*"Desenterrando el Pasado Season 2"*

(Chapter 14)

Desde el techo de un edificio, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, Ishida contempla la ciudad. De pronto, una fuerte brisa sopló moviendo bruscamente sus negros cabellos. Triste mirada. – La vista desde aquí es hermosa. – comenta como sin darle importancia.

Cierto. – Nanami, sonrojada, se acerca a él. – P-Pensé que irías con ellos. – él no responde. – L-Lo siento, yo no…– sin prevenirlo, Ishida la tomó por la cintura y la atrajo hacia él. – I-Ishida-kun…– él la abraza fuertemente cerrando los ojos en el proceso. – Ah… Etto…

Quédate así un momento. – ella, sorprendida ante dicha petición, corresponde el gesto. El Ukitake acomoda la cabeza sobre el hombro izquierdo de la kunoichi. Entreabre los ojos. Mirada afligida. Asumi…– se separa un poco de ella, lo suficiente para contemplar sus ojos. Mismos ojos negros como los de ella. Mismo color de pelo. Casi el mismo cuerpo.Asumi…posa una mano bajo el mentón de la Uzuki y alzando el rostro de ella, plasmó sus labios sobre los de ella en un profundo beso.

Abre los ojos, encontrándose a una Nanami sonrojada. – Es hermosa. – deja escapar un suspiro. Entrecierra los ojos, recordando aquel día cuando le pidió ser su novia. Precisamente en la misma circunstancia, respecto al abrazo, y el mismo lugar.

~Flash Back~

E-Etto…Ishida-kun. – sisea la Uzuki, encontrándose en una situación comprometedora. El rubor ha cubierto por completo sus mejillas.

Rápidamente, Ishida suelta a la kunoichi y se aleja de ella. – L-Lo lamento. – mejillas ruborizadas. – En verdad yo no…– espira. Baja la cabeza, avergonzado.

¿C-Creíste que yo era Asumi-chan? – él abre los ojos, desconcertado. – No tienes que mentirme, sé que la quieres a ella y deseas que vuelva. – cierra las manos en puños, más floja las manos. – No quiero compararme con ella, pero Asumi-chan es mejor en todos los sentidos. A-Ante ella, yo…– hace una pausa mirando el suelo. – E-Es considerablemente ancha la distancia entre tú y yo. Sólo Asumi-chan puede romper ese espacio. – decidida, le mira directo a los ojos. – Q-Quiero…– niega con la cabeza. – ¡Deseo que seamos más que amigos, Ishida-kun! – el aludido retrocede un par de pasos. – H-He estado a tu lado, conozco tus gustos, sé cuando estás triste. ¿Puedo ser algo más para ti, Ishida-kun?

La mirada decidida de ella le motivó a tomar una decisión. Dicha decisión cambiará su vida. – Yo…– sonrisa. – Creo que esto es un error. – decepcionada y avergonzada, baja la cabeza. – Debería ser yo quien lo proponga, ¿No lo crees? – Nanami alza la cabeza. Sus ojos brillan. Él sonríe. – Es cierto, has estado a mi lado y te estoy agradecido.

Souka. Se trata de agradecimiento. – se dice a sí misma en voz alta. Cubre su rostro con ambas manos realmente avergonzada por lo dicho hace un instante. Desearía que la tierra la tragara en este momento.

Nanami…– posa su mano sobre la cabeza de ella. – ¿Quieres…? – toma una bocanada de aire. – Me arrepentiré de esto. – dice para sí mismo. – ¿Quieres ser mi novia? – sonrisa cautivadora.

Ruborizada, ella aparta las manos del rostro, sonríe. Su felicidad es totalmente notable, por tanto asiente. – Hai! – el shinobi acaricia la mejilla de la chica, por tanto ella sonríe aún más. Luego, rodea los brazos alrededor de la cintura de ella y la abraza. La actitud de la kunoichi es de una niña pequeña. Poco a poco ha perdido la timidez y eso es gracias a Ishida, por estar a su lado.

~Flash Back~

¿Recuerdas ese día cuando te propuse ser mi novia? – interroga él, separándose de ella.

Hai! – ruboriza. – En este mismo lugar, yo…– baja la cabeza avergonzada.

Intentaste compararte con ella. – Nanami entrecierra sus ojos, desviando la cabeza. – No quiero que lo hagas ni pienses ser diferente, porque lo son. Son diferentes, pero eres como eres y todos te aprecian.

¿P-Por qué ahora me dices todo esto? – mirada confusa.

Asumi no ha cambiado. Lo presiento. – susurra. Mira de soslayo a su acompañante. – No sé porqué ha regresado a la aldea.

T-Te preocupas mucho por ella, Ishida-kun. – le hace entrever insinuaciones que él no comprende. – Me quieres decir que aún la amas, ¿cierto? – él contempla el cielo, no contesta. – Eso creí. – sonrisa melancólica por parte de ella. – ¿V-vas a terminar conmigo?

No. – responde tajante. – Pero necesito hacer una prueba, quiero demostrarme a mí mismo que ya no me interesa. Y para eso me acercaré a ella. – Nanami cierra las manos en puños. – No te preocupes, sólo hablaré con ella. – ella suspira aliviada. – Llevamos casi un año de relación. Y quiero estar seguro antes de dar el siguiente paso contigo.

Yo…– levanta la cabeza, mirada decidida. – Aceptaré tu decisión. Entiendo que me aprecias, pero no me amas. Por tanto, si ella aún te gusta, por favor házmelo saber. – él afirma. – Arigato!


Al día siguiente…

Asumi camina al lado de Koishi por las calles de la aldea llevando al pequeño Kiyoshi de la mano. De pronto, él se soltó y empezó a correr, preciso momento tropezó y cayó al suelo. Preocupada de haberse lastimado, ella se aproxima a él pasos todo prisa. – ¿Te hiciste daño? – le ayuda a levantar. Sus ojitos claros lagrimosos le indican que sí. – Vamos por un helado, ¿Sí? – él ríe. – Eso es un sí.

Koishi estuvo a punto de decir algunas palabras para molestar a su hermana, pero…– Veo que lo consientes bastante. – dice, una voz masculina detrás de ella. – ¿No es así, Hatake?

¿Acaso me espías, Ukitake? – tono burlesco. Luego, mirada firme. Koishi espira calmamente, más sonríe. – ¿Qué demo…? – silenció al recordar que el pequeño estaba con ella; deja escapar un ligero suspiro. – ¿Qué quieres? – se pone de pie.

Pasaba por aquí y quise saludar. – desliza las manos dentro de los bolsillos del pantalón. Voz despreocupada. – Pero veo que no estás de humor.

Sonrisa fingida. – ¿Cómo te va con Nanami? Supongo que bien porque se te ve feliz a su lado. – feliz: palabra dicha entre dientes. – ¿Ya andan?

El Ukitake y Koishi se percatan de ese tono tan peculiar cuando ella está molesta y deja entrever lo contrario. – ¿Podemos tomar un refrigerio? – ella levanta una ceja, interrogante. – Para hablar con más calma. Hay un asunto del que quiero tratar contigo.

Koishi toma de la mano a Kiyoshi. – Nosotros iremos por el helado y después a casa. – Asumi asiente y ellos se despiden.

Aceptando la invitación, ambos se encaminan a un restaurante donde venden Dangos, los favoritos de ella. Después de pedir dos docenas de ese dulce, inicia la conversación. – Sobre lo sucedido ese día...

Asumi abre los ojos como platos, más desvía la mirada entristecida a un punto fijo. – ¿A qué te refieres con ese día? – voz apesadumbrada.

¿Por qué te marchaste sin despedirte de mí? – tono apagado, mirada abatida. – Esperé tu regreso, Asumi. – ella entrecierra sus ojos, dolida. – No es un tema conveniente a tratar a estas alturas, pero…– toma las manos de ella entre las suyas. – ¿Qué sucedió para que tomaras esa decisión?

Iban a separarnos. – contesta, mientras observa a sus hermanos comprar los helados. – Necesitaba actuar enseguida, de lo contrario viviríamos separados. Kiyoshi nació el día antes de mis padres fallecer por culpa de…– cierra los ojos un momento. Recupera la compostura. – Intenté rehacer mi vida lejos de este lugar, conjuntamente con mis hermanos. Me dediqué a cuidar de ellos.

Ishida intensifica el agarre de manos. – Debiste buscarme. – murmura.

¿Qué hubieras hecho? Nada. – aparta sus manos de entre las de él. – Éramos unos niños, Ishida. Yo me hice responsable de aquella estúpida decisión de la cual no me arrepiento. Pero por mi estupidez…– se lleva las manos a la frente. – No sabía cómo cuidar de ellos. Deseé ver a mis padres. Lo deseaba cada noche aunque sabía que no podía ser.

¿Por eso te has vuelto insegura? – ella se sorprende ante la deducción del shinobi. De nuevo, toma las manos de ella entre las suyas. – No has cambiado, sólo te juzgas a ti misma cruelmente. Quieres hacer más por tus hermanos, pero sabes que ya no puedes. No intentes parecerte a tu madre, porque Asumi es Asumi. Tu madre es tu madre. Son dos personas totalmente diferentes.

Quizás he intentado ser como ella por el bien de Kiyoshi. – sus ojos dejan notar un brillo especial. – Pero no he sabido cómo. Por mi culpa, Kiyoshi es muy apegado a mí y es de cuerpo débil. He sido muy estricta con él, a pesar de ser todavía un bebé. Cuando cumplió los tres años, se enfermó. – mirada sombría. – Tenía miedo de perderlo. – ella se aferra a las manos de él. Niega bruscamente con la cabeza. – No sé porqué te cuento todo esto. – prontamente, se pone de pie. Sale del establecimiento corriendo.

Acción que desconcertó al shinobi, quien depositando el dinero sobre la mesa, sale detrás de ella hasta alcanzarla en un callejón y agarrándola por la muñeca la aprisiona contra la pared. – ¿Por qué huyes? – respira profundo, cansado de correr a dicha velocidad sólo por alcanzarla.

No quiero que me veas débil. – susurra, voz entrecortada. – He pasado por mucho y eres la última persona a la cual le contaría de mi patética vida. – Ishida intensifica el agarre que mantiene con las muñecas de ella. – Deseo volver el tiempo atrás y evitar la muerte de mis padres, yo quiero verlos otra vez. Necesito abrazarlos. – lágrimas desbordan de sus ojos. – No he superado ese vacío porque veo su imagen en Kiyoshi. – cierra los ojos. – Kiyoshi… Por mi culpa, él habría muerto. Es por eso que ahora no quiero que nadie más que yo o Koishi se haga cargo de él.

Ishida, sin soltarla, acomoda el mentón sobre el hombro derecho de ella. – Pero ya no estás sola. – le susurra al oído.

Quería verte junto a mí cuando me sentía mal. – dichas palabras lo tomaron por sorpresa. – Deseé que todos estuvieran a mi lado, pero ninguno estuvo allí. – forcejea, intentando liberarse. – He pasado cinco años llorando en silencio, sonriendo cuando me sentía vacía por dentro. Ahora no me vengas con que no estoy sola. – continúa forcejeando. – ¿Todos intentan acercarse a mí porque se sienten culpable o porque me necesitan, ah? – enfrenta con la mirada al shinobi, quien no se intimidó. – ¡Suéltame!

No puedo dejarte ir en ese estado. Estás alterada. – ejerce presión a las muñecas de Asumi, lastimándola aunque ella no lo demuestre. – Respóndeme una pregunta. – ella cierra las manos en puños. – ¿Me odias? – Asumi desiste de forcejear. – ¿Me guardas rencor? – agacha la cabeza, permitiendo que los flequillos de su cabello cubran sus ojos. – Asumi, por favor contesta. – como ella no responde, acerca su rostro al de ella y estando a pocos centímetros podía sentir el aliento de la chica chocando contra su boca. – Necesito saber si no te soy…– poco a poco acorta la distancia. – indiferente.

Quiero ir a casa. – susurra ella, voz entrecortada. Apenas logró articular. Sus piernas tiemblan al tenerlo tan cerca de ella y su aliento chocando contra sus labios, deseando besarlo pero debiendo aguantarse. El corazón empieza a palpitar rápidamente, mientras la sensación de sentir sus manos sosteniendo sus muñecas le provocan un impulso deseo de tocar esos carnosos labios.

Él, percibiendo lo que provoca en ella, aproxima su cuerpo más al de ella ocasionando un estremecimiento por todo el cuerpo de la chica. El pecho de Asumi sube y baja agitadamente. – Estando así, junto a ti, responderé la pregunta que hace rato me formulaste. – ella alza la cabeza. – En efecto, Nanami y yo andamos desde hace un tiempo.

Ella desvía la cabeza hacia un lado. – Me lo imaginé. – voz rota. – Hace años ustedes dos parecían muy cercanos. Te alejabas más cada día. Preferías la compañía de Nanami antes que la de nosotros. – enojada, de manera brusca forcejea para ser soltada inútilmente. – ¡Eres un estúpido!

¿Si querías saber la verdad, entonces porqué me insultas? – voz resentida. Mirada seria.

Dolida por la mirada dura que recibió de él, logró zafarse del agarre. – ¡No entiendes nada! – le grita. – ¡Siempre has mirado a través de los hechos, pero no de los sentimientos! ¡He venido a recuperar algo! ¡Estoy aquí para cumplir mi promesa! ¡Y para que Koishi participe en los exámenes chunin! Pero tú… ¡Eres un completo idiota que no te das cuenta de nada! – Ishida la toma por los hombros para tranquilizarla.

Claro que me doy cuenta, pero necesito escucharlo de tus labios. – la aprisiona contra la pared, harto de escucharla siempre evadir temas importantes como lo hace en este momento.

¿Qué demonios quieres escuchar de mí, ah? – le grita fuerte y claro. – Si me has juzgado mal como todos los demás desde que llegué a esta aldea. – Dolido, Ishida suelta a la kunoichi y retrocede un par de pasos. Ella tiene razón. – Me has mirado como si yo fuera la culpable de todo, cuando en realidad soy una víctima de las circunstancias. Sin embargo…– toma una bocanada de aire, lo expulsa. – me han criticado, exigido, y hasta reclamado. Me has visto como la mala de la historia. – deja su cuerpo apoyarse contra la pared. – No te odio. Ni te guardo rencor. – Ishida permanece callado. – Siempre te he querido por ser mi mejor amigo. Ahora no sé si tengo amigos. – se aparta de la pared. – Te aprecio mucho Ishida, hasta cierto punto. Pero no voy a permitir que te entrometas en mí vida.

¿Intentas decir que, ya no somos amigos? – avanza un paso hacia ella. – Entonces… ¿Qué soy para ti? – intercambian miradas difusas. – ¿Compañero? ¿Conocido? ¿Alguien despreciable que llegó a tu vida como un simple error? – rápida e inconscientemente, Asumi niega con la cabeza. – ¿Entonces, qué soy? Vamos, dime. Quiero escucharlo de tus labios. – posa su mano debajo del mentón de la kunoichi y levanta su rostro. La mira directo a los ojos. – Mirándome a los ojos, si tienes el valor de decirme que ya no somos amigos, hazlo. Hazlo ahora, querida Asumi.

Nerviosa, Asumi separa sus labios dispuesta a responder, pero las palabras no salieron de su boca. Mientras, él aproxima su rostro al de ella, todavía sosteniendo el mentón de ella. – Dejémoslo así… por… favor…– musita.

Tú misma acabas de exponerte. Me aprecias hasta cierto punto. En verdad, no te entiendo. – susurra. – Primero me miras con rencor, luego me tratas con indiferencia; hoy me gritas, insultas y dices no sé si tengo amigos, pero me aprecias. – espira. – Estoy aquí para escuchar y entenderte. Quiero saber qué sucedió realmente contigo. Qué te ha conducido a querer alejarnos de ti. Dime qué puedo hacer para obtener tu perdón. – espira, apoya su frente contra la de ella. – Perdóname por no haber estado allí cuando más me necesitaste. Perdóname por ser un idiota y no comprender tus sentimientos. Perdóname por desear algo indebido. – Posiciona ambas manos en las ruborizadas mejillas de Asumi – Perdóname por…esto. – plasmó sus labios sobre los de Asumi en un forzado beso, el cual Asumi intentó romper resultando inútil. Ella procuró empujarlo, lo que provocó que él la aprisionara en sus brazos.

Desistiendo, Asumi se dejó llevar. Ishida dejó libre las manos de Asumi y suavizó el beso, permitiendo que ella correspondiera a gusto. Lento y sin prisa. Mientras degustaba y saboreaba los labios del ninja, su mente le pedía a gritos alejarse. – ¿Qué estoy haciendo? – se pregunta a sí misma. – Es novio de Nanami y yo… yo no tengo derecho a esto. – una lágrima rebelde escapa de sus ojos. – Por más que le desee no puedo hacerle esto a ella. No puedo destruir el corazón de mi hermana. – ella se aferra a él sin dejar de besarlo. – Te amo, Ishida. Eres una de las razones por las cuales regresé, pero no debo decírtelo. Tengo que callar. – rompe el beso e Ishida le mira a los ojos. – Yo…

No digas nada. – acaricia dulcemente la mejilla derecha de Asumi. Más iba a besarla nuevamente, pero ella desvía la mirada.

No podemos. – responde con lágrimas desbordando de sus ojos. – Lo mejor será olvidar esto.

No quiero olvidar que te besé, Asumi. Que nos besamos. – coloca las manos en las mejillas de ella, haciendo que ella le mire a la cara. – Si te soy sincero, lo hice porque siempre me has atraído, Asumi. Nunca te he visto como a una amiga por más que me decía a mí mismo que estaba mal el desearte de este modo. Pero yo…– cierra sus ojos y apoya la frente contra la de ella. – Me es difícil verte y no poder abrazarte. – entrelaza sus manos con las de ella. – El verte aquí de regreso… me ha llenado de una inmensa alegría y más porque deseaba estar contigo. – sonrisa. – Si me quieres como yo a ti, dímelo. Quiero saber qué sientes hacia mí. Si tú me amas, dejaré todo atrás y me iré contigo.

Nanami-chan…– logra musitar la Hatake, en medio del desconcierto que le ha ocasionado el chico al confesársele.

Olvidémonos por un momento de los terceros. – responde, más vuelve a besarla, correspondiendo ella segura de sus acciones.

Pero no puede encerrarse de esa manera. – ¡No! – lo empuja bruscamente, rompiendo el beso al mismo tiempo. – Lo siento, pero estás con Nanami y no puedo hacerle esto. – desvía la mirada. – No quiero lastimarla. Es doloroso sufrir por amor, por eso no puedo seguir besándote y hacer de cuenta que no nos importa nadie más. Yo…– su cuerpo empieza a temblar. – No quiero ser culpable por hacer llorar a Nanami. Si estás con ella es porque te gusta. – hace una reverencia. – Por favor, discúlpame.

No tienes que disculparte. – gira sobre sus talones, dándole la espalda a ella. – Actué por impulso. – se lleva su mano a la frente, luego sonríe. Una sonrisa abatida. – Un impulso provocado por estar tan cerca de ti y a solas. Perdóname. – la observa de reojo. – No quise ponerte en esta situación. Pero…– en un rápido movimiento, se da vuelta, quedando frente a ella; más la abraza fuertemente. Acerca sus labios al oído de Asumi. – Sólo lo diré una vez porque no deseo incomodarte. – le susurra al oído, haciendo que ella se estremezca. – Después de esto me pedirás que olvide lo ocurrido en esta noche. Por eso, ahora que estamos así…– aspira el cálido aroma provenir del cabello de ella. – Abrazados…– se aferra a ella. – solos...– siente el rápido palpitar del corazón de Asumi. Sonríe. – Ya veo. Esto provoco en ti, ¿Cierto? – enojada, ella intenta separarse, sin embargo, él aprovecha y la apoya contra la pared sin soltarla. – Asumi Hatake…– acorta la distancia entre sus labios y la oreja de la chica. – Te amo. Siempre te he amado. – desconcertada, abre los ojos desmesuradamente, sin saber qué responder, a lo que él aprovecha el aturdimiento de la chica y la besa por tercera vez, pero un beso corto y simple. En seguida se aleja. La contempla por última vez y se marcha, dejándola completamente aturdida.

Sin saber qué hacer, levanta la cabeza esperando verlo ahí, frente a ella; no obstante, está completamente sola en la oscuridad. Afligida, se toca los labios tímidamente con sus dedos. – Ishida…– susurra dolida por haberse ido así, después de besarla y sin escuchar una respuesta. – Perdóname. – desliza su cuerpo contra la pared hasta caer al suelo sentada. – También te amo, pero estás comprometido. Vine para verte, aunque sabía que era demasiado tarde. Lo siento. – apega las piernas a su cuerpo, lágrimas escapan de sus ojos.


A la mañana siguiente…

El peculiar grupo compuesto por Kimi, Hiroshi, Árika, Chad, Ishida y Nanami caminan animadamente por las calles de Konoha, a excepción de Ishida, quien parece estar en otro mundo. – ¿I-Ishida-kun, estás bien? – pregunta Nanami, sumamente preocupada.

El Ukitake le regala una sonrisa, acompañada de un sí, estoy bien. Posa su mano sobre la cabeza de la Uzuki y le alborota el cabello. – No te preocupes. – contesta, con una sonrisa, aparentemente feliz.

¡Oh, Ishida! – exclama Árika, entrecerrando los ojos. – No preocupes tanto a Nami-chan. – suspira, derrotada. Ninguno de los dos atendió sus palabras. – Los chicos no entienden el sentimiento de la preocupación. ¿Verdad, Kimi? – mira a la aludida, quien mantiene conversación con Hiroshi. – Gracias por la atención eh, Shiranui. – como la castaña no prestó atención, tomó a Chad por el brazo. – Nos han abandonado mi querido Chad. Son un par de insensibles. – ruborizado, él desvía la cabeza al lado contrario. – ¿Cierto, Chad?

Nervioso por la cercanía de la rubia no puede musitar palabras como responderle a dicha interrogante, por tanto, echó un vistazo un poco más lejos de ellos encontrando una distracción. – Mira, es Asumi. – la chica lo soltó.

En efecto, Asumi se ubica cerca de una banca, arrodillada ante Kiyoshi mientras le limpia con un pañuelo la mejilla del pequeño. – ¡Mi-san! – Asumi creyó escuchar, suspira. – Aquí vienen de nuevo. – se dice a sí misma. – ¡Listo! – terminó de limpiarle el barro de la mejilla. Se pone de pie.

Ohayou! – saluda Árika, entusiasmada. Los demás la imitaron.

Ah… Ohayou! – contesta Asumi, extrañada por la actitud de todos ellos. – Estoy confundida. Ayer…– empieza a decir, pero Árika le interrumpe.

Ayer nos salvaste. – contesta, rodeando con un brazo el cuello de Asumi. – Eso significa que todavía somos amigos, ¿Verdad? – mira a sus amigos, quienes afirman ser cierto. Asumi baja la mirada al suelo, luego mira a Ishida. Él le devuelve la mirada de manera intensa, a lo cual ella desvía los ojos. Árika notó la intensa mirada que ambos intercambiaron. – ¿Pasó algo entre ustedes dos?

Nada. – responden al unísono. Ambos se enfrentan mirándose directo a los ojos, buscando alguna respuesta. – Olvidemos lo de anoche. – interpretaron mentalmente la mirada del otro. – Si es lo que quieres, lo haré. – pensaron los dos. Al mismo tiempo sonríen. Sonrisas fingidas.

No parecen ustedes el día de hoy. – sisea Árika, estudiando los movimientos oculares de sus víctimas. – Además, no dejan de mirarse. – entrecierra sus ojos.

Ishida desliza las manos en los bolsillos del pantalón. Espira desganado. – Supongo que a Hatake le gusto. Debe de ser esa la razón por la cual me observa. – sonrisa.

Asumi sonríe en complicidad. – No te creas tan importante, Ukitake. Ya deberías haber notado que no me interesas. De lo contrario, te habría hecho caso años atrás. – contesta. Mordacidad en el tono. – Mejor concéntrate en no preocupar a Nanami con tus palabras o…acciones. – última palabra la dijo con dolor. – Las cuales son difíciles de perdonar cuando hay traición. – intercambian miradas de enojo.

¿Traición, dices? – enfrenta a Asumi, con la misma mordacidad que ella usó. – No sé de qué hablas. A menos que le llames traición al verdadero sentir, porque esa no es la palabra correcta para definir el hecho, sino amor. – se lleva la mano al mentón. – Sí, esa es la palabra correcta. Aunque un poco cursi si lo dice un hombre delante de su chica. – acaricia la mejilla de Nanami delante de todos los presentes.

Quizás sea amor o es posible que se le llame obsesión, ¿No lo crees? – Asumi cierra sus ojos, como dándose ella misma la razón.

¿Obsesión? ¡Hm.! – se pasa una mano por sobre el pelo. – No me parece. A lo mejor estás confundida. Si quieres puedo explicarlo con más claridad. – mirada seria.

No hace falta que me llenes la cabeza de cursilerías. – responde Asumi, niega con la cabeza. – Me enferma ver ese tipo de espectáculos. – los demás, excepto Ishida, observan a una pareja pasar cerca de ellos abrazados y riendo en complicidad. Inhala y exhala. – Patéticos.

Algún día harás este tipo de espectáculos cuando te enamores. – agrega Ishida, riendo por la cara de desagrado que puso ella. – Sin mencionar los besos a escondidas. – ella traga saliva con fuerza. – Dicen que saben mejores que los que se dan en público. – Asumi abre la boca para replicar, pero al ver los apetitosos labios de Ishida cuando los probó anoche, no le respondió. – ¿Será cierto? – mira a Asumi ruborizarse. – ¿Tú qué dices, Nami-chan? – Para sorpresa del Ukitake, Asumi cerró las manos en puños a pesar de estar sonriendo.

E-Etto…– empieza a jugar con los dedos. El rubor cubre las mejillas de Nanami. Puede que sea tímida, pero la conversación entre Ishida y Asumi la entendió a la perfección, más no dijo nada. Mientras que el resto, bueno… no comprenden del todo la situación, con excepción de Hiroshi.

¿Qué ha sido todo eso? Parece una pelea de enamorados. – pregunta la rubia a Kimi en susurros. Kimi niega con la cabeza, pero en el fondo sí entendió fragmentos del diálogo.

Vamos, vamos. No sé de qué se trata esto, pero parece que entre ambos sucedió algo que no sabemos y no me interesa saber. – interrumpe Kimi. – Así que…– le da unas palmadas en la espalda de Ishida, más sonríe con picardía. – Vamos a almorzar y luego a entrenar. ¿Asumi, vienes?

No. Tengo compromisos que atender. – toma de la mano a Kiyoshi y se alejan de los demás.

El grupo toma su camino, sin embargo, Kimi disminuye la velocidad para ir a la par con Ishida, quien sigue al grupo más atrás. – Vaya, eso fue arriesgado. – le dice. Ishida levanta una ceja interrogante. – En verdad eres impulsivo delante de Asumi-chan. – él espira. – Ten más cuidado la próxima.

¿Próxima? – frunce el entrecejo, confundido.

Casi te delatas ante los demás. Aunque creo que sospechan, en especial Nanami-chan. – hace una pausa mirando el cielo. Mira de soslayo al shinobi, quien no comprende aquellas palabras. – Yo también me pregunto si los besos a escondidas son mejores. – mirada pícara. – Tú debes de saberlo mejor que nosotros, porque después de todo ayer besaste a Asumi en un callejón a oscuras, ¿cierto? – él iba a defenderse, no obstante ella se adelantó. – No te molestes en negarlo, yo los vi. Como también vi que la dejaste llorando. – él se detiene de golpe. Ella también se detiene, mientras los demás continúan andando. – Así es, Asumi permaneció en ese callejón durante quince minutos llorando amargamente. Fuiste muy duro con ella. La besaste a la fuerza. – Ishida baja la cabeza, avergonzado. – Después de tanto resistirse, cedió ante tus labios. Con esas acciones la haz confundido. Sé menos impulsivo, por favor. – se marcha, dejándolo solo para que piense mejor la situación. – Y pensar que los dos se quieren. Sin embargo, son tan tontos. – espira. – Típico en ellos.


(*-*) Espero les haya gustado!

Ja ne!