Llegamos al último capítulo de este fic. Espero que os haya gustado. Al final comento algo más.
The only way out is through
Pasaron un rato explicándole a Regina qué había pasado mientras ella había estado dormida, en esos cinco años, pero sobre todo en los últimos días.
Cuando le hubieron contado qué había pasado y que necesitaban mandar a sus copias al universo correcto, estuvo inmediatamente de acuerdo y lista para participar.
«Dos días en esta realidad y parece que hayan pasado diez años» suspiró Emma, mientras entraban en la plaza de Storybrooke.
«No es divertido, Emma» Regina la fulminó con la mirada
«Henry tendrá veinticuatro años. Ya se habrá licenciado en la Universidad»
«La Universidad más cercaba está en Boston. ¿Piensas que tus padres lo habrán mandado tan lejos solo para que estudie?
«Pues más les vale. Henry debe tener una vida mejor que la mía»
«Podríamos volver y estar casado. Podría haber tenido un hijo a los dieciocho años, tener la edad de Neal» le dijo Regina, señalando con un gesto de cabeza al pequeño que estaba caminando dado de la mano con Henry unos cuantos metros tras ellas.
«No bromees, Regina»
«No estoy bromeando para nada. Bajo la guía de tus padres, ¿quién sabe qué diablos le habrá pasado a mi pequeño príncipe?»
«Bueno, supongo que lo descubriremos pronto»
Regina apoyó la esfera en el centro, Henry, Ruby y Neal permanecieron apartados mientras ellas se posicionaban alrededor de ella a la misma distancia una de otra.
«¿Listas?» preguntó Regina
Las otras tres asintieron, extendiendo los brazos hacia delante. Sus magias golpearon simultáneamente la esfera, iluminándola con una luz blanca y brillante. Siguieron así durante varios segundos, concentrándose en la esfera, pero no pasó nada de nada.
Probaron una y otra vez, pero sencillamente no parecía tener resultado.
«Quizás deberíamos…» comenzó la versión más vieja de Emma.
Pero Regina entendió rápidamente que estaba a punto de proponer que renunciaran, así que la calló con un simple, pero decidido
«No»
«No está funcionando» señaló la otra Regina «Quizás Maléfica era la única que podía abrir el portal»
«Pero eso significaría que no hay manera de volver» respondió Emma, señalando de nuevo lo obvio, pero sin lograr evitar pronunciarse.
«No» repitió solamente Regina, sacudiendo la cabeza y extendiendo de nuevo las manos hacia delante, lista a golpear de nuevo la esfera.
«Regina» dijo Emma
Ella no se dejó distraer, y dio comienzo a su hechizo.
«No me rendiré. Podéis ayudarme o quitaros de en medio. La elección es vuestra» dijo únicamente, cerrando los ojos y concentrándose con todas sus fuerzas en la esfera
«Quizás» intervino la Regina de aquella realidad «el problema es que la estamos golpeando con la magia equivocada. La magia de Maléfica era negra. Deberíamos probar a usar ese tipo de magia, en vez de esta blanca»
Regina reflexionó un momento. Al final asintió.
«Solo tú y yo podemos hacerlo»
«Tendrá que bastar» murmuró
Sin dudar más, ambas comenzaron a golpear la esfera de nuevo, usando el otro tipo de magia que poseían. La esfera tembló, pero nada más. Regina sabía que tenía que ser más fuerte, más segura, más el tipo de magia que habría usado Maléfica, pero no sabía si aún era capaz de hacerlo, tras todo lo que había sentido con su propia redención.
Cerró los ojos, la voz de su madre resonó en su cabeza.
El amor es debilidad
Inspirando se concentró en el dolor, en aquello que había sentido cuando Cora había arrancado el corazón de Daniel, pensando en qué habría hecho si en su lugar hubiese estado Emma. Se dio cuenta, en aquel momento, que, dado lo frenético y peligroso de sus vidas, la posibilidad de perder a Emma por culpa de alguien como su madre no era tan absurda como podía parecer en un primer momento.
Se concentró en el dolor, en la rabia que tan solo ese pensamiento que le había venido le causaba. Pensó en la venganza. En lo fácil que había sido ese sentimiento para ella. En lo fuerte que lo había sentido. En un destello cegador, el portal contenido en el amuleto de Maléfica se abrió, igual que había pasado la primera vez. Se tomaron de la mano, listas a atravesarlo, cuando la voz de un hombre las distrajo.
«Esperad» Henry se acercó casi corriendo. Abrazó a Regina, murmurando un tenue «Adiós» pegado a su mejilla y después abrazó a Emma, hablándole al oído. La rubia arrugó la frente, pero asintió.
«Tened cuidado» les dijo «En estos cinco años han sucedido muchas cosas, cosas que tendréis que afrontar. Qué quizás, si permanecéis juntas, lograreis parar. No toda la destrucción de esta ciudad es culpa de Maléfica»
«Henry» la Emma del futuro intervino, haciéndolo callar «No nos es concedido revelarles nada del futuro. No digas más»
Él miró a la versión joven de Emma a los ojos, asintiendo.
«Recuerda solo lo que te he dicho» le advirtió
Después retrocedió, dejando que Emma y Regina se tomasen de la mano.
«¿Y si ya han pasado cinco años?» murmuró Regina, cuando estuvieron cara a cara con el portal, pero sin moverse
«¿Y si el portal nos manda aún más adelante y ya han pasado diez?» preguntó a su vez Emma
«Supongo que lo descubriremos pronto»
Emma suspiró
Estaban listas.
Igual a como habían entrado, salieron de aquel portal y volvieron a casa finalmente.
Cuando el portal se cerró, nadie se movió
Blanca siguió mirando la esfera que ahora yacía en el suelo, quebrada.
David extrajo la espada del tórax de Maléfica, su corazón había dejado de latir desde hacía varios segundos.
Ruby estaba presionando las manos contra la herida del lado izquierdo de Mulan, ya estaban cubiertas de sangre y los ojos de la mujer echada en el suelo ya estaban comenzando a cerrarse, estaba desvaneciéndose.
Blanca cayó de rodillas, comenzando a llorar. David corrió a su lado y la abrazó.
Solo habían pasado uno diez segundos desde que el portal se había cerrado. Y ya cada cosa había cambiado para siempre.
Fue en se momento que, igual que se había cerrado, el portal se reabrió, una luz cegadora hizo que todos dirigieran la mirada de nuevo hacia la esfera.
Emma y Regina la atravesaron, y miraron rápidamente alrededor. Reconocieron de inmediato el lugar y el momento en que se encontraban: no podían estar sino pocos segundos después de que se hubieran marchado.
Se miraron, comprendiendo al vuelo.
Emma se giró hacia el portal, y usó la magia para cerrarlo, mientras Regina corría velozmente hacia Mulan, para intentar curarla.
Cuando el portar fue cerrado, las heridas de la princesa sanadas y el shock dejado a parte, Blanca Nieves corrió hacia su hija, abrazándola fuertemente.
David hizo lo mismo, cuando Blanca pasaba a abrazar a Regina, después de que Ruby la hubiera soltado. Tras algunos instantes, se miraron los unos a los otros.
«Ha funcionado» murmuró Emma
«La pesadilla ha acabado» añadió Blanca Nieves.
«Maléfica ha muerto» la voz de Regina escondía el tono triste de quien acaba de perder a una amiga. Sus ojos descendieron y no dijo nada, se encaminó hacia Mulan, la elevó con la magia y la transportó al hospital.
Cuando los otros llegaron al hospital, encontraron solo a Whale monitorizando sus constantes vitales, pero de Regina no había huella.
Emma estaba segura de dónde podía encontrarla, así que salió del edificio, y se dirigió a paso rápido hacia su coche, y comenzó a conducir hacia Mifflin Street.
Cuando abrió la puerta, vio a dos figuras de pie en el hall, abrazadas tan estrechamente que apenas se podía distinguir a una de la otra.
«No me suelta, me ha tenido así casi un cuarto de hora»
La voz de Henry llegó a sus orejas apagada por los hombros de Regina, contra los que estaba apoyado su rostro. Los brazos de la mujer estaban rodeando sus hombros, mientras los de Henry ceñían la cadera de su madre.
«Parece que no me haya visto en años, sin embargo nos hemos visto hace dos horas»
Emma suspiró de alivio, temblorosa, antes de echarse a reír.
«Muchacho, mañana te llevo con tu abuelo, así puede enseñarte a afeitarte. Cuatro pelos en la cara no es una barba, son feos de ver y asustan a las chicas»
Él la miró con ojos entrecerrados, como si estuviera loca. Y quizás lo estaba. Quizás sus dos madres habían enloquecido en ese tiempo en que habían estado lejos.
Emma se acercó a ellos, y los abrazó a ambos, apoyando el mentón sobre la cabeza de su hijo.
«Te he echado de menos» murmuró Regina
«También yo, chico» añadió Emma
«Algo me dice que para vosotras no ha pasado las pocas horas que han transcurrido para mí» murmuró él, comenzando a preocuparse.
«Hemos estado en el futuro» contó Emma, alejándose ligeramente, para poder mirarlo a los ojos «Cinco años en el futuro»
«Oh» susurró él, llevándose una mano al rostro «Eso explica el comentario de la barba»
Tanto Emma como Regina rieron, soltándose del abrazo, pero permaneciendo cerquísima de Henry, sin querer sus manos se unieron.
«¿Pero cuánto habéis estado allí?»
«Solo un par de días, pero ha sido terrible»
«¿Cómo era?»
«Te lo contaremos luego, cuando estén también tus abuelos. Por ahora, ¿por qué no vamos a comer? No sé vosotros, pero yo muero de hambre»
Se encontraron en Granny's, sus padres ya estaban allí, esperándolos, mientras Ruby y Mulan aún estaban en el hospital. Belle y Aurora se les había unido antes de que Emma, Regina y Henry llegasen.
Cuando la puerta de la cafetería se abrió y las dos mujeres entraron precedidas de su hijo, todos se paralizaron. Regina bajó la mirada, sabiendo que su presencia podía no ser bien vista por quien pensaba que Maléfica los había cogido como objetivos por su culpa. Pero lo único que quería era comer junto a su familia, así que reunió valor y atravesó el restaurante hasta la mesa donde estaban Blanca y David, y se sentó junto a ellos, seguida inmediatamente por Emma y Henry.
«Tenéis que contárnoslo todo» dijo rápidamente Blanca, curiosa como de costumbre «¿Qué había al otro lado del portal?»
«¿Habéis caído en un portal?» intervino Henry «Guay»
«Chico, tenemos que revisar tu concepto de guay» intervino Emma, riendo ante sus propias palabras, comenzando a contar qué les había pasado, el viaje al futuro, el encuentro con Henry, el hechizo del sueño eterno que Regina se había lanzado a sí misma y del cambio radial del modo de actuar de Emma.
Contó que habían visto a Ruby y a Neal, ya crecidos, cómo habían derrotado de nuevo a Maléfica y cómo habían logrado reabrir el portal para volver a su propia realidad.
«¿Y la ciudad estaba completamente devastada?» preguntó Henry
«Sí, a excepción de pocas casas»
«¿Y eso lo había hecho Maléfica?» preguntó Blanca
«Pero, ¿por qué? No suena mucho de ella» intervino de nuevo Henry
Emma y Regina se miraron, ligeramente perplejas
«La gente se habría vuelto loca, como tras el hechizo de Ingrid» intentó razonar Emma «Pienso que tras cinco años de aquel modo las cosas se degeneraron»
Ninguno pareció muy convencido con aquella explicación. Las palabras que Henry les había dicho en el futuro resonaron en la cabeza de ambas mujeres
No toda la destrucción de esta ciudad es culpa de Maléfica
¿Habría algo reservado aún para ellos ahora que habían logrado destruir a Maléfica?
«Pero no nos habéis dicho lo más importante» las distrajo su hijo, haciéndolas olvidar aquella línea de pensamiento «¿Qué guapo soy de adulto?»
Todos rieron, distrayéndose, también ellos, en aquella comida, de las cosas que habían sucedido ese día. Y que probablemente seguirán pasando.
Cuando volvieron a la mansión aquella noche, tras haber pasado toda la tarde en el hospital con Ruby y Mulan y haber cenado en casa de los padres de Emma, estaban exhaustas.
Parecía que hubieran pasado años.
Solo querían dormir y despertarse al día siguiente, para poder comenzar con sus vidas, como hacían tras cada batalla.
«¿Quieres esperarme aquí mientras acompaño a Henry a la cama?» susurró Regina, apenas cerrada la puerta a sus espaldas
«Mamá, tengo catorce años, creo que lograré encontrar mi cama solo» dijo Henry, revirando los ojos y caminando hacia las escaleras.
«Te espero aquí» dijo Emma con una sonrisa, sabiendo que Regina quería darle las buenas noches antes de dejarlo dormir. Ella le devolvió una agradecida mirada, y siguió a su hijo.
«Henry, da las buenas noches a tu madre» ordenó cuando él estuvo a los pies de las escaleras
Él se giró, volvió sobre sus pasos mientras Regina comenzaba a subir lentamente las escaleras, se acercó a Emma y abrazándola velozmente, sin que ella tuviera tiempo de reaccionar de algún modo
«Noches, ma» le dijo, sonriéndole y después corrió de nuevo hacia las escaleras, pasando por delante de Regina y llegando primero a su cuarto.
Emma se quedó ahí mirando las escaleras que acababan de recorrer las dos personas más importantes en su vida, sonriéndose a sí misma.
En las nubes, se puso las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta como solía hacer. Solo en ese momento recordó aquello que le había susurrado Henry al oído
Comprueba tu bolsillo izquierdo cuando nadie pueda verte
Había colocado en él una nota. Había algunas líneas escritas con prisa con la inconfundible caligrafía de Henry.
Leyó rápidamente aquellas pocas líneas, después las releyó de nuevo, una y otra vez. Pero no tenían sentido. Podía decirle qué esperarse, en cambio le había dejado una adivinanza.
Ruby y Whale no son solo los únicos monstruos del Bosque Encantado.
Falta uno en la lista, pero tendrás que llegar a ello sola.
Acuérdate solamente que nadie está a salvo cuando cae la noche
¿Qué diablos estaba intentando decirle su hijo?
«¿Qué estás leyendo?»
La voz de Regina la cogió por sorpresa, su mirada saltó hacia arriba y arrugó raídamente la nota que tenía en la mano, que sin su control se incendió, dejando solo cenizas entre sus dedos.
«Me has asustado»
«Lo siento, no era mi intención» la mujer se acercó lentamente a ella, le cogió delicadamente la mano para comprobar que no se hubiera quemado. La magia podía ser peligrosa para quien no supiera bien cómo usarla.
«Era solo la lista de la compra de la semana pasada» mintió Emma «No sé por qué estaba aún en el bolsillo de la chaqueta»
Regina siguió mirando la palma de su mano, buscando esconder la sonrisa y asintiendo distraídamente.
«¿Así que no tenía nada que ver con lo que te susurró Henry a la oreja ni con la nota que metió veladamente en tu bolsillo?»
Emma tragó en seco, asustada por un momento ante la capacidad de observar cada detalle que la mujer que tenía delante poseía.
«Imagino que no quieres contármelo»
«Esta noche no» suplicó Emma «Quizás dentro de algunos días podamos comenzar a buscar nuestros nuevos problemas, pero mientras no sean ellos los que nos busquen primero, digo de vivir algunas días en santa paz»
Regina le sonrió y solo en ese momento Emma se dio cuenta de que ya no estaba confirmando de que no se hubiera quemado, sino que estaba trazando con delicadeza las curvas y el dorso de su mano, manteniéndola suavemente entre las de ellas, mirándola a los ojos con nada más que comprensión y afecto.
Su respiración se quedó trabada a mitad de su garganta cuando se dio cuenta de que estaban en la mansión de Regina, Henry estaba durmiendo y ellas finalmente estaban en casa.
Emma dio un paso hacia delante, invadiendo el espacio personal de Regina, casi sin darse cuenta. A su vez, la morena soltó la mano de Emma, para pasar sus brazos por sus hombros.
«Hola» murmuró Emma, mientras sus manos se posaban en las caderas de Regina
«Hola» respondió sonriéndole
«Estás bellísima» añadió la rubia, llamándose estúpida mentalmente por dejar escapar aquello que para ella era un secreto inconfesable, pero que para el resto del mundo no eran más que hechos objetivos. Emma encontraba a Regina muy bella, cualquiera hubiera logrado darse cuenta.
Los dedos de Regina acariciaron delicadamente su rostro por unos segundos, después rozó con sus labios los de Emma. Habría querido decir tantas cosas, decirle que la amaba, pero que había mucho más. Que pensaba que había encontrado finalmente el único verdadero amor de su vida y que el resto, todo lo que había sentido por otras personas, empalidecía ante la inmensidad de lo que sentía por Emma. Habría querido decirle también que aunque no sabía bien cómo hacer, quería que entre ellas las cosas funcionaran, porque sentía que esa era su posibilidad de tener finalmente un final feliz. Habría querido decirle que sentía todo el dolor que le había causado y que amaba cada pequeña cosa de su carácter y de su pasado, habría querido excusarse y se sentía tan condenadamente egoísta, porque aunque tuviera la oportunidad, no cambiaría nada de su propio pasado, no habría renunciado nunca a Henry o a ella, aunque quizás Emma hubiera sido más feliz y habría tenido una vida más sencilla en el Bosque Encantado junto a sus padres. No hacía muchos esfuerzos para desear renunciar a las cosas que había buscado durante toda la vida y que ahora finalmente tenía: su final feliz, con sus dos verdaderos amores, Emma y Henry. Pero sabía que Emma nunca lo habría deseado, ni nunca le pediría hacerlo porque en el fondo de su corazón, Regina sabía que aquel no era solo su final feliz, sino que también era el de Emma, que tampoco ella podría renunciar a Henry. Habría querido decirle que era una especie de milagro que estuvieran ahí, dos personas que nunca habían tenido un verdadero hogar y que nunca se habían sentido amadas de verdad, listas a ser el hogar y el amor que la otra necesitaba desesperadamente.
Había tantas cosas que habría querido decirle, pero no sabía cómo hacerlo. Así que no dijo nada.
Se alejó de ella, la tomó de nuevo de la mano y la miró solo por un momento, antes de darse la vuelta y atraerla a su lado y caminar hacia las escaleras que conducían a la planta superior, hacia su propia habitación.
En cuanto la puerta del cuarto de Regina se cerró, se besaron de nuevo, como nunca se habían besado antes. Era un beso intenso y pasional, que dejó a ambas sin respiración. Regina deslizó con suavidad por sus hombros la chaqueta de piel de Emma a la que ahora las dos estaban aficionadas, la dejó en una silla al lado de la cama. Se miraron a los ojos de nuevo, el resto del mundo había desaparecido completamente. Ya no existían cuentos, brujas malvadas, maldiciones, portales ni notitas. Existían solo ellas dos en aquel momento. Nada más tenia importancia.
Aquella semana pasó deprisa, ente las visitas al hospital hasta que Mulan estuvo completamente recuperada, las reuniones de la ciudad para decidir qué hacer con respecto a la reconstrucción de la plaza tras el encentro con Maléfica y la apertura del portal, las cenas en casa de los Charmings y su tiempo dedicado a Henry.
Las cosas volvieron a ser frenéticas y la quietud que de costumbre llega tras una tormenta no apareció ni por un instante. Sus mentes estuvieron constantemente ocupadas en mil cosas alejadas de ellas mismas, y en alguna rara ocasión Emma se paró a pensar sobre qué podía significar aquella nota dejada dentro de su chaqueta.
Habría querido hablar con Regina, pero normalmente por las noches estaban tan cansadas que afrontar una conversación como esa parecía imposible.
Los días pasaron velozmente, hasta que las cosas comenzaron, lentamente, a arreglarse y todo volvió a su propio orden natural. Emma volvió a trabajar como sheriff, Henry volvió a ir al colegio. Regina, por falta de ocupación mejor, a menudo acompañaba a Blanca en la oficina, ayudándola en su cargo de alcaldesa con aquellas cosas con las que Blanca aún no estaba acostumbrada y ocupándose de Neal cuando ella conseguía apañárselas sola.
Emma comenzó a ir a cenar a casa de Regina cada noche, y se quedaba a dormir casi cada noche, pero en un mudo acuerdo decidieron que no le hablarían a Henry, que había sido un poco su Cupido, y que seguramente no necesitaba que ellas le explicaran la situación. Y obviamente estaba el bonus de evitar una conversación muy embarazosa, así que mataron dos pájaros de un tiro.
Lentamente, las cosas de Emma habían comenzado a colocarse dentro de la mansión de Mifflin Street. Primero solo un par de zapatos, ya que sus botas a menudo y de buen grado se manchaban de fango y la casa de Regina estaba siempre tan limpia. Después, un cepillo de dientes y obviamente un pijama, aunque en realidad raramente conseguían vestirse antes de quedarse dormidas. Después, alguna muda para no tener que ir al trabajo con la misma ropa que el día anterior.
Aquella noche, como las otras, Emma se quedó a cenar y después a dormir. Todo parecía haber vuelto a la calma normal de una pequeña ciudad de Maine, casi como era antes de que la maldición fuera quebrada. Pero esa noche, durante la cena, Henry dijo algo que Emma no logró quitarse de la cabeza durante toda la noche.
«No logro superar ese nivel»
«¿Aún con el videojuego de los zombis?»
«Sí. Quizás debería pedir ayuda a Whale»
Él y Regina habían reído. Emma lo había tomado como una broma entre ellos que ella no comprendía y se había encogido de hombros. Pero aquel diálogo la había atormentado durante toda la noche, no lograba explicarse por qué.
Cuando se encontraba mirando al techo de la habitación de Regina, a oscuras, se dio cuenta de que probablemente era porque el nombre de Whale estaba escrito en aquella nota que Henry le había metido en su bolsillo. Intentando no darle más peso, intentó dormirse.
«Te siento pensar» murmuró Regina, con la voz embargada por el sueño y los ojos cerrados «No logro dormirme con el ruido de tus pensamientos»
Emma rio, acercándose y rodeándola con los brazos.
«Perdóname»
«¿Quieres hablar?» preguntó con voz dulce, aunque en su voz se intuía que lo único que ella quería era poder dormir.
«Quizás mañana» respondió, dándole un beso en la cabeza «Ahora probemos a dormir»
Tras unos segundos, la morena se había vuelto a dejar llevar por el sueño. Emma cerró los ojos, pero no logró dejar de pensar. ¿Qué tenían en común una camarera y un doctor? Eso le parecía el comienzo de un chiste para adultos, nada más. Había algo que se le escapaba.
¿Su edad? ¿Los Reinos de los que venían? Sabía que Whale no había nacido en el Bosque Encantado, quizás tenía algo que ver con aquello.
Antes de poder llegar a una conclusión, el cansancio la venció y Emma se dejó ir en un sueño agitado, envuelta en una pesadilla indescifrable.
Solo recordaba un lobo que aullaba, se encontraba dentro de un cementerio, sobre una lápida sin nombre, continuó aullando sin descanso hasta que el terreno bajo el lobo se movió, pero no a causa de un terremoto. De la tierra, entre las verdes briznas de hierba, algo se alzó, de una forma extrañe e inquietante. Algo viscoso y totalmente fuera de contexto. Algo que Emma reconoció como una mano.
Cuando el teléfono del número 108 de Mifflin Street sonó en mitad de la noche, Regina fue la primera en despertarse. Saltó de la cama y corrió hacia el teléfono temiendo lo peor.
«¿Diga?»
«Regina»
«David»
«¿Emma está contigo?»
«Sí, está durmiendo»
«Quizás debieras despertarla. Hemos tenido una especie de emergencia en la ciudad»
«¿Qué ha pasado?» preguntó preocupada
«Hemos encontrado un muchacho en el bosque. Estaba muerto cuando hemos llegado»
«Pero eso es terrible» murmuró Regina frunciendo el ceño
«La parte más absurda no es que estuviera muerto cuando hemos llegado» le dijo
Solo en aquel momento la mujer se dio cuenta de lo conmocionado que estaba el hombre al otro lado de la línea, de la agitación que se percibía en su voz.
Emma se despertó de golpe de la pesadilla, empapada en sudor. ¡Qué estúpida había sido! Ruby no era una camarera para Henry. Ruby era una mujer lobo. Y Whale no era un doctor, no era un cirujano. Era el doctor Frankenstein, el que devolvía a los muertos a la vida. El primero en dar vida a los zombis. Hombres lobo y zombis ya estaban o habían estado en la ciudad, solo faltaba otra cosa para completar la triada clásica de las películas de terror. Pero Emma esperaba, con todo su corazón, estar equivocándose.
Miró hacia la puerta de la habitación, Regina estaba entrando en ese momento.
«Tenemos que vestirnos. Ha llamado David, han encontrado un muchacho en el bosque, ya estaba muerto cuando habían llegado»
Emma inspiró profundamente, intentando calmarse. Pero después se dio cuenta de que Regina estaba perturbada tanto como ella.
«¿Qué más ha dicho?» se atrevió a preguntar, arrepintiéndose inmediatamente.
Se miraron a los ojos por un largo instante.
Sabían ambas que otro peligro en Storybrooke significaba el fin de la tranquilidad que, con dificultad, habían mantenido en aquel breve periodo.
«Ha dicho» comenzó Regina tragando en seco «El muchacho estaba muerto. Pero no se quedó muerto por mucho tiempo»
Emma sintió la sangre helársele en las venas, cuando supo que había tenido razón unos minutos antes con su terrible suposición.
Sus vidas, de verdad, eran demasiado complicadas.
«Vampiros» murmuró
Con esa sencilla palabra, comenzaba para ellas una nueva batalla.
FIN
Bueno, aquí acaba esta aventura. Este fin tiene segunda parte, pero aún no lo he leído y creo que su autora no lo ha acabado todavía. Cuando lo haga y lo lea, decidiré si lo traduzco o no.
