Que persistente...


14.

-Pero coronel- una de los soldados intentaba detener al coronel Akagi, quien andaba decidido hacia el patio de la base militar. -¿Cree que ha sido buena idea detener al ministro Yagami?- le preguntó. Las palabras hicieron que el coronel se detuviera. El hombre que andaba al lado del coronel se detuvo de igual modo, era el que había golpeado por detrás a Taichi Yagami. El coronel dirigió una mirada fulminante al soldado.

-El ministro Yagami estaba confuso, seguro que esos monstruos le han comido la cabeza. Sería un estorbo en nuestra misión. Debemos salvar el país. Eso es lo importante- dijo el hombre mientras tocaba su bigote con su mano. El soldado asintió. -¿No lo cree?- le preguntó.

-Sí, sí señor- el soldado se puso rígido e hizo una reverencia. El coronel asintió y tras decir eso salió por la gran portaza que daba al patio. Allí cientos de soldados más formaban filas. Era la hora del ataque.

-¡Soldados! Vamos a salvar a la humanidad- gritó el coronel Akagi. Los soldados gritaron salvajemente correspondiendo a las palabras del hombre.

-No podemos usar las comunicaciones, no podemos usar los cazas… Solo tenemos las armas y los tanques. El plan es atacar desde todos los lados de la ciudad e ir en círculo hacia el centro. Matad a todas las criaturas. Debajo del agujero negro nos encontraremos.

Tras decir eso el coronel avanzó entre las tropas. Él también iría, en el más feroz tanque de que disponía el ejército. Esta vez, nadie iba a reírse de él.

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Mimi estaba justo delante de la puerta del departamento dónde vivían los padres de Koushiro. Sujetaba con su brazo a Aiko, dormida. Sora, Piyomon y Palmon estaban detrás de ella, esperando a que la castaña tocara.

-Por favor, hazlo ya- le pidió Sora, llevaban más de un cuarto de hora delante de aquella puerta. La castaña asintió. Levantó su mano y tocó el timbre. La vergüenza que iba a sentir sería inmensa. ¿Qué le diría a la madre de Koushiro? Sintió sus mejillas enrojecer antes incluso de que la mujer abriera la puerta.

-¿Sí?- saludó la madre del genio. Mimi la contempló unos instantes y su sonrojo fue más evidente. La mujer tardó en reconocer a la de cabellos castaños hasta que dirigió la mirada hacia los digitales. Luego miró al bebé envuelto en la manta rosa. De nuevo a los digitales y finalmente hacia Mimi. –Vamos, pasad- dijo con una sonrisa en su cara. La madre de Koushiro se separó de la entrada dejando pasar a las chicas.

-Yo…esto…-intentaba decir Mimi. Pero las palabras no le salían de la boca. ¡Y eso que ella siempre había sido de lo más atrevida!

-No te preocupes- le dijo la mujer a Mimi. -¿Así que está es mi nieta?- dijo cariñosamente mirando a la bebé. Mimi asintió y luego se la dio en brazos. La madre de Koushiro abrazó a Aiko e intentó reconocer en ella algo de su hijo. Entonces la niña abrió lentamente los ojos y la abuela ensanchó aún más su sonrisa. -¡Tiene sus ojos!- afirmó. Mimi sonrió. Ambas mujeres se sonrieron mutuamente y la tensión pareció desaparecer del lugar.

-Sra. Izumi, no sé si se acordará de mi…-empezó Sora. La madre del genio le miró y asintió.

-Eres Sora, ¿verdad?- la de cabellos rojizos sonrió. Ella había estado algunas veces en casa del genio, él la ayudaba con algunos deberes de matemáticas junto a Taichi. Recordaba muchas tardes sentados en la mesa del comedor mientras la mujer les preparaba algo para comer. Recordaba cómo los padres de Koushiro les habían apoyado en las batallas. Sonrió. –Parece que han aparecido de nuevo los Digimons- dijo ahora más seria. –Cuando lo ví por las noticias ya lo suponía. Entonces Izzy está allí, ¿verdad?

Mimi asintió. Y procedió a explicarle a la mujer todo lo que había sucedido, desde el encuentro en el hospital con los demás elegidos hasta el momento en que Garuramon había salvado el avión.

-Por eso quiero que cuides a Aiko, nosotras volveremos allí y acabaremos con esto de una vez- afirmó la castaña.

-Por supuesto, podéis confiar en mí- afirmó la mujer. Luego miró a Mimi. –Sabes Mimi, estoy muy contenta por ésta niña y contenta de que Koushiro te haya encontrado. Sé que eres buena persona- eso hizo sonrojar a la castaña. –Además tienes mucha suerte, Koushiro tenía un regalo para ti que creo que te irá perfecto ahora mismo- luego soltó una carcajada. Mimi no entendió a que se refería hasta que la mujer marchó a una de las habitaciones de la casa y volvió con una caja. La castaña la recibió con curiosidad y abrió su tapa. En ella había unas botas marrones altas, con flecos, que recordaban a las que se usan para montar a caballo. Además de eso había unos pantalones de color crema.

-¡Las botas!- gritó Mimi. Su mente viajó a meses atrás cuando había visto ese conjunto de botas y de pantalones por internet y lo había puesto en su lista de "Cosas caras que quiero comprar". ¿Cómo demonios lo había visto el maldito genio? ¡Estaba harta de que hackeara su ordenador! Se iba a enterar cuando le viera. Maldito sea.

Sora empezó a reírse a carcajadas mientras miraba a su amiga, quien volvía a estar roja. La madre de Koushiro sonrió del mismo modo.

-Ahora hay que buscarte una camiseta- afirmó la mujer. Mimi asintió. Tras un tiempo buscando algo que pudiera ponerse, Mimi ya estaba lista para volver a salir al campo de batalla.

-Muchas gracias sr. Izumi- le dijo Mimi ya en la puerta de salida. Luego dirigó su mirada hacia Aiko en los brazos de la mujer. Se agachó y le dio un beso a la niña, que soltó un pequeño murmullo. –Volveré pronto Ai- dijo suavemente. La niña volvió a dormirse.

-Id con cuidado- dijo la abuela. Ambas mujeres asintieron y abandonaron el edificio. En ese momento Sora hizo que Piyomon volviera a digievolucionar a Garudamon pero antes de subirse a ella tenía una pregunta que hacerle a Mimi.

-Mimi…-empezó sin saber cómo continuar. La castaña la miró interrogativamente. Sora tenía la mirada perdida en el suelo. -¿Matt está ahí también?- preguntó. La castaña sonrió. Ahora que lo pensaba, jamás llegó a saber porqué la relación de Sora y Matt no había acabado bien. Se acordaba de lo inseparables que se habían vuelto desde los catorce años, cuando aún se escribía cartas con Sora. Cuando poco a poco fueron perdiendo el contacto dejo de saber de aquella relación. Pero intuía que algo no había ido bien.

-¿Cuánto hace que no os veis?- le preguntó a Sora. La mujer peliroja ladeó la cabeza. Empezó a recordar años atrás, la última vez que había visto a Yamato, cuando él era una estrella en su grupo de los Teenagers Wolf. Cuando después de un concierto ella había intentado decirle algo importante pero él la había interrumpido diciéndoles que les estaba ofreciendo hacer una gira por todo Japón que podría cambiarles la vida. Sora, en ese momento, había decidió ocultarle la verdad a Yamato y no interponerse en su camino. Desaparecer de la vida del cantante para que él pudiera realizar su sueño. Había convencido a su madre de marcharse de Odaiba a otro lugar, a Kyoto, dónde Sora tenía una tía que vendía flores y hacía cursos de Ikebana. Había cortado el contacto con Yamato, con Tai, con todos. Había desaparecido.

-Supongo… que hace unos 11 años- dijo la mujer peliroja. Recordaba como después de marcharse de Odaiba había empezado una nueva vida, ayudando en la tienda de su tía para poder colaborar con los gastos de la casa. Había empezado a hacer cursos de Ikebana y resultó que tenía talento para aquello. Ahora, once años después, empezaba a tener mucho éxito como diseñadora.

-Sora… ¿qué ocurrió?- le preguntó Mimi. Quizás no era el mejor momento para aquello, pero la de cabellos de color fuego parecía realmente afectada delante de la posibilidad de reencontrarse con Yamato. Si eso ocurría… ¿podría volver a huir de él?

¿Podría hacerlo?

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Yamato se encontraba en una situación un tanto peligrosa. Boltmon había disparado tantas veces contra Garurumon que había conseguido derrotarlo. El digital lobo yacía en el suelo junto a su humano. El cyborg caminba lentamente hacia ellos. Yamato sabía que, si no ocurría un milagro, estaba completamente perdido.

-¡Maldita sea!- dijo Yamato mientras veía como se acercaba el cyborg. –Lévanta Garurumon- pidió. Pero sabía que el digital estaba agotado.

Pero no podía acabar así. Aquella historia de aquel 1 de agosto no podía acabar de aquella manera para Yamato. No sin antes haberlos visto a todos, a todos sus compañeros. ¡Volver a estar todos reunidos! Recordaba cuando Takeru le había llamado aquel día para decirle que la puerta estaba abierta. Como su corazón había saltado de emoción, volverían a estar juntos. Y Gabumon había llegado a su lado. Entonces pronto les vería a todos, a Tai, a Koushiro…a Sora. Cerró los puños recordando a la joven de cabellos rojizos, la que había desaparecido sin razón alguna once años atrás. Antes de que él se fuera de gira, como ella se había evaporado. Quería volver a verla, preguntarle porqué… decirle que a pesar de todo jamás había dejado de pensar en ella. ¡Que era injusto lo que le hizo! Sin ningún motivo, sin ninguna explicación, haciendo que su corazón solo le perteneciera a ella… Porqué no le había liberado para que amara a nadie más. ¡Eso no podía acabar de aquella manera, no sin antes ver a Sora!
Al menos, su consuelo era que Taiki y Sara estaban bien. Sara, que tanto le recordaba a la Sora de once años que había conocido en el pasado. Al menos ellos estaban bien.

Boltmon se acercaba poco a poco hacia ellos. Para darles el golpe final, el arma en sus manos resplandecía de una manera demasiado siniestra. Yamato se aferró a Garurumon, jamás abandonaría a su amigo. Ese era su emblema. La amistad. Y eso era algo que había descubierto gracias al lobo y gracias a aquel campamento de verano.

-Garurumon- susurró. Entonces empezó a sentir una calidez en su pecho.

Hikari, quien estaba metros encima de la escena pudo notar cómo, de la pequeña bola que llevaba en su cuello, una luz azul salía de ella. Sabía que la luz era para Yamato y sabía lo que significaba. Sonrió. Ella estaba cumpliendo aquello que Ophanimon le había pedido.
Luego miro a Izzy y a Joe, entre los tres habían decidido que Joe ayudaría a Yamato y que ella e Izzy irían a rescatar a Tai y los demás. Joe asintió y tomó a Gomamon. Entonces Koushiro se dispuso a descender para dejar a Joe en el suelo.

Matt puso una mano en su pecho y notó el calor que de él emanaba, notó el emblema de la amistad brillando, de manera renovada, en su pecho. Sonrió y miro al cielo justo para ver como Megakabuterimon descendía.
Garurumon también había notado el cambio en su humano. Había notado el calor de la digievolución.

-¡Garurumon!- gritó. El digital empezaba a notar como las fuerzas regresaban hacia él, se iba levantando ligeramente. Boltmon, ante aquella fuerza que no entendía, se detuvo. ¿Qué estaba pasando? -¡Hazlo!- grito Yamato. El hombre cogió su dispositivo y lo dirigió hacia su compañero. Garurumon, entonces, apareció no como WerGarurumon sinó como MetalGarurumon. Yamato sonrió de su tan característica manera.

-¡Matt!- fue el grito de Joe al descender de Megakabuterimon. El rubio miró a sus dos compañeros y luego dirigió la mirada hacia al cielo para ver como Nefertimon se alejaba de ellos, junto con Hikari.

-Kari, siempre Kari- se dijo para si mismo.

Joe llegó corriendo a dónde estaba el rubio quien volvía su mirada hacia la pelea entre Boltmon y Metalgarurumon.

-El ejército ha capturado a Tai, Iori y Takeru. Van a atacar a los digimons- explicó rápidamente Joe. –Koushiro irá con Hikari a rescatarlos. Nosotros debemos encontrar la manera de cerrar el agujero.

Yamato asintió y tras eso vio como Koushiro se elevaba en el cielo para seguir a la chica de la luz.

-De acuerdo.

MetalGarurumon disparó su aliento congelante que dio de lleno en el pecho del digital cyborg.

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-¡Oh no!- había gritado de repente Miyako. Ken y Daisuke detuvieron su carrera conjuntamente con los dos niños y todos dirigieron sus miradas allá donde Miyako señalaba. La chica mantenía sus ojos fijos en el agujero negro del cielo donde un sinfín de digimons blancos se estaba arremolinando. -¡Son Bakemons!- gritó la joven.

-¿Pero…qué llevan con ellos?- preguntó Ken mientras fruncía el entrecejo, intentando concentrar su visión. Cada uno de aquellos Bakemons parecía llevar una pequeña burbuja semitransparente con él y dentro había algo.

-¡Son niños!- grito Daisuke. Dentro de aquellas esferas había niños completamente dormidos. Los Bakemons habían capturado a cada uno de los niños que se habían encontrado.
Sara entonces empezó a sentir de nuevo miedo, ¡ella había estado a punto de ser capturada! Si no hubiera sido por Yamato y Taisuke quizás sería otra niña más dentro de una de esas esferas. La chica se llevó las manos al cuello, dónde antes habían estado las cadenas de un Bakemon.

-¡Hay que rescatarlos!- dijo totalmente convencida. Entonces los tres adultos se giraron hacia ella. La chica se avergonzó de sentir tantas miradas y bajó sus ojos azules. Daisuke fue el primero en acercarse a ella, la cual estaba junto a su hijo.

-¡Tienes toda la razón! Pero primero hay que resctar a Yamato…

-Creo que eso no será necesario- señaló Ken. Daisuke miró a su compañero de DNA y vio como señalaba a un Megakabuterimon descender desde el cielo. Más arriba vio un punto brillante y enseguida supo de quién se trataba.

-¡Es Kari!- gritó Miyako moviendo sus brazos. -¡Kari, Kari!- pero era imposible que la castaña pudiera oír a su amiga desde tanta distancia. –Hawkmon- llamó a su digital. Pero antes de que pudiera digievolucionar, Ken la detuvo. Ahora había algo más importante.

-Miyako, Dai y yo iremos a salvar a los niños. Quiero que tú te encargues de otra cosa. –Miyako, tras oír e plan de su esposo asintió. Tenía una misión, ya tendría tiempo de ver a su amiga más adelante. -¿De acuerdo Dai?- le preguntó al joven miró a su hijo.

-¿Qué dices Taiki?- le preguntó. Taisuke intercambió una mirada con su compañero digital y asintió a la pregunta de su padre.

-De acuerdo.

-Entonces, vayamos.

Tras decir esas palabras Ken y Daisuke hicieron aparecer a Paildramon y junto a los dos niños subieron encima del digital DNA. Miyako, en cambio, tomó a Hakwmon el cual digievolucionó en Halsemon, y voló hacia el cielo, en busca de alguna manera de salir de aquella niebla.

-Esto es increíble- dijo Sara viendo como el inmenso digital se elevaba por el cielo.

Continuará...


Animo, que poco a poco se acerca Navidad.

Kyo*4