.

—¿Cómo es eso posible?

Seguí el tema.

—Cuando entré en trabajo de parto, el doctor Gerandy me dijo que Edward no tenía permitido estar en la habitación y que papá no quería estar, así que estuve sola con el doctor Gerandy y la enfermera.

—¿Estuviste sola? —La voz de Elizabeth subió de tono—. ¡Les pregunté si podía entrar contigo, ya que no dejarían a Edward volver, y dijeron que no era necesario, que ya tenías a alguien ahí!

—No —le dije con tristeza—. Tampoco me dieron nada remotamente efectivo para el dolor, y después de pujar a Ryan, me desmayé. No fue hasta que me desperté en otra habitación que me dijeron que él estaba muerto.

Las lágrimas se alinearon en los ojos de Elizabeth, y me agarró la mano como una línea de vida.

—De lo que hemos sido capaces de descifrar, el doctor Gerandy hizo arreglos con una agencia de adopción fuera del estado y tuvo a Susan Mallory entregando al bebé cuando tenía cinco días. Esto fue arreglado meses antes de que Bella entrara en trabajo de parto. A los Cullen les dijeron que nosotros queríamos una adopción cerrada y no queríamos información sobre él. La única cosa en la que Susan Mallory insistió era en que lo nombraran Ryan, ya que así era como lo habíamos llamado —informó Edward.

—Oh Dios —lloriqueó Elizabeth. Las lágrimas que ella había estado conteniendo se desbordaron por sus mejillas, y me apretó más fuerte la mano. Le eché un vistazo a Ed. Su cara era estoica, imperturbable, incrédula.

—¿De verdad creen que este niño es su hijo? —preguntó él.

El tono de Edward se volvió duro cuando respondió.

—No, sabemos que lo es. Las pruebas de ADN lo probaron de forma concluyente. No que las necesitáramos. Agarra cualquier fotografía mía a los diez, y tienes a Ryan.

Los hombros de Edward se encorvaron, y se quedó mirando la dura cubierta de la mesa.

—¿Cómo pasó esto? —susurró.

—¿Qué van a hacer? —nos preguntó Elizabeth—. ¿Cómo podemos ayudar?

Las palabras eran como ácido en mi lengua, y era todo lo que podía hacer para contenerlas. Quería decirle que ella podría habernos ayudado no obligándonos a tratar con nuestro dolor solos. Que si realmente se preocupaba, no habría mantenido a Edward alejado de mí y no se habría llevado a la única figura materna que alguna vez había conocido cuando más la necesitaba. Con cuidado saqué las manos de las de ella y me las quedé viendo mientras descansaban en mi regazo.

Como si supiera exactamente lo que estaba pasando por mi cabeza, Edward me pasó un brazo por los hombros e inclinó la cabeza hacia mi oreja así solo yo podía escucharlo.

—Tienes permitido decirles cómo te sientes, ya sabes. Sácalo de ti si lo necesitas. Todavía te amaré cuando hayas expresado tus sentimientos.

Le di una sonrisa, y él se encogió de hombros. Los Masen, sin embargo, se salvaron de mi ira en ese momento por Norma trayendo nuestras órdenes a la mesa. Ya no tenía hambre, pero necesitaba algo para mantener mi mente fuera de las cosas. El silencio reinó mientras reuníamos nuestros pensamientos y comíamos. Mi resentimiento comenzó a disminuir.

Entonces, Elizabeth caminó de nuevo justo hacia el campo minado.

—¿Cómo están tus padres lidiando con todo esto, Bella? Obviamente, tu padre ha estado involucrado, en cuanto al caso, pero no has mencionado a tu madre.

La miré con incredulidad.

—¿De verdad, Elizabeth? —Apenas reconocí mi propia voz—. ¿Mi madre? Ella no estuvo involucrada en mi embarazo en absoluto, porque, en sus palabras, era "demasiado joven para ser abuela". No hablamos de ello en ese momento, y no hablamos ahora. Es más fácil para ella fingir que nunca pasó.

A su favor, lucía sorprendida.

—Oh, yo, uh, bueno, después de todo, pensé que ella querría saber. Ella vino al pueblo después… de todo, ¿verdad?

Mi risa en respuesta fue bordeando la histeria.

—¿Qué en el nombre de Dios te dio esa idea? No, ella no vino al pueblo. Estaba viajando detrás de su esposo nuevo y estaba demasiado ocupada para consolar a su afligida hija. ¡Además, hacer eso significaría tener que admitir que yo había estado embarazada en primer lugar! Tú, la única figura materna que había tenido, solo te fuiste sin una palabra. ¡Dejándome para llorar y tratar de recoger las piezas de mi destrozada vida con mi padre emocionalmente atrofiado y un terapeuta que no podría haber dado dos mierdas sobre mí como persona!

Hasta que las palabras salieron de mi boca, no me había dado cuenta de cuánto resentimiento todavía tenía reprimido dentro de mí. Mis manos instantáneamente volaron para cubrirme la boca.

—Lo siento. No quise decir todo eso. —Empujé a Edward para que me dejara salir del reservado, y él se deslizó con facilidad. Sus ojos atraparon los míos, preguntándome silenciosamente si quería que viniera conmigo, pero negué con la cabeza y corrí. Varias personas sentadas cerca de nosotros me miraron como si estuviera loca, y supongo que en realidad podría haber lucido y sonado de esa forma en ese momento.

El sórdido baño de la cafetería no había cambiado en el transcurso de los años. El espejo era poco más que una rudimentaria superficie reflectante, y el agua todavía goteaba del grifo roto. Lo giré para incrementar el flujo y me salpiqué un poco de agua fría en la cara, lavándome las lágrimas furiosas que ni siquiera había sentido caer. En ese momento, estaba agradecida por mi hábito de no usar maquillaje excepto en las ocasiones más importantes. Eso me estaba salvando de los inevitables ojos de mapache.

A través de la neblina y los rasguños en el espejo, podía ver a la mujer fuerte en la que me había convertido mirándome de regreso. Esa mujer no se escondería en el baño. Me limpié los restos del agua y volví a salir por la puerta.

—Necesito ir con ella. —Elizabeth estaba protestando—. Me necesita.

—Déjala que se quede por un minuto, madre. Solo está avergonzada. Si no vuelve pronto, iré a comprobarla —discutió Edward.

Me detuve fuera de la vista así podía escuchar la conversación sin ser vista.

Elizabeth le pegó a Ed en el brazo.

—¿Cómo pudimos haber hecho eso? La dejamos aquí sola sin ni siquiera pensarlo dos veces. —Ella todavía estaba llorando.

—Y tienen que estar preparados para el hecho de que podría no perdonarlos por eso —le dijo Edward con seriedad—. Bella ha tenido que lidiar con mucho por su cuenta debido a sus decisiones.

—Pero le has dicho, ¿verdad? ¿Por qué hicimos lo que hicimos? —prácticamente rogó Elizabeth.

Edward se burló.

—¿Cómo podría cuando yo todavía no entiendo sus razones?

—Pensamos que te estábamos dando una vida mejor, una libre de este pueblo. Aunque el bebé había muerto, Bella se iba a aferrar a ti y a evitar que lograras todo lo que podías. Queríamos lo que era mejor para ti —dijo Ed—. Ahora, estás involucrado de nuevo en su drama.

Pude ver a Edward sacudir la cabeza.

—¿Su drama? En caso de que no recuerdes, se requieren dos para hacer un bebé. Yo estoy tan involucrado en este drama como ella. —Después suspiró—. Todavía no lo entiendes. Amo a Bella. Siempre lo hice, y siempre lo haré. Casi no regresé a casa de mi primer servicio en Irak porque no me importaba lo suficiente vivir para mantenerme a salvo. Todo lo que me importaba en mi vida se había ido, debido a ustedes. ¿Su drama? ¿Eso es todo lo que ves? Ella se alejó del infierno en el que vivió por años, consiguió un doctorado, y atiende a niños ahora. Tiene un trabajo estable, un hogar estable, y una buena vida. Me mantiene cuerdo y me da una razón para no volverme a enlistar cuando mis propios demonios se vuelven demasiado para manejarlos de nuevo. Si no puedes ver eso, vete a la mierda. Váyanse a casa, y no vuelvan.

Edward se puso de pie, agarró mi bolso, tiró unos billetes en la mesa para cubrir nuestra porción de la comida, y caminó resueltamente de regreso al pasillo donde yo estaba escondida. Alzó una ceja y tendió una mano, gesticulando hacia la puerta trasera.

—Sé que escuchaste todo eso.

Ni siquiera sabía por dónde empezar.

—¿Te ibas a volver a enlistar? —Fue la primera pregunta que salió de mi boca.

Me agarró la mano y me guio fuera de la puerta.

—Mmm —tarareó en asentimiento—. Me había prometido que no te buscaría, que no interferiría en la vida que habías construido para ti. Quería que fueras feliz; simplemente no quería verte feliz con alguien más. Pero estar tan cerca de donde yo creía que estabas, era muy duro. Estar en el extranjero en una zona de guerra era más fácil. Entonces, me encontré contigo en el supermercado. —Habíamos llegado al auto, y él abrió la puerta para dejarme entrar.

—¡Espera! ¿De verdad vas a dejarlos aquí? —Dirigí mis ojos a la ventana, donde podía ver a Ed y Elizabeth discutiendo.

Se encogió de hombros con indiferencia.

—Sí. Estoy seguro que no necesitan que nos quedemos y les demos direcciones.

—¿Edward? —pregunté de nuevo. No estaba acostumbrada a ver este lado más cruel de él.

—Bella, ¿puedes decirme honestamente que te quieres quedar y escuchar eso? —Gesticuló hacia ellos, y podía ver claramente que su discusión se estaba volviendo más acalorada.

—No, no quiero —admití.

—Entonces vamos a regresar al hotel. Tenemos que levantarnos temprano, y deberíamos dormir un poco. Tu papá nos va a esperar en la estación a las nueve.

Era un poco triste que ambos estuviéramos emocionalmente agotados para encontrar consuelo en el cuerpo del otro, pero esa era la realidad. Mi mente reprodujo las palabras de Ed una y otra vez cuando Edward se quedó dormido, abrazándome contra su cuerpo. Ed no solo había estado alejando a Edward del trauma; lo había alejado deliberadamente de mí, creyendo que yo era mala para él.

El sueño no vino con facilidad, y cuando lo hizo, estuvo plagado con pesadillas de bebés muertos, el doctor Gerandy, y Ed Masen diciéndome que era mala y que me mantuviera alejada de su hijo.

~~SD~~

Cuando la alarma del teléfono de Edward sonó la mañana siguiente, sentí como si ya hubiera estado en una carrera de diez millas. Ninguna parte de mí quería despertarse y comenzar el día. Después de todo, solo me había dormido unas horas antes.

—Nena, te tienes que levantar —persuadió Edward—. Si no nos movemos, vamos a estar atrapados bebiendo el café de la estación para desayunar.

Recuerdos del lodo maloliente que los ayudantes de mi padre bebían día tras día hicieron que la bilis me subiera por la garganta, pero funcionó para sacarme de la cama.

—Lo siento —dije con una pequeña sonrisa cuando me di cuenta que Edward ya estaba vestido y listo para salir. Estaba usando su uniforme de camuflaje del desierto, completo con las botas y el cinturón de su arma—. No dormí bien.

—Lo sé, cariño. —Me besó la coronilla—. Te tuve que despertar un par de veces.

—Lo si... —comencé a disculparme, pero Edward alzó una mano para detenerme.

—Está bien. Solo me gustaría poder haberlas detenido —me aseguró. Añadió la última pieza de sus accesorios al cinturón y me miró con una sonrisa pícara—. ¿Luzco intimidante?

Personalmente, pensaba que lucía sexy, pero esperaba que Bob Gerandy no pensara eso.

—Luces genial, cariño. Déjame meterme a la ducha, y nos podemos ir.

Veinte minutos después, salimos por la puerta y nos detuvimos por café en una nueva panadería sobre Main Street. Los muffins olían exquisitos, así que también agarré uno de esos. Me arrepentí de comerlo casi inmediatamente, cuando mi estómago amenazó con rebelarse.

Papá tenía al doctor Gerandy esposado y asegurado en una sala de interrogación en la parte trasera de la estación cuando llegamos. El hombre estaba viejo y débil, así que probablemente era exagerado, pero supuse que estaba tratando de sentar precedente.

—Bob ya ha confesado todo el crimen, desde la decisión de vender a su bebé hasta cómo lo llevó a cabo. Está todo en el expediente. Accedió a decirles lo que hizo y por qué, pero recuerden que él no tiene que hacerlo. Pueden preguntarle cualquier cosa que quieran, pero no pueden obligarlo a responder. —La última parte fue con una mirada severa hacia Edward.

—Entendemos —susurré, mis nervios mezclándose con el malestar por la noche sin dormir y poniéndome tan enferma que apenas podía hablar.

Papá nos guio a la habitación y abrió la puerta. Adentro, como papá había dicho, estaba un anciano encadenado al piso. Sus manos atadas descansaban en la mesa. El cabello del doctor Gerandy, una vez entrecano, ahora estaba completamente blanco y era escaso en la coronilla. Círculos profundamente oscuros colgaban bajo sus ojos, y sus hombros estaban encorvados. Ojos tristes vagaron por nuestros rostros cuando caminamos hasta delante de él, y sus hombros se hundieron aún más.

—Charlie dijo que vendrían —graznó, su voz ronca por largas horas de inactividad.

—Teníamos —declaró Edward con franqueza, su actitud rígida y fuerte, la de un oficial militar interrogando a un sospechoso—. Y vas a tener que decirnos lo que sabes.

Gerandy asintió.

—Por favor siéntense. No puedo ir a ningún lado. —Se rio tristemente, señalando sus cadenas.

Edward retiró una silla para mí, y me dejé caer en ella. Quería aparentar fuerza y confianza como él, pero simplemente no lo sentía. Edward se paró a mi lado, su postura erguida. Le indicó a Gerandy que comenzara.

El doctor Gerandy se agarró las uñas y se miró las manos.

—Ustedes dos eran buenos chicos —comenzó—. Tenían toda la vida por delante, y todos podían ver cuán lejos llegarían. Entonces, Bella quedó embarazada, y ambos estaban listos para desperdiciar todo eso. Sus padres trataron de hacerlos entender, la señora Cope trató, yo traté, pero no escucharon. Todos sabíamos que no podrían tener la vida que querían con un bebé involucrado.

»La estupidez de la juventud —musitó—. Creen que saben todo y que los adultos no ven las cosas como son. —Negó con la cabeza.

—¿Qué le hizo pensar que sabía lo que era mejor para nuestra familia? —espeté—. Solo porque era mayor no significaba que tenía el derecho de tomar decisiones por nosotros y que nuestras decisiones no fueron pensadas.

—Porque eran niños —se burló—. No sabían lo que esas decisiones significaban, y no podían. No habían vivido lo suficiente para saber.

Las palmas de Edward golpearon contra la mesa. El golpe resultante resonó a través de la habitación y me hizo estremecer.

—¿Así que tú sabías lo mejor? ¿Qué te dio el derecho de robarnos a nuestro hijo?

La ya pálida cara del doctor Gerandy palideció aún más.

—Estaba tratando de darles a los tres una vida mejor. Un colega mío de la escuela de medicina los conocía y sabían que era buenas personas que no podían tener niños propios. Él ha tenido una buena vida con ellos. Y tú, tú tienes una buena carrera militar, y Charlie siempre alardea de los logros de Bella en su propia práctica. ¿Creen que alguno de ustedes alguna vez habría sido capaz de llegar allí con un bebé a cargo? —Negó con la cabeza, su cara a juego con su propio sentido de la rectitud—. No, no lo habrían hecho. Habrían estado atascados aquí en este pequeño pueblo, realizando trabajos mediocres solo para pagar las cuentas.

Él no sentía remordimiento por lo que había hecho. Se sentó ahí con su justificación envuelta alrededor de él como una capa. Una vez que descubriéramos todo sobre su plan, iba a desengañarlo de la noción de que había sido justificado. Él iba a saber lo mucho que habíamos sufrido.

—¿Por qué no comienza desde el principio y nos cuenta cómo sucedió todo esto? ¿Cómo obtuvo la idea de vender a nuestro hijo? —pregunté, encontrando una fuerza interior que no sabía que tenía. Mi voz sonaba segura y poderosa en mis oídos.

Sin nosotros en el ataque, el doctor Gerandy se reacomodó en su silla, más cómodo ahora.

—Intenté por semanas elaborar buenos argumentos para convencerlos, pero casi me había dado por vencido después de tu ultrasonido. Incluso yo podía ver el amor que sentían por ese bebé. Pero tu papá, Edward, estaba convencido que si alguien podía hacerlos entrar en razón, sería yo. Me dijo que me pagaría cinco mil dólares en efectivo si podía conseguir que pusieran al bebé en adopción.

»Traté. Dios me ayude, traté. Sin embargo, tú no escuchaste nada de eso. Pensabas que sabías lo que era mejor, y me dijiste que te ibas a hacer cargo de tu familia. Entonces, una semana después, estaba cenando con mi amigo, y él mencionó el problema que los Cullen estaban teniendo. Cuando mencioné que tenía dos pacientes jóvenes que se podrían beneficiar de la adopción, él dijo que quizás los beneficios económicos les podrían interesar.

Se agarró las uñas de nuevo.

»Pensé que continuaría trabajando en ustedes. Negocié con él y aseguré a los Cullen como los padres adoptivos del bebé. Ellos pagaron la cuota a la agencia de adopción, y algo de eso fue enviado a ustedes. El único problema era que no podía convencerlos. Entonces, Bella entró en trabajo de parto, y tomé la decisión de darles a los padres dignos un niño y a ustedes su vida de regreso.

—¿Me dieron algo para el dolor? —pregunté, una leve sospecha arraigándose muy profundo.

—No, y lamento eso. Llené las jeringas que le di a Susan con un placebo*. No podía tenerte inconsciente para el parto, a menos que hiciera una cesárea, pero no quería que estuvieras lúcida. El dolor natural del parto en tu cuerpo era la mejor forma para lograrlo —dijo con naturalidad.

La ira hirvió en mi interior mientras recordaba cómo había rogado por alivio. Apreté las manos en puños, y me tuve que sentar sobre ellas para evitar golpearlo en la cara.

—Después de eso, inventé las excusas para que creyeran que Ryan había muerto, y Susan lo llevó a Oregón por orden mía. Ella no sabía que ustedes no habían accedido a eso —concluyó él.

—¿Cuánto dinero recibiste por robar a nuestro hijo? —preguntó Edward, su ira apenas oculta.

—Fueron más de diez mil dólares —susurró el doctor Gerandy. Se me heló la sangre—. Sin embargo, no lo pude gastar. No parecía correcto. Lo puse en una cuenta a tu nombre, Bella. No lo he tocado.

Lo miré con incredulidad.

—¿De verdad cree que eso lo hace todo bien? —pregunté—. ¿Tiene alguna idea de lo que pasamos?

Su mirada claramente me dijo que no tenía idea de lo que yo quería decir.

Me puse de pie y me incliné sobre la mesa.

—¿Cómo se sentiría si uno de sus hijos muriera? ¿Cómo se sentiría si creyera por más de diez años que es su propio cuerpo el que provocó esa muerte?

Palideció de nuevo, y la mirada de justificación se desvaneció.

»Pasé meses incapaz de salir de la cama, a menos que mi padre me obligara. No comía, porque en todo lo que podía pensar era en que mi bebé muerto nunca lo haría, y que yo no lo merecía. Mis terapeutas me instaban a ver que no era mi culpa. Papá incluso trajo al reverendo Morris de Port Angeles para asegurarme que Ryan estaba en el cielo con Dios. Cuando finalmente me decidí a levantarme, solo fue para que su recuerdo viviera en algún lugar. Todas las noches, lloraba. En un día, perdí a mi hijo, al amor de mi vida, y la voluntad de vivir.

»Me tomó casi cuatro años llegar a un acuerdo con el hecho de que Ryan estaba muerto y no había nada que yo pudiera hacer. No podía acercarme a nadie, porque nadie entendía el dolor con el que vivía. El dolor que usted me dio. Y descubrir que todo fue una mentira...

La mano de Edward en mi espalda baja me trajo de regreso, y tomé asiento. Él se burló del doctor Gerandy.

—Tenías grandes planes para hacer nuestras vidas mejores. En su lugar, yo casi pierdo la mía. Mis padres me trasladaron al otro lado del país y me inscribieron en West Point. Estaba tan perdido en mi mente, que ni siquiera pude protestar. La extenuación física y la rutina diaria eran las únicas cosas que me mantenían lo suficientemente distraído del dolor de respirar, así que me quedé. Después, mientras estaba desplegado en Irak, estaba sentado en mi convoy y vi a una mujer iraquí reprender a su pequeño por jugar muy cerca de la calle donde estábamos patrullando. Sin embargo, yo no vi a una mujer extranjera en una zona de guerra; vi a Bella y Ryan. Tampoco vi al tirador venir por el costado de la casa. Él abrió fuego sobre nosotros, y tres de mis hombres fueron baleados. Uno de ellos estaba sentado justo a mi lado. ¿Sabes qué? Salté del camión y corrí detrás del bastardo, no importándome si me disparaba o si moría. Suponía que si eso pasaba, al menos de esa forma, estaría con Ryan.

Él nunca me había dicho los detalles de su roce con la muerte, y escucharlos me hirió profundamente. Había estado tan cerca de perderlo, y ni siquiera lo había sabido.

»En lugar de concedernos la libertad para vivir nuestras vidas al máximo, nos condenaste a años de dolor y sufrimiento. Y ni siquiera ha terminado. Ahora, tenemos un hijo que no podemos ver, que vive con otras personas que también lo aman. Por el resto de nuestras vidas, o tendremos que compartirlo entre nosotros o uno tendrá que vivir sin él. Eso también es tu culpa —le dijo Edward con desprecio al anciano al otro lado de nosotros.

—Usted tomó un juramento —le recordé—. No hacer daño. Todo lo que ha hecho es lastimar gente. A nosotros, a Ryan, a los Cullen... a su familia. Nunca los verá de nuevo, fuera de la cárcel. Sabe eso, ¿verdad? Sus nietos solo lo recordarán como un criminal, y morirá en una celda. Ese es su legado.

No había nada más que pudiéramos decir. Este hombre había tomado la decisión de mentirnos y llevarse a nuestro bebé. El hecho de que no obtuvo nada de eso no mitigaba el daño que había causado. La única cosa que el dinero haría por nosotros ahora, era pagar al abogado que tuvimos que contratar debido a su locura. Salí rápidamente de la habitación, la ira llevándome por el pasillo. Papá salió detrás de nosotros y nos encontró en la puerta de su oficina.

—Conseguiré la información de esa cuenta, Bella. Ya que está a tu nombre, no tendrán que esperar para reclamarla —dijo papá—. Si no hay otra opción, pueden invertir eso para Ryan.

Edward bufó.

—Porque esa es una compensación justa.

—No dije que lo fuera —dijo Charlie apaciguadoramente—. Los federales van a venir a buscarlo el lunes. Él va a hacer un trato con el fiscal federal.

—¿Va a evitar la cárcel? —chillé. No había forma en que pudiera estar de acuerdo con eso, no después de su falta de remordimiento o entendimiento de que lo que había hecho estaba mal.

Papá negó con la cabeza.

—No. Lo van a acusar de tres delitos graves, dos de los cuales son punibles con cadena perpetua. Ya que está tan viejo, van a ofrecerle veinte años en una prisión de mínima seguridad, creo. —Papá me pasó una mano arriba y abajo por el brazo, tratando de calmar la mirada indignada y enojada en mi cara—. Es tiempo de sanar, Bells. Él pagará por lo que hizo, lo prometo. Ustedes solo vayan y vean a mi nieto.

Todavía era temprano, justo después de las diez, así que Edward y yo estuvimos de acuerdo en regresar al hotel y descansar hasta que fuera la hora de ir a la casa de los Cullen. Entre mis sueños la noche anterior y hablar con el doctor Gerandy, ambos estábamos físicamente agotados.

—Odio a ese bastardo —murmuró Edward con los dientes apretados mientras nos dirigíamos al hotel—. Merece pudrirse en el infierno.

Quería ser una mejor persona y enfocarme en lo positivo —que Ryan estaba vivo y que conseguiríamos ser parte de su vida en cierta medida— pero simplemente no lo tenía en mí en este momento. Me contenté con imaginar al doctor Gerandy saltando de un pie a otro en una cama de brasas en el infierno. Era tan cómico que me reí en voz alta.

—¡Lo siento! —Me reí cuando Edward me lanzó una mirada—. Solo estaba... ¡su cabello estaba flotando por todas partes, y lucía tan gracioso! —Ahora la incrédula mirada de Edward me hizo reír aún más fuerte.

—Te lo estás imaginando, ¿verdad? —Se dio cuenta.

—Ajá. —Asentí, las lágrimas acumulándose en mis ojos por mi diversión.

Edward se rio audiblemente y sacudió la cabeza.

—Es algo bueno que te ame, porque tú, cariño, ¡estás loca! —Abrió rápidamente la puerta del auto y salió de un salto.

Lo seguí a nuestra habitación, todavía riendo. Nos dejamos caer en la cama uno al lado del otro con las piernas colgando del borde. Era pacífico, solo estar ahí juntos, dejando a la ira que habíamos sentido en la estación disiparse.

No duró mucho tiempo. Habíamos estado en la habitación no más de diez minutos, cuando un golpe en la puerta interrumpió nuestra calma. Le lancé una mirada curiosa a Edward, quien gimió.

—Nadie más que mis padres y tu papá saben que estamos aquí —mencionó, haciendo una cara desagradable—. Y acabamos de dejar a tu papá.

La persona del otro lado golpeó de nuevo. Edward se levantó de la cama y fue a abrir. Lo escuché suspirar, y me senté, tratando de mirar alrededor de él. No fue necesario. Él abrió la puerta y dio un paso al costado para admitir a su madre. Ella lucía inusualmente triste y nerviosa. Nunca la había visto tan... desaliñada, tampoco. Incluso trabajando en el jardín, ella estaba arregladamente sucia.

Sus ojos se clavaron en los míos, y si fuera posible, lució aún más triste.

—Bella, yo... —comenzó a decir, pero se calló cuando otro golpe sonó en la puerta que Edward acababa de cerrar.

Él gruñó, pero giró el picaporte y admitió a su padre. Todo el ser de Edward se puso rígido cuando Ed pasó junto a él.

—Ahora no es el mejor momento para una visita —dijo Edward serenamente—. Tenemos que estar en casa de los Cullen pronto.

—Sé que quieren ver a Ryan, pero tu madre y yo tenemos unas cosas que decir, también. Nos preocupamos por ti y queremos aclarar algunas cosas —dijo Ed, recordándole a Edward quién era el padre.

No funcionó. Más bien al contrario, Edward se enfureció más y dio un paso más cerca de su padre.

—¿Te preocupas por mí? —dijo Edward, su voz mortalmente calma.

—Claro que lo hacemos, cariño. Todo lo que siempre hemos querido es lo mejor para ti —suplicó su madre.

—¿Eso incluye tratar de sobornar al doctor de Bella para que se deshiciera de nuestro bebé? —preguntó Edward. Ya no se molestaba por ocultar su disgusto.

Ed retrocedió.

—Edward Anthony Masen —jadeó Elizabeth, sorprendida—. ¿Cómo te atreves? ¡Nunca haríamos tal cosa!

Edward dejó salir una risa sin humor.

—¿De verdad, madre? Porque el doctor Gerandy tenía la impresión de que mi padre aquí se ofreció a pagarle cinco mil dólares para convencernos de darlo en adopción.

—¿Él dijo qué? Oh, Edward, él...

—Supongo que él no te dijo esa parte —la interrumpió Edward—. Ya ves, de ahí es de dónde el doctor Gerandy obtuvo la idea de vender a Ryan. Si papá estaba dispuesto a darle a él cinco grandes para convencernos de la adopción, ¿cuánto conseguiría por el bebé real? En caso de que estés interesada, la respuesta es diez grandes.

Elizabeth jadeó y se hundió contra la cómoda que sostenía la televisión. Ed se paró en toda su altura, todavía varios centímetros más bajo que su hijo, y cuadró los hombros.

—Hice lo que pensé que era lo mejor. Criar un niño a los diecisiete años no era lo mejor para ti —se defendió.

El puño de Edward conectó con la mandíbula de Ed con un fuerte ruido.

—¿Cómo te atreves? —Edward estaba furioso mientras su padre se inclinaba y se agarraba la mandíbula—. Después de ver lo mucho que sufrí y lo mucho que esto me destrozó, todavía te paras aquí y tratas de defenderte. Trataste de vender a tu propio nieto. ¿Qué tipo de hombre, padre, eres?

—Edward, no es... —Ed se detuvo ante la expresión en la cara de Edward que claramente indicaba que no tenía intención de escuchar sus excusas. Ed se giró hacia Elizabeth, quien lucía igual de furiosa que Edward—. Elizabeth...

—¿Le ofreciste a Bob Gerandy dinero para convencer a nuestros niños de poner a su hijo en adopción después de que ellos ya habían tomado una decisión? —preguntó ella, su voz tan fría como el acero.

—¡Era la decisión equivocada! —gritó él.

—Oh, Dios, lo hiciste —susurró ella—. Trataste de deshacerte de nuestro nieto, y después nos arrastraste a Edward y a mí al otro lado del país con el pretexto de un nuevo trabajo y un nuevo comienzo. ¿Cuánto tiempo lo planeaste?

Ed no respondió. Su mirada cayó al piso.

—Te hice una pregunta, Ed. ¿Cuánto tiempo?

—Dos meses —susurró. Cuando levantó la cabeza, lucía derrotado—. Me acerqué a Gerandy en marzo. Pensé... Pensé que lo podrían escuchar a él. Éramos sus padres, y no sabíamos de lo que estábamos hablando, ¿recuerdas? Él me aseguró que los convencería. Pensé que sería más fácil para Edward no estar constantemente recordándolo, así que comencé a buscar trabajo en Nueva York. Era una aceptación condicional —añadió, como si eso lo hiciera mejor.

—¿Y si no hubiéramos aceptado? —preguntó Edward amenazadoramente.

—Entonces nos habríamos quedado aquí. —Ed estaba determinado—. No te habría, intencionalmente, alejado de tu hijo, Edward. Simplemente no creí que tuvieras alguna razón para quedarte con él muerto. Pensé que sería mejor para ti sanar sin los recuerdos.

—Me mentiste —susurró Elizabeth—. ¿También sabías que Renée no iba a venir a estar con Bella? Me dijiste que iba a venir.

—Le dije a Charlie que nos íbamos y que él debería llamarla —dijo Ed.

Me burlé.

—¿Y pensaste que eso lo solucionaría? Mis padres no han hablado por teléfono desde que fui lo suficientemente mayor para hacer los arreglos.

—Él no me dijo eso —admitió Ed—. Lo siento, Bella. Creía que eras mala para mi hijo, que solo estaba contigo porque tenía que estarlo. Que lo habías atrapado.

—¿Alguna vez te detuviste a pensar que debías preguntarme? —preguntó Edward—. ¿Me considerabas lo suficientemente maduro para entrar al ejército, pero no para saber con quién quería pasar mi vida?

—¡Los niños no entienden el amor! —exclamó Ed—. Ustedes eran niños. No, no pensé que fueras lo suficientemente maduro para tomar esa decisión.

—¿Tampoco pensaste en consultarme? —preguntó Elizabeth—. Lo siento, Ed, pero durante todos estos años he creído que nos fuimos cuando lo hicimos porque tenías que hacerlo por tu trabajo. Acordamos que sería bueno para Edward alejarse de aquí. Pero también me hiciste creer que Bella iba a ser cuidada, y no lo fue. ¿Cómo le pudiste hacer esto a nuestra familia? ¿A nuestros niños?

Edward resopló.

—Bueno, si no es la familia Masen en Springer*. No culpes de todo esto a papá, mamá. No te hablé por dos años. ¿No deberías haberte dado cuenta en ese momento que no era el movimiento correcto?

—Pensé que solo estabas rebelándote —susurró ella—. Pensé que una vez que tuvieras algo de tiempo y perspectiva, estarías mejor. Estabas mejorando, con Tanya. Entonces, te mudaste aquí, y ahora estamos rotos de nuevo.

—¿Me estás culpando por esto? —Edward se la quedó mirando impactado—. Mi padre intentó vender a mi hijo, trasladó a nuestra familia al otro lado del país dos días después que me dijeron que había muerto, me hizo abandonar a Bella cuando más me necesitaba, y cuando todo sale a la luz, ¿yo soy el único culpable de separar a nuestra familia?

—No, no. Yo solo... ¿no podemos simplemente perdonar y seguir adelante? ¿Ser felices porque Bella está de regreso en nuestras vidas y que tenemos a... Ryan para conocer? —preguntó ella.

La voz de Edward se volvió dura de nuevo.

—Bella y yo tenemos a Ryan para conocer.

—¿Nos vas a mantener alejados de él? —preguntó Ed, ahora temeroso.

—No lo querías alrededor en primer lugar —desafió Edward. Dejó que su declaración colgara ahí por un minuto, antes de continuar—: Sin embargo, eso no es lo que quise decir. Debido a que Ryan ha vivido con los Cullen por casi diez años, es lo suficientemente difícil para Bella y para mí conseguir visitas, ni hablar para alguien más.

—¿Qué podemos hacer? —ofreció Elizabeth de inmediato.

—No sé —le dijo Edward—. Quizás sabremos más esta tarde, pero por ahora, solo... váyanse.

Ed dijo algo bajito para Edward y le ofreció la mano, aparentemente como una ofrenda de paz, pero después de mirarla por un segundo, Edward murmuró algo que no pude escuchar y se alejó. Elizabeth dio unos pasos tentativos hacia mí, pero me dejó tener mi espacio.

—Lo siento mucho, Bella. Todo esto… —agitó una mano alrededor—... no es cómo debería haber sido. ¿Crees que alguna vez me puedas perdonar por dejarte de la forma en que lo hice?

Siempre la pacificadora, mi primer impulso fue decirle: «sí, te perdono», pero sabía que no era una reacción honesta. Nada de lo que había escuchado en los últimos dos días excusaba el dolor por el que me habían hecho pasar y el sufrimiento adicional que había tenido que soportar estando sola. No lo había superado en diez años. Al final, asentí.

—Quizás algún día —convive.

Me dio una sonrisa triste y me abrazó. Permanecí rígida en sus brazos, aunque se sentían tan familiares como siempre, y la palmeé en la espalda ligeramente. Afortunadamente, ella lo mantuvo breve y se alejó. Abrazó a Edward y empujó a Ed por la puerta.

—¿Es esto lo que tenemos que esperar? —gimió Edward cuando la puerta se cerró—. Estos dos son como una telenovela caminante. Oh, Dios. Nuestra vida se ha convertido en una telenovela.

Me reí de él y me desplomé en la cama.

—¿Cuándo se van a ir a casa?

—No lo suficientemente pronto —se quejó—. Los quiero, pero en serio, justo ahora, no quiero tener nada que ver con ellos. Papá, de hecho, me dijo que un día tendría un hijo para criar y lo entendería.

Lo miré sorprendida.

—¿Realmente eso es lo que dijo?

—Entre otras cosas.

—¿Qué le dijiste? —pregunté, ansiosa por saber más.

—Que en este momento consideraba que era parcialmente su culpa que no lo tuviera. También le dije que lo quería, pero que por ahora, sería mejor si me dejaba solo.

Mi corazón se hundió un poco más. Los próximos meses serían bastante duros, pero sin el amor y apoyo de nuestras familias, temía que el camino sería aún más duro.

—Lo he dicho antes, Edward, y lo diré de nuevo. No quiero que te pelees con tus padres por mí.

Me agarró una mano.

—Primero que todo, para mí, vale la pena pelear por ti. Segundo, no solo eres tú. Mamá es diferente. Creo que ella siguió con los planes de él, como siempre lo ha hecho, porque creía que estaba actuando en beneficio de todos. No es que no piense por sí misma, pero usualmente, ella se adhiere a él. Él, sin embargo, todavía no entiende lo que hizo mal. Todavía defiende acciones indefendibles, y no puedo respetar eso. En algún momento tendrá que admitir que estaba equivocado, y cuando lo haga, partiremos desde ahí.

Le di una sonrisa, entendiendo de dónde venía.

—Puedo vivir con eso.


*Placebo: Sustancia que carece de acción curativa pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz; tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero pero está hecho de productos inertes y sin ningún principio activo.

*Springer: The Jerry Springer Show es un programa conocido por mostrar historias de personas reales pero extrañas, historias semejantes a las que se ven en las telenovelas: infidelidad, engaños y, a veces, violencia. Cada episodio tiene un propósito para que participe la gente involucrada y discuta.


Gracias por leer. Ya todo salió a la luz. ¿Qué les pareció el capítulo? En el próximo van a conocer a Ryan, por fin.

Si leen hasta aquí, les pido que me dejen su nombre de Facebook en el review (algunas sé quiénes son ahí, pero otras no), les tengo una sorpresa. Gracias.

Gracias por las alertas, los favoritos, y sobre todo por los reviews, los aprecio mucho: Deessa Whitlock (Roxy), Jessi, Tata XOXO, Melany, Itzel Lightwood, freedom2604, Let Cull, cavendano13, IngridMMP, sofiarp, tulgarita, Lunita Black27, bbluelilas, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, Sarai GN, Eri RuzSant, MoN cArTeR, Anastacia T. Crawford, rosy canul, cary, liduvina, LeslieeMariia, y los Guest.