Gracias por su maravillosa lista de reviews, me hacen llorar de felicidad. Siempre me sorprende la aceptación que esta historia tiene. Gracias chica/os

Sin más disfruten.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


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Episodio

XIV

Lobo erizado

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Era insoportable lo que sentía.

No podía dejarlo pasar al verte herida.

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Se llevó una mano a la quijada para posar su cabeza mientras apoyaba todo el peso en el codo que chocaba contra la paleta del pupitre, aún era muy temprano en la mañana y no había muchas almas por ahí que lo acompañaran, los que lo hacían se cuchicheaban cosas entre ellos y desviaban la mirada de él. Miró a su costado de soslayo y su entrecejo se frunció notablemente al reparar nuevamente en el asiento vacío. Hinata no había ido a la escuela en más de una semana, al parecer su familia estaba tomando medidas cuantiosas respecto al accidente de aquella noche. Realmente no se sentía capaz de verla directamente, el hacerlo le recordaba que no había podido protegerla y aún así añoraba por ella. Lo único que evitaba que se volviera loco eran las pocas llamadas que se habían hecho; si bien no eran suficientes, la voz de su oveja calmaba esa inaguantable rabia en su interior. No es como si hubiera estado de brazos cruzados todos esos días desde el ataque, claro que no. Cuando pudo le preguntó los nombres de los atacantes a la peliazul, que en un inició dudo en decírselo, pero tras una leve reprimenda por su parte, ya que no concebía en qué rayos había estado pensando la ojiperla para haber ido a un sitio donde nada bueno pasaría si iba sola, terminó por decirle todo lo que había estado ocurriendo, desde los mensajes en su taquilla, hasta los correos que tenía en su cuenta y su excusa respecto a por qué no se lo había dicho hasta que ya era evidentemente tarde para hacerlo fue: Quería ser fuerte para protegerte. Cosa que lo hizo sentir una desazón horrible en el pecho.

La verdadera fuerza no se obtenía solo, tampoco es como si él estuviera de acuerdo en que la persona de la que estaba enamorado sufriera de tal modo, al contrario. No obstante no era capaz de decirle eso, pues una parte suya entendió las razones de la Hyuuga. Él hubiera hecho lo mismo de estar en su posición, pues era más que obvio que si quieres a alguien soportarías cualquier cosa por no verla preocupada, y tratarías de solucionarlo por tu cuenta para impedir que eso la alcanzara y le provocara dolor.

—¿Teme?—viró el rostro con lentitud hacia la derecha para inmediatamente después ver la cara de Naruto con ligera sorpresa en ella.

—Dobe—respondió tajante.

—Vaya, no esperaba verte tan temprano, quiero decir, desde que dejaste el club no lo hacías—se acomodó el equipo de beisbol que traía colgado al hombro—. Supongo que esto significa que Hinata-chan tampoco vendrá hoy ¿verdad?—musitó con pesadez mientras avanzaba por el aula para ir a su puesto y dejar su mochila al costado de la mesa—, ¿cómo sigue?—lo observó de reojo y Sasuke sólo atino a mirar por la ventana para ver como el resoplar del viento tiraba a bajo de las ramas desparramando las ambarinas hojas de los arboles por el suelo.

—No lo sé realmente—profirió—, no me dice mucho cuando hablamos.

—¿Cómo fue que dejamos que le hicieran esto?-ttebayo—apretó la mano y arrugó la correa de su bolsa.

—…

—¡Mierda, estoy tan enojado!—pateó el suelo—, cuando nos llamaste para que fuéramos al parque, simplemente pensé ¿por qué a ella?, debimos notar que algo sucedía cuando se fue…

—¿Crees que no lo sé?—el Uchiha estrechó los orbes y sus uñas se enterraron en la palma de su mano—. Yo más que nadie debió protegerla.

Naruto y el resto de los chicos compartían una parte a escala de su ira, es que sencillamente no comprendían por qué razón tan inmadura habían atacado salvajemente a una chica como Hinata. No había hecho nada malo para ganarse aquello. Aún podía recordar la cara desencajada de sus amigos y la cólera que se esculpió en sus rostros y fluyó por sus cuerpos al llegar al lugar de la redada para ayudarlos. Pues Sasuke por primera vez en su vida, no sabía como reaccionar ante algo. El miedo que había tenido de perder a la oveja lo sometió a un estado de aturdimiento nunca antes visto por su amigo de la infancia. Ino dijo, mientras apretaba los dientes por la furia, que era normal pues cuando le hacen algo así a la persona que más te importa, entrabas en shock. Kiba en su enojo descomunal por lo sucedido le había espetado al morocho que era su culpa. Más Sakura y Naruto, secundados por Shikamaru, se encargaron de razonar que no era culpa de nadie. Ya que la única culpable era esa persona sin corazón que inició todo.

Seidou Karin.

—No entiendo por qué no podemos hacer nada con esa… chica— Naruto arrastró las palabras—. Esta sociedad es una mierda-ttebayo

Con ayuda de algunos contactos de su familia, el Uchiha había descubierto en los días pasados ciertos datos sobre esa mujer que hacían un tanto complicado llevar al cabo una venganza satisfactoria. Conmemoró en su cabeza la información que le habían dado al respecto: Seidou Karin, diecisiete años, estudiante en Takagakuren, no pertenecía a ningún club, problemas de comportamiento, suspensiones y quejas por agresión a sus compañeras. La chica en cuestión era una joya respecto a esto, pero todo eso estaba muy bien cubierto, sus conocidos habían tenido que escarbar mucho para encontrar sus antecedentes, pues era además hija de Seidou Kazemaru, un miembro del congreso nacional. Quien dicho sea de paso estaba en fechas de campaña para una candidatura dentro del cuerpo político. Por lo que si su hija hacia algo escandaloso se apresuraba en taparlo con sus influencias. Razón por la cual encontraba excepcionalmente difícil el poder tomar alguna represalia legal. No obstante no se detendría.

Vengaría a Hinata.

—Sabia que estarían aquí—suspiró entre jadeos Sakura, la cual estaba arremolinada en la puerta del salón con los cabellos todos revueltos y la respiración entrecortada por la carrera que había pegado desde las taquillas.

—¿Sakura-chan?—el rubio alzó una ceja y se mostró preocupado por su agitación. Sasuke sólo se dedicó a observarla.

—¿Qué?—repuso el moreno al verla tomar una bocanada de aire.

—Hinata…—comenzó con la garganta seca y el ojinegro se envaró rápidamente—, Hinata está en la puerta—anunció por fin. El Uchiha pegó un salto de su asiento para acercarse a la ventana y no perder de vista la entrada del instituto.

En efecto, ahí estaba ella.

Más no estaba sola, un joven de cabello castaño largo atado en una coleta se encontraba tomando posición a su lado luego de bajar del elegante auto negro que se hallaba aparcado en la calle. La ojiperla miraba el suelo y sus delgados hombros se veían tan frágiles desde la lejanía. Ni bien su cabeza procesó la imagen y salió corriendo del aula.

—¡Hey, Teme!—escuchó al blondo gritar, sin embargo ya no podía detenerse.

¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué no le había dicho? ¿Quién era ese sujeto? Su cabeza se llenó de tantos pensamientos en cuestión de segundos. Bajó los escalones del segundo piso de dos en dos. Sentía una adrenalina correr por sus venas al pensar en que Hinata estaba ahí. Tenía tanto tiempo sin verla. Sus zapatos patinaron un poco sobre la suela al descender del último tramo, y esquivó por poco a unas chicas del club de voleibol que respingaron al verlo pasar entre ellas con presura.

Respiró ruidosamente por la nariz al tiempo que se sostenía de una de los anaqueles para zapatos, recuperando algo de su aliento y buscando con la mirada azabache la frágil silueta de la oveja.

La encontró.

—Hinata…—llamó dado unos cuantos pasos hacia ella. La ojiperla se encontraba inclinada frente a su taquilla. Al oír la voz del Uchiha se giró bruscamente con cierto susto. No se esperaba que él anduviera por ahí tan temprano. Abrió la boca más no pudo decir nada al reparar en la agitada mirada del moreno. Quien extendió una mano hacia ella para tomarla por el rostro—, Hinata—volvió a susurrar y sintió unas inmensas ganas de besarla.

Sin embargo tanto su intención de hacerlo, como de tocarla, quedaron sólo en eso, en una intención. Pues cuando faltaban unos cuantos milímetros para acariciar la pálida piel de su oveja, que además tenía curaciones aquí y allá debido a los rasguños que le había hecho Karin, una mano apareció de la nada y lo tomó bruscamente de la muñeca, torciendo la articulación tan rápido, que no supo exactamente en qué momento había sido puesto de cara contra la repisa; la confusión se grabó en sus facciones, y trató de recuperar su anterior postura, más quien sea que lo estuviera amordazando no disminuía la fuerza de su llave. Una parte de él se enteró de que un movimiento en falso y podía estar seguro de que le rompería el brazo derecho que ahora estaba en la parte trasera de su cintura.

—¡No! suéltalo—pidió alarmada la muchacha que se encontraba pegada al estante, con la mano libre del "atacante" manteniéndola al margen.

—¿Qué mierda haces?—gruñó Sasuke.

—¡Teme!—Naruto, que se echó a seguirlo desde el salón, se detuvo al ver como tenían sometido a su amigo—. ¡Oye!—ladró frunciendo el ceño.

—Sasuke-kun…—musitó asustada la pelirrosa detrás del Uzumaki. Ambos lo habían seguido.

—Hinata-sama, ¿quién es esta persona?—el hombre que sostenía al pelinegro ignoró tanto a este como al rubio. Y dirigió sus ojos perla, como los de Hinata, hacia ella.

—Neji-niisan, es de quien te estaba hablando, así que suéltalo, por favor—rogó mirándolo fijamente, si bien estaba temblando un poco, Neji Hyuuga se sorprendió al ver que su prima estaba decidida a que obedeciera lo que le decía.

—Así que esta es la persona con la que usted está saliendo—exclamó dejando libre al morocho que se quejó un poco al recomponer su posición—. Un Uchiha ¿huh? ya veo por qué no quiere decirle a su padre de esto todavía— Sasuke miró furiosamente al castaño que mantenía un rostro calmado.

—Y qué si lo soy, ¿quién eres tú?—su tono se oyó grave.

El lobo estaba molesto.

—Él, es Neji-niisan—la peliazul esquivó la figura del pelicafé y se acercó a Sasuke para revisarle la muñeca que se notaba enrojecida entre la tela del suéter—. Es mi primo.

—…—Sasuke torció los labios.

—¿Y qué hace aquí?-ttebayo—escatimó Naruto con aire amenazador, pues no era normal que alguien pudiese someter al moreno tan fácilmente.

—Estoy aquí para proteger a Hinata-sama—respondió Neji.

—¿Qué?—Sakura exteriorizó los pensamientos de Sasuke antes que él.

—Fue una orden de mi padre—la Hyuuga se pasó una mano por los cortos cabellos azulados, ya no parecían la maraña de esa noche, ahora estaba mejor. Seguramente se lo habían arreglado en casa.

—¿Neji?—los cinco presentes se giraron hacia una castaña que tenía el cabello cogido en dos chongos sobre la cabeza.

—¿En serio?—se asomó por detrás de ella Rock Lee. Tanto el morocho de cejas pobladas como la muchacha llevaban puesto el uniforme del club de Karate—. Wow, que sorpresa.

—Cejotas, Tenten ¿lo conocen?—el Uzumaki se mostró perplejo.

—Íbamos a la misma secundaria—explicó—. Estaba con nosotros en el club.

—Pensé estabas estudiando en una escuela privada—Tenten se acercó rápidamente a él. El ojiperla desvió disimuladamente la mirada.

—Lo hacía.

—¿Qué haces aquí?—cuestionó Lee.

—Me trasfirieron.

—¡Eso es genial!—sonrió el joven.

—Pero ¿por qué?—la pelicafé ladeó el rostro.

—Asuntos familiares—contestó y Tenten torció la comisuras de sus labios.

—Como sea, vamos Lee, Gai-sensei nos espera—dio la media vuelta.

—¿Eh?, pero…

—¡Vamos!—demandó echándose andar.

—Sigue molesta, huh—suspiró—. Nos vemos Neji, chicos—y se fue.

—Eso fue raro—determinó el rubio una vez se hubieran ido los de tercero.

—¿Entonces estás aquí por Hinata, Neji-san?—la ojijade se apresuró a reponer la conversación antes interrumpida.

—Si—asintió—. Hiashi-sama ha ordenado que vaya con ella a la escuela, debo acompañarla tanto de regreso como de ida—miró de reojo a Sasuke—. No puede estar sola hasta que los atacantes sean atrapados.

—Así que por eso agrediste al Teme ¿huh?

—Sus intenciones eran sospechosas.

—Hmmp—el Uchiha se cruzó de brazos.

—En eso tienes razón—el ojiazul se carcajeó y fue callado por una colleja de la Haruno.

—Cállate imbécil—regañó.

—Sasuke—la voz delgada de la peliazul, lo hizo mirar hacia abajo—. Lamento las molestias.

—Ya te he dicho que no te disculpes por todo.

—Lo… vale—Neji alzó una ceja—, me da gusto verte otra vez Sasuke—sonrió sincera. Sus labios tenían una vendita en la comisura. El pelinegro suavizó sus facciones.

—Si—levantó una mano hacia ella, cautelosamente por si el Hyuuga lo paraba otra vez. No obstante, pudo tocarla. Le acarició con sumo cuidado la curación y Hinata enrojeció de pies a cabeza.

Naruto rodó los ojos, Sakura esbozó una delicada sonrisa y Neji emprendió en silencio el camino hacia la oficina de la directora. Después de todo, Hinata no estaba en peligro. El lobo era capaz de proteger a la oveja. Lo deducía por la forma en que la miraba. La Haruno codeó al blondo para hacerle una seña de que se fueran de ahí para darles privacidad. El chispeante muchacho asintió y ambos se fueron discretamente.

—Sasuke—dijo por lo bajo cuando él usó su otra extremidad para tocarle la mejilla.

Él sólo la observaba, absortó en su labor de examinarla.

Se veía tan pálida, tan frágil, tan rompible. Sus dedos ávidamente acariciaron las curaciones de su cara y dubitativamente rozaron los cortos cabellos que le enmarcaban el rostro. Sentir su calor bajó las yemas, era como si la vida de pronto regresara a su cuerpo, su corazón latía a un ritmo acelerado, entre emoción y miedo. Los ojos de Hinata se posaron en los suyos, atrapándolo, distrayéndolo, sumergiéndolo a ese mundo que sólo veía cuando estaba con ella. Entonces se dio cuenta de cuan afectado estaba por no verla en tanto tiempo y de lo terriblemente culpable que se sentía por sus heridas.

—Lo siento—intuitivamente recargó su frente con la de ella. La ojiperla contuvo el aliento. Y la confusión embargó sus pensamientos, pues no comprendió el hecho tan extraño de que Sasuke se estuviera disculpando. ¿A caso eso era posible? Por lo que conocía de él, sabía que su orgullo no daba pie a esas cosas—. Definitivamente me vengaré—sus orbes se mostraron duros, fríos, cargados de odio por esa mujer miserable que le había hecho daño.

—No es necesario—intentó persuadirlo—. No hagas nada imprudente Sasuke—sus pequeñas y frías manos se posaron en sus mejillas, con cierta duda que se filtraba por sus dedos marfileños.

—Sólo haré que pague lo que te hizo—aseguró roncamente—, nadie puede dañar lo que me pertenece y salir exento.

—Sasuke…—sus pómulos rebosaron de sangre caliente, profiriéndole un tono similar al de las manzanas de la temporada.

—Tendrá su merecido—musitó acariciando su labios—, no dejaré que algo así pase de nuevo—prometió por lo bajo.

La besó.

Chocó su boca con la de ella, en un movimiento sutil y delicado. La peliazul se sobresaltó un poco y sus ojos se abrieron de par a par al haber sido tomada con la guardia baja. Tan sólo un segundo después cerró los parpados dejándose llevar. Correspondiendo tiernamente esa caricia a sus belfos. Sasuke besó suavemente a Hinata, moviéndose en pequeños giros para saborear ese ligero sazón a cerezas de su brillo.

El lobo negro inevitablemente atesoraba a cada instante a la oveja torpe.


Sus ojos miraron las letras de su horario sin realmente verlas, la directora se lo había dado unos segundos antes, luego lo había, literalmente, echado de su oficina, porque según ella estaba haciendo algo muy importante en los archivos, no obstante pudo percibir un ligero aroma a vino y una mancha en su camisa delató la verdadera actividad. Pero a él no le importaba si Tsunade Senju estaba o no bebiendo, pese a ese detalle, era una mujer admirable. Lo sabía porque la familia Hyuuga había investigado todo sobre ella cuando tomó el puesto luego del retiró de Sarutobi Hiruzen. Se había graduado de Tōdai* y había estado en el extranjero fungiendo como neurocirujana, sin embargo regresó al país para adquirir la dirección del colegio que su abuelo había fundado.

Detuvo su andar a medio pasillo cuando sintió su teléfono vibrar en el bolsillo de su chaqueta. Lo sacó y reparó en un mensaje de texto, cortesía del cabeza de familia y su tío paterno. Hiashi Hyuuga era hermano mayor de Hizashi Hyuuga, su padre; quien había sido el líder de la familia secundaria, asistente y guardaespaldas de su hermano gemelo hasta que murió en un altercado hace trece años en función de su labor. Por ende, como heredero de la familia secundaria, era responsable de velar por la futura cabeza de familia, quien era sino, su prima falta de carácter. O por lo menos hasta hace nada, pues había sido testigo de que quizás Hinata estaba cambiando, todo debido a ese Uchiha.

Suspiró por la ironía de esto último.

No es que los Hyuuga odiaran a los Uchiha ni nada parecido, sino que sencillamente eran los eternos rivales desde tiempo inmemorables y la única razón por la cual Hiashi no figuró el nombre de alguno de sus herederos en la lista de posibles esposos para su hija, era que sentía de alguna forma como si perdieran al propiciar un matrimonio entre ambos clanes. Y valga la redundancia, la ojiperla terminó por enamorarse de uno. Menudo problema.

—Es mejor no decirle nada a Hiashi-sama por el momento—determinó luego de leer el texto. No quería darle más preocupaciones a su tío. Pues suficiente había tenido cuando se enteró de que Hinata había sido atacada.

Nunca había visto al presidente tan exaltado desde la muerte de su esposa. De por sí ya era un hombre de carácter severo e inflexible, ver el otro lado de la moneda repercutía en un ligero shock. No obstante antes de salir por pies a ver a su hija, se calmó y lo envió a él. A veces pensaba que las cosas entre su prima y él podrían mejorar si el hombre no fuera tan reticente a mostrar sus emociones. Más la crianza y los encurtes que le habían inculcado a lo largo de su vida, lo hicieron alguien difícil de expresar sus sentimientos. No le era desconocida la idea que Hinata tenía por ello, pues creía equivocadamente que su padre la odiaba por lo distante que era y no podía decirle, por las propias enseñanzas a las que él estaba sometido, que era todo lo contrario. Ya que no había persona en la tierra que se preocupara más por su bienestar que él. Razón misma de que estuviera tan desesperado por encontrar a un digno hombre que pudiera proteger uno de sus más grades tesoros. Debe ser alguien que pueda amarla y protegerla más que yo, había dicho cuando le mostró los perfiles de los prospectos. Efectivamente, Hiashi sólo quería protegerla a cualquier costo, por ello era tan severo en su crianza para con la oveja. No deseaba perderla igual que a su querida Hana. Aunque ellas son exactamente iguales, suspiró el mayor el día del aniversario de la muerte de su esposa.

Hinata era un tesoro muy importante, por eso no escatimaría en medidas para resguardarla y castigar a los culpables. Y él estaba de acuerdo con ello.

—Hmm—escuchó un gruñido y se obligó a recuperar la concentración en su entorno.

Sus orbes chocaron con un par de ojos negros que había visto hace rato y que le eran muy conocidos, tanto como esa mueca de disgusto para nada disimulada. Probablemente Tenten tenía una muy buena memoria. Por lo cual era de esperar que recordara muchas cosas. La castaña estrechó la mirada y se metió al aula delante de ella, curioso miró el letrero de la misma y rodó los ojos por el humor del destino. 3-A, una clase que antes y ahora, podrían calificarse de problemáticas para él.

Negó con la cabeza, su prioridad sencillamente era cuidar de Hinata.


El timbre resonó en sus tímpanos y despegó la cabeza ligeramente del cuaderno de literatura y escuchó las sillas arrastrarse al cobrar vida todo el mundo. Dispuestos a ir a su receso. Apenas hizo un movimiento para guardar sus cosas cuando ya se encontraba rodeada por sus amigos y unos cuantos más que la miraban con rostros compungidos y labios apretados, tratando de no ser indiscretos. Más era latente la curiosidad por su estado. Los que sabían la razón sólo miraban con cierto recelo las heridas, deseando que lo peor del mundo le pasara a esa maldita loca.

—Hyuuga-san—se aventuró un valiente—, ¿qué te sucedió?

—Estábamos preocupados, no eres de las que faltan—secundo otra. No eran morbosos, podían distinguir la genuina intranquilidad de ellos.

—¿Es verdad que te peleaste con unas chicas del instituto Taka?—cuestionó seriamente un joven alto.

Sus palabras advirtieron a todos que rumores no se habían hecho esperar y ¿cómo no? si no podían esperar que semejante cuchicheo no ocurriese por ver a la novia del chico más popular tan aporreada luego de faltar tantos días a la escuela; sobre todo el detalle más destacable, y por el cual la mayoría de las féminas que habían estado en contra de la relación inicialmente terminaron aceptando su veracidad, era esa corta melena azulada. Hinata había tenido un hermoso cabello, envidiable y admirable, y ahora no era más que un recuerdo.

—Yo…—su voz sonó lacónica.

—Vamos, chicos, no sean pesados—apuró la Yamanaka.

—¿Quién les dijo eso?—inquirieron molestos Kiba y Sasuke al unisonó. Ambos sólo atinaron a mirarse de reojo.

—Lo postearon en el blog de la escuela, al parecer una chica de primero conoce a una estudiante de Taka que se enteró de esto por su superior del club—contestó el mismo chico.

—Aquí, miren—la chica de antes les mostró su móvil y deslizó los dedos para que vieran los comentarios que había respecto al tema—, incluso en el blog de otras escuelas, mi prima que asiste a Suna también me preguntó al respecto.

—Estos malditos bastardos—rebuznó el Uzumaki, Sakura apretó la quijada conteniendo un par de improperios.

—Pero, no te preocupes Hyuuga-san—exclamó la chica, mientras la susodicha miraba el móvil fijamente—, la mayoría respaldamos que atrapen a los culpables y les den su merecido—sonrió y los otros asintieron—. Tienen nuestro apoyo, estas cosas no pueden ser pasadas así

Hinata se puso de pie.

—¿Hinata?—el Inuzuka alzó las cejas y Sasuke sólo la imitó. Ella tenía el rostro agachado.

—Gracias y, perdón—se apuró en salir del lugar sin decir más.

—¡Hey!—vociferó Kiba a punto de seguirla, no obstante se frenó al ver la mata negra adelantársele.

—¿Dije algo mal?—la pequeña chica se mostró asustada.

—Ella no está acostumbrada a esto—dijo Shino mientras se acomodaba los lentes.

—Era natural su respuesta—agregó Sai.

—Pobre Hinata—suspiró Chouji.

—Que problemático—Shikamaru se rascó la oreja, aunque el también estaba molesto por lo sucedido a su amiga.

—Y Mirai-san, ¿podrías hacerme un favor?—comenzó con una sonrisa amistosa la rubia.

—¿Qué estas pensando Ino?—demandó la ojijade.

—Si la noticia se corrió como pólvora, deberíamos ser capaces de encontrar evidencia para acusar a la estúpida que hizo esto.

—Eso es una buena idea-ttebayo.

—¿Y bien?

—Vale, haré lo que me pidas Yamanaka-san.

Ellos debían intentar encontrar una solución también, no podían quedarse parados sin hacer nada.

Encontrarían la forma.


—¿Hinata-sama?—Neji se giró al verla pasar como rayo por el pasillo apenas poblado por unos estudiantes que se encaminaban a distintas actividades.

—Lo siento Neji-niisan, necesito tomar aire—murmuró acalorada sin virarse y continuando con su pequeña carrerilla. El castaño tuvo la intención de seguirla, más notó que alguien ya lo hacía.

—¿Qué le sucede?—cuestionó al Uchiha que mantenía sus ojos fijos en la figura de la ojiperla y sus pasos igual de acelerados. Él tampoco se detuvo.

—Eso voy a averiguar—gruñó.

—…—se quedó parado a mitad del pasillo, mirando por donde ambos se habían ido. Si obedeciera las ordenes al pie de la letra, los seguiría. Más algo le dijo que esperara un poco más para ir por su prima.

Y su intuición muchas veces era acertada.

Tiró del pomo con fuerza y entró de golpe en la azotea, el aire frio chocó contra sus mejillas coloreándolas casi al instante, era uno de los días más fríos de ese otoño. Los mechones cortos de su melena se agolparon en su rostro y sus ojos se cerraron un instante, el cual aprovechó para respirar una bocanada de aire que llenó sus pulmones de manera dolorosa. Soltó todo el halito por la boca y sus rodillas se convirtieron en una articulación hecha de pajillas de plástico. Se hincó y llevó sus manos al pecho. Era tan cruel ver lo que algunos habían puesto, sabía que no debía prestar a tención a esos venenosos comentarios que opacaban las palabras de aliento de algunos buenos samaritanos. Pero es que era tan difícil soportar ser el centro de todo eso. Era algo vergonzoso y doliente. Sentía que se le partiría el alma.

Nadie dijo que su amor iba a ser fácil, pero no comprendía por qué se tornó tan espinoso de un momento a otro, ¿a caso eso significaba que no era digna del amor de Sasuke? ¿Estaba siendo castigada por enamorarse del lobo? Su fuerza, era una mera mentira. Estaba asustada, asustada de intentar luchar por algo que quizás no se merecía. Y si todo era para que ella abriera los ojos y dejara de intentar cosas que nunca fueron para ella. Sin embargo, no quería renunciar, por Dios, que eso era más doloroso que los golpes que había recibido. No podía imaginarlo, no quería.

Ella desesperadamente deseaba aferrarse a Sasuke.

—¿Eres estúpida?—susurró esa voz tan grave que hipnotizaba sus oídos y se había colado en su corazón a través de loas corazas de su espíritu. Abrió los ojos de golpe a sentir esos fuertes brazos que la sostuvieron tantas veces envolverla por sobre la altura de su pecho, apretando su espalda contra el firme pecho de su lobo personal.

—Sasuke…—jadeó aturdida. El moreno enterró el rostro contra su cuello. Respirando pesadamente con la porción de piel que quedaba descubierta gracias a la corta cabellera de la chica.

—No huyas de esa forma, no lo hagas—expresó apretándola con un poco más de fuerza—. Siento que sucederá de nuevo.

Era como un trauma.

—Lo… siento—tocó dubitativamente su mano cerrada entorno a su hombro. Percibió un ligero temblor por parte del Uchiha, aunque bien pudo ser causado por el de ella misma.

—Yo te protegeré—se separó de ella para obligarle a girar entre sus brazos. El pelinegro tenía una expresión tan seria, tan propia de él. Pero a la vez, era tan ansiosa, como un nuevo lado que era desconocido por ambos—. Así que no llores sola—le limpió las escasas lágrimas, que sin previo aviso, estaban brotando por sus pestañas—. No temas.

—Lamento el preocuparte, es sólo que…—no encontraba las palabras—. Esto va a ahogarme un día y te llevaré arrastrando conmigo. No quiero que eso pase, no quiero ser tan débil, quiero ser fuerte.

—Ya te lo había dicho ¿no?—sus orbes se posaron en los de ella—. Yo te enseñaré a ser fuerte, así que no me ocultes cosas como esta, no lo hagas, pasaría lo mismo que ese día si lo hicieras. Y yo…

Se calló.

¿Qué mierda estaba por decir? No reconocía ni una pisca de sus pensamientos, así no era él, y realmente le importaba un puto comino. Ya no podía ser como antes, no podía, porque antes no estaba enamorado y ahora lo estaba. Hoy en día, a cada minuto y segundo que pasaba pensado en Hinata, su corazón reacio a abrirse, se agrietaba una y otra vez para ella, permitiendo de esta manera que la Hyuuga fuera cada vez más y más deseada por él. Sus sentimientos se volvían más profundos a cada momento.

No podía detenerlo.

—¿Tú…?—Hinata parpadeó repetidas veces y luego observó como el ojinegro suspiraba pesadamente mientras la cogía de los mofletes.

—Yo… siento que me vuelvo loco por ello.

—Sasuke…

—Te amo—declaró y esta vez, era verdad.

No había más palabra que esa.

—¿Huh?

—Maldición, te amo. Eso es lo que he dicho—un minúsculo rubor se dejó ver en sus mejillas. Hinata abrió la boca perpleja—. Te amo—exclamó circunspecto, inclinándose más hacia ella—. Te haré fuerte Hinata, lo haré porque esos son mis sentimientos. No son ninguna broma y mucho menos un juego— ya no lo era—, así que déjame protegerte— su respiración se tornó acelerada, por lo que su corazón palpitaba demasiado rápido—. Confía en mí.

—Si—la repuesta fluyó desde lo profundo de su corazón.

La oveja ya había dejado penetrar al lobo dentro de su alma.

Sus labios se volvieron a encontrar, y fue como esa mañana. Lleno de sentimientos que ya no estaba sincronizados a destiempo. Enredó los dedos de su mano izquierda entre las hebras de la nuca de la muchacha, mientras su brazo derecho se enroscaba ágilmente a su cintura. La Hyuuga estiró los brazos para envolver el cuello del moreno. Su pequeña figura se ajustaba perfectamente al de él.

Como piezas de un diorama.

Se separaron para tomar aire, que si no fuera necesario para vivir, ellos habrían continuado con la deliciosa labor de antes.

—Realmente, eres tonta—sus labios se estiraron un poco al ver la cara enrojecida de la ojiperla, pues parecía que no terminaba de acostumbrarse a esas acciones, aún y cuando no era ni por asomo la primera vez—. ¿Por qué renunciaste a tu cabello, huh?—le cogió un mechón que enmarcaba el rostro.

Hinata lo miró con cierta melancolía y valor.

—Ella me dijo que debía renunciar a algo importante, que si no lo hacía no era digna. Sé que no estaba en labor de demostrárselo, pero esto era importante para mí—entrelazó sus dedos con los de él para tocarse el cabello y su mirada se tornó más triste—. Era un recuerdo de mi madre, ella lo tenía largo, muy largo y quería tener algo que me la recordara…

—¿Entonces por qué…?

—Puedo recordarla de otra manera, y volverá a crecer. No será lo mismo, pero yo estaba desesperada. No quería renunciar a… ti—susurró abochornada—. Yo misma lo corté frente a ella. Cuando lo hice… las cosas empeoraron—su voz se quebró.

El Uchiha la estrechó en un abrazo sorpresa.

—A mi… también me gusta el pelo corto—profirió en un pequeño intentó de consolarla.

—Mentiroso—sonrió dejándose consentir.

—No, es verdad—la tomó de la barbilla con suma delicadeza. Últimamente era consciente de que la oveja estaba hecha de cristal, y él era experto rompiendo cosas—. Me gustas.

Sus labios no mentían, ni su corazón y mucho menos su cabeza. Los besos eran sinceros. Probablemente siempre lo fueron.

El lobo posiblemente había sido capturado por la oveja desde el primer instante que sus retinas la vieron.

¿Amor a primera vista, quizás?


Se dejó caer contra la cama, estaba tan exhausto, tan frustrado. Por la nueva situación sólo se había podido despedir de su oveja en la escuela, ya no podían regresar juntos a casa, ni ir juntos a la escuela, cosa que le molestaba. Pero no deseaba ponerse a discutir por ello. Estaba en buenas manos, pese al roce inicial, podía ver que Neji era capaz de proteger a su novia. La cuestión era que debía solucionar las cosas lo más rápido posible, encargarse cuanto antes de ese asunto. Pues si no podían hacer ni siquiera eso, en un futuro quizás ni tendrían la oportunidad de ir a una cita o hacer cualquier cosa solos y sin compañía. Además que era una promesa, él haría que Karin pagara lo que hizo. Pero ¿cómo atrapar a alguien que podía cubrir sus huellas con la nieve?

Debía pensar en una forma.

—Sasuke—auscultó el sonido de la puerta al ser golpeada y le extrañó que su hermano no esperase a una respuesta para girar el pomo de la puerta.

—¿Qué quieres Nii-san?—instigó frunciendo el ceño. No había bajado a cenar precisamente porque quería estar a solas, y ahora aparecía Itachi en plan extraño.

El Uchiha mayor dio un par de zancadas hacia él y le extendió la Tablet que traía pegada al dorso.

—¿Me puedes decir que es esto?—demandó austero. No era usual que lo tratara así, por lo que el menor fijó su vista en lo que le mostraba y sus ojos casi se le salen de las cuencas. Cogió el aparato tan fuerte que un poco más y lo hubiera destrozado.

—Pero qué mierda.

—¡Te dije que la protegieras!—rezongó Itachi bastante molesto—. Ella no se merecía esto—apuntó la pantalla donde se apreciaba perfectamente un video sobre la agresión de Hinata.

—¿Cómo conseguiste esto?—su voz era monocorde.

—Me llegó en un correo a la oficina, estoy seguro que no soy el único que lo ha visto. ¿Cómo pudiste dejar que ella lo volviera a hacer?

—¡No me estés…!—respigó apretando los dientes—,¿volverlo a hacer?—Itachi alzó una ceja.

—Hinata-chan ¿no te lo dijo?

—¿Decirme qué?—el mayor se llevó una mano a la cabeza.

—No pensé que realmente se lo callaría—susurró para sí.

—¿Qué es lo que sabes Nii-san?—lo miró estrechando los ojos.

—El día que fuimos al festival, la encontré siendo acosada por unas chicas, tomé un video de eso y las ahuyente, pero le dije a Hinata-chan que te lo contara, no pensé que realmente se quedaría callada como me dijo—Sasuke desencajó el rostro—. Debí decírtelo, no consideré que ella sería tan imprudente y terminaría así.

Mutismo.

—Nii-san…

—¿Si?—inquirió ligeramente preocupado por el rostro de su hermano. Que parecía calmado, pero lo conocía y eso no era lo que estaba sintiendo el morocho.

—¿Todavía tienes ese video?

—Sí.

—¿Se ven los rostros de las chicas?

—Me encargué de que así fuera.

—¿Puedes llamar a Obito?—Itachi lo miró suspicaz.

—¿Qué vas a hacer Sasuke?

El susodicho clavó su penetrante y fría mirada en la de su hermano mayor. Un ligero escalofrió lo azoró al reparar en la rabia descomunal que se escondía en esos posos negros.

—Haré que pague lo que hizo.

Ya había encontrado una manera de vengarse. Sólo será cuestión de tiempo.

Su teléfono sonó.

Sasuke—escuchó la voz del Uzumaki al otro lado de la línea. Y por la forma en que no había utilizado esa grosera manera de llamarlo, deducía que estaba siendo serio respecto a algún asunto.

—¿Qué?

Encontramos una manera—informó y el Uchiha sabia a que se refería—, podremos atraparla.

—Sí, yo también encontré una.

Su sonrisa, era como la mueca que tenían los lobos al erizarse para atacar a una presa, dispuesto a despedazarla.

La venganza sería dulce.


.

Continuara

.


Uff, lo terminé, espero que les guste. A mi sí que me gustó, se me hizo dulce (risas) me puse a leer todos los capítulos que llevo publicados y me he dado cuenta que aparte de estar mejorando en la redacción, he ido evolucionando sutilmente en la forma psicologíca, ya no es tan rosa, es más… ¿maduro? O por lo menos trato de hacerlo así (más risas) bueno chicas, aún hay lobo para rato, ¿no les dije? El capitulo anterior es más o menos la mitad del fic, así que estamos lejos y cercas al mismo tiempo del desenlace. Disfruten los besos de esta historia queridas, porque en mi próximo proyecto SasuHina (Believe) serán pepitas de oro ¿o no? XD

1 * Tōdai: La Universidad de Tokio(東京大学Tōkyō Daigaku, abreviado como 東大 Tōdai) es clasificada generalmente como la universidad más prestigiosa de Japón y una de las más célebres del mundo.

Dejen sus review por favor y gracias por leer. Sin más...

Akari se despide.

Yanne!